Importante: 'Dateless for too long' pertenece a softballgirl1136, yo sólo la traduzco.

La historia original: http : // www . fanfiction . net /s / 3986879 / 1 / Dateless _ For _ Too _ Long


Sowelu es mi maravillosa beta y me ayudó a hacer de esta traducción algo que no hubiera logrado sola. Le estoy 100 Jaspers agradecida.



Nota sobre el capítulo anterior:

Algunas de ustedes me preguntaron cuándo fue que los chicos se enteraron de la charada de Mike y Tina. La respuesta es muy abierta.

Jess dio a entender en el capítulo anterior que Bella y Edward ya sospechan que algo raro está sucediendo desde que Bella sale del baño. Luego, en el Tina POV, Edward recibe un llamado telefónico - probablemente alguno de los chicos avisándole que habían visto a Bella salir "con él". Y más adelante, en el Mike POV, es notorio por la actitud de Bella que ella ya se dio cuenta de que no es Edward quien está caminando a su lado. Recuerden la tonta discusión de los zapatos. Ella nunca le hablaría así a Edward sin razón, ¿cierto?

En definitiva, creo que el "cuándo" no es importante, sino el cómo. Hubo un poco de improvisación. Improvisaron sobre la marcha cuando se dieron cuenta de que sus sospechas eran ciertas.

Espero que haya quedado claro. Pero si aún tienen preguntas, déjenmelo saber. Intentaré responder a todas sus dudas. Ahora sí... ¡a leer se ha dicho!


24. Confesiones de boda

Bella POV

"¡Nos vamos a Hawái!" La voz de Emmett hizo eco en el pasillo mientras entraba gritando a nuestro apartamento. Edward y Jasper iban detrás sacudiendo la cabeza. "Rosie, ¡mira esto nena!"

Emmett le tendió a Rose un sobre color crema con una enorme sonrisa en el rostro y los ojos brillantes de entusiasmo. La sonrisa tonta en su rostro resaltaba sus hoyuelos. Parecía un niño pequeño en una tienda de dulces.

"Lo sé, Em," se rió Rosalie antes de darle un beso. "Nosotras recibimos la misma invitación."

"Bueno, no exactamente. No creo que su invitación estuviera dirigida a Edward, Emmett y Jasper."

"Bueno, tienes razón."

Estábamos en Junio y acabábamos de recibir las invitaciones a la boda de Ben y Ángela en Oahu.

"Hola señoritas," saludó Edward con un gesto a Alice y a mí.

"Hola Edward," respondí mientras él enlazaba sus brazos a mi alrededor.

"¿Estás entusiasmada por ir a Hawái?"

"Por supuesto que lo estoy. Nunca he estado allí, aunque siempre he querido ir."

"¡Oh Bella te encantará!" Exclamó Alice. "Es sencillamente hermoso. Las flores son hermosas y el aroma que tienen es increíble, y las playas también son preciosas."

"Suena genial," concordé. "Pero no voy a ponerme faldas de pasto ni sostenes de coco. Y definitivamente no voy a bailar hula."

"¡Anda, Bella!" Gimió ella, caminando hacia mí para poner sus manos sobre mis hombros. Intentó convencerme con su cara de cachorrito, pero me negué a mirarla a la cara.

"No, Alice. Tengo que marcar mis límites en algún lado, y ese es definitivamente mi límite."

"Pero Bella, estarás en un lugar exótico, ¿no quieres intentar algo nuevo y erótico?"

"Mmm," Emmett se relamió y tomó a Rose por la cintura, acercándola a él. "Eso suena bien… ¿Rose?"

"Oh, por favor, ustedes dos no necesitan ir a Hawái," dijo Jasper rodando los ojos. "De hecho, si Ben y Ángela no quieren que sus invitados queden espantados de por vida, tendremos que mantenerlos atados a ustedes dos."

"Bésame el trasero, Jazz." Replicó Emmett.

"Paso, gracias."

"Suficiente ustedes dos," intercedió Alice. "No hay tiempo para bromas. Nos vamos en exactamente una semana y necesitamos ir de compras."

Hubo un coro de gemidos en la habitación. "En serio Alice, ¿es realmente necesario ir de compras?" Pregunté.

"Bella, nos vamos a Hawái. Vivimos en Washington, la diferencia de temperatura es enorme, así que necesitaremos ropas adecuadas."

No tenía sentido discutir con Alice. Si ella tenía en mente que teníamos que ir de compras, no importaba que fuera su opinión contra la de todos los demás, porque igualmente se saldría con la suya. Yo estaba agradecida de que al menos esta vez no tendría que salir de compras a solas con Alice, porque quién sabe qué cosas excéntricas se le hubiera ocurrido comprarme.

*

El sol se estaba poniendo sobre el océano, una brillante y anaranjada bola de fuego hundiéndose sobre la superficie del agua, que brillaba como si fuera iluminada por millones de velas flotantes. El viento me enredaba el cabello y a cada respiro mis pulmones se llenaban del olor a agua salada.

Apoyé los brazos en la baranda y me quedé observando. De pie en la proa del barco de Ángela con nada más que el enorme océano y la vasta expansión de cielo frente a mí, entendí lo que era sentirse completamente libre.

Por una vez, no había obstáculos que saltar ni preocupaciones; finalmente podía sentarme a disfrutar de aquella paz y tranquilidad.

"Ahí estás, Bella." Mi corazón se saltó un latido ante el sonido de esa voz. Mis labios se curvaron en una sonrisa. No tenía que darme la vuelta para saber que Edward se me había unido en la proa del barco.

"Es tan hermoso estar aquí," dije suavemente, sin quitar los ojos del sol poniente. "No sabía que un atardecer podía crear una escena tan espectacular."

Los brazos de Edward se enroscaron a mi alrededor y sus manos cubrieron las mías sobre el barandal. "El sol es la mejor obra de arte de Dios. Todos los días crea una nueva escena, cada una más maravillosa e impresionante que la anterior. El sol es el mismo todos los días, y sin embargo siempre luce diferente."

"El sol es único," asentí. "Es una estrella, pero es la más grande y brillante de todas. No hay otra igual en toda la galaxia."

"Hay algo que me recuerda mucho al sol," dijo Edward, pensativo, mientras descansaba su cabeza en mi hombro.

"¿En serio? ¿Qué?"

"Tú."

Me aparté sólo lo suficiente para mirarlo a la cara. "¿Yo te recuerdo al sol? ¿Cómo es eso?"

Los ojos verdes de Edward centellearon bajo la luz del sol mientras me miraba. No contestó mi pregunta. Simplemente se me quedó mirando con su característica sonrisa torcida. Sus ojos parecían estar buscando algo, pero yo no entendía qué.

"Bella," habló finalmente, saboreando mi nombre en sus labios. "Tú eres como el sol porque eres única y diferente a cualquier otra mujer que haya conocido. Eres impredecible, y sin embargo siempre la misma dulce Bella. Tu sonrisa es capaz de iluminar toda una habitación. El día que te conocí, trajiste luz a mi vida; brillantes, magníficos, maravillosos rayos de luz. Y sobre todo eres hermosa, por dentro y por fuera."

Sus palabras hicieron que mi corazón se acelerara y mis ojos se llenaran de lágrimas. "Edward…" susurré su nombre. No podía decir nada más. Había tantas cosas que quería decir; pero las palabras parecían enredarse y obstruirme la garganta, no podía hablar.

Apoyando la mano en su mejilla, me incliné y presioné mis labios sobre los suyos. Sus labios eran tibios y estaban ligeramente salados por el espeso aire marino que nos rodeaba. Edward me acercó lentamente y me devolvió el beso.

Mi nariz se deleitó con la esencia de Edward mezclada con el aroma del agua salada. Me alejé y descansé la cabeza en su pecho. Ninguno de los dos dijo nada, el silencio era confortable mientras nos sosteníamos el uno al otro.

No supe cuánto tiempo pasamos allí. Podrían haber sido minutos u horas. Tendía a perder el sentido del tiempo cuando estaba cerca de Edward.

"Mira Bella," dijo él repentinamente, girándome y señalando un punto en el océano por encima del barandal. Un delfín saltó sobre el agua y se zambulló de nuevo, seguido de otros tres.

"Wow." Los dos nos inclinamos sobre el barandal para ver a los delfines saltando junto al barco. Eran rápidos, mantenían el ritmo del barco con facilidad.

"Mira ese delfín pequeño," Edward señaló un pequeño delfín que saltaba entre otros dos más grandes. Sus saltos eran más pequeños, era obvio que estaba haciendo un gran esfuerzo por mantenerles el ritmo, saltando en zigzag.

"Parece que se están divirtiendo," me reí. En ese momento todos aceleraron el ritmo y se alejaron nadando rápidamente. "Aw, se están yendo."

"Ni siquiera los delfines pueden estar todo el día jugando."

"Es cierto." Volví a apoyar los brazos sobre la baranda y observé a la distancia en la profundidad del océano. En la distancia había una sombra oscura que se hacía más y más grande mientras nos acercábamos. "¡Edward, mira! ¡Creo que esa es la isla!"

Edward observó un momento y luego sonrió. "¡Tierra a la vista!" Gritó.

Sentimos los pasos acercándose antes de ver a los demás corriendo hacia nosotros.

"¡Aloha Hawái!" Exclamó Emmett. "¿Cuánto más creen que falta hasta que lleguemos?"

"No mucho," respondió Jasper. "Pero por lo que más quieras, no empieces a preguntar '¿ya llegamos?'"

Emmett asintió y sonrió. Estuvimos hablando un rato con entusiasmo hasta que, unos minutos después, Emmett preguntó: "¿Ya llegamos?"

"De hecho, Emmett," dijo Alice mientras el barco atracaba en el puerto. "Ya llegamos."

"¡Sí!" Emmett levantó un puño con alegría y luego estrechó a Rose entre sus brazos. "Vamos Rosie, ¡Hawái nos espera!"

"¡Los veo en la isla, chicos!" Saludó Rosalie.

"¿Me podrían recordar por qué trajimos a Emmett?" Pidió Jasper.

"Porque es un gran amigo, sin importar el hecho de que nunca madurará," se rió Edward.

"Bueno, ¿vamos a buscar a Emmett y a recoger el equipaje?" Pregunté, señalando a los otros invitados que ya estaban bajando del barco.

Cuando salimos del barco y nos alejamos del puerto, fuimos recibidos por una pequeña multitud de nativos. Había muchos hombres que sólo vestían bañadores. La mayoría de ellos tenía el cabello largo y oscuro que parecía necesitar desesperadamente un cepillo.

Había muchas chicas hula vistiendo faldas de pasto y sostenes de coco. Tenían adornos coloridos en el cuello, la cabeza, las muñecas y los tobillos. Todas tenían el cabello largo, casi hasta la rodilla. Y todos los nativos tenían la piel bronceada, en perfecto contraste con nuestra palidez.

Tres chicas se acercaron a Edward, Emmett y Jasper y les pusieron collares en el cuello. "Aloha. Bienvenidos a Hawái," dijeron al mismo tiempo.

"Gracias," contestó Edward con cierta incomodidad, alejándose de la mujer que le había puesto el collar de flores.

"¡Hey chicos, estoy tan contenta de que hayan venido!" Los seis nos giramos para ver a Ángela abriéndose paso hasta nosotros con una enorme sonrisa plasmada en el rostro. Habían pasado varias semanas desde la última vez que la vimos. Había venido a la isla a mediados de Mayo para planear la boda.

"¡Ángela!" Alice, Rose y yo corrimos hacia ella para darle un gran abrazo.

"Wow, Ángela, te has puesto muy tostada," comentó Alice. "Me gustaría poder tostarme tan rápido como tú."

"Sí, bueno, cuando estás en una isla donde no hay nada más que sol, tiendes a cocinarte bastante rápido." Ángela sonrió, caminando hacia Edward, Emmett y Jasper. "Hey chicos," saludó.

"Hola Ángela," saludó Edward dándole un beso en la mejilla.

"Es bueno verte de nuevo, Ángela," dijo Jasper, abrazándola.

"¡Hey, qué hay Ang!" Tronó Emmett, levantando una mano. Ángela se rió y le chocó los cinco antes de que Emmett la aferrara entre sus brazos para darle su característico abrazo de oso.

"A mí también me alegra verte, Emmett." Al separarse, ella puso ambos brazos tras su espalda y se estiró. "Vamos chicos, los llevaré al lugar de alquiler de autos. Aparqué justo arriba de esa colina."

Su coche era una camioneta azul claro para dos pasajeros. "Chicas, dos de ustedes probablemente podrían apretujarse conmigo en la cabina; pero dudo que haya suficiente espacio para las tres. Los demás tendrán que la parte trasera de la camioneta."

"Alice es bajita, ella puede ir sentada en mi regazo o el de Bella," señaló Rose, tratando de salvarnos a alguna de las tres de viajar en la parte trasera.

"No te preocupes, Rose, en realidad a mi no me molestaría viajar allí atrás," dije.

"¡No hablas en serio, Bella!" Espetó Alice. "¡El viento te desordenará el cabello y tendrás bichos volando alrededor todo el tiempo!"

"Estaré bien Alice, no me van a matar unos bichos."

"¡Bien Bella, tu sí que tienes coraje!" Exclamó Emmett dándome una palmada en la espalda que me hizo tropezar unos cuantos pasos.

"Uh… ¿gracias?" Dije, aunque sonó más como una pregunta.

Ángela, Rose y Alice se montaron en la cabina de la camioneta mientras el resto nos íbamos a la parte de atrás. Edward saltó a primero y luego me ofreció la mano para ayudarme a trepar. Luego se sentó y me arrastró consigo, acomodándome entre sus piernas. "No quiero que te caigas," explicó con una sonrisa avergonzada.

"Gracias," le di un rápido beso antes de alejarme para acomodar mi cabello en una cola de caballo y evitar que volara por todas partes con el viento.

"¿Están listos chicos?" Preguntó Ángela desde la cabina.

"¡Acelera!" Gritó Emmett. La camioneta comenzó a rodar hacia adelante y Emmett gritó y agitó las manos en el aire como si estuviera en una montaña rusa.

El viaje fue un poco sacudido. Me sentía como si estuviera sentada en una superficie blanda con un montón de niños pequeños saltando a mí alrededor. Para cuando llegamos a destino, apenas sentía el trasero. Sabía que iba a tener un enorme moretón púrpura, por lo menos durante una semana.

"¡Eso fue increíble!" Exclamó Emmett, saltando fuera de la camioneta.

"¿Cómo estuvo el viaje, Bella?" Preguntó Alice, viéndome estremecer mientras bajaba torpemente a tierra firme.

"Fue un poquito movido," contesté honestamente.

"Tonta Bella," se rió Rosalie. "Te lo dije."

"Bueno, ya no tenemos que preocuparnos por eso, porque ahora vamos a rentar un auto."

Una hora después estábamos estacionando en la entrada de la casa de los Cheney. Ángela y Ben nos habían ofrecido amablemente quedarnos con ellos. Los abuelos de Ángela eran los únicos que se quedaban con nosotros en casa de los Cheney; los demás invitados se alojaron en hoteles de la zona.

"¡Mamá, papá, ya llegué!" Llamó Ángela en cuanto cruzamos la puerta.

Una mujer alta y delgada de mediana edad entró a la habitación, luciendo nerviosa. Tenía el cabello corto y marrón enmarcándole el rostro. Nos miraba a todos con sus brillantes ojos marrones a través de unos anteojos cuadrados de montura oscura.

"¡Ángela, ahí estas! Se suponía que debías estar en casa hace quince minutos," protestó. "Tienes que probarte el vestido otra vez para hacerle los últimos ajustes."

"Lo siento mamá, alquilar un coche tomó más tiempo del que esperaba. Mira, quiero que conozcas a mis amigos."

"¿Amigos?" Replicó ella. "¿Qué amigos?"

"Mis amigos que se quedarán aquí hasta la boda, ¿recuerdas?"

"Oh sí, ya me acuerdo." La expresión de la mujer se suavizó mientras empujaba los anteojos hacia arriba sobre su nariz. "Lo siento cariño, ya sabes que mi memoria no es tan buena como solía ser."

"Sí mamá, ya lo sé," replicó Ángela abrazándola.

"Bueno, ahora déjame conocer a tus amigos." Ángela tomó la mano de su madre y la giró para enfrentarnos. "Oh Dios, que grupo de gente tan atractiva," dijo sonriendo cuando nos vio. "Bienvenidos a mi casa. Me disculpo de antemano si parezco un poco loca. Normalmente no lo soy, pero estar preparando la boda de mañana me tiene un poco nerviosa."

"No se preocupe, señora," dijo Edward adelantándose para ofrecerle su mano. "Mi nombre es Edward Masen."

"Encantada de conocerte, Edward. Soy Nancy." Sonrió la señora Weber.

Edward nos presentó a los demás.

"Bueno, sólo tenemos dos habitaciones de invitados, pero tenemos un montón de ropa de cama para todos ustedes." Nancy nos hizo señas para que la siguiéramos por un pasillo y luego entró en una habitación y encendió la luz.

El cuarto era enorme y tenía dos camas grandes. Las paredes estaban pintadas de azul oscuro y las cortinas eran plateadas. "Hay dos camas grandes y un sofá en cada cuarto de invitados. Los sillones son sofá-camas. Las chicas pueden quedarse aquí y los chicos pueden quedarse en el cuarto que está al otro lado del pasillo."

Antes de que pudiéramos decir nada ella ya había salido para dirigirse al otro cuarto.

"Siéntanse como en su casa. Cuando ya estén instalados, vengan a conocer a los Cheney. Son una familia adorable. Ben y los gemelos estarán en casa más o menos dentro de una hora, estoy segura de que Isaac y Joshua estarán encantados de conocerlos."

"Muchas gracias, Señora Weber," dije, agradecida.

"Por favor, llámame Nancy," me corrigió.

"Gracias Nancy."

"Mucho mejor," sonrió. "Cenaremos a las cinco. Lo veré por ahí, niños. Vamos Angie, tenemos trabajo que hacer." Tomó a su hija por la muñeca y la arrastró por el pasillo. Ángela sacudió la cabeza, sin más opción que dejarse llevar.

Los Cheney eran gente interesante. El Señor Cheney era extremadamente terco, pero era también un tipo realmente divertido. La Señora Cheney era callada, pero cualquiera que la viera interactuar con su marido sabría al instante que era ella quien lo mantenía en línea.

Ocasionalmente, la señora Cheney dejaría caer algunas palabras en filipino. Aquello ocurría mayormente cuando hablaba muy rápido o cuando regañaba a su marido.

Los gemelos, hermanos de Ángela, también eran muy entretenidos. Estaban llenos de energía y ambos amaban los deportes. Se llevaron bien con Emmett de manera inmediata. Solían terminar las frases del otro, y parecían muy traviesos. Frecuentemente los vería con las cabezas juntas, susurrando y sonriendo con complicidad.

La casa tenía una atmósfera especial de familia unida. Las dos familias, a pesar de haber tenido un rudo comienzo, habían logrado establecer una gran relación de amistad. Incluso antes de que las dos familias se encontraran unidas legalmente a través de Ángela y Ben, ya se sentían como una gran familia.

Una gran familia feliz.

*

No podía imaginar un escenario mejor para una boda que aquel monte rodeado de hermosas flores silvestres, donde el sol brillaba creando una hermosa vista del océano.

"¿Puedes creerlo Bella? ¿No es la boda más hermosa que hayas visto?" Susurró Alice. "No puedo esperar para terminar mis estudios y convertirme en planeadora de bodas. Voy a poder planear bodas tan hermosas como esta. ¡Podré planear la tuya!"

"¿La mía?" Miré nerviosamente a Edward, esperando que no hubiera oído aquello. Parecía estar distraído.

"Bueno, sí. Quiero decir, te casarás algún día. Eres demasiado bonita como para pasar el resto de tu vida soltera."

"Oh, claro." Había un extraño brillo en los ojos de Alice cuando la miré, pero decidí ignorarlo.

El sonido de órgano que hizo eco en el aire señaló el inicio de la ceremonia.

Ángela estaba impresionante en su vestido blanco. Era simple, pero igualmente hermoso. El corsé no tenía tirantes y la parte del frente le llegaba hasta por debajo de las rodillas, pero la parte de atrás era más larga y se arrastraba levemente a su paso.

El vestido no tenía cuentas, ni bordado, ni ningún otro tipo de adorno. Era un vestido de corte simple y blanco, y aún así se veía hermosa.

Su cabello estaba suelto y caía sobre sus hombros, ligeramente ondeado por el viento.

"Oh Dios mío, no lleva zapatos," susurró ferozmente Alice en mi oído. "¿Cómo puedes casarte sin zapatos?"

"Es una boda simple, Alice," le recordé. "Simple, pero hermosa."

La ceremonia pasó rapidísimo. Antes de que pudiera darme cuenta, Ben y Ángela ya estaban dándose su primer beso como Marido y Mujer.

*

La recepción fue un luau hawaiano tradicional con un toque de boda. El razonamiento de Ben fue "Si nos comprometimos en un luau, ¿por qué no celebrar nuestro matrimonio con uno, también?" Aquello de hecho tenía sentido.

"¡Ben, Ángela, felicitaciones!" Los abracé a ambos en cuanto tuve la oportunidad de abrirme camino por entre la muchedumbre de gente para felicitarlos.

"Gracias Bella," me dijo Ángela devolviéndome el abrazo. "Estoy muy contenta de haberte conocido. Eres una gran amiga."

"El sentimiento es mutuo."

Un brazo se enredó alrededor de mi cintura y cuando miré a mi costado vi a Edward junto a mí. "Felicitaciones a los dos," les dijo.

"Gracias amigo," contestó Ben, estrechándole la mano.

"Bella, ¿te gustaría bailar conmigo?" Me preguntó Edward cuando nos alejamos.

"Me encantaría."

Me condujo lejos de Ángela y Ben y hacia el fuego, donde ya había otras parejas bailando al ritmo del ukulele y los tambores. Puso mis manos alrededor de su cuello y sus brazos alrededor de mi cintura, acercándome a él y apoyando su frente en la mía.

Aquella no era la forma en la que solíamos bailar, pero no voy a mentir y decir que me molestaba el cambio. Nos mecíamos lentamente de lado a lado y nos movíamos en lentos y perezosos círculos. Estábamos lejos de seguir el ritmo, pero a ninguno de los dos nos importó.

"¿Ya te dije que te ves increíble esta noche?" Susurró Edward, soplándome su aliento dulce en la cara y haciendo que me cosquilleara la piel.

"Hm, no recuerdo que lo hayas hecho," respondí.

"Bueno, te ves hermosa; pero tú siempre te ves hermosa." Giró la cabeza suavemente hasta que sus labios tocaron suavemente mi frente; y luego siguió un lento camino de besos por mi piel hasta mi sien, donde presionó sus labios más firmemente.

Los vellos de mis brazos se erizaron y mi corazón se aceleró ante su toque, golpeando salvajemente en mi pecho. Estaba segura de que Edward podía sentirlo, porque su pecho estaba presionado contra el mío.

Entonces levantó una mano y acomodó un mechón de cabello detrás de mi oreja. "Podría perderme en tus ojos," murmuró, apoyando su mano en mi mejilla.

"¿No es esa una frase cliché?" Pregunté inclinando la cabeza un poco, apoyándome sobre su mano.

El se rió y sacudió la cabeza. "Bella, Bella, Bella, nunca dejas de sorprenderme. Tus ojos son hermosos; me dicen lo que piensas."

"¿Puedes leer mis pensamientos a través de mis ojos?" Inquirí, divertida.

"Algo así. Puedo ver las emociones en tus ojos y adivinar lo que piensas."

"Ese es un buen talento."

Un lado de su boca se curvó, creando su sonrisa torcida. Lentamente, se inclinó y capturó mis labios.

Habíamos dejado de bailar hacía ya un largo rato. Estábamos parados junto con los otros bailarines junto al calor del fuego, completamente absortos en el otro. Todo a mí alrededor se disolvió. En ese momento, lo único que existía era Edward.

"¡Bella!" Gritó Alice, haciéndome bajar bruscamente de mi nube.

Me separé de Edward y volví a apoyar mi frente en la suya. "Ugh, ¿puedo simplemente ignorarla? ¿Por favor?"

"Podrías," se rió él. "Pero sabes que vendrá a buscarte y te arrastrará consigo. Así que será mejor que vayas a ver qué quiere."

"Sí," suspiré. "Tienes razón. Enseguida regreso." Le di un último casto beso en los labios y luego me dirigí hacia mi amiga.

"¿Qué pasa, Alice?" Pregunté.

"Ángela está a punto de arrojar el ramo. No podía dejar que te perdieras esto."

"¿Qué diferencia haría que no estuviera aquí?" Me reí. "Jamás podría atrapar el ramo sin quebrarme el cuello, e incluso quebrándomelo probablemente no lo atraparía."

"Oh Bella, no seas tan negativa," me regañó Rosalie. "Es divertido competir con todas las otras solteras por el próximo viaje al altar."

"¿Divertido según quien?" Me pregunté. "Esperen, nosotras ni siquiera somos solteras. ¿Por qué estamos haciendo esto?"

"Es cierto, no somos solteras; pero tampoco estamos casadas," reflexionó Rosalie. "Así que nosotras también tenemos derecho a luchar por ese ramo."

"Anda Bella, sólo inténtalo ¿sí?" Rogó Alice.

"Bueno… está bien. Pero si me rompo el cuello, es tu culpa."

Ángela se puso de espaldas a todo el grupo de chicas que estaban esperando junto a nosotras. Observé mientras arrojaba el ramo sobre su cabeza y éste daba unas volteretas en el aire antes de caer en las manos de Alice.

"¡Tengo el ramo!" Gritó, eufórica.

Irónicamente, Jasper acabó atrapando la liga también.

"Les dije que él era el indicado," nos dijo Alice a mí y a Rosalie cuando la liga cayó en el regazo de Jasper. Él ni siquiera había intentado atraparla. La liga lo atrapó a él. "Esto lo prueba."

"Sí Alice, te creemos," respondió Rosalie.

Más tarde esa noche, después de que los invitados encontraran un lugar en la casa de los Cheney para dormir (aparentemente los invitados al luau permanecerían en la casa para ayudar a limpiar al día siguiente; Ángela me había dicho que aquello era parte del ritual tradicional del luau), me senté en el pasto para observar a Edward jugar con los gemelos.

No pude evitar sonreír mientras lo veía interactuar con los hermanos menores de Ángela. Los tres estaban jugando fútbol, dos contra uno. Emmett y Jasper habían caído exhaustos hacía como una hora, los dos habían comido demasiado.

"Bella, ¿por qué no lo admites de una vez?" Me dijo Alice, de pie frente a mí, con Rosalie y Ángela paradas justo detrás de ella. Moví la cabeza entre ellas, tratando de mirar a Edward otra vez, pero no parecían dispuestas a quitarse de en medio.

"¿De qué estás hablando?" Pregunté, confundida.

"Oh, Bella por favor. Es tan obvio, ¿en serio no te das cuenta de tus propios sentimientos?"

"¿Mis sentimientos?" Miré a cada una de mis amigas tratando de entender qué estaban haciendo.

"Sí Bella," habló Ángela por primera vez. "Yo ni siquiera te conozco desde hace tanto tiempo como Rose y Alice, y aún así, también yo lo veo."

"¿Ver qué? ¿De qué están hablando, chicas? ¿No es un poco tarde para juegos de mente?"

"Bella, no estamos jugando con tu mente," dijo Rosalie, tamborileando los dedos en sus brazos cruzados.

"¿Qué sientes por Edward?" Preguntó Alice, yendo al grano. "No mientas y no te retengas. Si lo haces, lo sabremos."

"Oh, esos sentimientos." Aquel era un tema sobre el que pensaba a menudo. Había analizado lo que Edward me hacía sentir y lo feliz que era cuando él estaba cerca durante horas. Todo me condujo a una única conclusión lógica, una conclusión que no había querido poner en palabras hasta que no estuviera ciento por ciento segura. Sentada en el pasto, viendo a Edward desde la distancia, me di cuenta de que estaba segura.

"Anda Bella, ¡nos estas matando! ¡Dinos!" Alice nunca fue la persona más paciente del mundo. Y nunca lo será.

"Mis sentimientos por Edward son bastante simples de explicar." Tomé un profundo respiro y sentí cómo una involuntaria sonrisa se expandía sobre mi rostro. "Lo amo," confesé.

"Dilo una vez más, ¿por favor?" Pidió Rosalie con una sonrisa alentadora.

"Lo amo," repetí. "Estoy enamorada de Edward Masen."

"Es una lástima, Señorita," escuché una voz familiar a mis espaldas. Me giré para ver a Edward sonriéndome. "Es una lástima porque él está enamorado de una chica llamada Isabella Swan."

Acortó la distancia entre nosotros y tomó mi rostro gentilmente entre sus manos. "Te amo, Bella," susurró, sus ojos verdes clavados en los míos. "Más de lo que jamás creí posible. Eres lo mejor que me ha pasado, eres mi Bella."

"Nunca he sido tan feliz en toda mi vida," murmuré. "Tú eres el único que se ha abierto camino hasta mi corazón."

"Lo cuidaré, lo prometo." Sus labios se encontraron con los míos y en ese momento pude sentir la electricidad creciendo entre nosotros. Nunca había sentido tanta pasión, tanto amor en un solo beso. Aquel gesto fue suficiente para debilitar mis rodillas. Era una suerte que Edward estuviera sosteniéndome.

Cuando nos separamos, me giré y me encontré con Alice, Rosalie y Ángela sonriendo de oreja a oreja.

"¿Ustedes sabían que Edward estaba escuchando?" Pregunté.

"¡No, para nada!" Exclamó Alice.

"¡Absolutamente no!" Se rió Rosalie.

"No tenía ni idea," afirmó Ángela.

Las tres trataban de parecer inocentes, pero aún así lo vi escrito en sus caras. Todas estaban conscientes de que Edward estaba de pie tras de mí.

"Ustedes son increíbles," me reí. "¡No puedo creer que me hicieran eso!"

"Funcionó, después de todo," se defendió Alice. "Si no te hubiéramos ayudado, quién sabe cuánto tiempo hubiera pasado hasta que lo confesaras."

"Lo dejaré pasar por esta vez, chicas. Pero nunca volveré a confiar en ustedes para cuidarme la espalda. Nunca."

"¡Bella, mira!" Gritó Rosalie, señalando por encima de mi hombro.

"Muy gracioso Ro-" las palabras se me atascaron en el pecho cuando me taclearon arrojándome al suelo. La boca de Edward encontró la mía antes de que pudiera decir nada. Le devolví el beso, enredando mis brazos alrededor de su cuello.

"Dios, consíganse un cuarto ustedes dos," se rió Rosalie. "Y tú dices que Emmett y yo somos malos, Alice."

"¿Así que no tengo chances con Edward?" Bromeé cuando nos separamos.

Edward me miró fijamente a través del puñado de cabello que había caído sobre sus ojos, la sonrisa torcida en su lugar. "No, definitivamente no. Él está con Bella y no la dejará por nada. Así que no, no tendrás posibilidades."

"Bueno, que lástima. Esta Bella es una mujer muy afortunada," me estiré y dejé un montón de besos de mariposa sobre sus labios.

"Y Edward es un hombre afortunado," murmuró él sobre mi boca antes de profundizar nuestro beso.

Mi cabeza daba vueltas tan rápido que ya no me sentía como si estuviera recostada en el suelo. Pero no me importaba. Amaba a Edward, y él era mío. En ese momento, lo primero que pensé fue adiós, sábados solitarios.


Este es el último capítulo. El viernes por la noche o sábado por la mañana subo el epílogo. Extrañaré esta historia, ¿saben? Espero no tener que extrañarlas a ustedes. Dense una vueltita por mi otra traducción.