Swells
Advertencias: OOC (puede ser grave, seriously... GRAVE). Yaoi (pero hey, la serie casi ya lo es, isn't?). E inconsistencias varias (eso lo van a tener que perdonar si quieren seguir leyendo ;P). Y KKM! No es mío, pero, esto no es realmente una advertencia ¿O sí?
AVISO para mari_li_ly si es que sigues leyendo esto. En los dos Reviews que me mandaste a decir verdad, jamás llegaste a decirme tu correo. Por esta razón, jamás te mandé el outtake. Dame tu correo y te daré el archivo. ¿Vale?
Capítulo IV: God/Bye
Se sentía como navegando en el océano, sólo que eso era imposible... ¡Greta! Le atacó su mente con brusquedad, obligándole a abrir los ojos en una reanimación forzosa y dolorosa.
— Calma Yuuri, aún estás muy débil... —Le sostuvo con destreza y suavidad.
— ¡Oh! ¡Su Alteza...! —Comenzó a delirar Günter, recibiendo una mirada matadora por parte del joven Von Bielefend. Eso lo hizo tragar duro y retraer sus intentos de apapachar hasta morir al Maoh.
— ¿Greta? ¡Wolfram! —Comenzó exasperado, sosteniéndose tenso de su prometido.
— Calma, todos estamos bien.
— ¿Qué sucedió?
— Aún no lo sabemos... —Le contestó sinceramente el rubio. Yuuri suspiró, sintiéndose severamente mareado. En ese momento, ruidos de pasos se escucharon. Günter, Conrad y Wolfram sacaron sus espadas y tomaron poses de ofensiva. Las puertas se abrieron y antes de que los guardias del Maoh pudieran cometer alguna locura, dos personas se revelaron.
— ¡Su Santidad! ¡Ulrike-sama! —Soltaron con sorpresa todos.
— ¡Io, Yuuri!
— ¡Shinou-san! —Saludó Yuuri con su mejor sonrisa en aquel estado. Todos voltearon a ver, consternados al pequeño Maoh. Erguido de forma orgullosa encima de las rodillas del enfermo, con esa personalidad tan suya—. ¿Qué hacen aquí?
— ¡De visita! Oímos que habías caído enfermo y que no despertabas. Eso hizo a Ulrike preocuparse, así que, aquí estamos todos. ¿Estás bien?
— Uh... —Respondió con desgana. Aquella enfermedad estaba dándole con fuerza.
— Creo que será mejor que regreses a tu mundo —Le hizo saber Shinou, críptico—. Daikenja te acompañará. Si Lord Von Bielefend quiere hacerlo también...
El Maoh de ojos y cabellos negros escondió su mirada bajo el flequillo. Otra vez iban con aquello. ¿Qué no habían aprendido nada? ¿Por qué mejor no le decían lo que sucedía de una buena vez? ¿Qué sería esa vez? Ni Flynn-san ni Sara habían mandado misiva alguna anunciando catástrofe; Dai Shimaron estaba inusualmente tranquilo, la paz se habían mantenido hasta ahora. ¿Quién querría matarlo ahora? Sin embargo, haciéndole gala a su personalidad pasiva, dejó que hicieran lo que mejor les pareciera. Había preguntado acerca del torneo, había pasado a estar on hold hasta nuevo aviso. Nadie había estado en desacuerdo ni siquiera se oyó protesta. Había estado fuera de juego por veinticuatro horas ¿Y ya iban con todo aquello?
Que mierda... iba a pasar su cumpleaños enfermo...
1
Wolfram miraba a su Rey, pretender dormir. Nadie podía dormir con la nariz tan congestionada. Luego de la sorpresiva aparición de la comitiva del templo y su genial idea de mandar a su mundo a Yuuri. Todo habían regresado a la normalidad sin embargo, cuando Conrad había pedido ir también a la Tierra... todo se había desenvuelto tensamente. Gwendalf, Günter y el mismo Weller estaban tirantes y esquivos. Inclusive parecían dejarle de lado, adrede. Algo grave estaba por suceder, especialmente por aquella enfermedad, venida de ningún lugar que ni siquiera Gisella se había atrevido a curar. Ahora que caía en cuenta de ello, ningún doctor había visto al Maoh. ¿Que coño estaba sucediendo?
Volvió la vista a Yuuri, quien casualmente se movía y abría los ojos, sintiéndose solo y a salvo, para encontrarse con la mirada seria, penetrante y el entrecejo fruncido de Wolfram. En la mañana, irían a su mundo, Ulrike perpetuaría la ceremonia para evitar que su estado intermitente lo dejara varado en medio del viaje. Un suspiro, salió de su boca, sentía su alma queriendo salirse de su cuerpo, literalmente. Entrecerró un ojo de dolor y luego de sonrió a Wolfram. Eso sólo hizo aumentar el rictus del rubio...
— Wolf... estoy bien... ¿nee~? —El rubio iba a comenzar a llevarle la contraria al Maoh, cuando éste cerró los ojos y se agarró el corazón, encogiéndose en sí mismo. Wolfram parpadeó y se restregó los ojos cuando vio el cuerpo de su prometido, duplicarse. Era como una repetición menos nítida ¿Él también estaría enfermando?
2
— ¿Cree que servirá? Después de todo es el Maoh —Le advirtió no muy convencido un encapuchado a la persona que estaba a su lado. El salón estaba en penumbras y a penas si podían distinguirse siluetas vagas. Una sonrisa oscura fue lo único que recibió por respuesta el encapuchado, quien dirigió la vista en esos precisos momentos hacia el frente en dónde se encontraba una bola de cristal con un cielo nocturno lleno de estrellas, una de ellas, resaltaba del resto y brillaba con intermitencia como amenazando con apagarse..., muy, muy cerca de esta, otra estrella brillaba con un intimidante resplandor amarillo; hizo que la persona que había sonreído anteriormente, cambiara el rictus a uno algo molesto. Ese chiquillo...
3
— ¡Yuuri! —Habló alterado Wolfram al ver que no eran imaginaciones suyas el hecho de que su futuro esposo estuviera ¿disociándose?
— Wo... Wolf... —Gimoteó el Maoh, buscando su mano.
— Yuuri ¿Qué te sucede?
Le sostuvo la mano que buscaba la suya, apretándola. ¿Qué significaba todo aquello? Dejó de sentir súbitamente la energía vital de Yuuri. Eso lo hizo probar por primera vez el pánico. Una sensación de vaho, le acometió en el vientre y su corazón comenzó a latirle casi convirtiéndose en un pitido. Abrazó al moreno brusca y fuertemente y liberó todo el Marioku que pudo de un solo golpe, para esquejarlo a su novio. Quien abrió todo lo que dieron sus párpados y aparentemente volvió a la vida en un jadeo sofocado.
4
— ¡Rápido Ulrike! —Le apremió el Daikenja, consumido en la angustia.
— ¡Lo hago lo más rápido que puedo! ¡No eres el único que está preocupado! —Le regañó, mordiéndose los labios, tratando de abrir la entrada al otro mundo para que Yuuri pudiera recuperarse.
— Pues, vas a tener que hacerlo más rápido, mi estimada Ulrike —El Great Sage, observó a su amigo, sentado como siempre sobre una de las cajas del fallecido Soushu... el cual observaba críptico la bola de cristal donde se encontraban todas las personas de su reino—. Lord Von Bielefend no lo sostendrá para siempre...
— Debimos haberle dicho lo que sucedía... —Le recriminó como siempre el pelinegro.
— Eso sólo lo hubiese vuelto consciente y no siguiera con vida.
— ¿Cuánto crees que aguantará Lord Von Bielefend?
— Mucho dependerá del mismo Yuuri —Murata se golpeó la cara, constipado. ¿Qué no le podían dejar en paz por varios meses consecutivos? ¿Y por qué parecía que el pasado siempre se tenía que abrir paso en el presente y joderles la existencia?
— Aunque me sorprende que esta vez no sea tu culpa...
— A mí también me sorprende.
5
— ¡Su Alteza! —Saludó Conrad a las seis de la mañana, entrando en el cuarto del Maoh junto con Günter. Los dos se quedaron pasmados al ver ver al Maoh y a Wolfram, definitivamente no durmiendo—. ¡Oe! ¿Están bien? —Preguntó, yéndose con rapidez a donde estaban su hermano y su ahijado, Von Christ reincorporó al príncipe rubio, aterido.
— Alteza, Alteza... Yuuri... Despierta... —Conrad dejó escapar un suspiro de alivio al ver que el aludido medio abría los ojos, pasándose la lengua por los labios resecos.
— Co... Con...
— Shhh.
Wolfram despertó a los pocos segundos, tirando asustado a Günter al suelo de un golpetazo.
— ¡Per... pervertido! —Gritó en hiato su hermano tapándose con las sábanas a pesar de estar completamente envestido con su uniforme azul de siempre. Conrad y Yuuri lo vieron con una gotita de sudor resbalarle por la cabeza, mientras el pobre hombre de cabellos morados estaba desvencijado en el piso por la afrenta. El Maoh se pegó de su padrino, temiéndose lo peor cuando Von Bielefend se volteó a mirarlo—. ¿Estás bien? —Preguntó, sorprendiéndoles a todos, con voz preocupada y hasta asustada.
— Um —Asintió, sintiendo como un calorcito se instalaba en su corazón.
— Su Alteza. Tenemos que partir inmediatamente. Ulrike y Su Santidad dicen que tienen que partir inmediatamente.
— ¿Y qué estás esperando Weller-Kyo? —Le regañó, levantándose y acomodándose el uniforme el cual no estaba perfecto por haber dormido con él—. Parate de allí, Günter —Lo agarró de la pierna al ver que no respondía y lo jaló, mirando enfadado a Conrad quién alzó en vilo a Yuuri y se fue tras el príncipe malcriado.
6
— Yuuri-Heika, también llévese a Morgif —Terminó de indicar la Sacerdotisa, dándole la espada al Maoh que todavía seguía cargado por el Comandante—. Y por último, Weller-Kyo irá por usted cuando sea el momento... ¿Está bien? —Éste sólo asintió. Sosteniendo a Morgif quién estaba inusualmente callado.
— Dame a Yuuri, Conrad —Pidió impaciente el mazoku rubio, posicionando en el estandarte que lo llevaría con sus suegros. El Maoh se acomodó en brazos de Wolfram, sintiéndose demasiado débil para protestar.
— ¿Está Listo Lord Von Bielefend? —Preguntó Murata también posicionado. Wolfram asintió. El Great Sage, le hizo un gesto con la cabeza a Ulrike quien comenzó con la ceremonia.
Mientras desaparecían, la mirada de Yuuri se encontró con la de su primer predecesor como Maoh. Éste tenía una mirada llena de culpabilidad, además sus agraciados rasgos estaban tensos y aprehensivos.
— Descansa Yuuri... esta guerra no la vas a pelear tú... —Le hizo saber por contacto mental el rubio de ojos azules—. No te preocupes...
7
Como en pocas ocasiones, nadie los esperaba. Wolfram aún mantenía fijo y a salvo el cuerpo de Yuuri en sus brazos, erguido con orgullo, con Murata a su lado, completamente empapados.
— Será mejor irme a buscar a Mama-san y secar a Shibuya. No queremos que empeore...
— ¿Qué está sucediendo? —Exigió el Príncipe Von Bielefend. La mirada con anteojos del Great Sage se oscureció—. ¡Tú! —Iba a comenzar a reprocharle.
— ¡Wolf-chan! ¡Yu...! —Jennifer había llegado al baño, alegremente ¡Su hijo había regresado! Ahora, algo no estaba bien. Yuuri estaba en brazos de su yerno, sosteniendo una espada que ¿cantaba? Mientras que Wolf-chan y Ken-chan se miraban de una manera que no presagiaba nada bueno. Sin embargo, al escuchar el canto de la espada los dos miraron a Yuuri.
— ¡Ahhh! Mama-san —Saludó urgido, Murata.
— ¿Qué le sucedió a Yuuri?
— Tiene gripe, por eso pensamos que es mejor que esté aquí... ¡Nee, mamá-san! ¡Hablamos luego! Von Bielefend, ¡Vamos! —Le instó, agarrándole por el cuello de la ridícula capa que usaban para pasar de mundos.
— ¿A... ¡A dónde!?
— ¡Es... espérenme! —Dijo Jennifer, yendo tras ellos.
Habían secado a Yuuri y lo habían dejado en su cama, respirando moderadamente bien, todo lo que su gripe le permitía hacerlo. Morgif seguía gimiéndole al durmiente, mientras que mama-san, estaba en la cocina preparando caldo para cuando Yuuri despertara, y Wolfram y Ken, volvieron a quedar solos, Murata tragó audiblemente al ver la mirada del rubio.
— ¿Qué-le-pasa-a-Yuuri?
— Tú sólo preocúpate de mantenerle con vida —Le advirtió mirando por la ventana, evitando hacer contacto directo con su ejecutor. Quería conservar su vida... y sabía que al joven Von Bielefend no le temblarían las manos para destilar un poco del stress acumulado en su cuerpo.
TBC
