Importante: 'Dateless for too long' pertenece a softballgirl1136, yo sólo la traduzco.
La historia original: http : // www . fanfiction . net /s / 3986879 / 1 / Dateless _ For _ Too _ Long
Sowelu es mi beta y hace que esta traducción sea comprensible para ustedes. Gracias miles brown eyes ;)
20. La tormenta
Bella POV
La lluvia nos azotó sin piedad mientras navegábamos lejos del infierno de la costa. Ángela y Ben iban de un lado a otro del barco gritándose cosas que yo estaba lejos de entender. Ella había enviado a Emmett a tomar el timón y él se había tomado muy en serio su papel de timonel temporal.
El viento había soplado tan fuerte que había logrado que la rueda se sacudiera del firme agarre de Ángela. Tanto ella como Emmett habían tenido que aplicar toda su fuerza para volver a controlar la dirección del barco. Bajo el urgente mandato de Ángela, Emmett se quedó de pie frente al timón, sosteniéndolo firmemente en su lugar para evitar que el viento desviara la dirección otra vez.
"¡Chicos, sería mejor que ustedes fueran a cubierta!" gritó Ben sobre el aullido del viento. "¡Esta tormenta se está poniendo bastante fea! ¡Poseidón debe estar realmente enojado para producir una tormenta tan horrible!"
"¿Poseidón?" Preguntó Alice, también elevando la voz por encima del viento. Estaba encogida junto a Jasper mientras el fuerte viento amenazaba con arrojarla por la borda. Si Jasper la soltaba, el viento se la llevaría tan fácilmente como a una pluma.
"¡El Dios del Mar!" Grité en respuesta. Mi voz se escuchó tan baja como un susurro sobre los ruidos de la tormenta.
Ángela corrió hacia nosotros y se apresuró a encerrarnos en la cubierta. Tuvo que apoyar todo su peso en la puerta para poder cerrarla, y después se volvió hacia nosotros con una sonrisa de disculpa. "Lamento muchísimo que sucediera esto. Debería haber prestado más atención al cielo. Me temo que este bote no tiene motor, por lo que depende completamente del viento y las velas para moverse. Con esta tormenta, me temo que no puedo asegurarles qué pueda pasar."
"¿Vamos a… morir?" Chilló Alice con terror. Levanté la vista hacia Alice, que todavía estaba aferrada a Jasper y temblaba incontrolablemente. La tormenta realmente la había puesto nerviosa, nunca la había visto tan asustada por algo. Su temor sólo aumentaba mi inquietud.
"¡No!" Respondieron cinco voces en sincronía.
"Nadie va a morir," reiteró Ángela. "No hoy. Y a partir de ahora no quiero escuchar a nadie insinuándolo, ¿de acuerdo?" Alice asintió lentamente. "Bien. Nadie se muere en mi barco, esa es mi regla número uno."
"Estaremos bien, Alice," le aseguré, acercándome para frotarle la espalda. "Ángela y Ben son unos marineros muy experimentados, estaremos bien."
"Alice, amor," llamó Jasper suave pero urgentemente, alzando su barbilla para mirarla a los ojos. "No dejaré que nada te suceda, ¿entiendes? Significas demasiado para mí y no puedo perderte."
Yo giré mi cabeza hacia otro lado, sintiendo que estaba entrometiéndome en un momento demasiado privado. Las palabras de Jasper fueron muy dulces. No pasó desapercibido para mí el hecho de que aquellas palabras tuvieron el efecto tranquilizante con el que Ángela y yo habíamos fracasado.
"Voy a volver arriba para ayudar a Ben y para asegurarme de que Emmett no se haya ido volando." Ángela le dirigió una pequeña sonrisa a Rosalie, que se veía como una náufraga nerviosa. Generalmente, Rosalie era la viva imagen de la calma y no le temía a las tormentas, pero sabiendo que Emmett estaba afuera, las circunstancias eran distintas.
Entrecerró los ojos a Ángela, demostrando que no había apreciado la broma. Rose perdía todo el sentido del humor cuando se ponía nerviosa. En estos casos las bromas sólo la hacían enojar. Era comprensible, a veces los nervios provocan esas reacciones en las personas.
"Rose, todo estará bien," intenté suavizar el momento acercándome a ella y dándole un abrazo reconfortante. "Además, si ni siquiera un tornado F5 podría contra Emmett… ¿qué podrían hacer contra él unas cuantas ráfagas de viento?" (N/T: En la escala de Fujita, F5 es uno de los tornados de mayor intensidad y es altamente destructivo)
Rosalie resopló ante mi broma, pero por fortuna se relajó. "Supongo que si Ben puede estar allí afuera sin ser lanzado por los aires, no debería preocuparme por Emmett, ¿eh?"
Asentí, riéndome suavemente. "Emmett estará bien. Deberíamos preocuparnos más por Ángela y Ben."
Rosalie me devolvió el abrazo y luego se alejó, sonriendo con agradecimiento. "Gracias, Bella. Tú siempre sabes qué decir." No siempre, pensé, aunque obviamente no lo iba a decir en voz alta. Me conformé con que mis palabras hubieran tranquilizado a Rose.
"Así que, ¿qué hacemos ahora?" Preguntó Alice con la voz ligeramente temblorosa. Jasper depositó un suave beso en su frente y luego le susurró algo al oído. Resultaba imposible oírlos sobre el ruido de la tormenta. Incluso abajo en la cubierta, donde el viento no me silbaba en los oídos.
Edward me miró, y luego miró a Jasper. Por un instante parecieron comunicarse en silencio. Jasper asintió con la cabeza y luego volvió a susurrar en el oído de Alice. Lo que sea que estuviera diciéndole, a juzgar por la expresión de ella, era algo que definitivamente no quería oír.
Su rostro perdió el color de pronto, su piel pálida se volvió blanca como la de un fantasma. Sacudió la cabeza vigorosamente de un lado a otro y se aferró aún más fuerte a él. "¡No!" Gritó. "¡Por favor, no!" Jasper la besó suavemente y luego la abrazó. Todavía susurrándole al oído, dio un paso atrás. Alice cayó al suelo sobre sus rodillas, sacudiendo la cabeza violentamente.
"¡Alice!" Exclamó Rose, corriendo hacia ella y cayendo de rodillas a su lado. Yo me apresuré a hacer lo mismo, pero una mano me sostuvo por el hombro, deteniéndome. Me giré para encontrar la mirada de Edward, que negaba con la cabeza.
"Ella estará bien," me aseguró. "Sólo está preocupada por Jasper."
La confusión debe haberse dibujado en mi rostro mientras intentaba comprender las palabras de Edward. ¿Por qué ella estaría preocupándose por Jasper si él estaba con nosotros? Alejando mi vista de Edward, vi a Jasper de pie frente a la puerta que conducía al piso superior. Entonces comprendí.
"Jasper va a ir a ayudar en cubierta," susurré. Edward asintió. "Y Alice, que ya estaba asustada por la tormenta, ahora está aterrorizada de que algo le pueda pasar a él." Edward volvió a asentir.
"Pero ella no tiene por qué preocuparse," me aseguró. "Jasper puede cuidar de sí mismo. Es más fuerte de lo que aparenta, y pesa más de lo que tú crees." Se rió suavemente, pero la risa no le llegó a los ojos.
"Eso no cambia nada," mascullé frunciendo el ceño. "La tormenta ya es suficiente para ponerla nerviosa. Y ahora que Alice siente tanto miedo, nada la calmará hasta que el temporal haya pasado; así que decirle que Jasper estará bien no significa nada. Sólo se preocupará más porque él está ahí afuera, expuesto al peligro."
Edward lanzó una mirada hacia Jasper, que todavía estaba de pie frente a la puerta, al otro lado del cuarto. Miraba a Alice con los ojos llenos de tristeza. Obviamente, estaba detestándose por preocuparla tanto. Rosalie le lanzaba dagas con la mirada por poner así a nuestra amiga. Los ojos de Jasper se clavaron en los de Edward, alzando ligeramente las cejas. Por el rabillo del ojo pude ver a Edward asentir.
"Bella," su voz reclamó toda mi atención otra vez. "Tú, Rose y Alice tienen que mantenerse juntas y cuidar una de la otra." Mi cuerpo dio una sacudida por la sospecha, y luego no pude sentir más que aprehensión. "Jasper y yo iremos a la cubierta para ayudar."
"¿Los dos?" Dije, atragantándome y con la voz llena de pánico ante la repentina imagen de Edward en la cubierta, siendo azotado por la lluvia y el viento que se formó en mi cabeza. Mis manos buscaron las suyas para entrelazar nuestros dedos y apretarlos suavemente.
"Bella, no quiero que te preocupes," susurró con voz tranquilizadora. Me alegraba que pudiera mantenerse calmo cuando yo estaba comenzando a desesperarme. "Cuantos más seamos allí arriba ayudando, será mejor para todos."
"¡Tú no sabes nada de barcos, Edward!" Exclamé, aferrando más fuertemente sus manos. Él bajó la mirada a nuestras manos entrelazadas y luego alzó la vista otra vez. Sus ojos verdes me rogaban sin palabras que confiara en él.
"Es cierto, pero aprendo rápido. Ángela y Ben tienen experiencia y Jasper y yo vamos a ir a ayudar en todo lo que podamos. Por favor, Bella, confía en mí." Alzó nuestras manos entrelazadas y las llevó a su rostro, presionando suavemente sus labios en el dorso de mi mano. Sus ojos seguían rogándome en silencio.
"Ten cuidado," supliqué, soltando sus dedos para aferrar su rostro con determinación. "No quiero perderte." Sus vibrantes ojos verdes se prendaron de los míos, y por unos instantes todo lo que vi en ellos fue compasión, preocupación, determinación… y algo más que no fui capaz de identificar.
"No me perderás," me prometió antes de aplastar sus labios contra los míos. La desesperación que transmitió en ese beso me inquietó. Dejé que todas mis preocupaciones y mis miedos se fueran en ese beso, liberando esos oscuros sentimientos de mi corazón.
Cuando nos separamos, Edward tenía una pequeña sonrisa en sus labios, pero sus ojos mostraban emociones encontradas. ¿Había sentido todo lo que quise transmitirle? Seguramente lo había hecho, pero antes de que pudiera analizar la mirada en sus ojos, él se volteó y se reunió con Jasper al otro lado del cuarto.
"Cuídate," repitió antes de salir junto a Jasper. Observé derrotada cómo subía las escaleras, y cuando la puerta se cerró a sus espaldas, ocultándolo de mi vista, algo dentro de mí se rompió. ¿Mi corazón? No, eso era ridículo; Edward sólo había ido a ayudar a Ángela y Ben.
"¿Qué fue lo que pasó?" Murmuró Rosalie, confundida. Sus brazos rodeaban a Alice, tratando de tranquilizarla. Alejando la mirada de la puerta que conducía a cubierta, crucé la distancia que me separaba de mis amigas y me senté en el suelo junto a ellas, dejando escapar un largo suspiro.
"No estoy segura," admití. "Por alguna extraña razón los chicos decidieron que tenían que ir a ayudar en cubierta, aún a pesar de que ninguno de los dos entiende nada sobre barcos."
"Esto no me gusta nada," replicó Rosalie frunciendo el ceño. "No me gusta ni un poco. ¿Qué si algo les pasa? ¡Son unos idiotas!"
"Quizá, pero quizá no. Quiero decir, seguramente cinco personas ayudando a evitar que el barco quede destruido por la tormenta será mejor que sólo dos. De hecho, aunque esté preocupada por ellos, de verdad me hace sentir más segura que Edward y Jasper estén ayudando." Eso era cierto. La sola idea de Edward estando allí afuera en la tormenta me tenía completamente aterrada, pero al mismo tiempo me confortaba un poco. Cuanta más gente estuviera ayudando, tendríamos más chances de que el barco llegara a salvo a tierra firme.
"Supongo que tienes razón," concedió Rosalie con un suspiro. "Pero eso no significa que me guste la idea."
"Coincido con eso," respondí. "Pero ¿qué otra opción tenemos?" Ella se encogió de hombros y luego sacudió la cabeza.
Miré a Alice y noté que aún tenía los ojos muy abiertos y el rostro pálido por el miedo. "Alice," susurré, lo suficientemente alto como para que me oyera. Su mirada atónita se dirigió a mí, pero fue como si mirara más allá de mi rostro. "No te preocupes. Es sólo una pequeña tormenta. Los chicos van a estar bien, y también nosotras."
"Bella, no puedes prometerme eso," la voz de Alice tembló a pesar de su esfuerzo por mantenerse en calma. "La naturaleza es impredecible, no podemos controlar el clima. El mar es indomable; no puedes garantizar la seguridad de ninguno de nosotros."
"Alice, esta es la primera vez en la vida que te veo tan asustada por una tormenta, ¿es sólo la tormenta lo que te tiene así?" Los ojos de Alice parecieron enfocarse de pronto, y ya no me dio la sensación de que estaba viendo a través de mí. Me miró fijamente por unos segundos antes de sacudir su cabeza.
"No, Bella. Además de la tormenta…" vaciló, y sus ojos se desenfocaron de nuevo.
"¿Y qué?" Urgió Rosalie, apretando sus brazos inconscientemente alrededor del cuerpo de duendecillo de nuestra amiga. La cabeza de Alice se movió lentamente hacia la puerta por donde los chicos acababan de salir. Rose y yo miramos hacia ese punto, esperando que se abriera. Cuando no lo hizo, el pánico comenzó a apoderarse de mí.
"¿Alice?" La llamé, tratando de tener su atención de vuelta. "Alice, ¿qué más ibas a decir?" Demandé con urgencia. Con cada segundo que pasaba, sentía crecer la tensión en el cuarto. El miedo era casi tangible y se había apoderado de todas nosotras, llenando la habitación y dándonos una inquietante sensación de claustrofobia.
"¿Alguna vez has tenido la sensación de que algo malo va a pasar?" Preguntó, aunque su voz era distante y su mirada todavía estaba puesta en la puerta cerrada. "¿Un mal presentimiento que por más que intentes, no te puedes quitar?"
Rose y yo nos miramos una a la otra, y estuve segura de que el miedo que brillaba en sus ojos era idéntico al que reflejaban los míos. Ambas titubeamos por un largo minuto antes de responder a Alice que nunca habíamos sentido algo así. ¿Un mal presentimiento? ¿Acerca de qué? Mi imaginación se fue a volar con las posibles respuestas a esa pregunta.
Las imágenes de Edward en la tormenta volvieron a asaltarme. El viento agitando su pelo revuelto alrededor de su rostro, la lluvia empapando la camisa que se aferraba a su cuerpo perfecto. La luz de los rayos iluminaba su hermoso rostro mientras ayudaba a conducir el barco. La tormenta se cernía sobre él mientras las olas rompían furiosamente contra los lados del barco, una y otra vez. Emmett era el timonel y luchaba por mantener el timón en su lugar. El barco se hundía más y más, sacudiéndose. El agarre de Emmett se soltaba un instante del timón y el barco comenzaba a perder el control. El barco comenzaba a hundirse mientras las olas lo golpeaban repetidamente.
Alejé aquellas horribles imágenes de mi mente sacudiendo bruscamente la cabeza. Mi corazón se aceleró mientras el miedo comenzaba a invadirme de nuevo. ¿Era posible que estuviéramos subestimando la fuerza de la tormenta?
"Tengo un mal presentimiento sobre esta tormenta, chicas," anunció Alice. "Algo malo va a pasar, puedo sentirlo." Esto no puede ser bueno, pensé. Alice no tiene malos presentimientos muy seguidos, pero cuando los tiene, generalmente tiene razón.
"Entonces tenemos que ir a ayudarlos," declaró Rosalie. "No podemos quedarnos aquí sentadas esperando que los demás se ocupen de todo; tenemos que ayudar."
"Tienes razón," accedí. "Cuantos más seamos, mejor."
Rápidamente nos pusimos de pie, a pesar de que el movimiento del barco amenazaba con hacernos caer otra vez. Alice se precipitó hacia un pequeño armario en la habitación y, abriendo la puerta de un tirón, comenzó a arrojar ropas por todas partes.
"¡Alice! ¡No es momento para preocuparse por la ropa!" La regañé.
"¡Estoy buscando impermeables!" Contestó. "¡No quiero que mi ropa se arruine!" Rosalie me miró y rodó los ojos. "¡Ahá!" Exclamó Alice, mostrándonos tres gabardinas amarillas.
"Oh, son adorables," comentó Rosalie con sarcasmo. "El último grito de la moda. Todas las chicas deberían tener uno."
"Oh cállate, Rose," chistó Alice. "Te mantendrá seca por más tiempo y evitará que pesques un resfrío. Póntelo de una vez." Le arrojó uno de los impermeables a Rosalie, quien se lo puso a regañadientes. Mirando entre los otros dos que tenía en las manos, me arrojó el más largo y ella se puso el más corto.
Cuando todas nos hubimos puesto los impermeables, Alice volvió a inclinarse sobre el armario y sacó tres gorros de lluvia.
"¡Diablos, no!" Gritó Rosalie. "No me voy a poner eso."
Alice le puso mala cara y le arrojó uno de todas formas, desafiándola a contradecirla. Rose suspiró y se lo puso sobre la cabeza, acomodando su cabello debajo.
"¿Feliz?" Alice asintió y me arrojó otro gorro, que yo dejé caer, y luego se puso uno ella también.
Rápidamente hicimos nuestro camino por las escaleras hacia la cubierta. Estaba agradecida de que Alice encontrara los impermeables, porque ahora estaba lloviendo incluso más fuerte que antes. Bizqueando, eché una mirada alrededor y vi a todos los chicos trabajando duramente para ayudar. Emmett todavía estaba frente al timón; Edward y Jasper estaban atando el bote de remos para evitar que el viento lo volara. Ben estaba en la proa y Ángela en la popa.
Nosotras corrimos hacia Ángela y le dijimos que queríamos ayudar.
"¿Quieren desayunar?" Gritó Ángela, confundida. Había malinterpretado nuestras palabras a causa del aullido del viento en sus oídos. Aún a pesar de estar a dos pies de distancia resultaba difícil escucharnos la una a la otra.
"¡Queremos ayudar!" Gritamos las tres al mismo tiempo. Ángela asintió y nos hizo señas para que la siguiéramos.
"¡Rose, tú puedes ayudar a Emmett a sostener el timón!" Gritó. Rosalie asintió y se apresuró hacia su musculoso chico.
"¡Bella, tú puedes ayudarme a mí, tenemos que evitar que los cables se enreden! Alice, tú toma el lugar de Ben en la proa. Necesito que observes que no haya obstáculos en el agua. ¡Asegúrate de que golpeemos nada que pueda hundirnos!"
Alice corrió hacia la parte frontal del bote, su pequeño cuerpo agitándose ligeramente por el golpe del viento. Yo seguí a Ángela hacia la popa y juntas comenzamos a desenredar los cables.
Mis ojos vagaron por todo el barco muchas veces. Observé mientras Jasper y Edward terminaban de atar las cosas a la cubierta, y cuando estuvo hecho Edward empezó a caminar hacia la proa y Jasper hacia la popa, chequeando que todo estuviera bien anudado.
Fue en ese momento cuando mi peor pesadilla comenzó a hacerse realidad. El viento sopló fuertemente, tomando a Alice por sorpresa y haciendo que perdiera el equilibrio. La vi caer hacia atrás y aterrizar sobre un pequeño recuadro en la parte delantera del bote. Sus manos se balanceaban sobre la barandilla mojada. Edward corrió a ayudarla, y la atrapó por la muñeca justo cuando comenzaba a deslizarse por la barandilla hacia el babor.
El barco se inclinó hacia babor y yo observé con horror como una gran ola inundaba la parte delantera de la embarcación. El poder de la ola tiró a Edward hacia abajo, y Alice cayó junto con él. Luego ya no pude ver más nada.
Cuando el agua comenzó a descender corrí hacia la proa. El agua había descendido casi completamente y, para mi horror, Edward y Alice ya no estaban ahí. Mis gritos agudos podían oírse incluso a pesar del aullido del viento, de modo que todo el mundo estuvo a mi lado en un minuto.
"¿Dónde está Alice?" Exclamó Jasper, mirando frenéticamente en todas direcciones.
"¿Y Edward?" Le siguió Emmett.
Sacudí la cabeza frenéticamente con incredulidad y los miré a ambos a los ojos antes de hablar. "Hombre al agua."
Edward POV
"¡Eso debería bastar!" Gritó Jasper por encima del viento cuando terminó de atar el último nudo que sostenía el bote de remos. Asentí.
"¡Creo que deberíamos volver a chequear que todos los otros nudos se sostengan!" Respondí, y el asintió de vuelta. "¡Tú mira en la popa que yo revisaré la proa!" Cuando nos separamos yo me dirigí directamente a la parte delantera del barco, tirando de los nudos que habíamos hecho con todas mis fuerzas para estar seguro de que no se soltarían.
El viento era muy fuerte y me revolvía el cabello alrededor de la cara, dificultándome la visión. Tenía que luchar para mantener el equilibrio. Miré hacia la proa y vi algo extraño de color amarillo brillante. Entrecerrando los ojos bajo la lluvia me di cuenta de que era Alice encapotada en un impermeable. ¿Qué demonios estaba haciendo Alice en la cubierta? Estaba sentada en una caja de acero, sus manos aferradas a la barandilla mojada y observando espantada alguna cosa que parecía estar abalanzándose peligrosamente sobre el barco.
El viento aumentó su fuerza y tomó a Alice desprevenida, haciendo que sus manos soltaran la barandilla y cayera hacia adelante. Rápidamente me abalancé hacia ella, esperando detenerla antes de que se deslizara a través de la baranda y cayera al agua. Su contextura era lo suficientemente pequeña como para que sucediera algo como eso.
Afortunadamente llegué a tiempo para aferrar su muñeca. "¿Qué estás haciendo aquí, Alice?" Grité mientras la ayudaba a ponerse de pie. Ella me devolvió una mirada agradecida, pero su expresión cambió rápidamente a una de horror.
No tuve tiempo para procesar la mirada en su rostro, porque en menos de un segundo fui golpeado por un sólido muro de agua. El barco viró bruscamente hacia un lado y yo perdí el balance, deslizándome también. La ola me había hecho caer y soltar la mano de Alice, y todo fue tan repentino que el agua se coló por mi garganta e inundó mis pulmones.
La sal del agua raspó mi garganta, mis pulmones se sentían a fuego vivo. Traté de toser para respirar, pero todo lo que había alrededor era agua. Mientras las olas me arrastraban a un lado y a otro, todo lo que podía pensar era en las palabras de Alice: ¿Vamos a… morir? Por el momento las cosas no parecían ir muy bien.
Luego vinieron a mi mente las palabras de Bella y la promesa que yo le había hecho. Ten cuidado. No quiero perderte. Esas habían sido sus palabras exactas, había estado tan preocupada porque algo pudiera pasarme… Y yo había confiado en que nada podría suceder, había respondido con valentía: No me perderás.
La violenta marea me arrastró hasta chocar contra algo metálico. De pronto me dolía todo el cuerpo y me sentí caer hacia atrás. Mi estómago dio un vuelco mientras daba una voltereta en el agua que caía en cascada y después de unos pocos segundos, rompí la superficie del agua, sumergiéndome profundamente en la negrura. Mi primera reacción fue quitarme de un tirón los zapatos, consciente de que el peso sólo serviría para hundirme más.
Cuando mi cabeza tocó la superficie tosí y escupí, jadeando por aire y escaneando los alrededores buscando algo amarillo. Todo lo que podía ver alrededor era agua.
"¡Alice!" Grité con todas mis fuerzas, haciendo una mueca de dolor al sentir que mi garganta estaba en llamas por el agua salada. Las olas me empujaron en todas direcciones, alzándome y hundiéndome, obligándome a ascender una y otra vez. Cada vez que rompía la superficie buscaba frenéticamente por algo amarillo.
Desde donde estaba podía ver el barco; no estaba muy lejos y seguramente habría podido nadar hasta allí, pero no iba a volver hasta que no encontrara a Alice. Le rompería el corazón a Jasper si volviera sin ella. Bella y Rose estarían en las mismas condiciones. Tenía que encontrarla.
Los rayos y truenos estallaban con estruendo en el cielo mientras llamaba a Alice una y otra vez. Rezaba porque estuviera a salvo. Era tan pequeña, su cuerpo no sería capaz de luchar contra los fuertes golpes de las olas como lo estaba haciendo yo, e incluso yo estaba empezando a debilitarme. Pero las olas continuaban golpeándome y arrastrándome bajo el agua mientras buscaba frenéticamente a esa mujer con forma de duendecillo.
Continué peleando contra las olas tanto como pude; y cuando volví la vista hacia donde había estado el barco me di cuenta de que ya no estaba allí. Mierda, pensé, estamos en problemas. Maniobrando con manos y piernas dentro del agua, me impulsé entre las olas y continué buscando a Alice. No podría haberse ido muy lejos, a menos que se hundiera… esperaba que no fuera el caso.
"¡ALICE!" Llamé por millonésima vez, escuchando atentamente por alguna respuesta. Pero no oí más que el sonido de los truenos y el aullido del viento. Otra ola me golpeó y me hundió más profundamente en el agua. Luché para volver a la superficie, mis músculos cada vez más débiles por el esfuerzo.
Cuando logré sacar la cabeza del agua respiré profundamente el aire húmedo y salado, llenado mis pulmones, que se sentían a fuego por toda el agua de mar que había tragado. El corazón me dio un salto en el pecho cuando alcancé a tener un vistazo de algo flotando en el agua. Entrecerré los ojos: ¡era amarillo!
Nadando tan rápido como fui capaz, me acerqué al objeto amarillo para descubrir que era un gorro de lluvia. Era el mismo gorro que Alice tenía puesto. Eso me dio esperanza, por lo que continué escaneando el área en busca de otro destello amarillo, aunque no pude divisar nada más. Otra ola se abalanzó sobre mí, hundiéndome. Tenía los ojos abiertos y traté de cerrarlos, pero algo amarillo me llamó la atención. Nadando hacia abajo desde la profundidad del agua, traté de precisar qué era aquello.
Mientras me acercaba pude comprobar que era algo grande. Definitivamente no era un pez amarillo, más bien parecía un pedazo de plástico. Cuando por fin me di cuenta de que era un impermeable estaba ya casi lo suficientemente cerca para tocarlo. Estaba envuelto alrededor del cuerpo lánguido de Alice.
Me apresuré a enredar mis brazos a su alrededor y apartarla de la roca sobre la que estaba tendida para ascender otra vez hacia la superficie. Rompimos el agua y al instante la miré a la cara, esperando que jadeara por aire o algo, pero ella simplemente no lo hizo. Estaba inconsciente. Oh, no, pensé, por favor que no sea demasiado tarde.
Escaneando a mi alrededor, lo más cercano que vi fue la isla con el faro. Arrastré a Alice conmigo mientras nadaba en esa dirección. "Quédate conmigo, Alice," rogué. "Aguanta sólo un poco más, por favor. No te atrevas a dejarme ahora. Romperás el corazón de Jasper si lo haces."
Levanté mi vista hacia el cielo y noté que las nubes estaban comenzando a dispersarse. El cielo ya no tenía aspecto amenazante para mí. Incluso las olas no parecían tan violentas como antes.
Cuando finalmente llegamos a la isla, la luna parecía estar en todo su esplendor. Tirando de Alice hacia la orilla, la recosté sobre su espalda y comprobé su respiración. No estaba respirando. Apoyando la oreja en su pecho, presté atención al latido de su corazón. Aún latía, pero el sonido era cada vez más débil.
Alzando su barbilla, separé suavemente sus labios con los dedos para darle dos lentas respiraciones, observando cómo su pecho se inflaba. Me moví rápidamente sobre ella y me senté a un lado, apoyando mi mano derecha sobre la izquierda y entrelazando los dedos antes de colocarlas en su pecho para empujar con fuerza, sin llegar a lastimarla. Conté hasta treinta en voz alta y luego alcé su barbilla otra vez. Le di dos respiraciones más y observé cómo su pecho se inflaba otra vez al recibir el aire en sus pulmones.
"Vamos, Alice," rogué, sin dejar de presionar su pecho mientras contaba hasta treinta en mi cabeza. "Por favor, Alice, despierta. Por favor…"
Tuve que repetir todo el procedimiento tres veces más antes de que Alice por fin jadeara y escupiera el agua que había tragado. Su rostro giró hacia un lado para dejar salir toda el agua por su boca entre toses y jadeos. Luego se sentó y respiró profundamente varias veces, sosteniéndose la cabeza con ambas manos.
"Gracias," susurró, haciendo una mueca de dolor. Su garganta debía estar tan rasposa como la mía. "Habría muerto de no ser por ti." Me miró a la cara por un momento y en su rostro se dibujo una pequeña sonrisa. "Realmente pensé que estaríamos perdidos cuando esa ola nos lanzó de la cubierta."
"Para ser honesto, yo también lo pensé," admití, inclinando la cabeza. "Pero no me iba a dejar vencer sin luchar."
Alice rió, y su sonrisa se ensanchó un poco más. "Yo también luché, pero las olas me ganaron." Su sonrisa se desvaneció repentinamente, sustituida por su ceño fruncido. "No veo el bote de Ángela por ningún lado. ¿Crees que algo les haya pasado? ¿Se… hundió?" Pude oír el pánico en su voz al hablar.
"No pienses eso," exclamé. "Ellos están bien," aseguré, aunque ni yo mismo podía estar seguro. "Probablemente lograron llegar al puerto a salvo. Vi el barco justo antes de encontrarte a ti."
"¿Lo viste?" Asentí. "Bien, porque sería terrible que se hundiera." Dio un largo suspiro e inclinó la cabeza, observando fijamente la arena. "¿Crees que volverán por nosotros?" Preguntó, titubeante.
"Por supuesto," contesté sin dudarlo. "No nos dejarán aquí. Estoy bastante seguro de que Jasper nunca se iría de aquí sin ti."
Alice sonrió ante la mención de Jasper. "Supongo que tienes razón," concedió. "Y Bella tampoco se iría sin ti. Así que… creo que no podemos hacer más que esperar." Dejando escapar otro profundo suspiro, hundió sus pies desnudos en la arena. Seguramente se había quitado los zapatos al caer en el agua, al igual que yo.
Levanté la vista y observé cómo la luz del faro escaneaba el agua frente a nosotros. Recordando el faro que estaba al otro lado de la isla, una idea vino a mi mente. Mi mente viajó hacia el principio de nuestra velada en la isla, y pensé en la leyenda que les había contado a los demás. ¡Por supuesto –pensé—eso es lo que tenemos que hacer!
"¿Alice?" Me puse de pie y miré hacia abajo, a la pequeña Alice. Ella me devolvió la mirada, con sus ojos avellana llenos de tristeza, pero al mismo llenos de curiosidad. "¿Recuerdas la leyenda que les conté esta noche, la del marinero y su amada?"
Su expresión se volvió pensativa mientras recordaba los eventos de la noche. "Sí, pero… ¿qué tiene que ver eso con nosotros?"
"Tiene todo que ver," repliqué. "Vamos." Le tendí la mano para ayudarla a ponerse de pie, y ella la tomó entre sorprendida y curiosa. No la solté mientras corríamos hacia el faro, no quería que tropezara y cayera por mi culpa.
"¿Cuál es la prisa?" Me gritó. "¡Si de todos modos tendremos que estar aquí por un tiempo, y sería mejor que nos quedáramos en la playa por si el barco pasa por aquí!"
Sacudí la cabeza sin contestar, evidentemente ella no recordaba ni una sola palabra de la historia que yo les había contado. Alcanzamos el faro mucho más rápido de lo que lo habíamos hecho la primera vez que fuimos hasta ahí. Dudaba que el guardián del faro hubiera venido en medio de la noche para cerrar las puertas, sobre todo con esa horrible tormenta. Mi suposición fue acertada, porque pude abrir la puerta sin esfuerzo y guiar a Alice adentro, hacia la torre.
Ambos corrimos escaleras arriba y entramos en el cuarto del faro. "Alice, busca algún filtro de luz. Cualquier cosa que cambie el color del haz de luz." (N/T: los filtros de luz son unos círculos de papel gelatinoso semitransparente, generalmente de colores, que se utilizan para ambientación en los estudios de televisión y fotografía, dando color a la escena. En mi país les decimos gelatinas… bueno, al menos los que hablamos la jerga televisiva, lol)
"¿Para qué los quieres?" Cuestionó, todavía confundida, mientras yo comenzaba a buscar entre los gabinetes que había a un lado de la habitación. Todo lo que encontré fue manuales, cables, y un montón de bombillas del mismo color del faro.
"Alice, en la historia la chica encendía un fuego en la ventana de la habitación más alta de la torre para reflejar la luz en el océano. El marinero vio la luz y navegó hasta la isla para reunirse con ella después de cuatro años de estar separados. Si nosotros cambiamos la luz y los chicos vienen a buscarnos, ellos notarán el cambio y sabrán que estamos aquí."
Los ojos de Alice se llenaron de entusiasmo al tiempo que una enorme sonrisa se expandía sobre su rostro. "¡Edward, eres un genio!" Exclamó, y rápidamente se giró sobre sus talones para ayudarme a buscar. Yo continué buscando y revolviendo cajones, pero no pude encontrar nada que fuera de utilidad.
Después de varios minutos de abrir y cerrar gabinetes estaba a punto de darme por vencido cuando Alice me llamó: "Edward, ¿qué crees que serán estas cosas?" Preguntó, levantando un círculo de plástico rojo.
"¡Alice, encontraste los filtros!" Exclamé, corriendo hacia ella y arrancándoselo de la mano. "¿Qué colores encontraste?"
"Um, azul, amarillo, verde… y el rojo que tienes en la mano."
Paseé la vista entre los círculos tirados a los pies de Alice y el que tenía en la mano y decidí que el rojo era el mejor color para lo que teníamos que hacer. "Creo que deberíamos usar el rojo. Es el color más contrastante."
"Sí, estoy de acuerdo," sonrió ella. "Pero… ¿cómo ponemos esto en la luz?"
Miré la luz que giraba por encima de nuestras cabezas y fruncí el ceño. No había pensado en eso. "¿Crees que podría arrojarte a la luz para que pongas el filtro mientras gira?"
Alice me lanzó una mirada fulminante. "Edward, sé razonable."
"Sólo era una broma," me reí.
"Sí, bueno, creo que no es el momento para hacer bromas, Edward. Tenemos que buscar un interruptor de luz."
Juntos caminamos alrededor del cuarto buscando algún interruptor con el que encender y apagar la luz del faro. Recorrimos todos los rincones, pero no encontramos absolutamente nada.
"Tal vez esté abajo," dije, rascándome la cabeza. Mi pelo todavía estaba húmedo, incluso pude oír algunas gotas cayendo al suelo. "Quédate aquí y avísame si ves que la luz se apaga." Alice asintió y yo corrí escaleras abajo.
No me tomó mucho tiempo encontrar un tablero de electricidad con un montón de botones e interruptores que no estaban etiquetados. Genial, pensé, ¿cómo demonios se supone que voy a saber qué hace cada uno? Encogiéndome de hombros y dejándoselo al azar, activé el interruptor más grande. Nada. Escuché por si Alice gritaba, pero no lo hizo.
Volví el interruptor a su lugar y traté con otro. La luz en la habitación en la que estaba se encendió. Inténtalo otra vez, me dije a mí mismo. Dejé la luz encendida, de forma que pudiera ver mejor los otros botones, y torciendo los labios en concentración, activé otro interruptor. Suspiré aliviado cuando escuché a Alice gritar.
"¡Se apagó!" Chilló hacia las escaleras mientras yo corría hacia la habitación del faro. "Bueno, y ahora ¿cómo llegaremos hasta ahí arriba?"
"Por las escaleras," señalé con naturalidad.
"¿Qué escaleras?" Preguntó. Señalé al otro lado del cuarto, donde había una pequeña escalera de madera contra la pared que conducía a la pequeña plataforma que rodeaba la luz. "Sí, supongo que servirá." Murmuró.
Me reí mientras nos dirigíamos hacia allí, Alice llevando consigo el filtro. Esperaba que no tuviéramos que usar ningún tipo de herramienta para poner el filtro en su lugar. Subimos a la plataforma y examinamos de cerca la luz, buscando la manera de poner el filtro y que no se cayera. La luz tenía unos clips alrededor del borde, así que le quité el filtro de la mano a Alice y los enganché de forma segura frente al bombillo.
"¿Crees que no se caerá?" Preguntó ella. Para corroborarlo, lo moví un poco antes de asentir.
"No, debería estar bien así." Juntos nos dirigimos al piso de abajo para volver a encender la luz. Cuando volvimos al cuarto, Alice me miró y sonrió.
"Eres un genio Edward, gracias por salvarnos." Yo le sonreí de vuelta y le hice señas para que se asomara conmigo al balcón.
"Desde aquí podremos ver el barco en cuanto se acerque a la orilla," le expliqué. Los dos nos quedamos de pie, inclinados contra la barandilla y mirando fijamente el océano. Después de un rato interminable ambos notamos una pequeña luz en el horizonte, en la dirección del puerto.
"¿Crees que esos son ellos?" Exclamó Alice señalando la luz. Dios, eso espero; pensé, aunque no lo dije en voz alta. Ambos nos quedamos callados mientras observábamos cómo el barco se acercaba rápidamente a la orilla, resultaba obvio que era un barco a motor. Fruncí el ceño: no podían ser ellos. Pero el barco continuaba acercándose más y más a la isla.
Desde el barco brilló una luz que me permitió ver la silueta de una voluminosa figura. Esa sombra musculosa me resultó extrañamente familiar. "Creo que son ellos," susurré con apremio a Alice. Ella me miró con una sonrisa enorme en la cara. "Vamos." La tomé de la mano y la conduje otra vez hacia la playa. Los dos corrimos a toda velocidad hacia la orilla sacudiendo los brazos frenéticamente sobre nuestras cabezas.
El barco se apresuró hacia la isla. A esas alturas podía divisar algunas sombras agitando sus brazos hacia nosotros. "¡Son ellos!" Chilló Alice con entusiasmo. "¡Gracias a Dios!" El barco navegó hasta la costa y los primeros en bajar fueron Jasper y Bella.
"¡Alice!" Gritó Jasper en cuanto la vio. Alice corrió hacia él y se lanzó a sus brazos abiertos, que la alzaron en el aire y la giraron alrededor de puro gozo.
"¿Bella?" Pregunté tímidamente, acercándome.
"¡Edward!" Exclamó ella, arrojando sus brazos alrededor de mi cuello. "¡Estaba tan preocupada! Vi esa ola alzarse sobre ti y sobre Alice y traté de verte en el mar, pero no podía encontrarte por ningún lado. ¡Pensé que te perdía!"
"No eras la única que estaba asustada," suspiré en su oído. "Yo también estaba aterrado de no volverte a ver."
Bella se alejó lo suficiente para mirarme a los ojos. Sus ojos cafés estaban hinchados y rojos, como si hubiera llorado. Besé sus párpados suavemente y quité el cabello de su rostro. "Estoy feliz de que estés a salvo," murmuró. Yo sólo sonreí y la besé suavemente en los labios.
"¡Alice, jamás me hagas esto de nuevo!" Escuché que decía Jasper a Alice. "Casi me da un ataque al corazón cuando te vi caer por la borda. Rosalie y Emmett tuvieron que detenerme de saltar tras de ti."
"Aw, Jazzy, te preocupas demasiado," se rió ella. Jasper refunfuñó algo más y luego la besó.
"Menos mal que nos habías contado esa historia antes," susurró Bella. "Nos ayudó a encontrarte, y también nos ayudó a manejar el pánico y la preocupación por ustedes dos. Cuando volvimos al puerto y vimos la luz roja supimos instantáneamente dónde estaban y que estaban a salvo."
La besé otra vez sobre los labios y la acerqué a mi cuerpo para darle un fuerte abrazo. "No iba a dejarte, Bella," murmuré con el rostro enterrado en su cabello. "Todavía tenemos un brillante futuro por delante."
Aww! ¿Qué habrá querido decir Edward con "Todavía tenemos un brillante futuro por delante"? Esa frase tiene muchas interpretaciones... ;)
Chicas, a las que aún no lo saben, les anuncio que estoy haciendo otra traducción: Never Sleep in a Strange Man's Bed (-Nunca duermas en la cama de un extraño-) de WndrngY. Dense una vuelta y me dicen que les parece.
Para las que ya lo sabían... ¡actualizo esta noche, estén atentas!
Oh y... bueno, siempre tengo excusas. Pero es probable que esté un tiempo ausente porque ME VOY DE VACACIONES, YAY!! *hace un bailecito de la victoria*
Peeero... aunque no tenga tiempo de traducir, me voy a llevar la laptop... así que más les vale portarse bien, porque estaré vigilándolas *risa malvada*
Bueno, ya :P Hasta el próximo capítulo ladies!
