Capitulo II
NUESTRO ENCUENTRO
Ya habían pasado dos días y la condición de Inuyasha seguía igual, los médicos solo decían que la mayoría de estos traumas tienen que ser superados por el paciente, la pelinegra entendía, y por eso no se despegaba ni un solo instante de el.
Aunque debía de admitir que la culpa es la que la carcomía por dentro, se decía una y otra vez que si no fuera por Inuyasha, ella estaría en no se que lugar, aunque deseaba fervientemente cambiar el lugar con su amigo, le era imposible, por consiguiente se la pasaba velando su descanso.
Ya entrando la noche del tercer día, la pelinegra se encontraba sentada junto a Inuyasha, le platicaba todas aquellas cosas que le decía su padre cada vez que llegaba a su casa para darse un baño y cambiarse de ropa.
- Absurdas¿no crees? - decía la pelinegra mirando el rostro de aquel joven. – mi padre nunca cambiara - esto ultimo lo decía con un aire de resignación.
De repente se siento un poco cansada, aquel día había sido agotador, ya que se dedico a decorar algo la habitación, los hospitales los detestaba, y si tenia que estar ahí para cuidar de Inuyasha entonces tendría que hacer esa habitación un poco mas cálida.
- Si le cuentas a alguien que yo hice todo esto date por muerto Inuyasha Taisho – dijo de repente Ahome, observando aquel lugar, se sorprendió de cómo le quedo pero es lo menos que podía hacer.
En un abrir y cerrar de ojos la pelinegra se quedo dormida sobre la mano de Inuyasha, de pronto, la puerta de la habitación se habré despacio, dando paso a una silueta masculina que entra silenciosamente.
Quedo pasmado viendo aquella escena, camino hasta pararse frente a la cama de Inuyasha.
Sus ojos se posaron en el rostro de aquella chica, observando cuidadosamente cada detalle, sus ojos que por el momento permanecían cerrados, su nariz, pero al pasar por su boca se detuvo, precisamente en sus labios, estos eran rosados delineados naturalmente por un rojo claro, parecían perfectos, ni muy delgados ni muy gruesos, simplemente como a el le gustaban.
Un momento, sacudió su cabeza, no era posible que el hubiera pensado tal cosa¿que le paso?, es como decía uno de sus socios, mi querido amigo, "tuviste un lapsus brutus".
Pudo observarla sentada en aquella incomoda silla¿quien será esta joven?, se pregunto mentalmente, tal ves una amiga de Inuyasha, o seria acaso su novia.
La pelinegra regresaba de sus sueños, y sus ojos empezaron a abrirse, pero antes de que pudiera notar aquella persona, esta se le adelanto.
- Te das cuenta que estas babeando la mano de mi hermano- dijo sin preámbulos, mientras Ahome se exaltaba por aquella voz y se tallaba los ojos para ver bien quien era aquella persona que había dicho semejante cosa.
Cuando logro ajustar su vista en dirección de aquella voz, observo que era un hombre alto, de cabello plateado, igual al de Inuyasha, el mismo color dorado en los ojos, pero con la diferencia de que los ojos de este hombre eran fríos y llenos de odio e indiferencia, y para terminar tenia un cuerpo que cualquier mujer desearía en un hombre, con aquella aura de misterio que lo hace ser deseable e irresistible.
- ¿Quien eres?, y ¿que estas haciendo aquí¿que acaso no sabes tocar la puerta?- decía la pelinegra al ponerse de pie y tomar la misma postura de aquel hombre, fría e indiferente.
Que raro se sentía, esa pose le recordaba a el mismo, - Pues, quien yo sea no es asunto tuyo, pero aun así te lo voy a decir.-
- En primera, me llamo Sesshoumaru, en segunda, estoy aquí por que Inuyasha es mi hermano menor, y en tercera, no me dio la gana tocar la puerta, así de sencillo.-
Ahome cambio su mirada fría por una de asombro al escuchar a ese joven decir que era el hermano de Inuyasha, pero también había escuchado todo lo demás, aun no podía creer que aquel hombre le hubiera hablado en ese tono, camino unos pasos hasta quedar frente a Sesshoumaru.
- ¿así?, que interesante – decía la pelinegra mientras empezaba a caminar en círculos alrededor de Sesshoumaru, - viéndote bien si te pareces a Inuyasha pero- se detuvo nuevamente frente al chico.
- ¡Si! - exclamo Ahome fuertemente, -definitivamente, Inuyasha es más guapo -
Sesshoumaru frunció el entrecejo y le lanzo aquella mirada que lo caracterizaba, que si esta hubieran sido puñales Ahome estaría prácticamente muerta.
- Ahora es mi turno de hacer las preguntas¿quien eres tú? y ¿que haces aquí babeándole la mano a mi hermano?- Nadie le gana en ser despiadado, ahora era su turno para enseñarle a esa mocosa que con Sesshoumaru Taisho nadie se mete.
La pelinegra se que congelada al escuchar la forma en que le había hablado, y lo que mas le dio en su orgullo fue que le dijo que estaba babeando a Inuyasha, eso si que fue la gota que derramo el vaso, no se lo iba a permitir, pues quien se estaba creyendo este.
- Como tú dijiste, no es asunto tuyo quien sea yo, así que me voy –se lo dijo sin siquiera mirarlo a la cara.
- ¿Qué a caso eres la novia de mi hermano? – dijo esperando ver la reacción de aquella joven.
Ahome quien ya estaba saliendo del cuarto cuando escucho lo que le dijo Sesshoumaru y se detuvo, - ¿Sabes?, eso si que no es asunto tuyo- termino de decirle y salió finalmente de la habitación.
La pelinegra salió de ahí echando humo de lo furiosa que estaba por la actitud del supuesto hermano de Inuyasha.
- pues quien se cree ese idiota, es un arrogante, engreído, poco cerebro- decía entre dientes, - cálmate Ahome ya tendrás la oportunidad de vengarte- se decía así misma realizando respiraciones profundar para poder tranquilizarse.
Al salir del hospital Ahome se dio cuenta que los guardaespaldas de su padre estaban en aquel lugar esperándola, sin otro remedio, tuvo que irse con ellos, mañana será otro día, y al parecer muy agotador.
Hola amigas lectoras, espero que les siga interesando esta humilde historia, perdon por la tardanza pero pues me dicen que soy como las estrellas fugaces, asi que tenganme paciencia ¿si?.
Nos vemos en el siguiente capitulo, y espero y me den su opinion.
