Sweet Child Of Mine

- ¡Eres una tonta! ¡No sé cómo me acerqué a alguien como tú! – decía Himeko de pie con sus puños cerrados fuertemente y el ceño visiblemente fruncido. - ¡No sirves para nada! Ni si quiera sabes tocar bien el piano, eres... eres... – intentaba buscar términos peyorativos pero nada acudía a su mente. Por más que trataba de descalificar a Chikane, no le resultaba. Era como si luchara contra algo en su naturaleza.

La pianista observaba impasible desde el sofá, sin perderse de ningún movimiento ni expresión en la chef.

De pronto, el semblante de Himeko cambia radicalmente: afloja sus puños y relaja el entrecejo. Luego suspira derrotada. - ¿Cómo estuvo, Chikane-chan? –

- Pues... no me enojé ni un poco, Himeko. Ya te dije que eso es imposible, ¿por qué estás tan empeñada en comprobar si puedo odiarte o no? – inquirió audazmente.

- Porque, uhmm... es sólo por saber.- explicó vagamente. Desvió su mirada violeta a un punto al azar, cualquiera que no fuera donde estuviera la de Chikane. Antes de que la pianista hiciera más preguntas, una chillona alarma comenzó a sonar desde la cocina. - El bizcocho está listo.- avisó y sin más partió a la cocina.

- Te salvaste.- murmuró Chikane antes de ir tras ella.

Eran cerca de las nueve, tal y como se habían propuesto, se encontraban en el departamento de Himeko cocinando un pastel y cuya base ya estaba lista en el horno. Mientras ésta se procesaba, las jóvenes conversaron todo el tiempo, el cual pese a tratarse de cincuenta minutos pareció ser de tan sólo cinco.

- ¿Qué opinas? – preguntó la pianista por la opinión profesional de Himeko, quien ya había desmoldado el bizcocho.

- Está perfecto.- sentenció radiante la chef, observando la humeante obra color chocolate amargo.

- Que bien. Eso sí, cómo no ha de estarlo si lo has hecho tú.- la elogió Chikane sacando sutiles sonrojos de ella.

- E-eso no es cierto, lo hicimos ambas.- rectificó la oración de la pianista.

- Sí… claramente cernir la harina y quebrar los huevos ha sido crucial en el procedimiento.- comentó con ironía refiriéndose a las secundarias acciones que realizó ella para la elaboración del bizcocho.- Tú hiciste todo, Himeko.-

- Pues aunque no lo creas eso que hiciste también es importante, Chikane-chan. Te lo aseguro. Pero… - se arremangó hasta los codos. - …aún queda mucho por hacer, falta el relleno, la cobertura, la deco… -

Una melodía comienza a reproducirse desde un aparato que yace en un mueble de la sala de estar. Es el celular de Himeko anunciando un llamado entrante. Su dueña se dirige a contestarlo, no sin antes mirar la pantalla, pero en ella figura un número desconocido.

- ¿Aló? –

- Hola, Himeko-chan.- por ello mayor es su sorpresa cuando se entera de quién es al escuchar su voz. Una sorpresa no gratificante, se ha de aclarar.

- Ah... hola.- el color de su rostro parece abandonarla y sus nervios apretarse en su interior.

- ¿Qué tal? – pregunta animadamente el inglés.

- Todo bien…- perfecto hasta hace unos segundos, sentenció su mente una realidad mucho más adecuada.

- Que bien. Bueno, llamaba, entre otras cosas, para comentar que la cena en tu restaurante estuvo increíble, veo que no ha perdido calidad, además… - comenzó a soltar una avalancha de cumplidos respecto al bar. Cumplidos que eran respondidos con indiferentes monosílabos por parte de Himeko. Su nerviosismo aumenta al notar que Chikane se aproxima desde la cocina.

- ¿Es él? – articula en voz muy baja. La chef asiente como puede, pues la tensión de su cuerpo casi le impide contraer los músculos del cuello.

En la conversación el inglés ya estaba terminando sus elogios.

- Así que felicidades por eso.- hizo una pausa esperando si su interlocutora decía algo. – Himeko-chan, ¿estás ahí?... ¿Himeko-chan? –

- Que… ah, sí. Disculpa Riu.- habló distraídamente.

- ¿Riu?, ¿sólo Riu?- preguntó notando inmediatamente la falta del sufijo 'kun' que ella suele usar con él.

- Ah, pues…-

- Jaja, no importa, sólo estoy molestando.- comentó divertido, aparentemente sin notar que Himeko no estaba muy presente en la conversación. – Bueno, como te dije ayer, ¿te gustaría salir? –

- ¿Eh? ¡¿Salir?! – por la sorpresa, no pudo evitar preguntar en voz alta, entregando sin querer, esa información a Chikane.

- Sí. Estaba pensando que podríamos ir a la feria, hoy estará abierta hasta muy tarde.- sugirió. Himeko iba a responder de inmediato con una negativa, pero al ver que Chikane se llevaba el índice a los labios en señal de silencio, no expresa su posición.

- ¿Qué? – pregunta dirigiéndose a la pianista, olvidando a Riu en el teléfono, quien por supuesto no sabía que la chef no estaba sola.

- Que si te gustaría ir a la feria hoy.- repite el joven.

Intuyendo fácilmente el diálogo que está llevando el inglés, Chikane se acerca más a Himeko, dirigiéndose a su oído libre. Los nervios de la chef no podían estar más tensos ahora con la pianista tan cerca.

- ¿Me quieres? – susurra casi imperceptiblemente.

- ¡S-sí! – responde ésta por puro instinto.

- Perfecto, en una hora te paso a buscar entonces. Ahí nos vemos.- corta la llamada.

- …- la chef no podía dar crédito a la extraña situación que se acababa de presentar.

- Vamos, hay que arreglarte, ¿Cuánto tiempo tenemos, una hora? – Himeko asiente. – Bien, vamos- la toma del brazo y la lleva a su habitación.

Himeko no podía estar más confundida, y es que por más que intentaba no lograba comprender la actitud de la profesora. Aún mientras Chikane elegía entre los distintos atuendos en el ropero de la rubia, ésta no reaccionaba. Miles de preguntas se mezclaban espesamente en su cabeza. ¿Por qué…? Por qué Chikane-chan hace esto... no se ve molesta, pero entonces…no entiendo, además… tragó saliva… ¿cómo habrá reaccionado cuando respondí que sí le quería? ¿Qué… qué piensa Chikane-chan?

-... creo que este color te queda muy bien, Himeko.- le tiende la ropa que ha escogido. - ¿Himeko? –

Sólo cuando la pianista la toma del hombro, ésta reacciona. En silencio, recibe lo que le ofrecían y luego se dirige al baño a cambiarse. Decide no hacer preguntas y confiar en Chikane, sea lo que sea aquello que estuviese en su mente.

Con Himeko fuera de su vista, ya no era necesario seguir fingiendo. Su sonrisa fue decayendo poco hasta que sus labios llegaron a la posición que suelen tener cuando su fascie muestra total indiferencia. Quería demostrarle que sí podía soportar que saliera con Riu, y así corregir de una vez su actitud mostrada la noche anterior.

Sin embargo una cosa era actuar en base a un razonamiento, y la otra era sentir que las acciones son las deseadas. Razones de peso no tenía para impedir el contacto entre ellos, y no se imaginaba a la chef aceptando un 'no quiero que estés con Riu, porque simplemente no quiero que estés con Riu'

Suspiró pensativa, exhalando algo de amargura y dolor. No creyó poder soportar el momento de ver a Himeko saliendo del baño, ni menos quedarse a esperar el momento en que aquél molesto inglés llegara a buscarla.

- Himeko.- se acercó a la puerta del baño. Imprimir entusiasmo en su voz era más fácil que tener que expresarlo con su cuerpo también. – Debo irme. Lamento no acompañarte mientras esperas. Así que... espero te la pases bien.-

- Gracias... supongo... a-adiós Chikane-chan.- susurró Himeko desde el baño. Aún no comenzaba a cambiarse. Estaba sólo de pie frente al espejo oval sobre el lavabo. Mantenía su estado inerte, sin embargo, sentía que algo estaba a punto de explotar en su interior.

- ¡Pero...! ¡Chikane-chan, ¿sabes qué?! No sé como no te das cuenta que... que no quiero... que no me gusta... que no me interesa... – de un paso se acerca a la puerta y toma la manilla con fuerza. – Me vas a escuchar algo Chikane-chan, antes de que... ¿eh? -

Su habitación estaba vacía.

Al encontrarse con la ausencia de la pianista soltó un bufido de molestia, cerró la puerta del baño con un portazo y se dispuso a cambiarse de ropa. Si Chikane-chan quería esa cita con Riu, le daría esa cita con Riu.

La profesora ya estaba en el auto, fuera del alcance de las palabras de la dolida Himeko. Sus ánimos fueron suficientes para llegar a él, pero no para arrancar y manejar a casa. Estaba reuniendo ganas para elevar su mano a la llave y hacer contacto, cuando suena su teléfono. Significó un gran esfuerzo buscar el endemoniado aparato y contestar.

- ¿Si? – responde con desgano. Hubiera ignorado el llamado, pero a Yura no podía hacerle eso.

- ¡Chikane! ¿Qué tal? – pregunta su joven amigo con el tono afable de siempre.

- No muy bien, la verdad.- no se molesta en ocultar su estado.

- Ya veo. Imagino debe estar relacionado con una mujer rubia de ojos violeta.- habló intuitivo.

- Vaya, ya sabía yo que la astucia te llegaba a ratos a ti. Porque claro, no podías ser todo el tiempo un... -

- Ya entiendo el mensaje, querida, y me doy cuenta que no estás tan mal.-

- No, lo que pasa es que eres demasiado fácil.- la conversación le estaba cayendo bastante mejor de lo que esperaba.

- Haa... ¡basta! – Chikane no pudo evitar soltar un pequeño indicio de risa. – Yo que te tenía una invitación.- habló haciéndose el ofendido.

- ¿Una invitación? Pues, la verdad no... – un auto que pasa por su lado la distrae por un momento y obliga a mirar a su izquierda. Se lleva una desagradable sorpresa al notar que es Riu quien maneja. Lo observa aparcar frente al edificio de la chef. Miró el reloj de su muñeca. ¡Cuarenta minutos faltaban para el encuentro! Ahora comprendía por qué los malditos ingleses eran tan puntuales, claro si a llegar con esa anticipación se le podía llamar puntualidad.

Su mano asió con más fuerza el celular. Casi podía sentir el entusiasmo del joven, y aquella sensación le produjo repugnancia.

- ¿Y bien? – Yura esperó la respuesta.

- De acuerdo.- aceptó, desviando la mirada

- ¡Genial! Entonces, nos vemos en...-


"Superstar bar" leyó Chikane el letrero sobre la entrada del antro antes de entrar en él.

Sonrió para sí misma. Nunca dejaba de sorprenderle la capacidad de Yura para encontrar siempre lugares tan diferentes. El sitio de esta ocasión era un verdadero mini festival de Woodstock en medio de la gran urbe.

Una banda juvenil interpretaba los clásicos de la música grunge en un pequeño escenario donde los cinco integrantes apenas cabían. No puede continuar investigando, pues una gran masa la embiste, obligándola a dar un par de pasos atrás.

Cuando logra recuperar el equilibrio, se da cuenta que aquella 'gran masa' es Yura, y aquella embestida un apretado abrazo. Consciente ahora de esa realidad, responde, aplicando igual presión al gesto que su amigo ofrece. Desecho el lazo afectivo, ambos se dirigen hacia una mesa libre.

Después de cuatro temas de conversación y aproximadamente el mismo número de vasos de sus tragos favoritos, el estado de consciencia de Yura y Chikane comienza a mostrar signos de variar levemente.

- Oh, vamos Chikane, canta conmigo.- llena sus pulmones de aire y, de pie, comienza a corear al vocalista del escenario. Ni aunque estuviera muy ebria la pianista acompañaría a su amigo a cantar, por lo que prefiere disfrutar sentada y en silencio de la música que la banda ofrecía, claro, entre los gritos de Yura.

- ¡Estuvo genial! – exclama tras haber terminado. - ¿Por qué no cantaste? -

- ¿Y encima lo preguntas? Pues te diré que no quise pasar vergüenza.-

- Jajaja. Veo que no quieres que los demás sepan que eres inferior a mí. Mi voz es di-vi-na, lo sé.- comenzó a beber de un quinto vaso a su propia salud. No alcanza a vaciarlo entero, porque la canción que ha comenzado a sonar le gusta demasiado.

- Rayos, ¡rayoos! Debo ir a cantar adelante. Ya vuelvoo.- se aleja hacia un grupo de fanáticos que coreaba al pie del escenario.

Por meras razones muy relacionadas con el ocio, Chikane comienza a escuchar detenidamente la letra de la canción:

"She's got a smile that it seems to me, reminds me of childhood, memories..."

Ella tiene una sonrisa que pareciera me trajera recuerdos de la niñez...

"Where everything was as fresh as the bright blue sky..."

...en donde todo era tan fresco como el brillante cielo azul...

"Now and then when I see her face, she takes me away to that special place..."

...ahora cuando miro su cara, ella me lleva hacia ese lugar especial...

En este punto, Chikane sintió que algo hizo contacto en su cabeza. Había escuchado esas palabras anteriormente, sin embargo no podía ubicar exactamente dónde o cuándo, pero intuía que era importante.

"Wuo... oh oh oh sweet child of mine"

- Mi dulce... pequeña.-

Entonces recordó:

- Buenas noches.- hizo una breve reverencia hacia una de ellas, ignorando por completo a la otra. – Perdona que interrumpa así, pero tengo que decir que… tu sonrisa… sigue siendo la misma.- continuó dirigiéndose a una de las jóvenes. - Me trae muchos recuerdos en los que todo era tan fresco como el brillante cielo azul. Cada vez que te miro siento que soy llevado hacia ese lugar tan especial que contigo conocí. Tu pelo me recuerda a un espacio tibio y seguro, donde solía esconderme del rayo y la lluvia cuando era pequeño. Mi dulce pequeña, no puedo evitar decir estas palabras antes de saludarte a ti…- alarga la mano hacia quien ha dedicado sus elaboradas palabras. - … mi adorada Himeko.

Ese maldito... ¡era un fraude!

La ira se apoderó de ella. ¿Quién diablos se creía ese Riu? Ponerse a hacer presentaciones bonitas con palabras que no son siquiera de él.

Encima ahora estaba con Himeko... Himeko... No, un fraude de poeta como él no es digno siquiera de mirar a su querida Himeko.

Se puso rápidamente de pie y caminó con rapidez y urgencia hacia la salida. Tenía muy claro hacía dónde iba a ir y qué haría allí. Sin embargo antes de salir, se obliga a frenar sus andar.

- Yura.-

Preocupada, camina sobre sus pasos de vuelta y comienza a buscar a su amigo. Sin embargo, al verlo abrazado del vocalista y cantando animadamente con él sobre el escenario decide que es mejor dejarlo donde está.

Aliviada en parte por no dejar a su amigo solo, retoma su camino hacia la salida. Se apresura a llegar a su auto y manejar hacia la feria. Sabe que no cuenta con mucho tiempo, pues su estado de ebriedad empeoraría de un momento a otro.

Quince minutos más tarde, el alcohol estaba comenzando a manifestar sus clásicos signos cuando aparcó el auto, siendo un leve mareo lo primero que partió sintiendo Chikane. El brusco cambio de posición que realizó cuando salió del auto empeoró su estado, agregando la sensación de tener piernas de gelatina a su padecimiento anterior.

Respiró hondo. Aún se mantenía muy conciente de que debía buscar a Himeko para revelar el fraude del poeta Riu. Comenzó su recorrido por la sección de aparatos mecánicos. Caminó sin resultados entre las largas filas de la rueda de la fortuna, la montaña rusa, y de un extraño pulpo gigante.

Su estado de ebriedad aumentaba de forma proporcional a los pasos que daba. Por esto cree que alucina cuando de pronto divisa una mujer de cabellos dorados caminando al lado de un joven más alto que ella y de color de pelo similar, sólo que más claro. Al acercarse a ellos comprueba que se trata de quienes estaba buscando. Satisfecha de su hallazgo, decide posicionarse tras ellos, guardando siempre una distancia prudente para no ser vista.

Durante los escasos metros que avanzó durante su seguimiento, pudo ser testigo visual, mas no auditivo, de la conversación que llevaban los jóvenes. Notaba con claridad, que quien más hablaba era el inglés. Por el contrario, Himeko no mostraba su elocuente actitud que la caracterizaba. Sólo hablaba de vez en cuando y mostraba una que otra sonrisa cuando no decía nada. Ver que la chef no se entretenía mucho le trajo una culpable sensación de satisfacción.

La inestabilidad en sus pasos la hacen trastrabillar y por poco cae al suelo. En eso pierde momentáneamente el enfoque a su objetivo, y cuando busca reposicionar su mirada, se da cuenta del lugar hacia donde los pasos de la joven pareja iban.

- Qué se cree este…- califica a Riu con una palabrota irreproducible. Y es que estaba más que segura que no eran los pasos ni deseos de Himeko ir a embarcarse en un pequeño bote en forma de pato dentro de un túnel de iluminación indefinida.

Con furia iba a apresurar el ritmo, pero recuerda su injustificada actitud de la vez anterior. Haz algo maduro Chikane, compórtate. Detuvo sus pasos y observó en derredor. Sus ojos fueron fijados en una tienda de puntería.

- Maduro…- murmuró acercándose al lugar. No tenía mucho tiempo, por lo que apresuró sus acciones. - Uno, por favor.- depositó unas monedas en el mostrador. El dueño del puesto le daba la espalda en esos momentos, y para cuando volteó, Chikane ya tenía el rifle entre sus manos y apuntaba con dudosa precisión al primer blanco, el cual dicho sea de paso, se encontraba muy cerca de la cabeza del hombre. El par de dianas restantes se encontraban al otro lado de él.

Con seguridad, la pianista acciona el gatillo tres veces, mientras que el hombre sólo atina a cerrar los ojos y a cubrirse la cabeza con ambas manos.

Grande es su sorpresa al notar tras abrirlos, que la extraña mujer de pelo azul ha acertado a los tres blancos.

- Imposible... – queda boquiabierto.

- No tengo mucho tiempo, mi peluche por favor.- exigió Chikane.

- Claro, aquí tiene.- le tiende un oso de un metro de alto.

- Gra*hic* cias... oh, disculpe.-

- Descuide dama. Que... que tenga un buen día.- se despide aún sorprendido el hombre. Luego de ver marcharse a la peliazul, toma el rifle que ha usado y observa el cañón detenidamente. Baah... creí que esto estaba lo suficientemente desviado. Confuso, se rasca la nuca, observando a la tambaleante figura femenina que se llevaba el premio mayor.

Estafadores hay en todas partes.

Y precisamente al estafador más grande perseguía Chikane.

Cuando les dio alcance, ellos estaban a punto de formar parte de la fila para el romántico paseo ese.

- Bueno, este es casi el último que nos queda por probar, pero no quiero que subamos hasta que tú lo decidas, ¿qué me dices? – pregunta a Himeko antes de comenzar a hacer fila para subir.

- ¿A éste? Riu-kun yo... – enmudece de repente. Sus ojos comienzan a brillar como nunca lo han hecho durante la noche, y una sonrisa nunca antes vista por Riu se dibuja en su cara. Emocionado en primera instancia, el joven inglés piensa que eso significa que subirán al paseo, pero tras mirarle bien, se da cuenta que la chef no lo mira exactamente a él, si no a un punto tras él. Extrañado, voltea para encontrarse frente a frente con la pianista.

La rabia que siente Chikane al hacer contacto visual con Riu desbloquea sus sentidos y le permite recuperar parte del control que había perdido por el alcohol.

- Tameguchi.- le mira con furia contenida.

- Himemiya. ¿Qué haces aquí? – pregunta con brusquedad. Reconoce de inmediato a la mujer que estaba la otra noche con Himeko, a quien la chef ha nombrado en más del cincuenta porciento de las pocas veces que habló durante la velada.

- Que bueno que lo preguntes, me ahorras la introducción que tenía preparada. He venido a decirle a Himeko... – su frío mirar se desvía hacia la chef, cambiando súbitamente a un aspecto mucho más calido y gentil tranquila Himeko, ya te quitaré a este molesto inglés de encima.

- Chikane-chan.- susurra débilmente. Y como si escuchara las palabras mentales de la pianista, se tranquiliza y siente volar todas sus preocupaciones. Su reencuentro con su exnovio y ahora supuesto amigo no fue en absoluto lo que había pensado.

La incomodidad de haber pasado la velada en la feria junto a Riu, tener que escucharlo durante todo el rato, sentir que aquella visita al parque de atracciones era más que una simple salida; todo pareció desaparecer en el instante que vio llegar de la nada a su querida Chikane-chan.

- Que eres un mentiroso.- dicta su sentencia y devuelve su mirada, ahora fría y agresiva hacia el joven.

- ¿Qué estás diciendo? – pregunta incrédulo.

- Me escuchaste bien, Tameguchi. Himeko, he venido a buscarte, es mejor que te alejes de él.- hace un ademán de acercarse a la chef, pero Riu se interpone con decisión.

- No, no, no, Himemiya. Te vas sola de aquí. De ningún modo te llevas a Himeko-chan.- la mira desafiante.

Himeko-chan... cómo detestaba oír que la llamara así. Chikane estaba a punto de perder los estribos con la pesada insistencia del inglés Impaciente, cierra sus puños con fuerza, y al hacer eso nota que aún sostiene un peluche de metro de largo. Recuerda fugazmente la razón de su adquisición.

- Ten.- toma el gran oso con ambas manos y se lo tiende a... Riu.

- ¿Qué rayos estás...? – ahora le estaba pareciendo que además de hablar disparates, Chikane comenzaba a perder la cordura.

- Tú te quedas con esto... – lo obliga a tomar el felpa . - ...y yo me quedo con... – logra acercarse más a Himeko, pero antes de poder hacerlo totalmente, Riu, tirando lejos el peluche, y esta vez con algo de brusquedad, vuelve a posicionarse entre las jóvenes, apartando a Chikane con un leve empujón en el hombro. Debido al estado de la pianista, el simple toque del inglés la hace retroceder más de lo debido y casi caer, alertando aún más a la chef, quien ya se había alarmado al ser testigo del gesto violento de Riu.

Preocupada y llamando su nombre en alta voz, Himeko alarga el brazo para detener al inglés, sin embargo no es su mano la que logra aferrarse firmemente al antebrazo de éste, si no una mucho más grande, de mayor fuerza y de aspecto varonil.

- ¿Dónde quedaron tus buenos modales, eh, Tameguchi-san? – habla con una voz bastante grave el hombre poseedor de aquella mano que no dejaba de sostenerlo firmemente, y que ahora usaba la misma fuerza para llevárselo de ahí. Extrañamente, Riu no opuso resistencia.

Notando la vía libre, y sin importarle en lo más mínimo la identidad del hombre, ni el paradero suyo y de Riu, Himeko se apresura a llegar hasta Chikane.

- ¿Estás bien? – hace la pregunta que más grita su mente.

- Sí, sólo... me siento algo mareada.- el delicado roce de la mano de Himeko en su cara en señal de cuidado y atención la aturde momentáneamente. – Woo... estoy en el paraíso... veo tres Himekos.- murmura ininteligiblemente.

- ¿Qué cosa dices? –

- Uhmm.. nada Himeko, nada.- no sabía la razón exactamente, pero escuchar la voz de Himeko nuevamente en ese momento, haberla vuelo a ver cuando se suponía que no lo haría, hacían que una felicidad ampliamente estimulante la embargara.

- Chikane-chan... – se da cuenta del estado de la profesora y a pesar de lo que aquello signifique no puede evitar sonreír, pues está junto a ella otra vez. – Vámonos de aquí.-

El camino al departamento de la chef fue una hazaña bastante difícil de concretar; considerando que Chikane se encontraba en el máximo punto de su condición de ebriedad, que por lo anterior haya olvidado el lugar de aparcamiento del auto y finalmente que Himeko tuviera que manejar sin saber exactamente cómo hacerlo, agregado a esta instancia el hecho que la pianista no paraba de hablar estupideces.

De milagro llegan ilesas al departamento de la chef.

- Vamos, Chikane-chan... ya casi, un pie tras el otro... ¡ouch! no los dos juntos.- Himeko ayuda a la pianista a llegar a su habitación, sosteniéndola con una mano de la cintura, y con la otra del brazo. Tras un último gran esfuerzo, logra sentarla al borde de la cama. Iba a alejarse de ella para arreglar debidamente las sábanas, cuando Chikane la toma del brazo y la obliga a tomar asiento a su lado.

- Himeko, hay algo que debo decirte.- luchó como pudo contra el mareo y el estado de semi inconsciencia que no se le ha quitado desde la feria.

- Chikane-chan... – suelta un agotado suspiro. – Ya me dijiste que las gaviotas están cada vez más grandes, que Yura es heterosexual, y que no tienes idea de cómo llegó un rinoceronte rosa al asiento trasero de tu auto. – le recitó parte del repertorio que Chikane le estuvo repitiendo todo el camino.-

- No, no es nada de eso ahora... aunque no me vas a negar que no has notado lo grandes que están las gaviot... no, no, no... eso no es lo que quiero decir.- sacude su cabeza, tratando de mantener la poca cordura que le queda.

- Jajaja... Chikane-chan eres muy divertida cuando estás así.-

- Himeko...-

- Pero es mejor que te duerma ahora y descanses.-

- Himeko... – la nombra con mayor urgencia y volumen.

- Ya mañana hablaremos de lo que quieres contarme, ahora sólo...-

La impaciencia de Chikane termina por reemplazar sus inexpresadas palabras por acciones concretas. Ansiosa, deseosa y desesperada por hacerle saber a la chef aquello que ardía en su mente, se dirige hacia lo que ha anhelado volver a probar desde el momento en que lo hizo por primera y accidental vez: los labios de Himeko.

El impulso de Chikane, y tal vez los deseos de la propia Himeko, hacen que ambas queden recostadas sobre el mullido colchón, quedando arriba quien tomó la iniciativa del acto. El rosa en las mejillas de la chef no tarda en transformarse un intenso rojo, mientras siente que los labios de Chikane no dejan los suyos, y comienzan a deslizarse deliciosamente sobre ellos, deseoso de algo más.

El conocerse más a fondo con aquel beso no se hizo esperar, y por lo pronto comenzaron a intercambiar algo más que roce y aire, llegando incluso a ser generosas, compartiendo con el exterior también.

Del momento en que leves indicios audibles de algo que más tarde podría convertirse en un sonido de placer, Chikane decide dar comienzo a un aventurado recorrido, comenzando por la delicada y accesible anatomía del cuello de la chef.

Sin embargo, no son besos los que Himeko siente cuando llega allí, ni tampoco algo parecido a lo que se esperaba. Para ser precisos con la descripción, exactamente nada fue lo que la chef percibió en ese instante.

- Chi... ¿Chikane chan.. ? – articula con dificultad -pues aún no logra controlar su respiración- cuando está segura que algo fuera de contexto ocurre.

Volteando con cuidado, logra deslizar el cuerpo de la pianista hacia un lado. Dudosa, examina detenidamente su rostro. Al mirar de cerca, puede notar que está... durmiendo.

¡¿Qué?! Chikane-chan... se quedó dormida... pero... se supone que estábamos... ¿se habrá aburrido? Ah, pero al parecer aún estaba ebria, entonces... eso quiere decir que, quizás, no lo hizo por voluntad propia! ¿o sí? Porque yo sí quería... el rojo, que había disminuido algo en intensidad, vuelve a ser el de hace un rato.

Suspira largamente. Mejor duérmete, Himeko. Se dice a sí misma.

Con una extraña sensación, arropa debidamente a Chikane y se dirige hacia la puerta, sin embargo no llega a salir de su habitación, pues un pensamiento le acosa. Su cama era de bastante amplia, tanto que cabrían cómodamente tres personas...

Comenzó a titubear desde la puerta. Estaba segura que a la pianista no le molestaría que ocupase la mitad de ésta. Dudosa, se acercó a su cama, con cuidado trepó sobre ella y se recostó cerca de la pianista. Se acomodó de lado, de tal forma que podía mirar cómodamente el rostro dormido de la profesora. Algo en su cabeza le hace fruncir el ceño y estirar la boca en un tierno gesto de enfado.

- Me las debes, Chikane-chan.- susurra sin saber exactamente si sentir molestia, o tal vez reírse de sí misma.