—¡No te duermas!— Escucho a la distancia. Suena como si alguien me llamara a varios cientos de metros. —¡Quédate conmigo! ¡Despierta!

Déjame en paz, quienquiera que seas… sólo quiero marcharme… así que lo ignoro tanto como puedo y me concentro en el creciente silencio y obscuridad.

—No pensé que fuera necesario… discúlpame por esto.

Algo se introdujo en mi boca con violencia, llegando hasta mi campanilla, algo definitivamente vivo y alargado, y agradecí al cielo que fuera un dedo. Al siguiente momento el whisky y varias de las pastillas parcialmente disueltas son expulsadas de mi garganta. El vómito inducido me regresó parte de la sobriedad y la vigilia, y me sacudo entre espasmos, sintiendo lejanamente el dolor en mi cadera. Al abrir los ojos, está el charco blancuzco y semitransparente que dejé, estoy siendo sujetado por los hombros de un hombre vestido de negro que me parece lejanamente familiar…


Capítulo 11 – Two Truths.

—Tranquilo, todo estará bien ahora… te encontré justo a tiempo…— Dice el hombre mientras destapa una botella de agua purificada helada y la pone en mi boca, obligándome a beberla completa de un solo sorbo.

—¿Quién eres y qué diablos crees que haces?— Le pregunto balbuceante.

—Un amigo. Me sorprende que me hayas olvidado tan rápido, pero no te culpo… demonios, este lugar es inquietante.

—¿Un amigo de quién? ¿De qué estás hablando? ¿Cómo mierda entraste a mi casa?

—Otra vez discúlpame—. Dice ignorando mi pregunta.

—¿Por qué…?— Y lo que sigue es un largo alarido de dolor. El infeliz presionó la parte superior de mi pelvis, empujándola hacia adentro, dejando un dolor punzante en toda mi columna. Por si eso no hubiera sido suficiente, volvió a meter sus dedos en mi boca, induciéndome un segundo ataque de vómito que regó por el suelo más anestésicos y más whisky. —¡Deja de hacer eso, grandísimo hijo de perra! ¡Llamaré a la policía…!

—De verdad, discúlpame, pero es necesario… debemos volver a casa—. Dijo eso y clavó sus ojos negros en los míos con tal intensidad que por un momento me desarmó. Esos ojos, ese rostro, lo había visto antes sin lugar a dudas, pero no me era posible ubicarlo.

—Déjame levantarme…— Le digo mientras trato dificultosamente de ponerme de pie.

Entre trompicones, aún con la visión y la coordinación afectadas, logro incorporarme. Estoy un poco ebrio, pero puedo pensar coherentemente, y gracias a esa condición comienzo a hacerme preguntas sobre lo que está pasando. No adornemos las cosas, estaba en medio de una sesión de suicidio porque descubrí que mi vida es un chiste… entonces tal vez tuve éxito y ahora mismo estoy muerto… y si ese es el caso, ¿no debería haberse ido el dolor? ¿Por qué demonios es que en lugar de eso, un bruto está torturándome?

No, no creo estar muerto.

Un segundo después, el hombre se aposta frente a mí, sin aviso o disculpa como en ocasiones anteriores, me da una bofetada.

—¡Maldita sea, deja de golpearme! ¡No sabes cuánto lo…!

—Detestas. Lo sé, pero por el momento es necesario. ¿Te sientes más sobrio?

—Eh… sí… parece que sí. Tienes sólo un minuto para explicarme qué diablos haces en mi casa e invadiendo un momento íntimo de amor propio como el que estaba teniendo.

El hombre se ríe mientras niega con la cabeza.

—¡No tienes remedio…! ¡Incluso en medio de un episodio suicida en el inodoro del universo debes tener una frase ingeniosa!— Pasaron unos segundos en los cuales se esforzó por controlar su risa, luego continuó: —Quizás ahora mismo no puedas recordarme con claridad. Es normal, pero pronto todas las dudas quedarán resueltas, aunque voy a necesitar más de un minuto y toda tu atención.

—De acuerdo—. Respondo aún con los efectos de los sedantes dándome un mareo.

La mano de mi visitante vuelve a la carga para abofetearme, pero interpongo el bastón en su trayecto.

—Bien, me queda claro que estás listo—. Me invita con un gesto a que tome asiento en la cama mientras que él hace lo propio en la silla que yo había ocupado minutos atrás para acabar con mi miseria. —¿Has escuchado sobre la paradoja de gato de Schrödinger?

—¿Qué?

—Creo que ese fue un mal planteamiento, es un amasijo de teorías de la probabilidad que te dejará muy confundido… veamos… ¿cómo puedo explicarte…?

—Ese es tu problema, pero te recomiendo que lo hagas de prisa, empiezo a sentir mucho sueño.

—Muy bien, muy bien… primero que nada, debes tener la mente muy abierta y pensar en que todo lo que voy a decirte a continuación es verdad.

—De acuerdo.

—¿Has tenido un sueños donde pasan cosas diferentes a como es tu vida normalmente?

—Todo el tiempo. Todos los tenemos, ¿no es así?

—Eso es correcto, pero sucede que hay ciertas criaturas en el universo que no sólo tienen sueños que su mente alimenta de recuerdos y pensamientos. Hay quienes pueden accidentalmente echar vistazos a otras realidades. Por eso te preguntaba si conocías la paradoja de gato de Schrödinger. Tú, querido amigo, no estabas teniendo un sueño sobre una vida que pudiste tener. Estabas viendo otra realidad. Aquella de la que originalmente vienes.

Me quedé mirando al sujeto sin mover un músculo por algunos segundos. Luego vino lo inevitable. Comencé a reír a carcajadas. Un suicida y un loco en el mismo cuarto en el mismo día, al menos esta vida de porquería se había esmerado en darme una despedida divertida.

—Bueno, amigo intérprete de sueños, te agradezco por tan hermoso panorama, pero si pretendes venderme tus servicios como médico brujo, no tengo un yen partido a la mitad para ti. Sin embargo, cuando me haya ido, puedes tomar de esta habitación lo que te plazca, a donde voy no puedo llevarlo.

—En eso tienes razón, Kyon. No puedes llevarte nada de aquí, porque nada aquí es tuyo.

—Pues gracias por recordármelo, pero creo que es hora de que te vayas.

—No pensé que fuera tan difícil hacerte ver la verdad. Piensa en esto, Kyon, ¿recuerdas desde cuando tienes estos sueños?

—Para ser franco, desde siempre, pero aún así, no creo en esas cosas de dimensiones paralelas y esas estupideces. La realidad es la que es y ya, no hay nada extraordinario allá afuera, la vida es un gran bote de basura donde te pudres lentamente mientras esperas a que alguien termine con tu miseria a menos que tengas las suficientes pelotas de hacerlo por ti mismo. De alguna forma te envidio si es que por algún padecimiento de la mente o por simple estupidez no puedes verlo, pero yo sé lo que es la verdad, la veo cada día amenazándome y golpeándome, este mundo decadente es mi realidad, y si me disculpas, tengo un boleto para dejarlo de inmediato.

—Kyon…

—Hablo muy en serio. Llamaré a la policía y me encargaré de que no veas la luz del sol por mucho tiempo antes de colgarme.

Sintiéndome victorioso en la discusión, caminé hasta la puerta de mi horrible apartamento y a punto estuve de girar el picaporte. El sujeto comenzó a hablar de nuevo.

—Se llama Ryoko—. Comenzó. —Esa niña que has visto en sueños se llama Ryoko y es quizás junto con Haruhi la persona que más te ama en el mundo. Yo la conocí cuando ello tenía seis años, desde entonces no me he separado de ella, y ella necesita que tú y Haruhi vuelvan a su lado. Aunque todas aquellas cosas que viste en el sueño te suenen risibles, son verdad: los viajes en el tiempo, los poderes paranormales, los extraterrestres, los ángeles e incluso los demonios… y con todo y eso, el máximo milagro es justamente que tu hija llegó al mundo, guiada tan maravillosamente por ustedes dos que antes de que te dieras cuenta había reformado al mundo.

—¿Ryoko?— Algo, en algún punto profundo de mi cabeza comenzó a punzar, a crear una comezón, un ruido…

—Sí. Fue puesto en honor a Ryoko Asakura, una amiga tuya de la juventud que…

—Qué dio su vida por nosotros… por Haruhi, Nagato y por mí… por todos los cielos, tuve ese sueño cuando era un niño… yo nunca…

—Nunca se lo contaste a nadie. Al menos a nadie de por aquí, yo mismo no lo supe de ti, me lo contaría tu esposa muchos años después, al preguntarle por el origen de su nombre. ¿Nunca tuviste la sensación de que todos tus sueños, aún cuando sus temáticas fueran inconexas, se desarrollaban en el mismo lugar?

No fue necesario que contestara a esa pregunta, únicamente me volví hacia aquel hombre de anchos hombros y de mediana edad que parecía tan condescendiente como ansioso por hacerme ver su punto como verdadero.

—¿Quién eres tú?— Pregunté esta vez con interés legítimo, sintiendo como incluso la ebriedad se me había ido un poco.

—Como te dije antes, un amigo cercano de tu familia. Nos conocimos en un viaje a México y…

—Y tú fuiste a Japón de regreso con nosotros…

Corrí tanto como mi lesión me lo permitió hasta el cuarto de baño, donde el resto de los sedantes y el whisky terminaron, dejándome el mínimo de sus efectos en el organismo. No sabía si era la intoxicación lo que me producía las nauseas o estar parado ante la que podría ser la mayor revelación de mi vida.

—Y entonces… ¿todos estos años? Toda mi infancia, toda mi vida… ¿fue una mentira?

—Por desgracia, no.

—Pero tú dijiste que esa de la que tú vienes era mi realidad…

—Y es correcto. Sin embargo, eso no significa que esta no sea también tu realidad.

El invitado tomó un suspiro y me miró con algo de resignación.

—Ahora mismo estás entre dos realidades, dos verdades. Es por eso que te preguntaba si estabas familiarizado con la teoría del gato de Schrödinger. Esta no es una fantasía o una mentira. Esta también es tu vida, es uno de los resultados de ella en base a tus decisiones. Estamos aquí porque alguien conocía esto, que es lo peor de ti, y lo mezclo con lo mejor de ti. Tomó a tu "yo" de aquí y lo integró con este que tú eres, sabiendo que de todas formas, este Kyon iba a morir hoy.

—OK, entonces, haciendo de cuenta que creo lo que me dices, ¿dónde está el otro "yo"?

—Como te acabo de decir: ese otro "tú" no existe más, tal como el "tú" original. Ambos son ahora uno mismo, y el nuevo "tú" resultante tendrá que cargar con los dolores de ambos.

—¿Quién podría ser capaz de hacer algo así?— Pregunté sintiéndome muy confundido.

—Uno de mis muchos hermanos.

—¿Me recuerdas tu nombre?

—Tú lo conoces.

—Metatrón…— me vino a la mente de ninguna parte. Cada vez las conexiones se hacían más consistentes, de tal suerte que podía armar historias cada vez más elocuentes. Y eso me llevaba al siguiente eslabón en esta cadena, que inexorablemente me arrastraba hacia la verdad. Un segundo nombre me vino en un recuerdo fugaz: —Samael…

—Así como Luzbel es el engaño, Samael es el miedo encarnado. Estimulado por corazones torturados o virtuosos, toma lo mejor de ellos y los pervierte hasta convertirlos en la esencia misma de sus miedos. Él trajo tu conciencia a este lugar desolado de los universos donde hasta el menor de tus miedos era verdad, y de haber tenido éxito, ahora mismo estarías pasando del coma a la muerte, en el olvido.

—¿Y dónde está ahora mismo ese "yo" original?

—Ya que lo mencionas, tu cuerpo está en medio de una confrontación con Samael mismo. Bueno, tanto como confrontación, no. Está inconsciente, esperando el final… y nosotros debemos devolverte allá.

—¿Y exactamente cómo haremos eso?

—Eh… bueno, ya que eres conocedor de la verdad, la vía más rápida y directa sería la misma por la cual despiertas de un sueño normalmente.

—¿Es decir…?

—Eh… la muerte. Rápida y repentina, que te asuste de verdad.

—Un momento: ¿evitaste que me suicidara sólo para decirme que tengo que morir de cualquier manera?

—Es algo un poco más complicado que eso. Si hubieras muerto envenenado y sin saber la verdad, no habrías podido regresar, y este ser integrado que ahora eres se habría perdido en las inmensidades del tiempo, lleno de culpas y remordimientos… pero ahora que lo sabes, podemos volver allá. Yo puedo llevarte de vuelta.

Al final, ¿qué podía perder? Me dejé guiar por el hombre que de alguna forma sabía que se llamaba Metatrón, y aunque ignoraba detalles acerca de quién era en realidad, me inspiraba una gran confianza. Subimos hasta la azotea del austero y aburrido departamento de seis plantas donde vivía, y guiado por él, llegamos hasta el borde, donde una fresca brisa nocturna me devolvió aún más la sobriedad. La acera lucía realmente lejos viéndola desde ese punto. Retrocedí atemorizado, más no por dar el salto, pues según las palabras de aquel hombre, ese salto me llevaría de vuelta a mi verdadero hogar.

—¿Qué pasará con aquellos que se quedan aquí…? Mis padres, mi hermana, mis amigos… Haruhi…

—A eso me refería precisamente cuando te dije que ahora debes ser tú quien cargue en adelante con los dolores de ambos. Al enviarte Samael hasta aquí te hizo partícipe directo de esta vida. Las personas que viven en esta versión de tu vida han decidido por sí mismos su destino, y desde el momento en que mueras no podrás saber más sobre ellos, tu "yo" de esta vida termina hoy su trabajo aquí.

Miré nuevamente hacia atrás (al menos figurativamente), y recordé todos los errores que cometí a lo largo de mis dieciocho años en este mundo. Me disculpé desde lo más profundo de mi ser con todos por todas las cosas que salieron mal, y de alguna forma, el estar tan feliz de ir a otro lugar donde las cosas eran mejores, me causaba un profundo sentimiento de culpabilidad.

Di varias inspiraciones profundas.

—¿Podemos hacerlo ahora?— Preguntó mi acompañante volviendo a mostrarse ansioso.

—¡Vamos! ¡No es tan sencillo!— Reclamé.

—Yo creo que sí…

Dichas esas palabras, comenzó a correr hacia mí, tomándome a la carrera de un brazo y arrancándome una exclamación de sorpresa y miedo, y un segundo después saltó al vacío, arrastrándome con él…

¿Han escuchado sobre las personas que afirman que al saberse condenados, su vida entera pasa frente a sus ojos? Pues bien. Imagino que era a causa de las circunstancias, pero por primera vez me sucedió. Sin embargo, supongo que era muy diferente mi experiencia tomando como principio que no era una vida la que cruzaba frente a mis ojos… sino dos.

Vi mis primeros años, mi niñez y todo lo que en ella hice, como se fue formando mi personalidad, veo conmovido a papá y mamá, como es que me enteré que mi hermanita venía en camino y cuanto me alegré de verla llegar finalmente a casa, la secundaria, y luego el bachillerato.

Y fue ahí donde la historia se bifurcó. En ambas líneas me vi conociendo a la chica más excéntrica del planeta y hablando con ella, luego mientras que en una de las afluentes de la historia, Koizumi era un carismático dealer, en la otra era un aún más carismático ésper; en tanto que en una Asahina era una chica hermosa, acaudalada y muy insegura de sí misma, en otra era una tímida pero decidida viajera del tiempo; y que Nagato, ora una introvertida y temerosa chica de espejuelos, ora una competentísima extraterrestre de carácter indiferente para la mayoría…

Y Haruhi… una que sin mi guía devino en una chica libertina y que tomó muchas malas decisiones. No es que me dé ínfulas por su porvenir, pero no se puede ocultar el hecho de que yo fui responsable de muchas de las cosas que terminaron trayéndonos hasta el oscuro final de mi vida en este mundo y que es justo donde termina esa historia… y una Haruhi que se convirtió, más allá de su naturaleza intrínseca y divina, en una fuerza positiva y reformadora, que entre muchas otras cosas, ayudó y salvó a muchas personas, y que en sólo veinticinco años tuvo la fuerza para encaminar al mundo mismo en una dirección diferente a la que llevaba… y que me hizo partícipe de todas esas cosas increíbles y maravillosas.

Ryoko… por supuesto, Ryoko, aquella pequeñita de siete en cuya mente y corazón está condensado el misterio mismo de la existencia, y que inspira mi vida…

Y la oscuridad del pasado de esta vida se convierte poco a poco en una luz cegadora de una vida más allá. Mi corazón se revuelve entre la pena por las vidas y las esperanzas perdidas aquí y la felicidad de recobrar aquello por lo que tanto luché.

Juro por este mundo que estoy dejando que empeñaré mi vida en enmendar los errores de este "yo" que hoy se marcha. Y eso sólo podré hacerlo yendo a donde mi otro "yo" aún es útil.

¡Voy de vuelta a casa!


—¡Ya está regresando!— Exclama una voz juvenil muy cerca de mí.

Estoy muy aturdido, la cabeza me duele como nunca antes lo hizo, la luz y el ruido me resultan insoportables. Debe ser porque mi mente está procesando información de una vida de los veintiséis años que tengo con los dieciocho que mi otra versión tenía. Creo que es un milagro en sí mismo que mi cerebro no haya colapsado ya. Siento claramente como unas manos sueltan mis sienes y depositan mi cabeza sobre la maya de hierro; debajo de mí puede sentirse con fuerza el calor del eterno incendio… claro, comienzo a recordar los hechos recientes: vinimos hasta Silent Hill, y buscamos en sus entrañas la clave que revelara todos los secretos que este lugar tenía. Nos perdimos y disgregamos, y al final Haruhi y yo tuvimos que enfrentar los demonios de nuestros amigos… y también a nuestros propios demonios, disfrazados de lo que amamos y daríamos nuestra vida por defender.

Al fin me atrevo y abro los ojos. Muchas cosas que están a mi alrededor me parecen de lo más desconcertantes por decir lo menos, y ayudado de quien sostenía mi cabeza trato de quedar sentado. Siento como si hubiese dormido una vida entera (y pueda que realmente así haya sido, al menos para mi cabeza), y trato de acomodar en el estante de mis memorias todo lo visto hoy, y al mismo tiempo intento saber qué está pasando a pocos metros de mí. Trataré de describirlo.

—¿Todo en orden?— Pregunta el muchacho que me ayudó a levantarme. Es japonés, de eso no hay duda, porque me habla en japonés y parece japonés… demonios, trataré de no ser tan redundante. El chico no debía rebasar los dieciséis, castaño y de ojos marrón muy oscuro, alto y atlético, y tenía una mirada demasiado profunda para alguien de su edad.

—Creo que sí… ¿quién…?

—No hay mucho tiempo para hablar ahora… podemos darles unos minutos para recuperarse, pero luego estarán solos de nuevo—. Dijo, y un momento después extrajo de su cinturón un kukri y corrió como un bólido contra la marejada de monstruos que se habían congregado a nuestro alrededor, sometiendo sin menores problemas a las bestias.

Y al volverme hacia una dirección diferente, un muchachito delgado de cabello azabache flotaba despreocupado mientras despachaba objetos contra su propia tanda de monstruos, sólo moviendo las manos.

Un tanto más lejos, otro jovencito peleaba a mano desnuda con uno de esos depravados humanoides que conocí recientemente en el parque de diversiones. Su técnica me resulto muy familiar, pues aquel adolescente moreno, fornido y de cabello corto color caramelo desaparecía repetidamente para reaparecer en otro lado hasta noquear a su adversario, traía encima un traje de campaña que también creí haber visto antes.

Al centro del pabellón, una chica de largo cabello negro hacia una especie de oración enfrente de aquella niña que había usurpado la apariencia de Ryoko y se hacía llamar a sí misma "Samael", y al parecer la estaba confiándola a sólo unos cuantos metros cuadrados, lo supuse pues Samael embestía cada vez con mayor ira una suerte de muro invisible que le impedía llegar a la chica.

—¡Kyon!— Escuché en la voz de Haruhi a mi derecha.

Estaba tal como la última vez que nos vimos, y parecía pasar por un letargo semejante al mío. Incapaz aún de ponerme de pie, me arrastré tan rápido como pude hasta ella, alcanzándola finalmente, y comprobando que las heridas que nos habíamos hecho no eran reales. Y una vez confirmado, había un asunto más por resolver, que era el más extraño de todos… ¿quiénes eran estos chicos?

Aún no teníamos fuerzas para luchar. Al menos yo no, y Haruhi parecía tener las mismas dificultades para mantener siquiera el equilibrio. Uno de los horribles perros de cabezas repletas de parásitos gruñó a unos metros de nosotros, listo para atacarnos. Mi esposa no tenía su arma o yo mis espadas, seguramente estaban tiradas en alguna parte, así que tan rápido como pude me antepuse entre la bestia que comenzó a correr hacia nosotros.

Dos flechas precisas en su cabeza y torso detuvieron su carrera, dejándolo agonizar muy cerca de atacarnos… y ambos nos giramos al mismo tiempo a verla.

Por un momento creí ser presa de una nueva alucinación. Otra vez era una Haruhi más joven a la que estaba a mi lado, era idéntica a cuando la conocí, la misma complexión y estatura, incluso tenía una banda en el cabello muy parecida a la que ella originalmente ocupaba y que evitaba que cubriera su rostro, sólo que en lugar de usarla como diadema, la usaba como bandana. Vestía un moderno traje campal de una sola pieza de tela negra que la cubría de las rodillas hasta el cuello, pero dejando libres sus brazos, cubiertos por algún tipo de coraza desde los codos hasta las manos, en las cuales había un arco profesional de negro acero… no podía ser verdad. La confirmación vino cuando miré sus enormes ojos ámbar… y la tonalidad de su cabello, idéntico al mío. Ella nos sonrió y tomo aire para gritar:

—¡Ahora, Kenji!

—¡Entendido!— Respondió con la misma intensidad el muchacho moreno y fornido, que hizo una gesticulación con las manos que detuvo el tiempo. Y no, no es un eufemismo. De verdad detuvo el tiempo, haciendo que un silencio tranquilizante se apoderara del lugar.

Había visto, incluso había experimentado los viajes en el tiempo, pero nunca había presenciado que alguien lo manipulara al grado de detenerlo. Vi las jaulas donde los miembros de la brigada, la anti brigada y Truqué, el sacerdote colombiano que veníamos a buscar, continuaban encerrados; los monstruos estabas rígidos, incluso el gran incendio varios cientos de metros abajo parecía tallado en mármol y hábilmente coloreado e iluminado…

Nos volvimos al mismo tiempo a la adolescente que nos miraba radiante a unos metros de distancia. Retrajo el arco y lo depositó junto con una flecha sin usar en un carcaj en su espalda. Caminando hacia nosotros, finalmente cayendo de rodillas cuando estuvo a nuestro lado, y regalándonos a ambos con un largo abrazo.

Otōsan, Okāsan... los encontré justo a tiempo… —Cuando al fin nos soltó, a punto estuvimos de lanzar cualquier pregunta, pero nos hizo un gesto con la mano mientras respiraba para recomponer su voz de la emoción. —Detener el tiempo debilita mucho a Kenji, y no puedo más que hablarles en clave, así que seré muy breve: el mal no es el mal por sí mismo… aquello que ustedes consideran que es el mal absoluto bien podría ser sólo la herramienta… y sepan desde ya que esa maldad que reside en este lugar estará por siempre, aún a pesar de ustedes, y hasta que el mundo deje de girar… no es contra el mal con quien deben luchar, sino contra las personas que hacen uso de él.

Dicho eso, se puso de pie y nos ayudó a incorporarnos, de su cinturón extrajo el arma de Haruhi, la cargó con un cartucho nuevo y se la entregó. El chico moreno pasó a su lado, y plantándose frente a mí hizo una reverencia, poniendo en sus palmas abiertas mis espadas.

Recuperamos nuestras armas y ambos retrocedieron entonces hasta quedar a una distancia razonable, sin dejar de vernos y tomándose la mano. Los otros tres muchachos se acercaron con calma, tomándose de los primeros dos, y finalmente, desde el mismo carcaj donde el arco fue guardado, emergió la cabeza peluda del gato calicó que tengo en mi casa por mascota desde hace muchos años.

—No olviden lo que les dije—. Volvió a regalarnos con su sonrisa cargada de la luz de miles de clústeres de estrellas. —Los quiero... y los veré en el futuro.

Un salto espacio temporal como hemos visto muchos antes y los chicos desaparecieron. Una visión de un futuro más alentador del que pude haber imaginado.

Mi Ryoko convertida en una mujercita.

—Yo también estoy conmovida, Kyon… pero creo que aún no hemos terminado aquí…

Y terminada esa frase, las criaturas alrededor de nosotros comenzaron a moverse lentamente, entre ellas, la niña corteza, que nos miraba con enojo, quizás consciente de que alguien había intervenido y nos había salvado de su tortuoso juego.

Desenvainé el sable mirándola fijamente. No sólo había usurpado la apariencia de mi hija, sino que de alguna manera sí me había asesinado, al menos a una parte de mí.

Gritó como no había escuchado gritar a nadie, haciendo que sus criaturas sacadas de nuestros propios infiernos personales vinieran a nuestro encuentro. Quizás pensó que con su estrategia me arrancaría de las manos todo lo que amo, dejándome sin un propósito para vivir. Cierto y falso.

Samael o quien quiera que seas. Me has quitado todo y al mismo tiempo todo me lo diste. Voy a devolverte el favor ahora.

Capítulo 11 – Two Truths.

Fin.


¿Y ustedes que pensaron? "¿Aquí terminó todo?" ¡Pues aún no! ¡Queda una parte de la historia por contar aún!

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