Importante: 'Dateless for too long' pertenece a softballgirl1136, yo sólo la traduzco.

La historia original: http : // www . fanfiction . net /s / 3986879 / 1 / Dateless _ For _ Too _ Long


Mi beta salió de viaje. Así que a la cuenta de tres, todas le deseamos un buen viaje. 1, 2, 3... ¡Buen viaje, Sowelu! ¡Te queremos! ^^


14. ¿Es una cita?

Bella POV

La lluvia seguía golpeando con fuerza mi rostro mientras nos dirigíamos hacia el edificio. La mano de Edward continuaba aferrando firmemente la mía mientras corríamos, y por primera vez en mi vida no sentía miedo de tropezar. Algo dentro de mí me decía que Edward no me permitiría caer.

Él todavía estaba intentando mantener el paraguas sobre mi cabeza. Era un gesto muy dulce de su parte, sin importar que no tuviera éxito.

Una vez que estuvimos bajo techo pudimos dejar de correr y caminar a un ritmo más tranquilo. Edward no dejó de sostenerme la mano mientras subíamos las escaleras hacia mi apartamento. Una vez allí me agaché para recoger la llave de debajo del tapete. No había traído mi bolso de vuelta cuando entré a dejar el regalo de Rosalie en mi habitación.

"¿Debajo del tapete?" preguntó Edward en tono divertido. Alcé la vista para encontrarme con su hermoso rostro sonriéndome con una ceja alzada.

Me encogí de hombros. "¿Qué hay con eso?"

"¿No es un poco… obvio?" Sus ojos verdes brillaban divertidos, eso sólo lo hacía más hermoso. Rodé los ojos y abrí la cerradura. Al abrirla dejé la llave donde estaba y le hice un gesto a Edward para que entrara. Obedeció sin decir nada.

Cerré la puerta detrás de mí y tomé un breve respiro antes de darme la vuelta. Edward no me estaba mirando, su atención estaba puesta en el apartamento. En ese momento me di cuenta de algo: estábamos en mi casa. ¿Qué si yo había dejado algo embarazoso tirado por ahí?

Mis ojos escanearon rápidamente todo el lugar, y suspiré aliviada al darme cuenta de que todo estaba en perfecto orden. Esperé pacientemente a que Edward se diera la vuelta. Cuando lo hizo, sobre su boca se dibujó la más perfecta de las sonrisas que yo había visto en mi vida. Mi corazón dio un brinco dentro de mi pecho. Desvié la vista de él sintiendo cómo mis mejillas comenzaban a arder.

"Lindo lugar," comentó.

"Gracias," respondí, todavía sin mirarlo directamente. Sólo pasó un segundo antes de que sintiera la mano de Edward bajo mi barbilla, sus ojos buscando encontrarse con los míos. Me sorprendió su toque, no lo había oído acercarse. Pero mi cuerpo se relajó completamente cuando nuestras miradas se encontraron.

"Estás mojada," señaló tomando un mechón de mi cabello y apretándolo ligeramente. El agua resbaló por entre sus dedos y cayó al piso sobre la alfombra.

"Tú estás peor," me reí. Dejé que mi rostro vagara por su pecho. Su camiseta blanca y húmeda se le pegaba al torso, acentuando los músculos de su cuerpo perfecto. Sacudí la cabeza mentalmente y volví a enfocarme en los ojos de Edward. Tomé su mano y lo arrastré por el corredor.

"Ven," fue todo lo que dije.

"Bella, ¿qué estás haciendo?" Preguntó confundido. No le respondí. "Bella…."

"Ya verás," le interrumpí. Lo llevé hasta mi habitación y lo dejé ahí solo para dirigirme al cuarto de baño. Rápidamente cambié las toallas viejas por unas sin usar y luego volví al cuarto.

"Ve a tomar una ducha," le dije, señalándole el baño. "Cuando entres, pásame tu ropa y yo la secaré." Edward alzó una ceja.

"Bella, no me va a tomar cuarenta minutos tomar una ducha; y sinceramente dudo que tú tengas ropa que a mí me quepa…"

Sacudí la cabeza. "Estás equivocado." Edward me observó dubitativo. Rodé los ojos, acercándome a mi vestidor y abriéndolo para sacar una enorme camiseta de hombre y un par de shorts de pijama de franela.

Le tendí las dos cosas a Edward. "La camiseta seguramente es demasiado grande, pero no creo que sea un problema. Y los shorts del pijama son elásticos, así que supongo que también estarán bien."

"¿Por qué tienes una camiseta de hombre, Bella?" Preguntó Edward mirando el talle de la etiqueta.

Me encogí de hombros. "Es una de las viejas camisetas de mi padre. Son cómodas para dormir… Y también para cuando estoy enferma y no puedo salir de casa."

Edward asintió lentamente. "Bueno, supongo que entonces yo voy primero, aunque creo que lo correcto sería que tú te ducharas primero." Me dio una mirada significativa, pero yo no respondí. Cuando se dio cuenta de que yo no iba a decir nada, suspiró con resignación. "El agua caliente se sentirá bien. Esa tormenta me dejó congelado." Asentí de acuerdo con eso.

Edward tomó las ropas, sus manos rozaron ligeramente las mías, y luego se metió en el baño. Unos minutos después me tendió sus ropas húmedas por la puerta entreabierta.

Cuarenta y cinco minutos después, los dos estábamos duchados y vestidos de nuevo con ropa seca. Edward se había vuelto a poner su propia ropa, todo se había secado poco después de que yo terminara de ducharme. Los dos nos sentamos en la sala, en silencio y sin saber qué decir; pero no era un silencio incómodo, no al menos para mí.

Nos quedamos sentados en el sofá escuchando la lluvia golpeteando con fuerza contra la ventana. Ocasionalmente Edward acomodaba un mechón de cabello rebelde detrás de mi oreja, causando que mi corazón latiera aceleradamente y mis mejillas se incendiaran al rojo vivo.

"¿Te gustaría tomar un café?" Pregunté de repente, poniéndome de pie de un salto para meterme en la cocina.

Edward también se levantó. "Un café estaría bien. Gracias." Le sonreí, encantada con que fuera tan caballero y hablara de esa manera tan formal.

Caminé despacio hacia la cocina y Edward me siguió en silencio. Se apoyó casualmente en la barra de la cocina y se me quedó mirando mientras yo preparaba la cafetera. Traté de no mirarlo mucho por miedo a distraerme, pero fallé estrepitosamente. La manera en que se había apoyado contra el mostrador de la cocina había hecho que su camisa se estirara sobre su torso, remarcando sus perfectos músculos.

"¿Clásico o descafeinado?"Inquirí, tratando de alejar esos pensamientos de mi mente.

"El que tú prefieras," respondió despreocupadamente.

"Edward, tú eres mi invitado," señalé. "No importa lo que yo prefiera, tú elige." Él esbozó su sonrisa torcida y sacudió la cabeza.

"De verdad me da lo mismo," contestó. "Los dos me gustan." Entonces preferí morderme la lengua para no replicar y elegirlo yo misma.

Saqué el recipiente del café descafeinado de Alice –porque Dios sabe que ella no necesita cafeína en su cuerpo- y me dispuse a preparar el café para ambos. Cuando estuvo listo separé una taza para mí y una para Edward.

"¿Quieres crema?" Pregunté. Edward asintió y sonrió.

Dejé la taza frente a él y me dirigí hacia la mesa del comedor. Edward me siguió y se sentó frente a mí. Nos quedamos en silencio al principio, disfrutando de la calidez de nuestros cafés en aquel día tan frío. Yo sostuve la taza entre las dos manos para calentarlas.

"¿Cuál es tu película favorita?" Edward rompió el silencio de pronto. Lo miré con curiosidad, pero él sólo se encogió de hombros.

"Es un empate entre Romeo y Julieta y Mouline Rouge," respondí sin pensarlo dos veces.

Arqueó las cejas. "¿Y por qué?"

Bajé la mirada hacia la taza, repentinamente avergonzada. Edward se inclinó sobre la mesa para alzarme la cabeza gentilmente, obligándome a mirarlo a la cara. Me sonrió cálidamente, su gesto fue suave y confortable.

"Dime," pidió en un susurro tan bajo que apenas alcancé a oír.

Sacudí la cabeza despacio. "Te vas a reír." Estaba segura de eso.

"No me reiré," protestó. Fruncí el entrecejo. "Lo prometo," agregó con una sonrisa.

"¿Qué prometes?"

"Que no me reiré," no lo estaba viendo a la cara, pero su rostro escondía una sonrisa. Cuando levanté la mirada fui sorprendida por la sonrisa más hermosa que le había visto jamás. Me olvidé cómo formular una palabra. "¿Bella?" Su mano rozó la mía suavemente sacándome de mi trance. Sacudí la cabeza y le sonreí.

"Lo siento," me disculpé; y él me hizo un gesto para que continuara. Tomé un profundo respiro antes de responder a su pregunta. "Admiro la relación que tienen Romeo y Julieta, y también la de Christian y Satine."

Edward no se rió. "¿Qué quieres decir con que la 'admiras'?" Inquirió, confundido.

"Las dos relaciones son muy… reales," empecé. "Ninguno de ellos tiene esa relación perfecta que lees en los cuentos de hadas o en las películas de Disney. Para mí, esas son los vínculos más parecidos a los de hoy en día. Nadie tiene una relación de pareja perfecta, y estas dos parejas en particular… bueno, ellos tampoco son perfectos. Pero hacen lo mejor que pueden."

Otra vez, Edward no se rió. "¿Y por qué pensaste que iba a reírme de eso?" Se preguntó en voz alta, pero me di cuenta de que no estaba hablando conmigo. Aún así respondí.

"Bueno…, te dije que admiraba las relaciones de Romeo y Julieta y de Christian y Satine; y ninguna de esas dos historias de amor termina bien." Entonces sí sonrió.

"Prometiste que no te ibas a reír," le regañé.

"Prometí que no me reiría de la razón por la que te gustan esas dos películas. Pero no te prometí que no me reiría de la razón por la que tú creíste que yo me reiría." Lo pensé por un momento y finalmente asentí.

"Bueno, tienes mi permiso de reírte." Él arqueó una ceja y yo sólo sonreí.

"Bella, ¿crees en el amor verdadero?" Preguntó de repente.

"¿Qué?" Exclamé, sorprendida.

"¿Crees en el amor verdadero?" Repitió despacio, pronunciando con cuidado cada palabra. Miré mi taza de café, viendo mi imagen reflejada en el líquido oscuro, y luego volví a alzar la cabeza.

"¿Por qué lo preguntas?"

"Por la forma en que me explicaste las relaciones que tienen Romeo y Julieta y Christian y Satine. Dijiste que ellos tenían relaciones muy reales, no como en los cuentos de hadas. Eso me hace preguntarme, ¿crees en el amor verdadero?"

"Um," hice una pausa, tratando de encontrar la forma correcta de expresar lo que estaba a punto de decir. "Creo que hay alguien ahí afuera para todos. Que cada uno tiene una persona con la que está destinada a estar, aunque no siempre se encuentran."

"Eso no responde a mi pregunta," comentó. Mierda. Es muy observador.

"Oh. Um, bueno, supongo que sí, sí creo en el amor verdadero." Murmuré la última parte, y no estuve segura de que él alcanzara a oírla, pero cuando levanté la mirada otra vez él me estaba regalando su preciosa sonrisa.

"¿Y qué opinas del amor a primera vista?" Preguntó en un susurro. "¿Crees en el amor a primera vista, Bella?"

Mis ojos se desviaron hacia la superficie de la mesa, y pude sentir cómo mis mejillas comenzaban a arder por el torrente sanguíneo acumulándose ahí. Mi corazón comenzó a latir como loco dentro de mi pecho al oír sus palabras. Era una reacción ridícula; no podría explicar por qué reaccioné así…. Pero cuando miré a Edward directamente a la cara, lo comprendí.

Su hermoso rostro estaba cruzado por una sonrisa gentil, sus ojos verdes parecían brillar bajo la tenue luz del comedor, y su pálido rostro perfecto parecía resplandecer.

"Te lo haré saber cuando lo sepa," respondí finalmente. La sonrisa de Edward se ensanchó y pareció que iba a inclinarse hacia mí, provocando que mi corazón latiera con furia otra vez.

"¡Date prisa Rose, se me van a caer los brazos!" Escuché claramente la voz de Alice al otro lado de la puerta. Un instante después oí el sonido de una llave girando en la cerradura y la puerta abriéndose.

Alice entró caminando graciosamente por la puerta abierta con los brazos repletos de bolsas de compra. Rosalie venía detrás con tantas bolsas como ella. Las dos arrojaron sus compras sobre el sofá sin siquiera notar que Edward y yo estábamos sentados en la mesa del comedor.

"¡Voy a arrojar a la basura todo lo que contenga cafeína en este edificio!" Declaró Rosalie con una mirada furibunda a Alice. "Te prohíbo volver a consumir algo con cafeína."

"Pero, Rose…," se quejó ella corriendo hacia la cocina, pero deteniéndose a medio camino cuando divisó a Edward sentado conmigo a la mesa. "Mr…, uh, Edward, ¿cierto?" Supe que estuvo a punto de llamarlo 'Mr. Sexy', pero para mi gran alivio se corrigió justo a tiempo.

Edward le sonrió. "Sip, ese soy yo," replicó tranquilamente. Alice dio unos saltitos emocionados.

"¡Es genial conocerte por fin!" Chilló. "Bella ha hablado mucho de…" Las palabras de Alice se perdieron cuando Rosalie le puso una mano en la boca para acallarla.

"Lo siento mucho… perdona a Alice, se ha excedido un poquito con su dosis de cafeína hoy. Generalmente se pone como loca…"

Edward rió entre dientes. "No hay problema."

"Por cierto, soy Rosalie," se presentó. "Y esta es Alice."

"Gusto en conocerlas," asintió Edward educadamente. "Mi nombre es Edward."

"¡Ouch!" Gritó Rosalie de pronto. "¡La endemoniada duende me mordió!" Exclamó, quitando la mano de la boca de Alice.

Edward paseaba la mirada entre una y otra con una expresión divertida mientras yo escondía la cabeza entre mis manos sintiendo mis mejillas arder.

"Um, chicas, ¿no tienen que… eh, guardar sus cosas?" Pregunté antes de que ninguna de las dos pudiera decir nada más. Alice me frunció el ceño y dirigió la mirada a las bolsas sobre el sofá. Dejó escapar un ligero suspiro y tomó la mano de Rose para llevarla hasta el sofá. Entre las dos recogieron todas las bolsas que pudieron cargar y salieron por el pasillo hacia sus habitaciones.

"Perdón por eso," me apresuré a decir cuando se fueron, sintiendo la necesidad de disculparme por el comportamiento de mis amigas. "Alice puede ser un poquito… hiperactiva, algunas veces. Pero es una gran amiga… cuando no me está arrastrando al centro comercial." Agregué la última parte en un murmullo, pero Edward lo oyó y esbozó su sonrisa torcida.

"Tus amigas parecen… interesantes," se rió.

"Oh, son geniales. Créeme, nadie querría meterse con Rose. Y Alice es la chica más festiva de la la número uno en el planeamiento de las fiestas, especialmente las de último minuto." Mis pensamientos discurrieron hacia la fiesta de disfraces que Alice estaba organizando para el cumpleaños de Rose. Me encontré pensando en los vestidos y las máscaras, el baile, las luces….

"Parecen ser grandes amigas," la voz de Edward me trajo de vuelta de mi ensoñación.

"Lo son, y yo soy muy afortunada de tenerlas." Él asintió.

"Los amigos son muy importantes." Y esta vez fui yo quien asintió con la cabeza.

"Ellos definitivamente hacen la vida más interesante," me reí, haciendo un rápido repaso por las locuras que habíamos cometido Alice, Rosalie y yo.

"Bella, ¿te gusta el béisbol?"

El repentino cambio de tema de Edward me tomó por sorpresa. "Um… sí, me gusta. Aunque rara vez me siento a ver un partido de béisbol en la tele." Edward frunció el ceño.

"¿Te gusta más verlo directo en el estadio?" Preguntó.

"Es mucho mejor en directo," asentí. La sonrisa que esbozó Edward era definitivamente deslumbrante, y sus ojos brillaron de emoción. "¿A qué viene la pregunta?"

"Bueno… mis amigos y yo vamos a ir al juego de apertura del torneo de béisbol mañana, y tenemos una entrada de sobra…." Mi corazón empezó a latir con fuerza por la anticipación a sus siguientes palabras. Sus ojos ardieron mientras me miraba directamente a los ojos. "…Y me estaba preguntando si te gustaría ir con nosotros," concluyó.

Abrí la boca para contestar. "¡Bella!" Alice entró bailoteando al comedor. "Necesito tu ayuda con algo, Bella, ¿podrías venir un momento?" Miré a mi amiga con incredulidad. ¿Tenía que ser tan inoportuna…?

"¿Por qué no puede ayudar Rose?" Pregunté, tratando de mantener a raya mi indignación por su interrupción.

"Necesito tu ayuda y la de Rose," aclaró ella. La miré con confusión. "En serio, Bella." Sacudí la cabeza y miré a Edward.

"Lo siento. En seguida regreso."

"No hay problema," respondió. Su sonrisa había decaído un poco, pero aún así resultaba deslumbrante.

Me puse de pie a regañadientes y seguí a Alice hasta su habitación. Rose estaba sentada en la cama con una sonrisa de oreja a oreja. "¿Para qué me necesitan, chicas?" Pregunté con recelo.

Alice me sonrió. "Bella, ¿qué le vas a responder a Mr. Sexy?" Espetó, volviendo a utilizar el sobrenombre que le había puesto a Edward.

Suspiré. "Estoy empezando a pensar que en realidad no me necesitan aquí…" Comenté con una mirada acusadora para ambas.

"Duh," la sonrisa de Rose se hizo más prominente aún.

"¿Y bien?" Insistió Alice, comenzando a dar saltitos de emoción esperando a que yo contestara su pregunta. Suspiré derrotada, era imposible eludir esa pregunta. Me lo harían decir de cualquier manera.

"Supongo que voy a aceptar," confesé.

"¿Supones?" Se burló Rose. "Bella, tú definitivamente quieres ir a ese juego." Sonreí y asentí en silencio.

Alice me abrazó. "Bella, ¡esta va a ser tu primera cita de verdad!" Chilló.

"Shh Alice, cálmate," la chisté. "Y eso no es cierto. He tenido otras citas." Ella me miró con ironía.

"Bella, ¿en cuántas citas a las que realmente querías ir has estado?" Inquirió, ya sabiendo la respuesta.

"Ninguna," murmuré. "Pero ésta tampoco es una cita," agregué.

"Bella, Edward acaba de pedirte que fuera al juego de béisbol con él. ¿Por qué crees que eso no cuenta como cita?" Exclamó Rose.

Suspiré. "Porque sus amigos también van a estar ahí. Así que… no es una cita." Rosalie rodó los ojos, pero el rostro de Alice se iluminó completamente.

"¡Bella! ¿Comprendes lo que acabas de decir?" Chilló otra vez, dando saltitos emocionados y aplaudiendo con entusiasmo.

"Que ir al juego de béisbol con Edward no será una cita porque sus amigos van a estar ahí también…" repetí, sin comprender por qué Alice brincaba por eso.

Ella me miró fijamente, como si me estuviera perdiendo de algo importantísimo. Suspiró cuando continué mirándola con confusión. "Bella, sus amigos van a estar allí," enfatizó.

"Sí, ¿y qué?"

Suspiró con frustración. "¡Eso significa que él quiere que conozcas a sus amigos! ¿Tienes idea de lo importante que es eso?" Puse los ojos en blanco.

"Alice, Edward y yo no nos conocemos hace tanto. Esto no es como lo estás haciendo parecer…"

"Bella, es mejor de lo que tú lo ves," Rosalie me puso una mano en el hombro y me volteó para que quedara enfrentada al espejo de la habitación. "Mírate," señaló mi reflejo. "Mira la sonrisa que tienes pegada a la cara, creo que nunca antes te había visto sonreír así." Alzó la mano y rozó ligeramente mi mejilla. "Y mira lo que es ese adorable sonrojo…."

"Siempre me sonrojo," interrumpí.

"No de esta forma," replicó. "Sólo mira el color de tu piel…. Bella, estás radiante." Di un rápido paso hacia atrás y las miré a ambas fijamente.

"No sé qué es lo que están tratando de hacer ustedes dos, pero por favor, deténganlo."

"¿A qué te refieres, Bella?" Preguntó Alice inocentemente.

"Tú sabes a qué me refiero. Si voy al juego con Edward mañana, no será una cita. Así que pueden desterrar esa idea de sus cabezas ahora mismo." Alice y Rosalie abrieron la boca al mismo tiempo para discutir, pero las corté con un gesto. "Ahora, si me disculpan, estoy malgastando mi tiempo aquí; y aún no le he dicho que sí a Edward."

Giré sobre mis talones y salí rápidamente de la habitación sin mirar por sobre mi hombro. Podría jurar que antes de salir escuché la voz de Alice diciendo "Está en negación."

"Lo siento," me disculpé con Edward en cuanto entré en el comedor. "Mis amigas son las más inoportunas del mundo." Él me sonrió y me señaló el asiento donde antes estaba sentada.

"¿Resolvieron el problema?" Preguntó en tono divertido. Me pregunté si acaso no habría escuchado algo de la conversación que acababa de tener con mis amigas.

"Um… sip," mentí. "Ahora… ¿en qué estábamos?" Pregunté, tratando de cambiar de tema.

"¿Te gustaría ir al juego de béisbol conmigo mañana?" Volvió a preguntar, mirándome por entre sus pestañas y haciendo que mi corazón bombeara más fuerte que nunca y el aire se atascara en mi garganta.

"Um… sí, claro que me gustará ir," dije, sonando sorprendentemente coherente. El rostro de Edward se iluminó y estiró la mano sobre la mesa para tomar gentilmente la mía. Su pulgar acarició el dorso de mi mano suavemente, y ese sencillo gesto podía hacer que mi corazón latiera aún con más fuerza.

"Gracias," susurró. Sus hermosos ojos verdes parecían estar viendo el interior de mi alma.

Pude sentir el sonrojo acumulándose en mis mejillas. Bajé la vista hacia nuestras manos unidas, y luego volví a mirarlo a los ojos; y estaba a punto de responderle cuando su móvil sonó.

Soltó mi mano con un suspiro frustrado. "Un segundo." Buscó en su bolsillo y sacó su nuevo teléfono para atender la llamada. "¿Qué quieres, Emmett?" Fue su saludo. "¿En serio?" Preguntó con incredulidad. "¡Es un genio!" Fruncí el ceño, confundida, pero él me hizo un gesto con la mano. Esperé pacientemente a que terminara la conversación telefónica. "Sí. Eso es fantástico, sí, perfecto. Volveré pronto a casa y discutiremos eso." Edward escuchó la respuesta de la otra persona en silencio y agregó "Sí, exacto. Hablamos luego, Emmett."

Cerró el teléfono y me sonrió de oreja a oreja.

"¿Y eso qué fue?" Pregunté con curiosidad.

"Te enterarás mañana," respondió con esa gloriosa sonrisa suya. "Es una sorpresa." Sonreí y asentí. Generalmente odio que la gente me haga una sorpresa, pero por alguna razón me sentí muy curiosa y entusiasmada por ésta sorpresa.

"No puedo esperar," repliqué.

Edward echó una mirada al reloj de su móvil y suspiró. "Debo irme ya. Tengo que trabajar esta noche."

"Oh, así que… ¿recuperaste tu trabajo?"

Edward asintió sin emoción. "Desafortunadamente."

"Lo siento." Él sacudió la cabeza con una sonrisa bailando en sus labios.

"No lo sientas, no es tu culpa que yo tenga una jefa loca." No pude evitar reírme de la forma en que se refirió a Tina. Se puso de pie y yo hice lo mismo para acompañarlo hasta la puerta.

"El juego es a las dos y media, y toma como tres horas cuarenta y cinco llegar a Seattle en coche… así que estaré aquí a eso de las nueve. ¿Está bien?"

Asentí. "Suena genial."

"¿Tienes una camiseta de los Mariners?" Preguntó, y yo sacudí la cabeza. "Pues yo tengo un jersey extra, lo traeré para ti."

"Gracias," sonreí, abriendo la puerta y quedándome de pie en el umbral junto a Edward. Él tomó mi mano y la llevó a sus labios. "Me alegra mucho volver a verte, Bella," susurró sin despegar los labios de mi piel.

"Gracias por rescatarme de nuevo," repliqué, casi sin aliento. El cuerpo de Edward se sacudió levemente por su silenciosa risa.

"Fue un placer," contestó, soltando por fin mi mano, que cayó a un lado de mi cuerpo con desgano. "Hasta mañana." Se inclinó y presionó sus labios suavemente contra mi mejilla, y luego se giró para irse sin decir una palabra más.

"Hasta mañana," repetí en un susurro, aún consciente de que ya no podía oírme. Alcé la mano de manera inconsciente y acaricié el lugar donde habían estado sus labios momentos antes. Sonreí para mí misma. Mañana será un día magnífico, pensé.


Si están pensando "¿¿EN LA MEJILLA??"... Bueno, yo pensé lo mismo cuando lo leí XD No me echen la culpa, díganselo a la autora. Ella es la que ideó esto, no yo.

¿Qué les pareció este capítulo? He estado aquí lo más pronto que pude, verdad que soy genial? :P ¡Sólo pasaron 10 días desde la última actualización!

He notado que los reviews descendieron desde la última vez... ¡no sean así conmigo! Voy a lloraaaaaaaar!!

Acabo de terminar de traducir el siguiente capítulo. Es un poco más largo que éste, y teniendo en cuenta que Gloria está de viaje, posiblemente se haga esperar un poco más. ¡No voy a estar molestándola en sus vacaciones! Dejémosla descansar un poco, se lo merece.

Como siempre, les agradezco mucho, pero mucho más que mucho, que continúen siguiendo esta historia. Gracias por los reviews, por el ánimo, por las alertas y los favoritos. Gracias a los que vienen leyendo desde que empecé esta traducción, y muchas gracias también a los que se han sumado en estos últimos capítulos. Y también gracias a los que vendrán. No me olvido de nadie, ¿cierto?

Oh, y estoy orgullosa de decir que esta vez he tenido tiempo de responder a todos y cada uno de sus reviews. La universidad es aplastante, toma mi tiempo y lo consume. Pero ahora estoy en un receso -breve, pero suficiente para recomponer energías... ¡espero!- y puedo tomarme el tiempo para dar una breve respuesta a sus comentarios. Me siento realizada =D

Pronto volveré con más noticias. He estado pensando en traducir algo más... o tal vez empezar a colgar un longfic que he estado escribiendo... hmmm.. no sé, no sé. Ya se verá en su momento.

¡Vale, ya me voy! ¡Hasta la próxima, señoritas... y señor! :D