Importante: 'Dateless for too long' pertenece a softballgirl1136, yo sólo la traduzco.

La historia original: http : // www . fanfiction . net /s / 3986879 / 1 / Dateless _ For _ Too _ Long


Sowelu es mi maravillosa beta y una grandiosa amiga. ILY brown eyes!


22. La mascarada

Bella POV

"Dios, ¿compraron toda la tienda, chicas?" Exclamé cuando vi a Alice y Rose entrar por la puerta con los brazos llenos de enormes bolsas de ropa. "Alice, ¿tu tarjeta de crédito tiene un límite?"

Alice rodó los ojos y dejó caer las bolsas en el sillón. "Por supuesto que tiene, Bella. Todas las tarjetas de crédito tienen límite."

"Me sorprende que no lo hayas pasado ya."

Alice soltó una carcajada aguda. "Bella, de veras me haces reír. Lo creas o no, no tengo ni una sola deuda."

"Eso es porque tus padres son ricos," interrumpió Rosalie. "¿Cuánto te dieron en tu último cumpleaños?"

"Rose, eso no tiene nada que ver ¡y tú lo sabes! Soy muy cuidadosa con mi dinero. Desde que tenía seis años y hasta los dieciséis, cada dólar que recibía iba directamente a mi cuenta en el banco para recaudar los intereses."

"Pero siempre recibiste grandes sumas de dinero por las fiestas y en tus cumpleaños de parte de tu familia rica. De ahí también sale una gran parte de tus ahorros." Alice se encogió de hombros.

"Okey, tal vez sí ayudó un poco que naciera en una familia rica. Pero ahora yo hago mi propio dinero y simplemente lo administro bien. Mi padre me ha enseñado las mejores maneras de gastar, guardar e invertir."

"Inversiones," repetí. "No nos olvidemos de todo el dinero que Alice obtiene de sus inversiones en mercaderías. Ella sabe exactamente en qué mercaderías invertir y en cuáles no."

Alice se encogió de hombros sin darle importancia, aunque los costados de su boca se torcieron en una pequeña sonrisa. "Llámalo intuición," dijo casualmente.

"Lo que digas, Alice."

"En fin," dijo ella, dando una palmada entusiasta y echando una ojeada al reloj. "No nos olvidemos de que hoy es el cumpleaños de Rose, y creo que todavía tenemos algo pendiente." Sonreí ante su obvio intento de cambiar de tema. "Rose, siéntate en el sofá," ordenó. "Bella y yo regresaremos en seguida."

"Pequeño duendecillo mandón," murmuró Rose caminando hacia el comedor antes de dejarse caer en el sofá.

Alice me tomó de la mano y me arrastró por el corredor hacia mi habitación. "¿Dónde pusiste tu regalo para Rose?" Demandó, y yo señalé mi armario. Ella cruzó la habitación e inmediatamente comenzó a revolver entre mis cosas, buscando un regalo que no estaba ahí.

Sonriendo, me dirigí silenciosamente hacia la ventana y levanté la tabla de la parte inferior de la Alice ni Rose sabían que la madera de mi ventana se levantaba, pretendía mantenerlo en secreto. Me incliné para sacar cuidadosamente el paquete envuelto en papel plateado brillante. El lazo rosa pegado en la parte de arriba tenía cintas que colgaban hacia abajo y tenían los extremos ligeramente torcidos.

Volviendo a bajar la tabla, me giré para observar a Alice todavía revolviendo entre mis cosas en busca del regalo. Mis ropas estaban volando por todas partes mientras ella las arrojaba sin cuidado, concentrada en su búsqueda. Crucé el cuarto para quedarme de pie en el mismo sitio donde Alice me había dejado y dejé escapar una leve risita.

"¡Bella, no lo encuentro! ¿Dónde diablos lo escondiste?" Alice se giró para enfrentarme con el rostro lleno de frustración. Su entrecejo, generalmente liso, estaba arrugado en consternación y su pequeña boca torcida en un gesto de irritación. Sus ojos castaños centelleaban furia cuando su mirada se posó en el paquete en mis manos.

"¡Pequeña mentirosa!" Me acusó, caminando hasta pararse justo frente a mí. "¡Me hiciste revolver todo tu armario sabiendo que no iba a encontrar nada ahí! ¿Por qué eres tan cruel?"

"Alice, ¿de verdad creíste que te iba a decir dónde está mi escondite secreto? Hm, creo que no. Ya es suficientemente malo que tú siempre adivines lo que te voy a regalar la mayoría de las veces. No quiero que husmees mis regalos para ti."

"¡Nunca haría una cosa así!" Me dijo ella, ceñuda. Su expresión se mantuvo oscura por unos instantes más, pero luego cambió completamente a una más animada. Una enorme sonrisa se expandió sobre su rostro, tan grande que me pregunté si no le dolería.

"¿Por qué sonríes?" Pregunté, preocupada por el brillo siniestro de su mirada.

"Oh, no es nada. Solo estaba pensando en lo mucho que nos vamos a divertir comprando, porque después de que me forzaras a saquear todo tu armario, me di cuenta de que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que salimos a comprar ropa para todos los días."

"Genial," gemí.

"¿Por qué tardan tanto?" Nos llegó la voz de Rose desde el pasillo, haciendo que Alice se mordiera la lengua y no respondiera a mi falta de entusiasmo ante su amenaza.

"¡Ya vamos!" Respondimos las dos. Alice tomó el paquete de mis manos y salió al pasillo dando saltitos. Yo la seguí, rodando los ojos ante su entusiasmo.

"¡Mira lo que encontré!" Anunció Alice entrando al comedor. "Es de Bella," dijo, poniéndole el regalo en las manos a Rose. "Ábrelo."

Rosalie miró a Alice sospechosamente. "Si es de Bella, ¿no debería ser ella quien me lo de?"

Alice se encogió de hombros. "Ella me dio permiso de dártelo."

"Claro," replicó Rose con sarcasmo. La conocía demasiado bien como para creerle eso. Pero antes de que Alice comenzara a gritarle, Rosalie rompió el envoltorio plateado y frunció el ceño cuando vio la caja marrón.

"Una caja," señaló. "Qué linda."

"¡Ábrela!" Ladró Alice con impaciencia. Rosalie se rió y arrancó la tapa. "¿Quién envolvió esta cosa?" Preguntó mientras hacía a un lado un montón de hojas de periódico y envoltorio de burbujas.

Yo señalé a Alice y Alice me señaló a mí. "¿Era necesario usar tanto periódico?" Preguntó Rose mirando a Alice.

"Sí," fue la única respuesta de Alice.

Rosalie quitó todo el material de relleno de la caja y se quedó mirando la fuente con el rostro inexpresivo. Pestañeó varias veces antes de fruncir el ceño. "Muy gracioso, Bella," masculló con disgusto. Después levantó la vista y sonrió ampliamente. "¡Me encanta!"

Dejando la fuente a un costado, se levantó del sillón y arrojó sus brazos alrededor de mi cuello, dándome un abrazo rompe-huesos. "Por cierto, gracias por hablar conmigo esa noche. Si no hubiera hablado contigo primero, habría estado demasiado nerviosa como para contestar mi teléfono."

Le devolví el abrazo con casi la misma fuerza. "No hay de qué."

"¡Encendámoslo!" Exclamó Alice, echando una mirada al reloj. Seguí su mirada y me di cuenta de que sólo estaba tratando de matar el tiempo. Eran apenas las dos y media y todavía teníamos unas cuantas horas por gastar.

Rose se encogió de hombros y recogió la fuente para llevarla a su cuarto.

"¿A qué hora le dijiste a los chicos que estén en Premier?" Le susurré a Alice antes de seguir a Rose por el pasillo.

"Ellos estarán ahí a las seis para asegurarse de que todo esté bien. Los invitados estarán ahí a las siete y nosotras llegaremos con Rose a las 7:15." Asentí, asimilando la información.

"Perfecto."

"¡Saldremos esta noche, Rose!" Anunció Alice a las cuatro en punto. Las tres estábamos sentadas en una pequeña cafetería festejando tranquilamente el cumpleaños de Rose. Alice y yo la llevábamos a cenar a ese mismo lugar todos los años. Era nuestro lugar favorito para comer juntas. La atmósfera era relajante y la comida era genial.

"¿Salir?" Repitió Rose, tomando otro pedazo de su sándwich de pavo. "¿Salir a dónde?"

"A bailar," respondió Alice. "Necesitamos hacer algo diferente. Hace ya varios años que hacemos siempre lo mismo para tu cumpleaños, creo que es hora de probar algo nuevo. Hoy es tu cumpleaños número veintidós, ¡hagamos algo divertido!"

Se suponía que yo tenía que decir algo ahora. Abrí la boca para hablar, pero ninguna palabra salió. Alice vio mi expresión y me dio un pisotón por debajo de la mesa. Cerré la boca de un golpe y le lancé una mirada feroz, tratando de bloquear el dolor de mi pie.

"Es cierto, Rose," dije con la voz más calmada que pude simular. "Hay que celebrar tu cumpleaños apropiadamente. Salir esta noche es una excelente idea."

Rose mordió otro pedazo de su sándwich y masticó lentamente. Sus ojos estaban perdidos en la distancia, pensando.

"¿A dónde vamos?" Preguntó finalmente después de tragar el bocado y bajarlo con un sorbo de soda dietética.

"A un club," contestó Alice evasivamente. "Así que tenemos que volver a casa para prepararnos." Se levantó de un brinco y caminó graciosamente hacia el basurero para tirar los restos de su comida. Yo la seguí y luego siguió Rose.

Ella no hizo más preguntas mientras caminábamos hacia la casa. La cafetería estaba a sólo unas cuadras del apartamento.

En el momento en que atravesábamos la puerta, comenzó a sonar el teléfono de Alice, quien lo respondió rápidamente y se disculpó antes de salir de la habitación.

"Jasper," adivinó Rosalie con una risita. "¿Te diste cuenta de lo rápido que se llevó el teléfono al oído? No hay dudas de que es Jasper."

"Seh," repliqué honestamente. Tampoco yo tenía dudas de que era Jasper quien la había llamado, pero sabía que esta vez no la llamaba sólo para conversar.

"Rose, ¡tengo un regalo para darte!" Alice reapareció trayendo consigo una percha en la que, estaba segura, estaba colgado el vestido de Rosalie. Tenía el teléfono en la otra mano. Rosalie se quedó mirando la percha y luego sus ojos vagaron por todo el largo de la bolsa que ocultaba el vestido.

"¿Es que nuestra excursión a la tienda no fue suficiente?" Cuestionó.

Alice sacudió la cabeza. "No. Este lo compré para esta noche, para nuestra salida de hoy. Lo compré mientras tú estabas discutiendo con esa vendedora en Macy's"

Rosalie sonrió ante el recuerdo. "Ah, sí. La vendedora odiosa. Parece que estuve demasiado metida en nuestra discusión como para darme cuenta de que tú habías desaparecido. ¿Dónde lo tenías escondido cuando volviste?"

"Entraba perfectamente en la bolsa de Macy's" Mintió Alice, y sonó creíble. Rose se lo creyó. Tomó la percha y se encaminó hacia su cuarto para ponerse el vestido. Diez minutos después, salió con una expresión de evidente confusión.

"El vestido es hermoso, no me malinterpretes," explicó. "Pero es que… ¿no es demasiado formal como para llevarlo a un club?" Agregó, señalando el vestido rojo sin tirantes y con lentejuelas que iban desde la parte delantera hasta la falda, que llegaba hasta al piso.

Alice sacudió la cabeza y sonrió. "No, ¡estás hermosa!" Barbotó. "En serio, te ves espectacular. Además, estamos yendo a un club, pero no precisamente a bailar."

"¿No?" Cuestionó Rose. Yo me mordí el labio, pensando que quizá Alice estuviera dando demasiada información. Pero por supuesto, Alice sabía exactamente lo que estaba haciendo. O eso creía.

"No. El club a donde vamos esta noche tiene noches temáticas. La temática de hoy es un baile formal. Te encantará. Vi fotos del año pasado, y te aseguro que en cuanto las vi, supe que no podríamos perdérnoslo este año. Y como si el destino me hubiera dado la razón, ¡la fiesta es el día de tu cumpleaños!"

En mi opinión, la historia de Alice era poco creíble. No esperaba que Rose cayera. Vi la duda en sus ojos, aunque curiosamente, no hizo más preguntas.

"¡Anda, ve a terminar de cambiarte!" Ordenó Alice señalando el pasillo. Rose suspiró y asintió, dándose la vuelta para volver a su cuarto. En el instante en que la puerta de Rose se cerró a sus espaldas, Alice me agarró la mano y me arrastró por el pasillo hacia su habitación. Una vez allí se encaminó directamente al armario para sacar mi vestido y dejarlo sobre su cama.

"Vístete." Asentí en silencio y me vestí rápidamente. Alice me cerró la cremallera y me volteó para examinarme. "Ese vestido te queda espectacular, Bella. Verás cómo le quitarás el aliento a ese novio tuyo en cuanto te vea."

Me ruboricé ante el cumplido porque recordé que Edward estaría con nosotras esta noche, vestido con su adorable esmoquin. La mención de Edward me recordó la llamada de Jasper.

"¿Qué te dijo Jasper cuando te llamó?" Le pregunté a Alice mientras ella me empujaba hacia la silla frente a su tocador.

"Me dijo que ya estaban de camino al club. Obviamente, ellos tenían que salir antes que nosotras porque viven más lejos." Alice me peinó mientras me contaba su conversación con Jasper. Primero me cepilló el pelo varias veces, y luego tomó el rizador para hacer unas suaves ondas que caían libremente enmarcando mi rostro.

Después me atacó con maquillaje. Me puso una base, trazó una línea negra sólida con delineador, me puso máscara y una sombra azul en mis párpados que combinaba con mi vestido. Mis mejillas no necesitaban rubor debido a mi constante sonrojo.

Cuando terminó, Alice me sonrió y me giró en la silla para que me viera en el espejo. "¿Qué opinas?"

Pestañeé varias veces cuando vi mi reflejo. La chica que me devolvía la mirada era una extraña. Y se veía realmente bonita. No era hermosa ni excepcionalmente atractiva, pero era bonita. Sus ojos chocolate resaltaban mucho más gracias al delineador y la máscara.

Extendí la mano y toqué el frío vidrio donde estaba parada aquella mujer. "Alice, eres maga," susurré.

Ella se rió. "No soy maga. Sólo puedo trabajar con lo que me dan. Lo único que hice fue acentuar tu belleza natural con maquillaje."

Rodé los ojos. "No estoy tan convencida de eso."

Alice frunció el ceño. "¿Cuándo vas a aceptar que realmente eres bonita, Bella?" Espetó.

Yo suspiré. "Alice…"

"No," me interrumpió. "No voy a tener esta discusión otra vez. No esta noche. Lo importante ahora es que te ves hermosa y que vas a hacer que Edward se quede sin habla esta noche cuando te vea."

No quise discutirlo, pero yo no pensaba lo mismo. Aún así me quedé callada porque no quería empezar a discutir con Alice justo ahora que teníamos que celebrar el cumpleaños de Rose. Esta era la noche de Rosalie.

Me giré y me quedé viendo cómo la tela de mi falda ondeaba alrededor de mis pies. Volviendo la mirada en el espejo, me concentré en el vestido azul oscuro y me maravillé una vez más de lo hermoso que era. El color contrastaba perfectamente contra mi piel. Los tirantes estaban cubiertos con un chal del mismo tono azul, aunque la tela era semitransparente. El vestido se amoldaba muy bien a cada una de mis curvas. Las lentejuelas de la parte del frente parecían destellar bajo la luz, y la falda caía grácilmente hasta el suelo.

Alice se puso rápidamente su vestido negro, sin tirantes, que se abría en la parte de la falda y dejaba a la vista una tela blanca que estaba debajo. El vestido se adaptaba a sus delgadas caderas y acentuaba cada curva de su pequeño cuerpo. Alice caminaba y la falda recta del vestido barría el suelo a su paso, incluso a pesar de que se había puesto zapatos de tacón. En un parpadeo se había maquillado y había encontrado un pequeño bolso negro donde puso nuestras tres máscaras.

"Nos las pondremos cuando lleguemos a la fiesta. No podemos usarlas ahora, porque eso hará que Rose sospeche aún más, y además quiero que Rose vea la fiesta sin la máscara primero."

Asentí de acuerdo y sonreí. "¿Estás lista?"

"¡Sip! ¡Vámonos!" Enredando su brazo en el mío, Alice me guió otra vez hacia el comedor, donde Rose ya estaba sentada en el sofá, esperándonos.

"¿Por qué tardaron tanto?" Preguntó cuando nos vio regresar. Señalé a Alice, quien sonrió ampliamente.

"Estaba tratando de hacer entender a Bella que ella es realmente hermosa. ¿No se ve preciosa, Rose?" Rosalie me miró apreciativamente por un momento mientras una enorme sonrisa se formaba en su precioso rostro.

"Se ve espectacular, Alice, creo que nuestra Bella está creciendo." Se limpió una lágrima imaginaria y se puso de pie para acercarse a nosotras.

El sol perdía todo su resplandor en comparación con la belleza natural de Rose envuelta en un vestido rojo de lentejuelas, con el rostro ya de por sí perfecto mejorado con una capa de maquillaje, y su cabello rubio maíz cayendo en cascada hasta la mitad de la espalda. La diosa griega Afrodita no tenía nada que envidiarle.

Rose enlazó su brazo con el mío, y las tres nos dirigimos hacia la puerta. Parada junto a Alice y Rosalie ya no me sentía atractiva. Por esta noche, podía aceptar que era bonita; pero sabía que no era nada en comparación con ellas dos.

Ambas eran hermosas. Alice parecía un duendecillo encantado en su vestido negro sin tirantes y con su cabello negro y en puntas enmarcando su rostro. Sus movimientos gráciles sólo sumaban puntos a su belleza y hacían que todo el mundo se volteara a verla.

Rosalie tenía una belleza incomparable. La galaxia entera de estrellas sólo podía soñar ser alguna vez tan bellas como lo era Rose. Su belleza podía opacar la luz de todas las estrellas en el infinito cielo.

Ni una ni otra parecían pertenecer a este planeta. Siempre había creído que las dos venían del Olimpo, al igual que todos los otros dioses y diosas griegos.

Mientras el Porsche de Alice aceleraba sobre el pavimento húmedo, yo iba sentada en el asiento trasero, viendo mi reflejo en la ventana. Las luces de las farolas de las calles que íbamos dejando atrás mientras conducíamos por el pueblo se reflejaban en mi rostro y distorsionaban mi imagen, pero las pequeñas molestias nunca me distrajeron del reflejo en la ventana.

Tracé todos y cada uno de los contornos de mi rostro con la mirada, intentando buscar a la chica que de alguna manera se las había arreglado para atraer la atención de Edward. Él estaba en mi mente todo el tiempo. Llenaba todos mis pensamientos y consumía mi alma. Mi atracción por Edward era lógica: era la persona más increíble y hermosa que había visto jamás; pero incluso por debajo de su belleza exterior había un hombre muy educado; un hombre inteligente, dulce, cariñoso, sincero y amable.

Mi atracción por él era comprensible. Su atracción por mí, en cambio, era un enigma. Por alguna extraña razón, yo le gustaba. Yo era feliz junto a Edward y él parecía sentirse de la misma manera cuando estaba conmigo.

"¿En qué tanto estas pensando ahí atrás, Bella?" La voz aguda de Alice resonó en el coche interrumpiendo mis pensamientos.

"Oh, nada," mentí, y por supuesto no sonó muy convincente. Los ojos de Alice se encontraron con los míos en el espejo retrovisor y vi en su mirada lo que no había dicho en voz alta. Mi amiga era difícil de engañar. Era demasiado perceptiva.

"Tal vez deberíamos poner algo de música," sugirió Rose, encendiendo la radio y subiéndole el volumen. El sonido de baterías y bajos de la canción que estaban dando reverberaron en el interior del carro. No conocía la canción, pero agradecí silenciosamente por el estridente sonido del bajo y los golpes erráticos de la batería. Me permitieron mantener la mente alejada de Edward. Pensar en él, sólo me ponía más nerviosa ante la perspectiva de lo que tendría que enfrentar esta noche.

Durante el resto del viaje, las tres estuvimos cantando con la música muy fuerte y riéndonos a carcajadas cuando alguna se confundía con la letra de la canción, algo que a mí me ocurrió varias veces. La mayoría de las canciones que estaban dando, yo sólo las había escuchado un par de veces, así que naturalmente perdía el ritmo bastante seguido.

Cuando finalmente llegamos a Seattle, Alice aparcó varias cuadras antes de Premier. No quería que Rosalie viera nada que le arruinara la sorpresa. Habíamos llegado a la hora indicada, Alice era impecablemente puntual. Jamás llegaba tarde a ningún lado, y esta noche no iba a ser la excepción.

Salimos del llamativo coche de Alice hacia la fría noche. El sol aún no había desaparecido del todo, de modo que el ocaso enviaba brillantes rayos de color sobre el horizonte creando una vista espectacular.

Las tres caminamos las pocas cuadras que restaban hasta el club con los brazos entrelazados. "Por aquí," anunció Alice, tirando del brazo de Rose para caminar en la dirección opuesta. "Entraremos por la puerta de atrás. Bernie me dijo que nosotras no teníamos por qué molestarnos en hacer esa larga fila para entrar."

Rose le sonrió apreciativamente. "¡Alice, eres un genio!" Me sorprendió lo fácil que Rose estaba cayendo en la trampa. Aunque a decir verdad, hubiera sido natural para Alice convencer a un gorila de dejarnos entrar a un club sin hacer la fila para entrar.

Alice nos hizo rodear el club hacia una puerta trasera que daba a un pasillo estrecho de paredes desnudas. La música se escuchaba claramente desde donde estábamos y parecía retumbar en cada pared. Alice se adelantó hacia el pasillo haciéndonos señas para que la siguiéramos. Había una enorme puerta de madera al final que dirigía directamente al club, pero Alice se detuvo varios metros antes de la puerta y se volteó hacia la derecha.

Ahí había otra puerta, más pequeña, que yo no había visto antes. Cuando Alice la abrió apareció ante nosotras una pequeña escalera que conducía al piso superior. Ella no titubeó al subir las escaleras, por lo que Rose y yo la seguimos rápidamente. Cuando llegamos al final de las escaleras vimos a Alice de pie junto a una gran puerta de madera, haciéndole señas a Rose para que fuera primero.

Mientras Rose abría la puerta, Alice rebuscó dentro de su bolso y sacó su máscara y la mía. Tomé la máscara azul oscuro que combinaba con mi vestido y la puse en su lugar cuidadosamente, tratando de no arruinar el peinado. Alice hizo lo mismo y las dos nos reunimos con Rose en uno de los muchos balcones que tenía el club.

Un reflector iluminó el sector en donde estábamos y un fuerte coro de "¡sorpresa!" y "¡feliz cumpleaños!" llegó hasta nosotras desde el piso de abajo. Rose se giró para enfrentarnos con el rostro acalorado por la sorpresa. Se sorprendió un poco por las máscaras que llevábamos puestas, pero rápidamente se recompuso.

"¿Una mascarada?" Inquirió. "¿Hicieron una fiesta sorpresa de disfraces para mí?"

Alice asintió y brincó alegremente sobre las puntas de sus pies. "¿Te gusta?"

Rose sacudió la cabeza lentamente con incredulidad. "Sabes, sospechaba que estaban planeando algo ustedes dos, pero no esperaba esto. Gracias." Cruzó la corta distancia que nos separaba y nos atrapó a ambas en un estrecho abrazo.

"Sólo desearía que Emmett estuviera aquí," suspiró Rose. "Me hubiera encantado bailar con él… y dejarlo aturdido con mi vestido." Su voz sonaba abatida y distante. Incluso sus ojos se veían tristes.

"Oh, él está por aquí en algún lado," le aseguró Alice. "Anda, ve a buscarlo."

Rose se reanimó de manera inmediata. Una sonrisa deslumbrante apareció sobre su rostro mientras se apresuraba escaleras abajo hacia la pista de baile para encontrar a Emmett. No iba a tomarle mucho tiempo encontrarlo. Él era enorme, después de todo.

Alice se giró hacia mí y sonrió. "¡Creo que esta noche será perfecta!" Exclamó. "¿Has visto la reacción de Rose?" Asentí en silencio, sabiendo que no tendría oportunidad de responder verbalmente antes de que ella continuara con su parloteo. "Esta es definitivamente la mejor idea que he tenido nunca. Ahora, ¡vamos a disfrutar de la fiesta!"

Tomó mi mano y me guió escaleras abajo hacia la abarrotada pista de baile. El club estaba lleno de gente vestida en trajes elegantes y máscaras escondiendo sus rostros. Me maravilló la cantidad de gente que había asistido. Alice había invitado a una cantidad ridículamente enorme de gente, por supuesto, pero no esperaba que asistieran todos ellos.

La música resonaba en el aire y retumbaba en las paredes. Ya había algunas parejas bailando en la pista. Las faldas de las mujeres parecían mecerse alrededor de los pies de los bailarines, y dado que todo el mundo llevaba máscaras, era imposible reconocer a nadie.

"¡Bella, mira!" Me gritó Alice por encima del ruido de la música, deteniéndose de pronto y haciendo que yo chocara contra su espalda. Se alzó sobre las puntas de sus pies y señaló por encima de todas las cabezas el otro lado del cuarto. Seguí el dedo de Alice y miré por todos lados, pero no vi absolutamente nada. Ella me señaló una esquina de largas columnas, pero no había nadie ahí.

"Alice, ¿a qué estamos mirando?" Pero antes de que ella pudiera responder, lo vi, y la vista me quitó el aliento.

Edward, viéndose como un ángel vestido de negro, salió de su escondite detrás de una de las columnas. Sus centelleantes ojos verdes, realzados por la máscara negra, se encontraron instantáneamente con los míos. Sus labios se alzaron lentamente en su característica sonrisa torcida.

"¡Ow, Bella!" Exclamó Alice repentinamente, desviando mi atención de Edward. La miré y me encontré con que mis manos estaban aferradas como garras alrededor de su brazo. No me había dado cuenta de que le había agarrado el brazo, pero aparentemente se lo había estado apretando demasiado fuerte.

Quité mis manos rápidamente mientras sentía la sangre acumulándose en mis mejillas. Menos mal que Alice no me había puesto rubor, porque definitivamente no lo iba a necesitar. "Lo siento, Alice," me disculpé. "Yo sólo…"

"¿Necesitabas mi brazo de apoyo?" Adivinó. Asentí, provocándole una risa. "Entiendo, Bella. Tengo que admitir que tuve una reacción similar cuando vi a Jasper de pie ahí."

"¿Jasper?" Pregunté, inclinando mi cabeza hacia un lado. Escaneé la multitud a nuestro alrededor, pero no lo vi por ningún lado. Pero Alice había estado conmigo todo el tiempo, de modo que tenía que estar cerca. "¿Viste a Jasper?"

"Sí, Bella, estaba de pie justo al lado de Edward. ¿No lo viste?"

Sacudí la cabeza. Por supuesto que no lo había visto, no había visto nada aparte de Edward. Volví la mirada hacia donde lo había visto a él, pero la esquina estaba ahora vacía. No había signos de Edward o Jasper.

"¿Buscando a alguien?" Susurró una voz aterciopelada en mi oído. Girándome lentamente, mis ojos se encontraron con dos hermosas esmeraldas.

"Buscaba, pero ya lo encontré."

Edward sonrió y tomó mi mano, haciéndome girar sin esfuerzo. "Baila conmigo," dijo suavemente, sus dientes blancos brillando en la oscuridad del lugar.

"Edward, no puedo bailar," admití, mirando mis pies con nerviosismo. "Te lastimaré."

La risa musical de Edward resonó en mis oídos como el hermoso sonido de las campanas de una iglesia un domingo por la mañana. "No me lastimarás, Bella. De hecho, ni siquiera te vas a lastimar tú, porque yo no lo permitiré. No esta noche. Sólo sigue mi ritmo y estarás bien." Su mano descansó suavemente en mi cintura después de apoyar mi mano izquierda en su hombro. Su derecha sostenía firmemente la mía en el aire. Sus movimientos eran rápidos y gráciles, los míos eran torpes, embarazosos. Y sin embargo, estábamos bailando.

"Nunca me dijiste hola," le dije a Edward después de que el baile terminara.

"Lo siento," se disculpó sonriendo. "Es que te ves tan asombrosa que tenía miedo de que alguien quisiera bailar contigo, y yo quería ser el primero." Entrelazó nuestros dedos y me dirigió fuera de la pista de baile. "Hola, Bella," susurró en mi oído antes de inclinarse para besarme suavemente en los labios.

Yo sonreí y le devolví el beso. "Hola. Y no tienes que preocuparte por mí bailando con nadie más."

"Oh, ¿en serio?" Edward alzó una ceja, interrogante. "¿Y por qué no?"

"Porque nadie lo pedirá," respondí simplemente.

"Eso es absurdo, Bella. Por la forma en que te ves esta noche, tendrás al menos una docena de ofertas en los próximos minutos."

"¡Sí, seguro!" Resoplé. "Edward, no te engañes. Eso no va a pasar. Además, si por alguna extraña razón otro chico me pidiera un baile, diría que no. No tengo suficiente confianza en mí misma para bailar."

"Acabas de hacerlo muy bien," replicó él, aunque sus ojos verdes brillaban con una emoción que a mí me resultaba extraña.

"Tú eres un buen guía. Creo que si intentara bailar con alguien más, me caería de bruces y golpearía a mi pareja en el proceso. Esta noche prefiero bailar sólo contigo."

Edward enredó ambos brazos alrededor de mi cintura y me atrajo más cerca. "Me alegra escuchar eso," susurró. "Porque no sé si sería capaz de controlar el monstruo verde que hay dentro de mí si bailaras con alguien más."

"¿Monstruo verde? ¿Quieres decir que te pondrías celoso?"

Edward asintió. "Soy un simple humano, después de todo."

Estaba a punto de contestar cuando apareció Alice arrastrando a Jasper. "Edward, Bella, ¿han visto a Rose? No la encuentro por ningún lado y hay una montaña de regalos esperando para ser abiertos."

"¿Regalos?" Inquirí. "No pusimos nada sobre traer regalos en las invitaciones."

"Es una celebración de cumpleaños, Bella, es natural que la gente trajera regalos," respondió Alice. "¿Has visto la pila que hay por allí? ¡Es enorme!" Señaló una esquina donde había una gigantesca montaña de paquetes de todos colores que brillaban intensamente bajo las luces del club.

"Wow," dijimos Edward y yo al mismo tiempo. "Esos sí que son muchos regalos," continué yo. "¿Cómo los llevaremos a casa?"

Alice se encogió de hombros. "Ya lo veremos después. Ahora ayúdame a encontrar a Rose. Si no abre esos regalos cuanto antes no podrá disfrutar de la fiesta."

"En realidad," interrumpió Edward. "No hay necesidad de buscarla. La acabo de encontrar."Dijo, señalando a una pareja que bailaba provocativamente en la pista.

Alice se rió ante la vista de Emmett y Rose. "¿Por qué no me sorprende?" Apretó la mano de Jasper y se dirigió hacia Emmett y Rosalie. Edward y yo los seguimos unos pasos por detrás.

Más tarde vimos a Rose abrir un montón de regalos, hasta que se cansó y declaró que abriría los demás cuando estuviéramos en casa. No quería pasar lo que quedaba de la noche abriendo regalos.

Rose y Emmett se alejaron de la pila de presentes y Alice y Jasper les siguieron minutos después. Ambas parejas se escabulleron hacia la pista de baile y desaparecieron entre la muchedumbre. Edward enredó un brazo alrededor de mi cintura y me guió hacia la pista tras ellos.

Bailamos cinco canciones seguidas casi sin esfuerzo. Bailar con Edward resultaba fácil, y cuanto más bailábamos, menos preocupada me sentía por tropezar y caer. Mis movimientos se hacían cada vez menos torpes. Todavía no bailaba con gracia –jamás iba a ser capaz de bailar como una persona normal- pero al menos ya no resultaba tan incómodo.

Cuando la quinta canción terminó, me separé de Edward y sonreí. "Volveré en seguida," le dije, dando un paso hacia atrás.

"Date prisa," replicó con una sonrisa que me derritió.

"Lo haré," prometí antes de darme la vuelta y alejarme.

Primero me dirigí hacia la mesa de refrescos para tomar algo. El pequeño vaso de papel era muy delgado y se hundía fácilmente bajo mis dedos. Se sintió bien hidratarme con el suave líquido que refrescó mis labios y garganta seca. Había quedado sedienta después de bailar tanto.

Arrojé el vaso vacío en un bote de basura cercano y caminé junto a la pared hasta que encontré una puerta blanca con una placa que indicaba que era el baño de mujeres. Abrí la puerta y me metí dentro, y la luz blanca me cegó momentáneamente, pero pestañeé varias veces hasta que mis ojos se ajustaron al contraste.

Cuando salí de la cabina del baño me lavé las manos en el fregadero mientras observaba mi reflejo en el espejo. Tenía las mejillas rojas, aunque sabía que era en parte por haber estado bailando entre tanta gente. Con tantos cuerpos en la pista, el lugar resultaba sumamente caluroso, e incluso cuando bailábamos lentos se sentía el calor.

En ese momento la puerta del baño se abrió y otra mujer entró, pestañeando mientras se dirigía directamente hacia la artesa. La miré por el rabillo del ojo y me di cuenta de que llevaba puesto exactamente el mismo vestido que llevaba yo. Ella era más bajita que yo, pero apenas por unos centímetros. Su cabello era largo y marrón y su piel era muy pálida.

"Lindo vestido," me dijo con una sonrisa.

"Gracias, e igualmente," repliqué con incomodidad. Su rostro me resultaba ligeramente familiar, aunque no podía determinar de dónde la conocía. Después de un momento de estrujarme el cerebro pensando dónde podía haberla visto antes, decidí que quizá me resultaba familiar simplemente porque tenía puesto el mismo vestido que yo.

"Así que, ¿cómo conoces a Rosalie?" Preguntó casualmente, sacando una máscara de su bolso para retocarse las pestañas.

"Es mi mejor amiga," respondí automáticamente.

"Ah, qué bien," contestó ella sonriéndome en el espejo. Creí ver algo extraño en sus ojos cuando me miró. Aquella emoción no me resultó amable, pero pensé que tal vez lo había imaginado.

"Um, tengo que irme," murmuré mientras me encaminaba hacia la puerta. Escaneé el club en busca de Edward hasta que lo encontré de pie junto a la mesa de los refrescos. Comencé a caminar hacia allí sin pensar; porque con cada paso que daba incrementaban mis sospechas acerca de la mujer que había visto en el baño. Me preguntaba si la mirada que había visto en sus ojos había sido real o simplemente producto de mi imaginación. Cuando llegué junto a Edward, estaba realmente confundida.

"Bella, ¿está todo bien?" Me preguntó él, leyendo mi expresión.

"No estoy segura," contesté honestamente. "Necesito hablar contigo."

Mike POV

Finalmente había llegado la noche. La noche que Bella volvería a ser mía. Nada podría detenerme, mi plan era perfecto. No podía perder. Junto a mí, Tina jugueteaba con sus rizos recientemente teñidos. Era obvio que estaba nerviosa.

"Tina, deja de preocuparte," traté de calmarla. No podía permitir que su nerviosismo lo arruinara todo. Después de todo, ella era una parte importante de mi brillante plan. No sería capaz de hacerlo sin ella. Todos los grandes héroes necesitan un secuaz.

"Lo siento Mike, pero no lo puedo evitar. Hay demasiadas cosas que podrían salir mal esta noche…"

"Tina, todo irá bien, deja de torturarte. El plan es brillante; funcionará."

Me miró con duda en los ojos, pero luego se soltó el cabello y sus manos cayeron laxas a ambos lados de su cuerpo. Los dos nos quedamos de pie en la fila para entrar a la fiesta sorpresa de Rosalie. Nuestras invitaciones estaban guardadas en el bolsillo interior de mi esmoquin. Palpé mi chaqueta inconscientemente. Nada podía salir mal, era sencillamente imposible.

Cuando llegamos a la puerta, saqué las invitaciones del bolsillo de mi traje y se las mostré al gorila de la puerta. Él las miró brevemente y luego nos hizo una seña para que entráramos. Perfecto.

El club estaba oscuro, incluso a pesar de las luces de colores. Excelente. Todo jugaba a mi favor. El lugar ya estaba lleno de gente con máscaras y trajes formales de baile. Una mascarada, el contexto perfecto para llevar a cabo mi plan.

"Estate atenta, Tina. Recuerda que no queremos problemas, así que apégate al plan. No te alejes demasiado y no improvises a menos que quieras fracasar. ¿Entendido?"

"Sí," replicó, alzando la barbilla. "Estoy lista."

"Excelente. Aquí viene una de nuestras víctimas." Tina siguió mi mirada hacia el balcón, donde estaban Rosalie, Alice y Bella. Bella se veía espectacular en su vestido azul oscuro y con la máscara puesta. Era como un sueño. Nada podía compararse con su belleza.

Miré a Tina y fruncí el ceño. A pesar de que estaba vestida igual que ella, no tenía comparación. La belleza de Bella opacaba completamente la de Tina. Para mí, había una diferencia enorme entre ellas dos, aunque yo ya me había acostumbrado a ver la hermosura de Bella. Por supuesto que notaría la diferencia. Pero no era a mí a quien intentábamos engañar. No, era a ese estúpido mesero, Edward.

Ya no tenía dudas de que mi plan iba a funcionar. Edward iba a caer en la trampa. Para cuando la noche acabara, Bella sería mía. Faltaba muy poco para que pudiera sostenerla entre mis brazos. Faltaba muy, muy poco.


¿Quieren un Preview del próximo capítulo? LEAN ATENTAMENTE:

Armé una Encuesta en mi perfil para decidir mis métodos de publicación de aquí en adelante. Faltan sólo 3 capítulos para llegar al final de esta historia y, para las que están leyendo también Never Sleep in a Strange Man's Bed, me gustaría que voten cómo prefieren que publique a partir de ahora. Para las que no están leyendo Never Sleep... ¿qué están esperando? Les aseguro que es una excelente historia. ¡Voten, por favor! Necesito saber sus opiniones.

Y finalmente... aquí está el Preview (elegido por Jess, la autora original):

"Lo siento Edward, pero tengo que hacer esto."

"No Bella, espera, por favor…"

"Lo siento Edward. No puedo."

DUN DUN DUN!! (hehe) Qué creen que pasará?!