Abrió sus ojerosos ojos y se vio en la que no era su cama.
Segundos después recordó lo que había pasado. Entonces, ahí si, busco a la morocha con la cual había soñado. Pero no la encontró en la cama.

- Ey pelirrojo – le dijo burlonamente – Acá estoy -
Volteo y, efectivamente, ahí estaba, sentada en el marco del ventanal. Llevando su chaqueta. Recordó que antes de dormirse el se la había quitado para taparla, ya que, la sabana no estaba cerca y por nada del mundo se levantaría de aquel sitio.

- Sal de ahí, te caerás…- dijo no muy convencido.

- Estas hablando con la Hoshikage de la Aldea de la Estrella – se levanto, parándose sobre el ventanal – ¿Cuánto tiempo vas a quedarte? –

- ¿Qué? ¿Ya quieres que me valla? –

- Vamos tonto, es para que hagamos algo jun…-
Pero el sonido de la puerta no la dejo terminar.

- ¡Hikari, querida levántate, ven a desayunar! –
"AUCH" ambos pensaron lo mismo.

- Gaara si mi abuela te ve y peor si te ve ahí acostado en MI cama, no te mata a vos si no a mi también – dijo en voz baja.
Rápidamente Gaara se levanto y se dirigió hacia el ventanal para irse, no sin antes darle un beso en la frente a Hikari.

- Te veo en el desayuno –
Medio segundo después la abuela Aiko entro al cuarto al no recibir respuesta de su nieta.

- Hikari por todos los cielos ven a desayunar- dijo y al ver que su nieta estaba bien se dio vuelta dispuesta a marcharse pero…- Ah por cierto, la chaqueta de Gaara te hace ver mas gorda, dile que si lo veo por acá de nuevo tiene los días contados.- dijo con una sonrisa y se marcho.

- Doble AUCH –

Después del desayuno Hikari no pudo volver a ver a Gaara, y además debía ocuparse de los asuntos de su oficina.
Tomo un baño, se vistió y se dirigió a esta pero al abrir la puerta…
- Por fin llega Hikari-sama – dijo Gaara el cual no estaba solo sino también estaban su abuela, Kankuro y Temari, la cual la miraba como si ella fuese una intrusa.

- Bien, bien, bien… ¿a que se debe esta visita? – preguntó la morocha confusa

- Venimos a arreglar ciertas cosas- respondió la vieja Aiko – como por ejemplo la relación entre dos Kages de "diferentes aldeas" –
Cierto. Ambos eran Kages, no podían estar juntos. A no ser que….

- A no ser que… ambos contraigan matrimonio y hagan de estas, aldeas aliadas. – prosiguió Aiko. Los ojos de Gaara y Hikari de abrieron como platos.

- … – (Gaara)

- Un minuto, es muy temprano para… – dijo Hikari.

- Bueno, bueno mejor me voy hay mucho que hacer… ah por cierto Hikari solo por hoy tienes el día libre.- dijo cerrando la puerta.

- Esta loca – menciono Kankuro.

- COF, COF – tosió a propósito el pelirrojo.

- Bien mejor vamos a dar un paseo… – dijo Kankuro llevándose a Temari

- Kankuro ESPE…- grito la rubia y la puerta volvió a cerrarse.
Y solo se escucho el silencio.
Gaara la observaba descaradamente, ella no pudo evitar sonrojarse.

- Ejem… bueno…- dijo la morocha tratando de romper el incomodo silencio.
Rápidamente Gaara desapareció y reapareció detrás de ella.

- Bueno ¿Qué? No vas a irte o ¿si?- le susurro al oído, acariciándole el cabello.

- Bueno… tengo el día libre… eso iba a decir…-

- Entonces vamos a hacer que sea el mejor día de tu vida. – volvió a susurrar y al terminar le beso el cuello – Te pasare a buscar a las 10 en punto. –
Dijo y se marcho.
En ese momento Hikari sintió cosquillas en todo su cuerpo, se toco el cuello.
Guauu… jamás se había sentido de aquella forma. ¡Si quisiera podría derribar 100 muros chinos!
Bueno, no tantos…pensó sonriendo por su ironía.


Se baño y cambio.
Kankuro le había prestado una camisa negra y lo complemento con unos jeans que el tenia y sus zapatos negros.
Ella ya estaba bañada desde temprano.

-"Te pasare a buscar a las 10" – le dijo y desapareció.

- ¿Por qué no me dijo por lo menos a donde iríamos? ¡No se que ponerme abuela!-

- Ay por favor Hikari ponte un vestido y deja de dar vueltas – dijo ya cansada de los reproches de su nieta.

- ¿vestido? No, no tengo ninguno – dijo enojada

- sabría que dirías algo como eso, ya me ocupe querida…- dijo sacando una bolsa del comercio de la aldea que tenia la mas bella ropa formal de todo el lugar.
Saco de su interior un kimono azul con tonos aguamarina y negros.

- te compre esto…–

- Un… kimono…– la verdad era que detestaba los kimonos.

- Pruébatelo y después vemos…-

- Buuuf… esta bien…-

TOC, TOC.

Sonó la puerta.
Los nervios de Hikari aumentaron en cuestión de segundos. Jamás se había sentido así…

- "bien Hikari, tranquila es solo una cita, tu primera cita para ser especificas. Todo va a estar bien, no hay necesidad de ponerse nerviosa…"-pensaba la morocha pero fue interrumpida por el grito de su abuela.

- ¡Hikari deja de hacer tonterías que ya esta Gaara! –

- "Ay abuela yo te quiero, pero a veces eres Tan…. ¡QUE! ¡¿YA LLEGO?!" –

La joven salio de su cuarto y se dirigió hacia la escalera, casi no podía caminar de los nervios que tenia. Tomo la baranda por miedo a caerse, la verdad era difícil caminar con esos tacos raros. Y lo vio. Estaba… era perfecto.
Ella bajo lentamente. Los ojos aguamarina del chico se abrieron como platos al verla. Ese kimono azul le sentaba realmente bien. Recordó cuando el había bailado Tango con su chica. "desearía que eso volviera a suceder" se dijo y sonrío pícaramente.
Despacio, bajo la escalera para encontrarse con la mano del pelirrojo.
Calida mano.

- Estas… hermosa – le dijo al tomar la suya.

- Gracias –

- Bueno, antes de las 2 de la mañana me la traes ok pelirrojo? Ahora lárguense – dijo Aiko y los saco afuera.

- Me agrada tu abuela.-

- ¿A dónde se supone que vamos? – dijo poniendo los ojos en blanco.

- Ya veras – le susurro – pero antes, ya que te veo tan arreglada quisiera hacer algo…-

- …¿Algo?…-


- Gaara… voy a matarte…- dijo la morocha mientras sostenía un pequeño paraguas típico como el que llevaban las modelos japonesas.

- Vamos solo quiero una foto…-

- ¡No! Estoy ridícula, odios los kimonos en especial es…- pero no pudo terminar su inaguantable queja ya que el pelirrojo, a la velocidad de la luz, se le había acercado y le dio un tierno beso en los labios.

- Vamos princesa… solo una… para mi…- le dijo mirándola fijamente a los ojos.

- Agr.… eso es trampa no por que sea tu novi… – pero no puedo terminar de decirlo… ¡¿REALMENTE ERA SU NOVIA?! Auch…

- Dilo…-

- Nogrdsvisda – no podía, la vergüenza era máxima pero ¿por que?

- Quiero que lo digas Hikari – pronuncio el pelirrojo acariciando su mejilla – además tu ya eres mía… MI novia, ¿de acuerdo? –

- Tu… novia… – dijo totalmente roja haciendo que Gaara riera por lo bajo.

- No te rias nunca hice algo asi. – el sonrojo aumento.

- Es que, te ves tan hermosa cuando estas sonrojada. – volvió a reír.

- Esta bien toma la maldita foto de una vez ante de que me arrepienta. –


Caminaron varias calles. Gaara había estado todo el día averiguando por restaurantes y lugares similares pero ninguno le había gustado. Al final de la tarde parecía haberse resignado de la búsqueda hasta que se topo con el lugar perfecto.

- cierra los ojos. – le dijo a su chica tapándoselos.
Sintió como esas calidas manos cubrieron su rostro rápidamente y caminaron.

- Bien llegamos – suavemente quito sus manos.

- Guuuauuu…- dijo la morocha quedándose boca abierta.
Un sauce llorón enorme, cuyas flores blancas estaban florecidas perfectamente, resguardaba una mesa y dos sillas preparadas para ellos dos. Velas los esperaban y un cautivador aroma de comida recién hecha.
El se le adelantó, y corrió la silla de la joven para que se sentara provocándole una sonrisa a esta. Al instante probaron la comida.

- Mmm…… esto se ve delicioso ¿Dónde lo compraste? –

- EE… yo lo hice…- dijo mirando hacia otro lado.

- GAARA, COCINAS PERFECTO. Guauu! ¿Qué no sabes hacer? –

- Alejarme de ti…gracias –dijo apenas sonrojado y en un susurro pero que Hikari había oído.
Pasaron toda la cena hablándose acerca de lo que habían hecho los últimos dos años.
Ella le contó que había estudiado y recuperado el tiempo que había perdido y se dio cuenta de que tenía una gran capacidad de combate y estrategia. El le contó acerca de Aktasuki y que ya habían atrapado a la mayoría de los jichurikis, de que su aldea había progresado bastante pero no le dijo que aquellos dos años había buscado permanentemente información sobre ella.

- ¿Cómo me encontraste Gaara? – el pelirrojo justo estaba bebiendo un sorbo de liquido y casi se atragantaba.

- La verdad… es que… bueno… –no pudo evitar sonrojarse- bueno yo te estaba buscando ya que no encontrábamos tu… tu cuerpo Hikari, creí que te habías caído del acantilado hacia el río pero estaba seguro de que seguías viva. Todos me decían que te olvidase… pero no podía. Por alguna razón algo me decía que debía encontrarte, que te buscara, que tu también me buscabas… – dijo sin mirarla.
Ella quedo atónita por unos segundos y luego le regalo una amplia sonrisa.

- Sabes Gaara, tienes razón, yo también sabia que estabas vivo. –

Luego de comer ambos caminaron por un sendero, por medio de pastizales llenos de luciérnagas.

- Si te pones a pensar… mi abuela tiene razón Gaara. – le dijo seriamente la joven.

- Se lo que dirás… pero no me importa – contesto fríamente. Esta frialdad que a ella tanto le gustaba. – No me importa que no este permitido que los Kages estén juntos ¿de acuerdo?- ahora su sonrojo era perfectamente visible.
Gaara se paro en seco ya estaban frente la entrada de la casa de la morocha. La despidió con un tierno y corto beso y espero a que la joven entrara, auque en lugar de entrar, la joven solo salto hacia el balcón de su cuarto y cerró sus ventanas.
Estaba muy contento.
Jamás había estado de esa forma. Aunque hubiese querido entrar y seguir con su chica, camino hacia la puerta para ir a su habitación pero algo lo detuvo.
Un sonido.
¿Música? ¿Una… guitarra?
Las puertas del balcón se abrieron y Hikari se asomo con una guitarra acústica colgando de su hombro.

- Veía mi respiración entrecortada,
Sentía ansiedad de buscar y no ver nada
Añoraba poder tener
Una vida mejorada.

Dueña de la oscuridad,
Habilidades solo para matar.
Solo quería escapar,
De mi tristeza sin final.

Y caminaba como zombie sin tener salida,
Acelerada, aturdida,
Tras un tesoro que,
De sentido a mi vida.

Seguía buscando en un imperio,
Claridad y solo había almas mezquinas.

Eres la luz de mi cuidad,
Capaz de iluminar mis sombras.
Estrella fugaz, das sentido a mi vida,
Ya no me dejes sola…

Terminada la canción para el chico Hikari le hizo seña de que subiera. Sin pensarlo dos veces el pelirrojo la obedeció.
Otra vez, ambos habían dormido juntos, abrazados, envueltos en ternura. Yo no existía el dolor, ya no existía la oscuridad entre ellos dos.

- Gracias – dijo Gaara besando la frente de su morocha.

Y quedándose profundamente dormido