Epílogos.
Alfa
El humo sigue su curso hacia el infinito, y yo me rindo hacia el abrazo de las llamas en el fondo del foso. Me llama, a gritos, reclama mi presencia. Y entre sus brasas sé que podré encontrar mi descanso. La espada se desliza entre mis dedos y viaja al vacío con calma, cansada al igual que yo. Truqué está muerto, todos lo están, sólo yo quedo en pie… pero ya no más. Debo partir ahora… debo continuar el camino, allá donde sé que la mujer que amo me espera. Me hubiese encantado ver a mi Ryoko crecer… sé que será una gran persona y que el mundo se beneficiará de su presencia… pero más allá de eso, espero que sea feliz.
Mis rodillas finalmente flaquean, y comienzo la caída. Es mas larga de lo que imaginé, y por largos segundos veo aproximarse el destino de fuego que es lo que me queda de esta vida. El impacto es sólido, curioso pues consideré que caería sobre algún tipo de magma y que en él me hundiría hasta desaparecer, pero en lugar de eso, descubro que aun cuando puedo sentir el calor del carbón encendido quemándome a través de la armadura, no me hundo, no se encienden llamas a lo largo de mi cuerpo, como si el fuego me respetada. El fondo cavernoso del foso me invita a examinarlo con mayor detenimiento y veo los vapores subir dejando ver varios cientos de metros arriba los angulosos senderos que en la realidad y el pueblo de la niebla son las calles, y me pregunto como es que sigo aquí.
—Un corazón como el tuyo no puede irse así como así de aquí. —Dice una voz conocida entre reverberaciones fantasmagóricas y yo busco el origen, que se halla a unos pasos de mí, entre la luz del fuego. —Sacaste a quienes amabas de este infierno, pero hay que pagar un precio por ello.
Samael luce su atuendo de Niña Corteza nuevamente. Libre aparentemente del yugo del auto proclamado castigador de la raza humana, dueño nuevamente de su poder.
—¿Qué precio podría pagar además de mi muerte? —Cuestiono con duda legítima, viendo como se abre paso entre las brazas sin recibir daño aparente, tal como pasa conmigo, y notando que bajo sus pies el carbón se enfría lentamente, oscureciéndose.
—Tu vida y tus servicios. Ambos ya vimos lo competente que eres en contacto con la obscuridad. Serás uno de los guardianes de este pueblo.
—¿Por cuánto tiempo?
—Hasta que alguien más tome tu lugar, hasta entonces, serás mi Ronin, tú harás lo mismo que yo hice contigo aquí, irás al corazón de virtuosos y atormentados y les mostrarás el camino al fondo del abismo. Tal como ellos ya lo hacen para mí.
Muchos se abrieron paso entre el las caprichosas estalagmitas del terreno, la obscuridad a la que la luz del incendio iba cediendo poco a poco dificultaba reconocer a aquellas decenas de entes que se agrupaban detrás de Samael, con paso vacilante, sólo dejando dos a la vista. El primero parecía un hombre enorme y robusto vestido en el inconfundible atuendo de carnicero, la mitad de su rostro y el hombro izquierdo parecían estar cubiertos en una armadura que daba la impresión de haber sido insertada quirúrgicamente, en sus manos descansaba un gran cuchillo sanguinolento, el tipo bufaba mientras se sacudía. El segundo era muy alto, más de dos metros sin duda, un faldellín le cubría desde la cintura y hasta por debajo de sus pies, arrastrándose en el suelo, su musculosos brazos y abdomen de grisácea piel estaban al descubierto, aunque no su cabeza, la cual estaba metida en un gigantesco casco de forma piramidal, y con la derecha arrastraba una descomunal espada que calculo mediría lo que yo de pie.
El conocimiento de mi destino parecía entonces definido, era inútil luchar contra ello, y mentiría al decir que una parte de mí no lo deseaba… enfundado en la obscuridad le había dado una lección a Samael-Truqué, y si eso fuera poco, encima lo había disfrutado.
La confusión y la incertidumbre devinieron en convencimiento y aceptación. Mis servicios serían para la obscuridad hasta que mi tiempo en la tierra terminara.
Ignoro cuanto pasó desde ese día, y ahora deambulo como un custodio entre las nubladas calles de Silent Hill. Los monstruos me rehuyen o tratan con reverencia, y alertan cuando algo viene hacia nosotros. Han venido muchos a este pueblo desde entonces, seguramente muchos mas de los que yo he visto… el punto es que si puedo verlos, es porque su corazón puede ser tocado por la obscuridad… y yo, quien alguna vez fue Kyon, quien alguna vez tuvo otro nombre que ya he olvidado, soy ahora El Ronin, y guío las almas de los desdichados hacia lo más obscuro y profundo de sus corazones. Al núcleo mismo de Silent Hill.
Beta
—¡Kyon! ¡Despierta!
La voz de Haruhi me regresa del abismo en el cual la última confrontación me había sumergido. Sigo cansado, adolorido e incapaz de moverme por mí mismo, no me quedan fuerzas de nada.
—Arriba, Kyon. Debemos partir. —Secunda Sasaki.
Entre ambas tiran de mi por los brazos y cada uno de ellos termina sobre los hombros de las mujeres, que como pueden me arrastran con rumbo desconocido. Abro los ojos buscando una explicación a lo que pasa. Haruhi y Sasaki me llevan tan rápido como mi peso muerto se los permite, y entre constantes perdidas de conocimiento a causa del dolor de mis heridas, en un tiempo indeterminado entramos a las ruinas del centro comercial.
El lugar está tal como lo dejamos, y las chicas me dejan recargado contra una columna mientras que ellas se abren paso entre los despojos. Las veo andar de un lado para otro, con una expresión lívida en el rostro, y entonces entiendo que es lo que hacen. Pensé tontamente que no podía sentirme peor, pero por supuesto, me equivoqué. Estaban reconociendo cadáveres, como podían, los reunían, poniéndolos en fila india… eran nuestros amigos y ninguno sobrevivió. Saqué fuerzas de flaqueza y me puse de pie aun ante los reclamos de mi esposa y mi amiga, y sin saber exactamente de donde, tengo la fortaleza para ayudarlas a agrupar a nuestros camaradas caídos. Arrastro por las axilas a Koizumi, y lo dejo tendido a un lado de Nagato, y por un macabro capricho del destino su mano cae justo sobre la de ella. Sasaki excava entre el carbón y los restos ahora apagados que sepultaron a Suou, y extrae un cadáver que de lo quemado no le queda sino una tercera parte de lo que era, y como si fuera un niño lo lleva hasta donde yace el resto, apenas si es perceptible que alguna vez fue al menos en apariencia humana. Tomo de la misma manera que hice con Koizumi a Fujiwara, y mientas lo llevo escucho los sollozos de Haruhi, que llora y se disculpa poniendo su frente contra la frente de una Asahina exánime. Justo cuando creo que no puedo recibir un golpe más, es Sasaki quien me saca de dicho error:
—¿Me ayudarías con Tachibana?— Pregunta y la veo señalar un punto justo donde recuerdo que Truqué terminó con ella.
Sasaki no me pide ayuda porque no pueda cargarla, sino porque habría de hacer dos viajes para acomodarla junto al resto.
La hilera de los héroes caídos yace frente a nosotros, el costo por la salvación de la humanidad: la vida de un puñado de hombres y mujeres no sólo valientes y abnegados, sino también especiales y amados… y siento que la responsabilidad por su deceso es superior a mí, no sé si podré soportarlo y superarlo algún día.
La sirena suena a la distancia y la obscuridad comienza a ceder. Nadie nos lo dijo, pero los tres sabíamos que el viaje había terminado, la luz que llegaba penetró sin obstáculos en el pueblo, y llegamos a la realidad sin pasar por la niebla. El rostro demacrado y postapocalíptico del edificio se desvaneció dando lugar al descuido y abandono al que el tiempo había sumergido a Silent Hill… y junto con la Obscuridad y el ruido, se quedaron los cuerpos de nuestros amigos.
Con paso lento salimos del edificio y nos sentamos los tres al regalo de la luz del sol, cual pordioseros, esperando a que cualquier cosa pasara. Sólo un par de minutos después puedo ver al equipo de rescate aterrizar en helicópteros. No nos movemos, a decir verdad no es como si estuviéramos ansiosos de recibirlos… veo descender apresurado a Robles y Anderson viene tras él… y encuentro en los ojos del primero, aun a la distancia, una ansiedad y miedo a la muerte del ser amado igual a la que yo siento, y que sé que no podré reparar… ¿cómo voy a explicarle…?
Gama (canónico)
Luz y Obscuridad. El uno nace del otro y sólo a través del otro puede reconocerse. Y de esa perfecta combinación entre uno y otro es que nace el anhelado equilibrio. He visto muchas cosas a lo largo de mis años recorriendo el mundo, he visto lo más bajo y lo más alto, he visto los más grandes ejemplos de virtud e iluminación y los más crudos ejemplos de la barbarie y la decadencia humana. Me he codeado con ángeles y demonios, y he presenciado como seres humanos pueden ir más allá que los dioses para lograr su propósito.
La vuelta y la recuperación no han sido amables con nosotros. Aun me levanto a mitad de la noche con el sabor de mi sangre en la boca, presa de alguna pesadilla que me llevó de vuelta a las calles de Silent Hill, y que hizo que involuntariamente mordiera mi lengua o presionara de más mis dientes. Sé que Haruhi pasa por lo mismo, ella también sufre esas pesadillas, pero se recupera más rápido que yo. Mi corazón sigue latiendo con fuerza al final de una de esas ensoñaciones y yo maldigo al mundo por no dejarme trascenderlo, pregunto al infinito si es que algún día lograré hallar sosiego, y dando cuenta de que el sueño me eludirá irremediablemente, me levanto de la cama donde mi esposa intenta dormir y doy un paseo por mi casa.
Los últimos días de octubre nos dan las últimas noches calurosas antes de la entrada del otoño, y descalzo camino sobre la duela de los pasillos de la planta alta hacia la habitación de mi pequeña. Ryoko duerme totalmente despreocupada y ajena a aquello que atormenta a su madre y a mí, y de pronto, a través de ella, recupero parte de mi calma… acaricio su frente y ella da un respingo, pero no despierta, y yo me admiro de sus mejillas rosadas, sus largas y extrañas cejas y sus largas pestañas, y pienso que todo ha valido la pena.
Quizás esa fue la lección que ese pedazo del infierno en la tierra tenía que darme: el infierno y el paraíso están ambos aquí, en el mundo, pero es nuestra elección y responsabilidad crear el uno o el otro.
Y entonces tengo una Epifanía que me cuenta sobre mis creencias y las de todo el mundo en relación a lo humano y lo divino. En otros lugares del mundo no hace falta un ente sobrenatural o que las fuerzas celestiales se metan en la vida de las personas para que dichas personas vivan eventos abominables, a veces incluso no tiene que ver con las decisiones que tomaron, sino que es una serie de eventos desafortunados, las malas decisiones de sus dirigentes o como en el caso de Truqué, un clamor religioso que llevaba el fundamentalismo hasta lo enfermizo, y que por poco le cuesta vivir el averno a la humanidad…
Creo que estoy divagando, y no estoy diciendo lo que realmente quiero decir: si hay un dios o dioses en algún lugar, fuera del alcance o entender de las personas, no se involucra en la vida de las personas, por indiferencia o respeto a la libre voluntad, los motivos son irrelevantes, el hecho es que no se entromete, y cada cosa que nos sucede es sólo y sólo resultado de las variables que juegan en nuestro camino, aderezado con nuestras decisiones.
Por extraño que resulté, luego de llegar a ese razonamiento, las pesadillas y los sobresaltos comenzaron a disminuir en intensidad. El otoño llegó con el viento y las hojas muertas cubriendo el jardín, regalándonos con el conocimiento básico de la vida y la muerte, con la caída y la promesa de un nuevo inicio en la primavera. La brigada completa con Robles como invitado tomamos el te en las sillas de descanso dispuestas en el pasillo posterior que da al jardín ahora pintado de amarillo y ocre. Ryoko y sus amigos juegan entre los árboles, abrigados, sonrojados por las carreras y las risas, viviendo como niños, libres, felices… como debería de ser. Dejen que los adultos se ocupen de su futuro, llegará el día en que tengan que hacerlo ustedes.
Los pormenores posteriores a nuestro regreso resultan irrelevantes ya, de hecho, esa fue una de las aventuras que con más cuidado son tratadas en conversaciones, y las memorias al respecto casi no son visitadas por quienes las vivimos. Ignoro lo que mis amigos habrán visto ese día, y no pretendo hacerlos revivirlo, sólo lo dejamos pasar.
—Pero el trabajo nunca termina—. Resume después de una animada conversación Robles. —Aunque es responsable no dejarse abrumar por ello.
—Sí… dijo Nagato un poco ausente, aunque reintegrándose de inmediato, y luego de guardar un breve silencio mirando a todos los presentes, apretó la mano de Koizumi, que le correspondió y sonrió. —Por cierto, tenemos un anuncio que hacerles.
La víspera fue corta, sin decir palabra, Nagato levantó la mano izquierda, donde cargaba un nuevo accesorio: un bonito anillo de platino con un diamante. Nos anunciaron con platillo y bombo que iban a casarse. Me sentí muy feliz por ellos, feliz de verdad, así que contra toda convención me levanté para abrazarlos a ambos y todos los demás me imitaron.
Recuerdo los pormenores de aquella vida que Samael me mostró, y pude ver todos los errores, todo lo peor de mí, y hasta donde me llevaba ese camino. Hoy puedo ver a mi hija crecer y a la mujer que amo ser feliz, y considero que toda esta vida (y la otra) es un resultado. Estar parado en el infierno no te quita el miedo, no existe peor mentira que considerar que ver lo peor te prepare mejor para la vida. Sin embargo, es cierto que te da una mayor posibilidad de sobrevivir, y por supuesto, te deja apreciar con mejor criterio aquellas cosas que le dan sentido a tu vida y que te hacen feliz.
El mal no es el mal. Del mismo modo que aquello que podríamos llamar el bien no lo es tampoco. Las circunstancias, la historia, incluso el pensamiento de las personas transmutan las propiedades de los hechos de la realidad y la ubican en una categoría. Estoy convencido que el homo-hábilis no quería extinguirse, y cuando dicha extinción comenzó fue una calamidad… pero sin dicha calamidad, los siguientes eslabones en la cadena evolutiva no hubieran aparecido, y nosotros no estaríamos aquí. Repito, o mejor dicho, parafraseo: La Luz no existe sin la Obscuridad, y sólo a través de ella puede reconocerse…
Ryoko da las buenas noches e insiste en que quiere una mascota. Apelo a que ya tiene a Shamisen, pero ella se queja de que el viejo felino es más sabio y taimado que ella, y que no puede enseñarle nada. Le digo que lo pensaremos, pero todos sabemos que ese será un tema tabú y un absoluto "No-No".
Y mientras mi hija se mete a su habitación, Haruhi y yo nos lavamos los dientes. El cabestrillo de ella se ha ido, y su muñeca y brazo rotos recuperan su temple rápidamente. Su bonito pijama amarillo fracasa en ocultar con su holgura las finas curvas de su cuerpo, y con movimientos sencillos termina con sus labores de higiene al final de la jornada. Yo aun tengo que hacer un par de terapias físicas, mi cuerpo no se cura tan rápido como el suyo, y las costillas rotas, el pulmón colapsado, la rodilla resentida por la dislocación y las fisuras de cráneo se toman su tiempo para sanar. Aun así, la recuperación va viento en popa, en especial la espiritual.
Y terminadas las faenas, nos preparamos para arropar a Ryoko, pienso entre tanto en su última petición. De alguna manera la encuentro legítima y la considero, aunque con franqueza no me gusta tener animales en casa, Shamisen es una extraña excepción a esa regla de la casa no escrita.
—Ciertamente Ryoko tiene mucho que compartir y enseñar. Desearía que tuviera con quien compartir todo eso, pero no entrará ni una mascota más aquí. —Digo con determinación y mi esposa sonríe ante mi falso aplomo.
Ella mientras tanto, me cede el paso al lavamanos para hacer lo que me corresponde con el dentífrico y jabón, mientras ella se balancea de las puntas a los talones, expectante.
Yo no presto atención a su extraño comportamiento, al menos no de inmediato, pero es evidente que ella ha dejado pistas, tantas para que un pelmazo como yo de cuenta de ellas en pocos minutos.
—¿gué ef efto? —Pregunto con la boca rebosada de espuma sabor a hierbabuena mientras levanto un extraño artilugio del lavabo. En realidad no es necesaria la pregunta, y sólo me giro sobre mis talones para ver a mi bellísima esposa luciendo su mejor maquillaje: una de esas deslumbrantes sonrisas capaces de opacar galaxias y supernovas, y que pensé en algún momento que jamás volvería a ver.
—Concedido. —Me dice ella viendo mi mueca de perplejidad mientras la espuma de mi boca cae al azulejo.
Y esta vez no involucro a Haruhi o a Ryoko en mis pensamientos, aun cuando ellas son la causa misma de mi felicidad… porque ahora sé que hay un motivo para que confrontar a cada grupo de deslizadores locos, cada extraterrestre problemático, cada terrorista extravagante, cada ángel fascista, cada sacerdote fundamentalista y cada demonio megalómano… y todo está condensado en ese diminuto e insignificante pedazo de plástico… en esa prueba de embarazo casera con un escandaloso positivo.
Si es que hay más historias en el futuro para nosotros, eso no lo sé, lo cierto es que aun cuando mañana sea el último día o incluso si es dentro de muchos años…
Vivir vale la pena.
Cacofonía Silente.
Epílogos.
Fin.
Y como he dicho en ocasiones anteriores: ha sido todo un viaje. Todo este arco y sus spin off, cada ramificación y cada pequeña historia alrededor han sido un pedazo mismo de mi corazón, expuesto, vibrante. Agradezco desde el fondo a todos aquellos que vivieron esta aventura conmigo, desde aquel lejano 2010 que inicié el proyecto de Sueño Recurrente que pensé sería un one-shot libidinoso, y que devino en toda esta aventura. No puedo decir si ha sido bueno o malo, sólo diré que fue sincero…
A todos aquellos que leyeron al menos un capítulo de alguna de estas historias, a los que se las echaron completas y hasta dobletearon, y a todos los que me dejaron palabras de aliento en sus retros: gracias, nada de esto habría sido lo que es sin ese respaldo, hasta allá en Chile donde está uno de mis más leales lectores que puedo considerar un amigo en la lectura, hasta la lejana España, y en cada país donde hubo algún hispano parlante que me dio una oportunidad al leerme: gracias.
Y sí, estas palabras son la confirmación de que esta línea argumental ha llegado a su fin. Sí, sé que Dos Punto Cero y Días Del Futuro Pasado están abiertas, pero en lo que refiere a esta Brigada SOS que me ayudaron a confeccionar, la narrativa ha concluido y su futuro queda a la imaginación.
Pero como es de esperarse, yo aún no he muerto y seguiré escribiendo, pero voy a explorar otros caminos, y claro, si alguno de ustedes se siente con el deseo de seguirme, me haría muy feliz.
¡Gracias totales e infinitas por ser el aliento y la inspiración!
Mis trabajos más recientes están listados en mi perfil, ojalá los disfruten y no dejen de hacérmelo saber si es así.
