Viernes, 29 de Julio de 2005
Querido diario:
Estoy cansada, de todo y de todos, nunca debería de haber hecho este viaje, de hecho creo que nunca debería de haber salido de mi casa, o que nunca debería de haber nacido...
¿Por qué tienen que amargarme de esta manera? ¿qué narices he hecho yo para que todas las desgracias me caigan encima?. Ahora pienso que en otra vida debí de ser un dictador o alguien tremendamente malvado y mis pecados los estoy pagando ahora, o simplemente nací con una estrella negra.
Jamás he pasado tanta vergüenza en mi vida, jamás me han humillado de semejante forma, yo, que sólo quería disfrutar de un cálido día con un amigo, me encuentro en el parque con Maki y Jun... La verdad es que en aquel justo momento Michael y yo estábamos a punto de besarnos... otra vez casi lo hago, dejarme llevar y no pensar con la cabeza, pero es que Michael estuvo fantástico, alegre, cómico, interesado... y no le vi nada malo en tener un roce...
Pero en ese justo instante, esas dos arpías, porque ya no encuentro otra forma de llamarlas, se acercaron hacia nosotros... con mi diario entre sus manos, ¡mi diario!, ese bloc en el que escribo todos mis pensamientos y sentimientos más profundos. Comenzaron a insultarme, que si era una lagarta, hipócrita, que me hacía la mosquita muerta para conquistar a los chicos como Yamato y enredarles para sacar partido. Me quedé muda en ese instante, ninguno de los músculos de mi cara pudo moverse...
Pero ahí no queda la cosa, tras haber interrumpido el agradable rato que estaba pasando para olvidar mis problemas con Yamato, las muy rastreras dieron sus argumentos para semejante vociferio, comenzaron a leer literalmente lo que escribí ayer, osea, todo lo que ocurrió con Yamato la noche en la que nos emborrachamos... Su tono de voz era muy meloso y puntillista, recalcando cada una de las palabras que a ellas más le molestaban y clavando una aguja más profunda en mi corazón, no lo pude evitar, comencé a llorar e intentar quitarles el diario, pero a cada movimiento que hacía ellas me esquivaban y seguían leyendo cada vez más alto hasta gritar.
Por suerte, el bueno de Michael se encaró a ellas al ver que arrancaban varias páginas del diario, y con extrema agilidad se lo quitó, nada más rozar mi preciado objeto con las manos salí corriendo de allí, no quería estar con nadie, quería perderme en mi desesperación, tal vez para ver si podía llegar a tranquilizarme.
Llegué a hotel como un rallo, y me tumbé bocabajo en la cama llorando y berreando como una niña pequeña, lo necesitaba, necesitaba descargar toda esa tensión e ira que se han estado acumulando poco a poco a lo largo de este viaje. Estoy cansada de esas dos, quiero que se marchen, porque sino lo hacen ellas lo haré yo, y me da igual que mis amigos traten de convencerme, ellos no saben por lo que estoy pasando, esto es peor que una pesadilla, para una vez que consigo relajarme con Michael y olvidar todos mis problemas, una nueva carga se me echa a la espalda.
Me incorporé de la cama, y vi en una de las sillas la camiseta que me había regalado Yamato, la cogí y la abracé con todas mis fuerzas, no sabía por qué, pero era como sentirlo a él rodeándome con sus brazos como cada noche, y aunque con Michael me siento muy a gusto, nada consigue tranquilizarme tanto como la cercanía de Yamato.
Pensar en él provocó que nuevas lágrimas salieran de mis párpados, la tensión se volvió casi locura y me tiré violentamente sobre el colchón, aferrándome también a la almohada, justo en ese preciso instante oí la puerta abrirse, indudablemente era Yamato, con paso silencioso se acercó hasta la cama y se sentó a mi lado, me acarició delicadamente la cabeza y me pidió perdón en un susurro, no entendí por qué dijo eso, luego se levantó y me dijo que cuando me encontrara mejor hablase con él... cuando él se marchó me sentí peor todavía, necesitaba que se quedara conmigo, necesitaba su apoyo, su cuerpo para sostenerme en él y darme seguridad.
Corrí hacia el pasillo y le grité que no se marchara mientras caía derrotada al suelo, él se giró violentamente y en cuestión de décimas de segundo estaba en sus brazos y en la habitación de nuevo. Se lo conté absolutamente todo sin dejar de abrazarle y con la cabeza escondida bajo su mentón, él no dijo absolutamente nada, noté que su respiración se iba haciendo más intensa y comenzaba a temblar, cuando le miré a la cara, sus ojos mostraban una infinita rabia contenida.
Meneó su cabellera, y entonces él también se sinceró conmigo, me contó que ya lo sabía absolutamente todo y el altercado que tuvo con Jun, que había visto cómo cogía mi diario, pero no pensó que fuera nada importante, vi en sus tristes ojos un sentimiento sincero de arrepentimiento, y sonreí entre lágrimas, Yamato no tenía por qué saber que yo escribía un diario, era una tontería que se preocupara de algo de lo que no tenía la culpa, y así se lo dije, él también sonrió tristemente.
Yo le abracé para tratar de alegrarle un poco, le dije que en ese mismo instante le necesitaba muchísimo, que no me apetecía separarme de él.
"A mí me pasa lo mismo" dijo él con una cálida sonrisa
Cuando oí sus palabras, y la situación en la que estábamos, recordé las palabras de Maki y Jun, y ahora que lo pensaba, quizás tuvieran razón, me estaba aprovechando de Yamato, de su sinceridad y amistad para conmigo, yo sólo... ¿le utilizo?. Yo no creo que sea así, pero viendo la situación en la que me encuentro, tal vez esté jugando con él. Mis duros pensamientos hicieron que me apartara de él bruscamente, lo que le dejó descolocado frente a mi actitud, comencé a llorar de nuevo.
Él me agarro de los hombros, y comentó lo más tranquilo que pudo que no pensaba dejar la situación así, a partir de aquel día, ni Maki ni Jun volverían a molestarme, porque él mismo las iba a devolver de donde habían venido, esas palabras me tranquilizaron, pero no consiguieron apagar mi angustia, ¿y si yo soy igual de rastrera que ellas?. No quiero jugar ni con Yamato ni con Michael, pero no sé lo que siento por cada uno de ellos, el pensar que pueda sentir algo más que amistad, simplemente me aterra...
No podía calmar los nervios, le comenté a Yamato que yo también pensaba en volver a casa antes de lo previsto, su cara palideció por completo.
"No puedes..." dijo en un susurro "Yo... necesito saber que estás bien, sino me moriré de la angustia sabiendo que te has ido a tu casa en semejante estado anímico..."
No sabía que hacer, Yamato era realmente dulce conmigo, jamás le había visto como lo que en realidad es, un verdadero hombre, ahora comprendo por qué tiene a tantas chicas a su alrededor, no es simplemente su aspecto físico, es una esencia propia que transmite al resto, una madurez y calidez inigualables, que hace sentir bien a la gente, tal vez haga falta mucho tiempo para darse cuenta de ello, pero con razón Yamato es un Don Juan, porque es únicamente exquisito...
Me ruboricé ante mis pensamientos, mi corazón comenzó a latir desbocado, pareciera que fuera a abandonar mi cuerpo en cualquier momento dando intensos botes, le miré sorprendida por una reacción inesperada, ahora latía con más fuerza que el mayor de los terremotos.
"Pero yo... seré una carga para tu gira..."
Colocó ambas manos sobre mis mejillas, entonces recordé el día en el que nos besamos, fue una sensación intensa, pero jamás tanto como la que sentía ahora, y simplemente por el contacto de su piel con la mía, llegué a pensar que me había vuelto loca.
"No no... te necesito más que a nadie ahora mismo, Sora yo... he descubierto que... te quiero..."
Numerosas imágenes se sucedieron en mi mente al escuchar esas palabras, la capacidad de reacción que tenía no era mayor que la memoria de un pez, y solo unos cuantos segundos después pude comprender lo que había dicho, y la fuerza con la que chocaban esas palabras contra mi corazón.
No pude reaccionar, él envolvió mis labios con los suyos en un tímido beso, después acarició mi mentón y se marchó de la habitación.
No me lo puedo creer, no me lo puedo creer, no me lo puedo creer... me ha besado... pero ha habido un completo abismo respecto al beso anterior... no sé lo que hacer, no encuentro las palabras para definir mis sentimiento respecto a esa declaración, me gustó que me lo dijera, pero no sé hasta qué punto, porque también está Michael.
Y hablando de Michael, tras la intensidad de mi encuentro con Yamato, tras la cena, en la que disimulé que había estado llorando lavándome la cara 1000 veces antes de ir, me llevó hasta la terraza para hablar conmigo.
Me comentó que les había cantado las cuarenta a ese par de brujas, y que ya se había enterado de que Yamato las "deportaba" al día siguiente, sus palabras me animaron mucho, porque a pesar de lo que oyó de ellas, me dijo que no le importaba absolutamente nada de lo que había pasado, que yo era libre de vivir como quisiera y de hacer las cosas que me diera la gana, tras un incómodo silencio para mí, me preguntó por Yamato.
"¿Le quieres?" fue su simple pregunta.
Negué con la cabeza.
"No lo sé, no sé lo que siento por él, de hecho no sé nada, no he tenido tiempo para pensar con tranquilidad".
Él sonrió, me dijo que ahora que esas chicas nos dejaban tranquilos tendría el suficiente tiempo para descubrir mis sentimientos, se acercó a mí y me cogió de la mano, y me pidió que le tuviera también en cuenta a él, ya que sentía algo por mí que hacía mucho tiempo había olvidado que podía volver a sentir.
"Te tengo en cuenta Michael, Yamato y tú me gustáis mucho, pero no sé en qué forma, eso es lo que tengo que descubrir, ya que cada uno tenéis algo especial..." dije en un leve suspiro, él me dio un beso en la mejilla, y se marchó hacia su habitación, dejándome con una gran duda, ¿qué es el amor?.
Y eso es todo, estoy en mi cama, escribiendo en mi diario, aunque ahora le falten unas cuantas páginas he conseguido mantenerme firme y seguir escribiendo en él, Yamato está practicando con algunos acordes, y enseguida nos vamos a dormir, espero que esta noche también duerma conmigo en mi cama, para sentir su calidez.
Sólo me quedan un par de asuntos por zanjar, uno es hablar de este tema con Mimi para que me aconseje en algo, necesito la opinión de una amiga, el otro, vengarme de ese par de monstruos llamadas Maki y Jun...
De momento me despido, tengo que pensar en hacerles una buena jugarreta que les haga escarmentar por sus actos rastreros, se despide esta servidora, esclava del amor en estos momentos, y dudando entre dos hombres, ¿por qué mi vida será tan complicada?, esto está más enredado que una telenovela...
Besitos...
