Capítulo 4: La verdad
Alan sabía que si quería lograr algo con Scorpius debía aprovechar las vacaciones. Aunque todavía no tenía muy claro qué iba a hacer con Rose… Se había vuelto a plantear aquello de olvidarse de ella, como había decidido esa vez que la chica besó en la mejilla a su amigo, pero sabía que no lo lograría; ya era muy tarde, y sobre todo cuando estos meses se habían unido como nunca, puesto que Scorpius mantenía las distancias con ambos, y Albus desaparecía más de lo normal.
Podía ver qué pasaba, tantearlo, o incluso contarle lo que sentía Rose por él para que él mismo pusiera fin al torbellino de emociones de la chica, y así finalmente tener una oportunidad, aunque fuera, de entrar en su corazón. Podía ser una solución; Rose sufriría su primer desamor, pero sería para mejor, porque no viviría engañada y dejaría de actuar de aquella forma que ponía cada vez más nervioso a Alan.
Tan sólo había pasado un día desde que se fueron y ya sentía que le faltaba tiempo. Sabía que sería complicado que Scorpius se abriera a él de nuevo y más cuando estos meses el moreno no le había demostrado su apoyo precisamente. Cada vez que Logan, o Scorpius mismo, se lanzaba contra Rose, Alan la defendía; aquello había ayudado a unirlos más.
Así había estado esa primera mañana en que el castillo estaba desierto; inmerso en sus pensamientos.
Después de comer se fue directo a la sala común, con la esperanza de encontrarse a Scorpius y a su vez de no hacerlo. No lo había visto en el Gran Comedor y no quiso deducir el por qué.
Se encontraron de frente en la sala común, Alan en la puerta de entrada y Scorpius en la de las habitaciones. Se miraron de manera similar, ambos dispuestos a hacer algo más que pasar el rato frente al fuego; con una resolución.
—Quiero hablar contigo —dijo Scorpius seriamente.
Alan asintió y seguidamente se sentó en el sofá. Esperaba que hubiera recapacitado sobre lo mismo que él y que no hubiera llegado a alguna conclusión con respecto al enamorado de su hermana, por ejemplo. Por suerte no había pasado esto último.
—Sé que deberíamos haber hablado hace unos meses —empezó mientras se sentaba junto a su amigo—, pero es que… en mi cabeza no había nada claro.
Scorpius parecía abatido, como si se hubiera rendido tras muchos intentos. Resopló y Alan lo miró con más atención, olvidando el hilo de pensamientos que había llevado desde esa mañana.
—Mira, cuando te fuiste… —siguió un tanto inseguro—, me di cuenta de que… —Hizo una pausa y parecía que no fuera a seguir, pero se tranquilizó y miró a los ojos a Alan. —Estábamos muy unidos y de repente cambió todo. Yo cambié. Y alguien cambió también para mí.
Alan no apartó su mirada de él, queriendo descifrar lo que quería decirle. Scorpius, en cambio, miraba sus manos sobre su regazo, todavía debatiendo en su interior.
—Pero no entendía lo que me pasaba —pudo continuar pasados unos segundos— y tampoco sabía cómo llevarlo. —Miró a su amigo de nuevo. —Si tú hubieras estado, estoy seguro que habría hecho bien las cosas. Pero no estabas y me vi obligado a pedir consejo de… otra persona.
—Scorpius, si me das nombres lo entenderé mejor —lo cortó Alan.
El rubio suspiró, preparándose para lo más difícil para él. Sabía que lo mejor era contárselo, porque lo entendería y ayudaría. Pero seguía siendo difícil.
—Le pedí consejo a Logan para que me ayudara con Rose.
Fue el silencio más raro que hubieran tenido antes.
Scorpius miraba ahora atento a su compañero, para ver su reacción y saber si podía contar con él. Alan pestañeó varias veces, claramente impresionado con lo que acababa de escuchar, algo que no se le había pasado por la cabeza. Tragó, todavía sin saber qué decir.
—Logan tenía más experiencia con las chicas y supuse que podría ayudarme a que… a que ella se fijara en mí —añadió para justificarse, no muy satisfecho con la reacción de Alan. —Me dijo que debía ser distante con ella, que así le entraría la curiosidad y se fijaría en mí. Pero luego me empezó a decir que sería mejor meterse con ella, que era mejor que me odiara a que me ignorara. Y yo, idiota de mí, le vi la lógica, así que empezó a ser el blanco de mis críticas. Hasta que me acostumbré a meterme con ella a diario, pero también creció la amistad con Logan y fue un bucle. —Se inclinó levemente hacia Alan y añadió: —Es un bucle. Y necesito salir de él porque sé que le estoy haciendo daño. Y sé que tú sabes cómo arreglar todo esto, sé que puedes volver a unir este grupo como lo estaba antes. Te necesitamos.
El chico le había dado más énfasis a sus palabras conforme hablaba, llegando a parecer desesperado, y por eso Alan lo detuvo colocando la mano en el hombro de su amigo. Una vez se tranquilizó y comprendió que le ayudaría, sonrió mucho más relajado.
—Ahora entiendo muchas cosas —le dijo Alan con una media sonrisa.
Se pasaron toda la tarde contándose lo que deberían haberse contado desde el día que volvió Alan, recordando, riendo y planeando. Hablaron de quidditch, de los aburridos días de Alan en aquella escuela y hasta de Helen. Su hermana había sido la persona que más había cambiado desde que se fue el moreno y era algo que él mismo había podido comprobar; sonreía, tenía más amigos y ya no dependía tanto de su hermano, algo que a éste no le gustaba demasiado.
—Y Logan me ha metido miedo, porque es cierto que Lily pasa mucho tiempo con ella pero no están juntas todo el día —le comentaba Scorpius molesto—. Y creo que si la espío sería pasarse. —Alan asintió y el otro sonrió—. Lo sé; Lily también me lo ha dicho, y que debería confiar en ella.
—Yo creo que no deberías ser tan sobreprotector —le aconsejó Alan—. Y Lily puede verse malparada si Helen se entera de vuestro plan.
Llevaba a su hermana cogida de la muñeca y la arrastró hasta la habitación de James. Antes de que su hermano protestara, cerró la puerta tras de sí y se plantó serio frente a los otros dos Potter.
—Es lo único que os voy a pedir jamás. —Los miró un poco nervioso y respiró profundamente. —Por favor, no le digáis a nadie, a nadie —remarcó Albus—, cuál era el nombre que había en mi gorro.
James y Lily lo miraban, uno divertido y el otro dubitativo. Albus insistía con la mirada y esperaba alguna respuesta.
—A mí lo que más me preocupa es que relaciones nuestras familias —le soltó James—. Lo de ser amigo del primogénito de los Malfoy, casi lo tengo asumido, pero de ahí a emparentarnos… es pasarse, Al.
El chico suspiró, desesperado por no saber qué haría su hermano. Eran los únicos que habían podido leer "Helen" sobre su cabeza, además de Alan, pero sabía que a éste no se le ocurriría comentárselo a Scorpius. Lily sonreía.
—Lily, tú no me puedes fallar. Conoces también a Scorpius y sabes que no le va a hacer ni pizca de gracia —suplicó Albus.
—Mira, Al, pienso que si te gusta de verdad deberías enfrentarte a Scor. —Desvió la mirada a James y le dijo: —Y tú, no entiendo por qué un Potter no puede salir con un Malfoy, pero sí con un Zabini. Ambas familias apoyaron a Tom Riddle, así que si consideras que Sally no es como su padre, podrías pensar que Scor y Helen también son diferentes.
Se quedaron en silencio, pensativos. Ambos chicos se mantenían cabizbajos, llegando ambos a la conclusión de que su hermana pequeña tenía razón. James suspiró; claramente, Sally había cambiado muchas más cosas de las que había imaginado. Sentía, incluso, que aquel odio que había desarrollado durante toda su vida hacia las familias de mortífagos, era mucho más tenue.
—Si es porque no se entere su hermano —añadió para tranquilizarlo—, no diré nada. Tampoco me interesan vuestros amoríos. —Ya tengo de sobra con lo mío, pensó alegremente.
Salieron de la habitación, dejando a un James enamorado sentado frente a su escritorio.
Albus se dirigía más tranquilo hacia su habitación, pero Lily lo retuvo por el brazo. Le dijo rápidamente antes de bajar por las escaleras:
—Pero me debes una muy grande.
Aquella mañana del 26 de diciembre, tras una gran cena en el Gran Comedor la noche anterior, dos amigos desayunaban tranquilamente mientras leían la carta que una lechuza les había entregado. Era de sus amigos, Albus y Rose, y les contaban cómo habían pasado esos días, con la familia, los regalos, etc.
Alan estaba más que feliz por volver a tener a Scor, al verdadero Scor, con él, pero no podía estar contento del todo. Enterarse de que los sentimientos de Rose eran correspondidos lo ponían en una situación comprometida. Sabía que si fuera sólo un observador se lo contaría a Rose, sin dudar, porque ambos se gustaban y no había nada que pudiera impedir aquello –sin tener en cuenta problemas familiares-. Pero él no sólo observaba, él no era un simple intermediario, él participaba sin querer en todo aquello. Y por eso no era tan fácil arreglar ese asunto, porque no quería que acabara ahí, quería darle tiempo a Rose para que tomara el mejor camino.
Más tarde aquel día, paseando por el castillo, dado que los terrenos del colegio no se podían pisar por la nieve, salió el tema Logan.
—No me hace gracia que vaya detrás de Lily.
Alan asintió, pero no dijo nada y esperó a que continuara.
—Ya no sólo porque sea hermana de Al, porque me pongo en su lugar y no me gustaría nada. —Hizo una pausa para resoplar al pensar en ese hipotético caso en el que es su hermana el blanco de Logan y prosiguió. —Sino porque este último año he tenido más relación con ella y… y es buena chica. Me cae bien.
Scorpius le estaba muy agradecido a la pequeña Potter por mantenerlo al tanto de lo que le sucedía a Helen; ya estaba demasiado preocupado por todo el tema de Rose como para estar detrás de su hermana todos los días.
—No se merece tener a un baboso como Logan incordiándola.
Giraron al llegar al final del pasillo y Alan se detuvo un momento para atarse los zapatos. Scorpius se giró hacia él y metió las manos en los bolsillos mientras esperaba. Miró al fondo del pasillo que habrían seguido si llegan a girar a la izquierda y divisó una figura de mujer.
Alan se puso en pie y se volvió para ver aquello que estaba mirando extrañado su amigo. Era una mujer, que estaba medio agazapada cerrando con magia la cerradura de una puerta. Pero no era su puerta, porque actuaba sigilosamente y Alan dudaba que se hubiera dado cuenta de que ellos estaban allí. Entonces la mujer se incorporó, al tiempo que se guardaba una cadena en la túnica, y ambos chicos se pegaron instintivamente a la pared, ocultándose en la oscuridad. Ella siguió otro camino sin percatarse de su presencia.
—Parecía la profesora Crowe. —El rubio miró a su amigo que asentía.
—Creo que no debería haber cogido ese colgante —susurró también Alan.
Scorpius se despegó de la pared y dio unos pasos aproximándose al pasillo perpendicular a ese, por donde había desaparecido la profesora. Al otro chico no le pareció oportuno acercarse así, pero lo siguió sin decir nada. Entonces, una vez llegó a la esquina donde se asomaba su amigo, éste se agachó para recoger algo del suelo. Lo alzó para verlo a la luz de las velas y Alan distinguió un trozo de pergamino amarillento que rezaba unas palabras:
"Tessire. En el lugar de reunión, bajo los pies hallarás lo que buscas"
Los chicos se miraron extrañados y se marcharon antes de que los encontraran en el lugar y el momento menos oportuno.
Unos kilómetros más al sud, en la única casa habitada con magia de aquel pueblecito, un joven mago inquieto entraba al salón de su casa frotándose las manos, dispuesto a saber de una vez toda la verdad. Albus se detuvo junto al sofá, a una distancia de la mesa donde se encontraba su padre leyendo el profeta matutino. Había preferido hacerlo ahora, ya que James seguía durmiendo y Lily y su madre daban un paseo. Así estarían solos.
Harry alzó la mirada para ver a su hijo mediano y sonrió.
—Buenos días, Albus. Qué madrugador —rió el auror y se recostó sobre la silla. —¿Quieres que hagamos alguna excursión?
Albus negó con la cabeza agachada y se sentó en la silla que encabezaba la mesa. Su padre frunció el ceño y se aproximó a su hijo.
—¿Qué ocurre? ¿Es algo del colegio? ¿De tus amigos?
El chico siguió negando, aunque pensó en Scorpius con la última pregunta; había sido él quien le había implantado esa duda sobre su padre.
—Papá, verás… quiero saber… si es verdad eso del robo de las tumbas de… de los fundadores —logró decir tras varias pausas.
—¿A qué te refieres? Porque es cierto que las han robado, ya lo sabes —lo instó el hombre extrañado.
—Ya, eso no. Quiero decir que si es verdad eso de que no tenemos que preocuparnos.
Hubo un silencio tras contarle sus inquietudes al auror y esperó a que su padre encontrara las palabras.
Una hora después, el mediano de los Potter seguía sentado en su cama, mirando el jardín por la ventana, cavilando.
Su padre le había dicho la verdad después de estar un rato intentando desviarse del tema. En ocasiones había sonado como si hablara el jefe de aurores, otras su padre y otras como si fuera un informador que dice aquello que se le ha establecido. Pero Albus sabía que no había sido la verdad, sino aquella que debía contarle.
Le había confesado que sí, que había mentido un poco respecto a eso de que estaban a salvo, pero lo que pretendía –él y el Ministerio- era no alarmar a la población. Aún no sabían quiénes eran esos ladrones, así que todavía no tenían que temer a nadie. También le dijo, para tranquilizarlo, que se les informaría a los ciudadanos de la identidad de los culpables en cuanto lo supieran.
Pero algo chocaba en esa historia. A pesar de saber que eran peligrosos e inteligentes, puesto que habían podido burlar a los aurores, querían esperar para contar la verdad a la comunidad mágica. Pero Albus recordaba, de tantas veces que habían contado aquella historia, que el Ministerio también ocultó muchas cosas respecto a Tom Riddle, para no crear pánico en la población. Y ahora era él el que mentía. No es que fuera la misma situación, pero era algo parecido a menor escala y, para Albus, su padre le había decepcionado.
—¿Qué tal te fue el año pasado?
Paseaban por un pasillo del tercer piso, desde hacía un rato, en silencio. Durante esos días habían hablado más que en los meses anteriores y todas esas ideas que tenía Alan sobre no volver a recuperar la relación que tenían antes… cada vez quedaban más lejanas.
Scorpius miraba de reojo a su amigo, esperando una respuesta a esa pregunta que llevaba queriendo formular hacía tiempo. Alan miró al infinito, recordando.
—Es… complicado —dijo tras cavilar unos segundos más—. Me han ayudado, pero no es lo que esperaba.
El rubio frunció el ceño, extrañado; no sabía por qué había elegido esas palabras. Alan tragó y respiró profundamente.
—Han intentado solucionar mi problema tratando el trauma, pero… en ese camino han descubierto que esa no es la causa —contestó con abatimiento.
—¿Cómo? Entonces, ¿qué te ocurre? —insistió preocupado su amigo deteniéndose al pie de la escalera.
Alan alzó los hombros, sin poder responderle. El otro se quedó mirándolo y pensando, buscando la solución a esa incógnita. Rose y Albus habían reaccionado igual, pensó el moreno.
—Bueno, ¿y qué haces en tus clases particulares?
Iban subiendo escaleras y más escaleras para llegar a la torre de Gryffindor, casi sin cruzarse con nadie más.
—Básicamente, hacer pociones —le contestó—. Según Bertram, como es la única forma de expresar mi magia, también puede ser lo que me ayude a sacar el resto. A veces, cuando invento una poción, la probamos en plantas y si no mueren, me la hace tomar. Piensa que yo mismo me curaré con algo que invente.
Entraron por el retrato de la Dama Gorda y siguieron subiendo hasta su habitación, pues ya era un poco tarde. El otro chico sólo hacía que preguntar y escuchar, y Alan empezaba a sentirse atosigado.
—Espero que funcione y cuando ocurra, te daremos clases particulares para que aprendas a hacer hechizos.
Alan le sonrió agradecido por la oferta, pero sabía que aquello aún estaba lejos de pasar. Pero evitaba pensar en eso, prefería disfrutar de sus años en el colegio, de sus amigos, de Rose…
Unos días antes de que terminaran las vacaciones, en casa de los Potter se celebraba una cena más íntima que la que se solía celebrar en la madriguera. A ella estaba invitada la familia de su ahijado, la de Luna, la de Neville y la de Ron y Hermione.
Se distribuían a los largo de una mesa bastante larga, ocupada por los diversos platos que habían cocinado cada una de las familias. La temperatura era cálida, al igual que las conversaciones y las sonrisas. Los adultos, incluidos Teddy y Victoire, hablaban tranquilamente, riendo y pasándose platos para probarlos. En parte se debía a que habían decidido no hablar de trabajo ni de los problemas del mundo.
En la otra parte de la mesa estaban los adolescentes y niños. Los que más disfrutaban eran, claramente, Rose, Lily y James; en vez de comer, se iban turnando para coger en brazos a las gemelas Lupin. En ese momento, Rose sostenía a Amy, la más regordeta, y James a Ladya, la más revoltosa. Lily hacía reír a Amy recogiendo la cuchara que ésta tiraba nada más cogerla.
—Al final cansarás a la tía Lily, brujita —le decía ésta haciéndole cosquillas.
—La que se está casando es mi pierna —se quejó entre risas Rose—. ¡Cómo pesas ya!
Dejó a la niña en el suelo y se fue con su madre casi corriendo.
—Qué poco aguante tiene tu tía —susurró James a Ladya para que su prima lo escuchara.
Rose le sacó la lengua y continuó cenando. Lysander y Hugo se rieron junto a James. Estaba siendo una cena bastante entretenida para casi todos.
Lorcan actuaba como siempre, callado y sin mirar a nadie. No le gustaba estar rodeado de tanta gente, le agobiaba. Pero esta vez se sentía apoyado por Albus, quien últimamente tampoco hablaba mucho. Se podría pensar que, a partir de lo ocurrido bajo el muérdago, lo normal sería que estuviera radiante de felicidad, obviando los futuros problemas con Scorpius. Pero no era así.
Nunca se había sentido de esa forma, tan decepcionado, sin ilusión. Sus decisiones hasta ahora se habían basado en lo que hubiera hecho su padre en su situación, porque hasta ahora era lo correcto. Desde que tenía memoria había estado siguiendo el modelo de su padre, había aceptado toda enseñanza que provenía de él, era su pilar y ahora no sabía ni qué pensar. La norma de no hablar de trabajo la había impuesto él desde que le preguntó acerca de los ladrones de cadáveres; eso lo molestaba e inquietaba más.
El chico se levantó de la mesa, incapaz de soportar tanta hipocresía, y se dirigió a la cocina. Cogió un vaso de agua y se apoyó en la encimera mientras se lo bebía, de espaldas al comedor. ¿Qué podía hacer? No quería pensar así de su padre, pero sabía que si le insistía no serviría de nada.
—Albus, ¿qué haces aquí?
Dejó el vaso en el fregadero pero siguió sin levantar la vista para mirar a su padre. Harry se cruzó de brazos, esperando una reacción. A los segundos, el chico se giró y lo miró directamente a los ojos.
—¿Qué te ocurre? —le preguntó intuyendo cuál era el motivo.
—¿Hace falta que te lo diga? —le siguió el chico, claramente molesto.
Harry estiró los brazos a lo largo de su cuerpo y se apoyó en la encimera de enfrente.
—¿Qué más quieres que te explique? Ya sabes los motivos por los que optamos por ocultar esto. Y no sólo es una decisión mía, es del Ministerio.
Albus soltó un bufido, lo que molestó a su padre.
—¿Y desde cuándo te guías por eso? Que yo sepa, tu hazaña de héroe también es recordada por tus esfuerzos por mostrar una verdad que el Ministerio ocultaba.
—Esto es diferente —quiso zanjar el tema el mago.
—Ya… —repuso Albus mirando a la distancia, lejos de la mirada de su padre.
—Albus, no lo puedes entender. Eres demasiado joven para comprender que es lo mejor en este momento. —Harry intentó suavizar el tono, pero causó el efecto contrario.
—Ah, claro, pero tú con mi edad sí eras capaz de ir contra todo el mundo —repuso empezando a enfadarse de verdad.
—No digo eso. Digo que no puedes comparar aquellos tiempos con estos. A tu edad me vi obligado a cargar con más responsabilidades de las normales para un chico de tu edad.
—Es decir, que ahora no tengo ni voz ni voto en este asunto porque no soy tan maduro como tú a mi edad ¿no? —Harry quiso empezar a rebatirle, pero no le dio tiempo. —Pues igual si no fueras tan perfecto, yo estaría a la altura —casi susurró.
El chico salió de la cocina en dirección a la puerta de la calle, cerrando de un portazo y sin contestar a su madre que le preguntaba dónde iba.
Harry apretó la mandíbula. No había sabido qué responderle; un grave error, aparte del que le había hecho comprender Albus. Era algo que había estado carcomiéndole pero que nadie se había atrevido a echárselo en cara. Tenía que ser su hijo el que le mostrara esa verdad que había estado evitando.
Llevaba las manos en los bolsillos e iba cabizbajo, dándole vueltas a la conversación con su padre. Pensaba en esa última frase que le había soltado casi sin pensar… pero que llevaba tiempo rondando por su cabeza. Suspiró abatido. Sentía que todo había cambiado, como si ya no pudiera confiar en nadie, porque si no podía confiar en su padre no podría hacerlo en nadie. Miró en derredor, a las calles oscuras iluminadas solamente por las farolas y la luna que se alzaba en lo alto del cielo. Un escalofrío lo recorrió y se detuvo.
Tenía una sensación extraña, como si le hubieran tirado por encima un cubo de agua fría, era como si hubiera despertado. Pestañeó varias veces. Entonces se dirigió a un banco cerca de un parque para tomar aire y sacó su varita para tener algo con lo que distraerse. La sostuvo entre ambas manos, dándole vueltas entre los dedos, acariciando ese bulto que siempre paraba justo debajo de su dedo gordo. Observó ahora la pulsera que llevaba puesta, esa que le regaló Alan, y que hacía poco había recuperado de un rincón de su baúl. Entonces abrió los ojos sorprendido a la vez que una sonrisa aparecía en su boca.
¡Hola de nuevo!
No sabéis cuánto sentimos esta laaaaaaaarga demora. No hay excusas, lo sabemos.
Pero por explicarnos un poco, os exponemos un poco qué hemos estado haciendo:
1º- Lily terminó la carrera, se metió en un master, estuvo estudiando todavía más para un examen y este último año se ha iniciado como autónoma, así que complicado.
2º- Herms tuvo un par de años complicados debido a la carrera. La buena noticia es que ya la está terminando.
3º- En vacaciones u ocasiones de liberación mental, no llegaba la inspiración. Es complicado, porque para poder seguirla debíamos leernos de nuevo lo escrito, situarnos en el momento, retomar las ideas, etc. Y cuando acabábamos este proceso… la musa se había ido
Es muy probable que ya no escribamos igual que antes (hemos podido comprobarlo con otros escritores que estuvieron unos años sin publicar nada), pero le seguimos poniendo el mismo entusiasmo
Esperamos que os siga enganchando, como a nosotras, y deciros que cada vez se acerca más lo interesante…
Nos vemos… leyendo XD
^^bss
