Control

Luchando contra el fuerte deseo de destruir todo lo que se encontraba a su alrededor, manejó con furia lo más rápido que pudo hasta su casa. Durante el camino sus pensamientos no dejaban de pasarle imágenes en secuencia de lo que acababa de presenciar. Aquella nueva persona no se encontraba dentro de sus planes, en los que había contemplado a su antigua víctima en un contexto donde la situaba sola... ¿Por qué tuvo que cambiar la situación después de tantos años en que todo estaba igual? Ahogó un gemido de sufrimiento. Realmente le afectaba mucho la presencia de alguien más. A pesar de haberla visto rodeada de otras personas, presentía que esta vez era diferente.

Al llegar a casa no reprimió su ira, tiró todo lo que se encontró a su alcance, llenando muy pronto el piso con trozos de vidrio, madera, cerámica y más vidrio. Corrió a su habitación, sacó una sudadera, que cambió por la que estaba trayendo y salió de casa, dando un portazo. Apenas llegó a la acera comenzó a correr tan fuerte como pudo. Llevaba diez minutos corriendo, cuando recién comenzó a sentirse menos tenso. Se detuvo en seco.

Apoyó su espalda en un poste de luz y respiró hondo un par de veces, recuperando el aliento, obligándose retomar la calma que siempre lo caracterizó. Todavía no había perdido nada, además estaba sólo haciendo suposiciones. De todas formas decidió que debía acelerar su plan. Lo que estaba predicho para hacerse en un año, tendría que hacerse en seis meses. Un poco más tranquilo, reanudó su ejercicio, esta vez trotando. Lo haría hasta que se sintiera lo suficientemente exhausto, para así evitar matar al primero que se le cruzara en su camino.

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Durante el tiempo que tardaron en volver a verse, Chikane decidió que había precipitado mucho las cosas, permitiendo que todo ocurriera muy aprisa. ¿Desde cuando congeniaba tan bien con desconocidos? Si a lo largo de toda su vida existía sólo una persona en la que confiaba ciegamente, alguien que siempre se mantuvo fiel a ella, a pesar de ciertas dificultades. Sintió una oleada de cariño hacia él, al recordar los momentos en que demostró estar ahí incondicionalmente.

- Apuesto a que pensabas en mí.- dijo un hombre llamado Yura que tomó asiento enfrente de Chikane, quien no lo había visto venir desde la pequeña terraza en donde estaba, en una cafetería.

- Siempre tan egocéntrico.- observó la peliazul. Aunque era cierto, hace unos segundos sí estaba pensando en él, desplazando momentáneamente a un personaje de pelo castaño y de encantadora sonrisa que ahora había vuelto a ocupar su puesto central en su mente.

- No te culpo, sé que soy irresistible.- dijo inclinándose sobre el respaldo del asiento, bebiendo un sorbo del refresco que acaba de traer un mesero.

- Si eres tan irresistible me pregunto por qué te abandonó tu novio.- lo miró con malicia, aunque sabía que aquello no iba a herirlo. Yura hizo un gesto de desprecio antes de contestar.

- Lo veía venir. Ese Yukihito nunca pudo olvidar a Souma.- puso cara de asco. -Apenas supo que él había vuelto de estudiar, corrió a sus brazos. Ahora están juntos en Francia, imagínatelo. Pero dejémonos de hablar tonterías, cuéntame de ti, ¿qué tal el paseo ese? – preguntó con curiosidad.

- El paseo… estuvo mucho mejor de lo que pensé.- comenzó, para después contarle en parte que había conocido a Himeko, omitiendo claro aquel detalle que hacía referencia a la noche que había dormido con ella. Cuando terminó su relato, ambos habían acabado de beber de sus respectivos vasos.

- Estoy impresionado. En los siete años que te conozco Chikane, jamás te oí hablar tanto de alguien como lo haces ahora de Himeko.- se sintió realmente feliz por ella, aunque pensó que quizás podía ser temprano para juzgar. – Bueno y ¿cuándo la verás otra vez?-

- Aún no lo sé.- respondió. En sus ojos azules se reflejó por unos instantes la ansiedad. Yura, que sabía de sobra lo difícil que era leer los gestos de Chikane se llevó otra sorpresa al notar claramente la expresión.

- Esto hay que celebrarlo.- dijo decidido. Se levantó rápidamente, tomando a Chikane de la mano para luego guiarla a través de la muchedumbre, que a esas horas se desplazaba desde el trabajo a sus respectivos hogares.

- Himeko… ¿me estas escuchando?– la voz de Takeshi hizo que se diera cuenta de que tenía el tenedor suspendido en aire, a medio camino de su boca. Inmediatamente lo bajó e hizo un esfuerzo mental enorme para recordar el tema de conversación, sin obtener resultados.

- Yo… lo siento, perdí el hilo...- se disculpó.

Takeshi soltó un suspiro antes de contestar.

- No tienes remedio, hermanita, siempre estás en las nubes.- estaba acostumbrado ya a las ausencias mentales de Himeko. –Bueno, como te iba diciendo, tus vacaciones se adelantaron una semana, y comienzan a partir de hoy.- explicó por segunda vez.

- ¡Genial! Eso significa que podré adelantar lo que tenía planeado para…- no concluyó la frase porque recordó algo importante. Poniéndose de pie casi de un salto, se excusó diciendo que tenía que prepara unas cosas, y salió rápidamente del apartamento de su hermano, bajando por la escalera de caracol. Takeshi miró a su hija, perplejo.

- ¿Es mi idea o está más distraída de lo normal? – preguntó.

- Papá, estamos hablando de la tía Himeko, creo que exageras.- La seguridad con que Yoko pronunció estas palabras hicieron que Takeshi olvidara lo anteriormente dicho, de modo que en silencio continuó comiendo el resto de su cena.

Mientras tanto, en el departamento de abajo, un torbellino que acaba de bajar, se encontraba arrasando con la cocina, buscando apresuradamente ingredientes por aquí y allá. Tras haber registrado cada cajón y mueble de la cocina (los cuales no se molestó en cerrar), Himeko sonrió satisfecha, observando los elementos seleccionados puestos uno al lado del otro en un mueble previamente despejado. Salió un momento de la cocina y cuando volvió trajo consigo lápiz y papel, donde apuntó algunas cosas que le faltaban aún, y que compraría muy temprano al día siguiente.

Tras haber hecho todo esto, apagó las luces y, satisfecha una vez más, se dirigió a su habitación, donde cambió su atuendo por el habitual traje de noche y programó su (nuevo) despertador a las 7.30 am. Tomó la precaución de poner una alarma a la misma hora en su celular, y de dejarlo en un lugar lo suficientemente apartado de su cama, de modo que tuviera que levantarse para apagarla. Orgullosa de su ocurrencia, finalmente se acostó, ansiosa, al no poder evitar pensar que al día siguiente visitaría a una hermosa peliazul, que ya comenzaba a echar de menos. Antes de dormir, tomó su cajetilla que guardaba en su velador. Con el cigarro en la boca, activó la llama de su encendedor, produciendo difusas sombras a su alrededor, puesto que las luces estaban apagadas. La flama estaba por hacer contacto cuando decide apagarla, recordándose que debe aprovechar cada minuto para descansar. Sólo por esta noche pensó mientras guardaba los objetos en su mesita.

Mientras que la aparición de la luna en el cielo nocturno ponía fin al día de Himeko, para Chikane recién estaba comenzando…

- Yura, de verdad, hoy no tengo ganas... - replicó la profesora, mientras era arrastrada por su amigo hacia la entrada principal de un pub.

- Por favor, Chikane.- paró de tirar de su brazo. - Es un local nuevo, y desde que abrió he querido venir contigo, además…- se cruzó de brazos. –Me has dejado bastante botado últimamente, Himemiya.- repuso frunciendo el ceño. Si no es porque lo conoce tanto, Chikane hubiera pensado que estaba enfadado, sin embargo, no pudo evitar sentir una pequeña punzada de culpabilidad.

- Es verdad, no lo negaré, pero sabes de sobra que los fines de curso son siempre muy atareados para nosotros los profesores.- se defendió.

- Pero es que… antes nos veíamos todos los días.- continuó Yura, sabiendo que había abierto una posibilidad para que la profesora cediera.

- Será porque éramos compañeros.- señaló Chikane, dándole una mirada de 'acaso no es obvio'. Por su parte, Yura apretó aún más sus brazos contra su pecho y miró hacia otro lado, indicando que no daría su brazo a torcer, y que esa noche entraría al pub sí o sí.

La profesora pareció meditar unos instantes. Como no tenía nada planeado para el día siguiente, terminó accediendo a la propuesta de su amigo, quien compuso inmediatamente su mala cara y comenzó a caminar delante de Chikane, para luego dejarla pasar mientras le sostenía la puerta abierta.

- Pero… - Chikane se detuvo antes de traspasar el umbral y volteó para quedar frente a Yura.

- ¿Nada de alcohol por hoy y estaremos de vuelta antes de las dos, digo antes de las tres?- preguntó anticipándose a las condiciones de la profesora, que pareció estar de acuerdo.

Una vez dentro al fin, de inmediato sus oídos quedaron sordos por la música electrónica, y su interior comenzó a vibrar al ritmo de ésta. Por fortuna, el lugar resultó ser del gusto de Chikane. Tenía dos ambientes, uno de ellos totalmente aislado de la música que provenía del otro. Le agradó poder contar con una parte sin ruido; con un gesto, le indicó a Yura que la siguiera a ese lugar, donde, como había supuesto, se encontraba la barra.

Tras pedir unas bebidas, se sentaron a conversar y luego bailaron hasta que les llegó la hora de marcharse, más bien hasta que Yura se quejó de sus pies y señaló que ya era hora de marcharse.

Exhaustos, mientras caminaban al departamento de Chikane, Yura alojaría allí, la profesora pensó que lo había pasado realmente bien, y se reprochó el haberse negado en un principio. Con pesar, notó que durante ningún momento de la noche había dejado de pensar en Himeko. Admitió que la echaba de menos, y ansió verla lo más pronto posible.

Ignoraba que el destino estaba de su parte, y su deseo se cumpliría en un par de horas más.

Exactamente a las siete y treinta de la mañana, el pequeño martillo del despertador comenzó a agitarse velozmente entre las campanillas, sacando del sueño a Himeko, que no necesitó oírlo más de un segundo para estar completamente despierta. Se levantó de inmediato a apagar la alarma de su celular, que también se había activado. Esa mañana, impulsada por una alegría inusual tan matutina, cantó más alto de lo acostumbrado en la ducha, silbó mientras ordenaba su habitación y hasta danzó con una escoba; de esto último se dio cuenta que había sido un gran error tras haber estado a punto de botar un florero al intentar realizar un complicado giro con el artículo sobre su cabeza, por lo que decidió terminar de barrer como la gente normalmente lo hace.

Para cuando estaba terminando su última tarea, habían pasado dos horas desde que se había levantado, por lo que se apresuró a terminar de regar las plantas. Luego, tomó la lista que había escrito en la noche y salió a comprar. Por suerte, encontró todo lo necesario en un solo lugar. De vuelta, tomó un taxi en vez del autobús, sólo para llegar más rápido.

Una vez en casa, sacó las compras de sus respectivas bolsas y las puso junto a los demás ingredientes que tenía en casa, se lavó las manos y comenzó a trabajar. Como toda una experta, sus acciones fueron rápidas y precisas, y en menos de media hora tenía listas unas masitas en forma de cuencos en el horno, toda la fruta, que había seleccionado de la estación, cortada en pequeños cubos, y ya estaba terminando de batir una crema. Cuando adquirió consistencia, la dejó a un lado para retirar del horno la masa, que luego rellenó cuidadosamente con la fruta (cubo por cubo), y decoró con la crema. Contempló su obra unos segundos antes de guardarla en una caja de cartón, que había comprado para transportarlos sin que sean dañados. No podía esperar a ver la cara de Chikane cuando los comiera.

¿Y si no le gustan? Sacudió fuertemente la cabeza para alejar ese pensamiento, tenía confianza en sus habilidades, pero a la vez le importaba mucho que todo fuera del agrado de la profesora.

Se dirigió a su habitación para coger una chaqueta ligera para ponerse, luego tomó con cuidado la caja, de tal forma que no perdiera su horizontalidad y salió del departamento.

El trayecto no hizo más que aumentar su ansiedad. Recuerdos del paseo (todos menos uno que su mente pasó olímpicamente por alto), la hicieron pensar en lo bien que lo había pasado en compañía de Chikane, sin duda no hubiese sido lo mismo sin ella. Mientras estas imágenes desfilaban por su mente, inconcientemente asió con más fuerza la caja que descansaba en su regazo. Sus pensamientos sólo la abandonaron cuando su destino estuvo cerca. Se inclinó hacia delante para indicarle al conductor dónde parar. Pagó la tarifa mientras el vehículo se detenía, y bajó del taxi. Tentada a fumarse el cigarrillo que le faltó la noche anterior, recorrió el pequeño tramo que la separaba del departamento. Ya lo haré más tarde, aunque Chikane-chan no me deje. Rió maliciosamente ante ese pensamiento.

Al entrar al edificio, fue recibida por un conserje, de aspecto tan serio que Himeko se acobardó cuando éste se dirigió a ella para preguntarle su nombre.

- Kurusagawa Himeko.- respondió, controlando un leve temblor que amenazó con mezclarse con sus palabras.

- Departamento.- preguntó después, aunque en su tono, sin acento ni entonación apenas se distinguió la interrogante.

- Eeeste… voy al departamento de Ch-Chikane-san.- aquel hombre si que le inspiraba temor.

- 1401.- se limitó a decir, luego se concentró en unos papeles, y Himeko supuso que ya podía irse. Tomó el elevador, que para su fortuna no tardó en llegar. Justo antes de que las puertas de éste se cerraran por completo, un escalofrío recorrió su espalda al notar que el hombre había desviado su atención de los papeles para mirar hacia donde ella se encontraba. No llegó a saber si realmente la estaba observando a ella, puesto que el ascensor ya estaba cerrado. Presionó entonces el número catorce, y conforme ascendía a través del edificio se fue relajando. Con apenas una leve sacudida, llegó al piso y las puertas se abrieron. En su mente llegó a la conclusión de que el edificio era nuevo, porque tenía un estupendo y moderno ascensor en el que apenas notó el desplazamiento, y bueno, básicamente porque todo se veía nuevo (a pesar de sus precarios argumentos, tenía razón, porque el edificio tenía menos de un año de construcción).

Cuando dio con el departamento, tocó el timbre y esperó. Tras un lapso que duró más de lo acostumbrado, sintió unos pasos que se acercaban a la puerta. Sonrió para sí al pensar qué diría la profesora cuando la viera parada ahí. El ansiado momento se acercaba conforme lo hacían también los pasos.

¡Sorpresa Chikane-chan!, pensó en el momento justo en que se abría la puerta.

Sin embargo, hubo un pequeño detalle en la escena que no cuadró exactamente en su plan, y es que era un hombre el que se encontraba frente a ella.

Además, su mirada no se habría desviado abruptamente al piso, ni se habría sonrojado hasta las orejas si aquel hombre no hubiera estado en calzoncillos. De puros nervios no se movió del lugar.

Contrario a Himeko, el hombre de la puerta se limitó a mantener su expresión de somnolencia y a rascarse la cabeza. Estaba a punto de preguntar algo, cuando desde adentro se escuchó una voz que hizo que Himeko reaccionara, buscando con su mirada algo, más bien alguien que seguramente aparecería tras el hombre.

- ¿Quién es Yura?- preguntó, luego su voz cambió rápidamente al disgusto.- ¡Yura!, ¡¿Cuántas veces te he dicho que no salgas en ropa interior?!- para cuando terminó su regaño, ya estaba parada junto a él, y sus ojos se encontraron con los de la visita.

-Himeko.- su voz se calmó de inmediato. Pero fue lo único que logró articular, porque un segundo después, su cuerpo se tensó automáticamente, el aire se contuvo en sus pulmones y su garganta perdió su humedad. Tales fueron los efectos de la inesperada visita que no tuvo el más mínimo atino en decir algo más. Por suerte, había una tercera persona que sí reaccionó.

- ¿Himeko?- el nombre le sonó vagamente familiar. Entonces recordó todo lo que le contó su amiga y supuso quién era. -¡Himeko! Pero por favor, no te quedes ahí, pasa, pasa.- Se ubicó tras ella y la tomó de los hombros, guiándola al interior del departamento, ésta, caminó intentando no perder el equilibrio. –Disculpa la descortesía de Chikane, acaba de despertar, de hecho yo también.- decía mientras le indicaba a Himeko que tomara asiento, sin saber que sus palabras no ayudaban en nada en la comodidad de ésta, ya que le acababa de informar que había interrumpido el sueño de ambos.

Chikane, que ya había cerrado la puerta y se encontraba junto a ellos, no pudo dejar pasar el hecho de que su amigo todavía estaba en paños menores, y no le hizo ninguna gracia que un cuerpo masculino se estuviera exhibiendo ante los ojos violetas. Por lo que, su primera resolución fue interponerse entre Himeko y Yura.

- Ve a vestirte.- ordenó, quizás con un poco de severidad, pero no pudo evitarlo. Yura estuvo a punto de replicar, pero suponiendo la razón de la actitud de su amiga, dio media vuelta y se fue al dormitorio de Chikane, quien no se movió de su posición hasta que lo vio cerrar la puerta. Himeko, cuya cabeza estaba sacando precipitadas conclusiones a una velocidad impresionante, aprovechó el silencio para hablar, poniéndose de pie.

- Chikane-chan, ¡lo lamento! Debí haber avisado que venía, no quería despertarte, pero quería darte una sorpresa... ¿Tienes sueño? Debes estar cansada, de verdad que lo siento mucho, yo... debería irme, sí, eso es, además... - Chikane sólo observaba y escuchaba en silencio las sostenidas disculpas de Himeko. No iba a hacer nada por detenerla, pues sencillamente no podía. Su mirada se encontraba perdida en un mar violeta, que por el momento se mostraba inquieto, expresando la tormenta que se desataba en su cabeza, provocando la salida atropellada de las disculpas, entre uno que otro par de incoherencias. Aunque esto no hizo que le quitara atención a otros aspectos: el intenso color que se rehusaba a abandonar las mejillas de Himeko desde que llegó, la expresión de su rostro, la fuerza con que asía una pequeña caja de cartón que comenzaba a perder su forma; todos estos eran detalles que no impulsaban a Chikane a hacer otra cosa que desear acallar aquella tempestad con un beso. Imperceptiblemente, se inclinó hacia Himeko, cuando ésta estaba terminando de pronunciar su largo discurso. -… a ti y a tu novio, discúlpame, yo...-

Las intenciones de Chikane se esfumaron instantáneamente. Al parecer se perdió del momento en que la chef había comenzado a hablar de su "novio".

- Himeko.- la interrumpió. –No me importa que no hayas avisado que venías deseaba tanto verte, no me importa que me hayas despertado sólo porque has sido tú, no estoy cansada tu luz me llena de energía y… Yura no es mi novio, él es gay.- quiso dejar muy en claro ese último punto.

- ¿Estás segura Chikane-chan?, porque…- la profesora no la dejó continuar, y obligó a Himeko a que se sentara, tomándola de los hombros y empujándola suavemente hacia el sofá, sentándose ella también a su lado. Estaba dispuesta a volverlo a repetir cuantas veces fuera necesario, hasta hacerle entender a Himeko que no era molestia alguna.

- Estoy segura.- afirmó mirando directamente aquel mar violeta, que ya se encontraba en calma, bajando su guardia, permitiéndole a Himeko recorrer sus zafiros; en los que se reflejaba la verdad y nada más que la verdad, incluso deseando, que pudiera apreciarla por completo.

- Pero es que, ni parece gay, ¿sabes?- le devolvió la mirada, sin poder creer lo que acaba de escuchar.

Un segundo después, el rostro de Chikane volvía a ser cubierto por el velo que, un instante atrás, había descorrido inútilmente.

- Pues sí, lo soy.- dijo Yura saliendo de la habitación, completamente vestido. –Y me encantaría quedarme a charlar, pero ya será en otra ocasión. -Chikane, ha sido un gusto, como siempre.- Luego se dirigió a la chef e hizo una leve reverencia. –Himeko-sama, fue un honor conocerle.- bromeó, sabiendo que sólo su amiga entendería, y salió del departamento.

Como Chikane todavía estaba en pijama, decidió cambiarse antes de atender debidamente a su visita.

- Himeko, ¿te importaría esperar unos minutos?, necesito tomar una ducha.- se puso de pie, luego de que Himeko negara con la cabeza. –Puedes hacer lo que quieras mientras, por favor, siéntete como en casa.- dijo antes de desaparecer tras la puerta de su dormitorio.

En menos de un minuto, llegó el sonido de la ducha hasta la sala de estar, donde estaba Himeko, quien tuvo por primera vez un momento de relajo. Entonces pudo observar con detenimiento el departamento de la profesora, y es que con lo turbada que hizo su entrada, no había podido notar lo hermoso que era.

Moderno y sobrio fue lo primero que pensó Himeko al observar los tonos blancos y negros, junto al color café que resultaban predominantes en toda la planta. Ésta estaba repartida entre la sala de estar, el comedor y la cocina; todo en un mismo ambiente. Los dos últimos mencionados se llevaron proporciones pequeñas, comparadas con la sala de estar, no es para menos pensó Himeko, cuya atención estaba ahora dirigida a su izquierda. Allí, ubicado sobre un desnivel de un escalón de alto, se encontraba el instrumento que la profesora tocaba cuando se conocieron.

Oscuro y brillante a la vez, sereno y majestuoso, el piano completaba a la perfección la elegancia del lugar. Se puso de pie para observarlo con detalle. Su pulida superficie se encontraba limpia, sin rastros de polvo ni huellas digitales. Se acercó un poco más, hasta llegar a ver su imagen reflejada en él. Luego de unos segundos en que, ambas se devolvieran la mirada mutuamente, una segunda imagen surgió tras la primera, sobresaltando levemente a Himeko. Se mantuvo observando aquella nueva figura, conocida para ella. No se movió, esperando sentirla tras suyo. Sin embargo, no percibió nada.

Continuó observando.

La imagen más alta, de cabellos azules oscurecidos por la superficie del piano, rodea la cintura de la imagen más baja con ambos antebrazos, sus labios, ubicados a la altura de sus oídos se mueven, susurrando quizás; Himeko no logra enterarse, ya que gira bruscamente su cuerpo, algo asustada, porque se da cuenta que está sola, y claramente no ha sentido nada de lo que ha visto reflejado en el piano.

Confundida y con el pulso acelerado, volvió a sentarse en el cómodo (y seguro) sofá. Si bien tras haber transcurrido un par de segundos, comenzó a dudar acerca de la realidad de lo observado, no se volvió a acercar al piano, más bien, ni siquiera lo miró hasta que la profesora bajó de su dormitorio.

Desde la sala de estar, comenzaba una pequeña escalera, de no más de seis escalones de alto, que conducía al dormitorio, y Himeko supuso que al baño también, de Chikane. De esta misma entonces, descendió la profesora, con una imagen fresca y fragancia renovada, que llegó a tocar la nariz de Himeko una vez estuvo a su lado.

- Lamento haberte hecho esperar.- se disculpó cuando estuvo cerca.

- No hay problema.- dijo Himeko. Por supuesto no iba a mencionar nada de lo ocurrido hace algunos minutos, por lo que apartó ese recién formado recuerdo de su mente; recordó que aun tenía su obsequio en el sofá, así que se le entregó a Chikane. –Ten.- dijo mostrando la maltratada cajita. - Se ve un poco arrugada, pero el contenido permanece intacto… espero.- dudó un poco al final.

Sorprendida, la profesora aceptó el regalo. Tras murmurar un gracias, levantó la tapa con curiosidad. Al quedar el contenido libre ante la vista azul, esta sintió que aquel globo de felicidad que se inflaba sólo en presencia de la chef, estaba hinchándose más que nunca.

- ¿Los hiciste tú? - preguntó, quitando la vista de la caja sólo para encontrarse con la de Himeko, quien asintió con un solo movimiento. Himeko cocinó esto ¿para mí?, sus manos, sus delicadas manos… extrajo uno de los pastelillos… hicieron esto… lo sostuvo frente a su mirada… ¿para mí?

Himeko, desde otra perspectiva, viendo que Chikane observada el dulce, comenzó a inquietarse. Sus manos, a punto de alzarse para quitarlo, se detuvieron justo a tiempo, cuando la profesora estaba dando el primer, y tan esperado bocado. Ansiosa, espero su sentencia.

- ¡Sabe delicioso!- exclamó, pensado que el calificativo se quedaba sin duda corto. A cambio por el cumplido, recibió una amplia y radiante sonrisa.

- Que alivio, Chikane-chan estoy feliz que te hayan gustando, pero...- dijo al ver que la profesora iba a tomar un segundo bocado.- Los demás son para el postre.- dijo con determinación. Acto seguido, tapó la caja de que Chikane aún sostenía y se la quitó de las manos. Ante un leve gesto de protesta por parte de ésta, agregó: -Si te los comes todos, se te quitará el hambre y no almorzarás.- el dedo índice levantado en un gesto amenazador, más el tono que había en su voz, lejos de verse severo, le causó gracia a Chikane, quien se guardó sus comentarios y mostró una seriedad correspondiente al regaño de Himeko.

-Bien.- aceptó, a su vez, aprovechó de poner sus condiciones. – Y tú no fumarás durante todo el tiempo que estés aquí.-

- ¡Qué? Eso no es justo Chikane-chan, además estás mal, pues no existe ni una relación entre lo que yo dije y que tú me estás diciendo.- saltó inmediatamente a la defensiva.

- ¿Y quién dijo que debía haber una?- contrarrestó. – Yo sólo pido que dejes esos cigarros, que no te hacen nada bien, por hoy.- su tono de voz se mantenía dentro de los niveles normales, sin intenciones de llegar a subirlo.

- Pero Chikane-chan…- estaba lista para rebatir, pero fue interrumpida por la voz de la profesora.

- Por favor.- pidió al tiempo que avanzaba hacia ella, reduciendo la distancia lo suficiente como para no invadir su espacio personal, pero lo necesario para que Himeko no mirara a ningún otro lugar más que a ella y a sus ojos. Chikane se limitó a esperar alguna respuesta de la chef, mientras que ésta parecía estar sopesando sus posibilidades. Llegando a una determinación, tomó aire para hablar al tiempo que levantaba su mano izquierda, con su dedo índice y medio alzado, indicando dos unidades.

- Sólo que sean…- esta vez fueron acciones las que la interrumpieron. La mano derecha de Chikane se había alzado también, y con dos dedos tomó uno de los de Himeko, y lo bajó a la altura de los demás, luego intentó hacer lo mismo con el que quedaba levantado, pero notó que este oponía resistencia a ser bajado.

- Ninguno, Himeko.- esta vez no pudo evitar reír, desmoronando todos sus esfuerzos anteriores de no hacerlo.

- Está bien, está bien.- resopló. –Pero serás tú la que lidiará con mis síndromes de abstinencia.- advirtió.

- Descuida, los controlaré.- aseguró.

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Muchas horas más tarde, Himeko, cansada pero muy contenta, se fue a acostar. Sus últimos pensamientos casi inconscientes se centraron en lo que había visto en el piano de cola. Sin quererlo, se preguntó cómo sería estar entre los brazos de Chikane, sentir de cerca el calor de otra persona, de alguien que te corresponda, que sienta... cayó en un sueño profundo, con sus pensamientos inconclusos.

Justo en ese momento, Chikane se dejaba caer sobre el sillón de la sala de estar. Las cortinas que cubrían los grandes ventanales estaban recogidas en los bordes, de modo que la vista ofrecía todo un juego de luces provenientes de la activa ciudad nocturna. Sin embargo, ninguna de ellas iluminaba el departamento. De esto se encargaba aquel gran astro de brillante redondez, que se encontraba en el máximo esplendor de su ciclo. Su blanca y pálida aura llegaba hasta su rostro, dejando expuesta la sonrisa que se ha formado y mantenido desde que se despidió de Himeko.

Dejó vagar libremente sus recuerdos por su mente, todos, sin excepción, formados durante ese día.

- Chikane-chan, lo estás poniendo al revés, la salsa va antes de la masa.- corrigió Himeko, mientras observaba atentamente cómo Chikane vertía salsa de un recipiente.

- ¿Así? – preguntó a la vez que corregía sus acciones.

- Así, vas muy bien.- aprobó la chef. Chikane la miró de reojo, pero se descuidó al hacerlo y pasó a derramar parte el contenido del recipiente que sostenía. Himeko no pudo contener un ataque de risa, y es que era la primera vez que veía a la profesora cometer un acto tan torpe.

- Búrlate mientras puedas.- dijo mientras que con un paño limpiaba el mesón.

- Di... disculpa.- dijo entre risas.- Te ayudo a terminarlo.-

La comida italiana que prepararon juntas no pudo haber salido mejor, pensaba Chikane aún sentada en el sofá.

No se había molestado en absoluto por haber derramado la salsa, ni menos por haber sido corregida; si había hecho reír a Himeko, había valido la pena.

Sin embargo más tarde, le había tocado a ella corregir a la chef.

- Himeko-chan, las estás tocando al revés.- dijo Chikane, parafraseando a Himeko.

- Lo siento, es complicado.- se disculpó, sonrojándose una vez más, al igual que todas las veces anteriores que se había equivocado. Se le estaba haciendo un lío enorme tocar la sencilla melodía que Chikane le estaba enseñando. Además, no dejaba de incomodarle la atenta mirada de una profesional, por lo que se sintió muy idiota al ser observaba por alguien que se desempeñaba tan bien con el instrumento.

Aún así lo intentó una vez más.

Y falló nuevamente.

- Sencillamente no puedo, Chikane-chan, además no quiero aburrirte con esto…- dijo al tiempo que alejaba sus manos de las teclas, y las juntaba sobre su regazo.

- Himeko…- se sentó junto a ella. - …no me aburres para nada, ¿acaso fue aburrido para ti verme cocinar? – la chef negó enérgicamente con la cabeza.- pero no quiero que te fuerces a hacer algo que no quieras, así que te lo preguntaré sólo una vez: ¿Quieres continuar?-

Himeko ya tenía preparada su respuesta.

- Quiero que sea tu turno.-

Cerró los ojos al recordar la melodía que había escogido esa tarde. Se había esforzado al máximo para que saliera bien, y que Himeko estuviera contenta con su desempeño, por lo que fue muy gratificante verla sonreír, o mover la cabeza al compás de la melodía cuando ésta se lo permitía.

Se puso de pie para arreglar unas frazadas sobre el sofá. Luego, muy despacio, subió a su habitación. En puntillas, se acercó a su cama, que estaba ocupada por alguien que ya dormía profundamente.

- Buenas noches, Himeko.- se arrodilló por el lado que dormía la chef, y con la punta de un dedo delineó, rozando a penas su rostro, haciendo a un lado en su camino, un pequeño mechón dorado. – Que descanses.- susurró.

Tal y como entró, salió de la habitación sin el menor ruido, volvió al sofá y se acostó en él, cubriéndose con las frazadas.

Antes de dormir, guardó decidida todos sus recuerdos bajo llave, en una bóveda que llevaba sin uso por mucho tiempo, su corazón.