Swells
Capítulo III: Tournament.
La aguja pequeña del reloj apuntó dictando que eran las cinco de la tarde. Las trompetas resonaron en el estadio, todos los allí reunidos se colocaron de pie para recibir al Maoh que en esos momentos iba entrando escoltado por Gwendalf y por Conrad.
La agenda era fácil de cumplir… o eso parecía a primera vista. Hoy simplemente sería la inauguración del torneo, los contendientes se presentarían, se crearía la primera jerarquía de combate y se suponía que eso iba a llevar tanto tiempo que sólo para eso daba.
El martes, el martes él no pintaba nada allí, eran las preliminares del combate y no quería saber nada de ellas. El miércoles, que era su cumpleaños, sería celebrado en contra de sus deseos con bombas y platillos. Estaba pensando cometer un acto desagradable, como romperse una pierna o sacarse los intestinos, más, en su desgracia; el Great Sage había descubierto sus planes macabros y se le habían chafado.
El jueves tendría que estar postrado en una silla en el palco real viendo las semi-finales, y luego habría un gran banquete, en celebración a…, sin razón alguna. El viernes, eran las finales, después se condecoraría a los ganadores, y el sábado, ese día pasaría todo el santo día con aquel que obtuviese el primer lugar en el torneo. Esperaba fervientemente que fuera o Wolfram o en su defecto Murata… ¡No! Definitivamente que Wolfram ganara el maldito torneo y si había que hacer trampa se haría, quería conservar intacta su vida.
Se acercó a la arena luego de ser enunciado y con su típica sonrisa comenzó a dar su discurso de bienvenida, tanto a los competidores, como a los observadores. Sentía la penetrante mirada de Wolfram, quién, en primera fila le acosaba haciéndole salivar más de lo necesario, mientras que Murata cinco personas más allá de rubio, y dos filas más atrás Günter con mirada soñadora. Del resto, todos eran rostros desconocidos.
— ¡Así! —Comenzó las líneas finales de su discurso—. ¡La semana del torneo queda inaugurada! —Todos ovacionaron con frenética pasión, el joven de cabellos negros suspiró y regresó al palco real para de nuevo quedar tullido y no más importante que una pieza decorativa.
Su mente otra vez fue a volar lejos…, aún no sabía como había reaccionado el ojiverde ante su sorpresiva decisión de casarse, tsk… es más, parecía no enterado, pero, era imposible, conociéndolo, antes de haber abierto la boca ya el rubio lo había sabido. Sin embargo, se había comportado normal. Puso su típica cara lúgubre, todo lo normal que pudiera comportarse el príncipe Von Bielefend con su persona.
Tendría que hablar con Wolfram a la brevedad posible, no es que fuera tarea de titanes. Total, éste dormía con él todos los santos días desde que lo habían declarado su prometido. El único problemita era la impresionante velocidad con la que era capaz de dormirse y dejarlo hablando con la pared.
Había escuchado en algún momento nombrar al encargado de llevar la ceremonia a su prometido, y sin tener nada mejor que hacer aún perdido en el mundo de las musarañas, siguió con la mirada el recorrido que hacía el príncipe hasta llegar al estrado principal y escribir su nombre en el organigrama.
El pelinegro cabeceaba de cuando en cuando. Reprimió un bostezo con la mano, y se estiró disimuladamente, sintiendo todos sus músculos entumecidos.
— ¿Su alteza, se encuentra bien? —Preguntó Conrad bajándose para hablarle cerca del oído.
— Sólo algo fastidiado Conrad… y es Yuuri —Respondió en el mismo tono leve de voz.
— Sólo faltan —Se fue unos cinco segundo—. Trescientos cuarenta y dos personas, ya casi —La cara del Maoh se oscureció un poco más… ¡Pero si habían pasado más de trescientas personas¡Además! Si era por orden alfabético, WOLFRAM, se suponía que debía ser uno de los últimos…
1
Salió casi corriendo de aquel coliseo. Una vez que se sintió seguro de que nadie lo iba a asfixiar con preguntas ridículas y loas infundamentadas. Se sintió más feliz. Sonrió, estirándose a sus anchas, cuando menos estaría libre hasta que Günter o Murata (comandado por el primero) le encontraran.
— Su Alteza —Dijo una mujer de cabellos castaños y ojos azules muy hermosa. Yuuri se temió lo peor, de lo peor. Una desconocida, preguntando por él, Wolfram cerca.
— ¿Sí? —La mujer con ojos soñadores se le lanzó encima agarrándole las manos con fervor, sin dejar de mirarle acosadora.
— Soy una fan suya, Maoh. Soy su fiel seguidora, he venido sólo a decirle que ¡Me encanta!
— Ah… eto… gracias, pero, si yo no he hecho nada ¿No es mejor admirar a la guardia de Shin Makoku?
— Yuuri —Se escuchó un siseado venenoso tras su espalda. Otra vez comenzaba a transpirar más de lo normal, hiperventilando. Los dos situaron su atención hacía el príncipe Von Bielefend el cual tenía una mirada asesina dirigida hacia su rey y prometido, pero más que todo, a aquella arpía que trataba de quitarle a SU Yuuri.
— ¡Wolfram! —Dijo botando en el lugar y separándose bruscamente de la mujer. El rubio lo abrazó de forma posesiva.
— ¿Quieres algo con MI prometido? —Dijo afincándose más de lo debido en el pronombre posesivo de la primera persona del singular "mí" —. Y tú traidor —Siguió comenzando a ahorcarlo en el abrazo.
— ¡No estaba haciendo nada, te lo juro!
— Lamento haberle importunado joven Von Bielefend, sólo estaba expresando mi admiración hacia el Maoh.
— Nadie te ha dado permiso de tocarlo —Gruñó casi mordiéndola.
— ¿Ah¿Se tiene prohibido tocarlo? —Siguió desafiante.
— Vamos, tranquilos, calma pueblo… —Trató de apaciguar el Rey.
— ¡Yuuri! —Llamó Murata. La atmósfera de tensión y hostilidad se perdió enseguida.
— ¿Qué sucede? —Preguntó preocupado, soltándose del posesivo abrazo del ojiverde y dirigiéndose a hablar con el Great Sage, arreglándose la camisa.
— Günter te está buscando —Éste se echó para atrás, no gustándole nada el hecho que eso presagiaba. Cayó de rodillas.
— Dame un respiro Murata…
— Ya te has tomado uno de casi… —Contó con los dedos—. Diez minutos… —Agarró por la camisa al Maoh y mientras éste lloraba, el otro lo arrastraba cual costal hacía donde fuera que estuviese el tutor real. Miró a Wolfram y sus ojos se encontraron…
2
Se dejó caer de forma pesada en la cama. Sentado y acompañado por el silencio de la noche, cerró los ojos comenzando a respirar acompasadamente.
— Escuché lo que anunciaste —Le dijo tranquilamente Wolfram sentándose en la cama rompiendo el silencio que reinaba anteriormente. El Maoh se volteó mirándole y pidiendo algo de tregua muda, así evitar pelear esa noche, su alma le exigía descanso, pero, se avecinaba una larga y tediosa conversación.
— ¿Qué de todas las cosas que anuncio, te refieres?
— Lo que le dijiste a Günter.
— Ah, eso.
— Sí, eso. Eso dije, si tú quieres, luego de esta locura, nos casaremos.
— ¿Y tú que quieres?
— ¿Ahora si importa lo que yo quiero?
— Aquí vamos de nuevo. ¿A que juegas Yuuri?
— ¿No es lo que querías¿Quién te entiende Wolfram? —Preguntó cansado. Se recostó en la cama y se colocó en posición fetal… ese cansancio no le parecía normal. Bueno, en ese mundo a él nunca nada le parecía normal. Cerró los ojos, tratando de descansarlos un poco, sentía una presión leve en el cerebro.
— ¿Yuu…? Oe… —Dijo moviéndole.
— Te estoy oyendo… si te ofendió el hecho de que decidiera casarme, perdó… —El príncipe no supo exactamente si el moreno se había quedado dormido o se había desmayado. Apretó los labios, llevándose las manos con gesto pensativo a la vez que preocupado. Lo situó boca arriba, y se fue acercando lentamente, colocó sus labios en el entrecejo del Maoh y notó que estaba algo caliente. Se alzó un poco y colocó ahora su mano, si definitivamente la temperatura del pelinegro no era normal.
— Yuuri —Le movió casi susurrándole—. Yuuri… Yuuri despierta.
— ¿Eh? —Preguntó muy desubicado—. ¿Wolf?
— ¿Te sientes bien¿Quieres que llame a alguien?
— Estoy bien. ¿Puedo dormir? —Preguntó con su voz casi dolorida.
— ¿Qué te pasa¿Te duele algo? —Estaba comenzando a preocuparse. ¡Y si le ocurría algo grave!
— Iré a llamar a Weller, no te muevas —El de ojos negros lo agarró por la camisa, con los ojos cerrados y lo sentó. Su forma original estaba liberada. ¡Algo raro pasaba¡Era definitivo!
— Sólo quiero dormir, capaz Günter arma un escándalo… así no hay quien pueda dormir.
— Pero, tienes alta la temperatura…
— Wolfram, te lo suplico, no me siento bien. Por qué mejor no te acuestas y te duermes tú también. Mañana son las preliminares y sé lo mucho que quieres ganas ese estúpido torneo. Abrió de nuevo sus ojos de pupilas agatadas, las cuales estaban demasiado lubricadas.
— Está bien… sólo, déjame cambiarme —Concedió inseguro. Sabía que los humanos se enfermaban, pero, no estaba seguro de si Yuuri sufrían también esas debilidades. Se cambió rápidamente y volvió a la cama, donde estaba su acompañante con los ojos cerrados, la respiración se volvía errática a cada minuto y sus mejillas normalmente pálidas habían adquirido un tono rosáceo.
— ¿Te puedo pedir un favor Wolf? —Pidió en un susurro delirante el pelinegro.
— ¿Qué sucede Yuuri?
— ¿Me podrías abrazar?
De todas las cosas que habían pasado por la cabeza, esa definitivamente no era ni siquiera una opción viable¿Por qué le estaría pidiendo semejante cosa si normalmente lo rechazaba? Suspiró algo cansado, pasado el shock inicial, se acostó al lado de su futuro esposo, y envolvió en su suave brazo el temperado cuerpo del Maoh.
Prontamente su sentido del olfato recibió de lleno el aroma que desprendía el príncipe Von Bielefend. El recordaba ese aroma, aunque no sabía definirlo, su cerebro se confundía debatiéndose entre la flor violeta y el sándalo, o los mezclaba los dos. Sus músculos comenzaron a relajarse poco a poco y su mente comenzó a caer en el sopor somnoliento que propiciaba el momento.
Jamás se había sentido tan bien en algún lugar, era, sentimiento de pertenencia. Sí, era como si siempre debió haber estado allí y sin embargo, había tardado demasiado tiempo en descubrirlo. Un suspiro escapó de su boca, al encontrar algo no sabido. Quiso quedarse allí para siempre, tal vez volverse uno con todo aquello que estaba sintiendo y era nuevo para él, sentía que, en ese momento nada malo podía ocurrir.
Wolfram observaba algo inquieto al moreno, parecía un niño perdido. Sintió removerse en su sitio como buscando algo más profundo, pero, al menos que quisiera fundirse, no podría llegar más allá. Llevó una mano a su cabello sin dejar de abrazarlo, si era un sueño, entonces; quería recordarlo como el sueño más hermoso que había tenido en ochenta y tantos años que había estado viviendo solo, en su coraza de malcriadez y antipatía.
Al sentir las caricias, Yuuri en un esfuerzo sobrehumano, abrió los ojos de nuevo y levantó su cara. Estaban muy cerca… peligrosamente cerca, sus respiraciones se entremezclaban, los sonidos casi inexistentes del exterior iban desapareciendo. ¿Qué podía suceder? En esos momentos era, o romper de raíz o seguir hasta las últimas consecuencias.
— Yuuri ¿Qué quieres de mí? —Le cuestionó algo alterado el rubio. Su respiración se había vuelto acelerada. Y o el ojos negros se dormía, o la verdad no respondía de sus actos. ¡¿Por qué el maldito Maoh le parecía tan jodidamente, bello!? Todo en el parecía irradiar un aura de pureza y tranquilidad estabilizadora que lo convertía en todo centro de atención.
— Si quieres besarme, hazlo… —Permitió el Rey de todo Shin Makoku. Tenía la boca semi-abierta para poder respirar ya que, sus fosas nasales parecían estar tapiadas. Luego podría alegar demencia de momento. Por fin podría hacer lo que estaba esperando hacía varios años, y estaba teniendo un permiso, tal vez no en todos los sentido, pero, permiso al fin.
Se acercó casi con temor de que en cualquier momento, todo se desvaneciera y no fuera algo más que un sueño que su cruel mente le propinaba torturándole. Se alzó un poco y atrapó sus labios, suavemente, estaban calientes, al contrario de los suyos, fríos…, introdujo su lengua, luego que el de cabellos negros abriera la boca en busca de aire que no llegaba sus pulmones por medio de su nariz.
Acariciaba sus labios mientras su lengua ávida reclamaba esa boca que hacía tanto tiempo debía haber sido suya. Se habían olvidado de todo, Yuuri había decido entregársele al rubio sin importar el después o las consecuencia de dichos actos que iban a estar aunados a sus arrepentimientos. Dios clemente, se sentía en el cielo. Todos sus males se habían ido filtrando, su cabeza estaba totalmente en blanco, y eso le gustaba… eso era lo que más le había gustado de Wolfram, el abstraerlo de todo, ya fuese de mala o buena manera.
Alzó sus caderas buscando un poco más de contacto cuando un ruido afuera hizo que se separaran y sus sentidos se dispararan en alerta. No estaba permitido estar en esa área del castillo en donde estaban el cuarto de la princesa y del Maoh.
— ¿Qué fue eso?
— Quédate aquí Yuuri —Dijo limpiándose un poco la boca, agarró la espada que había dejado por allí tirada y se asomó con cautela, más el pasillo estaba ahora desolado. Sintió una presencia tras suyo, era el terco monarca—. Te dije que te que… —Lo amordazó con sus mano.
— Hay alguien afuera —Le advirtió en su oído. Le soltó y cerró la puerta, cayendo sin fuerzas—. Hay que buscar a Conrad… ya yo no puedo caminar.
— No puedo dejarte aquí sólo.
— ¡Greta!
— ¡Quédate aquí!
— ¿Estás loco?
— Joder Yuuri, por primera vez en tu existencia hazme caso y quédate aquí… ¿Ok? Yo iré a ver a Greta, confía en mí —Iba a remilgar cuando el príncipe lo dejó con la palabra el la boca.
— Yo confío en ti… a mí me parece todo lo contrario —Masculló dejando caer la cabeza en las puertas de madera, cerró los ojos, y el beso que había compartido con Wolfram regresó a su cabeza. Exhaló cansado ¿En que demonios había estado pensado? Lo peor de todo había sido que lo había disfrutado. ¡Claro que lo había disfrutado! Un poco más y la excitación hubiese sido insostenible, no habría dudado un sólo momento en entregársele.
¿Realmente hubiese dejado que Wolfram…? Se llevó una mano a la boca y se dio ligeros golpes contra la puerta. Escuchó otra vez pasos en el pasillo. Se levantó y se alejó de la puerta, aún estaba en su forma liberada, sólo tenía que prepararse para atacar. Cerró la mano y la abrió casi instantáneamente, y una bola de agua apareció en su mano, cuando la puerta rechinó al abrirse. Se colocó en posición de combate.
— ¡Yuuri¡Somos nosotros! —Dijo Conrad al verlo. Este se detuvo y toda magia desapareció, no midió bien, y también selló su forma original. Al no estar sostenido por la fuerza del Maoh, éste cayó desmayado; habiendo llegado al límite de sus fuerzas. Wolfram lo sostuvo en sus brazos antes de que pudiera lastimarse por colisionar contra el piso.
— ¿Qué le sucedió? —Preguntó Gwendalf llegando y mirando al Rey desmayado en los brazos de su hermano menor.
— Está enfermo —Contestó el rubio siendo el único capacitado para responder a tal cuestionamiento.
— ¿Enfermo? —Repitieron Conrad y Gwendalf al mismo tiempo.
— Si… pero, si quieren mí opinión —Lo alzó en sus brazos como quien sostiene a un bebé y lo colocó suavemente en la cama arropándolo—. Sólo déjenlo descansar. Hoy y mañana. Supongo que su cuerpo está diciéndole que se está pasando.
— Está bien —Dijo el castaño—. Haremos lo que tú digas. A fin de cuentas eres quien mejor le conoces. Enviaré a dos guardias que custodien las puertas, mientras tratamos de encontrar al intruso.
— ¿Estás seguro? —Preguntó incrédulo, mientras sir Weller lo sacaba de allí.
— Cuídalo bien, Wolfram.
— Eso haré Conrad —Murmuró luego que se hubiese marchado. Él también estaba excesivamente cansado, demasiadas emociones para un solo día. Se recostó al lado del Maoh y se permitió abrazarlo para que su sueño se viese protegido, mientras que él también se perdía en los brazos de Morfeo embriagado con el tranquilizante aroma que solía tener Yuuri.
TBC
¡Cha, chan! El tercer capítulo ¡¿Quién diría que íbamos a llegar aquí?! Espero que les haya gustado. A mí no me pareció tan malo. Bueno, ya son la una y media de la mañana y, creo que hoy me voy a dormir temprano.
¿Cuándo actualizo otra vez¡No me pregunten eso! Puede ser mañana, puede ser nunca. Bueno, creo que he cumplido la cuota del WolfxYuu, que tanto me pedían… en fin, nos vemos en la próxima actualización.
Atte. Liuny.
Hay un outtake de un lemon en este capítulo, quién lo quiera leer que me lo pida y yo se lo mando XP.
