¡Demonios, ese si que fue un largo tiempo! Pero en fin, la vida continúa aun cuando el trabajo está comiéndome. Así que los dejo con un nuevo episodio de Cacofonía Silente, esperando les agrade, y disculpándome por el largo tiempo de espera.
Ojalá no vuelva a tardar tanto en actualizar. ¡Disfrútenlo y no se olviden de comentar!
Capítulo 4 – The Blind Heroine II.
Alcance a arrojar a mi esposa tan lejos como pude mientras yo saltaba hacia el lado opuesto. Algo semejante a una ráfaga de viento destrozó el hierro del suelo y el concreto de la pared, dibujando una larga línea recta incandescente que salió de la escuela hacia el cielo.
La heroína ciega caminó con paso tembloroso hacia nosotros, lanzando eventuales hipos y llantos con un parecido escalofriante a los que profería Asahina durante nuestros años de preparatoria. Después de un par de dificultosos pasos se detuvo y volvió su rostro incompleto hacia el firmamento, profiriendo un lamento tan espeluznante que tuve que cubrirme los oídos mientras la veía sacudiese de pies a cabeza.
Reemprendió la marcha avanzando directamente hacia Haruhi, que una vez más estaba incapacitada por el miedo, y que con manos temblorosas apuntaba a aquella copia perturbadora de nuestra viajera del tiempo.
Sí, era muy aterradora, pero no lucía muy peligrosa. Si seguía moviéndose con ese paso decadente nunca alcanzaría a ninguno de los dos, pero como en cualquier situación en mi vida, el universo se encargó de sacarme de mi error. El monstruo tomó bríos inesperados e hizo un salto horizontal que cubrió la distancia que la separaba de Haruhi en un solo movimiento, a lo cual mi esposa no pudo reaccionar a tiempo, sólo resolviendo el intentar huir dándole la espalda.
Las corruptas manos de aquella falsa Asahina perdieron consistencia entonces, volviéndose delgadas, dislocando sus huesos y obteniendo el mismo efecto en sus dedos, que pronto atraparon a su presa por la espalda, unos segundos después Haruhi era capturada por esa mole deforme de piel fría.
Lo que realmente estaba provocándome un serio problema mental era la similitud de la tortura que aquella bestia estaba haciéndole pasar a mi esposa con la que ella misma le propinaba a Asahina en su adolescencia, pues el agarre estaba concentrándose en sus senos y sus piernas… y si recordaba correctamente ese inocente ataque en el pasado, el siguiente paso lógico era una mordida en la oreja izquierda. Y cuando ese momento llegó poco me faltó para desmayarme.
El rostro sin ojos se enderezó torpemente hacia la izquierda, y al momento de abrir la boca desgarró la carne de sus propias mejillas, dejando ver dos largas hileras de dientes ennegrecidos y muy afilados.
Grité a mi esposa que se apartara todo cuanto pudiera mientras yo corría al encuentro de aquella macabra imitación del gato de Cheshire, propinándole un mandoble sobre la cara con toda mi fuerza, el impacto fue certero y un chisporroteo de sangre espesa vino de la parte del rostro y la lengua que había alcanzado, junto con un sonido parecido a una arcada mientras que soltaba a Haruhi. Pensé tontamente que con eso habría sido suficiente para la bestia, pero obviamente me equivoqué. Y en tanto recuperaba fuerzas llegué a la conclusión de que eso definitivamente no era Asahina, pero había obtenido lo peor de ella, aquellos lejanos complejos relacionados con su cuerpo y su personalidad, y sin duda alguna todos los rencores hoy superados.
Haruhi, libre al fin, tardó unos segundos en volver a ponerse de pie (había caído sobre sus rodillas al intentar escapar), pero su rostro había ganado un matiz diferente… su barbilla temblaba, sin embargo, parecía estar sobreponiéndose al miedo, y se retiró el cabello mojado que cubría su frente dejándome ver nuevamente aquella mirada llena de lucidez que la caracteriza. Sin pensarlo dos veces desenfundó y se giró sobre sus talones, haciendo los primeros cinco disparos que hicieron sacudiese a aquella abominación que trataba inútilmente de emular a nuestra compañera.
Feliz de ver de vuelta a la única compañera perfecta que había tenido, entre ambos y sin palabras, como en los buenos tiempos, comenzamos a coordinarnos para atacar y someter a la falsa Asahina, comenzando por separarnos el uno del otro, siempre en puntos opuestos de un diámetro para evitar que esa cosa nos atacara estando juntos. Haruhi disparó varias veces a aquel cuerpo contrastante cuya sensualidad sólo podía compararse con su propia decadencia, y aunque eso le provocaba constantes muestras de dolor, en realidad no parecía estar siquiera cerca de caer por las heridas, y más de una vez saltó hacia alguno de nosotros intentando atraparnos, lo cual sólo terminaba provocándole nuevas lesiones.
—¿Dónde tienes a Mikuru?— Preguntó Haruhi, cansada de no verla caer luego de poner un nuevo cargador a su arma.
Como respuesta, la "cosa" dejó de moverse totalmente, quedando rígida como un maniquí, dando la sensación de que jamás hubiese tenido al menos un ápice de vida. Largos segundos pasó en ese estupor mientras mi esposa y yo nos mirábamos confundidos. La lastimada camarera del futuro giró la cabeza entonces hacia mí, dirigiéndome sus ojos vacíos como tratando de atravesarme con ellos.
—Kyon… protégeme…— los vellos de la nuca se me erizaron al escuchar la siempre melódica voz de Asahina, no obstante, si su propósito era doblegarme a través del recuerdo, había errado, en realidad sólo me hizo enojar más.
—De ninguna manera. Devuélvenos a Asahina.
Si hubiese habido ojos en sus cuencas seguramente ahora estarían húmedos debido a una respuesta tan tajante venida de mí. Aunque no inesperado, resultó incómodo verla hipar entre espasmos mientras se pasaba las manos sobre el rostro roto, secándose lágrimas inexistentes y aumentando a cada momento la intensidad de sus gimoteos.
Sólo un minuto después, aquel llanto tímido degeneró en un estridente y dificultoso suplicio que asustaba de verdad, y llegado ese punto su cuerpo comenzó a arquearse hacia atrás desafiando a la física, desarticulando sus hombros y haciendo aún más suplicante su ya de por sí afectada respiración.
Nunca había enfrentado nada semejante, ¿qué deberíamos hacer?, ¿abandonar el lugar? Aunque eso no sería lo mejor si consideramos que el ente podría saber dónde está Asahina o cualquiera de los otros. La única opción coherente sería enfrentarla hasta sus últimas consecuencias.
Al darnos cuenta, la una vez atractiva réplica del cuerpo de Asahina estaba rota al fin, con los hombros quebrados, el cuello vuelto al revés y con el abdomen por lomo mientras se apoyaba en sus cuatro extremidades, como una fiera salida directamente de las entrañas del infierno. Dando un nuevo alarido de guerra echó a correr como un enorme felino hacia Haruhi, que rápidamente salió de su camino mientras disparaba. Yo salté hacia aquella representación demoniaca, tratando de alcanzarla con la hoja de mi espada larga y lográndolo parcialmente, intento que pagué con un golpe de costado que me lanzó varios metros lejos sobre la alambrada mojada a mis pies. No había terminado de reincorporarme por completo cuando vi los ojos vacíos de la falsa Asahina apuntando hacia mí, y yo sabía que pasaría inmediatamente después. Una vibración en el suelo y vapor del agua que caía del cielo eran el indicativo de que otro haz de negra luz venía a mi encuentro, demasiado rápido como para esquivarlo, así que me limité a cruzar mis fieles espadas frente a mi pecho. La potencia de aquella energía me arrastró varios metros atrás, hasta que comencé a luchar contra ella, pero preguntándome cuánto tiempo podría resistir sintiendo como los mangos se calentaban y viendo las hojas comenzar a encenderse en rojo brillante.
Haruhi, viendo la distracción que yo representaba, se acercó en un santiamén hasta la falsa Asahina y a quemarropa disparó seis veces en la sien de la heroína ciega que finalmente detuvo su ataque, sus extremidades flaquearon y cayó sobre su espalda, abatida, mientras que sus articulaciones dislocadas volvían lentamente a su posición original.
Haruhi y yo nos quedamos de pie lado a lado, observando a la impostora y el escalofriante parecido a Asahina que tenía, tanto que la única diferencia real entre una y otra era la piel grisácea y la ropa maltrecha, y estando sus ojos cerrados, pude haber jurado que era nuestra confiable viajera del tiempo tomando una siesta y padeciendo una ligera hipotermia.
—¿Y ahora?— Preguntó Haruhi revisando su arma. —¿La despertamos y la interrogamos?
—No creo que eso funcione. Deberíamos seguir buscando mientras esta… cosa se decide a levantarse.
Una vez que mi propuesta alcanzó el visto bueno, con cautela y sin quitar los ojos de encima de aquella abominación comenzamos a caminar.
La respiración volvió al castigado cuerpo en el suelo haciéndonos dar un respingo y privándonos al mismo tiempo de la capacidad de andar. Esta vez, no obstante, no era la actitud amenazante de aquél oponente la que nos sorprendía, era algo que con franqueza nunca me hubiese esperado considerando tan violento diálogo que habíamos sostenido sólo unos cuantos minutos atrás.
—S-Suzumiya…— Susurró suplicante mientras se revolvía en el suelo y se tocaba el cuerpo con concupiscencia. Con franqueza, sentí algo de aversión y retiré la vista, no así mi esposa, la cual parecía un poco más afectada que yo. Comprendí en ese momento que el monstruo no estaba apelando a mi lado oscuro, sino al de Haruhi.
—Haruhi—. La llamé mientras la veía titubear, momentáneamente atrapada dentro de sus propias ideas: —¡Haruhi, vuelve!
A mis palabras, su reacción fue apuntar al monstruo, pero aunque hubiera disparado, no hubiera habido efecto alguno. Aquella bestia se había movido tan rápido que apenas si habíamos visto una sombra borrosa mientras se perdía en la obscuridad, apenas dando una pista sobre su ubicación. Nuestra única constancia de que seguía acechándonos entre las sombras era la estática en nuestro radio. Mi esposa se separó de mí y entre ambos comenzamos a explorar el patio de aquella escuela demoniaca tratando de ubicar a nuestro enemigo antes que ella nos encontrara a nosotros.
Varias veces tuvimos que girar sobre nuestros talones al escuchar el frenético movimiento de algo que se arrastraba, alrededor y por encima de nosotros, cada vez más difícil de escuchar entre la estática del radio, el murmullo de la lluvia y los monótonos sonidos industriales que nos envolvían, hasta que finalmente se atrevió a aparecer colgada en unos de los muros, pero su semblante y actitud habían cambiado radicalmente. Lanzó un grito desgarrado hacia nosotros y se abalanzó directamente sobre Haruhi, que a pesar de disparar oportuna y certera, no logró detenerla y fue violentamente derribada, con tal fuerza que su arma salió despedida varios metros lejos de su alcance. Corrí desesperado hacia ellas mientras que la Asahina obscura, montada sobre mi esposa, se preparaba para lanzar un nuevo Mikuru-beam que Haruhi apenas pudo desviar a unos centímetros de su cabeza con una llave de inmovilización al cuello de su atacante.
—¡Es mío!— Gritó la cosa tratando de girar la cabeza hacia su víctima mientras la malla de acero del suelo se fundía al contacto con su mirada.
—¿D-de qué demonios estás hablando?— Preguntó Haruhi apenas pudiendo contener a su atacante.
—¡Kyon en mío!— Dijo fuera de sí mientras su saliva espesa caía en un reguerillo sobre la mejilla de Haruhi. —¡Tú no lo respetas, no lo aprecias! ¡No mereces que te ame! ¡Yo sí! ¡Soy más hermosa y atenta! ¡Haría lo que él me pudiera sin pensarlo!
—¡Basta de estupideces!
Haruhi, montada en una cólera que la dotó con nuevos bríos, realizó un sólo y poderoso movimiento que hizo crujir horriblemente los huesos del cuello de su victimaria, haciendo que el fantasmagórico rayo cesara al instante y que una momentánea debilidad le permitiera a mi esposa lanzarla con las piernas. La falsa Asahina trató de reincorporarse, pero su única recompensa fue encontrarse frente a frente con mi esposa, que en un santiamén había recuperado su arma, pero en lugar de dispararle, la castigó con un golpe de cacha directo en la mejilla que le arrancó un lamento, una cantidad importante de sangre y varios de los dientes afilados que mostró minutos atrás. Había visto a Haruhi furiosa antes, pero nunca la vi dejar salir toda su ira, y en algún punto sentí miedo de ella mientras la veía reducir a golpes y con lujo de crueldad a aquella abominación que trató de asesinarla.
Agotada después de varios minutos de tan brutal sometimiento, dio un par de pasos atrás y me miró indicándome que me acercara. Delante de ella, la que alguna vez fue una muy convincente réplica de nuestra viajera del futuro yacía hincada, aún más desfigurada y aparentemente incapaz de moverse.
—¿Por qué?— Preguntó la heroína ciega dirigiéndose a mí entre sollozos y con la voz entrecortada y aguardentosa. —¿Por qué continuas con ella? ¿Por qué la proteges? Nunca compensará los abusos que cometió contra mí ni contra ti… yo nunca la perdonaré…
—Entonces es claro que tú no eres Asahina—. Dije viéndola con un sentimiento extraño y molesto comprimiendo mi pecho, lejanamente semejante a la lástima. Levanté mi espada hacia arriba y por mi derecha, decidido a terminar con la miseria de aquella criatura desdichada.
—¿Por qué nunca me amaste…?
—No tenía nada que hubiese podido ofrecerte.
—Pero…— Su voz dejó de ser lastimera y sonó nuevamente como la de aquella bellísima adolescente que conocimos en la preparatoria. —Si yo te hubiese dado todo lo que hubieras querido, en el momento y lugar que hubieses deseado, si hubiera vivido sólo para amarte, servirte y procurarte aún a pesar de mí misma… ¿qué habrías hecho…?
Me preparé para tirar el golpe decisivo y respondí:
—Habría sentido pena por ti.
Tiré el mandoble con toda la fuerza que pude, aunque el enemigo no ofreció resistencia. La hoja pasó de lado a lado su cuello, llevándose los pensamientos tortuosos de eso que seguramente era el compendio de todos los asuntos hoy concluidos de Asahina.
A pesar de que la siguiente fue una escena sumamente perturbadora, ni Haruhi ni yo retiramos la vista mientras la cabeza separada del cuerpo caía y rodaba un par de metros siguiendo la trayectoria de la hoja, y sólo unos segundos después cayó exánime el cuerpo decapitado, muy lentamente, como en un sueño reparador o como despertar de una pesadilla sin fin y descubrir que se está al resguardo del regazo del ser amado.
La misma sirena industrial que nos había sumergido en aquella obscuridad regresó lenta pero constantemente mientras el cuerpo del adversario terminaba de posarse sobre el suelo.
—Ayúdame—. Solicitó mi esposa un minuto después, aproximándose segura de que ya no había una amenaza.
Entre ambos acomodamos el cuerpo de la falsa Asahina de tal suerte que quedara acostada boca arriba y mientras yo disponía sus brazos sobre su pecho, Haruhi trajo la parte cercenada, colocándola respetuosamente donde debía ir.
—¿Por qué hacemos esto?— Pregunté sintiendo que el ruido de aquella sirena comenzaba a elevarse por encima de nuestras voces.
—Porque eran los sueños de Mikuru, merecen respetó aún a pesar de que algunos hayan muerto, es como rendir tributo al corazón de un niño. Se lo debemos… se lo debo luego de todo lo que le he hecho—. Se hincó a su lado y susurró a su oído: —Descuida, yo cuidaré de tus sueños y todo lo que ames en el futuro.
En el tiempo en que un ave aletea por primera vez, lo que dura un suspiro, incluso un beso efímero y cotidiano de despedida o de saludo, esa fracción de tiempo fue alargada hasta algo parecido a una eternidad. Una marejada de mariposas nocturnas enormes, en todas las tonalidades imaginables de negro, gris, marrón e índigo junto con una luz potente que las magnificaba manaron del cuerpo, haciéndolo menguar poco a poco mientras aquellos extrañamente bellos insectos nos mantenían cautivos dentro de un remolino de aleteos. Involuntariamente internalizamos los sentires de Asahina, sensibilizados y más empáticos a sus emociones que nunca antes, pero daba la sensación de que no correspondían a aquella mujer poderosa y confiable que nos acompañaba la mayor parte del tiempo, sino a la jovencita insegura y acomplejada de antaño, de la que según parecía habían quedado esas reminiscencia que alguien dentro de este pueblo infame había utilizado para crear a la torturada aberración que fallecía a unos centímetros de nosotros, haciendo patente nuestro templé y nuestras propias debilidades. Por un instante glorioso, el olor a muerte y humedad dio paso a la fresca fragancia de nuestra compañera de brigada, su voz murmuraba a nuestros oídos algo parecido a una oración de la cual únicamente pude comprender una frase: "¡Libre al fin!"
Finalmente el ruido de la sirena hizo inaudible todo lo demás, sólo que esta vez nos regaló con la difusa luz de un día eterno y sin sol evidente que nos sumergió en un silencio viciado unos minutos después, en tanto que la malla de acero bajo nuestros pies hacia metamorfosis, volviéndose nuevamente el viejo y deteriorado concreto, seco y cubierto de aquellas cenizas que sin descanso caían perezosas sobre nosotros, volviéndose barro al contacto con nuestra ropa empapada. Y así, de la misma forma en que llegó el ruido, nos dejó solos, agotados y emocionalmente vulnerables, siendo audible únicamente nuestra respiración agitada.
Me deje caer sentado, soltando mis espadas y me cubrí el rostro con las palmas tratando de recuperar el sosiego y descubriendo que no sólo había agua de lluvia y cenizas sobre él, sino que había mucho sudor y algo de sangre, aunque no mía sino de ese extraño enemigo que enfrentamos.
—¿Esto realmente está pasando?— Pregunté a mi esposa, que también había optado por sentarse en el suelo, golpeada como yo por esa realidad tan extraña e inquietante.
—Creo que sí… pero ahora creo con más fuerza que Mikuru y los demás están aquí, y que ahora más que nunca nos necesitan.
Asentí de conformidad, aunque ambos debimos tomarnos unos cinco minutos antes de decidirnos a ponernos de pie de vuelta, notando entonces cuán cansados estábamos.
Sin tener muy en claro que hacer a partir de ese momento, lo único que no saldría de la agenda sería buscar a nuestros amigos antes de volver a la civilización, siempre que descubriéramos primero como franquear los enormes abismos que desmembraban los caminos. Teniendo un radio funcional podríamos incluso pedir ayuda al condado de Toluca o a Interpol, pero eso era sólo un bonito sueño. Primero lo primero: nuestros compañeros.
Yo sentía mis pasos algo erráticos, pero Haruhi, fiel a sus hábitos, había recuperado una buena parte de su aplomo y su paso no vacilaba en absoluto, y resuelta se abrió paso a grandes zancadas hacia la puerta que nos había llevado a ese patio y sus horrores de lluvia y obscuridad, ahora ocultos debajo de la luz y la niebla, mostrándonos sus muros erosionados, pero ya no con el herrumbre y la sangre, sino con el tiempo y la ceniza, incluso el cadáver simbólico de los miedos y rencores de Asahina había desaparecido. No podría explicarlo, pero no sentía que hubiera más peligros potenciales en ese edificio, así que más confiado regresé mis espadas a sus vainas y caminé junto con Haruhi a través de los pasillos viejos, derruidos, sucios y desiertos únicamente acompañados de un silencio que esta vez el radio no se atrevía a interrumpir. Aún a sabiendas de que nada hallaríamos entre esos débiles muros, hicimos una inspección meticulosa del lugar, sólo confirmando nuestras sospechas de que nadie además de nosotros estaba ahí.
Al salir al exterior por la única puerta de acceso y hacia la calle Midwich, el sendero vacío y sin aparentes peligros se antojaba más amenazante que si hubiera estado plagada de monstruos desde el principio, y esa molesta neblina no nos dejaba ver más allá de unas decenas de metros en cualquier dirección.
—¿El siguiente paso, detective?— Pregunté.
—¿Cómo no lo vi antes, si es tan obvio? Si alguien desapareciera, ¿a qué lugar irías a buscarlo primero?
—El departamento de policía, a los hospitales…
—¡Justamente! Del otro lado del río está la estación de policía de Silent Hill según los mapas de Yuki, y el hospital sólo unos pasos más lejos.
Hizo su revisión de rutina y un dejo de intranquilidad ensombreció su rostro al notar que sólo tenía ya medio cargador y las cinco balas de su revólver de emergencia.
—Descuida, la estación de policía tendrá municiones y otras raciones que podamos utilizar—. Dije fingiendo una muy creíble confianza. —Lo que comienza a preocuparme es no haber encontrado a nadie en la escuela.
—Seguramente los tres están esperándonos allá en el hospital, sólo debemos darnos prisa para llegar.
Sus palabras sin embargo, no estaban matizadas con la falsedad de las mías. Sus esperanzas eran legítimas y sus deseos sinceros, y eso me devolvió las ganas de seguir adelante.
La única calle que cruzaba el río Toluca que desembocaba en el lago del mismo nombre era una de las principales y que se honraba con el nombre de un conocido escritor y el de un escritor y astrónomo, así que el primer paso sería llegar a la avenida Ernst Bloch que después se convertía en Carl Sagan y rezar porque el puente pudiera llevarnos hasta nuestro primer destino inmediato.
Sí, había miedo en mi corazón, pero no era la primera vez que lo sentía, además, todos estos años me han enseñado que estoy junto a la única persona en presencia de la cual nada debo temer.
Capítulo 4 – The Blind Heroine II.
Fin.
¡Hasta la actualización! ¡Gracias de antemano por los comentarios!
