Importante: 'Dateless for too long' pertenece a softballgirl1136, yo sólo la traduzco.
La historia original: http : // www . fanfiction . net /s / 3986879 / 1 / Dateless _ For _ Too _ Long
N/T: Y por fin el ansiado encuentro Bella/Edward! Un capitulo un poquitin mas largo que los anteriores... espero que lo disfruten!
4. Una cena desastrosa
Bella POV
Otro sábado sin citas para mí. Me puse la camiseta que usaba como pijama y también los pantalones de franela. Lo hice bien, pensé, riendo mientras recordaba lo que me había pasado la semana anterior. Eché una mirada a mi vestidor: lo que se había roto había sido reemplazado y los maquillajes estaban ordenados otra vez. Obra de Alice, que había entrado en un ataque de desesperación cuando vio, el lunes por la noche, el desastre que yo había hecho.
Salí de mi habitación rumbo al salón y me dejé caer en el sofá con un suspiro de frustración. Me cubrí la cara con las manos y dejé caer los pies por el borde del sofá, sin poder creer que iba a pasar otro sábado por la noche sola en casa, sobre todo después de los sucesos de la semana anterior.
"¿Aterrizaste así a propósito, o fue un accidente?" bromeó Alice, entrando en el salón.
"Probablemente estaba apuntando a la silla, pero falló y aterrizó en el sofá" le contestó Rosalie antes de que yo pudiera replicar nada. Me erguí para mirarlas con rabia, pero lo que vi me hizo sentir confundida. Alcé una ceja cuando se giraron hacia mí, ambas vestidas con sus pijamas, sonriéndome con aparente inocencia.
"¿Van a pasar una noche en casa con sus parejas?" pregunté, todavía examinando sus atuendos.
"No seas estúpida, Bella" reprochó Alice, bailando hacia el sillón y cayendo justo a mi lado. "Nos quedaremos aquí esta noche. No queremos que pases otro sábado sola."
La miré con recelo, entrecerrando los ojos. "¿Las dejaron plantadas?" Alice continuó sonriéndome, pero escuché a Rose resoplar.
"Nosotras los dejamos plantados a ellos" me contradijo con un tono altanero, mofándose de la simple idea de que alguien pudiera plantarla a ella. Rosalie solía ser muy segura de sí misma, casi rozando la arrogancia.
"Chicas, no tienen que hacer eso por mí. Déjenme disfrutar sola de mi miseria…" Rosalie me rodó los ojos y Alice frunció el ceño.
"Somos tus amigas, Bella, no vamos a permitir que te sientas miserable." El argumento de Alice pretendía ser irrevocable y no había posibilidad de discusión. Sólo pude sonreírle y abrazarla con auténtico agradecimiento.
"Sabía que había una razón para quererte tanto, Alice" sonreí abiertamente mientras la veía saltar con gracilidad fuera del sofá.
"Es porque soy una chica asombrosa" alardeó yendo hacia la cocina para preparar un cuenco de palomitas de maíz. Entonces advertí que Rosalie estaba mirando por la ventana hacia fuera, algo abstraída.
"¿En qué piensas tanto, Rose?" pregunté, extrañada de verla tan silenciosa. Aunque comparada con Alice Rosalie pudiera parecer callada, aquella no era una actitud frecuente en ella. Sus temas favoritos de conversación eran ella misma y los hombres, y podía pasarse el día entero hablando de esas dos cosas. Alice podía pasar el día entero, sin parar, hablando de lo que fuera. Juntas, podían hacer que a uno se le cayeran las orejas. Por eso resultaba muy inusual ver a Rosalie tan ensimismada y silenciosa.
"No pensaba nada importante." aseguró, con una débil sonrisa "Sólo pensaba."
"¿Desde cuándo?" repliqué con sarcasmo, fingiendo estar sorprendida, y arrancándole una risa. Todavía nos estábamos riendo cuando Alice volvió al salón con las palomitas.
"¿De qué me perdí?" inquirió, reclamando su sitio en el sofá junto a mí.
"Bella sólo me hizo una broma" le informó Rosalie, que fue la primera en dejar de reírse. Alice me miró con una de sus perfectas cejas levemente arqueada. Sacudí la cabeza y me encogí, tratando de dar a entender que no era importante. Alice lo dejó pasar, encogiéndose de hombros también.
Nos sentamos juntas a ver Romeo y Julieta, la película que yo había elegido antes de saber que mis amigas se quedarían en casa esta noche. Rosalie se nos unió y dejó a Alice en el medio, sosteniendo el cuenco de palomitas en su regazo. Las tres prestamos especial atención a la película, porque Romeo y Julieta era la favorita de todas.
"¡Leonardo Whiting es tan hermoso!" barbotó Rosalie cuando apareció por primera vez Romeo en escena. Asentí, de acuerdo con ella.
"Leonardo DiCaprio es mejor que él." contradijo Alice "Es mucho más lindo."
"¿Estás loca, Alice?" vociferó Rosalie "¡Leonardo Whiting es diez veces más lindo!"
Alice se encogió de hombros. "Supongo que los prefiero rubios" Rose la miró con incredulidad, incapaz de pensar una respuesta para eso. Bien sabíamos las tres que Alice siempre había preferido los hombres de cabello oscuro, de modo que me quedé cavilando en el por qué de su repentino cambio de opinión.
Antes de que nadie dijera nada, el sonido de mi móvil comenzó a sonar a todo volumen. Corrí a la cocina y lo recogí de la encimera para volver a toda prisa al comedor.
"¿Quién es?" preguntó Rosalie, curiosa.
"No lo sé, no reconozco el número" repliqué, frunciendo el ceño sin dejar de mirar la pantalla del teléfono.
"¡Contéstalo, Bella!" demandó Alice "¡Si no lo haces, yo lo haré!" se puso de pie y comenzó a caminar hacia mí para demostrarlo.
"Está bien…" murmuré, deslizando la tapa para abrirlo. "¿Hola?" contesté en un tono monótono.
"Oh, uhm… creo que marqué el número equivocado," contestó una suave voz masculina. "Lo siento muchísimo, señorita" se disculpó.
"Oh, no te preocupes, recibo llamadas de extraños todo el tiempo, creo que eres el tercero del día de hoy" la risa que escuché al otro lado de la línea sonó como música para mis oídos, resultaba fascinante oírla.
"Es bueno saber que no soy el único tonto que llama a un número equivocado." Esta vez fui yo quien se rió. Cierto que me han enseñado a no hablar con extraños, pero hablar con éste extraño resultaba divertido.
"No te preocupes, yo también he quedado como una tonta un millón de veces al marcar un número equivocado. Me sucede frecuentemente." Sonreí mientras esperaba su respuesta.
"¿Nunca nadie te dijo que no hables con extraños?" pude advertir el tono burlesco en su voz.
"Creo que lo he oído alguna vez, pero no hice caso. Es mucho más divertido hablar con gente que no conoces, sobre todo cuando la mayor parte de tus conocidos te aburren hasta llorar" el hombre se rió otra vez antes de responder.
"Estoy de acuerdo con eso. Bueno, mis disculpas otra vez por molestarte. Que tengas una linda noche." No pude evitar fruncir el ceño ante la idea de que terminara allí nuestra conversación, pero sabía que era inevitable.
"Lo mismo para ti" contesté.
"Buenas noches"
"Buenas noches" corté la llamada y sin pensarlo dos veces, agregué el número a mi lista de contactos bajo el nombre de 'Extraño' como referencia al asunto de nuestra pequeña conversación. Dejé el teléfono otra vez sobre la encimera de la cocina y me reuní con Alice y Rosalie en el sofá.
"¿Quién era?" preguntaron al unísono en cuanto me senté.
"Número equivocado", contesté, acurrucándome en el sofá para continuar viendo la película.
Diez minutos después, mi celular volvió a sonar. Salté del sofá y tropecé con la mesita de café en mi desesperación por alcanzar el teléfono, deseando que fuera la misma persona de antes.
"¿Quién es esta vez?" inquirió Alice. "¿Es el mismo tipo?". Miré el teléfono y lancé un gemido.
"Es Mike" avisé a mis amigas, deslizando la tapa otra vez para responder. "Hey, Mike" traté de sonar alegre, pero estaba muy lejos de lo que sentía realmente. Sólo podía haber una razón para que Mike me llamara…
"¡Hola Bella! Soy Mike" No jodas, pensé con sarcasmo. "Me estaba preguntando…" ahí venía lo peor, me encogí esperando a que continuara. "Me preguntaba si te gustaría salir esta noche conmigo. Tal vez cenar y ver una película." No, no quería salir con él, lo que quería era gritarle un NO rotundo y colgar inmediatamente, pero no deseaba herir sus sentimientos. Estúpida y amable Bella, me dije a mí misma.
"¿Qué te está diciendo, Bella?" susurró Alice acercándose a mí y presionando la oreja al teléfono.
"Un segundo, Mike" apreté el móvil contra mi hombro antes de responder a Alice, "Acaba de invitarme a cenar y ver una película." Alice me sonrió, radiante, cuando le dije eso.
"Bella, no puedes negarte. ¡Sería una cita! Has estado quejándote por no salir los sábados; y ahora tienes una oportunidad." Tenía razón, por supuesto. Una cita con Mike podía no ser la cita ideal, pero aún así seguía siendo una cita.
Me llevé el móvil al oído de nuevo antes de decir las palabras que jamás creí que diría algún día, "Claro, Mike, saldré contigo… esta noche." Enfaticé las últimas dos palabras para asegurarme de que no interpretara mal mi respuesta. Sólo podía ver a Mike como a un buen amigo, de modo que esta salida sería cosa de sólo una noche y no volvería a repetirse.
Hubo una exclamación al otro lado de la línea y casi pude imaginarme a Mike alzando los puños en señal de victoria. "Te recogeré a las siete y media. ¡Adiós, Bella!" y cortó la llamada. Eché una mirada al reloj y gemí, eran las siete en punto y sólo tenía media hora hasta que Mike estuviera aquí.
Giré sobre mí misma, sólo para ver a una eufórica Alice. Estaba sonriendo de oreja a oreja y dando saltitos en su sitio con evidente excitación. Me aferró la mano y tiró de mí por el corredor, hablando por encima de su hombro: "¡Ven, Rosalie! ¡Tenemos que alistar a Bella para salir!"
"Bella, te ves espléndida." Exclamó cuando por fin ella y Rosalie terminaron de maquillarme, obligándome a darme la vuelta para verme en el espejo. Jadeé impresionada, porque la diferencia con mi apariencia de todos los días era increíble.
"Tu sí que sabes hacer milagros, Alice" alabé su trabajo, deslumbrada. Era difícil de creer que la mujer que estaba frente a mí en el espejo era yo.
"Tonta Bella, tú ya eres naturalmente hermosa. El maquillaje sólo realza tus rasgos." Eso era fácil de decir para ella siendo tan perfecta, al igual que Rose. En comparación con ellas, yo era sencilla y plana. Alice era realmente brillante a la hora de maquillar a alguien. Era como el hada madrina: podía transformar una calabaza en el más hermoso carruaje y hacer de un harapo el vestido más asombroso del mundo.
"Guau, Bella, sí que te ves bien. ¡Vas a hacer que Mike pase la noche babeando por ti!" me dijo Rosalie con un silbido, y luego me señaló el reloj. Tenía sólo cinco minutos para terminar de prepararme.
"¡Más le vale no babear en tu vestido! Lo voy a matar si lo hace." Advirtió Alice con una mirada sombría.
"No te preocupes, Alice, no voy a dejar que se acerque tanto como para babearme. El vestido estará a salvo" le aseguré con una sonrisa. Ella continuó evaluándome, buscando dar el toque final a su trabajo conmigo.
"¡Oh! Tengo algo que va a ir perfectamente con ese vestido." Exclamó con regocijo. "Ven a mi cuarto."
Caminé tras ella mientras se balanceaba alegremente a su habitación y abría su vestidor para tomar un alhajero. "Siéntate" demandó.
Me senté y me quedé mirando mi imagen en el espejo mientras Alice levantaba la tapa de su alhajero y sacaba una gargantilla con forma de corazón. Era una joya admirable; tenía tres piedras preciosas en uno de los lados del corazón y un rubí incrustado entre dos diamantes.
"Guau, Alice, es hermoso. ¿Las gemas son reales?" Alice me sonrió en el reflejo del espejo y asintió con la cabeza mientras me lo ponía en el cuello. El collar descansó en el centro de mi pecho, justo encima del corazón. Continué mirándome con detenimiento hasta que un pedazo de papel en la esquina del espejo llamó mi atención.
"¿Qué es eso?" murmuré, alzando la mano para tomarlo. "Alice, ¿por qué tienes el recibo de la pizza que pedimos la semana pasada pegado en tu espejo?"
"Um… bueno, porque la pizza era muy buena" titubeó ella. Miré el papel que tenía en la mano y observé que mi amiga había dibujado un corazón alrededor del nombre del repartidor, Jasper. Eso explicaba el repentino cambio de gusto por los rubios.
"¡Bella! ¡Ha llegado Mike!" me gritó Rosalie desde el salón. Yo me congelé en mi sitio; de pronto no quería moverme, no quería salir de casa. Alice tomó ventaja de mi distracción y me arrebató el recibo de la pizzería antes de empujarme fuera de su habitación.
Caminé hasta la sala y suspiré de alivio, porque Rosalie no le había dejado entrar a la casa, lo que me daba tiempo para prepararme mentalmente. Busqué mi bolso y tomé mi billetera. "¡Mierda!" mascullé cuando me di cuenta de que no tenía un centavo. "¿Puedo pedirles prestado algo de dinero, chicas?" pregunté, mirando a Rosalie.
"Bella, se supone que en una cita, él debe pagar todo. La mejor manera de asegurarte de que lo haga es no llevar dinero encima. Ni un centavo." Miré a Rosalie fijamente, insegura de salir de casa sin nada en el monedero.
"¿Estás segura…?" pregunté.
"Vamos, Bella, te preocupas demasiado. Si algo sale mal, nosotras dos estaremos aquí. Sólo llámanos y nos ocuparemos de lo que sea que necesites." Agregó Alice en tono tranquilizador.
"¿Están muy seguras de esto?" pregunté, mirándolas con escepticismo, todavía insegura.
"¡SI!" me gritaron al mismo tiempo.
"Está bien" murmuré "Allá voy." Después de que las chicas me dieran un abrazo y me desearan buena suerte, salí para encontrarme con Mike. Él tenía un look casual, con una camisa abotonada y unos jeans. Eso me hizo sentir desentonada, demasiado formal. Genial, pensé, ahora va a creer que intento impresionarlo, cuando en verdad eso es lo último que quiero.
Cuando sus ojos me escanearon y dejó escapar un leve silbido, quise golpearlo. "¡Bella, te ves ardiente!". Hubiera querido vomitar, sus palabras me daban repugnancia.
La siguiente hora fue extremadamente incómoda. Mike parloteó sobre deportes y sobre un montón de otras cosas sin importancia mientras yo trataba de pretender que le estaba prestando atención. En algún punto dejé de fingir y me quedé simplemente mirando por la ventana, sin importarme si él advertía que yo no estaba oyéndole. Escuchar a Mike me daba ganas de arrancarme los ojos; tal vez debería advertirle en el restaurante que mantuviera alejado de mí cualquier tipo de objeto punzante, por si acaso se me ocurría hacer algo drástico.
Cuando finalmente llegamos al lugar, 'El Torito', no esperé a que Mike me abriera la puerta del auto. De hecho hubiera sido engañarme a mí misma el pensar que él haría algo tan caballeroso, así que simplemente me escabullí del interior del coche lo más rápido que me permitía el vestido, y me aseguré de guardar cierta distancia entre él y yo mientras caminábamos hacia la puerta de entrada.
"Hola, bienvenidos a 'El Torito'" nos saludó la anfitriona con una sonrisa. "¿Mesa para dos?" Mejor una mesa para dieciséis comensales, me dije a mí misma, pero de todas maneras seguí a la mujer. Por suerte, nos dio un lugar en el que cabían fácilmente cuatro personas, lo cual me dejaba suficiente espacio para poner entre nosotros. La anfitriona le dio un menú a Mike sonriéndole con coquetería, y me miró con suspicacia cuando me tendió uno para mí.
Puedes quedártelo, pensé, por supuesto, hablando de Mike. Me molestaba la sola idea de que ella estuviera celosa de que fuera yo quien estaba con él. Me estremecí: la sola idea me daba náuseas.
"¿Tienes frío?" preguntó Mike preocupado, imaginando erróneamente la razón de mi escalofrío. Le sonreí y sacudí la cabeza. Lo último que quería era usar su chaqueta, que, por cierto, había dejado en el auto; pero no tenía dudas de que si yo le decía que sí tenía frío, iría a buscarla.
Rápidamente enterré la cara en el menú y leí cada opción cuidadosamente. Sabía exactamente lo que querría comer en menos de dos minutos, pero continué hojeando el menú con tal de no tener que hablar con Mike.
"Hola, mi nombre es Edward, y estaré a su servicio esta noche" escuché decir a una voz aterciopelada. Levanté la mirada con vacilación del menú y me congelé cuando mis ojos dieron con el mesero. Decir que era lindo, es decir poco. Sus ojos eran del verde más brillante que jamás había visto, y yo me perdí en seguida en su mirada. Me sonrió, y yo aparté la vista abochornada cuando me di cuenta de que lo estaba mirando demasiado fijo. "¿Les traigo algo para beber?" preguntó cortésmente.
"Tomaré una coca" respondió Mike inmediatamente. Sonaba molesto. Por qué, yo no tenía ni la menor idea.
"Una coca" repitió Edward girándose hacia mí, "¿Y para ti?" Sabía que estaba viéndome, podía sentir su mirada, pero era demasiado cobarde como para enfrentarlo.
Todavía con la cara escondida tras el menú repliqué: "Agua, por favor". Pero mi voz me traicionó y sólo se escuchó un susurro que no estaba segura de que él hubiera escuchado.
"Y un agua" repitió. Respiré aliviada de que me hubiera oído. Sepulté la cabeza todavía más en el menú y esperé a oír sus pisadas antes de levantar la vista de nuevo.
Cuando se fue, me permití seguirlo con la mirada. Era alto, mucho más alto que yo, con mi escaso metro sesenta. Era delgado pero musculoso. La camiseta blanca que llevaba arremangada hasta los codos daba una perfecta visión de los músculos de sus brazos. No eran abultados, se veían suaves, pero sin duda muy atractivos. Tenía el cabello desordenado de un extraño tono broncíneo. Me lo estaba comiendo con la mirada. Era casi hipnotizante.
"¿Bella?" llamó Mike, agitando la mano delante de mi rostro para atraer mi atención. Me giré hacia él de mala gana, y vi que estaba mirando al camarero con rabia. Me dieron ganas de burlarme de él y sus celos, pero me mordí la lengua y mantuve la boca cerrada.
Mike se recuperó rápidamente y sonrió cuando advirtió que había captado mi atención otra vez, o eso debe haber pensado. En seguida se lanzó a hablar sobre sus compañeros de universidad y todas las bromas que solían hacer. No estaba escuchando, ni siquiera me molesté en fingir, no me interesaba en absoluto. Era aburrido, arrogante y muy pagado de sí mismo. No podía entender por qué a tantas chicas podía gustarles un hombre como él, era… detestable.
Estaba jugando distraídamente con mi tenedor mientras él continuaba parloteando, girándolo en espiral y viendo cómo la luz se reflejaba en él.
"¿Ya decidieron lo que van a querer para cenar?" la voz de Edward me hizo saltar. El tenedor salió volando de mi mano y por poco le pega a Edward en la cabeza. "Lo siento, no pensé que esa pregunta le haría enfadar" se rió mientras se agachaba para recoger el tenedor.
"¡Lo siento mucho!" exclamé "¡Fue un accidente, lo juro!" mi rostro se tiñó de un brillante color rojo y deseé con todas mis fuerzas poder desaparecer y pretender que esta noche nunca había existido.
"No hay problema, la gente me avienta tenedores todo el tiempo" bromeó, todavía sonriendo. "No es gran cosa. Le traeré otro tenedor" Mike se estaba riendo histéricamente de mí, y se ganó una patada en la rodilla de mi parte para que se callara.
"¿Por qué hiciste eso?" aulló, frotándose la parte adolorida.
"Perdona, Mike" repliqué con sarcasmo "Se me resbaló el pie". Edward rompió a reír con mi comentario. Lo miré directamente y le sonreí. Su sonrisa era brillante, iluminaba todo su rostro y realzaba aún más sus ya de por sí hermosas facciones.
"Si ya es seguro, y me da la seguridad de que no me va a lanzar nada, ¿puedo tomar su orden?" me sonrojé y eché una mirada a Mike, que estaba frunciéndole el ceño a Edward.
"De verdad lo siento…" me sonrojé aún más con cada palabra.
"No hay culpa sin sangre" me interrumpió Edward antes de que pudiera decir nada más. "¿Qué les gustaría para comer?" estaba agradecida de que me hubiera perdonado por casi clavarle un tenedor en el ojo, no cualquiera era tan amable.
"Tomaré el fetuccini de pollo" dije, pasándole el menú.
"Yo quiero el pollo con parmesano" musitó Mike, haciendo lo mismo. Edward sonrió y se volteó para irse.
Los ojos de Mike eran como dagas mientras lo seguía con la mirada. Se hundió un poco en la silla. "Bueno… ¿dónde estábamos antes de que fuéramos… tan burdamente interrumpidos?" susurró más para sí mismo que a mí. "Oh, ya recuerdo" y retomó el mismo tema del que había estado hablando antes.
No me enteré de cuándo dejó de contar su relato porque estaba demasiado ocupada pensando en cualquier otra cosa que no fuera él. Me tomó unos segundos darme cuenta de que había tomado mis manos entre las suyas. Miré nuestras manos unidas con los ojos muy abiertos. Mike tenía las manos calientes y sudorosas. Tenía ganas de abofetearlo.
"Estoy pasándola muy bien contigo, Bella" confesó. Después de eso tuve ganas de abofetearlo de verdad. No podía mentir y decirle que también estaba pasándomela bien, eso sólo le daría una impresión equivocada y lo alentaría a querer seguir saliendo conmigo.
"Um, ¿me disculpas un momento, Mike?" le pedí cortésmente.
"Eh, claro, Bella" rápidamente salté de la silla y me encaminé hacia el baño dando traspiés.
Saqué el móvil de mi bolso y miré fijamente la pantalla negra exterior, y lo abrí sólo para encontrarme con otra pantalla negra. "Mierda", mascullé entre dientes. No era un buen momento para que mi celular se quedara sin batería.
Revolví en mi bolso, buscando algún dinero que pudiera usar en el teléfono público… nada. Genial, pensé, voy a tener que pasar otras dos horas y media con Mike.
Abrí la puerta bruscamente, y como salí del baño mirando el suelo y hecha una furia, choqué con alguien. Un brazo me atrapó por la cintura justo a tiempo para mantenerme de pie. "¡Lo siento mucho!" farfullé, y cuando levanté la mirada vi a Edward sonriéndome.
"Has pedido disculpas muchas veces hoy" replicó suavemente. "¿Cuál es el apuro?" me di cuenta de la curiosidad que había en sus ojos y sin dudarlo, le contesté con la verdad.
"Estaba tratando de llamar a mis amigas, pero mi móvil no tiene batería; y porque soy estúpida y escuché sus consejos, ni siquiera tengo algo de dinero para usar un teléfono público."
Él me sonrió con simpatía. "Puedes usar mi teléfono si quieres" dijo, rebuscando en sus bolsillos y tendiéndome un pequeño móvil plateado.
"¿Estás seguro?" pregunté, vacilante. "No quisiera consumirte el crédito." Él ya estaba sacudiendo la cabeza antes de que yo pudiera terminar la frase. Apoyó el celular en mi mano, me tomó de la muñeca y me levantó el brazo para llevarme la mano a la oreja.
"Ya, ya entendí. Gracias." Me soltó la muñeca y se alejó unos pasos para inclinarse despreocupadamente sobre la pared opuesta del corredor. Abrí el teléfono y marqué rápidamente el número de mi casa.
"¡Hola!, te comunicaste con la casa de Alice, Bella y Rosalie. En este momento no podemos atenderte, así que por favor deja tu mensaje." Respondió la voz de Alice desde el contestador. Esperé a que sonara la señal antes de comenzar a hablar: "Alice, Rosalie, si están ahí, ¡contéstenme! Vamos, chicas, sé que están ahí, por favor, atiendan… ¡esta es la peor cita de mi vida! Mike es muy aburrido, no puedo pasar ni un minuto más con él." Hice una pausa y lancé un suspiro frustrado. "Muy bien, es obvio que no van a contestar. Las voy a llamar al móvil." Corté la llamada e inmediatamente marqué el número de Alice.
Sonó seis veces antes de que me contestara su correo de voz. Otra vez, esperé la señal y grabé el mensaje. "Alice, soy Bella. Devuélveme la llamada en cuanto escuches el mensaje. Me niego a pasar un segundo más al lado de Mike. Casi le clavo—" me detuve mirando a Edward, que tenía las cejas alzadas esperando a que continuara esa oración. Continué: "Se supone que iríamos al cine después de cenar, sería como una hora y media de película más la hora que tendrá que conducir para llevarme a casa, y ¡ni siquiera hemos comenzado a cenar todavía! Si ya no puedo soportar un minuto más con Mike… ¡no quiero imaginar cómo serán las próximas tres horas! ¡Llámame!" corté la llamada y en seguida marqué el número de Rosalie. "Una más" murmuré a Edward, que asintió.
El móvil sonó una sola vez y la respuesta fue una voz que dijo "La persona a la que usted está tratando de comunicar se encuentra fuera del área de cobertura." Cerré el teléfono con un suspiro. "¿Fuera del área de cobertura? ¡Se supone que debería estar en casa!" le devolví el teléfono a Edward y apoyé la espalda en la pared, quedando frente a frente con él. Me froté los ojos con ambas manos y traté de pensar en una buena excusa para no ir al cine con Mike.
Una idea se me cruzó por la cabeza y levanté la mirada hacia Edward. "¿Cuánta gente pidió el fetuccini de pollo?" pregunté, esperando que me dijera que sólo un par de personas lo habían pedido, o mejor aún, que sólo yo lo hubiera hecho.
"Muchísimas. No llevo la cuenta. ¿Por qué?" frunció el entrecejo, confundido, seguramente tratando de encontrar una buena razón para que yo quisiera saber cuánta gente había ordenado ese plato.
"¡Diablos! Supongo que una intoxicación por ingesta de comida en mal estado no sería muy creíble, porque yo sería la única enferma."
Edward negó con la cabeza. "No, eso no sería muy convincente. Pero, ¿por qué quieres pretender que te intoxicaste?"
Alcé las cejas antes de responder. "¿Me vas a decir que no estuviste escuchando mi conversación telefónica?" Estaba segura de que él había oído todo. Generalmente, la gente escucha perfectamente cuando alguien mantiene una conversación a sólo cuatro pasos de distancia.
"Honestamente, no escuché ni una palabra de lo que dijiste. Es de mala educación escuchar las conversaciones ajenas." Sé que estaba tratando de sonar alegre, pero su tono de voz era serio y esto me hizo reír.
"Bueno, gracias por no escuchar mi conversación. La razón por la que quiero fingir un envenenamiento es Mike. Quiero huir de él. Me está sofocando, creo que si tengo que pasar otro minuto a su lado voy a explotar. Es extremadamente aburrido, y presumido y… ¡no puedo quedarme aquí!" Edward me sonrió, el hecho de que yo odiara a Mike parecía gustarle.
"Yo podría llevarte a tu casa" me ofreció en un tono casual.
"Muy listo, pero hay un problema. Mike está esperando a que yo vuelva del baño. Si desaparezco, es probable que él arme toda una escenita. Es por eso que se me ocurrió lo de la comida en mal estado." Edward asintió. Se veía muy concentrado en el asunto.
"Creo que tengo una idea que podría funcionar." Replicó "Pero te la diré con una condición"
Lo miré con los ojos entrecerrados antes de preguntar: "¿Qué condición?" Sinceramente, me daba mucha curiosidad saber cuál era su condición, aunque sabía que, fuera lo que fuera, podría soportarlo. Estaba muy desesperada por escapar de Mike, y además, por alguna razón confiaba en Edward. Acababa de conocerlo, pero algo dentro de mi cuerpo me daba la seguridad de que él era una buena persona, y el resto de mí simplemente quería creerlo.
"Bueno, viendo que tú ya sabes mi nombre, pienso que es justo que me digas el tuyo." ¿Eso es todo?, pensé. Por supuesto que le diría mi nombre. De hecho, me entusiasmaba que Edward quisiera saber mi nombre, eso tenía que significar algo.
"¿Y desde cuándo el mesero necesita saber el nombre de sus clientes?" bromeé. Él me sonrió con picardía y dio un paso hacia mí, acortando la distancia entre nosotros.
"Desde el momento en que el mesero está predispuesto a ayudar a su cliente para escaparse de 'la peor cita de su vida'" dijo, enfatizando las últimas palabras. Comprendí de inmediato el sentido de sus palabras.
"¡Estuviste escuchando!" acusé, pero él sólo se rió entre dientes.
"Por supuesto; es difícil no escuchar lo que dice alguien estando tan cerca de ti" y se acercó otro paso hacia mí, como para corroborarlo. Ahora no había más que veinte centímetros entre mi cuerpo y el suyo, y una parte de mí deseaba locamente cortar esa pequeña distancia. La otra parte de mí, la más lógica, me decía: ¡Corre, Bella, huye! ¡Acabas de conocerlo, por el amor de Dios! Y sin embargo no escuché a ninguna de las dos partes opuestas, sino que me quedé allí, apoyada contra la pared, con Edward parado tan cerca que podía alzar una mano y tocarlo.
Dio otro pequeño paso hacia mí, inclinándose para susurrarme al oído: "¿Comprendes ahora lo difícil que es no escuchar a alguien que te está hablando tan cerca?" Asentí con la cabeza, incapaz de formular una oración coherente con él tan tentadoramente cerca. Edward tenía un olor asombroso. Cerré los ojos y aspiré su aroma dulzón con un suspiro. En ese momento lo único en lo que podía pensar era en fundirme en sus brazos, enrollar los míos alrededor de su cuello y… ¿Pero qué demonios estaba pensando? ¡No sabía nada de este tipo, no lo conocía! ¡No podía estar pensando en esas cosas!
"Entonces… ¿me vas a decir tu nombre?" susurró Edward, soplándome su aliento en la oreja, haciéndome estremecer.
"Bella, me llamo Bella Swan" repliqué, deslumbrada. Él se apartó un paso de mí y extendió el brazo.
"Encantado de conocerte, Bella, mi nombre es Edward Masen." Sonrió, estrechando mi mano.
"Encantada de conocerte también, Edward. Ahora… ¿me dirás cuál es tu plan?" echó la cabeza hacia atrás y se rió.
"Realmente quieres abandonar a tu cita, ¿cierto?" eso era, obviamente, una pregunta retórica, pero de todas maneras asentí firmemente. "Muy bien, esto es lo que vamos a hacer…"
N/T: ¿Y bien? ¿Qué les pareció? Sinceramente espero que les haya gustado.
Hay una foto del collar de Bella en el perfil de Jessica (la autora de este fic), si quieren verlo, aquí les dejo el link: http : // www . fanfiction . net / u / 1321151 / softballgirl1136
Estuve teniendo problemas con mi conexión a Internet estos días, pero anoche milagrosamente recuperé el servicio y me puse a traducir el final de este capítulo como una loca. El lunes empiezo la cursada en la universidad y sé que no voy a tener tanto tiempo libre, es probable que no pueda publicar con tanta frecuencia. Tomen esto como una disculpa por adelantado.
Aunque ya me encargué de agradecer personalmente todos los reviews que me dejaron (y lo hago porque estoy la mar de contenta con sus comentarios), les agradezco por aquí a los anónimos. Miles de millones de gracias por sus reviews! 25 es un número genial. Gracias de verdad!
Por cierto... tengo a punto unos drabbles de toda la saga que escribí hace un tiempo, y no sé que hacer con ellos... ¿alguna idea? :P
