Uy. Estaba muy dormido anoche que subí el capítulo, por eso no le puse notas... pero helas aquí. Lamento la tardanza de este episodio, pero espero que su contenido compense el tiempo.

No se olviden de dejar un comentario y veremos cómo nos trata el siguiente episodio. ¡Qué lo disfruten!


Capítulo 8 – The Poker-Face Queen Of Spades II.

Imaginé trabajar de noche en una fábrica, mientras maquinarias automáticas con propósitos desconocidos manufacturaban objetos extraños. Cada vez que he estado en algún lugar extraño por la noche me vuelvo sumamente aprehensivo con los sonidos, y este era justamente el caso. Corría a la mitad de la calle lo más rápido que podía mientras hacía lo posible porque mis pisadas no fueran audibles, observando con cada vez más lucidez los horrores a los que estaba expuestos, y comenzando a reconocer patrones realmente útiles para mí. A través de un adecuado estudio de la conducta de algunos monstruos pude evitar confrontaciones innecesarias que me retrasarían, y aunque no me gustaba en absoluto la idea, también trataba de reconocer en mi camino cualquier indicio que me diera una pista sobre si Haruhi había llegado al faro o no. Por fortuna para mi propia salud mental, todo parecía indicar que nada había logrado detenerla.

Quizás a otra persona le hubiera parecido una nimiedad, pero a mí me estaba generando un serio problema una situación muy particular. Llevaba bastante tiempo con la necesidad de orinar, pero no lo había hecho por distintos motivos, me recriminé a mí mismo por no haberlo hecho mientras estaba en el pueblo de la niebla, porque definitivamente no lo haría en medio de la obscuridad. Detuve mi marcha varias veces sintiendo mi vejiga llena como nunca antes, y aún a resguardo de algún edificio viejo donde definitivamente nadie se molestaría si hacía lo propio, no podía hacerlo.

Muchas veces ni siquiera tiene que ver con cuán aterrador o grotesco sea un evento o situación. Resulta mayor el impacto cuando algo, cualquier cosa, está fuera de lugar y de alguna manera te hace sentir incómodo, como era mi situación justo en ese momento. Era algo tan sencillo como quitarme algo que era mío por derecho, privarme de mi tranquilidad y hacer que mi propia mente hiciera aún más tortuoso el camino que debía seguir. Con el perdón de los términos, era jodidamente absurdo.

Reprendiéndome a mí mismo por mi debilidad, detuve mi marcha al amparo de una marquesina sin lona que no detenía en absoluto la llovizna, con un par de puntapiés silenciosos forcé la gastada puerta de madera y entré al recinto.

Como era de esperarse, la obscuridad devoraba en totalidad el lugar, y luego de cerrar precariamente detrás mío iluminé con la linterna de bolsillo la habitación. Había cierto aroma, no podría describirlo con precisión, pero era combinación entre humedad y aire estancado, como un pantano. No tuvo que pasar mucho tiempo para que identificara el lugar al que me había metido. Había una camilla baja a media estancia, varias mesas de trabajo y alacenas de aluminio, además de carteles diversos ahora casi imposibles de leer, pero de los cuales pude identificar uno como un catálogo de razas caninas ubicadas por origen geográfico en un mapa-mundi. Estaba en un consultorio veterinario. Esparcidos en el suelo, bisturíes y agujas en vías de oxidación reflejaban la luz de mi linterna, y pude reconocer restos resecos de piel y huesos de animal en distintos lugares, aunque determinar el tiempo, la especie o siquiera si pertenecían al mismo animal se antojaba poco menos que imposible.

Atravesé la estancia pisando cuidadosamente para evitar que alguna aguja o navaja oculta entre los restos atravesara la suela de mis zapatos, traté de encontrar la lógica en ese pequeño santuario de silencio que sanaba como un placebo los daños mentales dejados por la cacofonía afuera. Registré cada puerta del lugar, encontrándome en la primera con un viejo inodoro que terminó con mi suplicio, y luego con un almacén con un par de refrigeradores inservibles repletos de lo que identifiqué como ampolletas de vacunas y medicamentos. A pesar de que el aspecto del lugar seguía siendo un trozo sacado del infierno, la habitación estaba bien ordenada, como si alguien recientemente hubiera estado ahí, manipulando los instrumentos... mientras pensaba en eso, vi que al fondo del cuarto estaba un pequeño juego de química sobre una mesa de trabajo, estaba demasiado limpio para haber sido presa del abandono o la calamidad que había arrasado esa versión del pueblo... o mejor dicho, y reforzando mi teoría: recientemente alguien había hecho uso del lugar. Caminé hasta la mesa de trabajo, revisando cuidadosamente todo lo que la linterna me permitía ver. Había documentos ahí, estaban muy bien ordenados y al parecer estaban escritos en español, inglés e italiano, parecían muy recientes, sin embargo, la letra era como si hubiera sido escrita con pluma de ave y tintero, y el nivel de complejidad me hacía imposible leer más de una línea completa. Aun así, rescaté algunos pasajes:

"El instrumento de Dios trabaja de (…) y sus procedimientos son misteriosos, pero sin lugar a dudas este conocimiento retardaría la misión…"

"I am a saint. No matter the means, what I'm doing right now is the God's will…"

"(…)Mancanza di respeto alla chiesa, Dio y la Sua Santità me perdoni".

Sobre la mesa, y junto con los documentos había tres pequeñas ampolletas selladas, llenas de un líquido transparente. Releí e intenté interpretar las notas una vez más en vano. Sin embargo, fue gracias al ejercicio de lectura repetido que reparé en que no estaba sólo en el lugar. En un principio pensé que aquel animal que se meneaba indiferente a un lado de la ventana era un creeper, pero ni el walkie-talkie o mi móvil reaccionaron, además de que la grotesca forma de cucaracha radioactiva súper desarrollada no estaba presente, sino que más bien era un arácnido el que me regresaba la mirada con sus ocho ojos, más bien indiferente. No era una araña como tal, sino un amblipígido, qué si bien dada su morfología es digno de estar en las peores pesadillas de un aracnofóbico (mi hija les llama "cangrejos zombies"), era totalmente inofensivo. Me perdí observando la extraña apariencia de mi mudo acompañante por un par de minutos, atendiendo su extraña mirada de muchos ojos que con aristocrática displicencia me decía cuán alto en la cadena alimentaria se encontraba a comparación mía en ese preciso momento. Dejé de prestarle atención cuando noté que justo a un lado de él y a través de la ventana desde mi línea de visión podía verse un diminuto muelle al que se llegaba desde el patio trasero del mismo edificio donde me encontraba. Y mejor aún: una lancha atada a dicho muelle era suavemente mecida por la marea del lago, flotando por sus propios medios. Di simbólicamente las gracias al pequeño arácnido dejando frente a él una galleta, luego me hice camino en el consultorio para llegar al muelle, pero antes de salir, tomé las ampolletas.


Forcé la puerta posterior del edificio y el frío y la lluvia me atacaron al estar de nuevo en el exterior. El diminuto jardín, aún con sus características demoníacas, me recordó más bien el patio trasero de una casa en los barrios pobres de una gran urbe. Había talonarios de recetas derritiéndose al castigo de la llovizna, más instrumental médico, conos terapéuticos para canes y otras cosas propias de un consultorio. Irrelevante. Salté la pequeña barda y luego de librar unos metros llegué hasta el muelle.

El crujido de la madera vieja y mojada me recibió, con mi linterna revisé la embarcación, descubriendo no sólo que en efecto era capaz de mantenerse a flote por sí misma, sino que era de motor. Salté hacia la diminuta embarcación, aunque noté con desazón que el motor no servía. Volví hacia el muelle sólo un momento para buscar con qué impulsarme en el agua, puesto que la luz del faro no debía estar a más de un kilómetro de mi ubicación, y ciertamente no estaba interesado en recorrer esa distancia a pie y cansarme inútilmente mientras trataba de preservar mi vida. Remar hasta allá sin lugar a dudas sería lo mejor. Recorrería la distancia libre de sobresaltos, después de todo, en ninguna de las investigaciones que hicimos sobre este lugar se habló jamás de criaturas acuáticas… y aunque así fuera, ¿cuál podría ser el peor panorama? ¿Nessi? No, no lo creo.

En sólo unos minutos había vaciado la mayor cantidad posible de agua del bote y lo desanudaba. Si remaba con el suficiente ahínco llegaría en pocos minutos hasta aquella extraña luz vertical que en otro momento (o universo) ocupaba geográficamente el sitio del faro. Diez minutos después comenzaba a arrepentirme de mi decisión de dejar atrás el muelle.

En nuestra adolescencia recuerdo que Haruhi, la brigada y yo viajamos a una isla, donde pensamos estar envueltos en un asesinato que al final resultó ser un montaje, artífice de cierta agencia de la que aún hoy apenas si conozco a un puñado de sus integrantes. Durante una tormenta en dicha aventura recuerdo haber visto una mar agresiva, que se revolvía bajo el azote de nubes y vientos infinitos que hacían imposible ver cualquier cosa a más de cinco metros. Esa experiencia me hizo consciente de una verdad absoluta: mi existencia es diminuta, y el hecho de relacionarme con la gente o cualquier cosa relativa a ella me da cierto sentido de cimentación, como un seguro de que existo, y que de otra manera, a través del aislamiento por ejemplo, un miedo se abre bajo mis pies como un abismo oscuro e inescrutable, y es el miedo mismo a desaparecer, a caer en el olvido, a que mi consciencia desaparezca en la nada. En mis años he visto con mis propios ojos que dichos sentimientos son infundados, pero apenas perdí por completo de vista el muelle, me di cuenta que mi único vínculo con el universo era la luz del faro… y si por cualquier motivo llegase a desaparecer, seguramente yo desaparecería con ella.

Traté entonces de concentrarme en las cosas que seguían confirmando que realmente estaba ahí y que seguía existiendo. Me concentré en el ruido del agua, en el monótono sonido de la lluvia, y por supuesto en la cada vez más cercana luz que manaba del invisible faro, y mientras eso pasaba, volvieron a mi memoria las líneas que alcancé a leer en el consultorio minutos atrás… ¿retrasar una misión? ¿Eso qué significaba? Quien sea que haya escrito eso hablaba de sí mismo en medio de una misión, y creo que estaría faltando al respeto a la inteligencia de quien lea esto si pensara que no se han dado cuenta de que sin dudas esas palabras habían sido escritas por Truqué, la misma persona que estábamos buscando en primer lugar. En estas mismas líneas, se hace llamar a sí mismo "santo", y dice estar cumpliendo la voluntad de Dios, aún a pesar de la iglesia, el Papa y Dios mismo… suena como que este hombre está sumamente perturbado y está haciendo algo que no debería hacer… siendo ese el caso, ¿eso explicaría lo que sucede en este pueblo? Peor aún, ¿estaría él haciendo algo para que lo que sea que maldice estas tierras despierte y se expanda?


El repentino ruido de una ola rompiendo me hizo salir de mis reflexiones, y comprobé complacido que otro deteriorado muelle ya estaba al alcance de mi vista. A menos de un centenar de metros podía ver una maltrecha dársena con decenas de botes encallados y parcialmente hundidos, y a sólo unos pasos de ella, el lugar donde debería estar el faro. El último esfuerzo por llegar a la orilla me tomó un poco más de lo que esperaba, finalmente pude acomodar mi bote entre los restos de las otras embarcaciones y escalar hasta el muelle, casi cayendo un par de veces en el intento. Apenas di unos pasos, mi móvil comenzó a sonar y a vibrar dentro de mi bolsillo.

Tuve que desenvainar mi sable largo al escuchar entre la obscuridad el aleteo de algo que se acercaba a mí en vuelo. Pensé en los enormes animales parecidos a reptiles voladores prehistóricos que enfrentamos días atrás y me preparé. Si bien estaba más preparado que la primera, algo era diferente. El monstruo apareció a unos metros de mí donde la luz del faro lo hacía visible, y noté que su piel era más obscura que la de sus otros congéneres, sus alas más grandes y no emitía el estridente graznido que caracterizaba a los otros, en su lugar, hacía un extraño sonido semejante a alguien queriendo hablar amordazado, traté de eludirlo, pero parecía tener muy buena vista en la obscuridad además de un vuelo más sofisticado que hicieron inevitable la confrontación. Lanzó un ataque con lo que identifiqué como su cabeza (que en realidad resultó ser una masa informe de parásitos necrófagos que siseó al pasar junto a mí) al mismo tiempo que yo saltaba hacia un costado girando sobre mi espalda en el suelo mojado, recuperando la guardia en un instante y esperando a que la criatura volviera por más. Así lo hizo, y en lugar de retirarme ante su segunda embestida, tiré un golpe vertical con la espada que cortó parte de su tronco, aunque para sorpresa mía, apenas si lo resintió con uno de sus extraños quejidos, no cayó al suelo como esperaba… ni siquiera cambió la trayectoria de su vuelo.

En lugar de la posición encorvada que tenía la versión del pueblo de la niebla, el ser quedó erguido apenas se posó sobre el suelo, caminó algunos pasos y reemprendió el vuelo, volviendo contra mí. Me pareció que lo más sensato sería evitar el duelo, esa cosa definitivamente era más fuerte que yo, y lo más probable es que no estuviera sola, así que pensando en que perdía tiempo comencé a correr hacia el faro, ahora a sólo unos pasos de mí.

Traté de ignorar con todas mis fuerzas los ruidos que aquél ser hacía tratando de alcanzarme, y lo logré de alguna manera, sin embargo, no por las razones que hubiese deseado. Delante de mí sonaron algunos disparos, y la terrible dicotomía entre el alivio y la preocupación me invadieron: el sonido era de la inconfundible Desert Eagle de mi esposa, pero el hecho de escucharla rugir significaba que la estaba utilizando, y Haruhi no es precisamente el tipo de persona que lanza tiros al azar. La estructura del faro como tal no existía, únicamente la parte que correspondería a la base de la edificación estaba ahí, hecha un montículo de unos cuatro o cinco metros de altura rodeado de una espesa vegetación y con una única escalera oxidada que llevaba a la cima, que asumí sería la entrada a lo que fuera que quedase dentro y de donde manaba la intensa luz blanca que se perdía en el firmamento. Justo puse un pie en el primer peldaño de la escalera cuando la criatura que me perseguía cayó pesada cual estatua de bronce frente a mí, con tal ímpetu que me hizo trastabillar un par de pasos. Al tenerla de frente a tan corta distancia di cuenta de que no sólo era más robusta, sino que al extender las alas mostró que era al menos un cincuenta por ciento más grande. Sí, era más que siniestra, era espeluznante, pero estaba a mitad del camino entre mi esposa y yo… eligió el lugar incorrecto donde posarse.

Se preocupó demasiado en tratar de intimidarme con otro intento de gruñido, pero lo único que me dio fue la oportunidad para comenzar a atacarla, y sin perder tiempo me lancé sobre su costado derecho, sepultando la hoja de la espada en la membrana que formaba su ala y sin pensarlo siquiera un poco seguí con la hoja la trayectoria del hueso del brazo, separando casi en totalidad la piel del hueso e incapacitando a la bestia para volar. Junto con un rugido de dolor y un salpicón de sangre negra y espesa que evaporó el agua del suelo, el monstruo me golpeó con su otra ala, lanzándome algunos metros atrás, pero mi determinación era mayor a la fuerza bruta de aquel ente, y recuperando la guardia de inmediato, guardé el sable largo y desenvainé el más pequeño. Corrí determinado hacia el monstruo que seguía lamentando su herida mirándola con su cabeza sin ojos, y antes de que pudiera darse cuenta de que estaba siendo atacado clavé la espada corta en su otra ala y a su vez en el suelo, inmovilizándolo, y con presteza extraje el arma de fuego que Haruhi me obligó a cargar, apuntando directo a la sien de la bestia. Jalé el gatillo tres veces. El monstruo apenas si emitió algún otro sonido y se desvaneció sobre su pecho entre espasmos.

Recuperé mi espada y volví a encaminarme al edificio, subí al montículo como pude y grande fue mi sorpresa cuando llegué arriba y pude ver lo que sucedía allí. El edificio del faro, en lugar de ir hacia arriba, era una especie de fosa que se sepultaba al menos treinta metros bajo tierra, y el acceso era a través de una pequeña escalera que rodeaba varias veces el lugar dando vueltas por el muro. El suelo de la sima, que también era circular, estaba adornado por un enorme símbolo luminoso conformado por dos círculos concéntricos con un triángulo al centro, inscrito en los bordes y el interior con lo que me pareció algún tipo de escritura rúnica. Y ahí estaba Haruhi, peleando con algo que parecía flotar en el aire por cómo se movía y rodeaba a mi esposa.

—¡Haruhi! ¡Ya estoy aquí!— Grité mientras me encaminaba escaleras abajo, escuchando como el radio y mi móvil enloquecían.

—¡Pues date prisa!

La escuché y un segundo después la vi arrojarse hacia un lado mientras disparaba al vuelo y evitaba ser golpeada por un gran trozo de muro que se pulverizó al impactar contra el suelo. Sus balas, como es costumbre, impactaron el objetivo, pero este ni siquiera lo resintió y siguió su aparentemente errático vuelo que de pronto lo hacía chocar son suavidad contra los muros. No pude ver lo que era, pues era completamente blanco y con facilidad se confundía con los muros y la luz que manaba del suelo.

Las escaleras por las que yo bajaba no daban la impresión de albergar mayores obstáculos, sin embargo, después de caminar en descenso lo que consideré que serían poco más de cien metros, noté que no estaba bajando, sino que en ciertos lugares volvía a subir, o caminaba en horizontal. Mi teoría se confirmó cuando me detuve en un descanso y con horror noté que contra las leyes de la naturaleza estaba cabeza abajo, y que estaba unido al suelo que en realidad era el techo desde la perspectiva de Haruhi.

—¡Deja de jugar y baja a ayudarme!— Me reclamó en una oportunidad.

No respondí, sería inútil… debía encontrar una pista, porque sin lugar a dudas estábamos enfrentando el alter ego de Nagato, y como siempre, demandaba algo más que esfuerzo físico. Miré por última vez hacia arriba (abajo) y me volví a poner en marcha… sabía que no podía simplemente andar corriendo por ahí, así que busqué cualquier indicio, cualquier mínima razón por pequeña que fuera… y una vez que la encontrara, debía darle significado… busca, busca, entre los muros, en el suelo (sea cual sea), en cualquier lugar…

seg

Un momento…

Detuve mi carrera de inmediato al ver una pequeña inscripción en uno de los muros. Estaba impresa en la blanquísima pared, aunque no se notaba mucho, era más como una marca de agua, pero ya era algo… "seg" ¿eso que significaba?

Un estruendo me hizo volverme hacia la batalla que mi esposa libraba, varios trozos de muro cortados quirúrgicamente en cuadrados perfectos salían disparados hacia ella, y con su gracia y agilidad de siempre fue capaz de evitarlos, seguía disparando, y yo no podía más que seguir en mi búsqueda de pistas… ¡no debía distraerme! Continué mi marcha, mirando en toda dirección que me era posible, y finalmente encontré una nueva leyenda.

cm

Quizás corrí el doble de distancia que remé en el lago, pero al final no me quedaba duda que cualquier cosa que pudiera interpretarse como un número o letra fue memorizada:

seg

cm

981

Square

/

¿Qué demonios significaba todo eso? ¿Alguna vez les dijeron que lo que sea que aprendieron en la preparatoria les serviría? Hagan caso… vamos, vamos, recuerda… si Nagato dejó esta pista para mí a sabiendas de que no soy precisamente un genio de las disciplinas naturales, debe ser algo fácil de recordar… no puede ser una fórmula matemática, debe ser algo más sencillo, algo que tenga que ver con toda esta extraña situación… ¡organiza las variables! Algo que me esté generando problemas justo ahora… ¡Eso es! ¡No son matemáticas! ¡Es Física! 981 cm / seg2, ¡Novecientos ochenta y un centímetros sobre segundo al cuadrado!

—¡Gravedad!— Grité triunfante

Al momento siguiente las escaleras desaparecieron debajo de mis pies. Por fortuna para mí, los muros del foso no eran verticales, o de otra manera habría hecho una caída libre de cerca de diez metros, en su lugar me deslicé hasta llegar al suelo resplandeciente, desenvainando el sable listo para asistir a Haruhi en la batalla, y justo a tiempo para detener otro fragmento del edificio que iba a su encuentro.

—¿Por qué demonios te fuiste?— Pregunté mientras observaba aquella cosa que flotaba alrededor de nosotros, rígido, casi indiferente, y que se asemejaba remotamente a una carta de póker.

—¿Yo?— Respondió ella ofendida. —¡Fuiste tú el que desapareció en el hospital!

Dicho eso, levantó y apuntó su arma hacia la izquierda de mi cabeza, ejecutando un par de disparos que atravesaron a aquella fantasmagórica carta. Esa cosa tenía que ser igual a las demás en Silent Hill, dentro de su peligrosidad, era susceptible a ser eliminada, así que no debíamos perder más tiempo.

Justo como ocurriría si tuviéramos que confrontar a Nagato, el suelo, los muros, y prácticamente cualquier cosa que existiera en el entorno era un arma potencial contra nosotros. Esquivando todos los proyectiles que se volaban hacia mí me abrí paso hacia aquel monstruo tan diferente al resto. ¿Cómo explicarlo? La atmósfera era distinta a la que otros monstruos nos habían hecho padecer… es decir, mientras que el pueblo y las cosas que aparecían dentro de él parecían sacadas de una letrina en el fondo del infierno, este lugar y el monstruo mismo parecían limpios, asépticos, tanto que podría jurar que podía oler el desinfectante, como si algún obsesivo compulsivo hubiera sido encomendado a la higiene y orden del lugar… seguramente una proyección bizarra y extrema del común proceder de Nagato, siempre tan preocupada por el orden y la armonía.

Decidido a acabar con la pelea cuanto antes, aproveché a que Haruhi hiciera un par de disparos certeros a la criatura y ante su distracción lancé mi sable corto, atravesándola igualmente y deteniéndola contra la pared, y ante su aparente incapacidad de seguir flotando a voluntad, di un golpe contundente en vertical con el sable largo, partiéndolo por la mitad.

Pensé que eso acabaría con ella, pero no fue así. El plano cuerpo se disipó en un fino polvo que quedó flotando frente a mí por unos instantes, para luego concentrarse en un remolino que poco a poco fue formando una figura cada vez más humana…

Finalmente tomo forma. Ante mí estaba una criatura que asemejaba a Nagato, pero demasiado delgada, de piel blanca resplandeciente que hacía imposible ver los pliegues naturales de su cuerpo y sus facciones faciales, de las cuales únicamente eran apreciables los ojos, negrísimos, demasiado grandes para su rostro, y cuya mirada verdaderamente daba escalofríos. Nunca antes sentí que la expresión "cara de póker" pudiera ser mejor utilizada… era como la reina de picas de la baraja inglesa, y su sola indiferencia me aterraba.

Traté de blandir mi espada por segunda vez, pero sin que ella hiciera el mínimo movimiento fui lanzado hacia el muro del lado contrario, mientras que se desplazaba sin inmutarse, dirigiéndose hacia Haruhi. Mi esposa sólo esperó a que yo diera señales de estar vivo para comenzar a contraatacar, disparando en repetidas ocasiones al pecho y rostro de la reina, pero las balas se aplastaban en el aire a milímetros de alcanzar su piel. En un principio pensé que alcanzaría a Haruhi, pero en lugar de eso, el ente flotó hasta el centro del lugar, y gesticuló con las manos entonces. El suelo bajo nuestros pies se revolvió, o mejor dicho, convulsionó, como una cama elástica, lanzándonos por el aire, pero no caímos, seguimos flotando mientras las paredes se derretían, mientras el suelo se mezclaba con el oscuro cielo por encima de la entrada a aquella posa que solía ser un faro. Vi a mi esposa sostenerse como pudo de un muro y lanzar una nueva tanda de disparos, que aunque fueron certeros, aún no eran efectivos.

Intentando reponerme al vértigo que estaba sufriendo hice lo propio, aprovechando que iba en curso de colisión con uno de los muros, lo aproveché como plataforma y me impulsé con todas mis fuerzas hacia el centro del recinto, viendo que estaba en una especie ausencia de gravedad. Aunque la velocidad que alcancé no era mucha, al pasar al lado de aquella anti-Nagato pude dar un mandoble poderoso, pero tal como pasaba con las balas de mi esposa, la hoja resbaló en una película invisible que rodeaba su cuerpo.

Reemprendió el ataque contra nosotros, desprendiendo trozos de aquella materia ambigua que alguna vez fueron las paredes y el suelo del foso, del cual lo único que seguía siendo consistente era el símbolo luminoso que giraba en torno a la reina… a menos claro que no estuviera girando… ¿recuerdan la teoría geocéntrica del universo? Aquella qué postula que la Tierra es el centro de todo y los planetas y las estrellas giran alrededor. ¿Qué tal que ese símbolo no gira alrededor del ser sino al revés?

Lamentablemente no pude continuar pensándolo, en mi distracción fui alcanzado por uno de los proyectiles etéreos lanzados por la anti-alienígena, pero en lugar de golpearme, me absorbió. Una vez adentro de aquel trozo mutilado de realidad, me arrepentí de haberme distraído.

No sólo el entorno se distorsionó. Sentí como yo mismo, mis entrañas, incluso mis ideas se licuaron, quitándome el aliento y el propósito, llevándome casi inconscientemente al máximo de mis miedos: la nada.

Un momento más tarde mi espalda se impactaba nuevamente con uno de los elásticos muros, pero no pude moverme por un tiempo, muy confundido y aturdido por el ataque. Aun así, con la vista distorsionada pude ver cuando una de esas burbujas infernales absorbía a Haruhi, regresándola de inmediato y dejándola casi desmayada al igual que había pasado conmigo, y pensé que si nos limitábamos únicamente a derrotar físicamente a ese ente, terminaríamos muertos o dementes… al menos yo no quería volver a entrar en contacto con esas cosas… ¿Cómo resolverlo?

Me incorporé parcialmente, teniendo buen cuidado de no moverme demasiado y así evitar que la pared en la cual estaba sentado me lanzara al vacío nuevamente, o bien llamar la atención de la reina, y sentí algo raro en mis pantalones… por un momento pensé de verdad que a efectos del último ataque mi vejiga me había traicionado, pues el costado derecho de mis pantalones estaba mojado, pero luego caí en cuenta de que el líquido en cuestión no era orina… y que de hecho la sección del muro donde había caído había ganado la firmeza propia de una pared, como debía ser originalmente… metí la mano a mi bolsillo y mi índice sufrió una cortada… uno de los tubos de ensayo que tomé de la veterinaria se había roto, y su contenido era el que escurría… según las palabras presuntamente escritas por Truqué, el instrumento de Dios del que hablaba, aquello que retardaría la misión que intentaba completar… era ese líquido.

No había tiempo para reflexiones, Haruhi, más afectada que yo por la esfera que la acababa de absorber, aún no parecía recuperarse y se agitaba en mareos sin poder incorporarse, así que pasé la hoja de la espada sobre mi ropa procurando que se humedeciera lo suficiente, y me impulsé de mi muro para atacar a la reina de picas. Lanzó otra de sus extrañas esferas de irrealidad sobre mí, que viajó más rápido que la anterior, y siguiendo una corazonada decidí interceptarla con la espada. La esfera se partió limpiamente por la mitad, disolviéndose en el aire, y apenas estando a pocos milímetros del ente tiré un nuevo mandoble, logrando esta vez vulnerar la película protectora del ser, dejando una marca parecida a una quemadura que si bien no llegó hasta su piel, la hizo gesticular por primera vez, volviéndose a ver la diminuta lesión.

Un segundo después fijó su mirada en mí, que me alejaba en el aire sin darle la espalda y en camino directo hacia Haruhi. Estaba pensando decirle lo que había conseguido, pero al parecer había visto toda la escena, y apenas estuve a su lado disparó una ráfaga de cinco balas que impactaron directamente en donde yo había cortado previamente, haciendo que la protección crujiera y dibujara grietas a través del abdomen de aquella representación de Nagato. Además del daño a su protección, hubo más efectos, comenzando porque la luminosidad del su cuerpo flotante decayó un poco, además de que los muros, techo y suelo del lugar perdieron elasticidad.

—¡El "uno dos"!— Ordenó mi esposa con la confianza volviendo a su voz, y comenzó a correr en la pared hacia la derecha, mientras que yo me preparaba para un nuevo salto.

Moviéndose tan rápido como podía quemó un cargador entero en la cobertura del ser, que seguía intentando atraparla en las esferas que lanzaba cada vez con mayor frecuencia y que viajaban más rápidamente, y apenas escuché que la corredera de la Desert Eagle se trababa indicando que no había más municiones, salté con fiereza, asestando un último golpe que hizo que la coraza etérea se quebrara como un cristal.

Al momento la gravedad volvió a tomar control del lugar, y no sólo eso, los muros volvieron a ser consistentes, pero la ilusión de la higiene y antisepsia previa se habían esfumado, mostrándonos los desnudos y herrumbrosos muros como eran en realidad dentro de ese foso, lo único que seguía emitiendo su tétrico fulgor era la marca rúnica del suelo, y sobre la cual la anti-Nagato seguía flotando… pero mostrándonos su verdadera apariencia.

Su cuerpo era sumamente delgado, ella siempre se me hizo menuda en realidad, pero esta representación suya tendría la mitad de su masa corporal, a través de su piel macilenta se dibujaban sus vértebras, costillas y pelvis de tal suerte que parecía un cadáver, y sus manos y pies flotantes temblaban como si fuera presa de un frío congelante o Parkinson. Sus ojos seguía siendo demasiado grandes para su rostro, y sus pupilas aumentadas miraban a espasmos en todas direcciones, haciendo su imagen verdaderamente difícil de ver. Convencido de que debíamos acabar con su miseria cuanto antes me lancé buscando herirla de muerte con mi espada, pero por supuesto, la pelea aún no había terminado.

Al sentir que me aproximaba movió sus labios vertiginosamente, haciendo uno de sus mantras y con él rasgando el suelo sobre el que yo corría. Trastabillé y parte del hierro herrumbroso que se había hecho girones hirió mi tobillo, provocándome un dolor agudo y haciéndome caer. Haruhi alcanzó apenas a saltar lejos del alcance de un trozo enorme de muro que se había derribado sobre ella. Los próximos dos minutos apenas si tuvimos tiempo de nada, fuimos atacados desde cada flanco posible con toda suerte de detritos, y aunque logramos esquivarlos todos, comenzábamos a cansarnos, debíamos terminar con la pelea de inmediato. Tan rápido como pudo poner un nuevo cargador en su arma, Haruhi siguió disparando al aparentemente desprotegido cuerpo de la antes majestuosa reina de picas, pero a pesar de que las balas penetraban su famélico cuerpo y obtenían hemorragias, el ser no caía o daba muestras de debilidad.

—¡No puedo derribarla!—. Me gritó sin dejar de correr y saltar para evitar ser alcanzada por los ataques mentales del ser. —¿Cómo demonios hiciste para dañarla la primera vez?— Preguntó al llegar nuevamente a mi lado.

—Con esto… hagamos un cambio…

A mi indicación, lanzó su arma a mis manos al mismo tiempo que yo lanzaba mi espada junto con la pequeña ampolleta a las suyas. Si hay algo que amo de mi esposa es su capacidad para entender cosas importantes en momentos críticos… a su sola orden de "cúbreme" comencé a disparar tratando de concentrar la atención de la anti-Nagato en mí, mientras Haruhi corría a su encuentro, y estando al fin a una distancia razonable por detrás de su adversario, tiró hacia la coronilla de la reina el tubo, para luego hacer un corte vertical a dos manos tal como le he enseñado, partiendo el diminuto frasco, haciéndome sentir orgulloso…

Algunas gotas del líquido cayeron sobre la cabeza del monstruo décimas de segundo antes que la hoja, haciendo que su piel ardiera, y logrando una expresión en su demacrado rostro que denotaba que se sabía condenada, y dando un alarido se giró hacia Haruhi, que ya descargaba con toda su fuerza el golpe sobre su decadente humanidad.

La hoja pasó limpiamente desde su clavícula izquierda hasta su costado derecho. El grito se detuvo, y los objetos dentro del foso dejaron de moverse y cayeron inertes sobre el suelo.

—Sólo eres un flujo de información—. Dijo entonces la derrotada anti-Nagato con una frialdad ajena incluso a la Nagato joven en sus días más inexpresivos. —La información puede editarse, puede bloquearse… y por supuesto, puede desaparecer… tú no eres más que información que existe causa sui, pero esa condición no te da perpetuidad o relevancia en la realidad del mismo modo que pasa con esta interfaz. Este lugar tiene los elementos necesarios para editar tus atributos, y no dudes ni por un segundo que tu eternidad será erradicada.

El cuerpo finalmente comenzó a ceder y la mitad superior comenzó a deslizarse sobre la inferior, pero antes de avanzar más de unos centímetros, se convirtió en una masa obscura que cayó pesadamente sobre la malla de hierro, y nada más de hacer contacto con la misma se convirtió en la ya conocida marejada de mariposas negras. Mientras observábamos el extraño espectáculo me acerqué hasta Haruhi y tomé su mano para asegurarme que haríamos juntos la transición esta vez.

La sirena sonó a la distancia, y una obscuridad pesada como piedra cayó sobre nosotros, y después de un par de minutos en los cuales sentimos como el suelo se cimbraba bajo nuestros pies, volvió el silencio, sólo que esta vez estaba acompañado de la obscuridad.

—¿Alguna idea de dónde estamos?— Se atrevió luego de unos segundos Haruhi.

—En el faro, supongo…— Le respondí viendo a unos pasos de nosotros una luz pequeña que salía del piso, sin lugar a dudas debajo de una puerta. Me acerqué a la misma y la abrí de un empujón, dejando entrar la luz del cielo gris.

Al cruzar el umbral, nos encontramos saliendo del edificio del faro, a las orillas del lago, nuevamente en el pueblo de la niebla. La puerta del edificio estaba rasgada, y tenía nuevamente un mensaje que sin lugar a dudas era para nosotros:

Hacia el parque.

Capítulo 8 – The Poker-Face Queen Of Spades II.

Fin.


¡Gracias por la lectura y hasta la actualización!