Primera semana: Quiero que seas feliz.

-¿Qué piensas hacer Kurosaki? – preguntó Kuchiki Byakuya mientras caminábamos hacia el cuarto de Rukia.

Medité la respuesta sólo por un instante, ya estaba seguro de mi respuesta.

- Me quedaré hasta que todo acabe – dije con firmeza.

- Eres bienvenido – se limitó a decir por segunda vez en ese día.

Llegamos a la puerta de la habitación sin haber intercambiado otra palabra. Byakuya golpeó y entró sin esperar respuesta. Permanecí afuera, advertido por la mirada que el capitán me había lanzado segundos antes de atravesar el umbral.

- Nii-sama – escuché que decía la voz de Rukia desde el interior de la habitación.

- ¿Cómo te sientes? – preguntó la monocorde voz de Byakuya.

- Mejor. No hay necesidad de que te preocupes por mí. Fue todo producto del cansancio – respondió Rukia formalmente.

- Aún así te quedarás en reposo, ¿comprendido?

- De acuerdo.

- Tienes visitas – dijo la voz de Byakuya anunciando mi presencia.

Me acerqué al umbral y me topé con su figura. Di un paso para entrar al cuarto de la enana, pero me detuvo.

- Hazle feliz Kurosaki – dijo con un dejo de tristeza en la voz.

Asentí aturdido por sus palabras a la vez que intentaba comprender su actitud.

- Arigato – susurró y se alejó.

Lo vi desaparecer en una esquina y traspuse la puerta, aún confundido.

- ¡Ichigo! – dijo Rukia con sorpresa, pero la disimuló al instante - ¡IDIOTA! ¡Has preocupado a nii-sama sin necesidad!

La miré durante unos instantes mientras varios sentimientos se entremezclaban en mi interior: impotencia, tristeza, preocupación, furia… todos fundidos con un retazo de alegría por verla aún allí, con el mismo carácter y la misma actitud desagradecida. Me aferré a esa felicidad para deshacerme de los demás sentimientos e intenté adoptar mi semblante normal.

- ¡Deja de mirarme así! – gritó luego de unos segundos, dándome una patada en el rostro que hizo que cayera al suelo.

- ¡¿QUÉ HACES IDIOTA?! – le espeté levantándome al tiempo que me frotaba el lugar del impacto.

- Te devuelvo a la realidad. No me lo agradezcas – dijo con una sonrisa maliciosa – Por cierto, ¿qué haces aún aquí?

- ¿Creíste que te ibas a deshacer de mi tan fácilmente? – contesté evitando la pregunta y con una sonrisa de suficiencia.

- ¡Cómo si alguien quisiera que estuvieras todo el día rondándole! – dijo con el orgullo herido.

- Órdenes de tu querido nii-sama. Me encargó que te cuidara.

Ensanché mi sonrisa suficiente ante su expresión de incredulidad. Rukia frunció el ceño, incapaz de decidirse por creerme o no.

- No te creo – murmuró finalmente con fuerza.

- Puedes preguntarle…

Pareció meditar la posibilidad un instante, pero luego asintió resignada.

- Bien – dije con un gran bostezo y sentándome en el suelo - ¿Qué quieres hacer?

Esa pareció ser la gota que colmó el vaso de la paciencia de la enana. Estaba tanto enfadada con mi actitud como sorprendida. Abrió la boca para decir algo pero la interrumpí.

- ¿Qué sucede?

- ¡Eso iba a preguntarte! ¿Qué es esa actitud servicial?

- Ninguna actitud servicial, simplemente me aburro. Este lugar es el más aburrido y monótono que nunca pisé.

Sentí que lanzaba un suspiro exasperado pero la ignoré, pensando algún plan para pasar el momento. Terminé recostándome en el suelo, incapaz de imaginar algo para hacer en esa mansión que más parecía un museo, disfrutando de la compañía de la enana, pese a que no cruzábamos palabra.

- Kurosaki – oí que una voz me llamaba desde la puerta.

Dirigí la mirada al umbral. Era Byakuya.

- Creo que deberías irte. Rukia necesita descansar – dijo en un tono que más sonó una orden que una sugerencia.

Asentí molesto y me puse de pie.

- Volveré mañana – prometí dándole la espalda a la enana – e iremos a Karakura. Algo encontraremos allí para matar el tiempo.

Sentí la mirada glaciar de Byakuya, pero lo ignoré. Nada iba a impedirme cumplir mi objetivo en esas semanas, y mucho menos un hermano sobreprotector.

Al día siguiente me levanté como todas las mañanas y me coloqué el uniforme del Instituto. Simulando que me dirigía hacia allí, me despedí de Yuzu y Karin, no sin antes darle una patada a mi padre.

Una vez en la calle contuve un bostezo. Había pasado toda la noche en vela, pensando una y otra vez en lo que había ocurrido esa tarde. Sentía cierto pinchazo en el corazón cada vez que pensaba en la enana, pero este rápidamente desapareció cuando, una vez de vuelta en la Sociedad de Almas, me encontré con ella.

- Ohayo enana – la saludé mientras me acercaba a donde se encontraba.

- Ohayo – respondió con normalidad.

Se veía tan pálida y debilitada como el día anterior, pero me alegré al notar que no había empeorado.

- ¿Lista? – pregunté una vez frente a ella.

Rukia asintió pero pude ver la desconfianza reflejada en su rostro. ¿Tan raro era que yo me preocupara por ella?

Volvimos a Karakura a través de la conexión establecida en la tienda de Urahara. El hombre se mostró feliz de verla de nuevo y rápidamente le proporcionó su gigai.

- Arigato – dijimos Rukia y yo a una voz.

Urahara sacó un abanico y lo utilizó para ocultar una sonrisa.

- Nos vemos al anochecer, Kuchiki-san, Kurosaki-kun – dijo el tendedero mientras nos alejábamos.

- ¿Al anochecer? – preguntó la pequeña shinigami a mi lado mientras caminábamos hacia el centro de la ciudad.

- Debo llevarte de nuevo a la mansión si no quiero que Byakuya me corte en pedacitos por secuestrar a su hermanita – dije distraído - ¿Por qué lo preguntas?

- Creí que volvería a Karakura, a mis funciones – susurró con pesar clavando la mirada en el suelo – ¡Ya estoy completamente bien! ¿Por qué no pueden comprenderlo?

Suspiré. ¿Aún no le habían dicho nada?

- Bien, ¿qué quieres hacer? – pregunté inconscientemente una vez en la calle principal del centro.

- ¡Deja de preguntarme qué quiero hacer baka! – gritó exasperada.

Puse los ojos en blanco, pero no dije nada.

- ¡Estoy cansada de esa actitud tuya! ¡REACCIONA IDIOTA! – gritó a pleno pulmón golpeándome en la coronilla y varias personas se voltearon a vernos.

- Lo siento – murmuré sin pensar.

- ¡¿LO SIENTO?! – dijo a los gritos golpeándome de nuevo - ¿Qué diablos pasa contigo baka?

Si pudiera decirte la verdad, comprenderías.

- Nada – mentí e irguiendo la cabeza, fruncí el ceño – ¡Y ya deja de golpearme!

- Estás raro – se limitó a exclamar cuando comenzamos a caminar nuevamente.

- Son imaginaciones tuyas, enana…

- ¡Cállate!

Un incómodo silencio cayó sobre nosotros. Abrí la boca en un intento de romperlo, pero un grito de mi acompañante hizo mi trabajo.

- ¡UN CHAPPY DE PELUCHE! – gritó al tiempo que salía corriendo en dirección a una tienda cercana.

Puse los ojos en blanco y la seguí hasta el local.

- ¡No! Olvidé el dinero – escuché que decía con pesar al acercarme.

Sabiendo lo que iba a ocurrir a continuación, fruncí más el ceño.

- I-chi-go – dijo con un tono dulzón que me hizo estremecer. ¿Qué me ocurría? ¿Desde cuándo me ponía nervioso su vocecita mandona?

- ¿Qué quieres enana? – dije realmente molesto, tanto por lo que ella iba a pedirme como por mi reacción anterior.

- Prometo devolverte el dinero después…

Su tono angelical me hizo temblar nuevamente y en un acto inconsciente la miré a los ojos. Se me paró el corazón: esos ojos eran tan hermosos… ¿Qué estaba sucediendo conmigo?

- ¿Quieres que te compre este estúpido conejo? – dije recuperando la compostura – ¡Olvídalo!

- ¡Chappy no es estúpido! ¡Baka!

- ¡Niñata! Te comportas como un niño pequeño – dije sonriendo con sonra. Pelearme con Rukia era mi pasatiempo favorito, y una gran distracción para mi perturbada mente.

- Serás… ¡IDIOTA!

- ¡Chiquilina!

- ¡Descerebrado!

- ¡Enana!

- ¡Niño!

-¡Vieja!

Rukia soltó un bufido y me dio la espalda. Yo sonreí, así era mi Rukia. De repente noté que comenzaba a caminar sin voltearse a ver si la seguía.

- ¿Dónde vas? – dije alcanzándola.

- De regreso a la Sociedad de Almas…

- ¡No puedes! – murmuré con el corazón latiéndome a mil por hora y le tomé la mano.

- ¿Qué…?

- Sólo quédate – la interrumpí rápidamente perdiéndome en sus ojos - ¿por favor?

Mis palabras surtieron el efecto deseado. Rukia suspiró con resignación y continuamos caminando.

- Etto… ¿Ichigo? – susurró Rukia luego de unos instantes.

La miré inquisitivamente y pude notar un leve sonrojo en sus mejillas. Ella se limitó a señalar con la mirada mi mano. Bajé la vista y mis mejillas también ardieron: aún tenía la mano de Rukia firmemente sujeta en la mía. La solté al instante dirigiendo mi mirada a cualquier lugar que no fuera la enana.

Paseamos durante el resto del día, hablando de temas insignificantes y con alguna que otra pelea hasta que el sol comenzó a ocultarse tras los edificios. Sólo paramos a almorzar, ya que mi estómago pedía a gritos alimento, y para comprar un enorme helado que Rukia devoró en pocos minutos.

Una vez en la Sociedad de Almas me despedí de ella con pesar y volví a mi hogar. La burbuja de felicidad que me había invadido durante el día desapareció en el instante en que pisé mi habitación.

- Rukia… - susurré con tono lastimero y me quedé dormido rápidamente.

La rutina se repitió el resto de la semana casi como una obligación. Por las mañanas me despedía a mi familia (a la cual le había dicho que Rukia estaba de viaje) y pasaba a buscarla por la mansión Kuchiki. Luego volvíamos a Karakura y pasábamos el día hablando, riendo, peleando, y nada lograba hacerme más feliz. Cuando pensaba que ella no me veía, escudriñaba su expresión: parecía feliz también, más de lo que la hubiera visto antes, pese a que su palidez aumentaba con respecto pasaban los días.

Luego del primer día opté por comprar solo una de las cosas que Rukia pedía durante nuestras caminatas, en parte para callarla y, en otra, porque cierto bienestar me invadía al verla sonreír ante cada uno de mis regalos. Finalmente terminé comprándole el bendito peluche una tarde nublada hacia el final de la semana…

- ¡Mira! ¡Todavía está el Chappy de peluche! – dijo Rukia con alegría.

Nos acercamos a la vidriera, ya me podía ver pagando por él.

- I-chi-go… ¿por favor? – dijo al igual que la vez anterior con un tono angelical que me recordaba a los niños pequeños cuando le pedían cosas a sus padres.

- ¿Otra vez ese estúpido muñeco? ¡Tienes cientos! – reclamé con pesar y no sin razón: todos mis regalos terminaban siendo Chappys y sumados a los que Rukia debía tener ya, podían complacer a cualquier fanático coleccionista del conejito.

- ¿Por favor? – repitió mirándome fijamente a los ojos y adoptando una expresión suplicante que, pese a que sabía que era pura actuación, logró hacerme estremecer.

- ¡Qué más da! – respondí resignado y entré al local. ¡Qué fácil le estaba resultando manipularme!

- Buenas tardes – dijo la encargada sonriendo - ¿En que puedo ayudarle?

- Querría comprar ese conejo – dije medio abochornado.

- Por supuesto – dijo la mujer tomándolo de la vidriera y yendo hacia la caja registradora - ¿Es para su novia?

Seguí su mirada y me topé con la imagen de Rukia esperándome en la calle. Sentí el calor alcanzar mis mejillas. Mirándolo desde el punto de vista de la mujer, parecíamos una pareja que paseaba por el centro, y yo el novio que le compraba un regalo a su novia.

- N-no – tartamudeé y le entregué el dinero.

- Gracias por su compra – dijo sonriendo, pero yo ya había traspasado la puerta.

- Aquí tienes – dije casi lanzándole el peluche a Rukia, evitando lo mejor posible su mirada.

- Arigato Ichigo – respondió más feliz de lo que nunca la había visto.

Alcé la vista y una sonrisa se dibujó en mi rostro al verla abrazar al Chappy. Quisiera que esas cuatro semanas nunca acabaran.

Una hora más tarde aproximadamente, la pequeña shinigami me obligó a frenarnos de nuevo.

- ¿Qué es eso? – preguntó señalando una gran cabina.

- Una cabina de fotografías – respondí sin ánimo. El Chappy había casi acabado con mis ahorros.

- ¿Qué?

- Un lugar para sacarse fotografías – expliqué tratando de arrastrarla lejos de allí.

- ¡Vamos! – dijo con firmeza y tiró de mi manga en dirección contraria a donde yo intentaba ir.

- ¿Cómo funciona? – preguntó una vez estuvimos dentro.

- Con dinero…

Pude ver la desilusión en su rostro, ya fuera fingida o no, y sentí un gran vacío en el pecho. "Me voy a arrepentir de esto" pensé por un minuto y suspiré con resignación. Acto seguido, coloqué el dinero en la ranura y accioné el mecanismo. Pude ver aparecer una pequeña sonrisa en su rostro y al instante siguiente ella me estaba abrazando.

- Arigato – susurró a mi oído sin dejar de sonreír.

Estaba cerca, demasiado cerca mío como para controlar lo que mi cuerpo hacía de forma instintiva. Rodeé su cintura con un brazo, rojo como un tomate.

Primer Flash.

Nos separamos rápidamente. Rukia posaba para cada uno de los flashes y yo me limitaba a verla y sonreír, cambiando de posición cada en tanto para no entumecerme.

Quince minutos más tarde nos encontrábamos sentados en un banco, contemplando las pequeñas fotografías. La primera fue a irremediablemente mi preferida, pero no dije nada, incapaz de borrar la sonrisa en el rostro de la enana pidiéndosela.

Volvimos a la Sociedad de Almas al caer la noche. Rukia abrazaba el peluche con un brazo y llevaba las fotos en su otra mano, volviendo a contemplarlas cuando el silencio nos envolvía.

- ¿Puedo preguntarte algo, Ichigo? – dijo con un suspiro observando la primer imagen.

Asentí sin prestarle mucha atención. Tenía la vista fija en las estrellas sobre nosotros, utilizando los brazos para apoyar mi cabeza mientras caminábamos.

- ¿Por qué haces esto? – preguntó curiosa.

- ¿A qué te refieres? – dije bajando la mirada a su rostro.

- ¡A todo! Las salidas, los regalos, todo. ¿Por qué lo haces?

- Creo que… - dije alzando la vista al cielo nuevamente – Sólo quiero que seas feliz…

Pude sentir su mirada sorprendida clavada en mi rostro y sonreí. Seguimos caminando en silencio.

- Arigato Ichigo… por todo – dijo en un susurro cuando llegamos a la entrada de la mansión.

La miré a los ojos: un brillo desconocido había aparecido en ellos y una súbita alegría me invadió.

- Nos vemos mañana, enana.


Acá estoy subiendo el segundo capítulo!!!

El tercero seguramente se tardará un poco más porque tengo que reescribir algunas cosas...

Por favor no me odien... ya tengo el final escrito...

Espero que les guste!!!

Gracias a kuchiki goddess, Paoooo, orkin, Hitoriki Nabiki-sama y emiruki por sus reviews!!! y a todos los que hayan leido sin dejar nda (yo era una de esos antes)

Sayonara!

Lulaa-chan

PD: perdonen si lo que puse como "cabina de fotografías" no se llama así. No sabía como ponerle y tampoco donde buscar sobre eso.. La idea es que se entienda x.X Perdonen a esta chica medio bruta!

PD 2: después de mucho tiempo me di cuenta que faltaba una parte! PERDONEN!