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—Esto está resultando tan fácil... los dos están cayendo ante mis encantos. ¿Qué más podría pedir?

Se regocijaba aquel espectro de máscara azul. Desde que el alto ser, Slenderman, había abandonado su gran mansión, se podría decir que al mismo tiempo también estaba dejando tirados a sus hijos.

Aunque él pensaba, que sus tres proxies estrella estarían al tanto de ellos. Pobre e inocente Slendy.

—Pagarás por lo que has hecho... Slenderman. Te voy a dar en lo que más te duele... y me haré más fuerte, no podrás impedirlo... — Empuñó su mano con fuerza, tomando una gran bocanada de aire.

Existían varias cosas que nadie sabía sobre Eyeless Jack. Una de ellas, es que era ciego. Por como se movía, cualquiera pensaría que no; pero la realidad era que por tantos años de caminar sin visión, perfeccionó una técnica a la que llamó: Punto Ciego.

Y no por lo que cualquier persona pensaría con ese nombre. Sino porque para él sonaba casi literal. Recordando que Jack es un veterano de guerra, es obvio intuir que lleva muchos años en esto a lo que vulgarmente es llamado "Creepy World". Años, en los que conoció a muchos tipos de espectros y monstruos con variados ideales, poderes, y técnicas.

No se quedaría como un niño ante todo eso, se dedicó a aprender. Quien sea que se animara a ser su sensei, él lo tomaba con gusto.

Recordaba con cariño a su sensei Blacklight. Antiguo militar, también. Que quedó atrapado en ese bizarro mundo sin fin gracias a dejar pendientes muy grandes en la tierra.

Fue él quien le enseñó la técnica de los puntos. Había que concentrar muy bien su energía, en el área de sus cuencas vacías. No, no fue nada fácil.

Pero valió la pena. Luego de años de no haber visto nada, por fin volvía a ver el mundo. Eran una especie de puntos azules, absolutamente todo. Los árboles, el césped, las casas, los humanos incluso. Todo era dibujado por puntos azules según la vista de Jack. Pero veía, y eso era lo importante. Una gran arma para defenderse con mayor facilidad de quien quisiera atacarlo; ya que Creepy World estaba lleno de traidores.

—Pero claro... el gran y poderoso Slenderman no podía tolerar que alguien entrenara para volverse más fuerte. Tuviste que matar a mi sensei... eres un cobarde.

Soltó casi en un susurro. Odiaba recordar ese día, sin embargo, lo hacía muy seguido. Además, era algo que según él le ayudaría a llenarse de más rencor y poder cumplir con su cometido el cual era vengar a su maestro.

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—¡No, no y no! ¡Cabeza hueca! Así no es. ¿Crees que concentrar las energías es cosa de chiste? Si de verdad quieres aprender, debes concentrarte más.

El castaño de la máscara azul sobó su cabeza, pues el maestro le había propinado un buen coscorrón. Su maestro ya era alguien de edad avanzada, era comprensible que se desesperara fácil. Aunque esta vez con justa razón. Llevaban ya más de dos meses en entrenamiento y el joven creepy no lograba ningún avance.

—Auch, sensei... Tengáme paciencia, esto es algo completamente nuevo para mí. — Desde luego también se desconcentró de la posición en la que estaba, perdiendo toda energía retenida por más mínima que ésta fuera.

—¡Llevamos en esto dos meses, dos! Ya tendrías que haber progresado al menos un poco más... ¡Y vuelve a la pose que te enseñé! Pierna izquierda arriba, cabeza en alto, manos juntas sobre tu espalda. ¡Hazlo ya!

El señor Blacklight... o al menos ese era su pseudónimo; podía ser muy estricto y enojón, pero fue el único creepy que protegió a Jack desde que llegó a ese raro mundo. Ciego, como un zombie... Blacklight Sensei sabía que debía proteger a ese muchacho si o si. Parecía que no tenía corazón, pero tenía uno y muy grande.

Dos meses más después, Jack logró la tan ansiada técnica y no cabía en felicidad. Parecía un niño pequeño con juguete nuevo. Y es que así era el castaño en ese entonces, gracias a las enseñanzas y valores que Blacklight inculcó en Jack. No... no en Jack, en Eyeless Jack. Porque hace mucho tiempo el muchacho había dejado de ser solo Jack. Ahora era una persona diferente, ahora era un creepy.

...

—¡Sensei! ¡Sensei! ¡La técnica, he logrado la técnica!

Corría alegre por todo el bosque donde ellos vivían, en busca de su sensei. Sorprendentemente, logró la técnica justo en uno de esos momentos donde entrenaba solo sin ayuda de su maestro.

Pero no lo encontraba por ningún lado, lo cual era más que extraño, el sensei no solía ocultarse de esa manera. Decidió ahondarse en lo más profundo del bosque, porque ya se estaba preocupando.

—¡Sensei! ¡SENSEI! ¡Responda por favor!

El joven seguía corriendo por doquier hasta que sintió una especie de temblor en el suelo. Extrañado, se acercó solo un poco más y se escondió detrás de un árbol. Divisó una figura altísima, que desprendía tentáculos de la espalda, retirandóse.

Esperó hasta ya no sentir más su presencia, y volver a su camino en busca de su sensei. Pero eso no pudo ser posible del todo, ya que cayó de lleno contra el suelo. Era algo, o mejor dicho alguien; que lo hizo tropezar.

Desde el suelo, giró su cabeza para ver a quien lo había hecho caer, y su reciente vista se quedó petrificada. Era su sensei, muerto.

A pesar de que nunca antes lo vio, sabía que era él, sentía su presencia y su energía, aunque esa energía era algo que estaba a punto de extinguirse, podía sentirlo. Su mentor, estaba en las últimas.

Si hubiese tenido ojos habría llorado en el momento. Demasiado exhaltado, se acercó lo mas que pudo hasta el cuerpo del hombre, tomándolo entre sus brazos.

—Sen...sei... ¿quién le hizo esto?...

Preguntó hacia la nada, inundado de ira y tristeza. En eso logró divisar unos extraños agujeros por todo el cuerpo de su maestro. Agujeros que solo pudieron haber hecho unos asquerosos tentáculos.

No podía creer como su maestro estaba muriendo. Se supone que ya estaba muerto. Según Blacklight le dijo una vez, un creepy no puede matar a otro creepy. Solo una misteriosa y alta criatura sin rostro tenía el poder de desaparecerlos de la existencia. Una criatura de la que el señor tenía poca información. Pero hoy, Jack estaba decidido a investigar todo sobre ese indigno ser.

—Maldito monstruo... ¡TE EXTERMINARÉ! ¡Y VENGARÉ SU MUERTE SENSEI, LO JURO!

Ahí entre sus manos, vio esfumarse por completo los restos de su mentor, convertido en polvo, el viento se lo llevó. El castaño solo veía muchos puntos azules volar por los aires, y luego, nada. Las emociones eran tantas que fue imposible mantener su técnica estable.

Pero fue suficiente, para llenarse de odio y rencor y decidir que de ahora en adelante, haría lo que fuera necesario para volverse más fuerte.

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—Se que me conoces, Slenderman... se que me temes, incluso... Sabes quien soy y todo lo que he estudiado. Sin embargo, y muy a mi pesar, sé que aun no podría derrotarte. Probablemente nunca... Pero puedo hacerte pagar, dándote en las personitas que más te importan. Justo como tú lo hiciste conmigo...

Bufaba con una enorme ira en la voz, mientras caminaba sólo por los caminos del famoso bosque.

Jack se fortaleció muchísimo luego de ver partir para siempre a su sensei. Aprendió técnicas, él no necesitaba de armas para asesinar; lo cual era irónico ya que en su vida de soldado todo estaba lleno de armas. Se hizo de maestros por todas partes. Creepy World era tan extenso.

Y siempre les pagaba a todos con lo mismo, favor con favor. Si alguno quería a algún humano muerto sin mancharse las manos, él se hacía cargo. Y en algún momento de sus tantos asesinatos, se obsesionó con abrir a las víctimas y comerse sus riñones. Jack ya no era el mismo que el sensei conoció, cada día perdía más la cordura.

Por eso es que se volvió "popular" ante los humanos. "Eyeless Ghost" o "Fantasma sin ojos", lo llamaban. Y así se quedó para él: Eyeless Jack.

...

Sin duda alguna era una repisa bonita. No, bonita no... ¡era hermosa! Y grandísima, aunque planeaba expandirla más. Sería algo magnífico tener otra repisa llena de muñequitos divinos. Pero por ahora, aun había espacios en su repisa para más muñecos.

¡Tenía 105 en su totalidad! Y cada uno era especial. Cada uno significaba un juego que ella había ganado.

Dedicándose a estafar chicos, prometiendóles convertirlos en vampiros con la seguridad de una dotación de poderes, y claro; vida eterna y juventud. Era increíble la cantidad de muchachos torpes y bellos que había por todas las dimensiones en busca de poder y vida eterna.

Esos tontuelos solo alimentaban su enfermiza adicción. Muñecos. Tiernos, lindos y estúpidos muñecos hechos con chicos reales. Les absorbía toda la sangre hasta reducirlos a muñecos de solo 25 centímetros. Podían vivir de ese tamaño, pero solo pocos días, y si es que lograban escapar de la casa de la chica, lo cual nunca pasaba. Hasta que llegaba el día en que terminaban de morir y quedaban como simples muñecos secos y sin vida.

Silver era una vampiresa loca y tramposa. Despreciada en toda dimensión a la que viajaba, por causar estragos en cada una de ellas. Desgraciadamente, esta era su primera vez en nuestra disparatada dimensión.

Y descubrió algo interesante aquí. Seres sobrenaturales y seres naturales podían de cierta manera, "convivir". Descubrió a los creepys, a los fantasmas, e incluso ángeles y demonios que vagaban por la tierra. Algunos siendo notados, otros no. Esta dimensión si que era interesante.

Tomó entre sus manos uno de sus tantos muñequitos, uno de cabello rubio y piel azul pálido. Lo miró embelesada, amaba a todas sus creaciones.

—Hola Dimensión 34... — Así bautizaba a sus juguetes, con el número de dimensión de donde los sacaba. —¡Que lindo te ves hoy! Pero hoy encontré una ropita divina en una tienda de otro mundo, te quedará ideal. ¡Te la compraré cuando vuelva allá sin dudarlo!

Rió como la psicópata que era. ¿Quién diría que detrás de esa cara tan bella se escondía semejante monstruo?

Miró el reloj colgado en su pared, y depositó a su muñeco otra vez en donde estaba. Se hacía tarde. Y tenía que encontrarse con su nueva y futura adquisición. Se concentró y preparó para su teletransportación, esparciendo un extraño polvillo morado que guardaba en una botellita que colgaba de su cuello.

—Pronto serás mío Dimensión 2... ¡Daizü!

Dijo esa última palabra y desapareció de su casa para transportarse al bosque donde quedaba de verse con Masky.

Una vez llegó, miró por todas partes, buscando haber si ya había llegado el enmascarado.

—Esta vez te tardaste más de lo habitual, Silver. — Habló el chico castaño, desde atrás. Estaba recargado en el tronco de un árbol, y con los brazos cruzados.

—Jejejeje... Eres impaciente. Es que tenía cosas que hacer. — Se volteó para mirarlo. Tan adorable como siempre. No tardó ni dos segundos en llegar hasta él, abrazándolo por detrás. El joven frunció el entrecejo por eso, pero era mejor no reclamarle nada a esa chica, si quería que lo transformara en vampiro.

—¿Y bien? ¿Hoy ya viene la última prueba para ver si soy apto para la transformación? — Inquirió.

—Comes ansias... Pero si. Hoy es, lindo. — Se separó de él, y rápidamente estuvo de frente al joven otra vez. Ya no se le veía esa característica sonrisita, sino ahora total seriedad en el asunto. —Solo te advierto que, no será nada agradable. Muy probablemente para ti, será doloroso.

El castaño pasó saliva, pero no se dejaría intimidar. Hacía todo esto por Hoodie y únicamente por él. Para estar con él por toda la eternidad. No importa cuan dolorosa pudiera llegar a ser esa última prueba, la haría. Porque toda felicidad requiere de sacrificios.

—No importa. Solo dime que hay que hacer.

La peliplateada sonrió. Solo eso necesitaba oír.

Si algo caracterizaba a alguien como Silver era la velocidad. Para un humano normal como Masky, sería velocidad luz. No la vio, ni siquiera la sintió cuando lo enrrolló en una especie de remolino de viento. Ni tiempo le dio de sacar sus dagas o hacer alguna artimaña para detenerla.

Coño... ahora se daba cuenta de lo débil que era. O también, de que allá afuera había seres muchísimo más fuertes que él.

Sintió algo ahorcar su cuello, y no notó cuando ya estaba aferrado contra un árbol, con una especie de halo de luz atando su cuello contra el árbol. Apretaba, sin embargo, aun podía hablar.

—¡¿PERO QUE MIERDAS ES ESTO?! ¡DESÁTAME! — Pedía el joven a gritos, que sentía que se asfixiaba.

La vampiresa soltó uñas risillas divertidas, y se acercó coquetamente a él. —Tú dijiste que no importaba que tan dolorosa fuera la prueba final. No te arrepientas ahora. — Por la máscara, no se le notaba. Pero patéticamente, estaba muerto del miedo. —Escucha bien Masky. Ese halo de luz esta hecho de una potente poción que solo yo se hacer y deshacer. Mientras más intentes jalarlo a la fuerza, más te apretará. Y si intentas usar armas, técnicas o lo que sea, tampoco saldrá. Mientras más miedo y desesperación sientas, te apretará todavía más. Solo hay una solución a ella. Debes vencer tu mayor miedo.

El castaño respiraba agitado. —¿QUÉ? ¡¿Y ESE CUAL ES?!

—¡Y yo que voy a saber, querido! — Ya preparaba sus polvillos, para retirarse. —Te deseo suerte Masky. ¡Daizü! — Terminó de irse, dejando al muchacho con la palabra en la boca.

—¡SILVER ESPERA! — Era inútil, ella se había ido. Y Masky ya comenzaba a sudar frío. Pero respiró hondo, tratando de relajarse, no quería que esa cosa lo ahorcara más.

—Muy bien Masky, relájate... Sabes que tu mayor miedo es que Hoodie te vea envejecer... ¿Y como vencer eso? Yo... ¡AAAAHH!

Sintió otro fuerte apretón en su cuello, provocando que llevara sus manos instintivamente otra vez al halo, empeorando la situación. Era ridículo, le ponía justo una prueba así a él, que padecía ansiedad y ataques de nervios.

—Carajo... ese... es mi mayor, miedo... No... De hecho no lo es. Pero, no podría vencer eso, a eso le temeré siempre...

Cada vez se le dificultaba más hablar, pues al más desesperarse esa cosa lo ahorcaba más. Derramó una lágrima, sintiendo que no podría con esta prueba.

...

Hoodie sintió un escalofrío. Tenía un mal presentimiento.

—Masky...

Se le salió decir. No sabía ni porque. Pero él estaba muy ocupado en la búsqueda de Jeff. No quería que el jefe volviera a casa y se enterara que no habían hecho ni el más mínimo esfuerzo en buscar a su adorado asesino.

Ticci Toby también salió a buscarlo, obviamente cada quien por su lado, y también obviamente sin avisar nada a nadie. Ni Hoodie sabía que el castaño de lentes había salido a lo mismo.

Y hasta ahora, los dos sin éxito. De seguro el jefe, donde sea que estuviera en estos momentos, estaría enojadisímo. Poco sabían de que no era eso; más bien estaba destrozado.

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Odiaba salir a la calle sin su capucha. Pero para salir a buscar por las ciudades colindantes, era mejor quitársela a que sospecharan cosas de él. Aunque Hoodie no era un asesino que andaba de aquí para allá matando gente a diestra y siniestra; si era conocido por ser un vulgar ladrón. Recordemos: las medicinas que roba para su mejor amigo.

Por ahí andaba un chico pelinegro, con un lado de cabello rapado y el otro no. De impresionantes ojos rojos, pero nadie parecía ponerle atención a eso. Después de todo, hoy en día existían los lentes de contacto, no tenía mucho de raro para los humanos.

Cansado de buscar sin resultados, se sentó en una banqueta que ahí estaba.

—Ojalá Toby esté cuidando bien de los niños en casa. Y Masky... espero que todo sea un presentimiento estúpido. Después de todo, él es fuerte y sabe defenderse solo.

...

—Entonces... ¿Te gustan las aventuras, eh, Ben?

Eyeless ya había conseguido una vez más, que el pequeño rubio aceptara jugar con él. Después de todo, al niño le parecía que su papá Slender había exagerado con eso de que era muy letal. ¿Letal? ¡A él le parecía amigable! Siempre que llegaba, llegaba con algún regalito y con ganas de jugar. Hoy le había regalado un fantástico balón de fútbol, y los dos jugaban a las dominadas. Por obvias razones el menor iba perdiendo, no tenía mucha experiencia.

—¡Así es! Todos los videojuegos que jugaba antes eran de aventura. ¡No sabes lo que daría por vivir una aventura en la vida real!

Esa confesión era oro puro para Eyeless Jack.

—Oh vaya... ¿pues que crees? Soy un tipo que siempre está rodeado de aventuras. Pero aveces me aburro, y creo que necesito compañía. ¿Te gustaría acompañarme a mi siguiente aventura? Debo buscar un tesoro.

Los ojitos del chico ahogado brillaron al oír la palabra "tesoro". Tanto creció la emoción en él, que hasta el balón se le cayó de solo imaginarse a él, luchando contra monstruos y dragones en busca del tesoro.

—¡Y que estamos esperando! ¡Vamos a esa aventura Jack!

—Jajajaja, si, si... pero no desesperes. Primero ve por tu hermana.

El pequeño alzó una ceja. —¿Eh? ¿Para qué?

—¡No seas tonto Ben! Sabes que los equipos victoriosos siempre son de tres. Y queremos salir con ese tesoro, ¿no es así?

—¡Claro que si! ¡Ya vuelvo, sé que estará encantada de venir!

El castaño sonrió mientras veía como el niño salía corriendo a la mansión, en busca de la niña. Sally también estaba encantadisíma con Jack, así que no dudó en decir "si" y ambos se reunieron en el patio con Jack, para salir rumbo a esa "aventura"; dejando completamente sola esa gran mansión.

...

—¡Y este será perfecto para Dimensión 17!

Estaba tan emocionada comprando ropita para muñecos, que casi se olvidaba donde y como había dejado al enmascarado; hasta que su brazalete, con un sonido, se lo recordó.

Ya eran treinta minutos. Tiempo suficiente para que escapara, o muriera, en su defecto. Sonrió, y luego de pagar sus compras se transportó como ella sabía hacerlo.

Caminó por el bosque, ya cayendo la noche. No, no le sorprendió nada lo que vio. Desde que lo miró por primera vez sabía que era un prospecto ideal para su siguiente muñeco.

Ahí se encontraba el joven, cansado, y respirando agitado sobre el césped. Se había liberado exitosamente del halo. Pero se le notaba muy agotado.

Escuchó los tacones de la chica acercándose a él, y reunió las fuerzas necesarias para hablar.

—De nuevo... te has demorado... Silver...

La muchacha sonrió orgullosa de su buen gusto, y satisfecha porque su plan iba más que bien. Muy sigilosa, se hincó ante él, y tomó sus mejillas entre sus manos.

—Eres un buen chico. Aquí tienes tu recompensa.

Ladeó la cabeza del contrario, afilando sus colmillos; y mordió repentinamente su cuello. El castaño soltó un grito de dolor ante eso, dolía y demasiado. Pero debía ser fuerte. La mayor prueba, ya la había superado de todos modos.

—"Muy bien Dimensión 2... Dejaré el veneno plantado en tu cuerpo. Ya tienes la primer mordida. Solo es cuestión de tiempo tontito. Mío serás... " — Pensaba satisfactoriamente la peliplateada, al soltar esa mordida.

Masky, sentía el poder correr por sus venas. Era una sensación dolorosa pero a la vez adictiva. Se sentía poderoso. Lo que no sabía, es que eso duraría muy poco.

...

—Me duelen mis piesitos... el jefe debería premiarme por buscar a su novio sin que él me lo haya dicho... Ay...

Ya de noche, llegaba Toby a casa, quejándose. Dio vueltas y vueltas, pero ni rastro del pelinegro. Cabe destacar que el castaño se distraía con cualquier cosa en la ciudad. "¡Algodones de azúcar! ¡Mira, un perrito! ¡Oh, atropellaron a un tipo!"

Cualquier estupidez era de distracción para él, y aun así le llamaba a eso buscar.

Usó su llave para abrir el gran portón, sorprendiendóse de no oír ni un alma en pena dentro. Era raro, muy raro.

—¿Aló? ¿Hoddie, estás por ahí? ¿Masky?

Subió las escaleras esperando encontrar a alguien, pero nada. Empezó a preocuparse, así es; Ticci Toby comenzó a preocuparse.

Sus cejas se curvearon hacia abajo, en gesto de miedo, y de que algo no andaba bien. Cuando, su cerebro hizo click.

—¡¿Y LOS NIÑOS?!

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