Bien... no se si continuar esto tenga sentido. Pero dije que no lo abandonaría, y no lo haré. Me había enojado porque perdí la libreta donde tenía todos los capítulos escritos, asi que tengo que reescribir todo. Pero espero continúen siguiendo mi humilde fic u.u
00000000000000000000000000
Capitulo 4: Líos no buscados.
Dos meses después.
Un desaliñado cuarto hacía presencia. Y no solo un cuarto, sino toda una pequeña casa que era un completo desastre. Más que nada, porque quien la habitaba era todo menos una persona cuidadosa. Por el contrario, amaba todo ese desorden, igual ni su casa era; solo era un hogar más que salió víctima de aquel asesino pelinegro.
Era ya la una de la tarde, y Jeffrey Woods apenas se venía levantando. ¿Y que? No necesitaba un despertador ni nada de eso, solo era un loco asesino después de todo.
Estiró sus brazos soltando un largo bostezo, con flojera de alzarse, pero lo hizo.
El baño seguramente le quitaría toda la pesadez y sueño de sus quemados ojos. Se quitó las pocas prendas con las que dormía, para meterse dentro de la regadera, sintiendo asi, las fuertes gotas de agua sobre su cuerpo.
—Aggh, puta madre...
Y no era solo por renegar, sino que el agua helaba y esa tarde hacía bastante frío. Pero ni modo, lo necesitaba.
Esos pensamientos de aquella noche con Slender, no salían de su mente. No volvió a visitarlo después de eso, ni llamarle, ni nada. Si bien era cierto que de momento lo disfrutó, e incluso se llegó a sentir como una colegiala enamorada; ahora se sentía una vergüenza y un asco. ¿Como es que el gran asesino, Jeff the killer, se dejó dominar por el larguirucho sin cara de Slenderman? Se abofeteó de solo recordarlo, pero inevitablemente, también se sonrojó ante ese recuerdo. Se odiaba a si mismo, por sentir ese asqueroso sentimiento por ese idiota. Eso llamado... amor. Puag. Ganas de vomitar le daban de pensar en ello, e incluso lloraba de rabia, por no poder controlar sus emociones.
Su puño dio contra la pared, dejando que el agua enjuagara sus rabiosas lágrimas. Quería salir y vestirse ya, para, según él, dejar de pensar en el mayor. Aunque sabía de sobra que eso no sería posible.
Terminó su ducha, y se colocó su típica vestimenta. Pero, al abrir la perilla de la puerta, sintió un fuerte dolor de cabeza, haciéndolo caer al suelo inevitablemente.
—¡Estúpido Slender! Ya sal de mi mente imbécil, perjudicas mi vida... — Se levantó, y emprendió denuevo su andar. No dejaría que ningún monstruo, literalmente descarado, siguiera irrumpiendo en su cerebro.
...
Todo parecía tranquilo, ya ni Toby insistía con lo de sus ridículos presentimientos, sobre que había algo extraño en el bosque. Que torpe y supersticioso podía resultar ese castaño, era lo que pensaba Hoodie. Si, porque lo que pensaba Masky sobre el tercer proxy no se podría describir en palabras aptas para todo publico.
Y es que no era molesto, ¡lo que le seguía! Siempre buscaba alguna manera de interrumpir sus íntimos momentos con el encapuchado. Y decimos "íntimos", porsupuesto que porque Hoodie era su mejor amigo. No quería, ni podía pensar nadamas que eso.
Lo único que si estaba molestando a Masky en estos días, era su jefe. Y hablamos claro, de Slenderman.
"¿Masky porque no ha venido Jeff?" "Masky, ¿has visto a Jeff?" "Masky, busca a Jeff. " Y eso, era casi de todos los días.
—¡Si quiere tanto a ese degenerado pelinegro, porque no lo busca él!
Se desahogaba solo, rondando por el bosque, en busca claro, del ya mencionado. Odiaba que ese tarado supiera esconderse tan bien, solo le complicaba más su trabajo. Para el castaño era una completa perdida de tiempo, no lo encontraría jamás, y si lo hacía, obvio no se iría con el solo porque se lo pidiese. ¿En que carajos pensaba su jefe cuando le pidió que lo buscara? Y mas interesante aún, ¿que cosa tan importante habría pasado como para que el jefe no quisiera salir a buscarlo el mismo?
Ni idea de nada, lo único que le pasaba por la cabeza era un lío amoroso. Porque para nadie era un misterio que el alto ser tenía una obsesión muy seria con ese joven asesino. Pero... ¿qué? ¿en verdad habría pasado algo tan fuerte entre esos dos?...
—¡Buuu~!
El enmascarado cayó hacía atrás por el repentino susto. Una bella joven de largos cabellos lisos, del color de la plata, colgaba de cabeza, de la rama de un árbol. No pudo evitar reír, al ver como el otro cayó torpemente al suelo. Sus rojizos labios lucían con esa risa, haciendo juego con sus orbes carmesí.
Pero a nuestro conocido castaño esto no le hacía ninguna gracia, menos cuando tenia una misión de su jefe que cumplir.
—¿Pero de que te ríes, estupida? Si caí es porque pensaba en cosas importantes que obviamente no te incumben. Aléjate de mi camino. — Dijo al momento de levantarse, frunciendo el entrecejo debajo de esa máscara.
La contraria dejó salir un pequeño "Ohh. " de su boca. El chico tenía actitud, y no era muy educado por lo visto. No, no lo dejaría ir tan fácilmente, y por eso se deslizó de manera increíblemente rápida hacía abajo, bloqueandole el paso.
—Detente ahí, pequeño gatito asustado. No te morderé... bueno, no aún. — Rió divertida con su comentario, pero Masky por el contrario, solo rodó los ojos. —Me llamaste la atención, desde que te vi salir de aquella mansión, buscando a alguien...
—Hey... ¡¿Tu como sabes que...
—¡Ahh! Shhh shh shhh... —le colocó de modo sensual el dedo índice, sobre los negros labios de la máscara. —Nos estamos conociendo apenas, no hagas preguntas todavía. Pero... ¿y si te ayudara a encontrar a esa persona que buscas?
El ojiverde alzó una ceja, intrigoso. Por la sonrisita sexy que se cargaba esa joven, sería fácil caer en su juego. Pero era cierto, apenas la conocía, no sabía ni quien era. Es mas, nisiquiera debería estar hablando con ella para empezar. Se golpeó mentalmente por pensar en lo bonita que la chica era, y siguió su camino, sin importarle lo demás.
—Déjame en paz, solo eres una espía charlatana. Además, ni intentes con eso, no es tan importante, lo puedo encontrar otro día. — Echó sus manos a los bolsillos de su suéter, continuando su camino.
Pero la provocativa chica del vestido de cuero negro, no se daría por vencida asi nadamas. Si ya le había puesto el ojo a un chico, no se lo quitaría ni de chiste. Se cruzó de brazos viéndolo caminar, dispuesta a usar su mejor arma.
—¿Y que tal si te ayudo a... tu trauma que tienes, respecto a envejecer?
El enmascarado paró en seco. ¿Como es que esa desconocida sabía tanto de él? En verdad empezaba a darle miedo esto, pero claro, no se dejaría ver como el gatito miedoso que anteriormente le dijo que era. Porsupuesto que no. Plantó bien sus pies al suelo, aun de espaldas a ella.
—¿Porque sabes tanto de mi? ¿Quien rayos eres?...
—Oh no creo que te interese, después de todo, solo soy una espía charlatana... — La diestra del proxy se cerró en un puño tembloroso. Y esa era una buena señal, porque lo tenía justo donde quería.
...
—Papá esta muy distante últimamente... no me agrada, me gusta que juegue con nosotros...
Lo mas normal, sería que la pequeña Sally estuviera hablando con su nuevo hermano, Ben, pero no era así, ella hablaba con Mr. Teddy. Ya que el rubio se había ido a patrullar con Hoodie; Slender quería que su nuevo hijo conociera todo el Creepy Forest de punta a punta. Más que nada por los peligros que acechaban en este, aun para un creepy. Y quien mejor que su proxy de más confianza para mostrarle el bosque.
La tierna ente de rizos castaños, suspiró aburrida y se tiró en su amplia cama. Extrañaba a su hermano, pero más aún a su papá, quien se veía muy estresado en estos dias. Se aburría sola en casa. Se levantó de ahí con poco ánimo, para buscar su juego de te, jugar un poco quizá la distraería.
Acomodó pulcramente las tacitas, teteras, y el mantel sobre la pequeña mesita de juego. A pesar de todo, Sally Williams era una niña adorable y positiva. Levantó una de las tazas, elegantemente, mirando a su osito de felpa.
—¿Gusta uno o dos terrones, Mr. Teddy?
—Que divertido se ve, ¿me puedo unir?
Esa desconocida voz, hizo a la menor girar su cabeza rápidamente, topandose con un alto joven. La ventana estaba abierta, seguramente entró por ahí, eso pensó la pequeña. Pero por desgracia, la castaña no era muy precavida que digamos. Aveces, tanta inocencia podía ser mala.
—¡Claro! ¿Como te llamas? — Ella le sonrió, y el contrario le regresó esa sonrisa. Solo que lo que la niña no sabía, es que esa sonrisa era perversa. La casa estaba sola, y el recién llegado, a pesar de no tener su vista, sabía que tenía el campo libre. Decidió seguir el juego, que era la mejor opción para lo que buscaba: ganarse la confianza de la niña fantasma.
Tomó pues una de las sillitas, dispuesto a jugar con ella.
"Asi que está es la famosa mansión de Slenderman... quisiera poder verla bien, pero puedo presentir que es todo un lujo." La mente del pelinegro parecería todo un rompecabezas para algunos.
—Jack. ¿Y tu, pequeña?
—Sally. La señorita Sally Williams, jijiji. ¿Quiere un panquecillo con su té?
—Me encantaría, primor.
—Awww, ¡que caballero!
...
—No es que lo necesite, claro que no lo necesito... es solo un idiota, y yo, estoy completamente bien...
Ya deliraba el chico del suéter blanco, y no era para menos. Se salió a las calles con ese fuerte dolor de cabeza, recién bañado y con la ventisca fría. Ese malestar no tardó en convertirse en fiebre, haciéndolo sudar por montones.
Pero no le importaba, de hecho si la terquedad tuviera un nombre, seguro se llamaría Jeffrey Woods.
Aunque el, en sus locuras pensaba que, matando a alguien, todos sus malestares y depresiones desaparecerían. Y la víctima perfecta, estaba pasando delante de el, justo en estos momentos. Una anciana decrepita, es lo que pensaba el asesino.
Sacó su fiel cuchillo, empuñandolo, y esbozando su maléfica sonrisa. Llegar por detrás sería lo mejor, si consideraba su fiebre. Estando a casi nada de clavarle el arma sobre la espina dorsal... todo su mundo dio vueltas.
Y fue literal, porque sintió que todo a su alrededor giraba, mareandolo, hasta llegar al punto de caer desmayado al suelo.
No supo mas nada. Pero cabe recalcar, que un asesino como Jeff tirado en la calle, no era para nada bueno. Y menos, cuando la policía lo estaba buscando.
La señora mayor, alcanzó a sentir esa amenaza, y cuando se giró para verlo en el suelo, hizo el primer instinto que tendría cualquier persona.
—¡AHHHHH! ¡AYUDA, POLICIA!
000000000000
No se que opinen de este capitulo... pero de corazón espero que les siga gustando ya que no lo voy a abandonar.
