Los Personajes de este fic no me pertenecen. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.

Este fic no está hecho con fines de lucro solo es por entretenimiento y diversión.

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El Valle de los Lobos es propiedad de Laura Gallego.

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Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.

"Pensamientos"

Recuerdos

[***] Cambio de escena.

»Continuación de un dialogo

... (entre párrafos) pequeños cambios de escenas


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Capítulo 5: Un viaje en busca de la felicidad

...

— ¡Link!

Abrió un ojo y su mirada se perdió entre el espeso follaje, el sol brillaba pero parecía hacer demasiado frío, despidió un aliento que pronto se volvió un vaho muy denso. Y después, a la distancia, escuchó el trote de un caballo conocido.

— ¡Link!— nuevamente esa voz lo llamaba, se incorporó un poco para poder encontrar a esa persona.

El césped que se extendía bajo su piel se sentía tan verdadero que por unos instantes se preguntó si de verdad estaba soñando.

— ¡Ahhh!, ¡Se escapan las cabras, haz algo!— ésta vez parecía un poco enojada.

Se quedó mirándola de forma boba mientras las cabras se escapaban hacia el monte.

— ¡Link!, eres un inútil— gruñó como una fiera, pero él seguía mirándola de manera incrédula.

¿Desde cuándo era así?, definitivamente era la persona que conocía, pero su aspecto era completamente diferente.

A su lado escuchó cierto resoplido y cuando se viró se encontró de frente con unos enormes ojos azules.

La yagua relinchó muy cerca de su oído y se tambaleó hacia atrás para dar de lleno contra el piso, sus ojos vagabundearon en el inmenso cielo y antes de cerrarlos pudo ver nuevamente los rostros de esos dos seres, demasiado cerca y también con un semblante preocupado.

— ¿Link?

Volvió a llamarlo pero entonces sintió que algo extraño lo jalaba…

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— ¿Estas bien, cielo?— la voz de Zelda hizo que pusiera los ojos como platos y se incorporó de la cama casi casi como si le hubieran puesto un resorte.

—Te quedaste dormido y además parecías tener un sueño extraño.

— ¿Sueño?— musitó mientras las imágenes regresaban a su memoria— sí, fue muy extraño.

— ¿Quién rayos es Epona?—Clamó Zelda con una voz que desborda celos.

— ¿Qué?

—Lo dijiste mientras estabas soñando "Epona", "Epona", ¡Quien es ella!— rugió sintiendo cierto malestar en su estómago, aunque después esa sensación desapareció a los pocos minutos cuando vio reír a Link de forma muy graciosa.

Seguro que era alguna tontería, aunque después de todo no había podido evitar sentirse de esa manera al escuchar cómo pronunciaba ese nombre con cariño. Sintiendo un poco de nervios lo abrazó de forma vehemente y él le dio un cálido beso en la mejilla.

—Princesita, ¿estas celosa?

—No lo estoy. — clamó haciendo un mohín gracioso.

Nuevamente Link le dio un beso demasiado dulce y se acurrucó entre sus brazos sintiendo una felicidad desmedida.

—Te amo Zel, eres la única mujer de mi vida… y de hecho, de mi existencia entera. No tienes por qué tener esa clase de sentimientos, sabes que mi corazón te pertenece.

—Entonces, ¿Por qué soñaste con ella?

—No tengo idea... fue muy extraño.

La expresión en su cara hizo que desaparecieran las dudas en su cabeza, le acarició un rato el cabello y le dio un beso en la coronilla.

— ¿Quién es, Link?— preguntó nuevamente, esta vez movida por simple curiosidad.

— ¿Epona?

—Sí.

—Mi yegua

— ¡Yegua!—Clamó, haciendo que Link nuevamente se carcajeara, también se sintió un poco avergonzada y viró un poco los ojos.

—Pero Zel…— ésta vez su tono era demasiado serio. — escucha, había algo extraño, ahí de verdad había una chica, alguien a quien conocí de otra época, pero lucia muy diferente, siempre había tenido cabello corto y castaño, pero cuando la encontré en el sueño, el cabello le llegaba hasta la cintura y después cuando me viré para ver a la yegua era sumamente joven, literalmente una potranca, pero yo era como lo que soy ahora.

— ¿Si?

—Nada de eso concuerda, esos dos seres en realidad no coinciden con los que antes yo conocía.

—Es extraño, pero Link, fue sólo un sueño.

—Pero mis sueños siempre habían sido mis recuerdos del pasado. ¿Por qué han cambiado, Zel?— musitó de manera confundida.

—No sé, cielo— respondió dándole una tierna caricia— pero todo está bien.

—Si…

—Y esa chica ¿era….

—Muy exigente— clamó en voz graciosa— se la pasaba gritando de forma histérica, ¡Se escapan las cabras! Jajaja, de verdad que se enojó porque dejé que huyeran al monte.

— ¡Link!— se ruborizó un poco y se le atragantaron los comentarios— sabes que no me refiero a eso.

—Quieres saber cómo la quería— afirmó con cierta burla

—Si

—Pues creo que como a una hermana.

— ¿Crees?

—Antes tuve una verdadera pero a esa sí que la, que..ri..a— entrecorto la palabra y parpadeó un montón de veces hasta que se dio cuenta de algo.

— ¿Qué te pasa, Link?

—No me acuerdo como se llamaba— musitó de forma triste sabiendo que Farore le había robado otro recuerdo.

Entonces Zelda comprendió algo, los recuerdos de sus vidas pasadas si eran como una maldición, una en extremo pesada. Por unos instantes sintió un dolor terrible al imaginar lo que Link estaba sintiendo, esas personas a las que él había amado ya no estaban en éste mundo y era algo que no podía remediarse.

—No estés triste Link.

—No. — Susurró, pero el tono de su voz lo delataba. — Quédate a mi lado siempre, Zelda.

—Siempre, siempre a tu lado— le habló con amor desmedido mientras juntaba su frente con la de él en una unión cálida y hermosa, y al igual que muchas veces en el pasado, sus cuerpos encajaron entre ellos como las piezas de un rompecabezas.

La puerta de la habitación se abrió de forma queda, pero aun así ellos siguieron unidos como si aquello no importara.

— ¡Cielos!, lo lamento, no queríamos interrumpir— Clamó Aragón virándose de forma avergonzada. Impa rodó los ojos y le dio un zape algo tronado— ¡Auch!— gruñó después del daño.

—Eres un exagerado,— dijo la Sheikah— y además creo que ni te han oído.

Suspiró un poco sintiéndose sumamente acomplejado, últimamente se sentía por demás confundido, estas cosas del amor, no solían ser su especialidad y además Impa….

— ¿Qué te pasa?, ¿Por qué te me quedas viendo de esa forma boba?

—No.. por nada.

A la distancia Zelda soltó una risita y Link también rodó los ojos graciosamente, "Sí que es despistada" murmuró el espíritu del héroe, aunque la Sheikah no entendió el porqué del comentario.

[***]

—Hemos buscado algunas pistas alteza, y bueno, tanto Impa como yo hemos llegado a la conclusión de que tal vez deberíamos ir a buscar algo a Ordon, no sabemos si la antigua casa del Señor Héroe siga en pie, pero tal vez podamos encontrar algo.

—Suena lógico— musitó Zelda mientras miraba al cielo. Al igual que cada mañana se había escabullido del castillo y había atravesado la ciudadela junto con sus acompañantes. Ahí justo afuera de la carpa, pensó en que tal vez era mejor ir a lo seguro.

—Entonces, vamos— aprobó Impa.

—Bien, aprovechemos que Makivelo se ha largado a otro sitio— clamó ella con una sonrisa— sin él en el castillo realmente no hay nadie que se dé cuanta que desaparecemos Impa.

—Es cierto— habló la Sheikah mientras ponía una mano en el hombro de la princesa, estaba orgullosa de que comenzará a tomar decisiones sin que siquiera se tambaleara y además que hiciera elecciones correctas en momentos precisos. Sabía que algún día esa cualidad la ayudaría a ser una gran gobernante.

—Bien saldremos por separado, de esa forma no se verá demasiado sospechoso, Impa, tú y la princesa vayan por la entrada Sur y yo saldré por la puerta del norte, con el trote de Kelpie me será fácil alcanzarlas.

—Bien— asintieron al unísono y después Impa llamó a su corcel para emprender marcha, sabía que sería difícil encontrar otra oportunidad como esa, así que se apresuró para que no se desperdiciara. Montó de un sólo salto seguida muy de cerca por la princesa.

—Nos encontraremos cruzando la frontera de las provincias— clamó Zelda de manera entusiasta.

—Bien— volvieron a decir, los ánimos estaban sumamente activos, cuando de pronto se dieron cuenta de algo, ese grito alegre únicamente estaba conformado por tres voces, pero ellos desde siempre habían sido cuatro.

De inmediato Zelda buscó a Link con la mirada y lo encontró cabizbajo y muy triste, antes de que siquiera pudiera poner en práctica su lógica, bajó del caballo de Impa y se acercó para abrazarlo.

— ¿Qué te pasa amor?— clamó de forma preocupada.

—No… no quiero ir a Ordon, me da miedo— susurró mientras viraba la mirada, sin pensarlo demasiado tomó su forma de lobo y se alejó un poco del sitio.

— ¿Por qué Link?

—No sé— musitó de forma triste

— ¿No sabes?, ¿solamente es ese sentimiento?

—Sí, pero. Es muy fuerte. Ésta forma de Lobo no puede mentirme Zelda, sé que si voy ahí ocurrirá algo malo.

—Entonces puedes esperarnos afuera— le dijo tratando de convencerlo— Vamos.

—Bien… vamos— musitó con voz insegura.

Esa mañana cabalgaron a toda prisa y cerca del medio día habían llegado a los bosques de Farone, después de varios viajes, Aragón había aprendido algunos atajos y eso les ayudó mucho. El trote de los caballos se volvió un poco seco a medida que disminuían el ritmo al entrar en aquella provincia. Atravesaron el puente de Farone y casi al llegar a la entrada Link echó las orejas hacia atrás y salió corriendo como si hubiera sentido algo terrible.

— ¿Qué será?— musitó Aragón— De verdad que no le veo la lógica, ¿por qué el Señor Héroe le tiene tanto miedo a este sitio?

En esos momentos una diligencia salió de la aldea, estaba tirada por dos enormes bulbos blancos y desde el interior asomó una sombra de manera curiosa, estaba cubierta por una capucha resistente al frío y bordada con los colores de la provincia.

Sus ojos se cruzaron por unos instantes con los de Zelda, y ahí justo en medio del camino, ocurrió lo más extraño que la princesa hubiera sentido en la vida, su corazón se aceleró de forma descontrolada y un fuerte impulso la invadió desde adentro, incluso cuando no había logrado ver al ser que estaba oculto tras esa capucha sintió que lo conocía de toda la vida.

— ¡Zelda!— Impa se viró a tiempo para sostenerla entre sus brazos, porque de pronto se había desmayado como si una clase de shock le hubiera invadido el cuerpo entero.

— ¿Qué paso?— murmuró Aragón sintiéndose muy preocupado.

—No sé

— ¡Venga!— Expresó sin saber decir otra cosa— La magia en el interior de su cuerpo se está moviendo de forma extraña.

— ¿Qué hacemos?, ¿Entramos a la aldea a pedir ayuda?

—No— clamó de modo tajante— tal vez esto es a lo que lo que el Señor Héroe le tenía miedo, Impa creo que debimos de haberle hecho caso, vamos a buscarlo.

Regresaron por el mismo camino por el que habían venido y delante de ellos Impa vio a la curiosa sombra asomar por una de las ventanas de la diligencia, aunque no podía verle el rostro sabía que les estaba clavando la mirada y de manera muy insistente.

Al cruzar el puente de Farone ambos escucharon un chillido un tanto ahogado, así que optaron por detenerse. La diligencia se alejó poco a poco hasta perderse en la distancia. Fue entonces cuando Impa desmontó con cuidado y esperó a que Aragón hiciera uso de sus artilugios, pero lo único que se le había ocurrido al joven adivino era echarle un poco de aire a la princesa, porque ella parecía demasiado asfixiada, pero fuera de eso todo estaba en perfecto orden.

Las patas del lobo se movieron entre la espesura, y así como en un inicio había desaparecido, Link salió de entre los arbustos casi de forma disparada, se acercó a Zelda y tomó su forma hylian para poder abrazarla.

A los pocos segundos Zelda reaccionó, pero no dijo absolutamente nada, solamente estiró un brazo y lo pasó a través del cuello de su compañero.

— ¿Qué te pasó, mi niña?—Preguntó Impa mientras le acercaba una mano a la frente para medirle la temperatura.

—No tengo idea… sentí algo muy extraño cuando la diligencia nos pasó de largo.

—También Link. — ese tono informal sacó de quicio a Impa. Era tan extraño cada vez que Aragón, nombraba al joven héroe por su nombre.

— ¿Qué?— murmuró Zelda tratando de incorporarse. Link seguía a su lado y acomodó su cabeza muy cerca de la de ella.

—Señor héroe usted estaba aquí antes de que llegáramos, ¿Cierto?, Pero después lo escuche bramar casi de forma agobiante y también se echó a correr cuando al diligencia cruzó el puente.

Link no contestó nada solamente siguió abrazando a Zelda con mucha vehemencia, incluso en esos momentos sus instintos le decían que corriera, pero su amor desmedido le impedía dejar sola a su princesa.

—Hay algo en Ordon— musitó con nervios.

— ¿Entonces, no vamos?— preguntó la Sheikah.

—No, ésta es una oportunidad única— clamó Zelda mientras se erguía.

—No vayas Zel, tengo miedo— dijo Link reteniéndola por la cintura. El temple y el espíritu heroico se habían esfumado, pero no era porque Link fuera un cobarde, sino porque de verdad sentía que había algo en Ordon que de verdad los separaría.

—Alteza. Deberíamos hacer caso.

—Pero quiero que Link se quede conmigo, y si hay algo, aunque sea muy pequeño, quiero encontrarlo.

—No sabemos si es peligroso.

Zelda gruñó con enfado, de no ser porque Link la abrazaba se hubiera dado la vuelta y abría regresado al sitio aunque fuera sola.

—Bien, hagamos esto. Es verdad que ya estamos aquí, Aragón y yo iremos a investigar un poco.

— ¿¡Y yo!?— gruñó Zelda.

— ¿Tú?, bueno, tú debes quedarte y cuidar a tu fantasmita, qué no vez que está al borde del colapso.

El comentario de Impa hizo que el enojo se le bajara y también que el aire se le atragantara, se viró para encontrarse con la mirada de Link y en el fondo de sus ojos descubrió que de verdad tenía mucho miedo, una punzada de dolor se esparció por su alma al darse cuenta de que lo había obligado a hacer algo terrible.

—Alteza, ¿por qué no nos espera en la arboleda sagrada?, hace mucho que no pone un pie en ese sitio. ¿No extraña a sus amigas?

—No realmente,— susurró Zelda— ellas supieron encontrar el camino, a veces revolotean en los jardines del castillo cuando hay luna llena.

—Ese no es el punto, anda, ¡fuera!— gruñó Impa de forma autoritaria pero graciosa, mientras la empujaba al lado contrario del camino.

Zelda refunfuñó, aunque al final irguió una sonrisa y se llevó a Link de la mano.

—Encontraremos algo— escuchó que le gritaban mientras salían a trote con los caballos.

Cuando entraron en el espeso bosque Link pareció recuperar el aliento.

—Perdóname…— musitó bajando la mirada.

—Ya Link, me siento terrible por haberte obligado.

—Está bien… yo…

—Mira ya llegamos— lo interrumpió mientras lo soltaba de la mano y corría hacia el claro en donde estaba la legendaria arma, bastaron unos pocos segundos para que se llenara de hadas de todos los colores.

Link simplemente suspiró y fue a sentarse cerca de su espada. Zelda lo siguió a los pocos minutos y se acomodó a su lado.

Los minutos pasaron de forma apacible y Link se adormiló hasta caer en el regazo de su princesa, Zelda le dio un beso en la frente y de forma curiosa se puso a platicar con quien menos lo esperaba…

[***]

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Esa tarde había ido a la ciudadela, había comprado flores y algunos chocolates, de manera discreta se coló hasta los jardines del castillo y mientras vagabundeaba escuchó una canción muy bonita, sabía que su Reina estaba practicando con la lira y de forma traviesa la sorprendió justo por la espalda.

— ¡Link!— gruñó y al mismo tiempo soltó una risa.

—Hola, ¿llego en mal momento?— preguntó de forma divertida.

—Claro que sí, interrumpes a la lira de la Diosa— contestó a modo de broma.

—Vaya, la Lira, ¿cuándo vas a cambiarla por algo más lindo?, algo, como yo por ejemplo.

Ese comentario bobo hizo que volviera a reírse, se viró con premura y le robó un beso sumamente apasionado.

—Ya… ¿te has puesto celoso?

—Claro que si...

— ¿¡De la Lira!?

—Por supuesto, es una envida insana, a mí me encantaría que me tocaras de esa manera.

— ¡Link!— gruñó nuevamente mientras le daba un zape.

Él se rio tiernamente y le dedicó una mirada llena de amor profundo, de manera inesperada la atrapó entre sus brazos y acurrucó su cabeza ahí sobre su pecho.

— ¿De dónde te has sacado ese lenguaje tan vulgar, mi cielo?

—Quien sabe… estaba tan triste y te extrañaba tanto, me he perdido por ahí en tabernas de mala muerte, y en rincones del bajo mundo.

— ¿Y eso?

Todos en Hyrule saben que soy el loquito que anda por ahí queriéndose robar a su Reina, el consejo expandió rumores horribles y literalmente me han dejado sin sitio, ¿En qué lugar crees tú que fui a encontrar trabajo?, amenazaron al pueblo para que nadie me de ayuda.

—Awww pobrecito—clamó con tono tierno mientras lo abrazaba con vehemencia.

—Iba a volver a Ordon, pero… no quiero estar distante de ti Zelda, y está tan , tan, lejos.

—Tranquilo Link, sólo han pasado unas cuantas semanas.

— ¡Tres Semanas!, me estoy volviendo loco.

Nuevamente la escuchó reír de forma tierna.

—Auru me está ayudando, en cuanto destituya algunas cabezas terminaremos con esta tontería, podrás volver al castillo y nos casaremos para poder ser muy felices— le habló mientras su rostro se hundía en su cuello, mientras su esencia le embriagaba por completo el alma y mientras sus cuerpos se llaman con ansiedad desmedida— tranquilo Link sólo es cuestión de un papeleo tonto, te aseguro que a lo mucho en unos cuantos días estas de vuelta.

—Días, — suspiró dejando que se le escapara por completo el aire— quiero estar contigo ahora.

—Si… por cierto— Clamó poniendo los ojos como platos— ¿Cómo fue que entraste?

—Ah… si, eso. — respondió con la cara completamente roja.

— ¿Link?

—No vayas a enojarte pero le he hecho un agujero al muro de tu castillo.

— ¿¡Qué!?

—Perdóname, es que no podía soportarlo, llevábamos días sin vernos y ahora que la tasca de Telma está plagada de guardias no tenía otra salida.

—Ay ¡Link!

Él le tendió las manos y Zelda logró ver en ellas múltiples cortes.

—Te amo tanto, no me regañes, que no ves que por ti me he convertido en bestia, he cavado hasta los cimientos para remover literalmente piedra por piedra y además he tenido cuidado para que no fuera demasiado obvio.

—Pero mi amor, no ves que se nos puede colar algún enemigo.

—Yo estaré siempre aquí para cuidarte, mira te traje flores— clamó de forma boba tratando de encontrar su sonrisa.

No tuvo que buscar demasiado porque ella de verdad que le sonrió de manera intensa, se quedaron ahí pegados por largos instantes hasta que Zelda escuchó unos pasos cercanos y sin pensarlo dos veces arrastró a Link hasta una de las torres cercanas que se erigían en su bosquecito, musitó un hechizo que dejó al descubierto una puerta secreta y después desde su escondite ambos vieron como la guardia real les pasaba de largo.

—Estoy tan harta— clamó en voz dolida— ¿por qué tengo que esconderme de mis propios guardias?

—Es por mi culpa— dijo una voz triste a sus espaldas.

—No Link, no debí dejar que el consejo se hiciera de tanto poder en éste reino.

—Pero…

—Shhhh

—Estoy haciendo que te comportes como como una chica mala.

—Si— susurró entre risitas— ¿Qué me dice usted Señor Héroe?, pasaste de ser un salvador, a un simple caballero, y ahora, un ladronzuelo, creo que tú de verdad has descendido en la escala de las cosas populares.

— ¡Ladronzuelo!— Gruñó atrapándola contra la pared— ¿Qué cosa es la que me he robado?

—Mi corazón y mi alma. Mis besos y mis caricias, y todo lo que anhelan los príncipes de los reinos vecinos… estas en la mira Link, ¿No tienes miedo?

—No, claro que no, ¿Qué son ellos si los comparas con las creaturas de las sombras?

Zelda se echó a reír tiernamente, lo abrazó con tanto amor y tanto cariño llenándolo de besos y caricias tiernas. Y mientras hacía eso palpó una de las superficies de la estructura y una puertita secreta se abrió al instante.

— ¡Cielos!, algún día sí que me vas a pegar un verdadero susto, ¿de dónde salen todos estos escondites?— rugió Link ante el sobresalto.

—Es un berrinche mi amor, de verdad piensas que es tan fácil escabullirse del consejo.

Link sólo rodó lo ojos y después la siguió hasta la pequeña puerta, descendieron por una escalera de caracol, hasta llegar a las catacumbas y a los pasillos que dirigían a la biblioteca.

Una vez ahí y en un ambiente más íntimo, fueron libres para amarse, libres para entregarse y alocarse con sus sentimientos, sin presiones externas ni tontos prejuicios sobre el linaje.

Ese definitivamente era su lugar feliz…

Rodeados de cientos y cientos de Libros, la biblioteca les ofreció lo que siempre necesitaban, un lugar cálido y placentero en el que la reina había instalado algo más que simples colecciones.

Zelda se rio un poco cuando Link la cargó de manera inesperada y fue a recostarla en una pequeña cama que tenían al fondo, le encantaba sentirse de esa manera, segura y protegida en los brazos de su fiel caballero, entre esas dulces caricias que poco a poco se volvían atrevidas hasta llegar a un punto en el que eran casi salvajes y aventureras. Descendían sobre su cuerpo de forma tierna y al mismo tiempo implacable.

—Ay Link basta— gruñó tratando de quitárselo de encima.

— ¡Cómo que basta!— también gruñó de forma graciosa.

—Estate quieto, ¿Qué no vez que me desordenas toda?

—Si— le ronroneó cerca del oído— está bien… ¿Me ayudas?

—Con gusto, ya no quiero perder más prendas, quien sabe en donde quedaron las otras hombreras y el primer ministro no ha dejado de molestarme con eso, "se supone que son un emblema de la familia ¡Cómo pudo perderlas!"— rugió imitando la voz áspera y boba de aquel hombre.

Link simplemente se echó a reír de buena manera.

—Ok, ya, ya entendí, seré más cuidadoso. Déjame hacerte mía.

Y sin siquiera pensarlo ella le dio el "si" con un beso y Link estando consiente de eso, comenzó a quitarle las prendas de manera un poco menos desesperada, hicieron el amor de una forma cálida y placentera, acompañados de la tenue luminiscencia del cristal mágico que parecía cambiar su estado junto con las emociones de su dueña, por momentos parecía haberse vuelto un poco naranja y destilaba suaves brillos que acompañaban el ambiente. Las sombras de la Reina y del primer caballero se fundieron en una sola entre pequeños gemidos y risitas de felicidad plena.

Después de mucho tiempo Link despertó entre sus brazos y simplemente se acurrucó encima de su pecho.

—¿Qué es ese sonido?— gruñó en tono molesto, la sensibilidad de sus oídos sobrepasaba a la de cualquier otro hylian, y aun estando ahí abajo a metros del subsuelo podía escuchar cientos y cientos de pasos, como si los guardias corrieran de un lado para otro.— Allá arriba parece una estampida.

Zelda simplemente bostezó y le dio un besito en la frente.

—Dos cosas, la primera, me están buscando, seguro que ya es otra vez de día. La segunda y espero me equivoque, nuevos informes de esa cosa…

— ¿Qué cosa?

—Ya sabes la cosa…

— ¿Cuál cosa?— volvió a gruñir sabiendo que Zelda se aprovechaba de su inocencia.

Y así era porque se echó a reír ante su semblante despistado, simplemente volvió a abrazarlo y a llenarlo de caricias.

—Ya Link…

—Es algo que no me quieres decir…

—Luego…— musitó tratando de cambiar el tema. Lo escuchó gruñir de forma bajita y divertida imitando su propio lado de Bestia.— basta con el lobo— refunfuñó Zelda mientras le desordenaba los cabellos.

—Zelda dime….

—Bien, pero antes...— se irguió un poco para poder encontrar su vestido, aunque de todas formas quien sabe en donde había quedado y Link se burló un poco de ella. Cuando finalmente lo encontró sacó de su bolsillo una cajita de terciopelo.

Pero su joven caballero tenía muy poco interés en esa cosa y cuando Zelda volvió a su lado simplemente la atrapó entre sus brazos para llenarla de agradables caricias, no se dio cuenta de lo que ella hacia hasta que escuchó un pequeño chasquido y sintió un leve tirón en la oreja.

— ¿Qué haces?— preguntó con los ojos un poco perdidos.

Zelda se las había ingeniado para quitarle su arete de plata sin que él protestara demasiado, sabía que era terco y que no aceptaría dárselo así como si nada. Link en cambio la miró con ojos tristes.

—No pongas esa cara amor, te he mandado a hacer un regalo. — Le habló mientras abría la cajita, adentro había un par de aretes de oro adornados con el sagrado símbolo de la trifuerza. – Ves – le dijo mientras se lo colocaba en el mismo sitio, ella se colocó el otro y de esa forma se acentuó el hecho de que eran compañeros.

—Vaya, estas por meterte en otro lio…

—Ya no quiero esconderme.

—Bien, ¿Me das mi otro arete?

—Claro que no.

— ¡Zelda!— farfulló poniendo su cara de cachorro.

— ¿Qué te pasa Link?, no te quedes amarrado a ésta cosa vieja, ¿Por qué le tienes tanto cariño?

—Porque mi princesa me lo dio, el día en el que me convertí en su caballero, ese arete de plata podrá ser humilde si lo comparas con el que ahora me has dado, pero es el símbolo de mi fidelidad eterna, es lo que le dice al mundo "Soy el caballero de Zelda y nunca dejare de serlo". Anda déjame conservarlo— le suplicó mientras le tendía la mano.

— ¿Y en donde vas a ponértelo?— preguntó de forma graciosa.

—Me volveré a perforar la oreja.

—Hmmm— refunfuñó ella tratando de darle la negativa.

—Por favor.

—Puedes quedártelo si lo encuentras— le dijo con una sonrisa burlona.

— ¿Qué te pasa?, vas a esconderlo en algún lugar extraño de Hyrule.

—Tal vez… búscalo en donde los tres dragones cantan.

— ¡Rayos!— clamó de manera atolondrada.

—Hasta entonces, Link, piensa en mis palabras y camina siempre hacia adelante, nuestro futuro es juntos, tal vez te sea difícil dejar de ser un caballero, pero sé que no te quedaras ahí estancado, caminaras a mi lado siempre…

—Siempre.

.

.

— ¿Qué es para siempre?— preguntó Zelda cuando lo vio abrir los ojos.

Link se despabiló de forma graciosa y se abrazó a la princesa sintiéndose un poco mareado.

— ¿Link?

—Estaba soñando…

— ¿Conmigo?— preguntó de modo gracioso.

— ¿Y con quien más princesa?— le habló mientras le daba un beso en la comisura de sus labios. — mi corazón y mi cabecita solamente son tuyos.

Zelda se rio tiernamente y lo abrazó para acurrucarse entre sus brazos, los arbustos a sus espaldas se movieron entre susurros inquietos y después Impa y Aragón aparecieron casi de la nada, las hadas volaron de forma dispersa e Impa puso los ojos como platos al ver semejante espectáculo, cada día que pasaba la lógica de su mundo se retorcía como nunca se lo hubiera imaginado.

—Alteza— habló Aragón mientras se acercaba a los tortolitos. Tenía una cara triste como si sintiera que la había decepcionado.

—No me gusta lo que veo— susurró Zelda al ver a sus acompañantes.

—Perdónanos princesa… pero no queda ni un solo rastro.

—Es peor de lo creíamos, en Ordon ni siquiera se recuerdan las antiguas historias, todo el mundo se sorprendió cuando preguntamos por Link el Héroe.

—Nadie sabe nada y el árbol en donde se suponía que estaba su casa ya ha desaparecido.

—Era de esperarse— clamó Link mientras hundía el rostro en el pecho de Zelda.

—Aunque…— Impa soltó una pequeña risita al recordar algo que les habían contado los campesinos— Se supone que hay un chico que… bueno creo que eso no importa, olvídelo. — terminó diciendo mientras su mirada se perdía en las hadas que le revoloteaban.

Zelda suspiró de modo triste.

—Vayamos al mausoleo, saquemos el collar de la mariposa.

—No— musitó Link de manera adormilada mientras le pasaba las manos por la cintura y aspiraba su aroma atolondradamente.

— ¿Pero estas bien, Link?— preguntó Zelda al verlo ahí todo abochornado, parecía calmado a pesar de lo que sus amigos le estaban diciendo, tan calmado que por un momento Zelda se alarmó creyendo que se le había vuelto a drenar la energía. Aunque en realidad solamente sentía los rezagos de su ultimo sueño, esos recuerdos tan hermosos y esa sensación cálida de poder estar con Zelda en cuerpo y alma.

Finalmente cuando se irguió, sus cejas se juntaron de forma curiosa no podía dejar de pensar en ese recuerdo, se llevó una mano a la oreja y ahí encontró su arete de plata aunque…

—Todo lo que soy y todo lo aparento es producto de mis propios recuerdos, ésta ropa, éste rostro, incluso mi voz misma…

— ¿Qué?— farfulló Zelda.

—Eso significa que mi arete de plata no es éste que tengo puesto… vaya, seré tonto, ¡No me había dado cuenta!

Impa, Aragón y Zelda parpadearon confundidos, lo escuchaban pero entendían nada de lo que les decía.

— ¡Aragón!

—Sí, Señor Héroe— apuntó de forma atenta y leal colocándose a su lado.

— ¿Cuál es el lugar en el que los tres dragones cantan?

—En el cumulo de nubes, en los dominios de la antiquísima Altarea— respondió de manera suelta sin siquiera darse cuenta. Y después abrió los ojos como platos, ¡de donde rayos había sacado eso!

Link también puso los ojos como platos, algo muy dentro de sus recuerdos se removió de forma insistente.

—No… no puede ser posible, es decir, estas en lo correcto, pero desde hace siglos que nadie sabía nada de Altarea… ni siquiera, Zelda.

— ¿Yo?— preguntó la princesa de manera graciosa.

Durante unos instantes se hizo el silencio, Aragón parecía perturbado de haber soltado algo que aparentemente no estaba en sus recuerdos y Zelda parecía confundida ante la mención de dragones.

— ¿Cuáles dragones?— murmuró de modo quedito.

Entonces ocurrió algo inimaginable, la empuñadura de la espada comenzó a brillar de forma titilante y la princesa irguió una pequeña sonrisa. Link se sobresaltó un poco y después sintió como su corazón latía de alegría al escuchar la voz de su fiel compañera desde tiempos de antaño.

—Lanayru, Farore y Eldin….Hmmm, los nombres son un poco diferentes pero… ¿Es una referencia las diosas?— preguntó ella.

La espada volvió brillar como si quisiera retransmitir el mensaje.

— ¿Narisha?— masculló Zelda con la mirada casi en trance. —¡Ahhhhh!

— ¿Qué pasa?— preguntó Impa al ver la reacción retardada de la princesa, y además no entendía a quien le estaba hablando porque la voz de la espada solamente llegaba a los oídos de los antiguos héroes.

—Hay un ejemplar muy viejo con ese nombre en la Biblioteca.

— ¿Estas segura, Zelda?— Clamó Link con los ojos ilusionados.

—Sí, parecía frágil y quebradizo por eso no me anime a sacarlo, pero en el lomo se leía en hyliano antiguo "Crónicas de Narisha" no tengo idea de que se trata aunque es un nombre y una escritura inconfundible.

—Debe ser una broma del destino— clamó Link con los ojos bien abiertos.

— ¿Qué pasa con eso?— volvió a preguntar Impa

—A que nunca adivinarían quien es el autor de ese libro, — refunfuñó Link con cierta burla mientras erguía una sonrisa— es increíble, aunque no es del todo raro, después de todo Zelda se hizo con ejemplares únicos, extraños, algunos venidos de tierras distantes y de épocas inmemoriales, tan antiguos que en algún punto del tiempo dudamos si eran verdaderos, aunque jamás llegue a creer que hubieras conseguido un material de la primera era. — le dijo a su princesa.

— ¿Y quién lo escribió?— clamó Zelda entusiasmada, sabiendo que se había hecho con un verdadero tesoro en su vida pasada.

—Pues yo.

— ¿Qué?— clamaron ambas chicas al unísono.

— ¡¿Antes se llamaba Narisha?!— exclamó Impa.

—No.— corrigió Link mientras se reía de manera tierna.— Era un espíritu del cielo, una deidad protectora sumamente sabia, un día simplemente dijo "¿Quieres que te cuente historias?", eran tan bastas y fascinantes que no puede evitar trascribirlas y ahora que lo pienso… si había escrito algo sobre el cantar del héroe.

—Cielos— susurró Zelda. — ¿Pero a qué viene esto, Link?

—Si mis sospechas son ciertas estamos por solucionar nuestro problema.

— ¡De verdad!— lo abrazó con gusto desmedido mientras él asentía con la cabeza.

—Bien— habló Impa, entonces se viró de forma extraña. Aragón se había alejado hacia la entrada y además se había quedado en trance, y permaneció de ese modo hasta que ella fue a moverlo por los hombros, despertó de manera desconcertada sintiendo cierto escalofrió y después sin saber por qué la abrazó con cierta vehemencia, Impa se quedó toda colorada sin saber a qué se debía ese gesto tan repentino.

— ¿Qué te pasa?

—Me entro un poco de miedo…

— ¿Por qué?

—No tengo idea, es lo más raro que me ha pasado en la vida— murmuró de forma bajita como si no quisiera que otra persona lo escuchara.

A lo lejos cerca de la espada Link y Zelda conversaban alegremente.

— ¿Desde cuándo escuchas su voz así de clara?

—Desde hace rato, cuando te quedaste dormido comenzó a brillar de esa manera, creo que está preocupada, aunque yo le he dicho que te cuidaría como a mi vida.

—Gracias…

—De nada, mi noble caballero.

— ¿Qué cosas te ha contado?

—Eso es un secreto— respondió con una risita.

Link rodó los ojos y después la tomó de la mano para poder volver a casa. Se despidió de su fiel compañera agradeciéndole que le hubiera refrescado la memoria, desde el incidente con Farore algunas cosas también habían estado bloqueadas, menos mal que no era la única alma antigua dentro del grupo o de lo contrario sí que hubiera tenido problemas…

[***]

Llegaron con la noche casi pisándoles los talones, adentro en el castillo no había ni un solo murmullo, parecía desértico y desolado. Zelda repensaba en la posibilidad de ir a la biblioteca pero sabía que en cualquier momento llegarían los reyes y el ministro y sería demasiado extraño que no la encontraran.

Y tal como si los hubiera invocado desde sus pensamientos, los susodichos entraron por la puerta principal después de unos minutos. El rey saludo a su hija de forma alegre y la reina simplemente fue a colgársele del brazo, le dedicó una curiosa mirada y después desvió un poco la vista.

El rey se alejó conversando con Makivelo quien de reojo no dejaba de echarles miradas a sus Altezas.

—Maldito Makivelo— gruñó Link. — ¿Qué dominios es lo que pretende?— no entendía porque hostigaba de ese modo a la mamá de Zelda aunque de seguro no era nada bueno.

[***]

Con un nuevo sol sobre sus cabezas los Hylians, la Sheikah y el espíritu del héroe emprendieron el viaje más importante de sus vidas, atravesaron la antigua ciudadela custodiada por los enormes pilares de antaño, hasta llegar a los territorios de los mercados populares y también a la antigua tasca de Telma que ahora se erigía como El bar Ojos de Gato.

Con el alma en vilo, por primera vez Zelda sintió que el pulso se le aceleraba de forma estrepitosa, con cada paso que daba y a cada metro que recorría, incluso cuando saludo a Hikaru sintió que su ser entero se estremecía de los nervios. Sabía que estaba cerca y cuando su camino fue iluminado por el fuego en las catacumbas, la princesa supo con toda certeza que Link había recuperado un recuerdo sumamente valioso, algo que cambiaría sus vidas para siempre y que les daría la oportunidad de permanecer para siempre unidos.

Los pasos del lobo se amortiguaron justo en el umbral de la Biblioteca, su mente viajó a través de los siglos recordando y sintiendo las añoranzas de su vida pasada.

—Bien— Farfulló Aragón con una notable sonrisa.

—Bien— gruñó Link con una mueca triunfante, con una determinación que sólo fue vista una vez que tomó su forma humana.

Con todo y nervios, Zelda tomó la mano de Impa y juntas avanzaron por los pasillos custodiados por las grandes estanterías.

—Es aquí— Clamó la princesa cuando llegaron a una de las secciones más profundas. El aire parecía un poco denso y el eco era más audible que de costumbre, el silencio se propagó por la estancia y se interrumpió cuando Link retomó la palabra.

—El Lugar en el que los tres dragones cantan, seguro que ese libro tiene una pista, Zelda debió dejar por ahí alguna nota.

La princesa asintió mientras le hacía señas a su Sabio para que le pasara una vieja escalera corrediza tallada en fina madera, subió con mucho cuidado y le pidió a Aragón que la corriera de forma pausada mientras ella inspeccionaba el lomo de los libros.

—¡Z-Zel-Zelda!— balbuceó Link moviéndose nerviosamente de un lado para otro.— Ay amor pero como fue que antes te habías subido hasta allá arriba.

Ella simplemente se rio de manera nerviosa, la escalera era tan vieja que de cierto modo entendía porque su eterno guardián estaba tan preocupado, lo vio remolinear un poco como si quisiera ir a bajarla, aunque en el fondo se mantuvo fuerte y al final se quedó quieto en su sitio.

—He pasado estos dos años explorando a fondo la biblioteca, buscando pistas y mejorando mis hechizos, la verdad Link ya sabía que te podrías de esa manera, por eso es que no te había dicho nada. Desde que encontraste mi Diario siempre me pregunte si no habría quedado por aquí alguna otra cosa.

—He criado una chica problemática— espetó Impa cuyos ojos no dejaban de clavarse en Aragón, si la escalera se rompía seguro que vertía su cólera sobre el pobre adivino.

—Es fuerte— musitó él con ciertos nervios al sentir aquella mirada penetrante— podrá ser de madera y podrá tener trecientos años, pero se siente firme a pesar de sus rechinidos, los antiguos artesanos sí que sabían hacer bien las cosas.

—Si— dijo Zelda con una sonrisa.

Recorrieron varias estanterías, había pasado mucho tiempo y aunque la memoria de
Zelda les ayudo a identificar la zona exacta, era difícil saber con exactitud en cual de esos enormes y altos libreros había quedado el libro que buscaban, la princesa sólo recordaba que lo había visto en una de las partes altas y que también tenía un lomo rojo y llamativo, tan llamativo que cuando volvió a presentarse delante sus ojos no pudo evitar sonreír incluso antes de tomarlo entre sus brazos.

—Ahí, ¡Ahí está, Aragón!

El joven adivino le dio un último empujoncito a la escalera y cuando por fin se detuvo, el corazón de Zelda nuevamente bulló de alegría.

—Y ahora me toca ir para arriba— clamó con una mueca burlona.

— ¿A qué te refieres Aragón?— preguntó Link con su carita inocente mientras lo veía sacar unas cuantas cosas desde el fondo de su capucha. Zelda también lo observó de forma animada y después bajó sin siquiera haber tocado el libro.

—La princesa dijo que la primera vez le dio miedo tomarlo por temor a que se desbaratara.

—Aun lo temo— acusó ella con la mirada puesta en la estantería.

—Es por eso que no lo has sacado como loca, ¿cierto?, ya se me hacía extraño— dijo Impa con una risita.

— ¡Cielos! ella también se está volviendo rebelde— espetó Aragón – mientras las chicas se reían— mira que decirle ese tipo de cosas a la princesa, aunque si hubiera sido yo seguro que me mata.

—Así es.— Acentuó Impa mientras lo veía subir por los peldaños— sólo yo puedo hablarle de esa manera— dijo con un tono risueño— porque la princesa me lo dijo… que nosotras éramos familia— Zelda la abrazó de forma graciosa y Link simplemente irguió una sonrisa.

Allá arriba, el joven Sabio se preparó con unos guantes especiales y sacó el libro de su sitio con mucho cuidado, estaba casi sudando en frío y los dedos le temblaron al sentir la pasta quebradiza.

—Por las Diosas, ¿¡Es un ejemplar original!?— Balbuceó de forma nerviosa— ¿Cómo es que algo de la primera era ha llegado hasta nuestros días?

—Tiene la bendición de la Diosa— bromeó Link desde la parte de abajo.

— ¿De Farore?

—No— contestó con la mirada perdida, después se viró de improviso y la atrapó entre caricias amorosas— de la otra Diosa— murmuró mientras sus ojos se perdían en los de ella.

— ¿Cuál de todas, Link?— preguntó Zelda mientras se hipnotizaba en la profundidad de sus ojos azules.

—Zelda…— susurró él con un amor desmedido mientras se acurrucaba contra su pecho.

Ella emitió una leve risita, "No soy una diosa" murmuró de forma queda, pero Link seguía afirmando de manera embobada.

Cuando Aragón logró bajar sintió que recuperaba un poco de su aliento, juntos caminaron hasta un escritorio cercano en el que Zelda colocó una pequeña frazada sólo por si las dudas, tenía cierta sospecha de que ese libro se desmoronaría en cualquier instante y no quería perder ninguna pista que pudiera serles útil.

En el momento en el que Aragón abrió el libro nuevamente sintió que algo se removía en lo más profundo de sus recuerdos, las hojas se despegaron con cierta delicadeza y una curiosa Luz se fugó desde sus entrañas, y así como si nada, las paginas se volvieron poco menos que retazos y polvo, el pobre Sabio se quedó helado y literalmente inmóvil ante semejante hecho.

— ¡Mira lo que hiciste!—gruñó Impa mientras lo zarandeaba de forma nerviosa.

— ¡Te juro que lo trate con el cuidado de mi alma!— estaba verdaderamente lívido y con los ojos en blanco.

— ¡Ésta completamente hecho polvo!, ¡A eso le llamas cuidado!

— ¡Te juro que no fue mi culpa!— farfulló en voz suplicante.

—Si— susurró Link de forma calmada mientras perdía a la curiosa luz de vista.

Zelda también parecía apacible, como si en el fondo hubiera esperado que aquello ocurriera.

—Se le ha escapado la magia, cielo.

—Si… se ha ido volando, no creí que cedería.

—Según mis notas, la anterior Zelda encontró una forma de preservar este tipo de cosas mediante ciertos rituales específicos, ya me temía que este libro fuera como esas cosas, y ese ritual de restauración sólo tiene una vida útil de cincuenta años, debe renovarse después de que pasa ese tiempo, aunque no creí que se fuera a volver polvo.

— ¿Puedes repararlo?

—Eso creo— le dijo mientras sus miradas se cruzaban.

Y de pronto un pequeño destello atrajó la atención de Link de forma inmediata, la luz del cristal mágico parecía rebotar en algo oculto entre montoncito de polvo, era un destello sumamente sutil pero inescapable a la vista del joven héroe.

—Ahhh, ahí está— dijo Link con alegría. Tomó la pieza con mucho cuidado y se la mostró a su princesa.

La mirada de Zelda se perdió entre el contorno de aquel objeto, entre los numerosos filigranas con los que había sido adornado y el brillo plateado que destilaba de manera constante, como si por sí mismo llamara a su verdadero y único dueño.

—Creí que buscamos pistas— masculló Zelda completamente atónita. — Porque dijiste que te había hecho un…juego. Que te había escondido algo en donde los tres dragones cantan.

—También pensé que me meterías en enredos, no creí que hubieras puesto mi arete directo en el libro.

La sonrisa de la princesa se ensanchó aún más en su cara mientras tomaba el objeto que Link le ofrecía y lo atesoraba ahí junto a su pecho.

—Por fin… por fin lo encontramos, el objeto que puede servirnos para que te quedes a mi lado.

—Y además, es un legado de la realeza, si lo usas nadie sospechara nada, estaba claro que desde el inicio tendíamos que usar algún accesorio, debe ser la bendición de Hylia— susurró con mucha alegría.

Al ver como habían dado vuelta los hechos de forma inesperada Impa quien todavía zarandeaba al pobre Aragón se quedó un poco en trance , y el desafortunado adivino perdió un poco la conciencia, aunque muy en el fondo, quizás dentro de su aun activo subconsciente sabía que las cosas habían salido tal y como lo esperaban.

[***]

Ese mismo día Zelda lo preparó todo, al igual que en las ocasiones anteriores, se sentía sumamente nerviosa, era por mucho el hechizo más complicado con el que había lidiado y la simple preparación de éste era sumamente agotadora.

Era una tarea que ella, y solamente ella, debía de hacer de inicio a fin, el dibujo del círculo mágico demoró cerca de dos horas, tenía que ser lo suficientemente grande para que la energía fluyera y también lo suficientemente fuerte para que el espíritu de Link no se dispersara hacia ningún otro lado.

Antes cuando lo había intentado en el pasado, la magia había rebotado de forma catastrófica, también había habido una ocasión en la que Link salió completamente aturdido y la princesa había terminado con miedo a lastimarlo de nuevo, se había quedado ahí su lado llorando durante días prometiéndole que nunca más volvería a intentarlo por temor a que algo malo le pasara, pero Link le había negado con determinación insistente convenciéndola de que había sido un pequeño percance y de que nada malo le había ocurrido, incluso cuando después de algunos días le había costado mantenerse activo.

Tras varios intentos fallidos, su último intento había resultado casi exitoso, aunque el espíritu de Link solamente se había quedado unos cuantos segundos unido al anterior objeto. Y la princesa no entendía que era lo que faltaba o que era lo que fallaba, había mejorado aunque en esa ocasión se había cargado con todo el trabajo ella sola, aunque en parte, tiempo después descubrió que ahí estaba la respuesta.

Zelda había entendido en ese entonces que solo ella podía ser la conjuradora y la responsable detrás de tan complicado proceso, siendo la única médium y sin interferencia de ningún otro ser vivo, era como el espíritu de Link podía encontrar mejor su camino. Desde entonces no le había vuelto a pedir ayuda a Aragón a pesar de que el joven sabio tenía más experiencia en el arte del dibujo.

—Listo— suspiró con nervios al escribir el último glifo que conformaba la parte interna del círculo.

Había sido un trabajo desde el exterior hacia el interior el que la había dejado justo en el centro, Impa y Aragón observaban desde afuera mientras que Link había permanecido a cada instante a su lado.

—No tengas miedo— le dijo de forma tierna al notar que sus manos temblaban. — se valiente como lo has sido desde el inicio.

—No sé por qué Link, pero no puedo evitarlo, ¿Y si no funciona?, ¿Y si vuelvo a fracasar como desde el inicio?, no quiero que nada malo te pase y si desapareces yo…

Link la interrumpió mientras tomaba su rostro entre sus manos y juntaba su frente con la de ella.

—Estaré a tu lado… siempre, incluso si no funciona, volveremos a intentarlo.

—Se nos acabara el tiempo…— musitó de manera temerosa.

—No lo hará… puedes con esto Zelda, confío en ti.

— ¿De veras?

—Sabes que sí, mi alma y mi corazón te pertenecen, ten por seguro que desean quedarse a tu lado. No desapareceré ni aunque las mismísimas Diosas me obliguen, recuerda que tú me lo dijiste "Somos como una sola alma, no hay forma de que podamos existir separados" funcionara, también lo prometo.

Zelda sonrió de manera tierna y después lo abrazó con vehemencia, Link le devolvió el gesto y con un pequeño beso casto cerraron su compromiso, la promesa de estar siempre juntos sin importar las dificultades.

Ambos se colocaron en el centro y sostuvieron con sus manos el arete de plata, Zelda recitó el hechizo que había pulido de forma incasable a lo largo de esos dos años, el Kai debía siempre de ser único para cada persona y aunque el camino había sido trazado por alguien entes que ella estaba claro que no podía ser igual, porque cada espíritu requería de sus propias atenciones y porque el propósito era diferente.

Y de esa manera las palabras fluyeron de forma armoniosa desde el fondo su corazón con toda la fuerza de su alma…

"Que mi aliento te de vida, Que mi amor no permita que te apartes, que tus pasos caminen junto a los míos… para siempre"

La petición resonó en hyliano antiguo mientras una Luz cegadora invadía toda la estancia, se obligaron a sí mismos a cerrar los ojos por unos momentos, y durante ese pequeño lapso Zelda sintió una calidez abrumadora.

El corazón le latía de forma desenfrenada, tan fuerte y tan intenso que sus sentidos se apagaron por unos instantes, abrió los ojos muy lentamente con la esperanza de que hubiera funcionado, pero ahí justo ente su vista solamente estaban sus fieles guardianes, con semblante atónito y la mirada más que perdida.

—¿Link..?— masculló sintiendo como se le pegaba la adrenalina, mientras su ojos lo buscaban de forma desesperada y su corazón lo llamaba de manera suplicante.—¡Link!

El espíritu del héroe había desaparecido…

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Continuara...

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Comentarios del capitulo:

bueno Zelda se puso Celosa de Epona jajajaja, esa idea salió de otro de mis fics, uno que aun no he publicado xD. Y bueno por aquí tenemos un montón de cosas extrañas e interesantes, aun queda la incógnita de ¿Qué es esa cosa terrible que hay en Ordon y por qué Link le tiene tanto miedo? y además ese extraño personaje encapuchado, ¿Qué relación podría tener él con nuestros antiguos héroes?

Y aun más importante, ¿ha fallado Zelda con su hechizo?, ¿a donde se fue Link?

En el capitulo que se vine nuestros héroes de antaño van a tener un encuentro inesperado...

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xD Ahora todo mundo sabe de donde había salido el agujero en el muro jajajaja