Sala VIP
A la joven Himemiya se le veía sentada, con una pierna sobre la otra, en el amplio sofá de su sala de estar. Las cortinas, como era de su preferencia, las tenía totalmente corridas. La ventaja de vivir en el último piso de su edificio le permitía tener una espectacular vista a la ciudad, y la posición observar el eminente amanecer que ya mostraba tintes de claridad en el cielo de madrugada. Sin embargo, nada de esto captaba la atención de la pianista, pues se encontraba absorta en sus pensamientos, repasando una y otra vez la conversación sostenida con su compañero Yura…
- Podrías explicarme otra vez, cómo te enteraste de eso.- habló perpleja la profesora. Yura no pudo más que reír ante la frase. Se encontraba haciendo hora en el departamento de Chikane, pues en unos minutos lo pasarían a recoger. Controló su risa para contestar, mas no pudo borrar del todo su pícara sonrisa, que a Chikane no le auguró nada bueno.
- Verás, resulta que luego de haber ido a dejar a tu adorada Himeko…- comenzó Yura con su relato para explicarle a Chikane cómo se enterado que se habían besado en el paseo de la escuela. - … y cuando volví a preguntarte qué habías hecho con ella en el edificio te quedaste pensando, y luego pusiste una cara más o menos así.- imitó la mirada perdida de Chikane, sólo que de una forma más estúpida y atolondrada, ganándose con ello, un manotazo por parte de la profesora.- Ouch… bueno, después repetí la pregunta por tercera vez y me respondiste que se habían abrazado por largo tiempo. Como tienes un amigo muy astuto, de inmediato me di cuenta que estabas algo así como "embobada" por el recuerdo y que no te dabas cuenta de lo que me hablabas, así que yo, me tomé la libertad de… hacer un par de preguntas, el resto lo supondrás ya.- concluyó su historia.
Por un lado, Chikane estaba sorprendida de los efectos que la chef tuvo sobre ella, lo cual no hacía más que reafirmarle aquellos nuevos sentimientos que estaban aflorando en su interior, habitando zonas que habían sido olvidados por completo. Por otra parte, sintió algo de molestia, pues ahora esos valiosos recuerdos eran compartidos con alguien más.
Su amigo notó por supuesto, el estado introspectivo, por lo que su voz adquirió un tono más serio.
-Chikane, yo pienso que no deberías guardarte lo que sientes. Aprovecha esto nuevo que está surgiendo, porque te aseguro que es la mejor sensación del mundo, así que no lo escondas, por el bien de ambas.- la pianista lo miró con suspicacia.- Bueno, y si lo haces…- de pronto perdió toda la seriedad adquirida, alzó sus brazos y se dispuso a hablar al horizonte como si estuviera recitando un bello poema. - Me pregunto cuánto tiempo soportaras sin volver a probar los dulces labios de Himeko.- habló con exagerada suavidad.
Luego de que Yura hablase, su celular sonó, interrumpiendo su mágica postura e indicándole que debía salir, pues lo esperaban afuera.
Las horas avanzaban y el sol se encontraba muy alto ya en el cielo. La pianista se mantenía en la misma posición que antes con las palabras de Yura flotando persistentemente a su alrededor. Guardarte lo que sientes… tiempo soportaras sin volver a probar…
Entre la avalancha de sentimientos que la desorientaban, surgió una dolorosa sensación que amargó sus pensamientos, pues sabe, que si llegara a existir la posibilidad de involucrarse con la chef, ella no podría…
El teléfono la sobresalta e interrumpe anunciando un llamado.
- ¿Diga? – responde con algo de hastío, pues no tiene ganas de hablar.
Del hastío pasa al enfado, pues nadie contesta su saludo. Sólo se escucha un sonido de golpe, y luego un repique continuo, en señal que la llamada ha sido cortada. Con brusquedad, deja el teléfono en la mesa, no alcanza a alejarse dos pasos de ella, cuando vuelve a sonar. Me están… piensa antes de volver a contestar.
- ¿Diga? – repite su saludo.
- ¿Chikane-chan? – responde una melodiosa voz del otro lado.
- Himeko.- susurra. Y como si se tratase de una poderosa medicina contra una enfermedad, escuchar aquella cándida voz estabiliza sus sentidos, y calma su anteriormente inquieto pensar.
- Discúlpame si hace un momento te molesté, te llamé hace un rato… pero se me resbaló el teléfono y se cortó la llamada.- se disculpó apresuradamente, como si quisiese pasar un vergonzoso detalle por alto.
- Vaya. Que torpe tu teléfono.- no pudo dejar pasar la oportunidad de soltar el comentario. Pero la chef no se iba a dejar molestar por aquello.
- Bueno, ese será mi teléfono, pero deberías ver mis utensilios de cocina algún día, pues no son nada torpes y se mueven a la perfección.- se defendió orgullosa.
- Sí... he oído que se mueven bien.- prefirió conceder un elogio esta vez. Himeko rió complacida.
- Gracias, Chikane-chan.- se oye un roce de género. Ninguna habla por unos segundos.
- ¿Y a qué debo esta agradable llamada? – pregunta la pianista sintiendo que el llamado es mucho más que agradable simplemente.
- Ahmm… llamo porque… - se escucha otra vez el roce de una tela.- porque… - Himeko busca con desesperación y urgencia en su cabeza la razón de su llamado.- ¡Sí! Tengo que darte la dirección del lugar donde nos vamos a juntar hoy, ¿tienes papel y lápiz a mano? – esperó la respuesta de Chikane para dictar la dirección.- ¿La anotaste? –
- Sí.-
- Bien, nos vemos ahí entonces, a las ocho, no lo olvides.- se comenzó a despedir.
- Espera Himeko, ¿qué hay ahí? – quiso saber la pianista. La chef estaba preparada ya para responder aquella pregunta.
- Paciencia, Chikane-chan, lo sabrás cuando llegues ahí.- recitó.
- Ya veo.- recordó que anteriormente ella misma le había dado una respuesta similar ante una pregunta de Himeko.
- Aprendo rápido.- agregó.
- Sí, tendré más cuidado para la próxima vez. Los niños de hoy imitan todo.- dio la última estocada de la conversación.- Entonces te veo más tarde, Himeko.- se despidió.
- Adiós, Chikane-chan.- habló con la mandíbula perceptiblemente apretada. Cortó la llamada en su celular.
Soltó un gran suspiro tras haber realizado con éxito la llamada que tanto le había costado hacer. Antes de marcar los números, había estado practicando su diálogo mientras se paseaba por todo el departamento, y fue tanta la impresión al momento de discar, y luego escuchar a la pianista contestando, que sin quererlo soltó el teléfono, provocando que se cortara la llamada. Ya para la segunda vez logró controlarse y sostener el teléfono. Mientras hablaba, enredaba su mano libre en la cortina de su habitación, para luego quedar como se encuentra ahora, con el cuerpo atascado por completo en ella.
Intentó girase para salir de allí, pero sólo consiguió que la tensión de la tela aumentara, haciendo que cediera de su soporte, y por consiguiente, cayera sobre Himeko.
Vaya, qué torpe tus cortinas, resonó una réplica de la voz de la pianista en su cabeza. Te burlas de mí incluso cuando no estás Chikane-chan, pensaba mientras que con dificultad, se colocaba de pie, y luego ponía en su lugar las cortinas.
Pese a que faltaban más de cinco horas para el encuentro con Chikane, Himeko partió hacia el lugar acordado, pues tenía mucho que hacer, y por supuesto, debía estar todo listo y en perfectas condiciones para la llegada de su tan esperada visita.
A diferencia de Himeko, Chikane no tuvo para nada una tarde activa. Tras haber hablado con la chef, lo único que quedó de sus amargos pensamientos de antes fue la incertidumbre por conocer de una vez sus sentimientos. Aunque el rechazo era una posibilidad, ya no era una razón de peso que le impedía intentar averiguarlo, pues la ansiedad podía más en esos momentos.
Se sentó frente al piano, pero del momento en que tocó las primeras notas, supo no le iba a ser posible continuar con algo coherente, porque simplemente no se puede interpretar una melodía usando sólo el cuerpo, que era la única parte de Chikane que se encontraba ahí frente al instrumento. De mala gana, pues no encontró nada mejor que hacer para matar las extensas horas que faltaban para las ocho, se acostó a dormir.
En el rincón de la habitación se hallaban los restos de un desecho aparato electrónico, que minutos atrás había sido arrojado con furia al suelo. La figura causante de aquello se encontraba en el otro extremo de la habitación, sentado en el suelo y sosteniendo su cabeza con ambas manos. La súbita aparición de la ira había traído consigo un fuerte dolor punzante de cabeza. No paraba de murmurar palabras ininteligibles, mientras recordaba una y otra vez su más reciente fracaso…
Con todas las instalaciones puestas, tal y como lo había hecho una y otra vez, se encontraba muy concentrado escuchando una conversación a través de unos enormes audífonos.
(…)
- Gracias, Chikane-chan.- escucha la voz de la mujer que se ha robado todo su odio.
- ¿Y a qué debo esta agradable llamada? – no podía creer que su ningyou se estuviera comportando así con la recién conocida, y es que no era la primera vez que era testigo de un trato como ese.
- Ahmm… llamo porque… porque… - tampoco podía creer lo estúpida que era, lo cual lo sacaba aún más de sus casillas, porque no podía entender las preferencias de Chikane. - ¡Sí! Tengo que darte la dirección del lugar donde nos vamos a juntar hoy, ¿tienes papel y lápiz a mano? –
- Sí.- contestó él mismo al tiempo que Chikane lo hacía, sosteniendo los objetos mencionados en su mano.
- Avenida Suk… - de pronto se escucha un ruido de interferencia que le impide continuar escuchando el resto de la conversación
La pianista, que hace no más de una hora había logrado conciliar el sueño, se encontró de pronto frente a su clase dando una lección teórica acerca de las escalas musicales. Estaba explicando una de ellas cuando una ahogada risita interrumpe sus enseñanzas. De inmediato, las alumnas de adelante adoptan una postura rígida, no por temor, sino por demostrar que ellas no han sido quienes le han faltado el respeto a tan admirada profesora.
Con tranquilidad, ésta se dirige al fondo del salón, lugar de donde parecía provenir aquella risa. Aún acercándose, no logra distinguir cuál de sus alumnas es, porque tiene un gran libro abierto tras el cual esconde su cabeza.
- Señorita.- llama su atención cuando está a su lado, a lo que la aludida baja el libro. – ¿Himeko…?- se sorprende Chikane. - ¿Qué haces tú aquí? –
- Pero qué pregunta Chikane-chan, yo vivo aquí.- responde como si fuera la cosa más sencilla del mundo, y con mucha razón. Chikane mira a su alrededor y se da cuenta que están en el departamento de la chef. Muchas preguntas acuden a su mente, y cuando estaba a punto de soltar una de ellas, algo llama su atención. El libro que Himeko había utilizado para cubrirse, se encontraba ahora en su regazo. Su primera impresión le dijo que era un sencillo libro de tapa negra, pero ahora, tras darle una segunda mirada, comienzan a aparecer una serie de dibujos dorados, formando un elegante marco en la superficie. Todo esto ocurrió ante sus propios ojos.
- ¿Qué es eso? – pregunta muy curiosa. Himeko ríe antes de contestar.
- Pues un libro, ¿Que no ves? – responde alzándolo unos centímetros de su falda. Con el movimiento, el dorado de los diseños destelló ante la mirada azul, llamando poderosamente su atención.
- ¿Puedo verlo? – preguntó extendiendo sus brazos para recibirlo. Himeko la miró extrañada antes de responder, lo que hizo aumentar la casi furiosa ansiedad que había comenzado a sentir la pianista por hojear el libro.
- Pero si ya lo has visto Chikane-chan, es más… - su mirada violeta comenzó a aguarse.-… es un regalo que había hecho para ti, y tú… tú me lo rechazaste Chikane-ch…
- ¡¿Qué?! – Chikane se incorporó bruscamente. Su respiración estaba muy agitada, y su rostro bañado en perlas de sudor. Todo había sido un sueño, aunque saber eso no resultó ser tan aliviante para la recién despertada, pues comprendía perfectamente lo que había significado. Suspiró algo más calmada y mucho más decidida a hacer que lo tenía pensado esa noche. Miró la pantalla de su reloj a su izquierda. Era una buena hora para comenzar a alistarse.
Tomó un reconfortante baño de tina para luego vestirse con… no sabía muy bien qué atuendo usar, porque no tenía idea del lugar donde Himeko la había citado, por lo que decidió ponerse algo casual y elegante a la vez. Arreglarse le tomó tiempo suficiente como para salir de inmediato tras haberse vestido, y así no tener que realizar otra molesta actividad para pasar el rato.
Para su buena fortuna, fue muy sencillo dar con la dirección dada por la chef. Para su mala fortuna no había señal de ella por ninguna parte. Además, el local que coincidía con la dirección estaba cerrado, ni una luz podía verse si quiera. Decide aparcar en la acera de enfrente y explorar mejor a pie. Deja el auto, cruza la calle y justo en el momento que está de pie frente al local, se ilumina parte de su interior, y se enciende el gran cartel sobre su cabeza. "Eat it out loud" leyó en voz alta. Al bajar su vista, ve que alguien la observa sonriente desde adentro, y luego abre la puerta.
- Bienvenida, Chikane-chan.- saluda muy alegre a su invitada, permitiéndole pasar adentro.
- Vaya Himeko, ¿este es el negocio que tienes con tu hermano? – pregunta maravillada por el lugar. Himeko sólo asiente, sin borrar su amable sonrisa y luego comienza a hablarle un poco de cada cosa, mientras Chikane se paseaba por el comedor.
El pub era una perfecta combinación entre lo nuevo y lo viejo. La tecnología se hacía presente en los modernos parlantes ubicados estratégicamente a lo largo del lugar, en el muy bien equipado bar que se encontraba a su izquierda, y por su puesto no podía faltar una gran lona blanca en el fondo donde seguramente se proyectaba el karaoke, elemento que hacía distinguible y conocido al negocio de los Kurusugawa. Contrapuesto a lo moderno, el lugar completo estaba hecho de madera; sillas, mesas, sillones y paredes podían apreciarse, además de su material de elaboración, que estaban hechos y tallados algunos a mano. Las paredes estaban cubiertas, casi por completo, por muchos adornos que llamaron la atención de la pianista. Al acercarse a ellas y estudiarlas más de cerca, se dio cuenta de que eran todos, al menos los que observó, de distinta procedencia. Con una breve repasada, distinguió un muñeco vestido con un poncho que sostenía un mate, un frijol con un gran sombrero, una sombrilla de papel, una torre inclinada a un costado, y no pudo mirar más porque su sentido de visión le exigía deleitarse con otro tipo de escena. Volteó a mirar a la chef, que en esa ocasión, vestía como tal, con un traje de su profesión muy elegante y un gorro debidamente inclinado sobre su cabeza. Me gusta, observó al pianista, definitivamente mucho más llamativo que estar mirando los adornos de la pared.
- Espera un momento, debo apagar las luces de aquí.- anunció Himeko mientras se encaminaba hacia los fusiles detrás de la barra. Accionó algunos dejando el local completamente a oscuras. – Es que abrimos a las diez. Además nosotras ocuparemos otro lugar de bar.- por el sonido de la voz, Chikane supo que Himeko esta a su lado. – Ven.- tomó la mano de la pianista para guiarla a lo largo del lugar. Avanzaron un poco, doblaron a la derecha, subieron unas escaleras, y para disgusto de Chikane, Himeko soltó su mano y abrió una puerta que daba a un comedor aparte, mucho más pequeño que el principal. – Aquí es.-
Con la luz encendida, Chikane pudo notar un leve rosado que coloreaba las mejillas de la chef, y estaba segura que el color no estaba allí antes de apagar las luces cuando la recibió. Del rosa pasó al rojo al notar la mirada zafiro sobre ella. – Estoo... Chikane-chan no has dicho nada desde que llegaste.-
- Disculpa Himeko supongo querrás saber que opino de todo esto.- la chef asintió. – Pues... – miró su entorno. – con respecto al lugar en sí, opino que Takeshi-san y tú han dedicado bastante esfuerzo en construir este local. Han de estar muy orgullosos, parece muy acogedor. Moderno pero sencillo a la vez.- ahora mira a Himeko. –Con respecto a la única trabajadora del lugar que he conocido pienso que se ve muy linda y adorable con su traje de chef, debe ser un gusto venir acá y disfrutar de sus elaboraciones.- ¿era acaso posible que las mejillas de la chef intensificaran su color una vez más? Claramente sí.
Himeko no se esperaba una opinión de su persona.
- Gra-gracias.- habló mirando rápidamente el suelo.- Me disculpas un minuto por favor, debo ir a buscar una cosa.- salió por una puerta, distinta a la que había utilizado para entrar.
A Chikane-chan le gusta mi traje de chef, pensó muy alegre mientras se dirigía a la cocina ¡pero que rayos! Soy una estúpida... olvidé decirle que ella también se veía muy linda también, que... Himeko se sumergió en un intenso divagaje, mientras sus pasos la guiaban a la cocina ... y que su mirada brillaba más que nunca hoy, tanto que temo mirarle fijamente por mucho tiempo, pues yo podría... una puerta cerrada detiene, literalmente de golpe sus pensamientos.
- Duele.- se quejó frotándose la zona que había recibido el impacto. Decidiéndose por cruzar el umbral de una forma más sencilla, abriendo la puerta, llega a la cocina. Allí saca distintas porciones de alimentos desde ollas, horno y heladera para ubicarlos en un especial carrito equipado como para mantener la temperatura de los alimentos que cargara. Empujando ahora, el cargado carrito, vuelve al salón donde estaba Chikane. La encontró observando una de las pinturas que decoraba el pequeño comedor.
- Me impresiona ver que tienen los originales.- comentó al notar la llegada de Himeko.
- Así es.- se acercó al cuadro que observaba la pianista, donde se apreciaba una extraña mezcla entre el día y la noche. Ocupando un lugar central en el lienzo, se alzaban sus representantes, el sol y la luna, ambos personificados en una sola figura. – Nos preocupamos mucho de la decoración de esta zona, porque es la más importante del restaurante. Aquí se hacen eventos, pequeños eso sí, celebraciones, citas especiales, dependiendo del caso.- explicó Himeko como buena conocedora de su territorio.
- ¿Algo así como un salón VIP? – intuyó la pianista.
- ¿Algo así como que está escrito en la puerta? – rió Himeko ante la falta de atención de Chikane, quien miró hacia donde le indicaba la chef y leyó "SALÓN VIP" en un cartel plateado.
- Ahh.. no lo había visto.- se sintió algo estúpida por primera vez frente a Himeko, pero tenía algo importante que preguntar, por lo que no se molestó en responderle a la chef. – Bueno, me siento muy honrada entonces de estar en este lugar, pero yo quisiera saber… - hizo un breve alto para llamar la atención de la chef.- falta gente para que esto sea un evento, creo que no hay fecha importante que celebrar, entonces, estamos aquí en… - dejó su idea al aire para que Himeko sacara sus propias conclusiones, lo que le diría a continuación de seguro en algo le ayudaría a descubrir aquello que tanto desea saber.
A diferencia de otras ocasiones, la conclusión no tardo en cargarse en la cabeza de Himeko, y sus mejillas sufrieron a consecuencia de eso.
- ¿Eh?, Chikane-chan acaso consideras que es una… una… - la idea se negaba concretarse fuera de su cabeza. Chikane decidió tenderle la mano.
- Himeko, me has traído aquí para invitarme a una ¿cita especial? – pero claro, no la salvó del todo.
- Uhmm… bueno, si a ti te parece bien podríamos considerarlo una… ci-cita especial.- habló muy avergonzada.
- Estoy de acuerdo, me alegra que lo hayamos aclarado.- habló muy optimista, mientras reanudó sus observaciones con el cuadro siguiente. Himeko aprovechó el instante para soltar todo el aire que parecía estuviera atascado en sus pulmones, y de paso se quitó el gorro. Se preguntó si alguna vez tendría la seguridad de Chikane para ponerla a ella en una situación así. Dándose tiempo para restablecer su temperatura, y el color de cierta zona en su cara, esperó a que Chikane terminara de apreciar el arte del salón.
Quizás me excedí un poco, dudaba la pianista mientras fingía observar los demás cuadros. ¿Y si está molesta? Intentó mirarla de soslayo pero no se atrevió. Continuó observando pinturas, alejándose de la chef
Eso estuvo cerca, ¿Por qué Chikane-chan me pone en estas situaciones tan embarazosas? Se preguntaba la chef mientras se abanicaba con el gorro y veía a Chikane alejarse.
Tal vez la presioné mucho ¡diablos! Me mata no saber, aún no se atrevía a mirar a la chef, y le quedaba sólo un cuadro por 'ver'
¿Será que piensa igual que yo y no se atreve a hablar primero? Vio que a Chikane le quedaba sólo un cuadro por mirar, lo que indicaba que ya volvería a su lado.
Sólo espero no equivocarme al presionarle así, pero si estoy en lo correcto, haciendo esto yo… volteó para mirar de frente a la chef, quién la dedicó una dulce sonrisa, provocando en ella, devolverle una sincera sonrisa también…
Haciendo eso ella igual se expone, y si se muestra lo suficiente esta noche yo… se da cuenta que la pianista voltea a mirarla. Automáticamente sonríe, a lo que es correspondida de vuelta…
Averiguaré lo que quiero saber esta misma noche concluyeron a la vez.
- Yoko-chan, ya llegué.- se anunció Takeshi como usualmente lo hace. Del momento que hace ingreso a su apartamento su nariz capta un alarmante olor a quemado. Se preocupa de inmediato, pero antes que pueda preguntar o moverse de la entrada, Yoko sale a su encuentro.
- ¡No te preocupes! No ha pasado nada malo.- lo tranquilizó. Su padre, tras escuchar las palabras de su hija, comprende lo que ha ocurrido. Sonríe aliviado.
- ¿Qué intentaste cocinar ahora? – preguntó. Yoko suspiró antes de contestar.
- Tallarines.- habló apenada con su cabeza gacha. Había llevado a su padre a la cocina, donde el olor a quemado estaba aún más concentrado, pese a tener las ventanas abiertas. Decepcionada, descubrió una olla que estaba en el fregadero, cuyo fondo estaba completamente ennegrecido, además de tener unos carbonizados tallarines muy pegados a él.
- Definitivamente hemos perdido la olla.- bromeó su padre. - ¿Te parece si ordenamos pizza? – ofreció. Yoko asintió entusiasmada. Miró, agradecida, a su padre que mantenía su amable y tranquilizadora sonrisa, gesto que fue interrumpido bruscamente por una sensación que obligó a Takeshi a borrarla y fruncir el entrecejo.
- ¿Estás bien? – se preocupó su hija.
- Sí… sólo me duele un poco la cabeza. Nada que unas pastillas y unas deliciosas pizzas no puedan curar.- la tranquilizó por segunda vez. - ¿Las pides mientras voy por esas píldoras? – Yoko salió veloz de la cocina a llamar por teléfono.
- Por cierto…- preguntó antes que su hija marcara los números.-… ¿Sabes dónde fue Himeko? –
- Al pub. Dijo que se vería con alguien y que por eso iría temprano.- explicó antes de hacer su llamado.
- Al pub… Yoko-chan, lo lamento. Tendrás que comer sola esas pizzas, recordé que debo pagar unas cuentas antes de ir a trabajar. Lo siento.- se disculpó Takeshi.
- Está bien.- Yoko pareció decepcionarse...- ¿Puedo invitar a alguien? –…pero no del todo.
- Si puedes.- permitió su padre. Besó a su hija en la frente y salió del departamento.
Se quedaron mirando por unos segundos, y con la misma sincronía con que pensaron, ambas captaron la mirada intensa que una mantenía concentradamente sobre la otra. Intentando disimular, Himeko volteó para sacar cosas del carrito.
- Chikane-chan, ¿pasas a sentarte? – ofreció mientras sacaba unas copas y una botella de vino.
- Seguro.- se acercó a la mesa cerca de la chef. Acababa de percatarse que el carrito traía comida. Volvió a experimentar la misma sensación que la embargó cuando Himeko le llevó los pastelillos, sólo que ahora podría degustar una cena completa cocinada por su amiga, por lo que la emoción fue mucho mayor.
- Siéntate, por favor.- pidió la chef ahora sacando platos y servicios.
- De ninguna manera, te ayudaré.- se aproximó al carrito y Himeko sacudió negativamente su cabeza.
- "De ninguna manera tú" – la detuvo sosteniéndola con suavidad del brazo.- Eres mi invitada para esta cita especial ¿recuerdas? – La ausencia de tinción en sus mejillas le indicó a Chikane que hablaba muy en serio.- Déjame a mi.-
No quedó otra opción para la pianista más que sentarse y observar cómo Himeko se ocupaba de servir la cena. Tardó muy poco tiempo en hacerlo y la presentación de ambos platos era idéntica e impecable: un jugoso y tierno filete de res acompañado con frescas verduras perfectamente salteadas con unas papas duquesa horneadas en su punto ideal, estaban dispuestos de forma ordenada y artística a la vez, en un platillo rectangular. Lo último que hizo Himeko antes de sentarse fue servir el vino.
Una vez que el brebaje rubí estuvo en ambas copas, Chikane tomó la suya y la alzó, mirando a Himeko.
- Muchas gracias por esta cena, que estoy segurísima sabrá increíble. Por la mejor cocinera que he conocido.- Unió su copa con la de Himeko, luego se la llevó a sus labios, pero se detuvo. - ¿Acaso no brindarás conmigo? – preguntó extrañada al ver que la chef dejaba su copa intacta en la mesa.
- Paso… pero muchas gracias por tus palabras.- habló halagada. – La última vez que lo hice no ocurrió nada bueno…- no comentaba su pequeña anécdota muy seguido por lo que dudó en continuar.
- ¿Qué ocurrió? – se interesó Chikane.
- Yo… provoqué un incendio.- contó sin mayor preámbulo, esperando recibir algo parecido a un regaño por parte de Chikane.
- Vaya…- las palabras de Himeko le llegaron de sorpresa, jamás se le habría ocurrido que la dulce e inocente chef haría algo así. – De seguro que fue un accidente… apuesto a que fueron los cigarros.- aventuró Chikane.
- Pues sí, fueron los… espera un momento…- entrecerró su vista, adivinando hacia dónde iba la pianista. – Si piensas que por eso dejaré mis cigarros estás muy equivocada Chikane-chan, así que si se te ocurre usarlo como argumento desde ya te digo que no valdrá la pena.- habló muy decidida.
- Mira que ágil andas esta noche, Himeko. Por ese acierto no insistiré en el tema por hoy.- le cerró un ojo. – Te propongo algo.- volvió a alzar su copa. – Si gustas acompañarme en este brindis…- retomó el tema. - … te aseguró que me ocuparé que nada malo ocurra.-propuso Chikane, tentando visiblemente a Himeko, a quien su gastronomía le decía que sería un crimen no acompañar aquel buen trozo de carne con una copa de vino tinto, y su conciencia concordaba a gritos en que no debía rechazar la propuesta de la pianista.
- Está bien.- se animó y alzó su copa.- Entonces, luego de este salud, ¿te harás cargo de mí por completo? – pregunto, soportando la electrizante mirada azul de la pianista.
- Sí, después de este salud… serás toda mía… me ocuparé de cuidarte.- prometió sin quitar la vista de la mirada amatista, que pareció flamear por unos segundos.
Conformes, hicieron sonar delicadamente sus copas una con la otra y bebieron el primer sorbo.
