este es el capítulo que corresponde... había subido algo absolutamente nada que ver
gracias, whitewarrior70 por avisar
Teatro para tres
Entrada la hora de medio día, Chikane se encontraba aún recostada, durmiendo en el sillón de la sala de estar. Está boca arriba, con su cabeza ligeramente inclinada hacia un lado. Su semblante dormido se muestra sereno y relajado, su respiración profunda y pausada.
Subiendo los breves escalones hacia su habitación y doblando a la izquierda, se encuentra la segunda persona que duerme en el departamento. Las sábanas blancas cubren sólo la mitad de su cuerpo, debido al último cambio de posición que ha tenido. Apoyada sobre su costado derecho, tiene la cabeza inclinada hacia delante, su brazo izquierdo descansa sobre la almohada, que ha perdido su posición habitual, y se encuentra paralela al cuerpo de Himeko. Su despertar está a punto de ser inducido por una sensación húmeda que, desde su boca, se ha extendido por su mejilla hasta la almohada, formando ahora una considerable mancha en ella.
Sin embargo, cuando abre sus ojos, aún no se da cuenta de lo que ha escapado de su boca. Voltea perezosamente hacia arriba, luego se incorpora y en el momento que restriega sus ojos se entera del reciente suceso. Con un rápido movimiento, se limpia con la manga de su pijama, mientras que con la otra tantea la almohada, temiendo lo peor.
¡La almohada de Chikane-chan! Se alarma y maldice internamente mientras se dirige a toda velocidad al baño, junto con el objeto que ha mojado. Rogando que no haya traspasado la funda, la retira. Siente un gran alivio al descubrir que sólo es superficial.
Quince minutos más tarde, tiende la funda, que lavó previamente en el lavamanos, en la pequeña terraza que sale del dormitorio.
Terminada su labor, decide comprobar si Chikane sigue durmiendo, por lo que muy despacio baja a la sala de estar. Tras echarle una mirada rápida, y ver que aún duerme, considera que es mejor volver a la habitación, y esperar ahí hasta que despierte, pero algo llama su atención, al igual que ayer, es el piano quien vuelve a atraer su vista. Dudosa, se acerca a él, rodeando el sillón donde descansa la profesora. No sabía exactamente qué obtenía con volver a ver su reflejo en el instrumento, los impulsos no se cuestionan, ¿verdad, Himeko?
Se acerca lo suficiente como para encontrarse con su propia mirada amatista. Espera unos segundos y luego sin poder dar crédito a lo que observa, vuelve a aparecer Chikane tras su reflejo. Se asusta, pero se mantiene ahí, decidida a ser testigo de que lo que sucedería a continuación.
La ve alzar su mano derecha y dirigirla al hombro de Himeko, quien ya predispuesta a no sentir el toque, se mantuvo inmóvil y expectante. La mano se encontraba a escasos centímetros de hacer contacto con su objetivo, y cuando lo hizo, Himeko se llevó el susto de su vida.
- Buenos…- un potente y agudo grito impidió que se escuchara el saludo completo. Himeko giró bruscamente y calló al encontrarse con la mirada de una perpleja profesora.
- ¿Tan mal me veo cuando despierto?- preguntó, mitad sorprendida mitad divertida por el impresionante grito de Himeko.
- ¡N-No! Verás… es que ayer en el piano vi… y ahora pensé… creerá que estoy loca… me asustaste Chikane-chan, pensé que estabas durmiendo.- terminó, avergonzada, cambiando su excusa.
- No creí que te asustarías… tanto.- dijo para luego adoptar una posición de reflexión.- Aunque aún así creo que para la próxima vez podré lograr un grito más agudo.- comenzó a maquinar un plan para conseguir aquello.
- Adelante, si quieres terminar empapada otra vez.- contraatacó Himeko, alimentándose de la pólvora que Chikane le ofrecía.
- ¿Me amenazas pequeña Himeko? Deberías ser más respetuosa con tus mayores.- habló con autoridad.
- Eso está por verse Chikane-chan.- se cruzó de brazos.- ¿Cuántos años tienes?- preguntó mientras pensaba maliciosamente cuánto se burlaría si fuese mayor que la profesora.
- Veintidós.- respondió muy segura la pianista. Himeko comenzó a preocuparse.
- También yo.- coincidió. Ahora Chikane comenzó a preocuparse también. - ¿Mes? – continuó preguntando la chef.
- Octubre.- una gran sonrisa de triunfo se dibujó en la cara de Himeko, mientras que Chikane, ante el gesto, comenzó a dar muestras de resignación.
- Chikane-chan...- comenzó a hablar, resaltando el apelativo que usaba con ella. – Soy mayor que tú.- dijo, ampliando aún más su sonrisa. Por fin, te gané en algo… tendrás que dejar de exigirme que deje de fumar, me respetarás y no te burlarás de mí, además…
- ¿En qué mes naciste?- preguntó, resignada a ser la menor.
- En Octubre también, pero verás… - continuó, previendo lo que Chikane preguntaría a continuación.- nací el primer día de ese mes, y es imposible que tú también lo hayas hecho, por lo tanto, soy mayor que tú.- explicó, sonriendo al dejar la gran verdad descubierta ante Chikane, quien se quedó sin palabras por un momento tras haber escuchado a Himeko.
- No puede ser... – murmuró apenas audible. – Himeko, yo también nací ese mismo día.- continuó hablando casi en susurros, interrumpiendo con aquello la graciosa danza de victoria que bailaba la chef, quien inmediatamente mostró señales de decepción, pues ahora ninguna de las dos era mayor que la otra. Preocupada por este detalle, se mantuvo pensando al respecto, a diferencia de Chikane, que no dejaba de estar sorprendida por semejante casualidad.
- Entonces tendríamos que averiguar la hora, así tal vez…- comenzó a buscar una solución para el pequeño conflicto, hasta que algo por fin hizo contacto en su cabeza, haciéndole saber que se encontraba frente a una muy atípica coincidencia. – Chikane-chan, has nacido el mismo día que yo.- habló muy sorprendida.
- ¿Crees que signifique algo?- preguntó la pianista haciendo caso omiso a la tardía reacción de Himeko.¿Acaso yo debiera conocerte, Himeko?, si no te hubieses equivocado de salón esa vez, ¿me habría encontrado contigo después? Si así fuera…
- Significa mucho, Chikane-chan, ¿acaso no te das cuenta?– cambió rápidamente de la sorpresa a la emoción.- Celebraremos juntas, bueno, habrá que esperar mucho eso sí. Será un día estupendo, ¿cuántas veces puedes celebrar el mismo día tu cumpleaños y el de tu amiga?, somos muy afortunadas.- exclamó.
Se le veía realmente muy contenta, y al verla a Chikane le dio exactamente igual si estaba predestinada a conocerla. Coincidencia o no, Himeko estaba feliz por compartir el mismo cumpleaños con ella, y eso bastaba para la pianista, al menos por el momento.
- Ahora, si me disculpas, voy a… - entornó los ojos con malicia.- Voy a… fumarme un cigarrillo.- dio media vuelta para ir a por ellos. Chikane se cruzó de brazos. Se lo permitiría, por esta vez, pero quiso dejar un pequeño detalle muy en claro:
- Está bien. Puedes ir a fumar, sólo porque te estoy dejando.- dijo con suficiencia. Himeko frenó sus pasos, algo no estaba del todo correcto. ¿Por qué no le estaba molestando que la pianista se tomara derechos sobre ella? Negó con la cabeza.
- Te haré saber entonces la próxima vez que lo haga, para que veas cuánto obedezco.- dijo, hablando hacia su espalda, curvando sus labios en una sonrisa al final de la oración. Dicho esto, reanudó su marcha a la habitación de Chikane, para fumar en la terraza.
La profesora sonrió para sí misma. Estaba disfrutando de sobremanera la compañía de la chef. Deseando que apresurara su cigarro, se dedicó a preparar el desayuno, y a pensar en lo que harían durante el día. Sin embargo, apenas empezó con los preparativos para éste, decidió que mejor esperaría a la chef.
Mientras, Himeko en la terraza llevaba medio cigarro consumido. Tras haber botado el humo de su última calada, sostuvo el cigarro en posición vertical a la altura de sus ojos. A pesar de que su cuerpo le pedía aquella infusión de gases, fumar ya no era tan satisfactorio como antes. Por primera vez sintió que ese cigarrillo lo estaba consumiendo por una niñería tal vez, pero encontraba muy divertido llevarle la contra a la profesora, y muy reconfortante verla derrotada ante la insistencia y testarudez suya.
Qué tontería, pensó mientras bajaba bruscamente la mano que sostenía la semi-consumida varilla, sintiendo al instante un suave obstáculo que se interpuso en el camino.
- ¡¡¡La funda de Chikane-chan!!! – exclamó al tiempo que retiraba rápidamente el cigarro de la funda, pero ya era demasiado tarde. Alarmada más que la vez anterior, dejó el cigarrillo en el cenicero y sostuvo el género en alto para evaluar los daños.
Los resultados no fueron para nada alentadores.
Y es que podía ver el edificio de al lado a través del agujero que provocó. Agujero por el cual un segundo más tarde, aparece una mirada de iris azulado que la deja con los nervios más que tensos, y sus mejillas más ardientes que el sol.
- ¿Y esto es para…? – comenzó a preguntar mientras pasaba uno de sus dedos por el espacio. Himeko soltó de inmediato la funda, que quedó automáticamente colgando del dedo de Chikane, y enmudeció al instante.
La pianista prefirió guardarse todo tipo de comentario mordaz que surgió en su cabeza, pues, a pesar del poco tiempo que conocía a la chef, comprendió lo complicada que debía estar en esa situación. Procurando entonces, calmarla, avanzó hacia ella, levantó la funda y cubrió por completo la cabeza de Himeko con ella. Sus manos, ahora libres de la tela, siguieron su recorrido en el aire, llegando hasta la espalda de Himeko, formando un muy inesperado pero tierno abrazo.
Quien estaba bajo la funda no podía creer lo que estaba ocurriendo, y ahora sus encendidas mejillas cambiaron el motivo de su estado, más aun cuando siente un leve roce en su frente y no sabe, debido al estorboso género, si son labios los que han producido esa sensación.
- No quiero escuchar ninguna disculpa, ¿de acuerdo? – pronunció la pianista, tras haber dado un camuflado beso en su frente. Esperó a que Himeko asintieran para quitar la funda de su cabeza, para luego ordenar delicadamente cada uno de los rebeldes mechones de pelo que se habían salido de su lugar. La chef aún permanecía muda e inmóvil, por lo menos había olvidado ya el pequeño incidente, pues ahora en su mente no había cabida más que para sentir los suaves dedos de Chikane acomodando su cabello.
Himeko, si no haces algo pronto… resonó en algún lugar de su cabeza, haciendo que saliera de su estado de trance. Con un rápido movimiento, le quita la funda a Chikane y la utiliza para cubrir ella esta vez, a la pianista.
- Vamos Chikane-chan, que el desayuno no se hará solo y muero de hambre.- habló mientras se encaminaba a la cocina.
Chikane, por su parte, sin darse cuenta que dejaba tirada la funda en el piso, siguió a la chef.
Horas más tarde, ambas estaban listas para salir. Como el desayuno fue contundente debido a la demandante hambre de Himeko, decidieron comer algo fuera más tarde, luego de realizar lo que Chikane tenía preparado para la tarde.
- Anda Chikane-chan, ¿cuándo me dirás a donde vamos a ir? – preguntó Himeko picada de curiosidad desde el desayuno, momento en que Chikane había anunciado que ya había pensado qué harían el resto de la tarde.
- Paciencia Himeko, lo sabrás cuando lleguemos.- repitió la misma respuesta que momentos atrás había utilizado. Himeko resopló, rendida. – Por cierto, te queda muy bien eso.- indicó la polera que vestía la chef, quién automáticamente se sonrojó y salió del departamento, dispuesta a esperar a Chikane cerca del ascensor, con sus brazos debidamente cruzados. La ropa que le había prestado la pianista, si bien es cierto le quedaba bien, había un detalle que Himeko no pudo pasar por alto, y es que la pieza superior le quedaba notoriamente holgada en la zona del pecho.
- Engreída.- susurró cuando Chikane pasó por su lado para llamar al elevador. La pianista fingió no escuchar el comentario, mientras ingresaban a la cabina.
Durante el recorrido de los catorce pisos nadie habló, formándose un muy cómodo silencio para la pianista, que no sentía ni una pizca de culpa, porque ella había hablado con la verdad, y es que, observando a Himeko de reojo, reafirmaba lo linda que se veía así. Por un momento cruzó por su mente la idea de que la soltura de la ropa no hacía más que aumentar su curiosidad por conocer lo que se ocultaba bajo ésta. Sacudió levemente la cabeza. En qué cosas piensas Chikane… se reprendió mentalmente y se dedicó a pensar en lo que haría para sacar a la chef de su estado de enfado.
Saliendo del ascensor, Himeko recordó el hombre que estaba de turno en la noche, y se preocupó un tanto de volver a verlo. Por suerte, otro sujeto se encontraba de guardia, y al verlo olvidó por completo al hombre de aquella vez.
En el auto, Chikane decidió poner a prueba una táctica para mejorar el humor de Himeko.
- Iremos a ver una obra de teatro.- dijo muy natural mientras ponía en marcha su vehículo.
- ¿De verdad? ¿Qué obra vamos a ver? – Himeko no pudo ocultar su entusiasmo y Chikane supo que su método había surtido efecto. Sonrió satisfecha antes de contestar.
- Red Cross Triangle, y antes de que preguntes, no tengo idea de que trata, sólo se que tiene mucho drama y que el título sonaba mucho más interesante que las demás.- respondió mientras conducía.- Sólo espero que sea de tu agrado.-
- Me gusta el teatro Chikane-chan, hace mucho que no voy.- habló emocionada.
- Bien, entonces está todo perfecto.- dijo sintiendo en parte alivio por haber acertado en su actividad, y entusiasmo por compartir el gusto por el teatro con la chef.
Un par de horas antes, un ansioso personaje se mira al espejo, evaluando su imagen. Viste zapatillas de lona, pantalones oscuros, una polera blanca y una pañoleta negra con signos japoneses blancos alrededor de su cuello. Piensa que quizás ha exagerado su atuendo, refiriéndose al pañuelo atado a su cuello, pero qué más daba; se aseguraría de deshacerse de él al término del día.
Volteó para quedar frente a su habitación. Observó todas y cada una de las fotografías que había en la pared, y con cada una que veía se impacientaba cada vez más. Las primeras imágenes mostraban a una joven de aproximadamente dieciséis años que posaba sonriente hacia la cámara, las últimas de esa fila, mostraban a la misma joven, inconsciente esta vez, recostada en el piso, maniatada y con cinta adhesiva en sus labios. Habían otras fotografías con esas mismas características, sólo que tomadas desde otros ángulos.
En la pared contraria, se podía ver a la misma joven, con un par de años más, sólo que ésta vez no se le veía posando para la cámara, debido a la secreta forma en que éstas habían sido tomadas. Cruzando un parque, tomando un autobús, caminando por una calle, entrando en su edificio eran unas de tantas fotografías adheridas a esa pared.
Habiendo terminado de verlas todas, ritual que realizaba desde el día en que consiguió la primera, cerró los ojos y respiró profundamente, casi con furia, como si desease capturar algo más que aire con eso.
Buscaba dar con la esencia de sus recuerdos, en especial del aroma de su querida… ningyou, como solía llamarla. Con la tercera inspiración consiguió dar con ese valioso recuerdo, y llegó a sentir aquel olor que tanto enloquecía su persona.
Contuvo el aire por unos segundos, y tras soltarlo, se tumbó en su cama, boca arriba. Miró su reloj y maldijo las horas que faltaban para el evento. Se había preparado con demasiada antelación para éste, y es que desde la noche anterior, momento en que se enteró que su ningyou asistiría al teatro aquella tarde, no ha dormido si quiera. El tiempo es algo menor para él cuando se trata de volver a ver a su querida Chikane.
Los ya apagados sollozos de la chef fueron amortiguados en parte por la música pop británica que inundaba el ambiente de un moderno café, a un costado del teatro. La pianista lo consideró un buen lugar para pasar el llanto de Himeko, y de paso comer algo antes de tener que ir a dejarla a su departamento.
- ¿Y bien, Himeko, te encuentras mejor? – preguntó cautelosa la pianista, algo consternada al ver la reacción de la chef luego de salir del teatro. Le tendió un pañuelo.
- S-sí.- respondió más calmada, recibiendo el objeto que Chikane le ofrecía. Se limpió sonoramente su enrojecida nariz con él.
- Perdona, no sabía que tanto drama te caería mal.- habló escogiendo con precaución las palabras. Inmediatamente se arrepintió de haberlas expresado.
- Pero es que… - las lágrimas amenazaron con caer nuevamente de su mirada amatista.- fue tan triste Chikane-chan. Al final la pareja quedó destinada a cumplir con ese maldito ritual por el resto de sus vidas. ¿A ti no te pareció horrible y cruel? Tener que amarse con tanto fervor para que luego uno de ellos tenga que morir en manos del otro, es tan… buahh.- no pudo contener su llanto una vez más.
- Himeko… - por ningún momento se le cruzó por la cabeza que la chef iba a ser tan sensible con el drama. Sabía pues, que la obra era una tragedia, pero nunca se vio saliendo de ella con Himeko hecha un mar de lágrimas. Por lo menos se contuvo hasta salir del teatro, pensó muy para sus adentros.
- Afortunadamente eso es mera ficción, nada más, Himeko. No sucede en la vida real ¿no crees? – Chikane intentaba una vez más consolarla.
- Lo sé… pero no pude evitarlo, fue… la emoción del momento.- habló notablemente más calmada.
- ¿Quieres que ordenemos ahora? – preguntó la pianista buscando con la mirada a alguien que las atendiera.
- Sí.- afirmó la chef, limpiándose la nariz por última vez. Vio que Chikane hacía un gesto hacia sus espaldas, seguramente había dado con un mesero. - ¿Chikane-chan? – llamó su atención, al tiempo que sus mejillas se teñían de rosa. – ¿Piensas que soy tonta e infantil por todo esto que acaba de ocurrir? – se avergonzó de preguntar de forma tan directa, pero era una inquietud de gran peso la que la obligó a hablar. La pianista sonrió con ternura antes de contestar.
- En absoluto Himeko. – la chef sintió alivio.- Pienso que eres muy adorable.- agregó.
El rosa de la faz de Himeko cambió de súbito al rojo al oír su respuesta, y agradeció el momento en que una joven llegó a hasta su mesa, para tomar el pedido.
Lo que ambas ordenaron tardó no más de quince minutos en llegar, y no más de veinte en desaparecer de la mesa. Satisfechas, mas no por la comida sino por todo su día juntas, se dirigieron a la puerta del café, charlando alegremente, como ha sido durante toda su estadía en el local.
La oscuridad de la noche abrigaba la presencia de un espectador de la salida de las jóvenes, hecho que tardaba en ocurrir. La impaciencia le infundía una sensación de ira, que iba en aumento conforme pasaban los minutos. La presencia de la rubia le hacía perder los estribos, pero era imperativo mantenerse en calma. Apretó fuertemente los puños alrededor de su pañoleta, que había retirado de su cuello debido a su ansiedad. Hasta que por fin, la vio surgir del lugar, seguido por esa asquerosa mujer que la acompañaba a todas partes.
Con sigilo, oculto tras las sombras, se situó tras ellas. Desde la breve distancia podía escuchar con claridad el perfecto timbre de voz que provenía de su ningyou, interrumpido de vez en cuando por aquella molesta persona que iba a su lado.
Las siguió hasta que llegaron a un callejón, en donde estaba estacionado el auto de Chikane. Agazapado a la pared, observó cómo esta le abría amablemente la puerta a Himeko, tembló de emoción al ver como su ningyou era tan gentil. Tras cerrar la puerta, la pianista rodeó el vehículo por detrás, una oportunidad demasiado perfecta, pensó. Automáticamente dirigió una mano a su bolsillo, donde palpó la pequeña botella llena de cloroformo, y alargó la otra en dirección a la profesora. Podía usar su pañoleta como receptáculo para el líquido y…
Si la pianista hubiese volteado antes de subir al auto, hubiera visto una mano que emergía de la oscuridad, y que se cerraba en el aire, atrapando… sólo aire.
Aún no, se dijo el hombre, desapareciendo del lugar antes que la profesora iluminara el camino con los focos.
Cuando ambas subieron al auto, su pensamiento fue el mismo: su grandioso día juntas estaba por acabar.
El trayecto llegaba a su fin, trayendo consigo la decepción de ambas. Himeko bajó del auto, tras haberse despedido brevemente de Chikane con un pobre gesto con la mano.
Los pequeños postes con ampolletas de globo iluminaban la corta extensión del sendero que caminó la chef hasta el edificio, sin embargo antes de cruzarlo por completo, se topó con alguien conocido.
- ¡Himeko! Qué casualidad encontrarte por estos lados.- reconoció al instante la voz y el cuerpo de Yura, el amigo de Chikane.
- Yo vivo aquí.- respondió con una sonrisa, procurando no haber sonado descortés ante lo evidente de su oración.- ¿Tú también vives aquí?
- No, la verdad estoy aquí porque soy… el jardinero de este edificio.- respondió procurando sonar convincente.
- ¿Ah, sí? Es algo tarde para trabajar.- comentó dudosa.
- Es que mi piel es demasiado sensible a la luz.- respondió astutamente el "jardinero"
- Oh, lo lamento.- habló la chef ya sin sospechas.- No sabía que teníamos uno.- con razón están tan altos los gastos comunes de este edificio, pensó.
- Pero por supuesto que debe haber uno, observa aquí.- habló mientras cruzaba un brazo por la espalda de Himeko, obligándola a voltear hacia un costado del sendero. Con un gesto, le indicó que se agachara un poco, e hizo un gran ademán para indicarle el pasto.- ¿Acaso nunca te habías fijado en lo bello que crece el césped por aquí? – mientras Yura hacía su pregunta, una silenciosa sombra cruzó el sendero a sus espaldas.
- Pues… - Himeko hizo un gran esfuerzo por encontrarle la diferencia al pasto que Yura le mostraba con el que veía en cualquier otro lugar.- yo lo veo igual… lo siento.-
- ¡¿Qué?! Pero cómo es posible… me han herido, mi honra como jardinero ha quedado completamente destrozada.- hablaba haciendo gestos de agonía tan exagerados, que Himeko en ningún momento sintió culpa, es más, ahora comenzaba preocuparse de la salud mental del amigo de Chikane.
- Estee… ¿Yura-san? – intentó acercarse para calmarlo.
- ¡No! Esto no voy a aceptarlo, ¡renuncio! – determinó hacia el aire, pues ni siquiera se dirigía a Himeko, y caminó hacia la acera, dejando a Himeko algo más preocupada y confundida.
Como ya nada podía hacer por él, reanudó su marcha hacia el edificio. Hizo una nota mental para comentarle a Chikane que su amigo debería visitar a un especialista.
Al entrar es saludada amablemente por el sereno. Mientras devuelve el saludo e ingresa al ascensor, no puede evitar compararlo con el conserje del departamento de Chikane. Un escalofrío recorre su espalda al recordar su fría mirada de aquella ocasión
Pero así también existen miradas cálidas, como la de Chikane-chan… no hay nada que se compare con la suya, ni siquiera… Himeko pensó bien lo que estaba por aseverar… ni siquiera con mi hermano me siento tan protegida como cuando estoy bajo la segura mirada de Chikane-chan, que a todo esto se veía algo triste cuando nos despedimos, rayos, aunque quizás no hubiese servido de nada, debí haberla abrazado para decirle adiós. Pero… ya sé, lo haré la próxima vez que la vea, lo haré tan fuerte… inconscientemente se abrazó por los hombros mientras pensaba cómo lo haría con la pianista… que no podrá respirar, y así…
- Disculpe, Kurusugawa-san, ¿se encuentra usted bien? – la inconfundible voz del conserje sonó al tiempo que las puertas del ascensor se hacían a un lado.
- ¿Eh? – Himeko no alcanzó a reaccionar y para cuando las puertas estuvieron totalmente corridas, aún mantenía sus brazos a su alrededor. El conserje intentó ignorar este hecho, respetando como siempre a los habitantes del edificio.
Himeko deshizo inmediatamente su abrazo
- Es que…- dirigió su índice hacia el panel que indicaba el piso en que se encontraba el ascensor.- Usted no se ha movido del primer piso y pensé que quizás algo andaría mal.- se explicó.-
- Gra-gracias… está todo bien, no hay que de qué preocuparse. Sólo había olvidado presionar el botón.- habló avergonzada.
- Bien.- pareció satisfecho.- Buenas noches.- se despide para luego retirarse al escritorio que está junto a la puerta, lamentando que la juventud de hoy no tenga remedio.
- Bu-buenas noches.- se despidió con una sonrisa.
Estupendo, ahora no podré volver a mirarlo a la cara, pensó mientras presionaba con furia el botón que la llevaba a su piso.
Suspiró en el silencio del ascensor… Chikane-chan
Las puertas volvían a abrirse, esta vez en el piso correcto, permitiendo escapar toda la luz procedente desde el interior del elevador hacia el pasillo, que permanecía en sombras, ocultando en ellas una figura que estaba esperando pacientemente la llegada de Himeko. Antes que la luz pudiera tocarla, pronunció:
- ¡Buuuu! –
Sin embargo, dicha expresión no surtió efecto alguno en la víctima, quien reconoció desde el primer sonido a la persona que había hablado. Sin pensarlo dos veces, se lanzó hacia sus brazos, haciendo que por un momento, la desconocida figura casi perdiera el equilibrio.
- ¿No te asusté? – preguntó algo desconcertada, mientras devolvía el cálido abrazo.
- Ni por un segundo, Chikane-chan.-habló con su cabeza apoyada en el hombro de la pianista. Con el impulso de Himeko, habían llegado hasta la pared, y ninguna de las dos se molestó en moverse de allí. Estando muy cómodas una cerca de la otra permanecieron largo rato en esa posición. Por la falta de movimiento, las luces desaparecieron del pasillo, quedando éste sólo iluminado por un aura azul que provenía desde la ventana más cercana.
- Himeko.- habló Chikane, aunque por ningún motivo quería hacerlo.- Me tengo que ir.-
- ¿No puedes quedarte un momento? – preguntó Himeko sin despegarse de la profesora, quien sintió flaquear toda su determinación de marcharse tras oír la interrogante. Acarició por unos instantes el cabello de Himeko, alargando con ello el momento en que debía responder que no.
- Lo siento, Yura está esperando en el auto.-
- Oh, entonces está bien.- habló Himeko, separándose de los brazos de Chikane, acompañando este movimiento las luces volvieron a iluminar el pasillo. – Nos veremos pronto ¿verdad? – preguntó casi con tristeza.
- Cuando quieras Himeko, mañana si lo prefieres.- ofreció de inmediato la pianista, pues tampoco podía esperar a verla de nuevo. La chef sonrió, aceptando la propuesta.
- Y será mi turno de elegir un lugar.- habló con una idea ya en mente.
- Bien, será donde tú quieras entonces. Asegúrate que no contenga melodrama eso sí, ¿de acuerdo? – bromeó Chikane mientras llamaba el ascensor.
- Muy graciosa Chikane-chan. Pero no te preocupes, me aseguraré que no sea así, y de paso que sea un lugar apto para fumadores.- la chef no se quedó atrás con su respuesta.
- ¿Cómo el café en el que estuvimos recién, donde ni siquiera recordaste que podías hacerlo? Me parece muy bien.- terminó su oración en el momento justo en que las puertas le permitían entrar al ascensor, realizando una triunfal retirada del lugar. A Himeko no le quedó otra que tragarse lo que estaba pronta a decir, y entrar en silencio a su departamento, mañana se las arreglaría para 'devolverle la mano' a la pianista.
- Tardaste Chikane, dime qué estuviste haciendo.- preguntó Yura pícaramente cuando la profesora subió al auto.
- Gracias por tu ayuda Yura.- habló la pianista ignorando lo que acaba de escuchar.
- Ah, pues de eso hablaremos seriamente los dos, pues estaba a punto de tirarme al hombre más guapo del bar cuando me llamaste.- habló con fingida preocupación.
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- ¿El hombre más guapo del bar? ¿Ese no eras tú? – inquirió la pianista.
- El hombre más guapo del bar después de mí, claro.- se corrigió Yura. Chikane rió ante la demostración del gran ego de su amigo. – Hablando de hombres... mientras esperaba en el auto pasó un tipo que se me acercó para preguntarme si tenía un encendedor. Tenía una pañoleta muy bonita, así que cuando le respondí que no tenía, se lo comenté y ¿sabes lo que hizo?, me la regaló ¿puedes creerlo?- terminó su relato, feliz por lo acontecido.
- Qué suerte la tuya.- habló Chikane, evidentemente menos emocionada que su amigo.
- Sí, y es exactamente como a mí me gustan, mira.- se metió la mano a un bolsillo para extraer la pañoleta. La levantó en el aire que se viera mejor. No le veo mucha gracia al trapo ese pensó Chikane mientras observaba la pañoleta negra con signos japoneses en blanco. Prefirió guardarse su opinión, puesto que Yura estaba muy contento.
- Fue muy amable al dármela.- dijo, admirando su nueva pañoleta.
