Kira: Jajajajaja, gracias por los reviews. Realmente si no actualizaba era por problemas y por falta de inspiración.
Enjoy this short chap.
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Capitulo 6:
Jeff POV
Me dolía absolutamente todo. Lo más probable es que ya estaba muerto. Pero si lo estaba... ¿entonces porqué el dolor físico?
Abrir mis párpados, o intentar abrirlos, fue una completa odísea. Me pesaban, y me ardían como un carajo. Pero lo logré, sobre todo porque tenía que saber donde mierdas me encontraba.
Lo primero que mis ojos vieron fue un techo de madera, nada agradable; viejo y abandonado diría yo. Dejé que mis pupilas giraran, lentamente, y observé un ventilador de techo viejo y empolvado, girando a baja velocidad. Menos mal, porque no necesitaba marearme más de lo que ya estaba.
Debajo de mí se sentía suave. Retoqué con mis dedos sobre donde estaba acostado. Acolchonado... un sofá, porque más abajo había suelo, de madera también.
¿Qué carajos?...
Abrí bien mis ojos y me senté de golpe, provocandóme un fuerte dolor en la cadera y en parte de casi todo mi puto cuerpo. A penas recordaba, y solo un poco, lo ocurrido. Estaba en el juzgado, y luego Laughing Jack jugaba golf y... aggg... Me duele a cojones la cabeza.
—Maldición...
Me quejé. Y con todo el derecho del mundo. Pues me sentía como si un camión me hubiese pasado por encima. Posteriormente llevé mi mano derecha a mi cadera intentando inútilmente calmar el dolor.
Escuché cerca unos pasos. Más jodido no podía estar. Quien sea que me haya traído aquí, yo en estas condiciones no era rival para nadie. Aun así me preparé para quien sea que atravesara esa puerta de la cocina.
End Jeff POV.
—¡Por Chanel! ¡Despertaste, Jeffrey! Por favor no te muevas tanto. Oh my god.
Rápidamente fue a atender a su protegido. Dejando a un lado la taza de té que momentos atrás se había preparado. Ese muchachito si que era un loco, ni viendo sus condiciones, e intentando alzarse. Lo reprobó, negando con la cabeza, y lo obligó a recostarse otra vez.
El pelinegro estaba con la boca abierta, sin procesar nada de lo que estaba pasando.
—¿Trenderman? ¿Pero que...?
Fue lo único que su boca logró sacar. Delante de él se encontraba el hermano menor de Slenderman, si mal no recordaba. Vestido, claro, con sus típicas ropas a la moda. Exactamente eso o lo que él considerara moda. Pero eso ahora importaba lo mismo que la opinión de una mujer en el islam. El alto monstruo, acomodó las gafas de marco rojo que llevaba, y se dispuso a dar una explicación, que era lo que de seguro más buscaba Woods en ese instante.
—Shh shh shh... ¡Deberías agradecerme muchachito! Si estás vivo, es gracias a mí.
Jeff se estaba tallando la cara cuando escuchó eso. Y entonces bufó. Así que gracias a ese gran idiota él seguía con vida. ¿Agradecerle? Sus huevos le agradecerían.
—Pues gracias por nada, inútil. Me hubieras dejado morir... puta madre, ya estoy harto.
El modista alzó sus invisibles cejas con ese comentario. Dejó salir un suspiro y volvió a la mesita donde había dejado su taza de té. Le dió un sorbo y caminó de nuevo a sentarse en el sillón que estaba en frente del joven asesino.
—Hoy salí por casualidad, a la calle. No suelo salir, porque no cuento con mucha poción de cambio de aspecto. Pero, HOY, — Enfatizó esa palabra, mientras el adolorido y confundido Jeff no entendía nada, y menos porque Trender se ponía serio y le hablaba como si diera un sermón. —hoy salí por unos carretes de hilo que me hacían falta. Cuando, ¡oh, sorpresa! Un periódico en una tienda cualquiera llamó mi atención, porque estabas en primera plana, Jeffrey. Así que ibas a ser ejecutado porque al fin, te atraparon. Debes ser más cuidadoso, ¿eh? Y yo si estoy bien enterado que la mayoría de esos periódicos son sensacionalistas y amarillistas, es obvio que no te ejecutarían ese día a las seis; pero aun así había que sacarte de ahí. Y bueno... estaba a tiempo para llegar a ese juzgado y salvarte. Me costó algo de trabajo encontrarte, debo recalcar.
El pelinegro se sentó nuevamente, esta vez con más cuidado, tratando de causarse el menor daño posible, ya se sentía demasiado molido. Le dirigió una corta mirada a su acompañante, y luego se dedicó a ver el suelo como si fuera lo más interesante del mundo.
—No te ofendas, Trender, pero... mi cabeza está como si un elefante la hubiera aplastado. No sé ni de que hablas, ni sé que hago aquí. Y para colmo, tú y yo a penas hemos cruzado unas tres palabras. Eso de que me "salvaras" solo por gusto, no te lo creo...
El mayor dio un respingo, con clara indignación. Se cruzó de brazos, y frunciendo las cejas le desvió la mirada al malagradecido muchacho.
—¡Además de malagradecido, eres poco educado Jeffrey!
—No me digas 'Jeffrey'...
—Como sea, Jeffrey. — El menor se aguantó las ganas de aventarle un cuchillo a la cara. A parte porque ni fuerzas tenía. —Tengo una deuda con mi hermano, ya era hora de pagársela. Y para nadie es un secreto que te ama con desbordante locura y pasión desmedida.
Las mejillas del contrario enrojecieron de inmediato. Pero también frunció el entrecejo. Esas palabras dichas por el menor de los Arrival eran muy exageradas y ridículas. En palabras de Jeff; eran una reverenda estupidez.
—Sé que estará muy feliz de saber que te salvé y que nuestra deuda quede saldada.
—No digas estupideces... y mejor cuéntame, ¿dónde estoy? ¿qué es este lugar?...
Ese fue un grave error. Porque para Trendy, esas dos simples preguntas sonaron a "¡cuéntame! ¡quiero saberlo todo!" Y como, además de diseñador, el mayor era experto en soltar la platica y darle rienda suelta al chisme; se emocionó con aquello. Dio otro sorbo a su té y se cruzó de piernas con todo ese estilo tan digno de él.
—¡Uff! No estás tú para saberlo ni yo para contarlo; pero de todas maneras te voy a contar. Hace ya un par de años que llegué a esta casa. No es muy bonita y... muy bien, es fea y anticuada, pero es lo que hay. Aun recuerdo el día en que me fui del bosque... discutí con mi hermano. Con mis dos hermanos, a decir verdad. Ambos me querían de su lado pero yo sentía que no encajaba en ninguno, y huí. Pero obviamente esta gente humana no se acostumbra a mi maravillosa presencia. Por eso me escondo en esta casa abandonada, aun estamos en Olympia, por cierto. Solo que alejados.
No hace falta aclarar que el asesino estaba más que desinteresado en la platica del otro. Solo algo podía arruinar aun más la situación y eso era que Trender terminara hablándole hasta de su tierna infancia. Rogaba a Satanás que no fuera así. Porque con esas fuerzas por el suelo, levantarse y correr sería un suicidio. No pudo salvarlo... no sé... ¿superman? Vaya, hasta Flash hubiera estado mejor. No es que tuviera nada en contra del veloz súper héroe, más bien que... sacudió su cabeza. Estaba leyendo muchos cómics últimamente.
—Con tus dos hermanos... tu otro hermano es el sonrisitas aquel... ¿cierto? Y si tu me salvaste... eso no te convierte en... no sé... ¿bueno? — "¿Porqué dije eso?... Maldición." Se regañó en su mente por seguirle la charla al otro.
Por su parte, el modista frunció de nuevo el cejo y se sonrojó ligeramente. —Tsk... ¡N-no! ¡Y basta! Tu te sientes mal, ¿no? Iré por tu té y una pastilla para que mejores un poco.
Se levantó otra vez caminando a la cocina, y Jeff alzó una mano. Lo dejaron con la palabra en la boca. Y es que no tenía una, sino muchas cosas que aun debía cuestionarle al larguirucho ese.
...
Cada paso que daba le sabía a gloria. Todo marchaba a la perfección, al fin, luego de tantos años, el hijo de Nyarlatothep estaba logrando con resultados favorables uno de sus planes. Uno potente, algo tan grande, que le daría el completo poder de algo muy importante. Y por sobre todo, cobrarse una dulce venganza que estaba seguro sabría deliciosa.
Todos miraban por las calles de la ciudad a un joven pelirrojo de largos cabellos. Con un sobrio y elegante traje que variaba entre negro y rojo, de buen porte y buen ver. Muchas chicas giraban la cabeza solo para mirarlo, aunque a decir verdad, a Zalgo poco le importaba. Él únicamente gozaba de saber que iba ganando, y que el "pequeño" Slenderman se encontraba no muy lejos de aquí.
—Vaya vaya...
Vociferó para sí mismo al ver en el centro de la ciudad una total destrucción de coches y negocios, y los infaltables medios de comunicación cubriendo toda la escena de los hechos.
Si, seguro que Slenderman se tragó las sensacionalistas notas de los diarios de Washington. Pobre de él, seguramente llevaba mucho tiempo sin salir del bosque.
Alzó una ceja, pues al parecer subestimó el amor qué el alto le tenía al muchacho. Si fue capaz de hacer todo ese desastre por creerlo muerto, lo más probable es que ahorita estuviera hecho un asco de sentimientos encontrados. Y lidiar con un Slender sensible es algo que el demonio disfrutaría al máximo.
No tardó demasiado en llegar a donde se imaginaba el otro estaría escondido de la justicia. Porque había muchas patrullas aun buscando al responsable de los daños. Pero le atinó, Slender decidió irse a refugiar al parque olvidado de Olympia. Con sus poderes, seguro que no tardó en llegar allí.
Aun era un humano, la poción todavía tenía algo de efecto. Pero sus ojos, a contrario de lo que Zalgo pensó, no estaban siendo utilizados para llorar. El pelinegro solo recargaba su mentón en el dorso de sus manos, sentado en una banca; con la mirada fija en ningún punto en particular.
Se acercó sutilmente, por detrás. Aspiró una vez, antes de abrir su boca para hablar. —Se encuentra usted muy solo, alejado, y pensativo, señor.
El pelinegro cerró los ojos. En verdad, no estaba de humor para esto. —No tienes que fingir conmigo, Zalgo. ¿Qué quieres? Que no estoy de humor para ti.
—¿Y porque no estás de humor, Slendy? Puedes contarme, por nuestra vieja amistad, anda. — Sonreía con esa malicia tan distintiva de él.
—También puedes decirme que rayos quieres... te conozco, me conoces. No es muy normal tu repentina visita.
—¡Pero que difícil es engañarte a ti! ¿Verdad? Ay, Slendy... me has atrapado. Vine a invitarte a una cita.
Esto era demasiado. Terminó de posar su rostro sobre las palmas de sus manos, harto. Si no se encontrara en la situación en la que estaba, se habría lanzado a tirarle un golpe para posteriormente largarse. Pero ni ganas le daban de eso. Es más, ni le respondió ya.
Zalgo rodó los ojos. Unos segundos después, posó una mano sobre el hombro ajeno.
—Cuanto te aflige... pobre de ti. Se que lloras por tu... amadísimo, Jeffrey Woods.
La situación cambió de repente cuando el demonio mencionó ese preciado nombre. Que en labios de Zalgo, se oía vulgar y asqueroso, según Slenderman. No tardó casi nada en ponerse en pie y ahora si darle la cara a esa no tan grata compañía. Podría tener una expresión en la cara de destrozo total, pero eso no significaba que no le haría frente a ese demonio de quinta. Más si de Jeff se trataba.
—¡¿Tú que sabes de Jeff?! No sabes nada... puedes creerte un demonio muy poderoso, pero no lo eres tanto. Ambos sabemos que te falta mucho para llegar a ser omnipotente.
"No falta mucho querido, no falta mucho... " Pasaba por la mente del mayor, aguantándose las ganas de responderle como se merecía. Controló el tic que estaba apareciendo en su ojo izquierdo, y regresó a su postura serena.
—Cálmate, querido. Yo solo venía a intentar traerte un poco de paz. — Detuvo solo un poco sus palabras, para tomar aire y retroceder dos pasos, alejándose así de un alterado Slenderman. —Yo también he leído los periódicos. Solo te diré una cosa. Él está vivo, no dejes de buscarlo.
Esa información fue como una luz de esperanza para el alto ser. Se desvió tanto pensando en la posibilidad de que su amado estuviera vivo, que ni siquiera notó cuando el contrario desapareció.
Zalgo era un ser tan embustero y mentiroso, que sería de tontos creerle una sola palabra. Pero Slender lo conocía, y cuando dijo eso no divisó mentira o cualquier otra cosa detrás de esas palabras.
...
—Santísima Trinidad.
Mencionó el modista, sentado en el sofá de la sala. Y es que el pelinegro llevaba ya mucho rato vomitando en el retrete. No quería sentirse mal por haberle dado el té, o la pastilla, que era simple paracetamol; mejor quería pensar que el mismo joven comió algo que le cayó mal, y punto.
Por parte del asesino, si ya se sentía del asco, ahora se sentía una completa mierda. Ahí, arrodillado frente al excusado, con vomito en frente, sus ya de por si deformes labios ahora manchados; y con una fiebre que sentía que lo mataría en cualquier momento.
En eso, algo le pasó por la mente. Si estaba tan molido, era porque seguramente algo muy malo le habían hecho en ese juzgado cuando estaba inconsciente. Pero maldita sea, no recordaba casi nada. Pero... Trender lo había salvado, cabía la posibilidad de que él supiera algo al respecto.
Una vez terminó, le bajó a la taza, se puso en pie y se dedicó a limpiarse y enjuagarse la boca lo mas minuciosamente posible. Hasta con un poco de jabón se lavó.
—Trenderman... — Se dirigió al mayor, habiendo salido ya limpio del baño. —Si tu me salvaste, no viste de casualidad, ¿dónde estaba yo? ¿qué me hacían? ¿quiénes eran? — Claro que, él no le contaría las alucinaciones tan bizarras que tuvo de Laughing Jack.
—Uhmm... — Puso una mano en su mentón, pensativo. —Cuando te encontré estabas como en una especie de enfermería. Había muchos policías y médicos o algo así... ¡pero querían matarte!
—¿Tú sabes porqué querían matarme?
Se produjo un extraño silencio, en el que el monstruo dejó en la mesa la taza de té que aun cargaba en mano. —No. Lo siento. Pero... supongo que porque eres un vil asesino, y ya ves como es la policía de hoy en día. — Se encogió de hombros.
Fuera de lo que todos piensen, eso sonó muy convincente para Jeff. Y era fácil creérselo, es decir, cualquier humano en su sano juicio detestaría, y no tendría piedad con alguien como él. Si, lo mas probable era que la justicia se había salido de sus propias leyes y decidieron matarlo por su cuenta. Lastima que no lo hicieron.
—Es que... me preocupa... que me hayan hecho algo. Me siento muy mal. — Dijo con la voz casi quebrada, dejándose caer nuevamente en el sofá y llevando la diestra a su frente.
Trendy de inmediato saltó de su asiento y fue a revisarlo, observandolo esta vez con suma atención. —¿Te sientes mal? ¿porqué? ¿qué tienes? — Pero claro, no hacía esto porque fuera bueno. Nooo.
—Mucha calentura... siento como si... todo este tiempo hubiera estado ingiriendo, veneno... o algo así... aggg...
Parpadeaba a mil por minuto, ya no faltaba mucho para que comenzara con las alucinaciones otra vez. Estúpida fiebre.
—Ay, Jeffrey... ¡no me hagas esto! ¡eres con lo que le voy a pagar a mi hermano la deuda! — Eso decía, porque no quería dejar ver que le importaba. Pero cierto era que, el modista tenía su corazoncito, y muy sensible por cierto. Corrió a la cocina por hielos y una bolsa, y la colocó en la cabeza del muchacho. El joven comenzaba a temblar y ya no vociferaba nada, esto puso de nervios al pobre sastre.
—¡N-ni se te ocurra morirte!
...
Las platicas con esa chica se hacían cada vez más frecuentes para Masky, y cada vez se convencía más de que esa decisión era la correcta.
Silver. Ese era el nombre de aquella joven. Una mujer vampiro, que ni siquiera era un creepy. Solo era alguien que vagaba de universo en universo, buscando diversión. Por supuesto que eso era algo que no le iba a decir al enmascarado, y él, ni en cuenta. Estaba demasiado embelesado con la idea propuesta por ella.
Lo convertiría en vampiro. Y así ya nunca más envejecería. Traducido a lo que le importaba a Masky: Hoodie no lo vería envejecer jamás.
Lo único que tenía que hacer, era firmar un contrato. Un contrato que obviamente, el castaño no leyó, gracias a estar tan emocionado.
Para la traviesa vampira no había más felicidad. Que fácil ya se había echado a otro a la bolsa. Uno mas para su colección, y éste estaba muy bonito, según ella. Lo cual no tenía lógica, ya que jamás lo había visto sin la máscara. Pero tenía al muchachito en sus manos, y es lo que importaba.
Pero Masky aun no era un vampiro. Debido a que, transformar a alguien, no era tan fácil. No era solo morderlo y ya. Al menos eso le explicó Silver.
También hay cosas importantes, como verificar con ciertas pruebas que tu cuerpo será resistente al veneno, y otras mismas y variadas normas que vienen ya estipuladas en el contrato.
Contrato que, repito; no se dignó a leer. Era muy grande, y la emoción del momento también le ganó.
Pero Silver sonrió. Ya faltaba muy poco para tenerlo en su completo poder.
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Unas preguntitas!
¿trato muy mal a Jeff?
¿este capitulo estuvo muuy flojo?
¿alguien entiende a Zalgo?!
Ni yo se lo que quiere. (?)
Nos leemos.
