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Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Naoko Takeuchi, utilizados por mi solo porque los amo y me hace feliz escribir de ellos xD

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Y dondequiera que esté, ahí estarás.

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A penas pudieron darse cuenta de cómo las horas parecieron condensarse y hacer de los días un tiempo insuficiente a sus ojos. Seiya había exprimido cada día al máximo, no le fue permitido despegarse de ellos muchas horas. Queriendo mimarlo como a cada quien se le antojó. Invitándolo a mil lugares, preparándole exquisiteces, haciéndole saber que cada uno lo llevó cerca, manteniendo la amistad nacida de antaño.

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Pasó junto a uno de los ventiladores, invadiéndose los sentidos de la corriente fría recorriéndola, refrescándose, también despeinándose. Mina estaba de compras para la noche, donde harían la despedida momentánea de Seiya, no pretendiendo que él demorara mucho en volver a visitarlos. Ya lo tenían bajo amenaza de mandar un ejército para traerlo de vuelta si fuese necesario. Recorrió los pasillos del supermercado con su carrito, llenándolo de todas las delicias que se cruzaran a su vista, haciendo buen uso del dinero que entre todos pusieron en el evento.

Una extraña mezcolanza de emociones le daba vueltas en aquel momento. No era que sintiera felicidad de que Seiya se fuera, pero si un alivio de saber que él era honesto al decir que lo hacía por sí mismo, que si la posibilidad de buscar libre la felicidad se presentaba, él lo hiciera, tal como ella irresponsablemente lo admitiera en un momento. Sin embargo lo extrañaría, tal como lo extrañó esos años, necesitando tenerlo cerca cuando quiso conversar algunas cosas personales. Le fue difícil llegar a tenerle tanta confianza a alguien, Seiya era un gran confidente, y ella lo era para él.

Al llegar el pasillo de las bebidas rió comprendiendo que esta vez no habría tantas como hace años, y que los chicos, encargados de llevar alcohol, se llevarían el trabajo duro en cuanto a líquidos. Nunca habían prestado atención a eso cuando se juntaban en su adolescencia, pero unos años en la universidad obligó a incluir la novedad a sus reuniones. Y aun no era tanto como para haber estado alguna vez en mal estado, excepto por la ocasión en que perdió la cuenta de la champagne que bebieron durante la cena que Yaten le preparara hace tanto tiempo atrás.

Mejor optó por ir por al pasillo de dulces para saciar a Serena y luego comprar muchas pizzas para Seiya. Llegó a pedir unas cuantas aceitunas para Yaten, y solo unas cuantas porque no lograba acostumbrarse a sentir un beso suyo con sabor a aceituna. Rió pensando en ello, en las mañas que cada uno debía adaptar con el otro. Perdió la voluntad anterior, volviendo por más aceitunas para su platinado.

Exhausta de indagar por los pasillos y llenar hasta el tope su carro, se dirigió a la caja a pagar. Luego manejó hasta casa de Ami para que le acompañara a dejar las compras donde Rei, así evitaba que la atosigara a preguntas sobre la situación que aun no terminada de explicarse entre ella y los Kou.

Volvió a descansar a su departamento, aprovechó que Yaten estaba con sus hermanos disfrutando de paseos que solían dar los tres en juntos en sus años de escuela. Se tendió en su cama a dormir, queriendo prepararse físicamente para la noche, aun estaba segura que psicológicamente habían cosas que nunca podría esperar en calma.

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Seiya y Yaten intercambiaban miradas hastiadas mientras Taiki les explicaba en lo que consistía su visita a un café literario donde ese día recitarían poesía. Entonces casi arrepintiéndose de haber aceptado la mañana juntos, aun así quisieron hacerlo, sabiendo que era un regalo a cada uno de ellos.

A Taiki para darle un descanso a años de intermediario y pacificador, y sobretodo de ser ignorado en sus invitaciones en sus gustos dispares a sus hermanos. Quisieron también verlo en su territorio, siendo normalmente arrastrado al de Yaten y Seiya por turnos. Ahora había que agradecer al único sensato de los tres, por haber estado ahí para cada uno de ellos sin desmedro del otro.

Aún cuando pudo llegar a sentirse en algún momento el causante de la lejanía entre ellos, Yaten admitió el momento actual como su expiación a lo mal que procedió en todo lo relacionado a Mina y Seiya, sin embargo no arrepentido, amaba su presente en demasía.

En principio la salida fue considerada por Seiya como el inicio de su despedida, tornándolo melancólico. Yaten y Taiki le aclararon que era un empujón para recordarle que estarían ahí siempre guardándole el lugar, porque eran ellos tres y siempre lo serían.

Entraron al lugar, envuelto en un ambiente calmo, relajante. El aroma fuerte del grano de café se filtró en sus sentidos de inmediato. Buscaron una mesa para los tres y pidieron sus tazas. Poco después comenzó el momento por el que se encontraban allí. Un hombre de edad se paró en el improvisado escenario y recitó. Taiki apreciaba fascinado los versos y su contenido que semejaban fábulas. La verdad era que la métrica le sonaba armoniosa al oído. Seiya y Yaten se miraron, no teniendo idea de a lo que Taiki prestaba atención, pero sí de las palabras que se pronunciaban. El hombre hablaba sobre la vida, de los conflictos, de la capacidad de vivir plenamente. Les resultó irónico escucharlo, ahora que ponían en orden el desastre que generaron. Por fin sonrieron y aceptaron cada momento, no teniendo nada más que hacer que brindar por ello, tomando sus tazas de café las colisionaron entre sí, volviendo a la complicidad de bromistas incansables entre sí. Taiki se alarmó al choque de la vajilla, volteando a ver lo que hacían. Aliviado sonrió de lado y tomó su taza para unirse a sus hermanos.

Los poetas que le siguieron hablaron de temas difusos. Cantándole a la naturaleza, a la mujer, a objetos inanimados e insignificantes, y los infaltables poemas de amor. Los tres se movieron incómodos tratando de mantener a su manera la actitud. Taiki y su cara reflexiva queriendo analizar estructuralmente el verso, aun cuando las palabras lo llevaban a Ami. Yaten se mantuvo duro, evitando que su rostro lo traicionara y dejara expuesto esa ternura que le despertaba asociar cada sentimiento trascendente a Mina. Seiya se sintió desubicado en inicio, buscando un ente en el cual desembocar sus asociaciones. Despejó con lentitud su acongojo al notar que habían frases que invocaban a Serena, ya no como un deseo frustrado de felicidad, mas bien como un tesoro que de guardarlo le serviría de apoyo siempre. Luego fue Mina, respirando con alivio y sabiendo que las palabras que fueran dirigidas a ella, las enviaba con total satisfacción del tiempo compartido, deseando que el tiempo que ella comenzaba con Yaten fuera el que se amoldaba a ella. Al final sintió esa esperanza con tintes de absurdo, esa en la que pretendía no encerrarse en lo que no fue y esperar que cuando fuera su momento supiera estar a la altura. Y el absurdo se destiñó, lo sabía cuando era adolescente, sabía que alguna maravilla estaría esperando en su vida.

Un par de horas después se terminó la función. Salieron complacidos, sin comentar mucho, llenándose de la calidez del ambiente. Cada uno inició su camino en distintas direcciones, en ayuda de los preparativos de la noche. Taiki tuvo una vez mas que servir de chofer y llevar las cosas compradas donde Rei. Seiya avisó que debía ir por un par de asuntos personales. Yaten fue a ver a Mina.

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Hace días había pensado en llevarle un regalo a Serena, pero no la pudo encontrar. Para su desgracia el regalo eran pasteles, así que no durarían mucho antes de ponerse añejos, ni tampoco durarían con él. Entre risas, admitiendo su debilidad, se había comido la caja de pasteles solo, sin que ni Yaten ni Taiki se percataran o él pensara en convidarles.

Le llevó hasta ahora pensar en algo que realmente hiciera notar lo que quería entregarle antes de irse, y en el transcurso de la semana se dio cuenta que también necesitaba otro regalo. Doble problema, no lograba encontrar el perfecto, hasta que pensó en algo que fuera acorde a cada una de las rubias. Y ahí tuvo su respuesta. De eso ya pasaban dos días, y debía ir al negocio donde encargó fabricar los objetos.

Entró apurado queriendo aún tomar aire antes de irse a su fiesta. La mujer que atendía lo reconoció enseguida, sacando del estante dos cajitas pequeñas, una rosa y una anaranjada. Las tomó, pagó y salió.

Estando en medio del ruido del tráfico cambió de ruta, pasó por algo de comida para llevar y llegó a sentarse a la orilla de un muelle, donde lo único que lo rodeaba era el suave murmullo del agua en un leve vaivén. Fue extraño aun para Seiya querer estar solo antes de irse lejos de las personas que quería. Tal vez la costumbre de pensar en claro donde encontrara tranquilidad, tal vez saber que ahí el aire entraría puro y directo en sus pulmones.

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Entró silencioso en el departamento, esperando encontrarla cocinando el almuerzo o mirando televisión. Ningún rastro de ella. Adivinándola en la habitación continuó su paso sigiloso. La notó acurrucada y totalmente dormida. Se acercó tratando de no despertarla, sentándose a su lado. Fue la contemplación de su calma, preguntándose si era el sueño o la realidad lo que la mantenía así, deseando que esto último fuera la respuesta. Aun así casi pudiendo asegurarlo, la conocía y sabía que ella, tanto como él, disfrutaban de la felicidad que comenzaban a vivir en totalidad.

Guió sus ojos hasta la mano descubierta de Mina, posada sobre un costado, lejos de su rostro. La alcanzó con sus dedos, acariciándola en la palma expuesta, sintiendo su piel tibia y suave, llenándose de ella.

Mina abrió de a poco los ojos reconociendo al instante la figura de Yaten junto a ella, ensimismado en sus pensamientos mientras andaba por su mano. Era un tesoro disfrutar de esos momentos calmos en Yaten, verlo entregado a lo que disfrutaba de su sentir sin barreras, sin tapujos. Descubrir su interior tan libremente expresado la colmaba mas allá de lo que creía que poder albergar, ahí estaba su Yaten. En plenitud, y era eso lo que mas amaba de él, verlo libre ante sus ojos.

Cerró su palma atrapando los dedos juguetones, apretó su mano, moviéndola luego hasta enlazarse con la de él. Yaten reaccionó descubriéndola despierta, besó su mano entre la suya, luego su frente, dejando un camino de cortos besos hasta su boca.

- No quise despertarte. Creo que me debí mantener sin tocarte. – Rió en su broma.

- Hay bastantes cosas que no deberían hacerse y al parecer las hacemos de todos modos. – Respondió Mina alcanzándolo con su mano libre.

Rozaron sus narices. Mantuvieron su cercanía, Yaten solo quiso sentir el aroma suave que desprendía su piel. Mina solo pensó en sentir como el calor acogedor de él se traspasaba a su propia piel. Al final ella se incorporó para levantarse de la cama. Alcanzó el tocador buscando algo con qué recoger su cabello.

- ¿Terminaste con todas las compras para esta noche? – Indagó el platinado mientras quitaba sus zapatos.

- Si, ¿No crees que soy muy eficiente? – Alardeó torciéndose el cabello. – ¿Cómo estuvo la mañana de poesía? Estoy segura que la amaste. – Agregó con un tono de abierta ironía.

- La verdad es que sí. No me suena tan estúpida ahora esa rima. Y debo culparte a ti de aquello.

- ¿Y eso por qué? – Quiso saber.

Yaten se ubicó agachado junto a su silla, girándola para hablar directo, mirando en la profundidad de sus ojos.

- Porque si el anciano que recitó esos poemas de amor ha tenido toda una vida parecida al poco tiempo que tengo junto a ti, entonces no puedo esperar a tener su edad y comprobar lo maravillosa que es la vida a tu lado.

Inundada de sus palabras, sabiendo lo que eso quería decir saliendo de labios de Yaten, no evitó que sus impulsos la guiaran a besarlo y apresarlo con sus brazos. Esa era la única respuesta digna a él. Entregarse como sentía que él lo hacía. Enseguida el platinado la apartó unos centímetros para mirarla sonriendo.

- Aunque me pregunto si seguirás siendo tan malcriada cuando envejezcas.

- ¿A sí? Yo me pregunto si seguirás tan gruñón. – Criticó con un enfado poco convincente.

- Probablemente cuando pasé mas de un minuto sin ti.

Cuando Mina se paró para salir de la habitación, Yaten la tomó de un brazo hasta tirarla en la cama junto a él. Se quedaron tendidos mirando el techo, buscando sus manos por instinto. Finalmente Mina entendió que él pretendía quedarse ahí regado el resto de día que quedara antes de salir. Se levantó viendo a Yaten ceñudo por la distancia.

- Voy por mi libro. Acomódate mientras vuelvo.

- Está bien. – Aceptó sin más alternativa.

Fue primero a la cocina por unos vasos de jugo y unas galletas que compró horas antes, en medio del arsenal de golosinas que debía comprar para la noche. Al regresar se acomodó sentada para leer y Yaten se recostó sobre sus piernas. Pasándole los brazos alrededor le dio una galleta en la boca y se dispuso a leer. El platinado no demoró en dormirse.

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Lo primero que vio al entrar fue a Taiki dormido en el sillón, eso ya era extraño. Al encender de a poco el regulador de luz encontró a Ami recostada junto a él, sonrió ante el desorden aparente y lo distinto que le parecía su hermano en aquel momento. Entonces se fijó en la pequeña mesita junto a ellos, cubierta de libros con figuras extrañas y papeles con ecuaciones que, estaba seguro, ni su computadora nueva podría resolver. Dándose cuenta que al estar juntos Ami y Taiki habían dejado de lado mañas de soledad exclusiva y compartían de lo que disfrutaban. Entendía el sentirse feliz de verlos ahí, y no que al verlos anhelara tener lo que ellos compartían. Se sintió mal por interrumpir, pero ya era hora de salir hacia la celebración de la noche. Carraspeó progresivamente mientras aumentaba la intensidad de la luz.

Ami abrió los ojos y se sonrojó al encontrarse a Seiya frente a ellos, movió delicadamente a Taiki y él despertó. Notando también a su hermano ocultó que también se había sonrojado, parándose con rapidez y desviando la atención.

- Al fin llegas. Te esperábamos para ir donde Rei. - Lo reprendió

- Si, claro. – Ignoró Seiya, en una mueca burlona.

Taiki lo miró serio por un instante, viéndose ya vencido. Fue por sus chaquetas y salieron los tres hacia el estacionamiento. Taiki manejó con Ami de copiloto, dándole vistazos a ratos para apreciarla a su lado, vio por el espejo retrovisor que Seiya sonreía cómplice a la contemplación de su hermano, él no pudo más que sonreírle de vuelta mientras aceleraba el auto.

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Sentada, aprensando el libro con una mano y sosteniendo el rostro de Yaten con la otra, Mina caía dormida en una incómoda posición para su cuello. Con un sueño tan profundo como el del hombre que tenía entre sus brazos. Y aun cuando estaban completamente contorsionados parecían estar descansando. Afuera comenzaban a susurrar los grillos ante la oscuridad que tomaba posesión de la ciudad, anunciando la plena llegada de la noche. Dentro de la habitación todo era calma, sonando únicamente las respiraciones aletargadas de ambos. Constante se mantuvo todo aquello mientras se sumían en sus ensoñaciones, mientras nada interrumpía su intimidad.

Un fuerte chirrido irrumpió.

Tanto Yaten como Mina despertaron asustados y desorientados ante el ruido. Mirando a todos lados e intercambiando miradas para asegurarse de estar ambos bien. Mina se detuvo y amplió sus ojos.

- Oh Dios…

- ¿Qué pasa? – Preguntó Yaten sobresaltado.

- La alarma del despertador. La puse antes que llegaras para levantarme a tiempo de salir.

Ambos se echaron a reír viendo aun sus caras sorprendidas por su repentino despertar. Yaten golpeó suave el hombro de Mina con un pequeño cojín, ella respondió tomando la más grande de sus almohadas y lanzándose con su cuerpo sobre él, jugando a ahogarlo. Al final Yaten la tomó de lo brazos, venciéndola.

- Señorita, tenemos una fiesta que celebrar, no querrás que lleguemos tarde con Seiya.

Mina corrió fuera para ganarle la ducha a Yaten. Volviendo al rato envuelta en su toalla buscando su ropa limpia en el closet. Él se acercó por detrás besando su hombro, entonces la dejó arreglarse mientras tomaba su turno en el baño.

Estando listos salieron de prisa a subirse al auto de Yaten, encendiendo la radio mientras tarareaban juntos las canciones que aparecían en la emisora.

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Taiki le abrió la puerta a Ami, Seiya bajó enseguida, viendo que se acercaba a ellos otro auto. Yaten y Mina. Aún le fue difícil concebir el cambio repentino. La rubia se encontró con el intenso azul de su mirada, entendiendo lo nervioso que se sentía Seiya. Taiki y Ami habían avanzado ya por las escaleras, adelantándose.

Pensó un segundo en qué hacer, sabiéndolo de antemano, sin embargo no queriendo incomodar a Yaten. Pero era necesario repartirse en ese momento. Detuvo su paso y a Yaten para ponerse a su frente. Buscó como pedirle un segundo para acompañar a Seiya, él clavó sus ojos verdes en ella, anticipándose a sus palabras.

- Acompáñalo, estaré justo detrás de ti.

Mina sonrió, agradecida de su comprensión. Acercó su rostro, entregándole un beso breve.

- Te amo. – Susurró contra su boca antes de soltarse y caminar hacia Seiya.

No entendiendo lo que pasaba, apartó la mirada del beso de la pareja, no porque le doliera, si no sintiéndose espectador de algo que era de ellos. Incluso sonrió levemente con el gesto que había presenciado. Entonces la rubia llegó hasta él, tomándolo de la mano para incitarlo a subir las escaleras. Perdido en las acciones la detuvo.

- ¿Qué haces?

- Llevándote a enfrentar lo que temes que sea tu condena a la soledad. - Le respondió, queriendo calmarlo.

Se dejó guiar en el ascenso sin pronunciar palabra. A escasos metros del último escalón, aun sin detenerse, Mina volvió a hablarle.

- No creas que porque arrancas al otro lado del mundo te dejaremos solo alguna vez.

Seiya sonrió deteniéndose, acercó su mano y le dejó un beso en ella antes de soltarla y apuntarle con la mirada en dirección a Yaten. Manteniéndose así de contento terminó de subir los escalones por sí mismo.

Yaten alcanzó a Mina, posando una mano sobre el cabello rubio esparcido por su espalda.

- Comienzo a tenerle una gran simpatía a tu ex. – Confesó.

Ambos rieron continuando su escalada para alcanzar a Seiya y al resto de sus amigos esperándolos ya dentro del lugar.

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Un arco iris de globos extendido por todo el contorno de la habitación. Una mesa repleta de delicias, un par de parlantes esperando ser encendidos con música que los llenara de júbilo. Y sobrepasando todo lo fantástico que le parecía aquello, estaban ellos, cada uno de sus amigos. Serena, Rei y Lita se acercaron a abrazarlo. Entraron finalmente cuando los alcanzaron Yaten y Mina.

Comenzaron las conversaciones ruidosas y divertidas, la comida fue desordenada de su decoración a medida que se deleitaban probándola. El ambiente se cubría de la calidez que les significaba estar ahí reunidos. Seiya se sintió adulto, casi viejo, riéndose de si mismo con la sensación, al verse en medio de lo que parecía una reunión de ex alumnos luego de décadas sin verse. Sintiendo también que estaba cerca de tantas emociones que vivió tiempo atrás. Agarró su copa a medio beber y salió un momento en busca de aire.

Mina se percató de la salida y lo siguió con disimulo. Estaba sentado en una escalinata mirando hacia la oscuridad del cielo, aun despejado, notando la luna resplandecer y las estrellas escarchadas danzando por el espacio libre. Aun notaba que algo le preocupaba, podía asegurar que supo lo que era. Se acercó, sentándose a su lado.

Permanecieron quietos ante la presencia del otro, el rostro de Seiya aún caviló entre situaciones complejas.

- ¿Vas a llevarme de la mano de nuevo?- Bromeó haciéndole frente.

- Cuando se fueron la otra vez, ninguno quiso que nos despidiéramos. – Habló seria, causando que Seiya cambiara a la misma postura. - Creo que dejar tantas cosas flotando es una de las razones por las que no podías enfrentar el volver aquí.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- Que te despidas. – Concluyó, pretendiendo ayudarlo, aconsejarlo. - Debes decir lo que tienes atragantado antes de tomar ese avión, así te sentirás libre de ir y venir. Y eso te hará sentir bien.

- ¿Como puedo estar seguro de eso?

- Mmm. – Dudó aun de que el ejemplo fuera correcto, pero era lo mas cercano y certero que conocía para que Seiya se convenciera. - Poco antes que se fueran a Londres, Yaten fue a verme y me dijo sobre lo que sintió por mí. Y ya sabes que volvió muchas veces. No estoy diciendo que vayan a cambiar las cosas en cualquier sentido, pero debes dejar salir lo que tienes ahí. – Dijo indicando con su dedo el pecho de Seiya. – Supongo que ya estás listo conmigo, así que adivino que es otra persona a quien deberías tener aquí afuera para que te escuche. – Mina se puse de pie, caminando en dirección a la puerta.

- ¿Qué vas a hacer? – Indagó Seiya temiendo ante lo que, sospechaba, Mina haría. Ella se detuvo y volteó su rostro hacia él.

- Has hecho por Yaten y por mí lo mejor, incluso cuando te fue difícil. Ahora permíteme devolverte algo. – Lo dejó antes que protestara, apresurándose en encontrar lo que buscaba en el interior.

Divisándola mientras escogía cual sería su siguiente bocadillo entre los que se encontraban aun intactos, se acercó para hablarle despacio.

- Sere, ve afuera un momento, Seiya quiere platicar contigo. – Le pidió con cariño.

Tomando un par de pasteles pequeños, Serena salió. Enseguida encontró a Seiya en el mismo lugar y en la misma posición. Sintiendo los pasos a su espalda él giró a ver si era Mina de vuelta. Rió con ganas al ver a Serena acercándose mientras mordía glotonamente uno de sus pastelitos. Al notarlo, ella lo miró ceñuda, tratando de tragar lo que tenía en la boca.

- Mina me dijo que querías decirme algo, pero si vas a reírte de mí mejor vuelvo dentro. – Le gruñó en su berrinche.

- Prometo no reírme si me das el otro pastel.

Se arrugó mientras miraba el bocadillo, analizando si dárselo o no. Al final relajó su expresión y se lo extendió a Seiya mientras se sentaba acompañándolo. Ambos comieron entre sonidos guturales ante el gusto de lo que saboreaban. Serena miró a Seiya esperando que comenzara, pero pareció no querer decir alguna cosa.

- ¿Y qué era lo que querías conversarme?

- ¿Ah? – Carraspeó nervioso e inseguro, queriendo buscar las palabras exactas antes de pronunciarlas, pero supo que no debía ser así, que todo saldría por si solo. - Ehh no se bien lo que quiero decirte. Mientras quiero darte algo.

Hurgó dentro de su bolsillo, envolviendo en su mano el pequeño paquete rosado, atado con una cinta blanca. Aun titubeando sobre lo que hacía, lo depositó en la palma de Serena. Enseguida ella abrió curiosa el regalo, encontrándose con una cadenita color gris claro, y un colgante de conejo formado de piedras rosadas.

- Oh, es muy lindo Seiya, ¿Es de plata, verdad?

- Platino, y esas piedritas son cuarzos rosas, no caramelos en caso que se te ocurra querer comértelos. – Bromeó tratando de relajarse, pero vio el rostro serio de la rubia mientras lo miraba inquieta.

- ¿Por qué es esto?

- Porque es lo que quiero hacer, es mi forma de decirte que eres importante para mí. - Dio un suspiro profundo. – Bombón, tu eres muy especial en mi vida y siempre lo serás. Debí decírtelo mas veces o al menos más claro hace años.

- No entiendo. – Dijo, poniendo toda su atención en lo que él quería explicarle.

- Quiero decir que yo siempre sentí un gran amor por ti, más de lo que debí, y que siempre te tendré un cariño especial. – Le soltó con calma, incluso cuando sentía desbordar lo que siempre cuidó de dejar salir.

- ¿Y Mina? – Quiso saber, aun confundida.

- Es distinto, nos queríamos de otra forma, por eso es que ella está con Yaten ahora.

- ¿Y tu qué?

- Por eso te digo esto, porque por un tiempo pensaba que mis sentimientos por ti no me dejarían ver a alguien más. – Descargó su temor, sintiendo que la respiración fluía fácil. - Y de verdad espero no andar cargando con fantasmas. Lo que quiero es tenerte siempre como una de las personas que mas quiero, y que todo ese amor que hasta ahora solo he sentido por ti, sea un recuerdo hermoso que me acompañe a todas partes, y que me sirva de fuerza. – Finalizó, y su sonrisa acudió inevitable.

- Gracias. Lo que me dices es tan lindo. – Expresó Serena, realmente conmovida, a pesar de que fuera de esa forma todo, apreciaba su sinceridad, su amor. Se tiró a abrazarlo, feliz de que él pensara así, que quisiera tenerla presente de esa forma en vez de amargarse en lamentos sobre las cosas que no eran. – Tú siempre serás importante para mi Seiya.

Sintieron algo ruidoso en el interior, separándose, todavía sonrientes, para volver con los demás.

Dentro estaban sirviendo las copas, cuando Yaten pasó a botar un par que cayeran al suelo, rompiéndose en un estruendo. Mina lo reprendía por su descuido al tiempo que Ami traía una escoba para quitar los cristales. Le pareció una imagen tan cómica que a carcajadas se apoyó contra la pared, apretando su estómago. Todos lo miraron quedando en silencio, no entendiendo la gracia.

Se enderezó notando que todos lo miraban raro, sintiendo el calor que lo acogía al estar con ellos.

- Gracias, ustedes son los mejores amigos que podría pedir.

Las chicas se enternecieron por sus palabras sonando tan espontáneas. Pero nadie quiso que terminaran sintiéndose melancólicos, menos que Seiya se sintiera así, cuando estaba a horas de tomar el avión. Lo supo y quiso quitar esa sensación, solo haciendo permanente la alegría, que era lo que deseó para su hermano en ese momento, para que llevara junto a él.

- ¿Debemos cantar un poco de Blues? – Interrumpió con ironía.

- Oh, Yaten al fin admites que amas a B. B. King y lloras a escondidas con sus canciones. – Continuó Seiya, siguiéndole el juego al platinado, entendiendo lo que hizo.

Vio en sus ojos la misma expresión de fastidio que acostumbraba ante sus bromas, mirándolo fijo y preparado para sus acostumbradas batallas verbales por diversión.

-¿Pueden darme un día libre? Ustedes debieron ser siameses para que supieran lo fastidiosos que son juntos. – Reclamó Taiki, fingiendo enfado.

Seiya y Yaten rieron sabiéndose responsables de los peores dolores de cabeza de su hermano.

Las horas pasaron y acordaron comenzar la retirada, queriendo permitirle a Seiya descansar antes del viaje. Los tres Kou se fueron repartidos de la forma que llegaron. Taiki y Seiya pasaron a dejar a Ami, Yaten acompañó a Mina hasta la puerta de su departamento, asegurándose dejarla dentro, luego manejó de vuelta con sus hermanos.

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Se acostó enseguida, cansada del ajetreo del día. Al apagar la luz sopesó que viviría de nuevo el estar en un aeropuerto viendo a Seiya irse. Esta vez no se ocultaría y lo acompañaría hasta el final. Acomodó la cabeza en la almohada y cerró sus ojos, dispuesta a recibir el nuevo día con todo lo que contuviera en él. Dejó a su cansancio ganarle, regulando su respiración tan suave hasta que cayó dormida.

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El Sol apenas dejaba escapar un par de rayos cuando estuvo sentado en la penumbra de la cocina preparando su desayuno. No quiso despertar a nadie, necesitando ese momento solo antes del trámite. Caminó ya vestido para salir, pero descalzo, recorriendo el departamento mientras tomaba su café.

Cuando ya estuvo más iluminado Taiki apareció dos segundos antes de entrar a la ducha. Luego Yaten hacia la cocina, comiendo una de las tostadas que Seiya dejó preparadas.

- ¿Será hábito irremediable el que quieras probar mis cosas? – Dijo Seiya acercándose a él.

Yaten quiso responderle algo, asombrándose del tono de la pregunta y la alusión que hacía. Enseguida Seiya se soltó en una sonrisa, permitiéndole al platinado respirar nuevamente.

- Relájate, solo quise tomar todo lo pasado con humor.

- Maldito sea tu sentido del humor. – Gruñó

- No tanto comparado con el tuyo.

Yaten movió la cabeza de un lado a otro, aceptando que no llegaría el día en que dejaran sus hábitos de molestarse, y tampoco llegaría el día en que dejara de disfrutar esos instantes con Seiya. Sonó el timbre, siendo atendido por Taiki que salía del pasillo en ese instante. Mina saludó, acercándose a los otros dos en la cocina. Luego de darle el buen día a Seiya él la tomó del brazo, dirigiéndola hacia Yaten.

- Sé que eres cuidadosa con tus muestras de cariño hacia él cuando estoy presente, así que salúdalo como corresponde. – Le indicó.

Mina miró a Yaten buscando una explicación a lo que hacía Seiya. No sabiendo si estaba jugando o se debía a algo sucedido antes de que ella llegara.

- Déjalo, se levantó de payaso. – Le aseguró.

Con su mano libre tomó el brazo de Yaten y los tironeó a ambos en frente.

- Solo quiero decir una cosa. – Expuso con seriedad.- Los declaro Mina y Yaten. – Dirigió su mirada a la rubia. - Puedes besar tu ogro.

Los apremió a obedecer, hasta que se dieron un breve beso. Aun desorientados de lo que pasaba. Terminando su diversión, Seiya habló enserio a Yaten y Taiki.

- No lo tomen a mal. Quiero que ella vaya a dejarme al aeropuerto.

Taiki asintió comprensivo, Yaten aceptó ceñudo, aun no acostumbrándose a sus propios celos, incluso cuando eran mínimos. Supo que se lo debía a Seiya, pero le costó admitirlo en palabras. Simplemente le tendió las llaves de su auto a Mina.

Cuando quedaron en silencio cayeron en cuenta que era momento de despedirse. Seiya se acercó a sus hermanos. Yaten le tendió la mano, siendo en cambio abrazado por Seiya, poco acostumbrado al acto cercano, pero totalmente habituado a que le desordenara su melena plateada solo por fastidiarlo.

- Sé feliz enano, sean felices. Que estaré vigilándote para que te esfuerces en ello. – Le aconsejó en voz baja, asegurándose que fuera algo solo entre ellos.

Fue abrazado y aconsejado por Taiki, advirtiéndole sobre su comportamiento, casi tratándolo como un niño. Al final no sabían porqué armaban tanto teatro en la despedida, él debía volver en tres semanas para unos días de grabación.

Salió con Mina, llevando una maleta pequeña, acomodándose en el auto, partieron hacia el aeropuerto.

Taiki miró a Yaten

- Ya que no tenemos algo que hacer, podemos comenzar a mudar tus cosas a tu nuevo hogar.

- Oh, ya sé que quieres el departamento para que note moleste con Ami.

El platinado estuvo de acuerdo, partiendo ambos a embalar sus pertenencias.

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Aliviados de no toparse con mareas de personas y maletas, caminaron por la extensión del centro del aeropuerto. Quedaba cerca de media hora libre antes de comenzar a acercarse a la salida. Se arrinconaron en un café, a la espera de la hora.

- ¿Aún es Mocaccino con exceso de azúcar y coco rayado? – Preguntó a Mina, sabiendo de antemano la respuesta.

- Algunas cosas serán siempre mis favoritas. – Enfatizó.

- No entiendo como puedes tomarte eso tan dulce. Prefiero lo salado.

- Creí que te encantaban los bombones. – Comentó queriendo indagar. Sabiendo de su éxito cuando Seiya resopló resignado.

- Hablamos anoche, le dije lo que me tenía guardado, y ahora me siento tan…no se…liviano. – Admitió.

- Quise tanto oírte decir esto.

- Lo sé.

- Seiya, ¿Qué fue eso en tu departamento? Me refiero a lo de Yaten. – Aun confundida e intrigada por lo que les había pedido.

- Jajaja, no te pongas seria. He descubierto que hay muchas cosas en la vida que te hacen feliz aparte de lograr lo que quieres para ti mismo. Y me hace feliz ver, a las personas que quiero ser felices. Supongo que entendí eso ayer cuando llegué y vi a Taiki con Ami dormidos en el sofá.

- Entiendo. He sentido eso, cuando estábamos estudiando y veía a las chicas sonriendo a mi lado, eso era todo lo que necesitaba a veces, saber que ellas se sentían con ganas de sonreír.

Se pasaron el rato riendo mientras Seiya le relataba sus travesuras infantiles junto a Yaten, dejándole claro que el don de sacar de quicios al platinado era de nacimiento. Así como la habilidad de ambos para matarle la tranquilidad a Taiki.

Terminaron sus tazas y se pusieron de pie para recorrer el lugar en los minutos que disponían. Mina se detuvo cuando divisaron la puerta de embarque.

- Sí vine a verte partir cuando viajaron esa vez, aun cuando me pediste no venir. – Le dijo repentinamente.

- ¿De verdad? – Le hizo feliz saber que fue, que estuvo a su lado incluso cuando no pudo verla. - Supongo que ahora es mi turno de despedirme como corresponde. Anoche le entregué a Bombón un colgante de conejo, me pareció tan adecuado a ella. Para ti también tengo algo. – Le extendió la cajita naranja.

Mina lo miró sorprendida, viendo en medio de su colgante la piedra de colores cálidos que era el centro de su anillo de compromiso.

- Seiya, ¿Cómo conseguiste esto?

- Cuando fuimos por ti con Yaten, el día que dijimos a los demás lo que había pasado. Lo vi tirado en el suelo, y mientras ponías tu chaqueta lo guardé.

- Lo siento tanto, el día que me lo diste, estaba tan perturbada que lo arrojé lejos de mí. – Relató acongojada, no queriendo hacerlo sentir mal.

- Eso pensé. Quise darte esto porque es también mi compromiso, aunque distinto al anterior. Es para que sepas que cuando me necesites estaré ahí, incluso cuando esté lejos. Tu eres mi amiga, has estado tantas veces, y yo creía que la forma de retribuirte era nuestra relación, pero no. La forma es esta. – Enfatizó, seguro al fin de qué eran en la vida del otro.

- También estaré contigo cuando sea. – Afirmó, poniéndose en puntillas para alcanzarlo con sus brazos.

Permanecieron largo rato, finalmente teniendo que separarse al escuchar el llamado de abordaje para Seiya.

Él besó su mejilla ante de tomar su maleta caminando sin detenerse hasta que llegó a su salida, giró para guiñarle un ojo y desapareció en su camino.

Mina se quedó quieta observándolo, apretando en su mano el regalo. Deseó que Seiya encontrara todo lo que merecía, que aunque tomara tiempo, finalmente lo lograra.

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Entró tropezándose con todo lo que había en el suelo. No entendiendo qué era lo que ocupaba el poco espacio libre de su departamento, hasta que asumió que su nuevo inquilino había decidido llegar más temprano. Haciendo malabares para no aterrizar de golpe se abrió camino. A un par de metros de ella estaba Yaten riéndose de su torpeza. Se acercó golpeándolo en el pecho con suaves manotazos, causándole aun más diversión con su enojo. Tornándose mas calmado, miró a Mina enternecido, acercándola entre sus brazos.

- Bienvenida a casa Dulzura. – Susurró contra su oído.

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Hola!

Ya sé que merezco las penas del infierno x no actualizar. Me había abandonado la inspiración de esta historia y el fin de semestre no me dio tiempo. Pero aquí está!

Se suponía que era el final, pero me quedó algo largo y preferí dejarle este capitulo a los días de Seiya. Y dedicarles totalmente el final a los protagonistas. Además que nunca me gustó mucho el número 19 xD.

Ya está listo el siguiente y final. Creo que lo revisaré para acomodarle un par de detalles y lo subo pronto. =)


REVIEWS

- GINSEI: Te lo dije! Ahora espero que hayas alcanzado a verlo y q no falle la notificación jajaja. Creo q hay veces en que debería hacer un curso intensivo para no perder la inspiración. Y ya que actualice, no puedo evitar tampoco decirte q lo hagas! Jajaja, nos estamos hablando xD

- SAILOR O: Yo tb sentía pena por seiya, hasta que alguien me dijo que en la vida no todos terminan emparejados al mismo tiempo, asi que mejor será que se sienta bn él primero y de ahí …quien sabe.

- PATTY RAMIREZ DE CHIBA: Los animos sirvieron xD, ahora queda el pedacito de ellos y se acaba esto =S

- CHIKITABKOU22: Gracias por estarlo siguiendo, y bueno, aunq hayan dias medio grises, siempre se encuentra alguna entretencion para alegrarse x estos lados. =)

- LERINNE: Oh, que linda en decir q lo extrañarás T_T y eso que harto me he demorado en este capitulo, al menos el final está!

- KINMOKU STAR: Yo opino lo mismo, y soy una celosa maldita jajaja. Y si, leerme sus historias es lo mejor. No se cómo no les dieron mas tiempo en el anime xD

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No me extenderé mucho porque ya habrá tiempo de agradecimientos en el 20 y final

Y de verdad que lo es xD, este sin querer fue falsa alarma.

Gracias a quienes siguen leyendolo aun cuando ya llevo mas de mes y medio sin actualizar xD

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Besitos!! =)