Sí, se llevó una vida en ser terminado, pero bien dicen que más vale tarde que nunca. Les dejo el capítulo 5 de Cacofonía Silente, esperando que les agrade y me lo hagan saber en un review como siempre.
Más pronto que esta vez (espero) ¡hasta la actualización!
Capítulo 5 – The Shade Of Envy I.
Anduvimos en un precavido silencio entre las calles parcamente iluminadas por aquella luz que caía del cielo sin sol. El silencio sórdido y parcial que nos había acompañado todo el rato era demasiado penetrante y obtuso como para acostumbrarse a él, y el frío se encargaba poco a poco de mitigar el sudor y cansancio de los minutos previos a que nos abriéramos paso entre las cenicientas calles.
El pueblo no tenía más la apariencia del pedazo de infierno en el cual nos habíamos metido cuando llegó el ruido de la sirena, aunque seguía siendo siniestro, y aquellas paredes que parecían cubiertas de un limo orgánico y húmedo en medio de la obscuridad volvían a ser grises y resecas, cubiertas por ceniza y polvo, frías y aburridas.
A pocos metros de llegar al río pudimos escuchar su caudal a la distancia mientras nos abríamos paso con precaución entre los autos aparcados en las aceras, y aparecían las sombras desdibujadas de los soportes del puente, que en una época mejor era levadizo y ahora, abandonado e inerte se mantenía inamovible con una ligera inclinación hacia arriba. Mi esposa iba al frente y se resguardaba en los muros cada que algún ruido nos sorprendía, pero por los quince minutos que tardamos de llegar de la acera al puente, no hubo más que aquellos ruidos lejanos y extraños que pronto se confundieron con los del follaje metros abajo, a merced de la corriente.
Sería menos de un centenar de metros lo que separaba a una orilla de la otra, pero por culpa de la neblina era imposible ver siquiera si el puente estaba completo y en condiciones de soportarnos.
—Eso sólo podemos averiguarlo si intentamos cruzarlo—. Respondió mi esposa una vez que le expresé mi duda.
Con precaución comenzó a caminar sobre los soportes de acero y hormigón destinados a dar paso a los peatones. Yo la seguí pero sobre el asfalto de la sección destinada al arroyo vehicular. La inclinación, si bien no nos impedía continuar, sí era notoria, y cobró las primeras gotas de sudor sólo un par de minutos después de que comenzáramos a ascender, debajo, a varias decenas de metros podía escucharse el caudal de un río mucho más grande de lo que pensé en un principio, mientras que éramos tocados por una brisa fría y húmeda que la corriente arrojaba hacia arriba.
Decidido como estaba a no permitirme sorpresas, mantuve mi daito en la mano, mirando a los alrededores, previniendo cualquier posible intrusión repentina como las que nos habían abordado en estas primeras horas en el poblado, pero muy dentro de mí sabía que por más que lo intentara sería imposible que pudiera estar preparado para lo que nos tenía preparado el lugar. Haruhi parecía pensar lo mismo que yo, y mantenía el cañón de su arma hacia el cielo mientras andaba con paso precavido, tratando de no mostrar su propia ansiedad, mientras veo a través de la niebla y las cenizas su gesto lleno de incertidumbre, como pidiendo sin palabras no tener que volverse a enfrentar a otro niño gris o a otra macabra representación de nuestras propias pesadillas.
A lo largo de mi tiempo con Haruhi, antes aún de nuestro matrimonio, ha recaído sobre mis hombros la responsabilidad de su seguridad, y gustosamente me he hecho cargo de velar por su integridad física y emocional, protegerla de otros e incluso de sí misma, sin embargo, esta es la primera vez que aunque esté a su lado, debidamente ataviado con mi disfraz de guerrero y dispuesto a enfrentar lo que sea, no me siento capaz de defenderla como debería, porque muchas de las cosas que pueden hacernos daño aquí están dentro de nuestras propias cabezas.
Al mismo tiempo percibimos un cambio, o más bien, un ruido que parecía tanto más cercano a los otros, venía de enfrente, entre la neblina, y en un principio pensé que sería parte del murmullo del río, pero que a medida que se hacía nítido nos hizo reducir la velocidad de nuestro paso mientras nos mirábamos el uno al otro, hasta que la confirmación llegó de nuestro radio de onda corta, que Haruhi apagó cuando la estática aún era débil para evitar llamar la atención innecesariamente.
Una veintena de metros más adelante, cuando la silueta de la caseta de control de puente era invisible, pudimos ver la causa del murmullo: ¿recuerdan que apenas llegamos al pueblo fuimos recibidos por una criatura voladora famélica que o bien era un dragón muy pequeño o un buitre demasiado grande? Bueno, no sabría decir si era el mismo, pero definitivamente aquella cosa era de la misma especie. Estaba de espaldas a nosotros, agazapado y con las alas plegadas a su espalda, y a pesar de la niebla pude echar un vistazo más cuidadoso a su apariencia que en nuestro primer encuentro. Era muy alto, quizás rondando los dos metros, y con eso calculé que sus alas tendrían al menos del doble en tamaño al estar extendidas, de su espalda alta y sus omóplatos nacían las alas, que cumplían parcialmente el rol de miembros superiores, su delgadez era más que evidente, era como ver un cadáver exhumado después de mucho tiempo de estar enterrado, y de su baja espalda nacía una cola corta y rígida, como la de un lagarto. Su color era indefinido, aunque parecía un anaranjado apagado, como el resultado de una mala sesión de bronceado. Sus movimientos eran torpes, como los de alguien que padece un Parkinson muy avanzado, y sus alas-manos parecían manipular algo frente a su cabeza, que se sacudía frenéticamente, sin lugar a dudas siendo esa la principal causa del ruido. Había cazado una presa y daba un buen festín de ella, por eso estaba tan pasivo. Con el mayor sigilo posible caminé para reunirme con Haruhi, cuya arma ya apuntaba directo a la cabeza de la criatura, y con un gesto le pregunté qué hacer… ir hacia atrás nos alejaría de nuestro destino, pero por otro lado, apenas si teníamos balas o fuerzas para otra confrontación.
Ella bien podría dispararle. Su puntería era suficiente para reducirlo limpiamente en un solo tiro, pero eso provocaría ruido innecesario que atraería a más monstruos. Igualmente yo podía hacer un rápido intento por inmolarlo en un único movimiento, e incluso eso podría ser lo más conveniente para evitar a cualquier otro invitado indeseable. Llegando ambos al mismo razonamiento sin palabras, me dispuse a dar el primer paso hacia él, acomodando el sable por mi costado y hacia abajo, listo para lanzar un mandoble cruzado que terminaría con el enemigo fácilmente.
Así cómo avanzaba, vigilaba su espalda y analizaba su retorcida anatomía, sus rugosas y esqueléticas patas que difícilmente lo mantenían de pie, y la cortina traslúcida de sus alas membranosas. Tal fue mi concentración que no puse atención a su cabeza mientras me acercaba, de tal suerte que cuando me giré a vigilarlo, su cabeza había dejado de masticar y se mantenía inmóvil, a noventa grados exactos hacia su derecha, mostrándome su perfil, mirándome fijamente con uno de sus ojos diminutos y acuosos.
Me detuve en seco y dudé si ir a su encuentro o no, él no hacía ruido y me miraba como constatando que yo era real, esperando a que diera la mínima señal de vida para lanzarse sobre mí. Convencido al fin, lanzó al aire un graznido chirriante mientras giraba por completo su cuerpo y extendía sus largas alas, mostrándose repentinamente gigantesco y aterrador; al momento yo emprendí la carrera, alcanzándolo en sólo un instante y recetando un corte potente sobre su abdomen que literalmente lo reventó, lanzando un gran chorro de sangre negra e incandescente junto con varios órganos decadentes que resbalaron por el suelo a su alrededor.
Di un salto hacia atrás para evitar ser alcanzado por su sangre tóxica mientras él caía de bruces, aferrándose al suelo con esos apéndices semejantes a dedos que nacían de sus alas y graznando en agonía, viendo esto, decidido me acerqué para propinar un efectivo golpe final a su cabeza que terminó con el ruido y el suplicio de la bestia. Mi alegría duró sólo hasta que me volví hacia donde originalmente yacía el monstruo ahora muerto ante mí, entre un murmullo tétrico pude escuchar los erráticos pasos de toda la compañía que se daba un festín junto al que por un momento creímos que era el único de los seres alados. Vi al menos cuatro siluetas más acercándose con su paso torpe mientras emitían gruñidos y graznidos leves, sacudiendo sus largas y afiladas cabezas, listos para atacar en cualquier momento mientras que yo retrocedía arrepentido de haber abatido al primero. La más próxima de las bestias acortó la distancia pasando sobre el cadáver, agazapado, mostrándome sus fauces ulceradas que lucían aterradoramente grandes a la distancia a la que estábamos, recuperé la calma y me preparé para recibirlo con mi sable, pero como era de esperarse, Haruhi no iba a permitir que me enfrentara yo solo con ellos.
Con un único disparo que resonó haciendo eco por varios kilómetros a la distancia, aquel que estaba ya tan cerca de mí dio una violenta sacudida mientras su cuello perdía fuerza para sostener su enorme cráneo, del cual había salido volando un buen trozo de hueso y materia encefálica, el estruendo del disparo había alterado a los otros entes, que de inmediato emprendieron vuelo castigándome con las poderosas ráfagas que producían sus alas. Indiqué a Haruhi con una seña que me alcanzara donde yo estaba, habíamos alertado ya a las bestias y era inútil tratar de ocultarnos. Al llegar junto a mí ya había varios de esos bichos volando a nuestro alrededor, optamos entonces por correr tan rápido como la inclinación del puente nos lo permitía y lanzando furtivas miradas al cielo, escuchando el amenazador aleteo, yo observaba como Haruhi miraba con aprehensión su arma, sabía que había menos de diez balas en ella y que si queríamos salir completos de ahí, debíamos ser muy inteligentes y precisos. Le recomendé que no usara su arma de fuego y en su lugar le di mi espada larga, haciéndome yo de mi espada corta y el nuevo cuchillo dado por Fujiwara apenas unas horas atrás.
Sonaron los primeros aleteos cercanos y Haruhi y yo nos separamos, escuché con alivio que el ave optó por seguirme a mí, error que lo condenaría. Apenas apareció en mi rango de visión tomé en un giro la hoja del cuchillo y lo lancé, modestia aparte, con tal tino que la hoja se incrustó profundamente en su garganta, haciéndolo perder el control casi de inmediato, y más que embistiéndome, cayendo hacia mí, donde terminé con él lo más rápido y limpiamente que pude. Recuperé el cuchillo que humeaba, pero no parecía haberse deteriorado, y aunque cada ataque cobraba la vida de uno de nuestros atacantes, parecían venir más en su auxilio, lo que eventualmente haría que nuestra batalla terminara siendo una cacería, en la cual nosotros seríamos indudablemente las presas.
Agotados, llegamos al fin hasta donde el puente nos permitía. No había más camino, y como era lógico, dada la inclinación del camino, la otra mitad del puente apenas si daba un pequeño indicio de su ubicación a algunos metros de nosotros, lo suficiente para hacer demasiado arriesgado el intentar saltar para alcanzarlo, pero ya para ese momento no parecía haber otra alternativa.
—No llegaremos a la otra orilla—. Dije mientras esperaba al siguiente pajarraco, que parecía acercarse por mi derecha.
—Al menos no si seguimos intentando pasar por el puente—. Resolvió al justo momento en que el pico del animal aparecía a unos centímetros de mí y trataba de atinar a mi coronilla con su pico. —Debemos volver y bajar por la orilla del río y… ¡Cuidado!
Mi único impulso al sentir el peso de la bestia sobre mí al derribarme fue el de guardar mis armas y tratar de enfrentarlo con mis solas manos, o de otra manera, podría herir a mi esposa o a mí mismo, tomé la parte superior de su enorme pico dentado y con la palma de la mano lo empujaba hacia arriba, en tanto que mi brazo derecho completo estaba dentro de sus fauces, empujando con todas mis fuerzas el maxilar inferior hacia abajo, tratando de evitar de cualquier manera que las cerrara o de otra manera perdería el brazo. Traté de buscar ayuda en Haruhi, pero la vi teniendo su propia pelea con otros dos de esos horribles cuervos deformes y súper desarrollados, haciendo movimientos con la espada que si bien no eran los de un experto, tampoco correspondían a un amateur.
El monstruo graznaba dificultosamente mientras presionaba sobre mis brazos, sepultando sus colmillos desgastados en la palma de mi mano izquierda y haciéndome sentir como serruchaba la manga de mi brazo derecho, y no conforme con eso, comenzó a empujarme sobre mi espalda por el suelo, llevándome lenta e inexorablemente hacia el final del puente. Lo pateé varias veces en el abdomen, y aunque le arrancaba algunos graznidos de dolor y se revolvía salpicando el suelo a mi alrededor con su saliva, no logré que me liberara, hasta que en un afortunado movimiento pateé una de sus extremidades inferiores, haciéndolo trastabillar y con ello invirtiendo los papeles, arrojándolo hacia un lado y montándome sobre él, desenvainando el shoto y levantándolo sobre mi cabeza para asestar un único golpe decisivo.
La hoja bajó haciendo una herida mortal en su pecho, lamentablemente su familia comenzaba a volar a nuestro alrededor cada vez más bajo, chillando más fuerte y constantemente, descendiendo eventualmente uno o dos que nos atacaban y reemprendían el vuelo al vernos someterlos. Uno de esos bajó muy rápido, mientras yo intentaba recuperar mi shoto del que moría bajo mi peso, aterrizó y me embistió apenas permitiéndome quitar mi cabeza de la trayectoria de su pico, pero aun así siendo lanzado sobre mi costado derecho al recibir de lleno el impacto de todo su peso. Al igual que había hecho el primero, se montó sobre mí tratando de morderme, golpeándole en la mejilla y la sien izquierda torpemente incapaz de abrir totalmente su hocico, lo que yo aproveche para girar el cuchillo sobre mi mano y apuñalarlo en el ojo. Lo que por un momento pensé que sería mi posibilidad de someterlo sólo hizo más difícil mi pelea, el monstruo, ahora presa de un penetrante dolor se sacudía con más fuerza de la que podía contener, lanzando mi cuchillo por la borda al extremo del puente y salpicando el dorso de mi mano derecha con su sangre. Hice lo posible por soportar el dolor, así que de mis labios salió un apenas audible lamento mientras me incorporo de un salto y paso mi brazo derecho por arriba de su nuca, inmovilizándolo en tanto que trata de agitar sus alas inútilmente. Con la mano que tengo libre levanto el shoto, buscando en la deforme espalda que tengo a la vista el lugar donde la lógica indicara que está el corazón. Bastó que sepultara la hoja una sola vez y que la extrajera a la misma velocidad para que el ente perdiera las fuerzas y cayera sin luchar más a mis pies, haciendo un charco corrosivo a su alrededor.
Busque a la detective, que justo daba un golpe contundente que lanzó al vacío a otro de los pájaros, lucía bastante cansada, despeinada y sucia, y corrió hacia mí apenas vio que estaba fuera de peligro en el justo momento en que yo escuche unos aleteos particularmente fuertes acercándose a mí.
—¡No, Haruhi! ¡Quédate donde estás!
La advertencia llegó demasiado tarde. Cometimos un error que es bien sabido debemos evitar a toda costa: estar demasiado cerca uno del otro durante una pelea. Uno de los pájaros aterrizó junto a nosotros, y sin dejarnos siquiera reaccionar nos embistió, empujándonos irremediablemente hacia el final del asfalto y el puente, donde una caída de una altura aún indeterminada nos esperaba, trastabillando de espaldas al precipicio gris y sin fondo desde nuestra perspectiva.
Al sentir que el caer era inevitable, estiré mi izquierda hacia nuestro atacante, alcanzando uno de sus brazos membranosos y sujetándome con todas mis fuerzas de él, y mi esposa hizo lo mismo tomándolo por la otra ala. El resultado no varió mucho en realidad, y Haruhi y yo caímos de espaldas al vacío llevando con nosotros a nuestro verdugo, que graznó furioso al no poder volar llevándonos a nosotros en sus alas. Agitó su cuerpo con desesperación, graznaba y eventualmente intentaba mordernos, rasgo la campana izquierda de mis pantalones con las garras de sus patas. Al estar bajo un nivel semejante de stress es difícil creer cuán rápido trabaja la mente, y esto es porque pensaba en el lugar a donde iríamos a caer… sí, sé que era un río, y esperaba que sus aguas fueran lo suficientemente profundas como para no matarnos con la caída, pero si así fuera, nos enfrentaríamos muy seguramente a un caudal potente que no tardaría nada en arrastrarnos hasta el lago Toluca, eventualmente matándonos en una hipotética región de rápidos muy comunes en estos ríos.
Y justo unos diez segundos antes de llegar a cualquier parte, pude escuchar el fuerte rugir de la corriente, que sonaba monstruoso, como un gigante iracundo.
Caí directo en el agua soltándome de mi forzado anfitrión, sumergiéndome casi dos metros y notando con alivio que el agua era profunda, aunque un tanto desconcertado después de escuchar estallar el cráneo del monstruo dentro de su cabeza y ver desde abajo del agua como su cuerpo era arrastrado río abajo. Había una superficie inclinada a sólo unos centímetros de mí, demasiado lisa para ser una roca, la seguí con el tacto mientras regresaba a la superficie descubriendo que era un autobús escolar que salía casi un metro de la superficie, mientras que la parte frontal completa estaba clavada al lecho del río, apenas salvándonos por milímetros habíamos caído directamente en el agua, no así el autor de nuestra caída, cuya cabeza se impactó directamente en la esquina de una de las defensas traseras del vehículo, comprimiéndose bajo el peso de los tres juntos.
Escuche a Haruhi llamarme desde el otro lado del autobús, le respondí y la alcancé luego de pedirle que no se moviera y que no hiciera ruido, vigilando que ningún pájaro bajara a por nosotros. Sólo cuando me sentí tranquilo de ver que estábamos bien y a salvo caí en cuenta de la temperatura del agua. Quizás sólo fuera una impresión mía, pero no me hubiera sorprendido si un trozo de hielo hubiera pasado a nuestro lado, arrastrado por la corriente. Debíamos salir rápido del agua o la hipotermia haría lo que decenas de monstruos no habían logrado hasta ese momento.
El caudal, aunque potente, no tenía la fuerza para arrastrarnos, aunque fue agotador nadar hasta la orilla que queríamos alcanzar, la cual fue dibujándose a través de la neblina conforme nos acercábamos. No fue arena lo que nos recibió en dicha orilla, sino concreto, pues estábamos exactamente bajo la otra mitad del puente, aún levantada casi el vertical. Salimos del agua tiritando de frío y nos echamos al suelo tratando de recuperar el aliento.
—Estoy agotada—. Dijo ella luego de unos minutos de silencio. No contesté porque no sabía qué decir. Era la primera vez que la escuchaba decir esa frase.
—Debemos seguir, ya estamos muy cerca… necesitamos ropa y provisiones.
—Es en serio… no puedo continuar—. Dijo y su voz se quebró un poco, lo que me hizo levantarme de inmediato… ¿de verdad estaba derrotada?
Eso me ponía a pensar… si ella está abatida, ¿por qué yo no lo estoy? Siempre he pensado que ella es mucho más fuerte que yo, siempre lo ha demostrado así, y ahora yacía recostada bocarriba en el suelo, mirando hacia el vacío, casi carente de expresión. Esto, más que cualquier cosa que haya pasado en el pueblo hasta ahora, me perturba aún más, y no me hace sentir asustado o triste… más bien me sentí molesto, porque finalmente alguien o algo estaba atacándola en un lugar en donde no podía protegerla, estaba entrando a través de sus ojos y sus oídos hacia su mente y su corazón, y acabando con ellos sistemáticamente, y yo estaba parado como un imbécil a su lado sin poder salvarla…
Incapaz de soportar ese panorama, terminé de incorporarme en un instante, y al siguiente tomé las muñecas de Haruhi, tirando de ella para ponerla nuevamente de pie.
—Ya descansamos suficiente, continuemos.
—Déjame en paz, ya te dije que no puedo seguir—. Dijo sin ánimo, pero sin oponer resistencia.
—¿Y qué vas a hacer?, ¿quedarte aquí, sentada bajo un puente en medio de la nada?— Mi voz comenzaba a elevarse, aunque mi ira no era contra ella, aunque era ella a quien tenía enfrente de momento.
—Al menos descansemos un poco.
—No. Debemos buscar a los demás.
—Seguramente están bien.
—¡Eso no lo sabemos! ¡Es por eso que debemos encontrarlos!
—¡No quiero continuar, maldición!
—¡Haruhi, por favor!— Exclamé tomándola por los hombros tratando de exorcizarla de ese espíritu derrotista que la había poseído. —¿Qué no quieres volver a ver a los muchachos? ¿No quieres volver a ver a Ryoko? ¡Cada minuto de más que pasemos aquí nos aleja más y más de ella!
—Ryoko…— Susurró mirando al piso. Un instante después se golpeó la frente con la palma de la mano con fuerza, haciendo una exclamación. —Tienes razón… ¿en qué estoy pensando? Debemos encontrar a los chicos e irnos de aquí… volver a casa, con Ryoko…
Se sacudió la cabeza y un poco más espabilada levantó mi daito, alcanzándomelo, y yo lo guardé junto con el shoto en mi cinturón, ella dio una checada escueta a sus pistolas y gracias a ello descubrió el cuchillo que había caído desde el puente a sólo unos metros de nosotros, Recuperada la prenda, miramos hacia una pequeña vereda que subía por la ribera del río. Antes de comenzar a andar no pude evitar reflexionar sobre lo precario de nuestra situación. Hacía mucho frío, estábamos agotados y además empapados, y los caminos invisibles dejaban con la molesta sensación de llevarte en círculos todo el tiempo. Comencé a caminar detrás de Haruhi y no pude evitar notar cierta vacilación en su paso.
—Démonos prisa—. Decía en voz baja mientras desenfundaba su Desert Eagle. —Necesito encontrar balas y nos sentaría bien algo de ropa seca.
Respondí con un "sí" breve y dudoso, viéndola andar delante de mí con pasos ligeros ajenos a ella… incluso su voz sonaba como la de un enfermo terminal con delirios. Subimos unas empinadas escaleras de roca invadidas por las ramas enfermas de los árboles que la rodeaban, y nada más llegamos nuevamente arriba, pudimos leer que estábamos al fin en la calle Sagan, y cautos caminamos tan rápido como el cansancio nos lo permitía hasta que vimos los rótulos blanco con azul sobre un edificio más bien modesto con una vieja patrulla inservible afuera, y cuyas letras ponían: SHPD.
Llegamos al edificio justo al momento en que escuchamos el radio y los teléfonos rugir, aviso de que algo nos seguía, y sin ánimos de confrontarnos a nada más en ese momento, Haruhi se las arregló para forzar la puerta frontal (que estaba atrancada), y proveernos paso al interior.
Tal como era de esperarse, la estación de policía era pequeña, quizás debieron haber unos cien policías contando patrulleros, detectives e incluso administrativos, y curiosamente noté que el lugar no lucía tan lúgubre y abandonado como el resto de los edificios del poblado.
Caminamos directo hasta los vestidores, buscando algún uniforme o ropa seca para quitarnos la que aún traíamos empapada por nuestra visita al río, y mientras Haruhi examinaba los lockers, yo fui un poco más al fondo, donde había un área de regaderas con pisos y muros de azulejo y troneras diminutas con cristal y reja, que dejaban pasar la luz de afuera. Me acerqué a una de ellas, esperando que aún funcionara, y luego de abrir una de las llaves, la tubería se cimbró, para escupir en primer lugar un chorro de agua espesa y turbia, que poco después fue aclarando… y como si esas no fueran ya excelentes noticias, sólo un minuto después, el agua emitía vapor…
Sin pensarlo mucho, nos quitamos la ropa mojada y tomamos un baño caliente, que francamente extrañaba como si no me hubiera dado uno desde un año atrás, y bastó con que mi esposa se sentara en uno de los amplios bancos de metal para que se quedara profundamente dormida.
Decidí que lo mejor sería dejarla descansar un poco, y aunque a mí también estaba matándome el cansancio, el sueño me eludía, así que me vestí con ropa deportiva que encontré y llevé a Haruhi en brazos hasta la oficina alfombrada más cercana, donde la acomodé en una enorme sofá, la cubrí con una sudadera y me planté a un lado de la ventana cubierta por persianas, custodiando su sueño.
Y precisamente pude ver en una esquina a un monstruo que no había visto antes: lucía como un hombre en tamaño, pero sus brazos eran muy largos. Lo vi saltar de un lugar a otro sobre la acera, acechando algo, probablemente alertado por nosotros al entrar a la estación.
Y entonces lo vi.
Un hombre caminaba por la esquina contraria, totalmente despreocupado, y en algún punto se encontraría con el monstruo que yo había avistado y tendrían una confrontación. Estaba por abandonar la ventana para salir a ayudar al tipo, pero ya era tarde, había quedado a la vista del monstruo que rápidamente se abalanzó contra él, y pensé que no tendría oportunidad…
El hombre observó con calma al monstruo llegar hasta él, hasta que la bestia hizo un alto y largo salto.
El misterioso hombre desenvainó una espada igual a la mía y partió limpiamente por la mitad a su atacante. Estaba demasiado lejos como para permitirme ver sus facciones, aun así me pareció lejanamente familiar… luego se volvió a mi ventana, como si supiera que yo lo observaba desde ahí, detrás de las persianas. Con la misma tranquilidad envainó nuevamente su arma y se fue en dirección al sur, perdiéndose por la misma esquina que había llegado… hacia el hospital.
Apenas Haruhi despertara, seguramente iríamos a hacerle una visita.
Capítulo 5 – The Shade Of Envy I.
Fin.
Y una vez más, no se olviden de dejar un review.
