Importante: 'Dateless for too long' pertenece a softballgirl1136, yo sólo la traduzco.

La historia original: http : // www . fanfiction . net /s / 3986879 / 1 / Dateless _ For _ Too _ Long


Sowelu se va a reír cuando lea esto, porque se me han acabado las ideas originales. Pero ella es nuestra beta y merece publicidad y agradecimiento. ¡Gracias Glo! :)



19. El faro

Bella POV

Mientras nos acercábamos a la costa bajaron las velas. El barco fue aminorando la marcha y finalmente ancló.

"Ángela, ¿les gustaría a ti y a Ben venir con nosotros?" Preguntó Jasper antes de embarcarnos en un bote de remos.

"¡Oh, sí, por favor vengan con nosotros!" Exclamó Alice, corriendo hacia Ángela y tomándola de las manos para empujarla hacia el bote. "No deberían quedarse aquí mientras nosotros nos divertimos."

"No lo sé, chicos, quiero decir, no quiero entrometerme…" comenzó Ángela, pero se calló cuando vio a Alice sacudir la cabeza.

"Es lo mínimo que nosotros podemos hacer por ustedes," los persuadió Edward, curvando la boca en su impresionante sonrisa torcida. Comprendí a Ángela cuando vi la expresión de su rostro; podía decir que su sonrisa tenía el mismo efecto en ella que tenía en mí.

"Anda, Ang," se nos unió Ben, enredando un brazo alrededor de su cintura y depositando un beso en su mejilla. "El barco estará bien si lo dejamos anclado aquí por sólo un par de horas." Ángela miró hacia abajo, a los ojos suplicantes de Ben, y lo que quedaba de sus defensas se quebró.

"Está bien," accedió, inclinándose para besar a Ben. "Gracias," dijo cuando volvió a mirarnos a nosotros. "Vámonos ya."

Nos señaló el bote y comenzó a descenderlo. El brazo de Edward estaba fuertemente enroscado alrededor de mi cintura, sosteniéndome apretadamente contra su costado, mientras el bote de remos se mecía gentilmente en su descenso hacia el agua.

"Eso que hiciste no fue muy amable," cuchicheé a Edward mientras el bote continuaba descendiendo.

"¿A qué te refieres?" Susurró él, mirándome con sus verdes ojos llenos de diversión.

"Cuando trataste de convencer a Ángela," clarifiqué. "La pobre chica no tenía otra opción. Además, tú no deberías tratar de deslumbrar a la gente cuando su prometido está de pie justo al lado."

Edward rompió a reír. Yo entrecerré los ojos y torcí los labios en un gesto de desaprobación. "Bella, no estaba tratando de deslumbrar a Ángela, simplemente estaba intentando alentarla."

"Bueno, obviamente no le viste la cara cuando le lanzaste esa sonrisa infartante ." Ante la sola mención, reapareció su sonrisa torcida.

"¿Infartante, huh?" Sonrió ampliamente. Mi corazón reaccionó logrando mi descripción absolutamente verdadera. "Honestamente, espero que no sea así," continuó. "Disfruto demasiado de tu compañía."

Sentí cómo la sangre fluía directamente hacia mis mejillas, dándole calor a mi rostro ante sus palabras. "Bueno, se acerca bastante," logré decir.

El bote llegó al agua con un sonoro slap. El agua salpicó contra los bordes del bote y onduló hacia afuera como en efecto dominó.

Ángela deslizó rápidamente la escalera por un lado del barco y luego Ben y Emmett la ayudaron a saltar al bote. Tuvimos que apiñarnos para entrar los ocho en el bote, apenas cabíamos con remos y todo.

Con Emmett y Ben remando, el pequeño bote se deslizó rápidamente hacia la orilla, cortando el agua como un cuchillo, balanceándose suavemente arriba y abajo junto con las olas.

La luna brillaba tanto en el cielo que parecía cubrir de terciopelo la oscuridad. La luz de ese astro luminoso, totalmente brillante esa noche, caía sobre nosotros haciendo al agua centellear. El reflejo de la luz de la luna en el agua incrementaba mi entusiasmo.

Me sentía como en un sueño, en el sueño más maravilloso que podría crear mi subconsciente. Era un sueño del que no querría despertar nunca. Estuve casi convencida de que se trataba de un sueño hasta que los dedos de Edward rozaron ligeramente mi mejilla.

Su toque, tan suave como el batir de las alas de una mariposa, envió una sacudida a todo mi cuerpo y mi corazón reaccionó otra vez. Se me puso la piel de gallina en los brazos. El corazón me martilleaba en el pecho y casi podía sentir la sangre palpitar bajo el roce de sus dedos.

La idea de vivir un sueño se desvaneció con esa simple caricia. Si hubiese sido sólo un sueño, no hubiera podido sentir esa sacudida que me provocaba su piel en contacto con la mía, ni mi corazón hubiera latido de ese modo tan frenético. Bueno, tal vez sí; pero ahora estaba bastante segura de que no estaba soñando. No esta vez.

"Bella, ¿en qué piensas?" El aliento de Edward acarició mi oído. Los mechones de cabello sueltos detrás de mi oreja se retorcieron con la suave corriente de aire.

"Me pregunto si esto es real o estoy soñando," respondí, todavía alucinada con la maravillosa vista.

La suave risita de Edward le hizo dar un vuelco a mi estómago. Su risa musical combinaba a la perfección con los melódicos sonidos de la noche. Aquél armonioso sonido sólo aumentó la atmósfera de ensueño.

"¿Quieres que te despierte?" Susurró. Empecé el movimiento de sacudir mi cabeza de lado a lado, pero su mano se deslizó desde mi mejilla hacia abajo para sostener mi rostro por la barbilla. Lentamente se inclinó hasta que su rostro estaba a sólo unos centímetros del mío.

"Hora de despertar, Bella." Murmuró, soplando en mi rostro su aliento dulce. Antes de que pudiera responder, sus suaves labios estaban tocando los míos. Mi corazón enloqueció dentro de mi pecho y otra vez se me pusieron las mejillas de un brillante rojo.

Sentí cuando Edward se apartó. Abrí los ojos lentamente, no me acordaba cuándo los había cerrado. El rostro de Edward aún estaba muy cerca, sus ojos ardían intensamente en los míos, y aquella sonrisa torcida suya estaba también en su lugar.

"Buenas, ah… noches." Dijo en voz baja. "Dormiste hasta tarde," sus ojos brillaban con diversión, y sus labios se torcieron en una pequeña sonrisa.

"Sí, bueno, estaba teniendo un sueño maravilloso y la verdad es que no quería que se terminara," repliqué sonriendo.

Edward me apretó contra su costado, todavía con su brazo enroscado alrededor de mi cintura. Sus pupilas brillaron en la noche, su sonrisa se hizo más prominente. "¿Y qué es lo que estabas soñando?"

"La mejor noche de mi vida," contesté con una sonrisa soñadora.

La sonrisa de Edward se hizo aún más grande, y sus dientes blancos parecieron destellar bajo la luz de la luna. "¿La mejor noche de tu vida?" Su tono sonaba divertido, pero sus ojos estaban expectantes por mi respuesta.

"Sí," dije, y mi voz no fue más que un susurro. Los saltos de mi estómago me impedían hablar más alto. El fuerte viento apagó mi voz; dudaba que Edward me hubiera oído, y su postura no había cambiado.

Me quedé sentada e inmóvil con las mejillas ardiendo de vergüenza. La falta de respuesta de Edward envió un espasmo de terror a mi espina. Sentí pequeñas agujas pinchándome el corazón, y me golpeé mentalmente por mi impulsiva y descontrolada lengua.

"Lo mejor está a punto de llegar." Él susurró en respuesta, devolviéndome la piel de gallina en los brazos. De pronto desaparecieron las agujas y los nudos de mi estómago.

Las palabras de Edward provocaron que me recorriera una ola de calor. No podía imaginar nada mejor que andar en barco bajo la luz de la luna junto a él. La noche ya era perfecta antes de eso; había sido perfecta desde el momento en que Edward se acercó caminando hacia mí.

"¡Bella!" Alice me llamó desde la primera fila del bote. Alcé la vista para ver su pequeña silueta estirada para mirar hacia atrás. El brazo de Jasper la tenía aferrada posesivamente por la cintura mientras su cuerpo diminuto brincaba con cada ola. El agarre de Jasper ayudaba a mantenerla dentro del bote.

"¿Sí, Alice?" Grité por encima del fuerte viento.

"¿Habías visto alguna vez un faro tan maravilloso como ese?" El grito de Alice, aunque suavizado por el sonido del viento, escondía un tono de admiración. Su sonrisa se hizo incluso más grande sobre su rostro de porcelana iluminado por la luz de la luna. Esa luz plateada y la luz del faro resaltaban sus pómulos, haciéndolos resplandecer.

"Yo nunca vi un faro como ese pero ¿qué hay del que…?"

"¡Es el mismo!" Me cortó. Apuntó hacia el océano, directamente a un cerro alto con un claro frente al faro. Obviamente, ese era el lugar a donde Jasper la había llevado; el sitio donde la había hecho su novia y lo había sellado con un beso. No cabía lugar a dudas de que ese cerro tenía una vista espectacular; el faro era tan hermoso como Alice lo había descrito y el océano era impresionante.

Le sonreí a Alice y me giré para mirar hacia atrás. Emmett estaba remando con toda sus fuerzas, sus músculos ondeaban bajo la hinchada camiseta blanca. Era obvio por sus constantes miradas hacia Rose que estaba intentando impresionarla con su fuerza bruta.

Rosalie se veía bastante cómoda donde estaba; recostada sobre un lado del bote con los brazos apoyados en el borde y las piernas sobre el regazo de Emmett, parecía completamente relajada. Su largo y sedoso cabello, rubio como el maíz, ondeaba detrás de ella a causa del viento. Sus ojos se estaban literalmente devorando a Emmett con evidente entusiasmo. Ellos todavía no estaban oficialmente juntos, pero yo sabía que era sólo una cuestión de tiempo. Poco tiempo.

Al girarme hacia el otro lado vi a Ángela apoyando la cabeza en el hombro de Ben mientras frotaba su espalda con una mano. Él parecía sorprendentemente fuerte para su escasa estatura. Sus músculos se estiraban y flexionaban mientras remaba con fuerza. Sin duda había adquirido su fuerza trabajando en el puerto. Al igual que Ángela, Ben había crecido entre barcos. Su familia era dueña de una gran compañía naviera en las Islas Filipinas y las Hawaianas.

Ellos se habían conocido en Hawái cuando apenas tenían diez años. Nos contaron la historia de cómo los dos habían salido a navegar con sus padres a Oahu y sus barcos casi tuvieron una colisión. Sus familias sintieron un desprecio instantáneo la una hacia la otra pero, muy a su pesar, Ángela y Ben se hicieron grandes amigos.

Desde aquel primer encuentro ellos se habían topado varias veces más en sus viajes a Hawái. El resultado fue que el padre de Ángela y el de Ben se convirtieron en los principales competidores. Ambos buques mercantes vendían allí maíz y otros vegetales que los vendedores locales no producían. Debido a esta competencia, los calendarios de ambas compañías eran casi idénticos.

Ángela y Ben viajaban siempre con sus padres sólo para verse. En cada visita ellos eran inseparables. Su relación tan cercana enfurecía a sus familias, pero ninguno de ellos tuvo el corazón para separarlos.

Cuando no estaban juntos, Ben y Ángela se mantenían en contacto por medio de cartas. Nunca se atrevieron a comunicarse por teléfono porque el costo de una llamada a distancia entre Washington y las Filipinas era muy alto. Sin mencionar el hecho de que estos dos amigos hubieran conversado por horas en cada llamada.

Eventualmente comenzaron a aparecer los nuevos sentimientos que iban creciendo entre los dos. La emoción de Ángela mientras leía las bien-escritas y muy-bien-pensadas cartas, la ansiedad al esperar una respuesta, y la preocupación de parte de Ben sobre qué podría contestar ella eran sólo ejemplos de estas nuevas emociones. Cada vez que volvían a verse rebosaban de abrumadora alegría, y sus sentimientos crecían en intensidad.

Cuando Ben cumplió los diecisiete, su padre dividió la empresa e instaló la mitad de sus acciones en Hawái. Desde entonces Ben viviría con su padre en Hawái y viajaría frecuentemente a Washington para visitar a Ángela.

Con cada encuentro la chispa entre ellos creció y se alimentó hasta convertirse en una fuerte llama. Los dos reconocieron sus sentimientos por lo que eran y desde entonces siempre han estado juntos. Su excelente relación se extendió incluso hasta sus padres, metiéndolos en la misma burbuja.

Los padres de ambos eventualmente hicieron a un lado sus diferencias y aprendieron a tolerarse el uno al otro por el bien de sus hijos. Entonces no les tomó mucho tiempo darse cuenta cuántas cosas tenían en común, y pronto se hicieron amigos. Ambas familias acabaron haciéndose muy cercanas.

Seis meses atrás, los Weber partieron a Hawái para quedarse un mes entero con los Cheney. La madre de Ben había salido de las Filipinas para reunirse con su marido y su hijo un año antes, dejando la sucursal filipina de la empresa a cargo de su cuñado. Entre las dos familias, sumaban ocho personas conviviendo en una misma casa. Los Cheney tenían una enorme propiedad en las montañas construida por el padre de Ben cuando su hijo tomó el control de la empresa.

Los pequeños hermanos mellizos de Ángela, Isaac y Joshua, adoraban a Ben. Ambos disfrutaban viéndolo trabajar en sus estadías de un mes en Hawái. Con toda la familia reunida en el mismo lugar, Ben pensó que era el momento perfecto para llevar a cabo su plan.

Él había pasado una semana entera planeando un gran luau (N/T: 'luau' es una fiesta típica Hawaiana). Había traído la decoración de todas las Islas Hawaianas y había comprado sólo lo mejor. También le compró a Ángela un hermoso vestido strapless con zapatos a juego e invitó a todo el pueblo a la fiesta.

Ben le dio el vestido y los zapatos a Ángela la misma noche del luau; y para su satisfacción, a ella le encantaron. Su vestido era el más hermoso de todos. El bordado lo hacía brillar en el resplandor de las antorchas. Esa noche, todos los ojos estaban puestos en Ángela. Se veía espectacular.

Después de la cena, todos se reunieron alrededor de la hoguera para bailar. Ben se detuvo en medio de un baile lento y se arrodilló frente a ella para proponerle matrimonio. Nadie había estado esperando su proposición, él no había hablado con nadie acerca de sus planes; fue una grata sorpresa para todos.

Ambas familias estaban encantadas. Ellos ya se imaginaban que Ángela y Ben acabarían casándose, pero no estaban esperando que Ben se lo propusiera esa noche.

La boda comenzó a planearse inmediatamente. La fecha se fijó para el trece de junio, un viernes. Los padres de Ángela, que eran muy supersticiosos, aseguraron que si festejaban su boda en un viernes trece y todo iba sin problemas, el matrimonio sería un gran éxito.

Una vez que ellos estuvieran casados, los dos negocios familiares se fusionarían para conformar una de las empresas navieras más grandes del mundo. Dos compañías que alguna vez habían sido enemigas, ahora estarían unidas para formar una sola, y todo gracias a Ángela y a Ben.

"¡Oh, qué historia tan romántica!" Barbotó Alice cuando ellos terminaron de relatarla.

"Es casi como un cuento de hadas," agregó Rosalie.

El fondo del bote tocó la arena de la playa, distrayéndome de mis pensamientos. El bote se estremeció hasta detenerse y quedó meciéndose atrás y adelante con el fuerte viento, balanceándose sobre una barra de arena. Emmett saltó fuera de la barca y la arrastró hacia la orilla, abriendo un surco por la arena hacia la playa.

Cuando el barco dejó de moverse todos se apresuraron a salir. Edward salió primero y luego me levantó con cuidado para dejarme de pie a su lado. Mis pies se hundieron en la arena, aún caliente por el sol de la tarde.

Alice, Rose y yo nos quitamos nuestras sandalias y caminamos descalzas sobre la arena. Ángela prefirió dejarse sus botas puestas, argumentando que era un engorro quitárselas y volver a ponérselas después. La suave arena bajo mis pies llenó el espacio entre mis dedos mientras caminaba de la mano de Edward.

Jasper nos indicó el camino con Alice fuertemente tomados de la mano. Emmett y Rose cerraban la marcha caminando ligeramente más despacio que los demás.

La isla no era muy grande, pero era incomparablemente hermosa. La arena blanca sobre la que caminábamos estaba limpia, libre de basura. Las únicas huellas eran las que dejaba nuestro grupo y alguna que otra huella animal. La vegetación era abundante, había árboles muy altos alineados en la orilla y unas hermosas flores cubrían el suelo, añadiendo un toque colorido, como un arcoíris.

El faro estaba en el lado opuesto de la isla, claramente visible desde nuestra posición. Caminamos hacia allí como atraídos por la luz que manaba de la torre, siempre por la orilla, tomando el camino más largo.

Veinte minutos más tarde estábamos por fin frente al faro. Jasper nos señaló una puerta y tomó la perilla.

"¡Jasper, no podemos entrar!" Cuchicheó Alice mientras Jasper la abría. Yo pensé que la puerta estaría cerrada, pero para mi sorpresa, se abrió con facilidad.

"Está bien, Alice," le aseguró Jasper con calma. "Hablé con el dueño, todo está bien."

Alice se relajó visiblemente y lo siguió dentro. Estaba tan oscuro que no podía ver nada; y de pronto dos manos me cubrieron los ojos, haciéndome saltar de sorpresa.

"Shh, Bella," susurró en mi oído una voz sedosa. "No te asustes," mis hombros tensos se relajaron obedientemente. Cerré los ojos.

"Jasper, está muy oscuro y no se ve nada. ¿Es necesario que me cubras los ojos?" La pregunta de Alice me hizo comprender que yo no era la única con los ojos tapados.

"Si me haces tropezar con algo, voy a quitarte la razón por la que te haces llamar hombre." La aguda amenaza de Rose era la evidencia de que Emmett también le había tapado los ojos a ella.

"Ouch, no quieres hacer eso Rosie. Te arrepentirías después." Entonces se oyó un fuerte golpe que hizo eco por todas las paredes del lugar, seguido de un igualmente fuerte grito de dolor. El intercambio me hizo sonreír, Emmett y Rosalie definitivamente encajaban.

"Bueno, ustedes dos, ya basta," la voz de Jasper sonó autoritaria. "Les estamos cubriendo los ojos porque queremos darles una sorpresa. Y Rose, si Emmett te hace tropezar con algo, Edward y yo nos encargaremos de él."

"¡No, no!" Gritó Rose en la oscuridad. "Estaremos bien, no hay necesidad de violencia."

"Por supuesto que no," accedió Jasper. "Además, nunca hubiera estado en mis planes pelear con Emmett."

"Ben," Jasper se giró hacia el otro lado para hablarle al chico, de pie a pocos pasos de nosotros. "Si quieres, puedes cubrirle también los ojos a Ángela."

"En realidad," saltó ella antes de que Ben pudiera hablar. "Me gustaría ver la sorpresa que planearon antes de que la vean las chicas. Si no les importa, por supuesto."

"Para nada," respondió Jasper. "Vámonos."

Edward me empujó un poco hacia adelante y yo comencé a caminar sosteniendo mis manos levantadas por delante, temerosa de chocar contra algo. Confiaba en Edward y sabía que él no me permitiría tropezar y caer, en quien no confiaba era en mí misma. Si existe alguien que se las puede arreglar para tropezar incluso mientras alguien tan grácil como Edward lo está guiando, esa soy yo.

"No te preocupes, Bella," susurró él suavemente, como si me hubiera leído el pensamiento. "No te dejaré tropezar. ¿Qué tipo de novio sería yo si te dejara caer mientras te guío?" La palabra novio envió un escalofrío de emoción a mi columna vertebral. Era difícil de creer que me las hubiera arreglado para tener un novio, qué decir de que ese novio era nada más y nada menos que Edward.

"Confío en ti," murmuré. "Es en mí en quien no confío."

La risa musical de Edward hizo que mi corazón latiera más rápido. "Debes tener más confianza en ti misma, Bella."

Abrí la boca para responder, pero una maldición en voz alta me interrumpió. En la oscuridad resonaron una serie de malas palabras que rebotaban en las paredes y llegaban en eco hasta nosotros. En seguida reconocí la voz de Rose y tuve que hacer un gran esfuerzo por no reírme.

"¡Lo siento, Rosie!" Se disculpó Emmett. "Te juro que no vi esa mesa ahí. ¿De todos modos, quién pudo haber puesto esa cosa ahí? Quien sea que viva aquí debería demandar a su decorador de interiores."

"¿Emmett siempre es así?" Le pregunté a Edward en voz muy baja. Emmett estaba muy distraído disculpándose como para oírme, pero sólo por si acaso mantuve bajo mi tono.

"Emmett es… Emmett. De veras no hay otra forma de describirlo. Es un gran chico y definitivamente es un buen amigo, pero también es todo un personaje."

"Me doy cuenta," me reí. "Nunca he conocido a nadie como él. Estoy segura de que él será muy bueno para Rose."

"¿De verdad lo crees?"

"Seguro."

"Eso es algo bueno, la verdad es que yo pensaba lo mismo acerca de Rose. Emmett necesita a alguien que le ponga los pies en la tierra. Rosalie parece adecuada para hacer eso."

"Oh sí, ella es adecuada," asentí. "Rosalie es buena en eso. Necesita tener algo de control en sus relaciones, esa es una de las razones por las cuales no funcionó su relación con John. Pero creo que las cosas irán muy bien con Emmett."

"Ella sabe gobernar y aceptar ser gobernada por alguien más, ¿cierto?"

"Algo así."

Cuando Rose finalmente aceptó las disculpas de Emmett, todos continuamos caminando por un largo corredor. Me sentí más estable cuando pude caminar guiándome con una mano apoyada en la pared.

"Bueno, ahora vamos a subir por unas escaleras chicas, así que tómense su tempo y sosténganse de la barandilla." Las palabras de Jasper por poco me hacen entrar en pánico. Ya me resultaba difícil subir unas escaleras sin tropezar con la luz encendida, definitivamente no podría subirlas a ojos cerrados.

"Relájate Bella, no te dejaré caer. Simplemente tienes que asegurarte de poner cada pie en el siguiente escalón antes de apoyar tu peso." Caminé hacia adelante hasta que mi pie dio con el primer escalón. Entonces levanté el pie y lo coloqué en la sólida superficie, tanteando para probar que me sostendría, y entonces sí levanté el otro pie.

Caminé a ese mismo ritmo durante todo el recorrido escaleras arriba. Mi mano estaba tan fuertemente aferrada a la barandilla que casi dolía; pero no solté el agarre. Toqué con el pie el siguiente escalón y deposité allí mi peso, y cuando fui a buscar el siguiente no pude encontrar nada más que suelo llano.

"Lo hiciste, Bella. Lo has hecho muy bien." Aflojé mi mano y la dejé caer débilmente a mi costado, estirando y contrayendo los dedos en un intento de aliviar el dolor.

Edward me guió hacia el centro de la habitación. "Bien chicos, cuando diga 'ahora' quítenles sus manos de los ojos para que las chicas puedan abrirlos." Hizo una pausa y luego dijo: "Bien, ahora." Sus manos se apartaron de mi rostro y yo abrí los ojos, parpadeando.

Un coro de jadeos hizo eco en la habitación. Estábamos de pie a la luz, como a ocho metros por debajo del faro.

Las ventanas eran tan grandes que iban del techo de la torre hasta el suelo, dando una vista de toda la isla simplemente impresionante. El haz de luz que brotaba por encima de nosotros iluminaba todo el lugar, dándole un brillo precioso.

"Wow," exhaló Ángela. La miré a ella, esperando encontrarla viendo por la ventana como los demás, pero al seguir su mirada noté que ella estaba mirando con asombro el magnífico comedor dispuesto en la habitación.

Frente a la ventana y bajo la luz de la luna había una mesa tan grande como para ubicar a una docena de personas. Había un mantel de seda cubriéndola, y muchas velas encendidas que iluminaban tenuemente la habitación. También había platos de porcelana dispuestos en la mesa, servilletas y cubiertos de plata. Junto a la mesa había también varias botellas de vino enterradas en un cubo de hielo.

"¿Qué es eso?" Preguntó Alice, viendo la mesa. "¿Es por eso que no querían que cenáramos antes de venir aquí?"

"Exacto," contestó Jasper con una sonrisa sutil. "¿Te gusta?"

Alice asintió efusivamente y fue a examinar la mesa de cerca.

"Hay ocho platos," señaló, sonriendo hacia Ben y Ángela.

"¿Pusieron un plato para mí y para Ben?" Ángela se alejó de la mesa para dirigirse a Jasper. "Pero si ustedes ni siquiera nos invitaron a unirnos hasta que llegamos a la isla…"

Jasper se encogió de hombros. "Tenía planeado pedirles que se nos unieran y asumí que dirían que sí. Cuando hablé con Ben por teléfono él había mencionado que siempre viajaban juntos. Cuando te vi sólo me sorprendí porque creí que él era el capitán."

"Bueno, esta es sin duda la cosa más dulce que ha hecho por mí un cliente," sonrió Ángela. "Gracias."

"Es un placer," respondió Jasper, haciéndoles un gesto para que se sentaran.

Edward tomó gentilmente mi mano y me condujo hacia allí también, e incluso me corrió una silla para que me sentara. Después de acomodarme en mí asiento él se unió a Jasper y a Emmett, que ahora estaban de pie frente a la mesa.

"Bienvenidas al Café El Faro, señoritas," empezó Emmett, tratando de sonar como el camarero de un restaurante de lujo. Alguien se aclaró la garganta y Emmett sonrió. "Y Ben."

"Nosotros las atenderemos esta noche," continuó Jasper. "Si necesitan algo, por favor siéntanse libres de pedirlo."

"Para empezar," siguió Edward, "tenemos la selección de vino más fina de la isla."

Mientras hablaba sobre el vino, sus ojos estaban fijos en mí. La sonrisa dibujada sobre sus labios lo hacía incluso sorprendentemente más hermoso. Lo observé todo el tiempo mientras ponía un poco de vino en las copas de todos. El frío líquido salía elegantemente de la botella salpicando suavemente las finas copas.

"Para cenar, esta noche tenemos nuestra especialidad de la casa. Primero serviremos nuestra famosa ensalada, y el plato principal será el mejor filet mignon servido con papas al horno y maíz." Jasper nos miró a todos en la mesa para comprobar nuestra reacción. Esbozó una sonrisa satisfecha antes de salir junto a Edward y Emmett para traer la comida. (N/T: filet mignon es un corte de carne de buey o ternera y se caracteriza por ser particularmente pequeño, pero de muy buen sabor si se acompaña correctamente)

"Tontuelos," se rió Alice cuando los chicos estuvieron fuera de la vista. "Aunque debo decir que estoy disfrutando mucho esto."

"Yo pienso que lo que están haciendo es muy dulce," comentó Ángela. "Es bueno que sean creativos. Ustedes nunca se podrán quejar de que sus únicas salidas son al cine."

"Seh, estos chicos me están haciendo quedar muy mal," se lamentó Ben, mirando alrededor con aire deprimido.

"Aw, Ben," suspiró Ángela, "¿de qué estás hablando? Tú también eres creativo, tú y yo sólo fuimos al cine un par de veces. No lo tomes a mal."

"Sí, es cierto," asentí. "Además tú no necesitas planear una cita extravagante para impresionar a una mujer."

"Es verdad," siguió Ángela. "Yo me enamoré de ti antes de nuestra primera cita."

Ben sonrió abiertamente. "¿En serio?"

"Por supuesto, ¿podría ser de otra forma?"

Ben era todo sonrisas cuando los chicos volvieron con nuestras ensaladas. Edward y Jasper traían dos platos cada uno mientras Emmett balanceaba tres en sus brazos.

Pusieron los platos frente a nosotros y sirvieron también frente a los tres asientos vacíos que les correspondían. Después llenaron sus propias copas de vino y tomaron asiento con nosotros.

"Disfrútenlo, señoritas," dijo Emmett. "Y Ben," agregó con una risita.

"¿Qué tal si hacemos un brindis primero?" Sugirió Jasper.

"¿Por qué brindamos?" Inquirió Alice, mirando la copa fuertemente sujeta en su mano.

"Por la buena suerte que nos ha reunido a todos aquí esta noche." La voz de Jasper hizo eco alrededor del cuarto mientras alzaba su copa de vino.

"Salud," dijo Edward levantando también su copa. Los demás repitieron 'salud' por encima del tintineo de las copas al chocar.

La copa de vino se sintió fría contra mis labios cuando me la llevé a la boca. El líquido suave y dulce se deslizó por mi garganta haciéndome cosquillas. La ensalada estaba deliciosa. La lechuga era crocante y fresca, la pimienta le daba un delicioso sabor extra, y la salsa era suave y dulce.

"Así que… ¿por qué no nos cuentan más acerca de su boda?" Pidió Alice inclinándose sobre la mesa hacia Ángela y Ben.

"¿Qué quieren saber?" Ángela se acomodó en su silla, tomando un sorbo de vino de manera casual.

"¡Todo!" Chilló Alice con entusiasmo. "Cuéntanos sobre la decoración y los trajes, incluido el tuyo por supuesto," Alice le dirigió una rápida sonrisa a Ben al decir eso. "¡Y todo lo demás!"

Ángela se rió del arrebato de Alice y se sumergió en el relato de su muy pronta boda. Dijo que se celebraría en Hawái, sobre las montañas cerca de la casa de la familia de Ben. Alice escuchó atentamente cada palabra y se regodeó ante los detalles de la planificación.

"¿Quién es la dama de honor?" Preguntó, la curiosidad brillando en sus ojos.

"Mi amiga Jessica Stanley." Ángela no se oía muy feliz al dar esa información. De pronto la sonrisa de su rostro me pareció forzada.

Junto a ella, Ben frunció el entrecejo. "Todavía no comprendo esa decisión."

"No seas grosero," lo reprendió Ángela. "Conozco a Jess desde antes de conocerte a ti, y ella realmente ayudó a planear la boda."

"Nadie le pidió ayuda," masculló él.

"¡Ben, sé más amable con ella!" Replicó Ángela. "El hecho es que ella será la dama de honor, te guste o no. Tiene momentos en que puede ser agradable…"

"¿Qué está mal con esta chica, Jessica Stanley?" Preguntó Rosalie picada por la curiosidad.

"Es una vieja amiga mía," respondió Ángela. "Solíamos ser muy cercanas cuando éramos pequeñas. Ella era una chica divertida y simpática, pero cuando empezamos la escuela secundaria comenzó a juntarse con Lauren Mallory."

"Déjame adivinar," interrumpió Rose con un deje de amargura. "¿Mallory era la chica más rica y popular de la escuela?"

"Exacto," asintió. "Desde que empezó a salir con ella, Jess cambió completamente. Quería convencerme de que me uniera a ellas."

"¿Y por qué continuaste siendo su amiga?" Preguntó Rose, ahora la amargura en su voz era clara.

"Ella me necesitaba," suspiró Ángela. "Después de un año de tratar con la nueva Jessica, me harté y le dije lo que pensaba. Ella sólo me escuchó y luego se puso a llorar. Me pidió disculpas y me dijo que nunca había querido involucrarse tanto con Lauren y sus secuaces. También me dijo que no quería perder mi amistad, que eso la mataría. Así que nos reconciliamos, dejamos las cosas claras entre nosotras, y luego estábamos muy bien otra vez. Jessica me prometió que las cosas cambiarían desde entonces."

"Pero ella no cambió, ¿verdad?" La pregunta de Rose sonó más como una afirmación.

"En realidad, sí. Jessica y yo nos hicimos incluso más amigas que antes, y eso duró alrededor de dos años. Ella seguía manteniendo su amistad con Lauren y sus amigas, pero no salía tanto con ellas como antes."

"¿Qué fue lo que pasó, entonces?" Cuestioné. "Dijiste que eso fue por dos años. ¿Qué fue lo que cambió?"

"Jessica encontró una de las cartas de Ben," susurró Ángela, sonaba casi aterrada de dar esa respuesta.

"¿Qué hay de malo con eso?" Preguntó Alice alzando las cejas.

"Um, bueno… ella no sabía nada acerca de Ben porque yo temía su reacción si se lo contaba. Cuando encontró la carta ella se enojó mucho conmigo; y tiempo después me di cuenta de que se había puesto celosa."

"¿Celosa de que tú estuvieras con el chico que te gustaba?" Inquirió Alice.

"En parte, pero más que nada porque ella sentía que estar con él me alejaría de ella."

"Eso fue muy hipócrita de su parte," escupió Rosalie con disgusto.

"Lo sé." Ángela suspiró de nuevo. "Después de eso, Jessica volvió a pasar el tiempo con Lauren y sus amigas, y estuvo casi un mes sin dirigirme la palabra siquiera. Desde entonces nuestra relación ha sido un poco… hostil."

"'Hostil' quiere decir que se ven muy de vez en cuando," aclaró Ben. "Cuando le conviene a Jessica." El disgusto de Ben hacia Jessica era claro en su voz y en la expresión de su rostro.

"A Jessica siempre le gustó tontear con los chicos," los ojos de Ángela se dirigieron a Edward y luego se desviaron rápidamente hacia otro lado, aunque por un momento pensé que me lo había imaginado. "Ella nunca perdía la oportunidad de contarme sobre los chicos con los que salía; y siempre me arrastraba con ella para perseguir chicos." Entonces lo hizo de nuevo y supe que no me lo había imaginado.

Emmett se disculpó por un momento para traer el resto de la comida diciéndole a Ángela que continuara su historia.

"¿Sólo en esos momentos salían juntas?" Pregunté.

"No. También me llamaba cuando peleaba con Lauren, o con su novio de turno. Eso sucedía bastante a menudo por lo que, como dije antes, ella de verdad me necesitaba. Yo soy la única verdadera amiga que tiene. El único hombro donde puede llorar."

"Lamentablemente," murmuró Ben, pero Ángela lo ignoró.

"¿Cómo dijiste que era el apellido de Jessica?" Preguntó Edward repentinamente irguiéndose en la silla.

"Stanley." Los ojos perspicaces de Ángela parecían transmitir un mensaje privado mientras encontraba su mirada con la de Edward. El reconocimiento y la comprensión golpearon las facciones de él en un instante.

"¿Has estado alguna vez en un restaurante llamado El Torito en Port Ángeles con Jessica?" Cuestionó Edward, inclinándose hacia adelante.

"Sí…" Ángela sonrió. "Así que es por eso que me resultaste tan familiar." Llevó lentamente su copa a los labios y dio un sorbito. Luego sonrió y quitó la copa de en medio para continuar hablando en un tono casual. "Toda la noche he tenido la sensación de que te conocía de alguna parte, pero no podía imaginar de dónde. Finalmente me di cuenta cuando empecé a hablar de Jessica. Ahora parece bastante obvio dónde te vi por primera vez."

"¿Cómo es eso?" Preguntó Ben con curiosidad.

"Él es el mesero al que Jessica prácticamente acosaba. Me llevó a ese restaurante todos los sábados sólo para ver al famoso Edward. Ese es el motivo por el cual tú y yo nunca podíamos salir los sábados, Ben."

Edward se rió ante la mirada exasperada de Ángela y asintió con la cabeza. "Sí, a mí también me resultabas vagamente familiar."

"Wow, con todos esos sábados que pasé en ese restaurante en contra de mi voluntad…"

"No eras la única," la cortó Edward con un tono de irritación. Por supuesto, no era por Ángela sino por el recuerdo de Tina obligándolo a trabajar todos los sábados.

"¿En serio?" Preguntó Ángela tímidamente viendo la oscura expresión en los ojos de Edward.

"Sí, mi jefa… Tina," él gruñó ferozmente su nombre, haciendo que los ojos de Ángela se abrieran con sorpresa. "Me obligaba a trabajar todos los sábados y hacer horas extras."

"Oh, lo siento mucho por ti."

"Edward," cuchicheé, poniendo mi mano sobre su brazo. "Tina no está aquí, no hay necesidad de enojarse."

Edward sacudió su cabeza y me miró con un gesto de disculpa. "Lo siento," le dijo a Ángela. "Fui grosero al interrumpirte, por favor continúa."

Ángela me miró con una sonrisa agradecida. "No te preocupes," contestó a Edward. "Entiendo lo que es que te atrape un mal recuerdo. Pero en serio, todos esos sábados malgastados…"

"¿Qué quieres decir?" Preguntó Edward.

"Bueno, Jessica me llevaba allí para que tú la notaras a ella. Juraba que tú caerías en sus redes, y durante todo ese tiempo tú tenías una novia adorable. ¿Por qué nunca le dijiste a Jessica que ya estabas con alguien?"

Mis mejillas se encendieron ante aquellas palabras. La mano de Edward buscó la mía bajo la mesa y le dio un suave apretón. "En realidad, en ese momento yo no tenía novia. Bella y yo nos conocimos el sábado siguiente después de que Jessica derramara a propósito su vaso de agua sobre mí, ¿recuerdas eso?"

Ángela se rió, recordando. "Oh sí, Jessica estaba hecha una furia esa noche. Lamento que fuera tan ruda contigo."

"No tienes que disculparte por ella, Ángela," sonrió Edward.

"Siento como que debería. Pero en fin, no tiene importancia. Mejor cuéntenme cómo fue que se conocieron ustedes dos." Acomodándose mejor en una posición cómoda y casual, Ángela dejó su copa de vino sobre la mesa y paseó la mirada entre Edward y yo, expectante.

"¡Oh, Dios!" Exclamó en ese preciso instante Rosalie, señalando al otro lado del cuarto. Emmett venía caminando lentamente hacia nosotros con los ocho platos de comida balanceándose entre sus brazos.

Jasper saltó rápidamente sobre sus pies para darle una mano. Rose se cubrió los ojos con una mano y se giró hacia el otro lado.

Jasper se las arregló para tomar cuatro de los ocho platos y traerlos a la mesa. Emmett lo siguió cargando los otros cuatro con facilidad.

Mientras comíamos, Edward y yo le explicamos a Ángela cómo nos habíamos conocido. Ella escuchó atentamente disfrutando de la historia tanto como disfrutó de la maravillosa comida que nos habían servido. Cuando terminamos de contar nuestra historia Ángela le hizo la misma pregunta a Alice y a Jasper, y luego a Rose y a Emmett.

"Wow," suspiró Ángela cuando finalmente Emmett y Rose terminaron su historia. "Todos ustedes tienen unas historias interesantísimas detrás de sus relaciones…"

"¡Y tú no!" Exclamó Alice con sarcasmo.

Ángela soltó una risita. "Supongo que tienes razón. Pero el hecho de que ustedes chicas ya eran amigas, y los chicos también eran amigos; pero aún así todos se conocieron por separado… quiero decir, ¿cuáles son las probabilidades de que pase algo así?"

"Yo me he estado preguntando lo mismo," murmuró Jasper.

"Es el destino," respondió Alice con sencillez. "Lo mismo con ustedes. Los barcos de sus padres casi colisionan en medio del océano casi once años atrás. El destino juega un papel muy grande en nuestras vidas, lo que sucede es que muchos de nosotros no podemos apreciarlo."

"Es pura coincidencia, Alice." Contradije. Simplemente no me podía forzar a mí misma a creer en el destino. ¿Por qué el destino me uniría a mí, una chica ordinaria, con un extraordinario chico como Edward?

"Bella no cree en el destino," dijo Alice con un puchero. "Incluso a pesar de que la evidencia la golpeó en la cara." Hizo un gesto a Edward, que me miró y sonrió.

"De todos modos, ¿a quién le importa cómo se llame?" Puntualizó Ben. "Estamos juntos, y eso es lo que de verdad importa."

Después de eso terminamos de comer sin otra palabra sobre el destino. La comida era sensacional, la mejor que había probado en mi vida. Por supuesto, recibió elogios de todo el mundo, y los chicos se enorgullecieron muchísimo al decirnos que la habían preparado ellos mismos.

Más tarde todos salimos arrastrando los pies al balcón que rodeaba el exterior del faro. Apoyé mis manos lánguidamente sobre el frío metal de la barra del balcón. El viento jugaba con mi cabello haciéndolo danzar en el aire sobre mi espalda.

Edward se acercó y cerró sus brazos alrededor de mi cadera, acercándome a su pecho. Su barbilla descansaba en mi hombro izquierdo, su rostro apenas a centímetros del mío.

"¿Te gusta la vista desde aquí?" Susurró, su dulce aliento acariciando mi mejilla. La sangre me latió con violencia detrás de mis rojas mejillas.

"Sí, me encanta. Pero apuesto a que la vista sería incluso más bella durante el día. Aunque la isla se ve hermosa iluminada por el faro." Miré hacia la orilla de la isla, el océano y más allá, donde se divisaban una docena de diminutas luces en el horizonte.

"¿Ves eso?" Preguntó Edward, señalando la luz. "Es un barco."

Me quedé viendo ese punto mientras el barco se hacía más grande a la vista en la medida en que se acercaba a donde estábamos. Alice sacudió la mano con entusiasmo sentada en la barandilla con los brazos de Jasper alrededor de su pequeño cuerpo para preservarla de caer.

"¿Crees que pueden vernos?" Preguntó Rosalie, saludando también. Nuestras sombras eran visibles en la arena frente a la torre. A este punto todos estábamos saludando.

Como a cien yardas de distancia (N/T: 100 yardas = 91,44 metros según la calculadora de Google), el barco hizo sonar la sirena, que retumbó con fuerza en la oscura noche. La bocina sonó en tres series de tres veces.

"¿Por qué hacen sonar así la bocina?" Murmuré sin esperar una respuesta, pero Edward me sorprendió al hablar.

"Es una vieja leyenda. Hace como cien años, un joven marinero viajó a través del océano con su primer y único amor. Salieron desde América y se dirigían a Europa para pedir la bendición del padre de la chica y poder casarse.

"Mientras iban cruzando el océano su barco fue atacado por unos piratas sedientos de sangre. El marinero estaba aterrado de perder a su amada porque tenía miedo de que, siendo ella la única mujer a bordo, fueran a torturarla. Así que tomó una decisión apresurada y se las arregló para enviarla a una isla cercana en un bote de remos. El marinero sabía que no podría abandonar a su tripulación para ir con ella, pero aún así le prometió que volvería. Le dijo que ella lo reconocería cuando regresara a por ella porque iba a oír sonar la bocina en tres series de tres veces.

"La chica llegó a salvo a la orilla y encontró refugio en una torre en el centro de la isla. Pero desafortunadamente el marinero y su tripulación perdieron la batalla y todos fueron forzados a unirse al barco pirata o morir."

"¡Oh, eso es terrible!" Exclamó Alice. Miré alrededor y vi que todos los demás se habían acercado para escuchar la historia de Edward, que le sonrió a Alice y luego continuó.

"En la isla la chica continuaba esperando ansiosamente por el regreso de su amado, esperando oír los sonidos que le indicarían su llegada. Después de varias semanas ella comenzó a preocuparse, pensando que él no podría encontrar la isla. En la punta de la torre donde ella estaba refugiada había un montón de ventanas, así que ella creó un pozo, lo llenó de hojas y ramas secas y lo prendió fuego. El fuego estaba contenido en el hoyo, de modo que no alcanzaría a quemar la torre, pero iluminaba la isla y parte del océano.

"Después de cuatro años, el marinero logró escapar de la tripulación del barco pirata y encontró uno de sus barcos. Viajó hacia Europa, rezando por poder encontrar nuevamente la isla donde había dejado a su amor. Mientras se acercaba a la isla en cuestión pudo ver desde la distancia la luz ardiendo en la torre. Él en verdad estaba preocupado de que ella pudiera haber muerto estando sola en la isla; pero la luz en la torre le dio nuevas esperanzas.

"Cuando estaba cerca hizo sonar la sirena como se lo había prometido, y para su sorpresa vio a la distancia la silueta de una pequeña figura iluminada por la luz de la torre, saludando vigorosamente en su dirección. Encalló en la orilla de la isla y así fue como se reunió nuevamente con su verdadero amor. Finalmente los dos viajaron juntos hacia Europa, donde se casaron; y luego volvieron a la isla para vivir en esa torre. Dejaron la torre encendida para que cualquier marinero perdido pudiera guiarse por la luz, porque sabían que de no haber sido por eso, nunca hubieran podido reunirse de nuevo."

"¡Wow! ¡Qué final tan feliz para una historia tan triste!" Barbotó Alice con emoción.

"Así que por eso los marineros tocan las bocinas, en memoria de la joven pareja que pudo volver a encontrarse gracias a la luz," comentó Rosalie con una sonrisa.

"Sí, y también para hacerles saber a quienes los rodean que están a salvo."

"Gracias por compartir esa historia con nosotros." Enredé mis brazos alrededor de Edward y lo abracé con fuerza.

"Un placer," susurró él en mi oído antes de apartarse un poco para besarme suavemente en los labios.

El barco pasó frente a nosotros y la gente a bordo nos devolvió el saludo. Todos nos quedamos mirándolo hasta que desapareció en la oscuridad. "Otro barco que vuelve a salvo a casa," murmuré para mí misma.

En la distancia, un flash de luz iluminó el cielo justo antes de que se oyera un fuerte ruido. Levantando la vista hacia el cielo me di cuenta de que la luna ya no era visible. Estaba escondida detrás de una espesa capa de negras nubes.

"Creo que deberíamos irnos ahora, antes de que nos atrape la tormenta," dijo Ángela con urgencia. "Créanme cuando les diga que no quieren verse atrapados en medio del mar una noche de tormenta."

A medida en que nos escabullíamos hacia la costa, el viento se hizo más fuerte. Llegamos al bote de remos justo cuando se largaba a llover. El agua estaba mucho más revoltosa que cuando habíamos llegado.

Los relámpagos en el cielo y los ruidos de truenos nos recordaron que ahora estábamos jugando una carrera contra la tormenta, una carrera que definitivamente no queríamos perder.


Hey, ¿me extrañaron? ¡Yo sí los extrañé mucho!

¿Creen que ha valido la pena la espera? Yo creo que sí ;)

Gracias a todas por su paciencia, sus reviews y sus adorables comentarios de ánimo con respecto a mis estudios.

Sepan que felizmente ya terminamos nuestro Documental Biográfico y nos lo pidieron para pasarlo en un evento que se hace en la universidad todos los años, yeii! Es un gran orgullo.

Todavía no empecé a traducir el siguiente capítulo, pero espero tenerlo listo dentro de tres semanas, cuatro como mucho. De aquí a Diciembre será una época muy dura porque todavía tengo muchos exámenes, pero haré todo lo posible.

De todas formas, las invito a leer las buenas nuevas en mi Perfil. Es importante para mí que lo hagan y sólo les tomará un minuto. ¿Por favor?

Otra vez, gracias a todas por sus buenas vibras. Keep going!