Llego a su guarida, casi amanecía. Trago saliva y entro. Se fue a su cama (si en realidad eso se lo podía llamar cama) que solo era una loma sostenida de los extremos y trato de dormirse. Todo iba bien… o eso creyó ella.

- Kurayami – era la voz de su padre. Siempre la había llamado por su segundo nombre. Y obligaba a los demás a hacer lo mismo- Levántate –
¿Que mas iba a podía hacer? Ella solo se levanto y se arrodillo ante su padre.

- padre yo…-

- cállate – le ordeno – descúbrete la espalda –
Los demás se despertaban por los gritos de su líder, Pein. Hikari obedeció a su padre y se quito la chaqueta solo quedándose con su remera.

- todo – ordeno nuevamente Pein.
La joven lo obedeció, solo tenia vendajes puestos apropósito para cubrir sus pechos pero también había vendajes por toda su espalda. Pein saco un pequeño látigo de su bolsillo, hizo una pequeña posición de mano y el látigo duplico su tamaño.

- no me gusta que desobedezcas mis ordenes mi querida Kurayami – tras decir esto dio 3 latigazos cruelmente sobre la joven chica.
No hubo gritos. Desde aquella vez que ella había gritado en consecuencia de sus castigos, estos se volvían peores. Su padre no toleraba la debilidad.

- ¿Dónde estabas? – le pregunto Pein secamente.

- y-yo sa-salí afuera –

- defíneme "afuera" –

- mas allá de esta guarida, haa-había una te-terma – no aguantaba el dolor, y no podía gritar ni quejarse mucho menos Llorar.

- aja, así que llegaste cerca la de la aldea oculta de la arena. ¿Tratas de escapar querida hija?- se agacho a su altura y tomo con su mano libre la cabellera de la morocha, obligándola a que le mirase.

- ¡No! No cla-claro que no padre, solo quería salir a ca-caminar, so-solo eso –
Pein soltó su cabello bruscamente y volvió a golpear con su látigo a Hikari. Solo una vez. La ultima. Por fin, había acabado.

- no me gusta que me desobedezcas Kurayami – se dio media vuelta y desapareció.
Los ojos de los demás miembros del grupo miraban a Hikari que estaba tendida en el suelo. Algunos con curiosidad, otros con sed pero solo uno con lastima.

- ¡¡¿ que mierda miran pedazos de imbéciles?!! – la furia se agolpaba en todo su ser. Sus ojos caramelo cambiaban de color, oscureciéndose.
Solo se oyó a alguien decir "larguémonos antes de que empeore" y nadie había quedado, nadie excepto… Tobi. Se le acerco muy despacio, casi con miedo y le tendió algo. Ella estaba apretando sus ojos para que las lágrimas no escaparan y se sorprendió de la presencia de aquel miembro de atakasuki tan cerca de ella. De la nada, el extendió su mano… y le dio un pequeño paño. Hikari lo tomo y trato de cubrirse las heridas, pero dolían demasiado.
- ¿Por qué lo haces? – le pregunto confusa.

- porque no me gusta ver sufrir a las mujeres…- dicho esto se dio vuelta y se marcho.

El la espero y espero… pero ella jamás volvió. ¿Habría mentido o tal vez le había ocurrido algo? ¡Ay! Dios, solo la había visto una vez ¿por que se preocupaba tanto?
"Me matara si se entera que no estoy con ellos" recordó lo que le había dicho-
No, solo era una forma de decir, no podía ser verdad, además ¡que le importaba! …Si, tal vez… tal vez si le importaba. Un poco solamente pero al fin y al cabo eran iguales, era lo único seguro que sabia de ella, que eran iguales: dos jinchurikis. Y tal vez por eso estaba allí, esperándola, por que había encontrado a otra persona que podía o pudo sentir todo el dolor que el también habían sentido. Si, la esperaría, todo el tiempo que fuese necesario.


Una nueva noche comenzaba. No había nadie en la guarida de los akatsukis. Era ahora o nunca. Podría salir nadie la notaria, pero el miedo era muy grande.
"miedosa" le susurro en su cabeza una voz que jamás había oído.

- ¿qu-quien eres? – Esa voz era diferente no era su conciencia, era alguien mas. Engañosa, burlona, oscura.

- ya es hora de conocernos ¿no? Tu padre me llama Kurayami, pero en realidad soy Yang la demonio del la oscuridad, un placer Hikari…-

- ¡Im-imposible! Tu eres… mi… mi demonio…? –

- No precisamente "TU" demonio pero estoy en ti, dentro de tu cuerpo nena y no existe forma de que pueda salir ¿por que crees que sigues viva? –

- no, no te entiendo –

- escucha tonta date cuenta de la realidad ¡NO ERES DE AQUÍ! Y solo quieren que te quedes para aprovecharse de tu poder. Vamos, escapemos podemos si lo hacemos juntas. –

- ya, ya esta bien no molestes con tus estupideces. Recién te conozco y ya tratas de llenarme la cabeza –

- Grrr, esta bien, pero por lo menos sal esta noche vamos a divertirnos esta cueva es una porquería eh? Que dices? – Hikari la ignoro – y si vamos por… el pelirrojo… como se llamaba…-

-Gaara Del Desierto… – ¡ese! – mm……. bueno…-

Fue fácil llegar a la Aldea de la Arena, claro con la ayuda de Kurayami guiándola solo había tardado media hora. Pero la aldea estaba cubierta por personas y seria difícil entrar.

- ¿estas segura que es aquí? -

-si, siento la presencia del Shukaku cerca estoy segura que es aquí -

-¿de quien? –

-eh… un viejo amigo. ¡Mira! Ese tipo el de aquí cerca, para entrar debes quitarle su protector o nos descubrirán. – Cerca de ella había un guardián vigilando. Hikari se le acerco por detrás y posando su mano sobre su hombro adormeció al guardia – quítale el protector, y a ver a ver, revisa sus bolsillos – la morocha la obedeció y solo encontró una billetera – bien ajajá pidámosla prestada.-
Ya adentro de la Villa Hikari no pudo creer lo que veía. Ese día se estaba celebrando un festival, había gente por doquier vistiendo kimonos de todos colores, luces, juegos, música…

- E-esto es hermoso…-

-Creo que llegamos en una especie de festival o fiesta, mira ve hacia allá a la tienda, comprémonos ropa antes de que desconfíen de nosotras. -

- Esto me suena a dúo ¿que estas tramando? –

-Nada en contra de ti vamos Hikari si te sucede algo malo a ti a mi también solo quiero que te compres ropa así no nos descubren ingenua. –

- De acuerdo, tienes un poco de razón. –
La joven se dirigió hacia la dirección que le indicaba su demonio, una tienda.
Estuvo un largo rato probándose kimonos de todos los colores posibles, pero no le gustaba ninguno, mejor dicho no le gustaban los kimonos, por el espejo vio que detrás de ella había una prenda que no se había probado aun. Un vestido negro colgaba guardado, ese seria el suyo. Le quedaba perfecto.

- Ey, te ves sexy –

- calla, ¿quieres? Jaja – Pago el vestido y salio.

Recorrió todo el lugar fascinada por lo que veía, feliz. Hace tanto que no se sentía así tan… tan libre.


De acuerdo esto ya de por si le resultaba aburrido ¿Por qué debía asistir a este tipo de cosas? Ah, el era el Kazekage, a veces se le olvidaba un poco ese detalle. Pero odiaba ponerse traje y tenerse que arreglar, era un fastidio. Encima la molesta de su nueva secretaria lo estaría siguiendo a todos lados habidos y por haber, ¿Cómo hacerla entender a Matsuri que siempre iba a ser su amiga y nada más? pero todo aquello era su labor y, al fin y al cabo, le gustaba.
Ya estaba listo.

Todos los años la fiesta de la arena era igual. El concurso de jovencitas, la venta de comidas típicas de la Villa, la exhibición de nuevas armas de combates y el gran baile.
¡Oho! Ahora que era la autoridad máxima de la aldea era su obligación bailar la danza originaria de allí. Ay, no. Lo único que le faltaba.
Matsuri ya se estaba poniendo demasiado cargosa, encima no lo soltaba del brazo, sus hermanos lo habían abandonado y el debía quedarse allí junto a las demás autoridades. No le resultaba muy divertido.
Pero de pronto, a lo lejos, distinguió a la única desadaptada no llevaba puesto su kimono. ¿Qué mierda? ¿Estaba alucinado? No, era… Hikari. ¿Que hacia allí? Muchas personas venían como turistas a causa del festival pero ¿Qué hacia ella aquí?
Inconscientemente se soltó de las manos de Matsuri dejándola hablar sola y dirigiéndose hacia la morocha, que reía sola también.