Saludos, internautas. Les dejo para su entretenimiento el nuevo episodio de Cacofonía Silente. Es probable que no actualice más hasta que 2013 comience (si es que el mundo no se acaba en unos días), aunque espero poder dejar algo nuevo en 2.0, pero en caso de que no pueda tomen esto como el único regalo que puedo darles por el fin de año.

Así que sin más, disfruten el capítulo, y por favor, no se olviden de dejarme un comentario, único pago que pueden hacer a este humilde bufón.

¡Felices fiestas!


Capítulo 2 – Enjoy Your Stay.

Aquella cosa se había alejado lo suficiente para darnos la impresión de que nunca hubiese estado ahí, aun cuando había dejado como evidencia el cadáver de su víctima, que comenzaba a hacer reguerillos de sangre obscura, espesa y maloliente. Solo entonces noté que no habíamos quedado en absoluto silencio, sino que los móviles que aún estaban encendidos, y en especial el walkie-talkie emitían una molesta estática, estridente y cargada de eco, que para fortuna nuestra comenzaba a decaer poco a poco.

—¿Estás bien, Yuki?— Preguntó repentinamente preocupado el ésper al ver a Nagato masajearse la frente.

—Sí… es sólo… esa cosa resonaba dentro de mi cabeza… no es importante, sólo debo estar asustada.

Como de costumbre, sin siquiera pensarlo, Haruhi se agachó a un lado del animal muerto y con cuidado examinó la ropa que llevaba encima mientras nosotros no podíamos evitar verla con algo de repulsión en el gesto.

—Bueno, luce como una prenda auténtica, seguramente Truque la dejó por ahí y el animal simplemente la tomó. Eso no tendría nada de anormal, ¿están de acuerdo?

—Bien, Haruhi, imaginemos un momento que eso es lo que pasa… ¿cómo explicas a la criatura que acabamos de ver?— Dije mientras limpiaba la hoja de mi espada con mi pañuelo, del cual me deshice de inmediato.

—Si tú fueras un religioso, ¿qué lugar tomarías como tu refugio en caso de estar en un pueblo donde todos dicen que habita el mal?— Preguntó prácticamente ignorándonos y restando importancia a lo recién ocurrido mientras regresaba su arma al soporte.

—Cualquier lugar sería bueno—. Dije sin reflexionarlo mucho y vigilando el cielo con recelo.

—¿Quieres ser un poco más creativo, Kyon?— Dijo con fastidio y girando los ojos.

—¿Una iglesia?— Intervino el ésper.

—¡Justamente! ¡Diez puntos para Koizumi!

Siempre he querido saber qué es lo que podrían obtener de los puntos dados por Haruhi, ¿traveler checks? ¿Millas de viajero frecuente? ¿Descuentos en establecimientos participantes? Quizás muera con la duda, después de todo, nunca he ganado puntos mientras que los demás juntan varios millones a la fecha, y que repentinamente aflorara esta parte de la personalidad de mi esposa me hizo sentir cierta nostalgia que me llevó de regreso a mi adolescencia.

—Tenemos algunos mapas viejos del pueblo en los móviles, podríamos tratar de llegar a alguna iglesia y comenzar la búsqueda del cardenal Truque desde allá—. Dijo Nagato mientras sacudía su propio móvil, aparentemente aletargado luego de que aquel bicho raro volara sobre nosotros. —La iglesia Balkan está a sólo unas cuadras por esta misma calle.

Levantó su índice en la dirección que marcaba la calle Bachman, donde sólo algunas decenas de metros más adelante se perdían el erosionado color de las casas e incluso el abandonado asfalto entre el espeso gris de la niebla.

—Pues vamos allá y prepárense para pelear—. Dijo Haruhi con repentina seriedad. —Esa cosa que voló sobre nosotros podría tener familia, seguramente la contaminación de los incendios hizo mutar a las especies…

—Perdón que te interrumpa Suzumiya…— Koizumi también lucía serio, más de lo usual, temeroso incluso. —No son producto de una mutación, al menos no de una de las que podría provocar la contaminación.

—¿Por qué crees eso?

—Porque puedo sentirlos, me provocan una sensación horrible al estar cerca de mí, perturban el ambiente. Es como respirar odio y dolor…

—También corrompen los campos electromagnéticos, lo que provoca que resuenen en mi cabeza y generen estática en algunos dispositivos electrónicos, como los walkie-talkies o los móviles.

Esperé como siempre a que Asahina dijera algo, pero al verla noté su inquietud… estaba siendo presa de un pánico que nunca había visto antes en ella, temblaba de pies a cabeza mientras se abrazaba los hombros y no separaba los ojos del suelo, como si lo que fuera que estuviera delante de ella fuera a saltar y atacarla como un perro rabioso.

Condescendiente, Haruhi caminó hasta ella y tomándola del brazo con delicadeza comenzamos todos a andar nuevamente. Dejamos atrás el estacionamiento de la tienda de conveniencia y todos caminamos a media calle, con un paso demasiado lento y cauteloso, tanto que perturbaba aún más mis ya de por sí crispados nervios. Tratando de distraerme me concentré en las modestas y viejas edificaciones abandonadas a nuestro alrededor. La gran parte de ellas mostraban los signos del paso del tiempo, sin embargo, lucían resistentes y la mayor parte de los vidrios de las ventanas continuaba en su lugar. Podíamos ver incluso el interior de algunos negocios a través de sus vitrinas, al menos tanto como la pesada capa de ceniza nos lo permitía.

Zona de silencio. No es la única en el mundo, pero esta parece ser especial de formas distintas: según lo que investigamos, geográficamente el lugar no podría ofrecer más que unas cuantas horas de neblina durante las mañanas, y ni hablar de la incesante lluvia de cenizas, la cual sólo podría explicarse a través de la presencia de un volcán activo en las cercanías (lo que por cierto, no había). No sabría cómo explicarlo mejor, aunque creo que todo este largo mamotreto mental me lleva a una única resolución que he tratado por todos los medios de eludir: este pueblo podría de verdad estar maldito. Y si ese fuera el caso, ¿cómo es que todo sucedió? ¿Qué fue lo que pudo haber sucedido aquí para que este pedazo del mundo haya cambiado tan radicalmente? ¿Quién pudo haberlo hecho?

El gran incendio de Silent Hill podría ser una respuesta, pero me parece improbable, hay miles de ejemplos de lugares mucho más grandes y que pasaron catástrofes peores donde mucha más gente murió, como el gran incendio de Londres en el siglo XV, los grandes terremotos de los ochentas en México o el tsunami de Asia y Oceanía hace apenas unos años. Esto es algo distinto, como si el dolor y la ira hubiesen estado focalizados y manaran de un sólo ser específico, como si estuviéramos compartiendo el sentir de alguien más, pero aprehendido en cada uno de nosotros, como si fuera personal.

En el suelo había toda suerte de objetos junto con los despojos de los autos abandonados, las muestras dejadas por animales que en los primeros días llegaron y saquearon lo que encontraron, incluso una carreola ahora vacía y muy erosionada después de casi cuarenta años en el olvido. En algún punto frente a nosotros debía estar el templo al cual nos dirigíamos, aquel que según la lógica de Haruhi sería el escondite del Cardenal. Yo tengo serias dudas respecto a su ubicación y más aún sobre su integridad… y esas dudas me atormentan porque seguramente el pasó por estas mismas calles antes que nosotros, lo que probablemente significaría que hay un destino semejante para nosotros si es que seguimos sus pasos.

Según el mapa de Nagato, la iglesia estaba a sólo un par de calles de nuestra ubicación para ese momento, no hablamos mientras llegábamos a los enormes portales de la iglesia, sólo hubo que forzarlos un poco para que se abrieran y pudiéramos pasar adentro. Era un edificio de cúpulas altas y de estilo gótico, donde el pesado silencio volvió a absorberlo todo una vez que cerramos la puerta tras nosotros. La lúgubre luz que entraba desde las amplios vitrales rotos en la cúpula le daba un toque tristemente colorido al lugar, en cuyo altar seguía puesta una escultura que representaba el último de los suplicios de la figura central del cristianismo, y cuya expresión de dolor me parecía inquietantemente realista. Haruhi repitió su fórmula gritando el nombre del cardenal en tanto que yo miraba los altares menores y las largas butacas, que no parecían tan deterioradas para el tiempo que llevaban sin ser usadas. Seguía teniendo esa sensación extraña y molesta de que algo iba a saltar a atacarme, así que sin soltar el mango de mi sable largo y sin dejar de caminar me giraba sobre mis propios pasos, y al hacerlo me di cuenta de que todos mis acompañantes (salvo por Haruhi) me imitaban.

Los pasos de mi esposa, más rápidos que los del resto de nosotros, resonaban sobre la duela inflada por la humedad y los residuos de los vitrales y cenizas, mientas que a cada segundo se acercaba más y más al púlpito, hasta que finalmente lo alcanzó y confundida miró hacia el suelo a su alrededor. Se volvió hacia nosotros, indicándonos con su gesto que llegáramos a donde ella se había detenido.

—¿Creen que Truque haya escrito esto?— Preguntó el ésper mirando la enorme mancha obscura sobre la que yacíamos, que pronto descubrí que era en realidad una especie de resina solidificada por el tiempo y la ceniza, sin duda alguna orgánica, posiblemente sangre añeja de algún animal. Al verlo con mayor cuidado, noté que la mancha dibujaba letras. Era un mensaje:

Sometimes, the flames of hell are so immense that our lives blacken with their heat.

—"Algunas veces, las llamas del infierno son tan inmensas que nuestras vidas se ennegrecen por su calor"—. Traduje aun cuando todos hablábamos inglés.

Dejando de lado la naturaleza perturbadora de la inscripción, decidí prestar más atención en otros detalles. En principio, el mensaje lucía claramente más fresco que el resto del edificio, no soy un perito, pero cálculo que tendría sólo unos meses o quizás semanas de estar ahí, y si ese fuera el caso, aumentaban de manera significativa las posibilidades de que Truque fuera el autor.

—Bien, esto es justamente lo que necesitábamos saber: él estuvo aquí, probablemente estas sean pistas que él nos dejó para encontrarlo.

—No lo creo. Aún si él escribió esto, dudo que lo haya dejado aquí para nosotros o para alguien más.

Eso lo dije porque leyendo entre líneas se puede ver el espíritu afligido de un hombre que es víctima de una profunda depresión, y que deja detrás de sí la manifestación de su inconformidad y tristeza, en el peor de los casos, al borde de un episodio suicida. Expondría esa teoría si no supiera que todos, excepto quizás por Asahina, ya han llegado a esa conclusión.

—Bien, primero debemos buscar en el edificio, no sabemos cuán loco ya haya quedado el cardenal, así que es probable que sienta que somos una amenaza y por eso no nos ha respondido—. Puso las manos en la cintura y comenzó a comisionarnos: —Mikuru, a los pasillos y lavabos. Yuki, busca en las oficinas administrativas. Koizumi, ve al callejón que está detrás, registra bien en los contenedores de basura, Kyon, sube al área de los columbarios.

—¿A dónde irás tú?— Pregunté antes de que todos emprendiéramos la marcha.

—Me quedaré aquí por sí vuelve. Espero su reporte en media hora en este mismo lugar, entonces estableceremos un campamento y la distribución de las guardias.

La idea era tan mala como cualquier otra, así que accedí mientras volvía a tomar el mango invisible de mis espadas, previniendo que otras criaturas hubieran anidado en el lugar.

El acceso a los columbarios era una pequeña escalera muy cerca de la entrada principal, y que llevaba a unos cuantos metros delante de la misma a un balcón desde el cual se tenía una vista generosa del altar. Al lado opuesto de la baranda había media docena de corredores muy angostos, cuyos gruesos muros que los separaban eran en realidad varias decenas de modestos nichos mortuorios, muy buena parte de ellos ocupados ya por las cenizas de algún feligrés de antaño. Con cautela caminé pasillo tras pasillo con esa espantosa reverberación en mis oídos, ese ruido sordo que me mantenía en alerta, pero que al mismo tiempo me desconcentraba por la molestia… sentí una pequeña vibración en mi bolsillo… una llamada telefónica.

Al sacar el móvil de mi bolsillo noté que en realidad no era una llamada, sino el teléfono que nuevamente tenía un comportamiento errático, vibraba sin control y la pantalla táctil se encendía y apagaba mientras que el tono salía distorsionado de él, e iba aumentando de volumen poco a poco. Mi primera reacción fue ir con Haruhi, según Nagato, ese fenómeno era producto de las criaturas que había en este sitio, así que no nos convenía estar lejos unos de otros, y cuando recién comenzaba a hacer mi camino de vuelta a las escaleras, el sonido de una canción heló mi sangre:

I, the Lord of sea and sky
I have heard my people cry
All who dwell in dark and sin
My hand will save...

La voz era sin lugar a dudas de una mujer, una de edad avanzada puesto que no tenía mucha fuerza y cada verso era precedido por una respiración cavernosa que parecía demandar mucho esfuerzo, venia de algún punto del templo, justo debajo de donde yo me encontraba. Al asomarme por el balcón, noté que Haruhi la había escuchado también.

—¡Por todos los cielos! ¡Señora! ¡Permítame ayudarle! ¿Cuánto tiempo…?— El ofrecimiento de ayuda de Haruhi se detuvo en seco.

Para ese momento yo iba ya a mitad de las escaleras y pude ver más detalladamente la escena: Haruhi seguía al pie del altar y palidecía. Al ver hacia la fuente de la voz me encontré con los diez confesionarios de madera vieja que rodeaban la nave principal. La puerta del primero de ellos emitía un rechinido muy chocante al abrirse, mientras que una figura encorvada se escurría a través de ella. Era definitivamente una anciana, más bien baja y regordeta metida dentro de un largo atavío negro, y cuyo rostro era cubierto por un velo de encaje negro también, noté con extrañeza que estaba descalza y que sus pies lucían muy hinchados. Seguí bajando las escaleras percibiendo que el ruido en el móvil se hacía cada vez más fuerte y asonante. La canción continuó:

I who made the stars of night,
I will make their darkness bright.
Who will bear my light to them?
Whom shall I send?

Hacia ese último verso, la voz de la anciana declinó haciéndose tan grave que sentí escalofríos, e instintivamente desenvainé el daito, sin darme cuenta de que Haruhi también había desenfundado su arma.

—Quédese justo donde está, señora…— Ordenó Haruhi después de tragar saliva, y con una voz apenas audible por encima del ruido generado por su propio móvil y la estática del walkie-talkie.

Como respuesta, la "mujer" emitió un largo y sonoro suspiro de dolor, y al momento siguiente se escuchó el crujido del resto de los confesionarios. De las maltrechas puertas salió una decena de personas, hombres y mujeres, todos llevando mascadas o velos en el rostro, y todos aparentando ser víctimas de alguna enfermedad larga y dolorosa, todos ellos descalzos, caminando lentamente y dejando rastros obscuros sobre el suelo que pasaban. La poca piel cetrina o sepia que alcanzaba a verse a través de su ropa parecía ulcerada o con quemaduras, y había leves lamentos y gemidos… y el estribillo de la canción fue entonado al unísono por todos…

Here I am, Lord
Is it I, Lord?
I have heard you calling in the night.
I will go Lord, if you lead me.
I will hold your people in my heart.

Uno de ellos parecía jadear con mayor velocidad que el resto. Al principio vi que era un hombre muy delgado vestido con un maltrecho saco negro y sombrero de media ala, pero así como avanzaba rebasando al resto de la feligresía, iba irguiéndose, hasta que después de cerca de un minuto se había incorporado por completo. Quizás nunca había visto algo tan atemorizante en mi vida, el hombre de ulcerada y macilenta piel mediría cerca de dos metros y medio, caminaba hacia nosotros con paso espasmódico, noté en sus brazos esqueléticos y sus pies descalzos que sus huesos parecían haber sido estirados por la fuerza… y la escena pudo ser soportable hasta que por desgracia llegué a su rostro, o al menos hacia donde este debía estar.

Apenas cubierto por el sombrero y la tela traslúcida podían apreciarse marcas aún inflamadas y sangrantes de quemaduras graves que incluso seguían humeando, al mismo tiempo que dirigió sus inexistentes ojos hacia mi esposa y a mí, aumentando el ritmo de su errático paso, listo sin duda para atacarnos.

Gritó estridentemente con una extraña mezcla de un dolor insoportable y un enojo mal contenido, mostrándonos el interior de su boca sin dientes. Haruhi comenzó a dispararle, conectando tres tiros directos al pecho haciéndolo recular apenas un poco, pero aumentando su ira, mientras que la sangre obtenida por los disparos caía al suelo en ebullición, quemando la duela hasta perforarla. A sus espaldas, la alabanza continuaba, cada vez más inconexa y desafinada, algunos de los miembros de aquella feligresía perversa se recargaban en los muros recubiertos de madera haciéndola volverse brazas en poco tiempo, dejando las marcas de sus manos.

Finalmente uno se atrevió. Una de las ancianas saltó desde la diminuta palomilla hacia uno de los muros, adhiriéndose como una araña deforme en la pared, dando grandes brazadas hasta quedar delante del grupo. Me puse frente a mi esposa, listo para recibir el primer impacto ya con la espada en alto…

La vieja tomó todo el impulso que pudo y abrió brazos y piernas tanto como le fue posible, abalanzándose sobre nosotros mientras un mugido ahogado salía de su garganta. Estuve a punto de lanzar un mandoble pero una pequeña explosión se me adelantó. Koizumi estaba detrás de nosotros, había vuelto por la puerta trasera y lucía agitado, su mano derecha estaba en alto y humeaba, en su frente había un diminuto reguerillo de sangre. La mujer cayó abatida sobre su espalda entre espasmos y hemorragias, y sólo segundos después era rematada por los pasos de los fieles que seguían de pie, los cuales ya eran al menos veinte que se habían escurrido desde todos lados de la iglesia.

Algunos, siguiendo el ejemplo de la primera comenzaron a saltar hacia los muros y sobre las bancas, provistos de una fuerza no natural para alguien en tal decadencia, rodeándonos poco a poco mientras nosotros juntábamos nuestras espaldas…

Koizumi voló como una flecha hacia la cúpula mientras que Haruhi comenzaba a disparar y yo a repartir los primeros cortes, cuando ella y yo volvimos a juntar las espaldas hizo una señal que yo sabía identificar y me giré sobre mis talones dando un corte horizontal justo en el lugar en que ella había estado de pie y donde ahora estaba agachada, mientras que la hoja de mi espada partía por la cintura a uno de los feligreses, cuya sangre negra y caliente hizo reaccionar a la duela como sí se le hubiese vertido aceite hirviente.

Otro grupo comenzó a correr hacia nosotros y nos preparamos para recibirlos, sin embargo, una de las enormes es bancas salió volando de uno de los costados de la construcción comprimiendo a los seis o siete entes que nos amenazaban. Nagato estaba ahí y era ella la responsable de esa defensa, seguía siendo efectiva y poderosa, pero su rostro estaba inyectado de desesperación, o quizás incertidumbre, no sabría cómo describirlo, pero definitivamente no estaba pasándola bien.

Asahina fue la última en saltar a la cancha (literalmente), cayó a unos pasos de mí golpeando con ambos puños sobre la mollera de uno de los ancianos moribundos, derribándolo en el acto y soltando un derechazo contundente al rostro del que estaba a un lado, haciendo saltar una cantidad importante de ese fluido tóxico y abrasivo que tenían por sangre y manchando con él los guantes de su traje.

—¡Ah! ¡Cielos!— Exclamó asustada al ver como el cuero de los guantes crujía y lanzaba un espeso humo negro, comprimiéndose, chamuscado.

Eso la distrajo lo suficiente como para no notar que otro feligrés se abalanzaba tras ella, listo para tomarla en brazos.

Lancé mi shoto de inmediato, perforando el abdomen del atacante al mismo tiempo que Haruhi le atravesaba la frente con un disparo certero que lo tiró de espaldas, donde agonizó unos instantes antes de quedar completamente inmóvil.

Asahina aprovechó para tirar la prenda inservible y recuperar mi espada de aquella carne corrupta, luego corrió hasta nosotros.

—Los potenciadores de mis manos están dañados…— Respondió asombrada cuando mi esposa le preguntó si estaba bien. Sin embargo, así como me devolvió la espada volvió a la cargar teniendo buen cuidado de involucrar las manos lo menos posible.

Al correr de unos minutos, entre los cinco habíamos logrado someter a todos y nos mirábamos confundidos unos a otros, notando que los móviles y el walkie-talkie habían callado dando paso nuevamente al extraño silencio viciado de antes, sólo interrumpido por nuestras respiraciones agitadas.

—¿Das la orden tú o la doy yo?— Pregunté viendo a mi esposa, despeinada y perpleja mientras ponía un nuevo cargador en su arma.

—Vamos de vuelta, chicos—. Respondió sólo un momento después al volver el rostro hacia el altar, detrás del cual podía escucharse el murmullo de una letanía diferente que se acercaba a nosotros poco a poco, fuera de nuestra vista, haciendo que la estática volviera a los aparatos. —Lo más conveniente será ir a Brahms, contactar a la policía local y traer refuerzos. ¡Andando todo mundo!

—Tendremos que ir preparados para seguir luchando—. Intervino Koizumi limpiando la poca sangre que escurría por su frente. —Hay más de esas criaturas que vuelan allá afuera.

Salimos con precaución de la iglesia, volviendo al grisáceo exterior y sus fría calles sepultadas en cenizas, sabía hacia donde estaba la salida de este poblado horrible que nos llevaría de vuelta a la civilización, no serían más de quinientos metros para volver, pero dada la densidad de la niebla se antojaba como atravesar un país entero, al echar un vistazo a mis compañeros pude dar cuenta de que sentían lo mismo, Nagato y Koizumi en mayor medida dada su sensibilidad superior, mientras que Asahina parecía hasta cierto punto aliviada de dejar el pueblo.

Sin embargo, algo había cambiado ligeramente: había mayor actividad y ruido entre las callejas, no podría decir que era como un día de actividad normal en los suburbios ni nada parecido… o era quizás que estaba demasiado asustado de la última confrontación y estaba escuchando más de lo que en realidad había.

—Aquí Suzumiya, ¿puede escucharme, Dra. Sasaki? Cambio.

Soltó el botón del walkie-talkie y esperó cerca de un minuto antes de repetir su llamado, obteniendo como única respuesta la estática vacía.

—¡Ah…! ¿Qué…? ¿Qué es ese ruido?— Se quejó repentinamente Nagato deteniéndose en seco y llevándose las manos a los oídos.

Nos detuvimos y nos acercamos a ella, quien se quedó inmóvil y atenta, como esperando a que algo más pasara… no tuvo que esperar mucho. Los cinco nos volvimos al cielo en un instante, escuchando los ruidos que nos rodeaban, tratando de ubicar aquello que escuchaba Nagato.

—Vaya… sí que Sasaki es rápida, los refuerzos están aquí…— Dijo mi esposa al escuchar aquel ruido lejano…

Al principio pensé al igual que Haruhi que el ruido podría ser la señal de que venían refuerzos en camino… era una sirena, sonaba como la de un camión de bomberos, muy lejana en ese momento, pero que se aproximaba a buena velocidad, aunque me estaba resultado difícil identificar de qué dirección venía.

Entonces el miedo me golpeó al notar que el ruido en realidad venía de todos lados, de entre las invisibles calles y el cielo plomizo y oculto, y que al escucharlo más de cerca y con mayor atención sonaba como una sirena averiada que evocaba el escuchar un lamento de muchos animales moribundos simultáneamente. Algo estaba pasando, no sabía lo que era, pero el espantoso hueco en mi estómago me decía que era algo siniestro y peligroso. Traté de confirmar mis miedos con Nagato, que me devolvió la mirada apenas me volví a ella… sólo tuvo que decir una palabra:

—Corran…

Echamos a correr al momento, el ruido de la sirena aumentaba a cada paso que dábamos al igual que el del radio y los móviles, instintivamente miré al cielo, donde noté que poco a poco el plomizo gris comenzaba a obscurecerse, mientras que el suelo bajo nuestros pies hacia una apenas perceptible vibración, giré hacia mi derecha, vi algunos edificios y noté que sus cristales comenzaban a romperse, aunque no era como si estallaran, era más bien como si cedieran por la edad, la pintura caía, las canaletas de aluminio se herrumbraban aceleradamente ante nuestros ojos, la nevada de cenizas comenzaba a detenerse lentamente, dando paso a una llovizna molesta.

Sería el momento en que el ruido de la sirena distorsionada estuviera en su nivel máximo (dándome la impresión de que rompería mis tímpanos), cuando el suelo crujió sonoramente bajo nuestros pies, derribándonos a todos con fuerza, lanzándonos lejos unos de otros. No tuve mucho tiempo entre la confusión, el ruido y la cada vez más aplastante obscuridad para notar que la tierra literalmente se había partido entre nosotros, alcancé a ver a Nagato sin poder levantarse a una gran distancia, Koizumi parecía muy preocupado por alcanzarla, pero estaba lastimado y era incapaz de utilizar su poder, mientras que Asahina gritaba nuestros nombres con desesperación… pero, ¿por qué tanta ansiedad de la viajera del tiempo…? Ah, claro… estamos en caída libre hacia el abismo que recién se había abierto bajo nuestros pies.

Reaccione justo a tiempo para tomar la mano de Haruhi (que caía junto conmigo) y con la mano libre logré empuñar el shoto, caíamos en paralelo a una de las orillas, así que sepulté la espada tan profunda como pude en la roca, deteniendo nuestra caída.

El suelo seguía vibrando, la obscuridad lo estaba consumiendo todo, así que levanté tanto como pude a Haruhi y ella se aferró a mí, hasta que ambos quedamos suspendidos de mi brazo y mi espada, esperando a que todo terminara. Se abrazó de mí y ocultó su rostro en mi cuello mientras yo hacía lo mismo en su cabello. Tenía miedo, casi tanto como yo, no nos atrevimos a hablar o siquiera a abrir los ojos mientras que el ruido de la sirena comenzaba a hacerse distante, para irse por completo después de un par de minutos que creí eternos.

—Hay que volver arriba—. Se atrevió ella, y ayudada de mí comenzó a trepar nuevamente hacia la calle, ayudándome a subir luego.

Quizás lo más extraño de llegar a la calle nuevamente fue poner mis pies sobre el asfalto… y era porque precisamente el asfalto se había ido, en su lugar estábamos de pie sobre una gruesa maya de hierro donde nuestros pasos resonaban. Haruhi tomó la lámpara montable al cañón de su Desert Eagle y la encendió, regalándonos algunos metros de claridad en medio de aquella noche sin estrellas.

—Debemos buscar a los demás e irnos de aquí lo más pronto posible—. Dije resintiendo la humedad y el frío.

—Sin lugar a dudas, Kyon, pero… ¿podremos?

—Más nos vale que sí… después de todo, esto es lo que esperabas de este pueblo, ¿no…? Disfruta tu estancia.

Me regresó una sonrisa sin ánimos, jaló la corredera de su arma mientras que yo empuñaba el daito y comenzamos a andar al lado opuesto del precipicio que nos separaba de nuestros amigos, buscaríamos una ruta alterna para llegar hasta ellos y sacarlos de ese lugar.

Y sólo unos pasos adelante, la estática volvió…

Capítulo 2 – Enjoy Your Stay.

Fin.