Sitio miedo, luego su habitual furia.
Corrió hacia el chico para ayudarlo sin notar que todos los miembros de aktasuki la miraban desde arriba. Extendió su brazo para tratar de quitarlo de allí pero una fuerte descarga eléctrica recorrió sus huesos.

- ¡Sal de ahí entupida, que ya casi terminamos con lo que empezaste! – grito una voz burlona, la voz de un determinado y molesto rubio.

- No, no, digan cualquier cosa pero no, por favor no me digan que fui…-
Se oyeron risas.
Crueles risas.

- Si, nena fuiste ¡tu! – grito alguien. Y las risas volvieron a escucharse. No podía ser cierto, ¿Realmente había dejado así a Gaara? ¿Por qué estaba allí y que rayos le estaban haciendo? Sea cual sea la respuesta estaba sufriendo y ella no querría verlo así.
La furia causada por aquellas risas estaba a punto de sacarla de control.
No.
No podía perder el control, estando tan cerca de Gaara. Debía conseguir el poder del demonio pero sin que este pudiera poseerla. Pero el enojo era demasiado, no podía ver así a Gaara.
Su chakra negro comenzó a salir, alguien iba a detenerla cuando una de las paredes estallo.
Hikari volteo y busco a Gaara pero ya no estaba… y tampoco Deidara. Unos jóvenes y una anciana ingresaron por el enorme agujero que habían hecho, pero ella no les presto atención y envuelta en cada vez mas ira salio corriendo tras el pelirrojo sin notar que alguien la seguía.

Volteo, un rubio y un hombre de rostro cubierto efectivamente la seguían.
Mierda, más problemas. ¿O no?

-¡GAARA! – grito el rubio lleno de furia. Talvez venían a ayudar.

- Ey niña aléjate y busca refugio – grito el mayor.

- ¡Váyanse ustedes, tengo que salvar a Gaara! –

- Te ayudaremos, estamos aquí para eso –
Por fin, algo de ayuda. Sintió como se calmaba la furia interna pero al instante volvió a crecer. Por que vio lo que mas temía, Gaara colgaba inconsciente de la boca de uno de los pájaros de arcilla de Deidara.

- ¡GAARA! – grito Hikari asustada al no tener respuesta. Ya había llegado a su propio límite, y el enmascarado que anteriormente la seguía junto al rubio, se había dado cuenta.

- escucha niña tengo una idea de que es lo que te pasa y de quien eres, por eso te digo que te relajes y te quedes aquí iremos por Gaara pero si sigues forzándote todos terminaremos mal incluyéndote. – le dijo Kakashi.

Guauu, que clase de Ninja era aquel y como sabia lo que ella era. No supo si fue el dolor de cabeza o lo que le había dicho aquel hombre lo que la hizo tirarse en el suelo.
Hacia tres días que no dormía y solo el chakra del demonio la estaba manteniendo, pero si esto seguía así esta misma terminaría posesionándola de nuevo.
Debía detenerse, el peliblanco tenía razón.
Cayó al suelo de rodillas, agitada, casi desmayada.
A continuación, se desato la peor batalla que ella jamás había visto, el enmascarado y Deidara peleaban a muerte mientras el rubio buscaba la manera de encontrar a Gaara.
No supo cuanto tiempo paso.
Pero de un momento a otro todo había acabado. Deidara había escapado.
No veía señales del rubio… ni de Gaara.
Trato de levantarse y de abrir completamente sus ojos.
No tenía energía.
Busco, camino unos metros y, a lo lejos distinguió varias siluetas. Trato de correr, no pudo. Trato de caminar, casi se caía.


Naruto dejo a Gaara sobre el suelo. Estaba… ya sin vida.
Pudo ver como una morocha extremadamente agotada trataba de acercase.
Fue hacia ella y la ayudo.

- Ven, se que no eres mala. - le dijo tiernamente.

- ¿Qui-quien eres? –

- Eso no importa ahora – le susurro el rubio.

Apoyándola sobre su hombro la acerco a donde estaban las demás personas.
Hikari casi no podía ver, pero borrosamente vio a una anciana, una chica de pelo rosado, otros dos morochos de grandes cejas que aunque se notaba sus diferencias de edad perecían hermanos, el hombre del rostro cubierto y otras sombras que no le presto atención.
Fijo su mirada en el suelo.
Y lo vio.
Esa vez las lágrimas sin avisar comenzaron a caer de sus ojos y aunque estos se cerraban por el agotamiento, las lágrimas parecían formar dos pequeños ríos en su rostro.
Cayó de rodillas al lado del cuerpo ya sin vida de su amigo. Se oyó un grito de dolor y al mismo tiempo se tendió sobre el pecho de Gaara.
Todos observaban, algunos también con lágrimas en sus ojos. Pero todo empeoro cuando recordó lo que había pasado.
Ahora se dio cuenta de lo que había pasado.

- "es-esto es mi culpa" – se dijo.

- ¡ESTO ES MI CULPA! … ¿Por qué? No, por favor Gaara, abre los ojos, por favor.
No me dejes sola. No quiero. ¡NO!- gritaba la morocha – Mi culpa – repitió mirándose las manos – ya no puedo estar cerca de nadie mas – se levanto bruzadamente alejándose como si tuviera miedo de ella misma, casi tropieza con una joven de coletas, de nuevo sintió miedo, luego salio corriendo en dirección del lejano bosque que marcaba el fin de aquel desierto.


Sintió como volvía de a poco el calor a todo su cuerpo.
Oía voces.
No podía moverse muy bien. Pero igualmente trato de abrir sus ojerosos ojos color aguamarina. Varias personas lo rodeaban.
El rubio lo había ayudado de nuevo, pero no solo el sino también aquella ansina que pararía tan tacaña y sin sentido, había dado su propia vida.
Los aldeanos comenzaron a llegar. Contentos de que su líder tuviera vida.
Luego de una pequeña oración para Chiboya- sama, Gaara noto la ausencia de alguien.
La busco. No estaba. Y eso le preocupo.

- buscas a la chica, ¿cierto? – sintió la voz de Naruto detrás de el.
Gaara solo siguió observando alrededor de el.

- Salio corriendo desconsolada cuando te vio muerto –

- ¿Hacia donde? – pudo pronunciar.

- Hacia la zona del bosque –
El pelirrojo siguió observando pero ahora con tristeza por que no podía abandonar a toda aquella gente que lo estaba ayudando.

- ve, vamos, es mas importante – dijo Naruto.
Otra vez aquel chico mostraba su mejor lado. Gaara le regalo una corta sonrisa para luego salir corriendo entre la multitud.
No tenía demasiada energía para correr pero el bosque estaba cerca.


"no sirve de nada seguir con esto. No puedo vivir cerca de ninguna persona. Soy una amenaza. Gaara. ¿Por qué? ¿Por que me dejaste sola? Si tan solo pudiera existir alguna manera…
No cometeré este error dos veces.
Se lo que debo hacer, no… no dos veces… debo…terminar esto."

Frente a ella había un acantilado, demasiado profundo para ver el fondo.
Quería acabar con esa cruel vida que le había tocado.
Pero algo la distrajo, el viento corrió las nubes de ese día tan gris y el sol la ilumino.
No debía ser el final. No aun.

- "No es así de sencillo nena" – dijo la voz de su demonio pero la joven la ignoro – "No hay forma existente descubierta para acabar con la vida de un Jinchuriki especial como tu… debes aprender a vivir con lo que odias todo tu vida, por que tu vida no tiene final…" -

- (sonrío) sabes una cosa, si tuviera otra opción preferiría el mismo infierno antes que esto… pero ¿sabes que? Se bien lo que tengo que hacer para que no me molestes mas… – dijo Hikari decidida.

Cerró sus ojos y recordó como era la prisión en la que ahora Kurayami estaba y en la que ella estuvo hace tan poco. La veía y veía al demonio.
Era parecida a ella, pero con ojos rojos como sangre.
Estaba desnuda y así dejaba ver marcar en toda su piel. De su espalda una gruesa cola negra y roja, con picos se movía de aquí para allá. Jugueteando.
Y dos alas de iguales colores yacían sobro sus hombros.
La dueña del caos.
Del mal. De la oscuridad.
Oscuridad, eso significaba su nombre.
Encerrada dentro de ella.
Una fina línea de luz iluminaba a aquel monstruo. Hikari se acerco a donde provenía esa pequeña luz.
Esa era la conexión entre ambas.
La tapo con su mano. Y escucho un grito de rabia.
Volvió en si.
Había logrado cerrar la conexión que hacia que Kurayami pudiera comunicarse con ella.
Ya no la molestaría. Ya no la engañaría.

- Si no puedo terminar con esta vida sin sentido, será mejor que aprenda a vivir correctamente. – Se dijo así misma.
Junto al precipicio, un arbusto espinoso rasgo su camiseta cuando la joven pasó por su lado. Y siguió con su camino.

Gaara la buscaba pero no la veía por ningún lado.
Se acerco al precipicio que daba al lago y su rostro palideció al ver lo que en un árbol colgaba.
Un trozo verde de ropa se movía con el viento enganchado en una rama.

-"No" -pensó -"es imposible"-
Se acerco. Era de ella.
Se arrojo de aquel sitio, era lo primero que paso por su mente. No podía ser.

- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡HIKARI!!!!!!!!!!!!!!!!! – grito alarmado.
No hubo respuesta, ella ya estaba lejos.

Mucho mas abajo, al final del acantilado, en el tranquilo río, se escucho es caer de una gota. No era lluvia.

Una gota de tristeza que había caída del rostro del Kacekage, después de tanto tiempo sin derramar lagrimas.
Lagrimas… ambos las odiaban tanto, pero ese día ninguno de los dos había podido evadirlas.