Primeras Confesiones:

Lo que quedaba de lunes lo pasé en casa pensando en mis cosas y en John, no me lo daba quitado de la cabeza. Cosa mala el no poder quitármelo de la cabeza. El martes pasó rápido y cuando llegó el miércoles, me quedé tirado en cama hasta que mi cuerpo no aguantó más. La señora Hudson me dijo que fuera a comprar unas cosas ya que ella tenía médico y cuando vi la lista, supe que eran de lugares cercanos a la iglesia. Seguro que John le había dicho que quería verme para empezar mi limpieza del alma.

Suspiré y salí de casa resignado con la lista, eran las 12 menos diez, así que entré en la cafetería que había enfrente a la iglesia y me pedí un café solo para llevar. Me lo tomé antes de entrar a las 12 en punto en la iglesia.

John me estaba esperando y sonreía, su sonrisa era preciosa, de esas que te dejan atontado durante un rato. Me llevé una mano a la cabeza, la froté y luego miré a John, seguía sonriendo.

— Pensé que no ibas a venir – comentó el párroco – ya que estás aquí podemos empezar.

Yo ya no estaba tenso y por lo que vi, John lo notó. Algo que me hizo ruborizarme. Le seguí hasta una sala pequeña con pocos muebles, donde se sentó y me indicó con una mano que me sentara en la otra silla. Le hice caso.

Antes de que me cuentes porque has venido a limpiarte el alma – empezó a decirme – quiero que me cuentes un poco sobre ti y tu familia.

Dudé en que contarle, abrí la boca y no me salían las palabras. Pero no se como, pero empezaron a salirme.

— Me llamo William Sherlock Scott Holmes, tengo 29 años. No soy hijo único, tengo un hermano mayor llamado Mycroft de 34 años que trabaja para el Gobierno de su Majestad, cuando no está trabajando está en su club, el Club Diogenes donde se sienta a fumar puros y leer la prensa de todo tipo, sobre todo la política. Mi padre no me quiere, lo sé porque no elegí estudiar ni medicina ni abogacía o alguna carrera de provecho; porque mi pasión siempre ha sido resolver casos – no se muy bien porque le contaba todo esto a John, pero me estaba relajando mientras lo hacía – soy el único detective asesor del mundo y la policía me consulta mucho ya que soy el único que a veces da con la clave para atrapar al culpable. Vivo en el 221B de Baker Street, la señora Hudson es mi casera y para mi la madre que nunca tuve, ya que la mía no estaba mucho en casa para atendernos,…

Observaba como John me miraba atentamente y anotaba cosas en un cuaderno, no le pregunté el motivo de anotar cosas sobre mí, tampoco tenía mucho interés en saberlo, porque lo único que quería era contarle las cosas.

— Nunca tuve amigos, bueno, tuve uno hasta que murió, Victor se llamaba – cuando dije aquel nombre, mis músculos se tensaron y empecé a llorar.

Hasta aquí el capítulo 3, se que lo dejo en un momento tenso, pero mejor aquí que en otro momento. Dejar reviews de lo que os ha parecido el capítulo.