.

Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Naoko Takeuchi, utilizados por mi solo porque los amo y me hace feliz escribir de ellos xD

.



.

.

No lo puedo evitar.

.

.

Yaten estaba algo desvelado, le costaba dormirse cuando estaba en Londres, al menos los días en que viajaban a alguna otra ciudad europea se distraía con el cambio de paisaje, pero ahí ya todo le parecía monótono y sin vida, cada vez aguantaba menos sin sus escapes a Tokio. Era las tres de la mañana y tenía revuelta las sábanas de tanto dar vueltas, buscando sentirse cómodo para dormir.

Sintió a alguien en la cocina, así que se levantó y fue a revisar, pero al llegar no había nadie, iba a volver a su intento de dormir cuando vio que en el balcón principal estaba sentado Seiya, era extraño que estuviera despierto, generalmente era el que mas dormía. Se dirigió junto a su hermano ya que no tenía nada más que hacer, y había aceptado que al menos esa noche no podría quedarse dormido.

- ¿Desde cuando desperdicias tus preciadas 12 horas de sueño en mirar por el balcón?

- ¿Ah?

- Demasiado distraído.

- ¿Vienes a buscar cómo reírte de mi?

- No, tú me das bastantes oportunidades, no necesito buscarlas.

- Jajaja.

- Entonces…seremos como siempre y te dejaré ahí sin que me importe lo que te pasa, ¿o seremos buenos hermanitos y conversaremos hasta que te sientas mejor?

- ¿Hablas enserio?

- Supongo.

- Mmmm, en todo caso la oficina del consejero Taiki a esta hora está cerrada.

- ¿Extrañas a Mina? ¿Es eso lo que pasa?

- En parte sí, o sea la extraño, pero no es lo único que pasa.

- Entiendo, después de todo tú por ser la voz principal del grupo tienes que cargar con más trabajo.

- No me importa eso, todo lo que me pasa tiene que ver con Mina y yo.

- Creí que nunca discutían.

- No, ella está molesta conmigo, no me lo dice pero se le nota, llevamos más de un año sin más contacto que unas llamadas telefónicas.

- ¿Por qué no has ido a verla?

- No tenemos tiempo para nada desde que estamos acá ya lo sabes.

- Seiya, sabes que he ido muchas veces a Tokio desde que estamos aquí, aunque sean dos días. Deberías ir, ella estaría feliz de verte.

- No puedo, hay tantas cosas que hacer acá.

- ¿Por qué no me dices la verdadera razón por la que no has ido?

- ¿Qué? Ya te dije, no hay tiempo…

- Seiya, puede que nunca hayamos sido grandes confidentes, pero te conozco, y sé cuando mientes, así que dime.

- ¡Tengo miedo! Eso es todo, me aterra volver a Tokio, ver como ella a cambiado, ese cambio que se nota en su voz, me aterra pensar en todo lo que pasará cuando vuelva, hay demasiadas cosas que ambos esperábamos para el regreso.

- Eres realmente imbécil, ¿tú crees que si ella no te quisiera esperaría tanto tiempo por ti?

- Nos vamos a casar…nos vamos a casar después de todo este tiempo sin vernos.

- ¿Qué?- Yaten sabía sobre el compromiso de matrimonio de la pareja, pero pensaba que a estas alturas era un tema que habían pospuesto.

- El día que le dije que me iba le pedí que se casara conmigo, me apenaba tanto que nos separáramos que sentí que pidiéndole matrimonio segaríamos estando juntos.

- ¿Le pediste matrimonio para evitar que ella te dejara durante el viaje? ¿Cómo pudiste hacerle eso?

- No, de verdad quise pedírselo, estábamos muy bien juntos, y no sé quién más podría estar conmigo si no es ella, pero ahora es todo diferente. No he vuelto porque tengo miedo de verla a los ojos y sentir que todo entre nosotros es un gran cariño generado por inercia.

- Entonces no quieres casarte con ella…

- No, no lo sé, no sé que quiero hacer con nosotros, no sé si quiero dar un paso más, pero no quiero perderla tampoco.

- ¿Tienes idea de lo dolida que estaba ella el día de su cumpleaños porque no la llamaste?

- ¿Qué? ¿Cómo sabes eso?

- Yo estaba en Tokio, fui a saludarla y la encontré casi llorando, y era obvia la razón.

- Yo…lo siento, ella es demasiado importante para mí.

- Esto no está funcionando, creo que será mejor que esperes a que Taiki despierte, no te serviré de nada.

- Creo que nadie mejor que tú puede dejarme en claro lo imbécil que he sido todo este tiempo.

- Es un don.

Yaten se fue de vuelta a su habitación, no quería estar en medio de Mina y Seiya, pero le molestaba que su hermano no fuera capaz de ver lo que estaba haciéndole a su novia.

-

A pesar de saber las razones de su hermano para no ir a Tokio, a pesar de que aún continuaba sus escapes a ver a Mina, cada vez más frecuentes, a pesar de que el tiempo parecía no darse cuenta de cómo rápidamente avanzaba, Mina y Seiya seguían siendo novios, y resultaba extraño para todos que estuvieran prontos a cumplir siete años juntos, de los cuales cinco los habían pasado separados.

- ¿Seiya? – Habló, aferrada al aparato telefónico.

- Si, soy yo.

- Tu voz se escucha diferente.

- Estoy con gripe, pero estoy mejorando. ¿Y tú como estás?

- Bien, de hecho te iba a contar sobre algo, ¿recuerdas que la última vez que hablamos por teléfono te dije algo sobre el proyecto para escribir en conjunto con algunos de los que fueron mis compañeros de universidad y se graduaron conmigo? Bueno, hace unos días nos aceptaron el proyecto.

- ¡Te felicito! Te lo mereces, aunque se han tardado bastante poco en aceptarlo, hay personas a quienes los hacen esperar años antes de aceptarlos, tu solo esperaste tres meses.

- Pues tres meses me parecen bastante tiempo de espera.

- ¿Por qué lo dices?

- Tres meses sin llamar, quizás cuanto habría pasado si no te llamo yo.

- Mina…

- No, no tengo ganas de discutir, además llamaba para saludarte, hoy cumplimos siete años de novios.

- Lo sé.

- ¿Sí?

- Jamás me olvidaría del día en que me di el valor de besarte. Estoy buscando tener tiempo, darme unas vacaciones para ir.

- No me lo digas, prefiero ver que ya estés aquí a esperar mientras sigues allá.

- Está bien.

- Debo irme, están tocando el timbre, seguro son las chicas.

- Dale mis saludos.

- Claro.

- Mina…tú eres muy importante para mí, no lo olvides.

- Tú también eres muy importante, adiós.

Al abrir la puerta no encontró a las chicas, sino solo a un chico, el cual llevaba cinco años visitándola. El tiempo que compartían, aunque no solían ser más de dos días seguidos, eran muy reconfortantes, Mina no se había dado cuenta cuando comenzó a divertirle tanto tener que convencer a Yaten sobre lo que ella pensaba, ya que él no solía estar de acuerdo y la obligaba a darle razones, lo que la desesperaba en un principio.

Nunca sabían qué harían cada vez que él llegaba, así que improvisaban planes según el antojo del momento, algunas veces Mina lo llevaba a sus salidas con las chicas, siempre que estuvieran sus amigos, ya que cuando eran ellas cinco nadie podía meterse.

Yaten la miraba, a pesar de los años que habían pasado, de la mujer que ella era ahora, de que los años en que ella gritaba como loca en vez de hablar había quedado atrás, aún veía en ella esa inocencia adorable de la Mina que conoció, pero ahora ella era firme, hacía todo por sí misma, ya no se dejaba estar, trabajaba duro por lo que quería. Se daba cuenta que cada vez sus cualidad crecían, que ella parecía brillar cada vez más, y que ese brillo lo envolvía cada vez más, tanto que a veces no entendía cómo había controlado sus impulsos de tenerla entre sus brazos, tanto tiempo se había controlado, y la verdad es que no se sentía capaz de traicionar a su hermano.

Mina notaba como Yaten la miraba fijamente con sus profundos ojos verdes, estaba acostumbrada, ya no se sentía incómoda con el hecho de que él parecía extraerle cada secreto cuando la miraba así, de cierta forma era justo, él le hablaba sin ningún problema de cosas que no era capaz de compartir con nadie más que ella. También estaba acostumbrada a que Yaten de vez en cuando y sin querer se le escapara alguna insinuación sobre lo que sentía por ella, pero no sacaba nada con sentirse incómoda.

-

Al día siguiente fueron al zoológico, Yaten no tenía muchas ganas, pero le era casi imposible negarle algo a Mina, así que aprovechando que era un día agradable para caminar y que el zoológico no estaba con muchas personas ese día, fueron.

Después de caminar aburrido por un rato, siguiendo a Mina, que entusiasmada visitaba a los animalitos, encontró algo que logró llamar su atención, o sea, algo más que Mina.

Se encontraban en la parte del lugar donde habitaban los felinos. Miró con interés los leones, algunos tigres, pero al llegar casi al final de esa división del zoológico su mirada se posó con total fascinación en un animal que se distinguía entre los arbustos con un pelaje negro profundo, los ojos verdes del animal resaltaban en medio de su oscuridad, chocaron con los ojos de Yaten, lo que el chico encontró hipnotizante.

- ¿Yaten?

- ¿Ah?

- Jajaja, veo que encontraste un amigo.

- Es impresionante, míralo.

- Me asusta un poco.

- ¿Por qué?

- Es intimidante, sus ojos, como que te atraviesan.

- Es un misterio.

- Si, como si detrás de esos ojos estuviera el secreto más impresionante.

- Mina, debes dejar de leer tantos libros de fantasía.

- Si no leo se atrofiará mi mente.

-

Siguieron su paseo, fue Mina quién pareció dirigirse hechizada hacia donde un animal descansaba. Una laguna no muy extensa era el hogar de los cisnes blancos, que en ese momento flotaban en el agua dejando que las pequeñas corrientes los mecieran.

- ¿Quieres volar?

- Claro, pero no es eso lo único que me encanta de ellos.

- ¿Qué más entonces?

- Pues mira, esa tranquilidad con la que simplemente se dejan llevar por el agua. Y sus plumas, parecen tan suaves casi invitándote a tocarlos, a sentir la textura, a sentir que en vez de acariciarlos son sus plumas con su inmensa suavidad las que te acarician. Además…son bellos, pero esa belleza es una extraña mezcla de simpleza y majestuosidad, son tiernos y a la vez sus movimientos delicados los hacen ver sensuales.

Pero mientras Mina hablaba encantada mientras observaba a los cisnes, Yaten la escuchaba como si cada palabra fuera exactamente lo que él veía de ella, por lo que en ningún momento vio a los cisnes, el único ser que cumplía cada una de las cualidades de las que Mina hablaba era ella misma, al menos para él.

Al notar que el chico había perdido la atención se giró para hablarle. Ahí estaba de nuevo su mirada intensa.

- ¡Hey! Pareces en otro planeta. Jajaja.

- Mina…Mina…

Algo andaba mal con él, su corazón latía fuerte, más de lo que solía latir cuando ella estaba junto a él. Mina lo tomó de un hombro para hacerlo reaccionar, pero el toque solo provocó que el platinado sintiera como se le erizaba la piel. Estaban ahí frente a frente mirándose fijamente, Yaten acercó sus manos temblorosas al cabello de Mina, jugando con cada hebra dorada, su mano de deslizó su rostro, ella no se movía, cerró los ojos cuando él recorría sus mejillas, por lo que no se dio cuenta como cada vez estaban mas cerca. Yaten ya no podía más, era fuerte, pero más fuerte era la necesidad de sentirla, de disfrutar de ella. La tomó por la cintura en un movimiento rápido y la atrajo hacia él, en ese momento Mina abrió lo ojos con sorpresa, justo en el instante en que Yaten rozaba sus labios. Al principio temía siquiera tocarla, pero comenzó a besarla de a poco, mientras ella volvía a cerrar sus ojos, comenzando a responderle a Yaten, acomodando sus labios y siguiendo sus movimientos. Sus pequeñas manos se fueron a las mejillas del platinado. Era tan dulce, tan desconcertante, su corazón latía tan fuerte como sentía que latía el de él. Yaten saboreó el instante, queriendo ver la expresión de la rubia, comenzó a detenerse, separando finalmente sus labios de los de Mina, ella continuaba con los ojos cerrados no queriendo acabar con el momento. Cuando volvieron a mirarse, permaneciendo abrazados, ambos sonrieron, y Mina no pudo evitar sonrojarse.

Esta vez fue ella quién tomó distancia, rompiendo el abrazo, fue entonces cuando cayó en cuenta que acaba de besarse con Yaten, acababa de besarse con el hermano de quién sería su esposo. ¿Qué tenía en la cabeza? No era correcto hacer esto, estaba lastimando a Yaten y a Seiya. La sonrisa que tenía se desvaneció y la invadió una gran angustia.

- Mina…¿estás bien?

- Yo…esto es…creo que mejor vuelvo a mi casa, debes prepararte, tu avión saldrá en unas cuantas horas.

- Voy a dejarte.

- No, puedo ir sola, gracias, fue un paseo muy…mmm…agradable, si, gracias, adiós.

Mientras veía como Mina se alejaba volvió a sonreír, a pesar de que se sentía culpable por no controlar sus impulsos, aún podía sentir el sabor de Mina en sus labios, y al menos por ahora, no quería pensar en nada más que en ese beso.

-

Mina caminó rápidamente en dirección a su departamento, sabía que deberían hablar, pero no quería que fuera ahora, porque de pronto no supo donde estaba parada. Llegó temblando a su departamento, se sentó sobre su cama abrazando sus rodillas, una lágrima cayó de sus ojos, Seiya había sido siempre el hombre de su vida, estando a su lado sentía que el amor era una laguna calma, como la que mecía a los cisnes, y se mantenía así constantemente. Pero ahora, aunque muchas veces se sintiera en total confianza y tranquilidad compartiendo con Yaten todo se había derrumbado, ellos eran amigos, nada más, ni aunque Seiya no fuera motivo para no mirar a Yaten con otros ojos, ella y el platinado no le sonaba como algo posible, eran incompatibles. ¿Qué era eso que sintió que la recorría por completo, abandonándose a voluntad, mientras Yaten la besaba?

.

.

.


Me he adelantado! Se supone que a esta hora debería estar viajando, pero perdí el bus, así que como viajaré por la mañana me he quedado despierta, solo por si acaso, as no me quedo dormida y se me va de nuevo. Así es que gracias a que soy una despistada, hay capítulo nuevo, no me aguantaba! Quería seguir! Así que espero que lo disfruten!

Patty Ramirez de Chiba: Ahí está la razón, a mi me da penita que el pobre Seiya este tan confundido y asustado, pero bueno, las dudas se aclaran y el miedo se supera algun día

chikita22bkou:Y el nuevo capitulo fue mas pronto de lo que esperaba en realidad yo entre esos dos no sabría con cual quedarme, son tan distintos pero tan adorables a su manera.

Ok, ahora sí que viajo jajaja, asi que ya saben, capitulo 8 a penas pueda!

Besos =)