Sachertorte
Tres veces tuvo que pensar Himeko en ponerse primero de pie. Porque ante todo, el suelo no era una buena opción para comenzar a hacer las cosas, y segundo ya comenzaba a dolerle la espalda. El lento movimiento que realizó para levantarse fue acompañado de múltiples crujidos de sus huesos.
De pie, terminó de estirarse hasta no escuchar el sonido de un hueso más. Se quitó los audífonos y frotó enérgicamente sus enrojecidas orejas.
Finalmente, tras haber escuchado una cifra de canciones cercana a media centena, decide salir de su departamento e ir a hablar directamente con Chikane.
Optó por realizar el recorrido más largo que halló hacia el departamento de la pianista, no porque no quisiera verla, todo lo contrario, sus deseos de observar de forma directa aquella figura, a pesar de haber estado junto a ella hace unas horas, fueron los que gatillaron principalmente su decisión por salir. Alargaba el recorrido porque temía que el encuentro pudiera traer consecuencias tales que dejaran la delicada situación actual peor.
Inevitablemente comenzó a impacientarse cuando se acercaba su parada.
Todo el peso de las emociones que traía a cuestas descendió del autobús junto a ella y la acompañó durante el camino al edificio. Con cada paso hacia él ordenaba un poco más sus ideas, y para cuando llegó a la entrada tenía muy claro lo que haría allí: le haría ver a Chikane lo ilógicos que eran aquellos estúpidos celos.
Cerró sus puños con determinación mientras el guarda le abría la puerta principal.
Las ansias no le dejaron escuchar algo que el conserje decía, ni tampoco le permitieron esperar el ascensor, por lo que se dirigió precipitadamente a las escaleras. Si se hubiera detenido a pensar en ello tan sólo dos segundos, habría comprendido que era una locura subir catorce pisos a pie.
Por lo pronto, su lamentable condición física le pasó la cuenta cuando iba en el quinto piso. Jadeando, se detuvo en el descanso en las escaleras. Curvó el tren superior y apoyó sus manos en las rodillas, para así captar el máximo volumen de aire durante cada forzada inspiración. Tras unos segundos, retoma el ascenso. Se propone seguir a pie, pues siente crece su valentía con cada escalón que avanza.
Al catorceavo piso llega entonces, una agotada Himeko con una determinación que flameaba firme en su semblante. Limpiando con rudeza una gota de sudor de su frente con el dorso de la mano, se encamina a paso seguro hacia el número 1401
Tus celos arruinaron la noche, Chikane-chan, pensaba mientras doblaba hacia la izquierda en un pasillo. Riu-kun es sólo un amigo ahora, presionó al timbre sin vacilar. Esperó unos segundos. Ni pienses que dejaré de verlo… el tiempo de espera se hizo inusualmente más largo. Decidió golpear con los nudillos y esperar una vez más.
Sintió su determinación flaquear levemente a medida que veía que nadie le abría la puerta. Golpeó otra vez.
Y sin embargo nuevamente, nada.
- Chikane-chan.- llamó mientras hacía sonar la puerta con sus nudillos, de forma cada vez más enérgica.
Treinta segundos más fue lo que su paciencia le permitió esperar. En ese momento, la puerta se transformó en la silenciosa e inamovible testigo de cómo su firmeza se desmoronaba, y su valentía se hacía añicos.
- ¡Chikane-chan, abre la puerta por favor! – apoyó sus dos palmas en la fría madera, ejerciendo una inútil presión en contra. – Lamento si te molestaste. Si lo prefieres yo… no volveré a verlo jamás. No me importa hacerlo, porque no me interesa. Por favor sal de ahí… ¡¡Chikane-ch… -
Su celular, sonando y vibrando, interrumpe su llamado en la puerta, el cual iba cada vez más en aumento, tanto así, que cuando Himeko vio el nombre de la pianista en la pantalla, creyó que de seguro que le llamaría la atención por estar armando semejante alboroto fuera de su departamento.
- ¿Aló?, ¡Chikane-chan! Disculpa por estar gritando, pero es que…¡tú no me abres la puerta y necesito hablar contigo! En serio, si me hubieras dejado pasar nada de esto estaría pasando… – le habló.
- ¿Himeko? – se extrañó Chikane de lo que estaba escuchando. - No entiendo lo que estás diciendo, pero por lo que veo estamos en un problema.- a Himeko le dio la impresión que la pianista hablaba con una sonrisa en los labios. Sin embargo, no pudo evitar preocuparse al escuchar la palabra 'problema'.
- ¿Qué ocurre? –
- Pues, resulta que yo llamo porque también necesito que me abras la puerta.- reveló.
- Entonces estás…- el hecho que Chikane también haya decidido ir a verla hizo que no le importara que no se encontrase allí en ese momento. Sintió tanto alivio y liberación, que olvidó por completo la razón de su visita al departamento.
- Sí. Himeko, necesito hablar contigo. Espérame allí que ya voy- iba a cortar el llamado.
- No, de ningún modo, espérame tú allá. No quiero que camines.- se negó de inmediato la chef, acompañando la negativa oral con una gestual, a pesar de que esto último no sirva estando al teléfono.
- No sería justo para ti porque yo ando en auto, así que a quien le toca esperar es a ti.- le dio un argumento irrefutable según Chikane.
- Pero… Chikane-chan…- pensó rápidamente en la forma de debatir su posición. – Me aburriré aquí. ¿Acaso no sabes lo mortal que es el aburrimiento? ¡Se me secará el cerebro! Y te sentirás muy mal por eso porque habrá sido tu culpa.- le cargó en contra.
- Bueno, bueno. A ver… - Intuyó que negarse sería inútil, por lo que se tomó un tiempo antes de hablar para luego proponer algo que era justo para ambas. - Juntémonos en algún lugar entonces.- a Himeko pareció agradarle la idea, por lo que Chikane prosiguió.- Que sea en… el café Allegro, ¿te parece?–
- Me gusta. Entonces, nos vemos en… - comenzó a despedirse, pero al pensar en el punto de reunión un importante detalle vino a su mente.- Espera… ¡eso queda a dos minutos de aquí. No es la misma distancia y no es justo, Chikane-chan.-
- Ah… Himeko.- suspiró Chikane.
Escasos minutos después, la pianista ya se encontraba sentada en uno de los puestos del lugar que había sido propuesto finalmente por Himeko. Jamás había estado ahí, la dirección la supo preguntándole a alguien que pasaba por el lugar. La cafetería resultó estar a no más de cuatro manzanas del departamento de su amiga. Claro, como la chef sólo había especificado el nombre del sitio, además de agregar que le gustaba mucho, no supo de su ubicación hasta encontrarse en él.
Se cruzó de brazos sintiendo que cayó más fácil que un niño de primaria.
Como no le quedaba opción más que esperar, se dedicó a entretener la vista con el lugar. De inmediato su atención fue captada por el gran mostrador ubicado a unos metros de ella. Variedades inimaginables de pasteles llenaban por completo la vasta extensión de la vitrina. A un costado de ésta, en una estantería vertical se exhibían los bebestibles que ofrecía el recinto. Diversas marcas de café y té reposaban en el mostrario. No pudo evitar sonreír al comprender la afinidad de Himeko por el sitio.
Decidió ponerse de pie e investigar los dulces y cafés más de cerca. Tras dar un par de vueltas volvió a su asiento, justo en el momento en que la chef abría la puerta de ingreso.
- Chikane-chan, lo siento. ¿Te hice esperar mucho? – Himeko dejó su bolso en el respaldo de una silla y tomó asiento al lado de la pianista.
- No, sólo un poco.- ironizó ésta. Miró hacia el amplio ventanal de la cafetería y le indicó un punto a quien estaba a su lado.- Puedo ver tu edificio desde aquí, me engañaste, dijiste que quedaba a la misma distancia entre tu departamento y el mío.- le regañó.
Himeko sólo sonrió a modo de disculpa y Chikane se limitó a negar con la cabeza.
- Pero bueno, ya estamos las dos aquí. Aclárame algo que no entendí hace un rato, cuando te disculpaste por… ¿estar gritando? – preguntó con curiosidad, la cual aumentó al notar un leve rosado hacerse presente en las mejillas de la chef.
Himeko procedió a contarle lo ocurrido cuando fue a su departamento.
- … y bueno, golpeé mas veces la puerta y luego te grité que me abrieras.- le explicó algo avergonzada la chef. La pianista pareció estar a punto de reírse en su cara.
- Yo también toque el timbre y golpeé un par de veces.- coincidió con ella, haciéndole sentir algo de alivio por no haber sido la única que estuvo esperando. – Pero luego se me ocurrió utilizar un método mucho más civilizado para comunicarme contigo. Te llamé por celular.-
- Chikane-chan.- pronunció su nombre a modo de reprimenda por molestarla, lo cual le pareció a la pianista extremadamente adorable. Estaba a punto de agregar un comentario extra que seguro molestaría más a la chef, cuando una joven se acerca a tomar el pedido.
Chikane, que recordó el pastel de avellana que había llamado su atención más el té de frutos rojos, habló primero, mientras que Himeko tardó en pedir el suyo. Finalmente se decidió por ordenar algo de nombre que la pianista no pudo entender y un café irlandés.
Del momento en que los ojos de Himeko dejaron los de la joven moza para fijarse en los de Chikane, quien ya la miraba desde antes, recordó súbitamente la razón de su encuentro en ese lugar.
Coincidentemente, los recuerdos llegaron de la misma forma repentina a la pianista, quien sintió que le correspondió tomar primero la palabra:
- Te debo una disculpa, Himeko.- su voz firme y serena le dieron total confianza a la chef de que sus palabras eran sinceras. – No debí haberme comportado así.-
- No es necesario.- llegó a sentir culpa por escuchar a su acompañante tan arrepentida.
- Sí lo es. Te la mereces.- le miró intensamente. Tanto así, que por un momento su mirada pareció atrapar de la Himeko, fijándola firmemente a la suya. – Además quiero hacerlo, por favor, acepta mi disculpa.-
- Está bien… te perdono Chikane-chan.- respondió casi al borde de caer bajo un efecto hipnótico. Se hubiera puesto a dar vueltas y a ladrar como un perro si Chikane hubiese chasqueado sus dedos. Por suerte, nada de eso ocurre, gracias a que la joven mesera llega para repartir el pedido. Parpadeando, la rubia desvía su vista para deleitarla con el dulce llevado a la mesa. Sin embargo, la de Chikane permaneció un par de segundos más posada en ella.
- ¿Pero sabes qué? – habló sin atreverse a despegar su vista de la tarta que tenía en frente. Sus mejillas reaccionaron como es de costumbre ante lo que iba a decir. – No… no me molestaría que lo hicieras de nuevo.- Su mirada se aventuró a posarse en la pianista, y al hacerlo comprendió que algo estaba mal en su frase. - ¡Pero..! no me refiero a que te enojaras, me refiero a que… a que… ¿eh? – la impresión de ver a Chikane acercándose le impidió expresar de forma explícita su idea, pues el concepto estaba más que claro.
Efectivamente, la pianista se estaba aproximando peligrosamente hacia Himeko, cuya espalda se tornó rígida y el calor se concentró más en su rostro.
- ¿Puedo probar eso? – preguntó guardando una distancia prudente. Himeko tardó unos segundos en captar a lo que se refería la pianista, a pesar de la evidente mirada cargada de curiosidad que mostraba ésta hacia el pastel que había ordenado la chef.
Sin responder de forma oral, pues la cercanía de Chikane había hecho que repentinamente olvidara cómo hacerlo, tomó una pequeña porción con el tenedor y lo acercó a los labios de la persona que bloqueaba sus sentidos. Sus ojos enfocaban sólo a la pianista, lo demás era lejano, borroso, inexistente; su nariz captaba, era lo que más estaba disfrutando, pues pocas veces había tenido la oportunidad de hacerlo, la evaporada esencia única que provenía de ella, un aroma tan fresco y natural como un amanecer en primavera. Desde la reducida distancia, pudo tener una visión preferencial del momento en que aquellos suaves – pues la cercanía permitía ver que eran suaves - , finamente delineados y ¿apetecibles? labios que le permitían el paso al dulce. Casi con devoción, observa a Chikane realizando el simple acto de comer. No fue hasta que vio que había terminado, pues su mandíbula había dejado de moverse y su profunda mirada volvía a fijarse en la suya amatista, cuando se dio cuenta que tenía su propia boca ligeramente abierta. La cierra de inmediato y se limita a mantener la vista en quien está a su lado.
La profesora ríe disimuladamente ante el torpe e inconsciente gesto de Himeko.
- ¿Así que no te molestaría, verdad? Entonces te diré que… no me agradó que miraras tanto a la mesera que nos trajo esto. Te observé durante todo el rato, además estoy segura que se interesó en ti.-
- ¿Qué? Pero si no la miré más que tú, Chikane-chan además cómo se te ocurre que… - estaba sorprendida, pues no se esperaba una situación tan cercana en la que la pianista la celara.
Captando un leve gesto indicativo de la profesora, miró en la dirección sugerida. Inmediatamente vio a la joven de hace un rato, quien al ver la atención de Himeko dirigida hacia ella, se sonrojó rápidamente, y comenzó a ordenar las cosas del mostrador, elementos que de por sí no necesitaban mayor atención por el momento, pues su presentación ya era impecable.
- ¿Lo ves? – preguntó con suficiencia Chikane y volviendo a recargar su espalda en el respaldo.
- No me había dado cuenta.- respondió la chef aún más sorprendida tras haber visto la reacción de la mesera. Miró con suma admiración a su acompañante. Chikane-chan es realmente genial, aunque no lo parezca, siempre está muy atenta, pensó mientras se llevaba una porción de su pastel a la boca. No fue hasta que tuvo el tenedor entre su lengua y paladar cuando se dio cuenta que era el mismo que había utilizado la pianista. Deslizó el servicio fuera de sus labios, quitando todo resto de dulce de él, y probablemente parte de la esencia de Chikane
No le importó en lo más mínimo.
Es más, quizás se debió a eso que la segunda probada no haya sabido tan bien como la primera.
- ¿Está bueno eso? – le pregunto la pianista.
- Ejhtá delizhoso – respondió apresuradamente Himeko. - ¿Qué tal el tuyo? – preguntó antes de engullir la siguiente porción.
Chikane se dio cuenta de que comía como un niño. No de forma grosera ni sucia, sino que con un gusto tal, sólo comparable con el que demuestra un infante a la hora de servirse su plato preferido. Se preguntó si existiría alguien que comiera más tierno que Himeko.
Con el siguiente trozo de pastel que la chef se llevó a la boca pasó a mancharse la nariz con una diminuta porción de crema. De esto se dio cuenta y de inmediato intentó limpiársela… tratando de alcanzarla con su propia lengua. Divertida, Chikane corrigió su antes erróneo pensamiento. Nadie podría llegar a ser más tierna que Himeko.
- ¿Chikane-chan? Aún no me dices cómo está tu pastel.- volvió a preguntar la chef, tras haber limpiado exitosamente la mancha de crema en su nariz.
- ¿Qué…? Ah, mi pastel…- se había distraído mientras observaba a Himeko. – La verdad, no me gustó.- habló mientras que con el tenedor removía su plato.
- ¡¿No?! Pero Chikane-chan, me lo hubieras dicho antes, lo habríamos cambiado. O te puedes comer el mío si quieres…- el dedo índice de la pianista fue a parar a los labios de Himeko para silenciarlos. La sola idea de que quizás la chef no disfrutaría tanto de su pastel de avellanas como aquél que se estaba sirviendo le impediría intercambiar platos.
- Está bien así.- alejó su dedo de Himeko. - Además no te queda suficiente como para hacerme el cambio, me quedarías debiendo mucho. – indicó el plato de Himeko, donde se veía un trozo de no más de tres por tres centímetros. Ni al caso comparable al de la profesora, el cual permanecía casi intacto. – Me querías engañar, mi querida estafadora.-
Himeko se distrajo brevemente tras haber escuchado las palabras 'mi' y 'querida'.
- No pretendía eso… es más… ni siquiera había notado que quedaba tan poco.- dijo, mitad disculpándose mitad lamentando profundamente que su pastel se estuviera acabando. – Chikane-chan… - habló teniendo una fantástica idea.- ¿Qué tipo de pasteles te gustan? – preguntó muy expectante ante la respuesta que recibiría.
- Pues, de chocolate, de panqueque, de frutas… muchos tipos en realidad.- nombró mientras trataba de pensar en uno que le gustara mucho. A su mente llegó el recuerdo de la vez en que Himeko hizo unos dulces de fruta para ella. Creyó que definitivamente cualquiera que cocinase la chef sería su pastel favorito, incluso si hiciese uno como ese de avellanas que no le había agradado.
- Entonces, te parece si… ¿vamos a hacer uno ahora? –
- Me agradaría. Por supuesto que sí.- respondió.
A partir de ese momento no se habló más hasta que Himeko terminó su pastel – más el de Chikane – y ambas hubieran terminado de beber su café y té respectivamente. Luego de pagar cada una sus pedidos, se dirigieron al departamento de la chef.
Chikane se adelantó para abrirle la puerta amablemente a Himeko, y después, antes de emprender la caminata, le ofrece su brazo, el cual la rubia acepta con mucho gusto, sorprendida de los gestos de la profesora.
No llevaban ni media manzana recorrida cuando la chef comienza a sentir cierta "necesidad". Con sigilo, dirige su mano libre hacia un costado suyo, donde cuelga su bolso. En él, intenta sin mucho éxito, abrir el cierre de éste. Rendida, se da cuenta que es casi imposible hacerlo sin utilizar ambas manos, por lo que se debate internamente si soltarse del agarre de Chikane para alcanzar lo que quiere, o simplemente no hacerlo. Sin embargo, la pianista ya había tomado esa decisión por ella:
- Ni creas que te soltaré.- habló repentinamente, aplicando una suave presión a la mano de Himeko que asía su brazo. – Con una mano no lograrás sacar tus molestos cigarros.-
- ¿¡Qué!? Así que por eso…- saltó indignada la chef. Ahora con mayor razón trató de sacar los cigarros del bolso. Todo esto sin interrumpir la caminata. Luego de mucho esfuerzo, en el que de paso entretiene a Chikane con sus intentos de abrir el cierre, logra sacar un cigarro de su cartera. La diversión de la pianista termina cuando ve a Himeko con aquél objeto entre sus labios y ahora buscando el encendedor.
Con un preciso movimiento, se ubica detrás de la chef y con ambas manos envuelve su tronco, inmovilizando con ellas, los brazos de Himeko.
- Ahora quiero ver cómo lo haces.- se burló hablando a un lado de la chef. Demasiado cerca como para que pase desapercibido por Himeko, cuyo cigarrillo resbaló de su boca al suelo debido a la impresión. Tener a la profesora tan apegada a su espalda la desorientó momentáneamente.
Sin embargo, el momento duró poco, pues ambas no tenían la práctica que desarrollan los amantes en el arte de caminar abrazados, por lo que avanzar se transformó en algo realmente complejo.
Viendo que les era imposible continuar, Chikane detiene sus pasos y suelta a Himeko, quien voltea y se larga a reír nerviosamente, contagiando a la pianista. Luego de haber controlado su risa, la cual deja un lindo vestigio rosa en sus mejillas, se acerca a la profesora.
- Así es más seguro, Chikane-chan.- habla tímidamente, para luego entrelazar su mano con la de la profesora.
Viendo que ésta no ofrece oposición, reanuda la caminata, pero no alcanza a dar ni paso completo, pues quien está de su mano se niega a avanzar y sujeta fuertemente su mano, atrayéndola hacia sí en un único y sutil movimiento. Con su mano libre, la abraza por la espalda, llegando con su mano a la cabeza.
Actos guiados no por la lógica impulsan a Chikane a posicionar su cabeza a un lado de la de Himeko, quedando su boca justo a la altura de su oreja.
- …me caes muy bien, ¿lo sabías? – sin embargo en el momento justo en que aquellos actos la llevarían a pronunciar unas declaradoras y bellas palabras, su razón vuelve a apoderarse de su voluntad, obligándola a cambiar su antes pensada oración.
Antes de que Himeko pudiera darse cuenta, Chikane ya la había soltado y tiraba suavemente de su mano para que siguieran caminando. Por simple inercia, sus piernas comenzaron a moverse sobre el sólido pavimento, aunque ella sintió que lo hacían sobre delicados cúmulos de nubes.
- Vamos a hacer algo que tenga mucho chocolate, ¿sí? – preguntó al cabo de unos pasos Chikane, dedicándole una radiante sonrisa a la chef.
- ¡Sí! – respondió entusiasta Himeko, recuperando el control conciente de sus piernas, y sintiéndose la persona más importante del planeta.
