"No se por que, pero hoy me levante muy extraña. Siento… que algo va a pasar.
No se si bueno o malo.
Pero algo va a pasar, estoy segura"
- ¡Hikari- sama – dijo un joven rubio que entraba agitado por la puerta de la kage.
- ¿Qué paso Sora? –
- Dos hombres y una mujer la buscan en la entrada dicen ser de rangos muy altos de la aldea de la arena –
- ¿¡De Suna!? Imposible…- sus ojos ya no podían contener la sorpresa.
- Es así mi lady... -
Llegaron más rápido. En 3 días sin descanso, para ser mas exactos.
Temari no podía casi respirar del cansancio, Kankuro sentía dolores en las piernas pero Gaara, nada.
La entrada de la aldea de la Estrella, tenia forma…. ¡De estrella! En tonos azules.
Había naturaleza por doquier. Flores y pájaros, imposibles de contar, en especial una flor blanca de cinco puntas que resaltaba de los arbustos verde musgo.
No se necesitaba se una aldea tan grande si la belleza la rodeaba así.
Ya bastaba con eso.
Y ya Gaara se sentía a gusto, sin descaro. Claro, aunque aun los guardias no lo dejaran pasar.
– le digo que el es el Kacekage de Suna! Y necesita hablar con la kage de su aldea. –
Decía una fastidiada Temari que parecía discutir con los guardias.
- Señorita cálmese, en estos momentos esta viniendo…-
- A VER, AVER ¿CUAL ES EL PROBLEMA RUBIA GRITONA? –
Grito la morocha saltando hacia Temari.
Era su voz. Esa voz que ansiaba tanto escuchar. Hizo que Gaara girase con velocidad para encontrarla.
No solo Gaara se quedo boca abierta, Kankuro también y aun mas Temari ante aquella hermosa chica.
Cabellos hasta la cintura ondulando en el viento.
Un cuerpo envidiable. Cintura perfecta, pechos… bueno la cara de Kankuro ya lo decía todo, sus ojos delineados resaltaban aun mas. Vestida escasamente con ropa de batalla especial para las kunoichis, compuesta por un pequeño kimono cómodo, con escote y bastante corto. Y una armadura en la cintura y ambos brazos.
A esa Kage le gustaba vestirse bien.
Pero además de verse hipnotizado por su belleza, Gaara no podía creer que fuera Hikari.
Al ver a Temari la morocha la reconoció al instante. Miro a los otros dos hombres que la acompañaban… Kankuro…y…
- Gaa… Gaa…- sus ojos de dieron vueltas y la Hoshikage cayo desmayada al suelo, para ella Gaara seguía muerto, jamás se había enterado de lo que paso luego de su despedida.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- -.-.-.-.-.-.-.-.-2 HORAS DEPUES.-.-.-.-.-.-.- -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
La noche estaba cayendo. Nadie sabia por que la Hoshikage había reaccionado así, claro excepto los jóvenes de la arena. Ellos le explicaron la situación a la abuela de Hikari.
Era extraño pero esta les creyó todo.
La mareada joven se encontraba acostada sobre su cama, las cortinas estaban entrecerradas y los últimos rayos del sol del día iluminaban su rostro.
Detrás de la puerta dos personas hablaban.
- Por favor, déjeme entrar a ver como se encuentra Aiko-sama- dijo Gaara haciendo una referencia.
-Vamos, pasa pelirrojo.-
Eso de pelirrojo le sonaba tan familiar.
Gaara entro despacio, sin hacer casi ruido.
Vio a la joven acostada, perdida en un sueño profundo. Sus ojos bajaron y observaron su cuerpo. La vio… tan… tan sexy. Al darse cuenta de su propio pensamiento se ruborizo y dio un brusco paso hacia atrás chocando contra una silla que había.
El ruido molesto a Hikari, despertándola.
Gaara se quedo inmóvil.
La morocha se sentó sobre la cama, su vista recorrió la habitación y se topo con aquel chico.
- Es… imposible…- dijo volviéndose a marear.
- Hikari, no… no te desmayes, mírame. –
- ¿Gaara? ¿Qué esta pasan…–
Gaara se sentó junto a Hikari y tapo su boca. Cuando los ojos de la chica se tranquilizaron Gaara deslizo su mano hacia el mentón de ella.
- Hikari…- susurro- estoy vivo… mereces una explicación pero yo merezco también saber porque te fuiste-
- Gaara, no entiendo, yo… yo me fui por te creí muerto y si me quedaba allí temía que pudiera seguir haciendo daño… antes de eso… había pensaba en… bueno, matarme, no podía aceptar la idea de que yo cause tu muerte, era horrible, no merecía vivir…- sus ojos comenzaron a humedecerse.
- No digas cosas semejantes. – volvió a cerrarle la boca – si estarías muerta yo también lo estaría. Hikari pase todo este tiempo tratando de buscar señales de tu existencia. No podía creer que te hubieses suicidado cuando vi aquel pedazo de tu ropa colgando de la rama del acantilado.
Me sentí, horrible y estupido por no habértelo impedido, por no haber estado ahí protegiéndote, me tengo prometido protegerte Hikari. –
El silencio reino en la habitación.
Los ojos de ambos se miraban fijamente, en la oscuridad. Los ojos agua marina de Gaara resaltaban en esa penumbra.
Gaara bajo la mano. Toco los labios de Hikari, despacio, suavemente. Ella cerró los ojos.
Y despacio, sus cabezas se acercaron. Sus alientos se juntaron. Sus labios se rozaron dándole vida a su primer beso. Despacio. En aquella hermosa oscuridad. La mano de Gaara bajo hacia el cuello de Hikari, hacia la nuca, enredándose con sus cabellos. Moviendo la cabeza de la chica para hacer el beso mas apasionado. Se acostaron sin dejar de besarse, pero al instante tuvieron que separarse para poder respirar un poco.
Gaara se encontraba encima de Hikari, se miraron de nuevo y por la mejilla de la morocha una fría lagrima rozo la mano del chico.
- ¿Qué pasa? – dijo asustado.
- Nada malo –
- ¿Por qué lloras? –
- (riendo) No se, pero no estoy triste, estoy feliz… feliz de que estés vivo Gaara –
El la abrazo fuertemente. Ella correspondió su abrazo y allí en medio de la noche, ambos se quedaron dormidos en un sueño perfecto, que Gaara
hace rato que no tenia, que Hikari hace rato que no sentía. Ella siempre tenía pesadillas. Pero esa vez el sueño era perfecto.
Perfecto
