Aquí un nuevo episodio de Cacofonía Silente. Sí, se tomó su tiempo, pero no he desistido aún, y no lo haré. Ojalá disfruten este nuevo episodio, y por favor, no se olviden de dejarme su opinión, como les he comentado anteriormente, es muy importante para mí saber lo que piensan.

¡Hasta la actualización! (que espero llegue pronto).


Capítulo 7 – The Poker-Face Queen Of Spades I.

Primer paso: no te asustes, respira hondo y analiza la situación. Ella estaba aquí hace apenas unos minutos, no debería estar muy lejos… en el hipotético caso, claro, de que haya vuelto contigo de la obscuridad. No podía mi subconsciente decirle eso a mi consciente sin que pareciera una sentencia previa. Me quedé quieto cual mueble mirando a través de los amplios ventanales hacia la calle y los alrededores, con el silencio redundante al que no podía acostumbrarme como mi único e incómodo compañero.

Mi momento de reflexiones fue interrumpido por algo que vi en el espejo, que me golpeó en la cara como una bofetada inesperada y molesta, pero que me dio cierto alivio: el mismo punto del espejo que Haruhi había tocado y nos había llevado a la obscuridad, estaba raspado formando letras, y en la caligrafía de mi esposa podía leer un mensaje reciente, muy probablemente dejado por ella:

Escuché como peleabas, y cuando el ruido cesó, no estabas más aquí, una luz potente se encendió hacia el suroeste, y me dirijo hacia allá. Ahí te esperaré. H. S.

"Ella está bien", pensé y nada más dar una segunda lectura al mensaje, comencé a bajar presurosamente de aquél vacío y muerto nosocomio. No me sentía yo. No sabría cómo explicarlo, simple y llanamente me sentía como si alguien más estuviese gobernando las acciones de mi cuerpo, como si estuviese bajo los efectos del tetrahidrocannabinol, y constantemente revisaba mis bolsillos, cerciorándome de que mis llaves o mi móvil estuvieran ahí.

¿Por qué la ansiedad? Obvio: ella está sola en la obscuridad. No es como si nunca nos hubiéramos separado, sólo hace un tiempo estuvimos lejos el uno del otro por meses, y aun cuando esa situación fue desesperante, esta vez es distinto… en aquel entonces yo tenía la certeza de que de una forma u otra, ella estaría bien, pero esta vez no tenía absolutamente ninguna seguridad sobre nada…


—¿Kyon?— Me pareció escuchar cuando llevaba ya varios metros de camino lejos del hospital y hacia el suroeste, tal como Haruhi me había indicado, y ciertamente por un momento temí que fuera mi cordura perdida la que me jugaba semejante broma auditiva… me detuve y presté atención a mi entorno. —¿Kyon, eres tú?— Volví a escuchar en una voz muy conocida, mientras instintivamente presionaba el mango de mi espada, con tal fuerza que temí por un momento romperla. Esperando que el pueblo me regalara con una visión aterradora que detuviera mi corazón, me di la media vuelta para encarar a quien me llamaba…

Fue sumamente desconcertante ver que incluso parte de la niebla se había ido, dejando pasar unos tímidos rayos de sol que caían desde un cielo más bien lechoso, cargado de cierta luminosidad que hacía imposible ver donde se ubicaba dicho sol.

En medio de esa extraña normalidad inconsistente con el resto del entorno, estaba Sasaki, con su gesto de bien disimulado aburrimiento y serenidad perpetuos, ocultos como siempre detrás de una sonrisa sutil.

No se movió de su lugar por algunos segundos, mirándome como dudando que realmente fuera yo a quien veía. No sé a ciencia cierta cuanto me tomó moverme, pero cuando lo hice, lo único que se me ocurrió fue ir hacia ella.

—¡Qué sorpresa encontrarnos aquí!— Dijo apenas estuvo convencida de que era el verdadero yo. —Los chicos y yo nos separamos para cubrir la mayor cantidad posible de territorio…

Ella continuó hablando sin siquiera reparar un poco en mi aspecto o mi expresión, lo que hacía aún más extraña toda la escena… "¿Es que todas las cosas infernales que están sucediendo aquí no la afectan?" Me preguntaba viendo sus labios moverse sin que una sola palabra llegara a mis oídos. En algún punto pareció darse cuenta de cuán distraído estaba y dejó su anterior discurso, lanzando una pregunta mientras me miraba preocupada.

—¿Qué…?— Atiné a decir al ver que esperaba a que yo respondiera a lo que fuera que ella había preguntado.

—Pregunté que si todo está bien—. Repitió.

—Eh… sí, sí… es sólo que debo alcanzar a Haruhi… ya sabes cómo se pone si me retraso demasiado.

¿Por qué? No entendía lo que hacía, la verdad es que tenía una necesidad superior por solicitar ayuda, a quién fuera, incluso a la anti brigada, pero había algo en la mujer que estaba frente a mí que me hacía ignorar ese menester, repudiándola, haciendo gritar a mi subconsciente que me alejará de ella cuanto antes, sintiéndome asqueado, pero… ¿por qué? ¿Acaso era precisamente la serenidad con la cual se conducía? ¿El notar que no estaba padeciendo lo que nosotros…? O tal vez fuera el hecho de que al estar cerca de ella el ambiente era afectado, sintiéndose de pronto tan común… tuve la impresión de que incluso si le contaba todo lo que nos había sucedido se limitaría a asentir amablemente, pensándome finalmente loco, mirándome como se mira a un bicho raro y molesto. Y aún si fuera el caso, ¿por qué la molestia de mi parte? Al final ni siquiera era su culpa.

—¿Has visto a alguno de los otros miembros de mi equipo?— Dije tratando de sonar lo más casual posible.

—Para nada, en realidad vine a este lado del pueblo porque quería ver si había señal para el móvil aquí, pero parece que todo el lugar está fuera de cobertura…

—¿Vienes desde el lago, verdad?— La interrumpí involuntariamente. Había visto que a las orillas del lago Toluca había un faro, utilizado en las noches de niebla como punto de referencia para la navegación. Esa era sin lugar a dudas la luz que mi esposa había visto a la distancia y hacia la cual había caminado, y si me apresuraba un poco, definitivamente podría alcanzarla.

—Así es.

—¿Pasaste por el faro?

—Sí.

—¿El camino está despejado?

—¿Despejado?— Preguntó entre extrañada y divertida. —No sé a qué te refieras con despejado, pero es ciertamente transitable.

—Bien… entonces seguiré mi marcha…

—¿Han averiguado algo sobre Truqué?— Me detuvo. Para ser franco, me había olvidado completamente de él, tenía otras prioridades en ese momento.

—Eh… no. Dime, Sasaki… ¿has visto algo extraño mientras explorabas el pueblo?—Me atreví a preguntar.

—Eso dependería de cuáles son tus parámetros de "extraño", ¿qué tienes en mente?

—Cualquier cosa que hayas sentido fuera de lugar.

—Nada en realidad. Los miembros de mi club afirman que hay cosas raras por aquí, pero lo cierto es que no he visto nada más allá de lo meramente esperado en un pueblo fantasma. Hay casas vacías y deterioradas, una polución peligrosa y un profundo sentimiento de soledad y abatimiento. Tengo que admitir que no había estado en un lugar semejante antes, pero nada más allá de eso.

—¿No has escuchado ningún ruido fuera de lo usual?

—¿Todo está bien, Kyon?— Reiteró en lugar de responderme, pareciendo preocupada por primera vez. Lo que me extrañó siendo que siempre he considerado a Sasaki como una persona bastante inteligente e intuitiva, y ya para esas alturas, tanto mi actitud como mi apariencia debieron haberle dado aunque fuera una pista pequeña de que no estaba del todo bien.

Eso también me hizo aumentar la extraña animadversión que sentía por ella en ese momento.

—Debo continuar—. Evité la charla sintiendo que perdía tiempo valiosísimo. Ella no lo percibía. No puedo entender el mecanismo por medio de cual, pero ella estaba ajena al infierno que surgía en el entorno… Sasaki es muchas cosas, pero no inocente, así que debe ser otra parte de ella la que la mantiene al margen de las cosas siniestras que pasan a nuestro alrededor, y ciertamente no me sería de ayuda alguna. Me disculpe torpemente diciéndole que no tenía deseos de recibir una reprimenda, y menos aún de involucrarla en el mal humor de mi esposa, que a lo largo del tiempo que llevamos ha provocado al menos un par de molestias a Sasaki.

—Siempre me he preguntado… ¿qué es lo que hace falta para que alguien tan normalmente estoico como tú reaccione como lo estás haciendo justo ahora?— preguntó sin poder ocultar del todo cierto matiz de amargura.

—¿A qué te refieres?— Pregunté dejando de andar.

—Hemos sido buenos amigos desde hace muchos años, Kyon, casi desde niños. Una de las cosas que siempre admiré de ti era cuán impávido te mantenías a pesar de tu entorno o las personas. ¿Cómo es que a Suzumiya le tomó sólo unos meses moldearte al modo que ella quiso?

—Creo que no te estoy entendiendo.

—A partir de que nos separamos para ir a la preparatoria, tú cambiaste. Siempre me imaginé que serías el mismo, y eso era lo que más me gustaba de ti: tu tranquilidad e indiferencia ante las cosas, esa sensación que le dabas a los que te rodeaban de que nada podía afectarte, de que el mundo podía colapsar a tu alrededor y simplemente pasaría de largo a tu lado. Si te soy sincera, eso me hizo entristecer cuando fuiste a la Preparatoria del Norte, porque pensaba que tú eras aquél con quien debía estar al ser tan parecidos tú y yo. Pero entonces…

—¿Entonces…?— Dije abandonando momentáneamente mi afán por ir a alcanzar a mi esposa, atrapado en las memorias de aquella que por tantos años había sido amiga mía.

—Entonces apareció Suzumiya y todo cambió. Y supe que te había hecho cambiar desde el momento en que nos volvimos a ver. Tu mirada era distinta, emitía esa misma luz que tenía cuando eras niño, cuando creías en cosas fantásticas, te vi con aquellos curiosos compañeros… y con Suzumiya. Supe en ese momento que te habías ido para siempre… —Sin dejar de lado ese involuntario y fugaz rictus de amargura, comenzó a caminar de espaldas hacia donde se dirigía antes de toparse conmigo.

—¿Irme a dónde, Sasaki? ¿De qué demonios estás hablando?

—Allá donde no puedo alcanzarte. Allá donde pasan… o crees que pasan cosas increíbles. Donde nada es seguro.

Estaría a más de diez metros de mí en ese momento, y finalmente me dio la espalda. El efecto en el entorno fue más confuso de lo que pude imaginar. Así como su rostro giraba hacia otra dirección, aquello que salía de su campo de visión (yo incluido) de inmediato volvía a ser atacado por la niebla. La miré avanzar con paso despreocupado mientras su presencia revolvía la calle, regresándole parte de su normalidad, pero dejando detrás marcas como las de un tsunami. La rareza perturbada, atacada por una normalidad no natural, como una mancha de petróleo en medio de la mar. Esa era definitivamente el tipo de marca que Sasaki dejaba, y dejándome también una profunda inquietud en el pecho.

Comenzaba a entender parte de la extraña lógica dentro de ese pueblo y con las personas que lo visitaban, aunque entenderlo aún a cabalidad no me liberaría de la cruz que yo cargaba. Aun cuando entendiera profundamente las desconocidas mecánicas que hacían trabajar la realidad en las entrañas de Silent Hill, no podía usar dicho conocimiento a mi favor. Sasaki también es consciente de ello, y sin embargo tampoco puede hacer nada. Ella, a su manera, también está dentro de este infierno, sufriéndolo a su modo.


Recuperado parcialmente de tan fugaz y confuso encuentro, reemprendí la marcha hacia el suroeste, retomando mi idea de llegar al faro en el lago. Pensé entonces en la ruta a seguir… aquella que me llevaría inequívocamente hacia mi destino sería ir río abajo regresando por la misma calle que nos trajo al hospital en primer lugar, pero me enfrentaría a un gran tramo sólo habitado por veredas y árboles, en el cual definitivamente no me convenía entrar, en especial porque podría enfrentarme al hecho de quedarme en algún punto sin camino, y no intentaría nadar de nueva cuenta, casi muero de hipotermia la primera vez. Lo más adecuado era entonces tratar de llegar por la calle paralela al río, la calle Crichton hasta su cruce con la avenida Cielo, donde se convertía en Riverside y me llevaría hasta el lago.

En mi desesperación, comencé a correr. Si Haruhi había llegado hasta allá, seguramente tendría que enfrentar sola a lo que fuera que se le pusiera delante y no lo iba a permitir… la pregunta era: ¿qué sería la nueva abominación que saltaría sobre nosotros?

Comenzaba a dejar atrás por varios metros el centro de Silent Hill y el follaje comenzaba a volverse más abundante apenas pasé del hotel que llevaba el mismo nombre que la calle, y a cada paso que ganaba, el gris de la niebla revelaba la copa opaca de un nuevo árbol, mientras podía escuchar el murmullo del río a algunas decenas de metros a mi derecha, donde no había más edificios, y la única acera era la de mi izquierda. No parecía haber presencia de monstruos en ese lugar, al menos no podía escucharlos acechándome como en otras regiones que había recorrido, pero en su lugar, constantemente miraba hacia atrás, paranoia quizás, pero todo el camino tuve la sensación de que alguien me perseguía.

Casi un kilómetro adelante tuve que detenerme a tomar un respiro. Para ese momento podía escuchar con toda claridad el oleaje del lago e incluso sentir su brisa sobre mi rostro. Estaba en una callejuela curva prácticamente en despoblado. Aun a pesar de la carencia de sol, la vegetación crecía abundantemente a los costados de la calle, y la maleza llegaría al metro de alto. Coloqué mis manos sobre mis rodillas y di una serie de respiraciones profundas, luego me di un par de palmadas en las mejillas y tallé mis ojos. Pensaba llegar completamente repuesto hasta donde Haruhi estuviera, y apenas la encontrara iríamos por el resto del equipo… al menos ese era el plan original.

No importa cuánto quieras escapar, nadie puede huir de sí mismo.

Un grito casi abandonó mi garganta, pero lo contuve a tiempo, no así la hoja de mi daito que hizo un fiero corte a mi izquierda. La frase había sonado directamente en mi oído, con la misma intensidad a si alguien la hubiera susurrado a milímetros de mi cabeza, dándome un susto que casi detiene mi corazón. Por un momento me quedé plantado al suelo, incapaz de ejecutar acción mientras miraba receloso a todos lados. Por fin, un ligero murmullo en dirección al lago me hizo fijar mi atención en dicho lugar. Una punzante dicotomía mental me hizo dudar entonces: miré hacia el sendero que estaba recorriendo originalmente, y que sabía me llevaría al faro con toda seguridad, pero por otro lado, estaba esa desviación que me llamaba hacia la orilla del lago, esa voz que parecía querer revelarme un secreto que posiblemente me ayudaría… aunque ignoraba en qué es que podría ayudarme. Sucumbí a la curiosidad, y con el sable listo para asestar un golpe definitivo apenas fuera preciso, comencé a abrirme paso entre la maleza que rodeaba el camino que estaba abandonando. Mi predisposición a los previos horrores vividos en el poblado desde mi llegada comenzaba a jugarme malas pasadas, haciendo que diera respingos cada que escuchaba el crujir de la hierba bajo mis pies, o creyendo monstruos enormes a los árboles que se mantenían vivos apenas delante de mí y que se revelaban de la niebla cuando me acercaba a ellos.

Una silueta diminuta se alcanzó a traslucir a no mucha distancia. Pensé por un momento en un niño gris como los de la escuela, pero ni mi móvil ni el walkie-talkie dieron aviso, además de que el "pequeño" se movía con soltura a diferencia de los monstruos infantes; aún con esas condiciones decidí no confiarme y seguirlo con la mayor discreción posible.

Pero a cada nuevo paso que daba, algo cambiaba, el ambiente… poco a poco fui notando que la tranquila brisa del lago se intensificaba, al igual que el ruido del viento, y el ataque de las cenizas, la maleza comenzó a ceder bajo mis pies, dejándome ver que caminaba sobre arcilla roja donde sólo eventualmente crecía algún cardo, comencé a caminar más lentamente al mismo tiempo que el viento disipaba la niebla a mi alrededor, permitiéndome ver al fin un acantilado de varias decenas de metros de alto que caía hacia el lago, y en cuya orilla se erguía un árbol enorme y frondoso, el único quizás en kilómetros con un follaje tan sano y espeso, y que me tomó un tiempo identificar, porque definitivamente había visto ese árbol antes… ¿pero dónde?

En un sueño.

La voz resonó nuevamente en mis oídos, sólo que esta vez pude identificar perfectamente de dónde venía. Miré hacia la copa del árbol, en la bifurcación que hacía el inmenso tronco con las ramas. Una larga y negra cabellera y un vestido muy simple de manta blanca se sacudían a merced del viento potentísimo para ese momento, que agitaba también las hojas del árbol, provocando un ruido demasiado fuerte para mantenerme tranquilo. "Eso" tenía razón… con matices diferentes, hace un tiempo yo había presenciado esa misma escena, ese mismo árbol, y esa misma persona, esa niña que me daba la espalda en lo alto de ese árbol…

—¿Quién eres tú?— Pregunté con un grito pensando en que el ruido del viento no permitiera que mi voz alcanzara a la figura.

Tú me conoces—. Me respondió con una voz que no podría saber si era infantil o no, que no parecía forzada en absoluto a pesar de lo ruidoso del entorno. —Soy quien resguarda sus sueños, quien cuida sus verdades… quien ha cerrado las puertas y tiene todas las llaves en Silent Hill, incluida la de sus corazones.

Dichas esas palabras, lentamente comenzó a encararme, hasta que pude ver sus ojos. Y fue lo único que pude ver de su rostro. Al igual que en mi sueño, la niña tenía una rústica máscara de corteza de árbol que parecía arrancada de un tronco muerto y deteriorado, los agujeros que le permitían ver eran asimétricos, y el antifaz no tenía una sola marca que siquiera pretendiera simular algún rasgo.

No dijo nada más. Sólo se limitó a mover su mano izquierda para señalar una pequeña vereda en el acantilado, y una vez que asumió que entendí su mensaje, se dejó caer de espaldas desde la copa del árbol hacia las aguas heladas del lago Toluca.

Sin poder creerlo, corrí hacia donde terminaba el acantilado, pero la niebla no me permitió ver su caída, y menos aún pude escuchar que golpeara el agua, el viento cesó de pronto y sólo unos minutos después la espesa niebla había vuelto a cubrirlo todo, dejándome como única pista el improvisado camino que la niña me había señalado. En algún lugar lejano, dentro de la cabeza de alguien, esta serie de eventos quizás obedecieran alguna lógica, pero para mí no era tan sencillo verla… era como estar en un sueño larguísimo y complicado, espeluznante y amenazador, de aquellos que aunque tienes consciencia de que es un sueño, no puedes despertar, sabiendo que sólo cuando llegues hasta el final todo realmente terminará, o de otra manera no despertarás jamás.

No podría decir que recuperado… más bien, una vez aceptada la visión que acababa de tener, pensando que no tenía mucho sentido reflexionar sobre nada más, caminé hasta el senderillo que aquella niña me había señalado. No podía ver más que algunos metros desde mi posición, pero parecía bajar del acantilado hacia los muelles del poblado, que era precisamente el área donde el faro se encontraba, y que con este último evento me había quedado claro que era el lugar donde mi esposa había llegado. Caminé a tropezones bajando en un caminillo de poco menos de un metro de ancho, complementando mi limitada visibilidad siguiendo a tientas la montaña a mi derecha y tratando de no pensar en el abismo a mi izquierda, donde podía escuchar el murmullo del agua a una profundidad imposible de determinar. Calculé que habría caminado un kilómetro cuando noté que la ceniza comenzaba a disminuir su intensidad. Al igual que los animales entrenados por condicionamiento noté que el ambiente poco a poco comenzaba a cambiar, así que sabía desde momentos antes de que la sirena sonara a la distancia que la obscuridad venía, y en un acto reflejo apreté el paso.

El distorsionado y potente ruido de la ahora familiar sirena de bomberos cimbró la montaña, acompañada de la esperada sacudida del suelo bajo mis pies, que arrojó al lago varios cientos de guijarros que empezaban perdiéndose en la niebla y terminaban invisibles en la obscuridad ineludible, haciendo sonoros chisporroteos en el agua.

Justo a tiempo vi el sendero comenzar a resquebrajarse a algunas decenas de metros delante de mí, así que sin pensarlo dos veces eché a correr o podría truncarse mi camino, en un panorama peor quedar atrapado a orillas de la montaña, o incluso caer al lago. El suelo donde corría cedió bajo mi peso, abriendo una grieta de varios metros delante de mí, con el mínimo de apoyo de la tierra que se desmoronaba bajo mis pies me impulsé en un salto de fe que apenas si me procuró llegar al otro lado, golpeando mi pecho y mi estómago con el borde y aferrándome con las uñas al camino. Luche algunos minutos con la tierra, las afiladas rocas y las raíces muertas hasta que pude trepar por completo, quedándome por varios minutos tendido sobre el senderillo, recuperando el aliento y dejando que la transición terminara.

Más calmado, me giré para quedar tumbado bocarriba, parcialmente protegido de la llovizna por la montaña, aunque sentía igualmente húmedo mi costado derecho. Me ausculté sólo para descubrir que al tratar de escalar me había hecho un corte profundo por debajo de las costillas, pero no era serio. Me levanté y miré hacia donde suponía estaba mi destino, y exactamente en esa dirección vi una luz blanca y potente como la de un reflector que iluminaba en vertical hacia el cenit, como una torre infinita que se difumina a medida que invadía el negro cielo. Haciendo una perversa analogía del insecto atraído por la luz, comencé a caminar en esa dirección, no me detuve ni pensé en nada sino hasta que la tierra del senderillo se perdió entre la gruesa malla de acero que me indicaba que había llegado a una calle al fin.

La llovizna finalmente me mojaba, observé el panorama (aunque a decir verdad no es como si hubiera mucho que observar), y reanudé mi marcha esperando a que nada malo le hubiera pasado a Haruhi, habían pasado algunas horas desde que nos separamos y realmente comenzaba a sentirme inquieto por ella… y no sólo por ella, ¿qué pasaba con el resto de los chicos?, ¿a qué tipo de horrores se habrían enfrentado ya y por cómo es que no lográbamos coincidir? ¡Ya me he encontrado con Sasaki y no puedo hallar a ninguno de ellos!

Pero el primer paso a partir de este punto para comenzar a atar cabos estaba en ese faro a la distancia, donde seguramente Haruhi ya me esperaba, e iría allá y juntos desenmarañaríamos el misterio… eso sin dudas, hemos sido buenos desenredando tramas… el problema es que siento que esta vez la verdad podría ser mayor a nuestro entendimiento…

"Soy quien resguarda sus sueños, quien cuida sus verdades… quien ha cerrado las puertas y tiene todas las llaves en Silent Hill, incluida la de sus corazones".

Eso había dicho esa rara niña que me costaba entender si realmente había estado en el acantilado o si fue un inoportuno juego de mi mente, aunque fuera cual fuere el caso, ante ambos panoramas yo estaba fastidiado. Mire la negrura inescrutable del cielo y venciendo a escéptico que vive en mí, pedí a quien fuera que me veía desde allá que protegiera a mi esposa mientras yo llegaba hasta ella.

El crujido industrial de las calles me despertó de mi improvisada plegaria, y recobrándome de mi flaqueza de espíritu desenvainé el daito, listo para abrirme paso entre las cosas que manaban desde el infierno y cuyo único propósito sería evitar que llegara hasta el amor de mi vida.

Prepárense para volver al hades del que vinieron, engendros… yo tengo sus boletos.

Capítulo 7 – The Poker-Face Queen Of Spades I.

Fin.


Y así concluimos este capítulo. ¡Gracias por seguir esta historia y gracias de antemano por sus comentarios!