Disclaimer: Soul Eater no me pertenece (ni me pertenecerá, hay que aceptarlo), es del gran Atsushi Okubo, la historia es totalmente mía y de mi loca cabeza que cada día me sorprende más.

¡Penúltimo capítulo!


Bloody Love

Cap. 19 Sueños de una vida pasada

Rossette POV

Corría lo más rápido que podía.

El aire comenzaba a faltarme, la vista la tenía nublada y mi cuerpo ya comenzaba a quejarse. Las gotas de lluvia caían fuertemente contra mi piel y la tierra lodosa hacia que mis pasos fueran más torpes de lo normal.

Quería parar, quería descansar, quería regresar a casa, quería estar a salvo. Pero no podía, no ahora. Me encontraba a mitad de una caza, en la cual, los papeles se habían invertido y ahora yo era la presa. Escapaba de mi muerte segura, de aquel depredador que reclamaba su derecho sobre mi sangre. Cerré los ojos cuando sentí se presencia a escasos metros de mí.

Y como siempre, mis pies se rebelaron contra mis ganas de vivir. Tropecé y caí de cara al suelo, ensuciando mi ropa de lodo y hojas secas. La lluvia eliminaba el rastro de tierra de mi rostro y se mezclaba con las lágrimas de impotencia que salían de mis ojos.

¿Acaso este era mi final? Bueno, se podría decir que viví una buena vida. A pesar de sólo contar con 13 años, viví más de lo que una adolescente promedio podría vivir. Eh escapado más veces de la muerte que un adulto normal, y eh tenido más emociones encontradas que una pareja de enamorados.

Simplemente, la Muerte ya me estaba cobrando el precio de toda mi vida.

Traté de levantarme del suelo, sin embargo, mis piernas no respondían. Estaba agotada, y el vampiro se encontraba justo frente a mí, con una gran sonrisa de victoria en el rostro. Suspiré, derrotada, y esperé a que él me diera el golpe final de una vez por todas…

… sin embargo, este nunca llegó ya que una chica de cabellos rubios lo impidió. Atacó al vampiro con una destreza magnifica, y en un simple y majestuoso movimiento, lo partió en dos, acabando de una vez por todas con él.

Sissy suspiró, para luego voltear a verme preocupada.

- Ross, ¿estás bien? – me preguntó.

Apenas iba a responderle, cuando de pronto, un hombre alto y rubio, con ojos color zafiro salió de entre los árboles. Miró a mi hermana con orgullo, pero tan pronto su mirada se posó en mi logré ver la desaprobación y enfado.

No pude evitar sentirme cómo una hormiga ante la mirada penetrante de mi padre.

- Muy buen trabajo, Elizabeth, cómo era de esperarse de mi hija mayor – dijo papá con una sonrisa.

- Gracias, padre – murmuró Sissy mientras hacia una pequeña reverencia.

- En cuanto a ti, Rossette, no puedo creer que hayas vuelto a perder, ¡es el tercer vampiro en la semana que ha estado a punto de matarte!, no hay día en el que no me pregunte si tú eres digna de poseer el apellido Albarn – murmuró fríamente.

- Lo siento, padre… - susurré con la voz entrecortada, tratando de que el nudo en mi garganta desapareciese y que las lágrimas no salieran de mis ojos.

Mi padre suspiro frustrado.

- Regresemos a casa.

Ambas asentimos. Sissy me ayudó a pararme de mi lugar, mientras que yo me quitaba unas cuantas ramas que se habían enredado con mi cabello y mi ropa. Lo más seguro era que mi mamá pegaría el grito en el cielo al ver que era el tercer conjunto que destruía en una semana.

Sin poder contenerme, volteé a ver a mi hermana con envidia. Ella seguía estando impecable, y a pesar de estar mojada por la lluvia, aún seguía viéndose igual de hermosa. Sus risos se pegaban con gracia a su rostro y los rayos hacían que su piel brillase de una manera encantadora.

No pude evitar sentirme como si fuese la criatura más horrenda del mundo. Yo no era nada bonita, mi cuerpo no estaba ni siquiera la mitad de desarrollado a comparación del de mi hermana, mi cabello era lacio y sin gracia, tenía un pésimo equilibrio y nunca lograba sacar buenas notas en la escuela. Yo era la oveja negra de mi familia, tanto en la vida normal como en nuestra vida oculta.

Los Albarn éramos cazadores de vampiros desde el inicio de los tiempos, y como protectores de la vida humana debíamos de saber defendernos de nuestros enemigos. Cabe mencionar que nunca he logrado vencer a un solo vampiro en mi vida. ¿No podía ser más torpe?

El destino se encargó de mostrarme que si podía ser más torpe. Volví a tropezarme con mis propios pies, lo que significó otra caída al suelo de cara. Papá bufó molesto y siguió su camino, Sissy simplemente se limitó a mirarme con preocupación.

Enterré mi rostro en el lodo.

Odio mi vida…


… Bostecé aburrida mientras me estiraba.

Me encontraba sentada en una de las bancas que se encontraban en el jardín trasero de nuestra mansión. El día se veía nublado, sin embargo todavía faltaba mucho para que comenzara a llover. Sencillamente, estos eran los días en los que a mí me gustaba salir de paseo por el lago Michigan.

Pero para desgracia – y horror – mío, debía de quedarme en casa estudiando para mi examen sobre vampiros que tendría en un par de horas más. Molesta, volví a centrar mi vista en el libro, tratando de aprenderme las formas más eficaces para matar a un vampiro…

"Oro: Este metal es el único capaz de matar tanto a los vampiros ordinales como a los vampiros de sangre pura. Para tener un asesinato más limpio y rápido se debe de clavar el oro justo donde se encuentra el corazón.

Nota: Cuando un vampiro anciano muere, ya sea ordinal o sangre pura, su cuerpo se hará cenizas, en cambio, si un vampiro joven muere, parecerá un cadáver humano."

Oro… estaca en el corazón… cenizas… cadáveres humanos… ¡¿para qué necesito saber todo esto?!

Frustrada, cerré el libro de golpe y recargué mi espalda en el respaldo de la banca mientras que hacía la cabeza para atrás. Cerré los ojos y dejé que el viento golpeara delicadamente mi rostro, relajándome casi por completo. El canto de las aves inundaba mis oídos, mezclándose así con los suaves latidos de mi corazón. Todo era paz y armonía…

… Hasta que de pronto, un sonido me llamó la atención.

Asustada, abrí los ojos y observe a mí alrededor. Todo estaba tranquilo… o bueno, eso creía yo. A lo lejos, justo sobre la barda que separaba el patio del de los vecinos, una cosa – o lo que fuese – trataba de saltar la pared de cemento sin éxito alguno. Confundida y asustada, observe como ese algo caía al suelo en un sonoro golpe.

Mi instinto me dijo que saliera corriendo de allí y buscara a alguien que se hiciera cargo de aquella cosa extraña, sin embargo, mi curiosidad era mayor. Agarré mi libro, el cual usaría en caso de emergencia como arma, y me acerqué a paso lento hacia la cosa.

Descubrí, para mi sorpresa, que la cosa no era una cosa, sino más bien un chico, y no cualquier chico. Este tenía el cabello blanco como la nieve, la piel ligeramente más morena que la mía, usaba un pantalón café junto con una camisa blanca, y tenía hojas y tierra pegadas en la ropa y el cabello.

El chico comenzó a maldecir en voz baja mientras se sobaba la cabeza, totalmente adolorido. Traté de acercarme sigilosamente, pero al hacerlo pisé una rama seca que se encontraba por allí, partiéndola y haciendo más ruido del necesario. Maldije mentalmente, al mismo tiempo que el chico salía de los arbustos y me miraba fijamente.

No pude evitar perderme en sus ojos rojos como la sangre, los cuales me miraban asustados y confundidos. Tardé en recordar que él era un colado en mi casa, por lo tanto, era un ladrón.

Espera… ¡¿un ladrón?!

- ¡¡Ahhh!! ¡¡Ayuda, ayuda, policía, se ha metido un tipo extraño a mi jardín!! – grité lo más fuerte que me permitió mi garganta.

El chico se alarmó, y en un rápido movimiento se paró de su lugar y me tapó la boca con una de sus manos, mientras que con la otra trataba de inmovilizarme.

- ¡¡Shhh!! ¡Si gritas así me van a descubrir! – me dijo mientras liberaba mis labios.

- ¡Ese es el chiste! ¡¡¡Auxilio, ayuda…!!!

- ¡Que te calles! – me espetó molesto.

Dejé de gritar para voltear a verlo fijamente, totalmente molesta.

- ¡Hey! ¡¿Quién te crees tú para hablarme así?! – pregunté.

- El que te puede meter una rama en la garganta para callarte.

- ¡Idiota! – gruñí mientras le clavaba el libro en la cabeza, logrando dejarlo tirado en el piso con un gran chichón.

- ¡Argh! ¡Estás loca mujer! – gruño molesto mientras se sobaba el lugar del golpe.

- ¡Para que aprendas a respetarme, tonto! – le dije mientras le sacaba la lengua.

El chico me miró molesto, cosa que yo también hice. No me importaba quien fuera él, ¡nadie se atrevía a hablarme de esa manera! Aunque claro, admito que mi comportamiento fue demasiado infantil para mi gusto, pero no entendía el porqué, simplemente este chico lograba sacarme por completo de mis casillas.

- ¡Ross! ¿Estás aquí? – gritó una voz a lo lejos.

- ¡¡Hermana, por acá!! – grité yo de respuesta, haciendo que el chico volviera a taparme la boca.

- ¡No pueden saber que estoy aquí! – me susurró al oído mientras que nos ocultaba entre los arbustos.

Lo miré confundida, él solo suspiró derrotado.

- Si mi familia se entera que me escapé de las lecciones de piano no me dejarán salir esta noche y me tendrán encerrado todo el día hasta que me aprenda las sinfonías de Beethoven completas – murmuró nervioso.

No dejé de mirarlo durante todo el rato. No me gustaba admitirlo, pero podía ver la sinceridad en sus ojos. Algo extraño hizo que mi corazón saltara al notar que él también me miraba fijamente, con esos ojos que lograban hacer que mi cerebro se pusiera en blanco…

Lentamente me quité su mano de mi boca, para después suspirar cansada. Sabía que me arrepentiría de aquello.

- Está bien, no le diré a nadie – el chico me sonrió –, excepto a mi hermana. Descuida, ella tampoco dirá nada, Sissy sabe guardar bien los secretos – me apresuré a decir al ver su cara de miedo.

Él pareció pensárselo durante un momento, para después sonreír de manera torcida.

- De acuerdo… oh, por cierto, mi nombre es Soul, Soul Evans – me dijo sonriente.

- Mi nombre es Rossette, Rossette Wright, pero dime Ross – mentí con una sonrisa. Se nos tenía prohibido decir nuestro verdadero apellido, para así ocultar nuestra presencia ante una posible familia de vampiros o dhampiros.

Soul se levantó de su lugar, para luego tenderme la mano y ayudarme a pararme. Cuando nuestras manos se juntaron, una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo, haciéndome estremecer. Noté que Soul también lo sintió, pero no dijimos nada y nos encaminamos hacia mi casa de manera sigilosa.

Llegamos a la cocina, y tan pronto me aseguré de que nadie nos hubiera visto en el jardín, un carraspeo llamó mi atención. Soul se giró asustado, mientras que yo sonreía.

- Hola hermana – murmuré, Sissy me miró fijamente.

- ¿Se puede saber quién es él? – preguntó curiosa.

Soul tartamudeó ante la pregunta de Sissy, quien sonrió de una manera muy… ¿coqueta? Miré a ambos confundidos, mientras que una extraña sensación iba creciendo en mi cuerpo. Por muy loco que sonara… no me gustaba que mi hermana mirara de esa manera a mi amigo.

Un sabor amargo inundó mi boca, y sin darme cuenta, miré a mi hermana con cara de pocas amigas.

Esta vez, no…


… Nuevamente me encontraba corriendo.

El aire me faltaba y mis piernas se quejaban por el esfuerzo. Apreté con fuerza las partituras de piano contra mi pecho, y rogué a los dioses que no fuese demasiado tarde. Papá me mataría por llegar tarde a la cena de cumpleaños de Sissy, pero era capaz de desmembrarme al enterarse que la razón de mi tardanza era porque estuve practicando el piano y no entrenando.

Entré a mi cuarto, guardé las partituras en mi cofre de los secretos, y a una velocidad increíble me quité mi camisa y mi falda para ponerme mi vestido de gala rosa pastel. No me cambié los zapatos, puesto que mis pies no se lograban ver gracias a la falda. Como pude me peiné una media cola y sin maquillarme me bajé a toda prisa hacia el comedor.

Claro está, que al llegar todos me miraron con el ceño fruncido y molestos. Soul y Sissy me indicaron que mirara el reloj de péndulo que se encontraba en una esquina. Casi muero al darme cuenta que tenía una hora de retraso.

- Siéntate – ordenó mi padre con voz fría y autoritaria.

Asentí de manera torpe con la cabeza y corrí hacia el asiento vacío que se encontraba junto a Soul, quien me sonrió y me dedicó en voz baja un feliz cumpleaños. Papá carraspeó, llamando así la atención de todos los invitados. Dio un largo discurso sobre lo importante que era Sissy, de lo agradecido que estaba con todos y sobre la vida, etcétera, etcétera…

Yo, por mi parte, jugaba distraídamente con los pies de Soul, quien también seguía el juego con una sonrisa. Cada uno trataba de pisar al otro, o simplemente enredábamos nuestros pies con los del otro. Sissy nos observó desde el otro lado de la mesa, frente a Soul y nos lanzó una mirada desaprobatoria. Ambos murmuramos un "lo siento" en voz baja y reímos.

Ya habían pasado tres años desde que Soul y yo nos conocimos y nos hicimos amigos. Él pertenecía a una famosa familia de músicos, la cual se había mudado a la casa continua – eso explicaba el porqué Soul brincó la barda ese día –. Su hermano, Wes, era exactamente idéntico a él, la única diferencia era su edad y su personalidad.

Soul, como era de esperarse, es tres años mayor que yo, y un año mayor que mi hermana. Pero eso no impedía que yo sintiese lo que sentía por él.

En estos tres años de conocerlo, me había enamorado profundamente de su sonrisa, de su voz, de sus ojos, de su risa… me había vuelto "loca" por Soul. Sin embargo, no tenía las suficientes agallas como para decírselo, la única que sabía que lo amaba era Sissy, mi hermana…

… quien miraba fijamente a Soul, y viceversa.

Gruñí molesta, pero nadie me escuchó. Eso para mí era normal, siempre era ignorada. Y la mayor prueba de eso era este día, mi cumpleaños. Sonaría loco, pero Sissy y yo nacimos el mismo día, claro, con la diferencia de dos años. Al principio, papá nos felicitaba a ambas, y nos amaba por igual… pero… desde el día en el que fui de caza por mi primer vampiro, las cosas cambiaron.

Papá y mamá se volvieron distantes, siempre me echaban en cara mis errores y la perfección de mi hermana. No había día en el que no nos compararan, o en el que mis padres se preguntaran si de verdad yo merecía llevar el apellido Albarn. Aunque bueno… no sólo eran mis padres, sino también el resto de la familia, a excepción de mi hermana y mis tíos que vivían en Nueva York.

Suspiré mientras miraba a las personas que se encontraban sentadas en la mesa. Como todos los años, mis tíos no se encontraban allí.

Algo malo de la dinastía Albarn, era que si te casabas con alguien fuera del clan, te consideraban como un hereje. Mi tío – según papá – era uno, puesto que mi tía no pertenecía a la familia y era una humana normal. Yo, a pesar de que provenía de la familia principal, no era bien vista por todos. Era torpe y no lograba cumplir mis misiones con éxito. En pocas palabras, era la… inadaptada.

Papá alzó su copa y brindó por el cumpleaños de Sissy, todos lo imitaron sonrientes, excepto Soul, quien frunció el ceño molesto. Él no lograba entender porque papá nunca me felicitaba en mi cumpleaños, y no debía de entenderlo. Su vida, por mucho que me doliese admitirlo, no merecía mezclarse con la mía…

Porque después de todo… el destino de los Albarn siempre terminaba en muertes y sangre…


… Papá lanzó al aire mis tablaturas, no pude evitar mirarlo con odio.

- ¡¡Te prohibí que tocaras el piano!! – me regañó furioso.

- ¡¿Entonces por qué no le prohíbes a Sissy tocar la flauta también, eh?! – respondí de la misma manera.

- ¡No metas a tu hermana! – me regañó mamá molesta.

- ¡¡Yo la meto si yo quiero, a ella le dan más privilegios que a mí!! ¡¿Por qué?! ¡¡Yo también soy su hija!!

- ¡¡Porque ella es mil veces mejor que tú!! ¡¡Deberías de ser como ella!!

- ¡¡¡Yo no soy Sissy, entiéndelo de una buena vez!!!

El sonido de la bofetada resonó en toda la habitación.

Perdí el equilibrio y caí de sentón al suelo, al mismo tiempo que llevaba mi mano a mi mejilla derecha, la cual comenzaba a dolerme más y más. Miré sorprendida a mi padre, quien tenía el rostro rojo por la furia, volteé a ver a mi madre, quien me miraba de manera de reproche. Al ver eso, las lágrimas se agolparon en mis ojos y sentí como si algo se desquebrajara en mi pecho. Furiosa, me levanté del suelo y prácticamente corrí hacia las escaleras, las cuales subí rápidamente – y para milagro mío, no me tropecé con nada –.

- ¡¡No saldrás de tu cuarto hasta que reflexiones tus palabras, pequeña mocosa!! – gritó mi padre.

Cómo respuesta, cerré la puerta de mi habitación en un sonoro golpe.

Grité sin poder contenerme. Las lágrimas fluían libres por mis mejillas y mis uñas arañaban la piel expuesta de mis brazos. Miré mi espejo que se encontraba sobre el tocador, y si no fuese por el cabello lacio, hubiera jurado que miré el rostro de Sissy…

Sissy…

Sin pensarlo dos veces, agarré mi cofre y lo lancé contra el espejo, el cual se cuarteó, más no se cayó del marco. Miré con rabia mi imagen distorsionada, y volví a gritar.

Hace una semana, ella y Soul se había comprometido. Hace una semana, ella me había mirado de una forma burlona y triunfante. Hace una semana, mi corazón había dejado de latir.

Agarré las tijeras que se encontraban sobre mi tocador, sujeté un mechón de mi cabello y lo corté. Corte, corte, corte, corte… poco a poco mechones de mi cabello fueron quedando regados por el suelo, y poco a poco mi cabello pasó de ser largo a ser corto, casi a la altura de mi mandíbula. Nuevamente grité, nuevamente lloré, y nuevamente entré en colapso. Me acurruqué en mi cama, donde dejé que la oscuridad me envolviese por completo…

No encontraba una razón por la cual aferrarme a la cordura, todos me habían abandonado, por lo que ahora estaba sola…

… Una suave caricia en mi mejilla adolorida me despertó.

Pude comprobar, por el cielo oscuro que mostraba mi ventana, que ya era de noche. Miré al dueño de la mano que hacia aquella reconfortante caricia, y por un instante, no me sentí sola.

- ¿Estás bien? – susurró Soul.

Solté una carcajada seca.

- ¿Te parece que estoy bien? – pregunté con sarcasmo.

- Lo lamento…

Silencio. La habitación fue inundada por un enorme silencio incomodo. Traté de parar las lágrimas que sin razón alguna salieron de mis ojos, mientras que Soul se limitaba a acariciarme la cabeza, jugando con los pequeños mechones que habían quedado de mi cabello.

- Me gustaba más cuando lo tenías largo… pero este corte también te queda bien. Mientras seas tú misma, todo te quedará genial, y si la gente no se acostumbra a eso, allá ellos, hay otros que adoran tu forma de ser – susurró.

Volteé a verlo fijamente, y sin darle tiempo para reaccionar, lo abracé fuertemente, llorando sobre su hombro. Él acarició mi espalda y comenzó a tararearme la nana que siempre me cantaba.

Poco a poco descubrí que no estaba tan sola…


… Llegué hasta la puerta de la habitación de Sissy, todos se encontraban reunidos fuera de ella.

Mi madre y la mamá de Soul lloraban desconsoladas; Wes, mi papá, el papá de Soul y el Doctor murmuraban algo en voz baja, pero por sus expresiones no debía de ser nada bueno. ¿Acaso le había pasado algo a Sissy? ¿Había empeorado su enfermedad?

Caminé hacia la puerta, pero de pronto, esta se abrió de golpe. Soul salió de la habitación cabizbajo, sumergido en una burbuja de total silencio.

Pronto lo comprendí.

- ¡¡No!! – Grité nerviosa y con un deje de histeria - ¡¡No, no, no!!

- Está muerta – susurró Soul con el dolor impregnado en la voz.

- ¡¡No!! – repetí mientras que Wes me sujetaba de los hombros, tratando de evitar que no entrara a la habitación y viera su… cadáver…

Mamá soltó un sollozo fuerte, papá dijo unas tantas maldiciones y consoló a mamá. Y yo mientras trataba de soltarme del agarre de Wes. No quería ir hacia donde estaba Sissy, quería ir con Soul, quería que él dejara de sufrir como lo estaba haciendo en este instante. Frustrada, y con los nervios en alto, traté de zafarme, sin embargo, pronto mis fuerzas desaparecieron…

Y la oscuridad me abrumó…


… Suspiré nerviosa mientras que veía el reloj de péndulo que se encontraba en la sala de la casa.

Dentro de unos 15 minutos, Soul regresaría. Él se había ido a la guerra después de la muerte de Sissy, y hoy era el día en el que todos los cadetes regresaban a sus casas. La guerra por fin había acabado.

Mis dedos tamborileaban nerviosos mis piernas. Wes paseaba de un lado a otro por la habitación y nuestras madres se encontraban platicando acerca de la derrota de Alemania. Nuestros padres, en cambio, fumaban sus pipas, fingiendo que tampoco se encontraban nerviosos. Volví a suspirar, esta vez un poco frustrada, y cuando disponía a irme a la cocina por un vaso de agua, el timbre sonó.

Todos nos miramos fijamente. Los demás se paralizaron en su lugar, mientras que yo lograba poner mis pies en movimiento y me acercaba hacia la puerta, la cual abrí con la esperanza de encontrarme con un par de ojos color rojo, los cuales había extrañado tanto…

Sin embargo, él no se encontraba fuera de la casa. Un puñado de militares entró sin que yo les diera permiso, miraron a nuestros padres dolor, y él más joven de ellos fue el que se preparó para hablar.

- ¿Aquí vive el cadete Evans? – preguntó.

- Sí, aquí es – respondió Wes confundido.

- En ese caso… señores, tengan – murmuró mientras caminaba hacia el padre de Soul y le entregaba un sobre.

Cuando lo leyó, junto con su esposa, ambos mostraron un rostro sombrío y carente de emociones. Poco tiempo pasó para que la mamá de Soul rompiera en llanto y el papá de Soul arrugara la carta furioso y… ¿adolorido?

- ¿Qué pasa? – pregunté, nadie me respondió - ¡¿Qué pasa?! – exigí.

- Me temo, señorita, que el soldado Soul Evans ha fallecido en el campo de batalla el día 23 de Septiembre, su cuerpo no ha sido encontrado, pero seguiremos buscando. El Gobierno de los Estados Unidos de América le manda su más sentido pésame, y le garantiza que recordaremos la valentía de su hijo en la guerra, organizando un funeral de estado, junto con el resto de los caídos en guerra.

No me había dado cuenta que todo comenzó a dar vueltas. El aire me faltaba, y tuve que sujetarme de la pared para no caer. Mis piernas temblaban y mis tímpanos se quejaban por los sonoros llantos de la mamá de Soul…

Soul… tan pronto recordé su nombre, algo se desquebrajó en mi pecho, y antes de que alguien pudiera advertirlo, caí lentamente al suelo, mientras que todo se volvía negro a mi alrededor…


… Caminaba a paso rápido por las calles congestionadas de Nueva York.

Habían pasado tres años desde el asesinato a sangre fría de mi familia, por lo que ahora yo vivía con mis tíos y mis primos. Ahora tenía 19 años, y cómo cualquier chica de mi edad, asistía a una de las mejores Academias de Música del estado. Hacía ya tres años que había dejado de ser cazadora de vampiros, hacía tres años que la única persona a la que había logrado amar murió, hacía tres años que mi vida cambió drásticamente, tanto para bien como para mal.

Apreté mi bolso que contenía mis partituras de piano contra mi pecho y aceleré el paso. Dentro de media hora tenía que llegar a casa para la cena de Acción de Gracias. Mi estómago ya comenzaba a reclamarme mi retardo, esperando probar ya la deliciosa comida que mi tía preparaba.

Mientras que mi estómago se deleitaba con los recuerdos de la comida, miré con una sonrisa el desfile que había en la calle. Hasta que de pronto, lo sentí.

Mi instinto de cazador, el cual había quedado dormido durante tres años, despertó. Los vellos de mi nuca y de mis brazos se erizaron, mi corazón latió velozmente, una descarga de adrenalina recorrió mi cuerpo y mis sentidos se agudizaron.

Miré fijamente a toda la multitud, buscando al vampiro que se encontraba oculto en ella. ¿Acaso el tal Asura había regresado por mí? ¿Me habría encontrado ya? Mi cuerpo se preparó para correr, y después de una revisión a todos los humanos, los encontré.

Eran tres, las líneas de la muerte se marcaban como tatuajes en sus pieles. Sonreí, mientras buscaba la daga que siempre llevaba en mi bolsillo, preparándome para matarlos de la manera más sutil, sin levantar sospechas ni nada…

… Pero cuando me encontré con los ojos rojos de uno de los vampiros, sentí como si mi corazón hubiese dejado de latir.

Allí estaba él, con la misma expresión de sorpresa que yo. Sentí las lágrimas en mis ojos y sin pensarlo, extendí mi mano hacia él, con la única esperanza de volver a tocarlo, de saber que era real. Pero Soul dudó, y yo también lo hice. Mi corazón me pedía estar a su lado, pero mi instinto me pedía matarlo. Él ya no era él, él ahora era un vampiro.

Sin importarme mucho el desfile que pasaba por las calles, pasé la acera y corrí hacia donde estaba Soul, quien en un rápido movimiento desapareció de mi vista junto con los otros dos vampiros. La desesperación me embargó, y sin pensarlo dos veces usé mis sentidos para buscarlo.

Debía encontrarlo.

Corrí y corrí, adentrándome en lo más profundo del Central Park, el cual se encontraba solo ya que la gente estaba reunida en el desfile. Paré mi carrera para tener un poco de aire en los pulmones, sabía que Soul estaba cerca, ya que sentía la presencia de un vampiro a escasos metros de mí… esperen, ¡¿qué?!

- Rossette.

Me giré para ver a la dueña de esa voz. Y tan pronto lo hice, tuve que tallarme los ojos para cerciorarme que esto no fuese una ilusión. Frente a mí estaba Sissy, mirándome fijamente con sus profundos ojos color esmeralda. Su belleza era sobrehumana, su cabello era más largo de lo que recordaba y su piel era demasiado blanca. No tardé en averiguar lo que era ahora mi hermana.

- Sissy… tú… ¿pero cómo? ¡Habías muerto!

- Estás equivocada, hermanita, Asura-sama me ha transformado en lo que soy ahora. Él me prometió que con esto, Soul y yo estaríamos juntos durante toda la eternidad, ¿sabes lo que eso significa? ¡Él y yo estaremos juntos para siempre, nunca moriremos, siempre estaremos jóvenes! – Me dijo alegre – pero para que eso suceda… primero tengo que hacer lo que mi amo me ordenó… - susurró, y sin darme tiempo para reaccionar se abalanzó contra mí.

Luchamos en silencio un rato. Yo trataba de esquivar sus golpes, pero ella era más experta luchando. Sin mucho esfuerzo me rompió un brazo y un tobillo, me hizo heridas profundas en las mejillas y en el abdomen, y justo cuando creí que reclamaría mi sangre… ella se fue.

Eso me dejó aturdida y desorientada. ¡¿Qué demonios estaba pasando?! Esa no pudo haber sido Sissy, mi hermana nunca sería capaz de hacerme algo como esto…

Lloré al darme cuenta de la realidad. Esa si fue Sissy, pero a la vez ya no lo era. Traté de levantarme de mi lugar, temiendo que ella regresara, pero mi tobillo me lo impedía. La sangre salía libremente por mis heridas, y tan pronto sentí la presencia de un vampiro cerca, me paralicé.

Rogué porque aquel vampiro fuese Sissy, pero al parecer, el destino me odiaba. Aquel vampiro era un hombre, su cabello era de un extraño color azul y su piel era ligeramente más morena que la de un vampiro normal. Traté de sacar mi daga para defenderme, pero para mi sorpresa, esta ya no estaba.

El vampiro sonrió, para luego lanzarse contra mí. Grité, lancé golpes al aire e intenté levantarme del suelo, pero todo era inútil. Él era mucho más fuerte que yo, y me lo demostró al romperme la muñeca buena y enterrar sus colmillos en mi cuello.

Poco a poco fue drenando mi sangre, acabando así con mi vida. Dejé de luchar y dejé que él acabara de una vez por todas con mi sufrimiento. Al menos… Soul seguía con vida, y eso traía paz a mi alma…

- ¡¡Black Star!!

Abrí los ojos, sólo para ver al hombre que amaba golpeando al vampiro, quien me soltó y se enfrentó a él. La lucha era pareja, pero mientras ellos peleaban, mis últimos latidos resonaban fuertemente contra mi pecho. Todo se volvía negro, el aire me faltaba y poco a poco comenzaba a perder la conciencia…

Unos brazos fríos y pétreos me acunaron con cariño y suavidad. Miré al dueño de estos y me encontré con el rostro de Soul, el cual reflejaba dolor y desesperación. Como pude le sonreí, y antes de que mi corazón se parase, logré articular mis últimas palabras.

- Te amo…


Abrí los ojos de golpe.

Lo primero que vi, fue el rostro son riente de Sissy, quien me acunaba entre sus fríos brazos. La miré con miedo, pero al ver que su sonrisa tenía un deje de dolor mi corazón sintió pena por ella.

- Hola, Maka – murmuró.

- ¿Qué fue… todo eso? – pregunté.

- Simplemente viste tu pasado, nuestro pasado.

- Pero… yo recuerdo que estábamos peleando contra Azura… y después de que lo maté, Gopher me enterró la daga en mi corazón – murmuré, y de manera inconsciente me llevé mi mano hacia mi pecho, justo a la altura de mi corazón, el cual seguía latiendo. Toco encajó en mi mente – ¿Estoy muerta?

- No y sí – se limitó a decir.

Sissy me señaló la ventana sobre la que nos encontrábamos. Miré a través del vidrio, y lo que vi me dejó impactada.

Un par de personas se encontraban reunidas alrededor de un chico, el cual ocultaba algo entre sus brazos y se mecía como si tratara de arrullarlo. Tardé en captar que ese chico era Soul, y lo que se encontraba entre sus brazos era yo… o más bien, mi ensangrentado cuerpo. Volteé a ver a Sissy, quien me miró con ternura y comenzó a acariciarme la cabeza.

- Te pareces mucho a Ross… - murmuró mientras que sus ojos se llenaban de lágrimas –. No sabes cuánto me arrepiento de lo que hice, en ese entonces estaba cegada por los celos y la envidia. Ella, aunque no me gustara admitirlo, poseía el corazón de Soul sin darse cuenta. Eso me molestaba, yo quería que él fuese sólo para mí, sin importarme nada ni nadie… y justó después de la muerte de Ross, me odié como nunca, me sentía culpable, cómo si yo hubiese sido la que bebió su sangre hasta matarla. Sé que yo también tuve la culpa de su muerte, y eso me hizo que me suicidara… nunca me perdonaré la muerte de mi hermana menor – sollozó.

Comencé a acariciarle la cabeza, tratando de calmarla. En sí, parte de los sentimientos que sentía ahora no eran míos… esto era difícil de explicar, pero tal vez fuesen de Rossette. Sissy volteó a verme mientras se limpiaba las lágrimas, yo sólo le sonreí.

- Descuida, yo… nosotras, te perdonamos… - murmuré sonriente.

Sissy sonrió, para después abrazarme.

- Gracias – susurró.

El silencio nos embargó durante un momento. Mi vista se posó sobre la imagen de Soul, quien lloraba mientras mecía mi cuerpo y al parecer, tarareaba mi nana. El corazón se me contrajo de dolor al verlo así, y al parecer, a Sissy también.

- Voy a morir – no fue una pregunta, fue una aclaración.

- Tal vez, aún hay esperanzas. Kid ha encontrado pulso en tu cuerpo, es débil, pero aún estás con vida.

- Pero… ¿cómo podrían salvarme? Eh perdido mucha sangre, es sólo cuestión de tiempo para que muera, además, Soul está bien, con eso tengo suficiente – murmuré.

- ¿Eso crees tú? – susurró Sissy, ligeramente molesta.

La miré confundida, ella simplemente se limitó a señalar a Soul con el dedo.

- Para él, el sentido de la palabra "amor" es muy distinta, tal vez demasiado. ¿Qué acaso no escuchaste lo que te dijo? No puede vivir en un mundo en el que tú no estés, te ama, incluso si es más allá de la muerte.

- Pero… no… ¡Soul no puede hacer eso! Él no puede… - mi voz se quebró al último momento.

- Él puede, y podrá, de ser necesario.

Negué rápidamente con la cabeza, al mismo tiempo que el miedo me inundaba y comenzaba a llorar. Ahora lo entendía, mi definición del amor era totalmente equivocada. Soul era mi todo, y no me sentía capaz de dejarlo solo en aquel mundo, así como tampoco él me iba a dejar. Me asusté, grité y sollocé, al mismo tiempo que Sissy me acariciaba la espalda.

- ¡No quiero morir! – grité aterrada.

- ¿Eso es lo que deseas?

Asentí con la cabeza.

- En ese caso, cómo ya te dije, aún queda esperanzas.

- Pero, ¡¿cuál?! ¡No hay forma en la que yo pudiese sobrevivir…! – le dije, pero al ver su expresión, me di cuenta que si había una manera.

Guardé silencio, mientras trataba de organizar todo en mi cabeza. ¿Acaso sería capaz de soportarlo? Había esperado esto desde aquel día en el que conocí a Soul y su secreto, pero en ese entonces no me había dado cuenta de los sacrificios que eso conllevaba. Miré a Soul, y luego a Sissy.

No había otra alternativa, este era mi destino. Un destino junto a Soul.

- Díselo, él no quiere escuchar a Kid ni a Black Star, pero si tú se lo dices, él cambiará de parecer y accederá a que Kid te muerda – me dijo seria.

- ¿Crees que me escuche? – pregunte.

- No pierdes nada con intentarlo.

Tomé aire, preparándome para gritar.

- Soul – murmuré.

- Habla más fuerte.

- ¡Soul!

- ¡Más!

- ¡¡Soul…!!


… Soul…

Continuará…


Hum… creo que quedó muy largo el capítulo, más de lo que tenía planeado (y eso que me falto poner más cosas)

En fin, ¡al fin, sólo un capítulo más y se termina el fic! Estoy tan emocionada xD ¿Qué les pareció este cap? ¿Bueno, pasable, malo? ¡Espero comentarios! Gracias por sus reviews, aunque por alguna extraña razón FF no me los ha mandado todos… pero bueno, ¡aún así, gracias!

¡Nos leemos en el epilogo, si llegamos a los 250 reviews, lo subo para mañana o el martes temprano! xD ¡Bye bye!


¿Review?