Actitudes
Amanecía un nuevo día en la ciudad, y junto a él se presentaba majestuosamente el alba a eso de las 7, y prometía anteceder una jornada tan o más apestosamente calurosa que la anterior. Transeúntes sin destino en particular, puntuales hombres y mujeres de trabajo, uno que otro riguroso deportista y una pareja de ancianos recorrían a su paso la avenida principal peatonal, todos formando parte de una pintura que se coloreaba a diario, aunque no por esto conformaba una rutina. Cada cual adopta una actitud que responde a una circunstancia, sumada a la percepción de cada individuo.
Esta sencilla ecuación observable dentro de cualquier agrupación, se aplica fácilmente a nuestros tres personajes que nos ayudarán a reconstruir la escena ocurrida…
En la moderna cocina de la pianista sólo se escucha el constante ruido del golpe que produce su dedo índice cada vez que lo baja para tamborilear en la mesa. Con la otra mano sostiene su cabeza, y de vez en cuando, baja su extremidad para llevarse una taza de café a los labios, siempre sin interrumpir la actividad de la mano que produce ese 'tac'
Chikane simplemente está… molesta.
Y no puede dejar de recordar la noche anterior, noche en que apareció aquel hombre que no hacía más que aumentar su molestia.
Luego de que aquel extraño aparecido hubiera terminado su singular presentación, se produjo un evento que dejó a Chikane aún más perpleja, pues aún no le cabía en sí, que aquel hombre se haya dirigido con esas palabras a Himeko. El sujeto, aún con su mano extendida hacia la chef, recibió mucho más de lo que esperaba, pues en absoluto pensó que Himeko se lanzaría a abrazarlo.
- Collin, casi no te reconozco.- habló tras separarse de él.
- En cambio tú Hime-chan no has cambiado.- rió el hombre. – Pero por favor, usa mi nombre japonés.- le pidió.
- Como quieras, Riu-kun.- accedió la chef usando con confianza el apelativo. Riu sonrió y revolvió el rubio cabello de la chef.
- Hace mucho que no te veo, tenemos que juntarnos uno de estos días, ahora que me quedaré aquí, dispondré de mucho tiempo.- propuso.
- ¿Ya no te vuelves a Inglaterra?- Riu negó con la cabeza. – Genial, entonces tienes que llamarme pronto.- se emocionó con la idea.
- Te aseguro que lo haré. Ahora, me disculpas, Hime-chan, mi madre reservó el salón y debo subir ya.- le avisó, pese a que al parecer, no mostraba signos de querer irse de allí.
- De acuerdo, yo también tengo que irme, ah, tendrás que esperar un rato, porque Tameguchi-san no ha llegado aún, ni tus hermanos tampoco.- le informó Himeko, comenzando a despedirse.
- Bien. Eh, Hime-chan espera… ¿estás libre después?- dudó algo antes de preguntar.
- Pues… - estaba de más pensar en su respuesta, porque tenía muy presente que después estaría con Chikane, y quizás más tarde… también. Se sonrojó levemente ante la expectativa de ese pensamiento. – Lo siento Riu-kun, pero hoy estaré ocupada.-
- Ah, bueno… será para la próxima. Ahí nos vemos.- se despidió el frustrado joven. La chef lo siguió con la mirada hasta que lo vio perderse escaleras arriba. Luego se habló hacia su espalda.
- Vaya, Chikane-chan no te imaginas hace cuánto no veía… ¿Chikane-chan?- al voltear para verla se da cuenta que no estaba allí. Giró sobre sí misma, buscando con su mirada a la desaparecida pianista, hasta encontrarla sentada no muy lejos de ella. Se acercó con algo de preocupación.
Chikane mantenía un codo apoyado sobre la mesa, y descansaba su cabeza.
- ¿Ya te acordaste de mí? – habló antes de que Himeko pudiera preguntar qué hacía ahí.
- No me he olvidado de ti, Chikane-chan.- le respondió muy segura Himeko. – Me distraje un poco porque hace mucho que no lo veía, a todo esto, ¿por qué te fuiste? –
- Porque estaban bien hablando solos y supuse que preferías algo de privacidad.- respondió con simpleza la pianista, como si quisiera quitarle importancia al asunto.
- Chikane-chan…- comenzó al chef hablando a la vez que mostraba una sonrisa que por unos segundos distrajo a la pianista de su 'malestar'. - …¿estás celosa verdad? – preguntó con claras intenciones de molestar a Chikane, sin embargo, recibió una respuesta que, si bien le trajo una agradable sensación de satisfacción, no se había esperado.
- Posiblemente.- confesó Chikane, alzándose de su silla. - ¿Quién era él? – una vez expuestos sus celos no podía continuar reteniendo su inquietud.
Himeko pasó saliva. Una sensación de bienestar muy grande la había llenado cuando vio la reacción de Chikane, sin embargo, tras oír su pregunta, deseó que los celos de la pianista se hubieran quedado en casa esa noche.
- Pues… él es mi… -
- Ex-novio.- completó Chikane las palabras de Himeko en su recuerdo, el cual se repetía por enésima vez en su cabeza.
Arrugó con furia una servilleta y terminó de beber de un sorbo su enfriado café. Ni siquiera comprendía del todo la razón de su enojo, lo cual terminaba por urgirle aún más. Le había tomado por sorpresa el hecho que Himeko tuviese un amor pasado, cuando en el fondo no era algo impresionante en absoluto, después de todo, la chef tenía ya veintidós, suficiente como para haber tenido un par de experiencias.
Serénate, Chikane, intentó calmarse. Ella dijo claramente: ex-novio.
Sacudió ligeramente su cabeza.
Ese no era el problema.
Novio, ex-novio, amigo, conocido. Comprendió que fuera quien fuera el que hubiese saludado a Himeko esa noche, su reacción habría sido la misma.
Aclarado al menos un punto dentro de aquella nebulosa que no lograba despejar en su mente, tomó la determinación de que lo primero que debía hacer era disculparse con Himeko, nuestro segundo personaje contribuyente en la reconstitución de los hechos.
La chef descansaba boca arriba sobre la mullida alfombra en su sala de estar. Unos enormes audífonos blancos mantenían su sentido de audición aislado de cualquier ruido externo, permitiéndole sólo escuchar la agradable música que fluía de ellos.
Sus ojos los mantiene cerrados desde que apagó su tercer cigarrillo en el cenicero que yace a un costado suyo. Habría fumado un cuarto, pero su conciencia – que había adquirido un peculiar tono de voz desde el paseo de su sobrina – se lo impidió.
La mantenida inmovilidad de su cuerpo era interrumpida de tanto en tanto cada vez que sonaba una melodía favorita que la obligaba a mover, despacio, de lado a lado la cabeza y a tararear suavemente. Este acto lo realizaba de forma inconsciente, pues toda su actividad mental se centraba en sus recuerdos, en especial aquel ocurrido la noche anterior.
- Pues… él es mi ex-novio, Chikane-chan.- respondió deseando que la pianista no le tomara mayor importancia.
Himeko no agregó más información y Chikane no expuso comentarios al respecto, sumiéndose ambas, en un silencio – a pesar de los ruidos del restaurante – bastante incómodo.
- Nunca me dijiste que tenías una ex pareja.- habló la pianista luego de un rato.
- Es cierto, pero no es que lo haya estado ocultando, simplemente…-
- No es tan simple, Himeko.- le cortó la pianista, dándole la espalda. Se debatía intensamente por dentro si soltar o no lo que sentía rebullir en su fuero interno. Además de estar experimentando emociones totalmente nuevas para ella, pues nunca había celado a nadie, no le era fácil admitir de forma completa que hervía en celos aunque fuese una historia pasada.
- ¿Y por qué no? Chikane-chan creo que exageras. Fue algo pasado que no tiene importancia ahora, además…- la pianista continuaba dándole la espalda y Himeko comenzaba a saturarse con su actitud. Rodeó a la pianista para quedar frente a ella. Sostuvo firmemente y con menos trabajo que otras veces la mirada directa de Chikane. – Además no tengo por qué explicarme ante ti… ¡no somos nada! – exclamó lo último producto de un impulso guiado por la rabia.
- Tienes razón.- coincidió Chikane mirándole aún fijo. – Tienes razón.- reiteró esta vez quitando la vista.
Y sin más, caminó hacia la salida, desviando apenas, su trayectoria para evitar chocar con Himeko.
- "No somos nada".- se dijo una vez mas Himeko las palabras que ella misma había pronunciado. Tras pensar en ello un rato, se dio cuenta que lo había dicho para expresar un reclamo, y ese era, que no estaba de acuerdo con la condición actual de su relación. También pensó con amargura, que difícilmente Chikane haya podido entender el mensaje.
Aquellas duras palabras dictaban la sentencia de su realidad.
Y eso dolía.
Ya no estaba enfadada, dejó de estarlo del momento en que Chikane cruzó la salida del restaurante.
De haber sabido que la pianista se encontraba tan arrepentida como ella, habría llamado de inmediato, sin embargo, su próxima acción sería hablar directamente con ella, claro, esto lo decidiría más tarde, de momento pues, se mantendría recostada en el piso – su lista de reproducción daba para estar varias horas más – continuando su cíclico pensamiento.
La tercera y última persona que "compartiría" sus recuerdos se encontraba un piso arriba de Himeko.
Takeshi se sentía inquieto en su cama, hace horas que está despierto. Le pesa en la conciencia la decisión que tomó la noche anterior y la responsabilidad de actuar en consecuencia de ello.
Sintiéndose culpable por haber dejado a su hija con eso de las pizzas, bajó hasta el subterráneo, subió con rapidez a su auto y una vez dentro, se dispuso a realizar la llamada que hace unos segundos se le había ocurrido hacer.
Conciente que no era un simple llamado, espero a que contestaran.
- Buenas tardes, habla Kurusugawa Takeshi.- se identificó y pidió hablar con quien deseaba, luego esperó que la criada hiciera la comunicación.- Tameguchi-san ¿cómo está?... yo muy bien, gracias por preguntar… sí, al negocio le ha ido bien, y precisamente de él quería hablarle, verá, me enteré que su hijo ha vuelto de Inglaterra…¡sí? Vaya, me alegra que haya llegado sin problemas... claro... sí, a lo que iba, pues resulta que tenemos una invitación para su familia en el salón vip... sí, aprovechando que están todos sus hijos... hoy en la noche... ahá... no hay de qué, es un gusto atender a familias como la suya en el restorán... ¡mi hermana?, no, no tiene problemas al respecto, usted sabe que se llevan bien... como lo prefiera, la esperamos allá... hasta luego.- suspiró largamente tras cortar la llamada.
Hace un par de horas se había enterado que el hijo menor de la señora Katherine, Tameguchi Riu, había llegado desde Europa y no fue hasta que subió al auto cuando se le ocurrió hacer esa invitación. Era la oportunidad perfecta, y estaba seguro que el joven aún mantenía interés en Himeko; con un poco de suerte su hermana volvería de poco a salir con él y perdería ese afecto por... quien quiera que sea.
Y esperaba que, con suerte también, no se enterase que él mismo había hecho la invitación.
Algo más tranquilo, se levantó para comenzar el día. Ya para cuando estaba en la ducha, se sentía completamente libre de culpa.
Estaba obrando bien.
Al fin y al cabo, lo hacía por el bien de todos.
