La primera víctima
Al joven Riu no lo sueltan del brazo hasta llegar a un pequeño apartado dentro de la misma feria, un lugar algo carente de luz artificial y presencia humana.
- ¿Y bien?- pregunta con aspereza el más fornido. Todo rastro de quietud, serenidad y hasta amabilidad mostrada cuando estaban con Himeko y Chikane se ha ido por completo, siendo ahora la ira y desesperación traídas a su rostro.
- Disculpa… perdona, creo que me excedí un poco.- el aspecto de aquél era tan temible que el inglés prefirió mantenerse a la defensiva.
- ¡¿Que te excediste?! Tú… la tocaste… ¡Te pasaste del límite, Tameguchi! – su voz alza cada vez más el volumen, sus dedos se crispan y su mirada se torna cada vez más similar a la de un asesino poco cuerdo. – Te lo dije, a la rubia podías hacerle lo que quisieras, me importa un carajo, pero a la otra…- calla de pronto, cerrando fuertemente su mandíbula y sus ojos también, como si temiera que algo escapase de su boca y mirada. Sin embargo no logra contenerse, pues ha sido testigo de cómo su adorada Chikane ha sido vulnerada por el estropajo inútil que tenía enfrente.- a ella… ¡NO LA TOCAS! – suelta sus palabras a la vez que su puño, cerrado firmemente se dirige veloz y certero hacia el pómulo de Riu.
Tal es la magnitud del golpe, que el débil inglés no logra reaccionar y cae abruptamente al suelo.
El hombre mayor, de pie, cierra sus ojos a la vez que realiza profundas respiraciones. Se lamenta haberse mostrado así, pues suele recurrir a métodos mucho más civilizados – según él – para tratar situaciones como ésta.
Ahora más tranquilo, y tras una última espiración, abre sus ojos y extrae de su bolsillo un objeto negro y alargado que Riu no logra identificar, y que tampoco nadie ha identificado a simple vista durante las ocasiones en que lo ha utilizado.
- Dime una cosa, Tameguchi-san, ¿conoces la historia de Batman?-
- ¿Y a qué vendría eso?- se levanta rápidamente y escupe algo de saliva mezclada con sangre. El golpe lo ha envalentonado. De buena gana se lo habría devuelto, sin embargo no puede ignorar esos 15 centímetros que los hacen desiguales en altura, y por lo tanto en un encuentro cuerpo a cuerpo.
- Lo tomaré como un sí. Continúo. Entonces conocerás a Guasón. Te contaré que es mi villano preferido. Un personaje simplemente brillante.- realiza una pausa.- Te preguntarás qué diablos estoy tratando de decir, pero ya llego a eso.- mientras habla, juega con el pequeño objeto, pasándolo con avidez entre sus dedos. Con la siguiente frase, el movimiento se detiene, quedando el mencionado entre su dedo pulgar y su índice.- Dime, ¿sabes por qué sonríe siempre? No, no, no, mejor aún.- sonríe ante su propia pregunta. - ¿Sabes por qué tiene esa sonrisa tan marcada? – presiona un diminuto botón y automáticamente se extiende una navaja. Riu fija su mirada en ella, comenzando a sentir el temor invadir rápidamente su cuerpo.
No muy lejos de allí, la gente pasea, camina y ríe mientras disfruta de las coloridas atracciones del parque. Niños, jóvenes y adultos que son completamente ignorantes y ajenos a una realidad que acontece muy cerca de ellos, pues nadie se percata de los alaridos de dolor y auxilio que suelta un desesperado hombre; potentes, pero inútiles gritos que recorren silenciosamente cada rincón de la feria.
- Vamos, Chikane-chan bebe un poco más, te sentirás mejor.- alentaba Himeko a la pianista mientras, sentada a su lado en la cama, le daba de beber de un vaso con ayuda de una pajilla.
- Jamás vuelvo a beber tanto.- expresó con aflicción tras vaciar cerca de medio vaso. El curioso brebaje, pues Chikane no pudo deducir que contenía, sirvió para atenuar, en parte, el atroz dolor de cabeza que sentía la profesora
- Ja… es lo que todos dicen.- habló Himeko, con las estadísticas de su parte.
- No, esta sí va en serio. Mira, para que me creas: yo no bebo una gota más de alcohol en mi vida, y tú no vuelves a fumarte un cigar…- la chef la deja con las palabras literalmente en la boca al ponerle la bombilla a la fuerza. Chikane tuvo que hacer un esfuerzo para no reír, pues habría derramado todo el jugo, y de paso su dolor habría aumentado.
Se limitó a beber en silencio hasta vaciarlo todo.
- Vaya, esa cosa realmente funciona, ahora duele menos.-
- Te lo dije.- deja el vaso en la mesita de noche. Sus nervios se tensan ligeramente, pues está muy próxima a realizar una importante pregunta. Aquello ha sido la razón por la que se ha despertado tan temprano y haya dejado la cama mientras Chikane aún dormía. Ha sido la razón también de que haya hecho más de seis visitas al dormitorio, sólo para comprobar si la pianista está despierta, y de esa forma, poder disipar su duda. – Chikane-chan…- llama su atención aunque esté de más hacerlo. Repasa su pregunta una vez más, procurando ocultar su nerviosismo, el cual sólo queda de manifiesto en la mano que usa de apoyo, pues ésta de manera inconsciente estrangula el cobertor bajo su palma. - ¿Recuerdas todo lo que pasó ayer?-
Chikane se toma unos segundos para responder. Un breve lapso de tiempo que se le hace eterno a la chef.
- Bueno, recuerdo que fui a buscarte, que discutí con el fastidioso de Riu, que luego alguien se lo llevó y después supongo que llegué aquí… pero no recuerdo cómo.- el dolor de cabeza amenazó con volver si forzaba más su memoria.
- Ya veo.- habló muy decepcionada. No le importaba en lo más mínimo avergonzarse de que Chikane recordara el beso de ayer, ¿por qué iba de hacerlo?
¿Por qué habría de hacerlo?
Ni la propia Himeko se sorprendió del razonamiento que secundaba aquella interrogante, pues lo veía tan claro, que sentirlo no inspiraba nada más que seguridad y tranquilidad. Sin embargo, era una verdadera lástima que Chikane no pudiera leer la mente, pues en ocasiones los silencios otorgan, y la pianista llegó a sentir una pequeña incomodidad ante la repentina falta de palabras en ella.
- Bien, creo… que ya es hora de que me marche.-
- ¿Qué? ¿Hora? Pero si es temprano Chikane-chan.- se alerta de inmediato.
- Sé que lo es, pero…-
- Además aún debes descarsar.- insistió por segunda vez la chef.
- Ya lo haré, pero en casa. No corresponde que me eche a dormir aquí, además…- iba a agregar otro argumento más en su defensa, pero una idea demasiado tentadora sedujo su mente, haciendo que cambie ligeramente de opinión.- …si yo duermo Himeko, tú ¿qué harás?-
- ¿Yo? Pero eso es lo de menos. Podría hacer cualquier cosa, si lo que te preocupa es el ruido lo que sea que haga mientras duermes lo haré en silencio…- Himeko está dispuesta a aferrarse con todas sus fuerzas a la mínima posibilidad de que la pianista se quede un rato más… sin embargo con demasiada fuerza, pues sus oídos se hacen sordos a lo siguiente que habla Chikane.
- Podría hacerlo, sólo si…-
- …podría leer un libro, escuchar música con audífonos, ver televisión en mute o…- Himeko era un bólido parlante de posibles actividades que no perturbaran el sueño de Chikane.
- …duermes conmigo.-
- …puedo quedarme quieta y sentada todo el tiempo que… ¿eh?- finalmente algo en su subconsciente le dice que debe cerrar la boca y poner atención.
- Me quedaré sólo si me acompañas y duermes conmigo.- repitió tranquilamente cual vaso de agua estuviera pidiendo.
- ¿A-ahora?... osea… claro que ahora… pero ¿aquí?... d-digo…. en el mismo lugar… en… en…- el vaso de agua estaba complicando realmente a la pobre Himeko.
- Sí. Como hace un rato. ¿o acaso de dirás que anoche dormiste en el sofá… y no conmigo?-
La profesora había pronunciado las palabras precisas para que la conversación acabara. Con resultados a su favor, claro.
Lo que tarda la chef en ponerse de pie es lo que demora un rojo muy intenso en hacerse presente en su cara y orejas también. En silencio y con descoordinación, dando pasos muy parecidos a los que daría un androide sin aceitar, Himeko rodea la cama, se quita el calzado tan rápidamente como sus torpes movimientos le permiten y se entierra bajo las sábanas, frazadas… todo lo que encuentra para echarse sobre la cabeza.
Chikane, por su parte, realiza un esfuerzo sobrehumano para no romper en carcajadas, tanto así, que el dolor de cabeza amenaza en volver, advirtiendo con una feroz punzada justo en el centro de su frente. Sin embargo, nada de eso le importa, pues tiene a su lado a Himeko, y mientras esté allí... todo estará bien.
Horas más tarde, la mesa estaba servida para dos. Como la hora de almuerzo se les pasó por estar durmiendo, estaba armada para tomar once. En medio de la mesa, entre numerosos aderezos para el pan, yacía la obra más reciente de la mano de la chef junto con la pianista: la torta que se habían propuesto cocinar, y que debido a obstáculos ya sorteamos no pudieron continuar, estaba por fin lista.
La encargada de dar el primer y mortal corte era Himeko, quien con cuchillo en mano, estaba a centímetros de perforar la gruesa capa de chocolate que cubría el pastel.
Sin embargo algo la detiene.
- ¿Ya le tomaste suficientes fotos, Chikane-chan?.- aleja el arma de la torta.
- Ya lo hice, Himeko.- responde con la cámara fotográfica aún en la mano. Pese a que era el cuarto intento fallido de la chef, en su voz no hay señal de fastidio.
- Pero… es que quedó tan lindo. Creo que es necesario tomar una más.- pidió mientras Chikane, accediendo a su petición, se acomodaba para tomar la décima fotografía, desde un ángulo distinto por supuesto, de las otras 9.
El potente flash de la cámara resalta aún más el brillo del chocolate durante los milisegundos que vive.
- ¿Ahora sí?-
Himeko sólo asiente antes de retomar la tarea anterior. Sin embargo, nuevamente comienza a arrepentirse.
Chikane logra prever a tiempo el titubeo en las manos de Himeko y decide que es tiempo de intervenir, en pro de su apetito.
Dejando la cámara a un lado, se ubica tras la chef. Una mano cubre las otras dos de ella, mientras que la otra la rodea por la cintura, para luego unirse a las demás.
Naturalmente reiterativo, mas necesario es describir que los pómulos de Himeko se tiñen de rosa, y que en esta ocasión el cuchillo hubiera resbalado de sus manos si Chikane no lo estuviera sosteniendo también.
Ahora con refuerzos, el fin de la tarta es inminente.
La cobertura cruje deliciosamente bajo el filo del utensilio de cocina a medida que éste se abre paso hacia el relleno.
- Se ve bien ¿no?- comenta Chikane tras haber separado dos trozos.
- Sí… luce bien.- responde aún bajo los efectos de la cercanía de la pianista.
El silencio reina durante los escasos segundos en que las jóvenes degustan un poco de esto y aquello.
- Chikane-chan, ¿qué harás luego?- pregunta con curiosidad la chef antes de darle un mordisco a su pan.
- No lo sé… creo que invitaré a alguien a ver películas.- responde con la misma tranquilidad con la que bebe un sorbo de su te de limón.
"A alguien". El trozo de pan casi se le atasca en la garganta a Himeko.
- Ah… ¿a Yura?- pregunta con esperanzas para luego beber un poco de té y pasar bien el pan.
- No.-
"No". Ahora el té casi le provoca tos. Si no es a Yura entonces… ¿a quién?
- Pero aún no es seguro. Debo averiguar si está disponible o no.- ahora es turno de servirse pan untado con mermelada. – Y tú ¿qué harás?-
- Saldré con alguien.- mintió automáticamente la chef.
Ahora quien estuvo a punto de atorarse con el pan fue Chikane. Solucionado el problema con un poco de bebestible, guarda silencio y se limita a fijar la vista en las servilletas. A su vez, Himeko pegó la suya en el frasco de azúcar.
¿Con quién? ¿A dónde? ¿A qué hora y hasta qué hora? Si es con ese Riu… no, no quiero ni pensarlo…
¿Con quién? ¿Qué tipo de películas? ¿Cuántas? Y en su departamento…
Muchas preguntas se acumulaban en la mente de ambas a una velocidad impresionante, sin embargo, la que más luchaba por salir de sus labios era…
- ¿Con quién saldrás?-
-¿A quién invitarás?-
Azul penetrante y violeta agresivo se encuentran a la vez y en un mismo punto. Ambas miradas intentan sondear a la otra y hallar la respuesta que tanto desean saber. Sin embargo, aquello tendría que esperar, pues ambas tienen razones de peso para callar, o al menos para no hablar primero.
- Pregunté primero.- afirma la chef.
- No es cierto.- niega la pianista. No siguieron discutiendo ese punto, pues saben que la pregunta fue disparada al mismo tiempo.
- Alguien tiene que contestar primero, Chikane-chan.-
- Así es. Adelante, Himeko.-
- No, gracias.- la situación seguía igual.
- Quizás… quizás podamos contestar al mismo tiempo.- la pianista tuvo una idea. Tomó dos servilletas y le indicó a la chef que fuera a buscar unos lápices. Himeko, comprendiendo, corrió a por ellos.
Tras entregarle uno a Chikane, destapa el suyo y, asegurándose que no la espiaban (lo mismo hacía Chikane), rayó el primero nombre que se le vino a la mente, sin pensar en las duras consecuencias de su creciente mentira.
- ¿Ya?-
- Espera un poco.- tarda unos segundos más. – Listo.- la dobla y encara a Himeko.
Absolutamente desagradable es la sorpresa que se lleva Chikane al observar las manos de la chef, y es que ésta no se había percatado de que la tinta había traspasado la delgada servilleta, y el nombre podía leerse al revés.
- "Riu Tameguchi".- leyó en voz alta. - Himeko…- un par de zafiros en completo desconcierto se dirigen al otro amatista, y de su boca no sale otra palabra.
Casi en shock, se desplaza hacia la puerta, pues no desea encontrarse más allí.
- Chi-chikane-chan.- la llama Himeko tras haber comprendido el caos que ha desatado, sin embargo, es demasiado tarde, pues la puerta ya se ha cerrado.
Con desespero, piensa en correr tras ella y explicar todo, pero algo llama su atención.
En el piso está la servilleta que ha escrito Chikane.
En un momento reservado para la curiosidad, lo recoge y lee:
"Himeko"
Antes que la servilleta tocase el suelo, la chef estaba fuera del departamento y corría escaleras abajo. Sale veloz al recinto de estacionamiento, y encuentra a Chikane justo cuando ésta encendía el motor.
- ¡Chikane-chan!- se ubica en frente del vehículo y apoya ambas manos en el capó. No hay respuesta de la conductora. – Chikane-chan escúchame, esto es… un terrible malentendido.- la ventanilla del auto se baja, pero sólo unos centímetros, lo que alienta a Himeko a continuar.- No es cierto que saldré con Riu, ni siquiera saldré, es sólo que… cuando dijiste lo de las películas yo…- el motor se apaga.- … sentí algo muy extraño al saber que te juntarías con otra persona.-
Chikane finalmente desciende de su auto. La chef, con su mirada aún fija al suelo, retrocede tan sólo medio paso, dejando espacio suficiente sólo para que la profesora pudiera salir. Ha quedado tan cerca, que su pelo casi roza la nariz de la pianista.
- …- de pronto olvida todas las palabras que había pensado para expresar su disgusto. – Himeko, ¿sabes lo que eso significa?- la llama por su nombre para que ésta suba la vista, sin embargo, nada de eso ocurre. Himeko no alza la cabeza, pero tampoco se aleja de Chikane.
La pianista espera unos segundos antes de volver a hablar. Se toma su tiempo, porque si bien no hay prisa, no quiere arruinar aquel momento en el que comienza a sentirse tan a gusto.
Su calmado respirar, contrario al ritmo de su corazón, revolotea con sutileza un par de mechones dorados por la luz de un sol en atardecer.
- Himeko…- pronuncia por segunda vez casi en un susurro. Su mente se debatía fuertemente entre dos opciones y Chikane opta por la que menos desea, y que a su vez es la también menos riesgo tiene.
Eleva sus manos a la altura de su pecho y envuelven con sus brazos el delicado cuerpo de Himeko, quien reacciona a estos actos y se aferra a su espalda con una fuerza que la pianista no esperaba, pero que reconfortó enormemente su interior.
Y así como este largo abrazo comienza, de pronto la brisa deja de jugar entre sus cabellos y ropas, la luz deja de iluminar al cerrar ambas jóvenes sus ojos, el suelo bajo sus pies, el auto tras Chikane, los edificios a su alrededor, hasta el ruido proveniente de la gran urbe; todo pareció desaparecer de un momento a otro. Incluso para el tiempo no había cabida en aquel bello y único cuadro protagonizado por el par de futuras amantes.
Un círculo de calidez.
Una sensación de paz.
Eran algunos conceptos de nominación y comprensión terrenal que podía sentir Chikane al abrazar a Himeko, y Himeko al abrazar a Chikane.
Sin embargo, la realidad, poderosa e imponente, trae a las jóvenes de vuelta al estacionamiento, a los autos y edificios; mientras que el tiempo cobra su venganza, escondiendo al sol tras el fondo urbano.
- Chikane-chan.- habla desde el hombro de la pianista Himeko.
- Dime.-
- Aún… ¿aún veremos películas en tu departamento?-
Chikane no pudo más que sonreír ante eso.
- Tienes tres minutos para ir a buscar tus cosas.-
Himeko le dio la espalda a Chikane y corrió a buscar un poco de ropa.
La pianista mientras, vuelve a subir a su auto. Le hubiera encantado ver la cara de la chef antes de que fuera al edificio, sólo para comprobar, si la sonrisa en su cara era tan amplia como la suya.
Las luces se apagan justo cuando antes de que la película comenzara a correr en la pantalla y Himeko de inmediato dirige toda su atención a ella. Chikane también veía la pantalla, pero no podía concentrarse en lo que mostraba. Había algo que rondaba en su mente, y simplemente no podía dejar de pensar en ello.
Durante todo el tiempo que estuvo observando a la chef en su paseo con Riu en la feria, en ningún momento la vio sonrojarse como le ocurría cada cinco minutos cuando estaba con ella. Pese a tener eso muy claro, prefirió poner en práctica un pequeño plan, sólo para comprobar lo que piensa.
Lentamente, para que la chef no se percate del movimiento, gira su cabeza hasta posar cómodamente su vista en ella.
La observa comer animadamente sus palomitas de maíz, absorta en la película.
1.. 2.. 3.. cuenta los breves segundos en que tarda en apreciarse un cambio. Himeko, súbitamente ha dejado de masticar sus palomitas.
Y para la satisfacción de la pianista, un ligero rubí sombrea las mejillas de la chef. Para la incomodidad de Himeko, la mirada zafiro no se desviaba.
Consciente de que las consecuencias sería mayores, la mirada violeta se atreve a enfrentar directamente a la azul de Chikane, recibiendo todo el impacto de aquella descarga eléctrica que parecía irradiar de los ojos aparentemente inexpresivos de la pianista.
-¿Q-qué?- el nerviosismo la obliga a decir algo, a la vez que el débil rubí se hace más y más intenso.
Satisfecha por completo, la profesora decide dejar en paz a Himeko.
- Palomitas, por favor.- extiende su mano.
- Ah… lo… hubieras pedido sin haber tenido que… aquí tienes.- le pasa el recipiente de palomitas a Chikane, cuidándose de no rozar su piel. Lo único que faltaba era que la profesora se enterara que no sólo sus mejillas sufrían a consecuencia de esas miradas, sino que en ocasiones (como esta) su piel llegaba a arder mucho más que sus mejillas.
Alegre y muy contenta Chikane se dispone a disfrutar recién de la película que tiene en frente, mientras que a Himeko no le queda más opción que esperar a recuperar su estado normal, sobretodo su temperatura, y teme con mucha razón, que no podrá concentrarse en la película en un buen rato.
Claire gracias por interesarte por el titulo =P, ya te dije que era importante; mary se habian tardado xD? te dire que aun falta pero cada vez menos; akabane05 gracias ^^ espero siga asi; Priest.17 repito algo que he dicho muchas veces, tengo intensiones muy fuertes de continuar esto hasta el final; y oh la consejera Chizuma :) ya publico esta historia en otra parte y te confieso que soy bien floja, a penas si publico en ambas partes... pero todas formas se agradece la recomendacion
A todos, gracias por sus comentarios
