Kisses, Bloody kisses

Buen gusto.

Había sido una noche tranquila y Zoro logró despertarse antes de que lo hicieran el resto de sus nakama. A pesar de que, en teoría, debería haber pasado la noche en vela pues le tocaba turno de guardia, con tanta tranquilidad, y tras no poder entrenar porque eso lo dejaría todo sudado y no podría ir a tomarse una ducha por estar de guardia, al final la lógica se impuso y Zoro durmió un par de horas.

Cuando se despertó, por supuesto, negó el que se hubiera dormido y, simplemente, había bajado los párpados para descansar la vista. Nada más.

Tras echar un vistazo desde arriba, y no ver nada fuera de lo normal, algo fácil de ver en el barco de los Mugiwara, bajó a cubierta, encontrándosela tal y como la habían dejado la noche anterior.

-Por supuesto, ¿qué te esperabas encontrar?- se dijo Zoro-. Lo mejor sería aprovechar antes de que se despierten los demás y tomar una ducha rápida y coger algo para matar el hambre, y la sed, mientras ese ero-kukku nos mata de hambre esperando por el desayuno.

Como no, para su sorpresa, se encontró con que no estaba sólo él despierto y, por supuesto, la otra persona tenía que ser, precisamente, ella de todos sus nakama.

Nico Robin.

- Ohayougozaimasu, kenshi-san- le saludó Robin con su habitual cortesía.

Por supuesto que, tras los sucesos de Water 7, la relación con Robin había dejado de ser tan tensa, en el sentido de seguir sospechando de ella una posible traición a los Mugiwara, ahora, en cambio, sólo se mantenía la tensión por el hecho de que se sentía atraído por ella y no pensaba dejarse llevar para darle el gusto, en todos los sentidos, a Robin antes de que ella pudiera confesar que también pudiera sentir algo por él. Porque, siente algo, ¿verdad?, ¿qué otro motivo podría haber para todos los seppun que le ha estado dando desde que embarcó con ellos y Luffy la nombró nakama y Mugiwara?

-¿No es demasiado temprano para que andes ya por cubierta?

A pesar de la aparenta brusquedad de sus palabras, Robin sabía que, para Zoro, ya no era nadie a la que estar atenta por desconfianza. Ahora solamente lo era por precaución ya que, como no había tratado de ocultar desde que se unió a los Mugiwara, le gustaba, casi tanto, o más, que el kouhii, el provocar a Zoro. Era algo que, a estas alturas, sabía que no podría abandonar pues resultaba de lo más adictivo.

Eso y que no puedes dejar de pensar en él porque estás totalmente loca por kenshi-san, Robin. Fíjate que andar a tu edad con juegos de este estilo… aunque, la verdad, es la primera vez que puedo ponerlos en práctica ya que nunca me había interesado en nadie de esta manera. Encontré a mis nakama y a alguien especial para mí. ¿No eres si no afortunada, Robin?

-Tengo unos cuantos libros nuevos que compré en Water 7 y me apetecía empezar a leerlos cuanto antes, kenshi-san. Por ello me levanté temprano, para poder ducharme y tomar algo para comer antes de que se despierten los demás.

…… tú ni caso, ¿me oyes? No acabas de escuchar tus propias palabras saliendo de sus labios…… y tampoco te pares a pensar en sus labios. Lo mejor es que no te pares para nada y sigas tu cami… ¿no?

Finalmente, y contradiciendo todo sentido común, Zoro se fijó en Robin por lo que, inevitablemente, se fijó también en sus ropas. Y fue, precisamente, sus ropas lo que captó toda la atención del kengou pues, a pesar de la mala memoria que pudiera tener, las reconocía con relativa facilidad. Tal vez el verlas sobre el cuerpo de Robin ayudaba bastante a ello.

Se trataba de aquel minivestido morado con encajes en los bordes, bastilla, escote, pasando por el cuello, y puños, que había visto, de pasada en una tienda de Water 7 tras haberse encontrado a Robin en la librería. Además de que llevaba todos los complementos: unas botas altas y unas medias de rejilla a juego con un liguero del que eran visibles las ligas que sujetaban dichas medias.

Por mucho, no pudo evitar mostrar su reconocimiento al vestido y lo bien que le sentaba a Robin, tal y como lo había supuesto cuando lo vio por primera vez en el escaparate. Pero, una cosa era verlo allí expuesto y otra, más que diferente, era vérselo puesto a Robin. Por supuesto que lo único que mostró Zoro fue un pequeño gesto de sorpresa. Nada más.

Y Robin estaba más que satisfecha con ello. Bueno, más o menos.

Los ojos de Zoro cometieron el error de apartar la mirada del cuerpo de Robin para caer en las brasas que representaban sus ojos brillantes como lapislázuli y que permitió que ella pudiera dar su movimiento sin que existiera ningún tipo de defensa posible.

Sus labios se encontraron con los de Zoro con la misma facilidad con la que le pudo agradecer su gesto tras el ataque de Enel en Shandora por el que, por un instante, pensó que había llegado su hora. Por suerte no fue así pero, por otro lado, el morir en los brazos de Zoro le parecía un buen lugar para hacerlo.

Aunque existen mejores cosas que hacer estando entre sus brazos que morirse.

Separándose de aquellos labios se llevó entre sus dientes el labio inferior de Zoro que se deslizó entre ellos de una manera que los dejó, a ambos, casi sin aliento. Había sido un seppun como los anteriores pero, por alguna razón, cada vez que volvían a compartir un nuevo seppun sentían como les era más, y más, difícil el separarse y dar por terminado su encuentro.

Estaba claro lo que estaba pasando pero mucho menos claro el saber cual sería el movimiento lógico acerca de ello. Ninguno de los dos lo tenía nada claro y se podía ver observando sus actitudes con respecto a los simples seppun que compartían.

Robin caminaba hacia su camarote, en donde había dejado los libros nuevos, dejando tras de si a un, más que, confundido Zoro que antes de que pudiera decidir si seguir con su plan previsto o regresar a la seguridad del puesto de vigía, Robin volvió a tomar la palabra.

-¿Te gustó, kenshi-san?- le preguntó con tono travieso provocando que la garganta de Zoro se le secara por completo.

-¡¿Nani?! Yo… ¿nani?- por supuesto que era fácil cogerle con la guardia baja después de haber compartido un seppun con Robin-. ¿De qué hablas?, ¿por qué me habría de gustar tu seppun?

Zoro sintió como toda la sangre corría en la dirección de su rostro logrando marearlo de la fuerza con que le palpitaba la cabeza, no digamos su corazón, enloquecido y sin posibilidades de ponerse a cubierto.

-¿Seppun, kenshi-san?- Robin se volvió lo suficiente para poder mirar a Zoro y mostrarle la maliciosa, y provocadora, sonrisa en sus labios-. Me refería a mi vestido nuevo.

Era un ataque a gran escala el que estaba sufriendo Zoro y, aunque era capaz de mantener la calma y no mostrarse demasiado afectado, sin contar el color de su rostro, estaba claro quien había ganado en esta ocasión.

Pues la misma que en las anteriores.

Con este pensamiento los dos nakama se dirigieron a sus respectivos destinos.

- Ohayou, Robin- le saludó Nami al ver entrar a su nakama en el camarote-. ¿No es muy temprano para ti?

-¿Eso crees?- a Robin le hacía gracia el que dos de sus nakama pudieran llegar a la misma conclusión sin necesidad de pararse a pensar en ello. Y seguro de que los demás le harían la misma pregunta-. Es lo mismo que dijo…

-¡¡ZORO!!

Si ya fue una sorpresa para Robin el que Nami hubiera adivinado de quién estaba hablando, mucho más fue ver como una de las gladiadoras de la akage volaba directa hacia su cabeza. O no.

-¡Oi, quieres parar!

La voz de Zoro cogió por sorpresa a Robin que se volvió para encontrárselo en la puerta del camarote con la sandalia de Nami en la mano.

-¡¿Parar?!- la incredulidad en la voz de Nami era casi física-. ¡¿Qué se supone que haces en nuestro camarote?! Si ahora resulta que también vamos a tener que cuidarnos de ti como lo tenemos que hacer de Sanji.

Por supuesto que la comparación con Sanji fue suficiente para despertar del todo a Zoro. Había cosas que no se podían permitir por nada del Mundo.

-Oi, sin insultar- se quejó Zoro lanzándole de vuelta la gladiadora a Nami-. Sólo es que me equivoqué de puerta, no te confundas conmigo y no me compares con ese ero-kukku. Tenía otras cosas en la cabeza.

Nami miraba con cierto recelo a Zoro pero, no porque dudara de él, ya que sabía que Zoro no era, ni por asomo, como Sanji cuando se trataba de onna, si no por cuál podría ser el motivo para que pudiera haberse equivocado de camarote.

Pues que no tiene ningún sentido de la orientación.

Esa era la respuesta más plausible para Nami.

-Y ¿qué tenías en la cabeza, kenshi-san?

La voz de Robin poseía el mismo tono con el que solía hablar normalmente con todo el mundo pero, a pesar de ello, podía notarse en él cierto toque que, únicamente, le salía cuando trataba de provocar a Zoro.

Zoro se dio la vuelta y salió por donde vino con unas escuetas palabras como única respuesta para la pregunta de Robin.

-Cosas mías.

Robin tenía una clara sospecha de qué era lo que tenía Zoro en la cabeza y le agradaba que pensara en ello como cosas suyas.

-… cosas suyas…- dijo Robin mientras cogía uno de los libros nuevos.

Nami miró para Robin y para la puerta en donde, apenas unos segundos antes, estuvo Zoro allí plantado con la tez más oscura de lo normal.

-Me parece que le hace muy mal el no poder dormir a causa de las guardias.

En cambio, para Robin, creía que le hacía muy bien porque lo dejaba con la guardia baja y podía acercarse a él sin mucha dificultad.

-Me pregunto si Sanji habrá hecho kouhii.

No terminó la frase para que surgiera la voz de Sanji dispuesto a complacer cada uno de los deseos de sus dos onna.

-Y a ese le haría falta dormir más.

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Bueno, está claro que este capítulo es posterior a otro de mis fics, "See something that you like… or love?", en parte, por supuesto. ¿No lo habéis leído? Pues ir a leerlo. ¿No habéis dejado un REVIEW? Pues escribidlo ahora mismo :P Espero que haya sido de su agrado.

REVIEWS.

REVIEWS.

Muchas gracias por los REVIEWS enviados.

Espero que sigan leyendo los siguientes capítulos y, de paso, asomaros por el crossover de One Piece y Dragon Ball Z, "Cross Epoch".

Nos leemos.^^