Uno, dos, tres, cuatro…
Chimiko: ¿Qué estas haciendo ahora?
Pues estoy contando lo reviews que me piden que continué pronto con la historia. Y a decir verdad solo por ellos es que escribí tan rápido el siguiente capitulo.
Chimiko: es raro que seas tan complaciente, de seguro buscas algo no?¬ ¬
Como eres mala conmigo al desconfiar de mi T T yo que solo quiero responder a las peticiones de las lectoras ¡ y tu me atacas tan injustamente!
Chimiko: ya deja tu histeria para después y empieza de una buena vez ¯°¯
Ah, cierto, cierto, ya se me había olvidado je je ^_^ (se rasca la cabeza) bueno, ejem, como me estuvieron pidiendo que actualizara pronto pues aquí les traigo el segundo capitulo. He estado pensando en poner los recuerdos de cada personaje, pero será de forma salteada, o sea hasta que aparezca algo vital en la historia que daba ser explicado.
CAUTION!!! Esta historia es 100% yaoi, además de contener shota (relación adulto/niño) futuras violaciones y mal lenguaje. Así que queda bajo tu propio riesgo. Yo me libro de toda culpa JO JO JO (saca su abanico)
Chimiko:…no te pido que la elimines Dios, solo ya no traigas mas como estas
Ehh? Dijiste algo
Chimiko: que te apures o si no te golpeare (saca un bate)
Ya entendí, no hace falta la violencia…por eso no tienes novio
Chimiko: ¡¿QUE DIJISTE?!
Que disfruten del capitulo y nos leeremos mas abajo (si sobrevivo)
Remembranzas I. Un niño en la guerra
La puerta se abrió dejando escapar el vapor caliente que encerraba dentro de ella, nublando un poco la vista del niño que salía del cuarto. Había terminado de asearse y ahora solo vestía una bata de baño que le quedaba un poco holgada. Secaba sus blancos cabellos mientras frotaba sus parpados con pereza, sus mejillas ligeramente rosadas y su carita adormilada daban una imagen increíblemente adorable de el.
-Ya he terminado de bañarme Kanda- informo mientras dejaba salir un bostezo, sin embargo no recibió respuesta alguna, ni siquiera ese gruñido que hacia su compañero que había aprendido a interpretar -¿Kanda?
Se acerco silenciosamente donde se supone que se había quedado su compañero, y cual fue su sorpresa al encontrarlo profundamente dormido. Apoyaba su cabeza en la mano de su brazo izquierdo, el cual descansaba en la lateral del sillón. Su rostro mantenía ligeramente el ceño fruncido, su respiración era sutil y armoniosa. Tenía tiempo que no lo veía relajarse de esa manera, habían estado combatiendo continuamente a los ataques de Akumas que se habían incrementado en los últimos meses y la conclusión siempre era la misma: querían acabar con el pequeño Allen. Debido a esto, las horas de sueño de Kanda se vieron terriblemente afectadas, al grado que pasaba una semana entera en vela, siempre alerta y vigilante. El estrés y fatiga comenzaba afectar su ya de por si mal genio y en ocasiones no podía rendir bien en una batalla. Todo para protegerlo a el.
La culpa lo embargo de repente. Se supone que el es un General Exorcista, se supone que su poder esta por encima de los Exorcistas normales, era ridículo que lo protegieran de esta forma. Pero ya lo había dicho Kanda, era tan solo un niño, y los Comandantes Jefe no permitirían a un niño viajar solo. No por estar preocupados, sino meramente para mantener una desagradable apariencia. Eso era aun mas estúpido, desde que era mas pequeño tuvo que arreglárselas el solo, sobreviviendo a un mundo hostil y desagradable, al menos hasta que conoció a Mana. Tallo su ojos con vehemencia al sentirlos húmedos, ¡no debía llorar, maldición! Pero la sola mención de ese nombre tan adorado le hacia sentir una gran nostalgia y dolor. De pronto escucho al mayor suspirar quedamente y pensó que se había despertado. Seguramente lo regañaría si lo viera llorando otra vez.
Pero Kanda se mantenía dormido, movió un poco la posición de su cabeza para acomodarse mejor y después se quedo completamente quieto. Le volvió a observar, el ceño fruncido había desaparecido por completo, señal de que ahora estaba profundamente dormido. Inconscientemente se acerco a el, y sin quitar la vista sobre su persona se arrodillo pegando su cuerpo a las piernas de este. Rogando por que no despertase acomodo su cabeza en su regazo, se acomodo de forma que pudiera relajarse, estaba muy perturbado, necesitaba un poco de tranquilidad para despejar todos esos pensamiento y la calidez del cuerpo de Kanda era la mejor solución.
Cerró sus ojos plateados, distinguiendo la respiración de cada uno y como pronto se coordinaban hasta parecer solo una. Una ligera sonrisa de burla adorna sus delicados labios. ¿Quién creería que terminaría teniendo este tipo de relación con Kanda? Y es que al principio los dos podían jurar que se odiaban a muerte, bueno, al menos Kanda, ya que para el solo era (y seguía siendo) una persona totalmente desagradable, con un corazón frió y que no se ablandaba, una personalidad arrogante y un mal genio que decía que debías cuidarte de el. No era educado, pensaba y decía todo con demasiada sinceridad, su vocabulario no era un ejemplo a seguir y ¡para colmo le llamaba Moyashi!
Ahora era el quien comenzaba a despedir un aura asesina. Suspiro resignado y trato de relajarse otra vez. Afuera seguía nevando con fuerza, tal vez su viaje en tren se retrasaría, pero que mas daba si podía estar un poco mas con Kanda. Ya habían pasado dos años desde que se conocieron….
-o_o-o_o HACE DOS AÑOS o_o-o_o-o-
Finalmente había llegado a Londres, el tren había llevado mas tiempo de lo que espero además del largo viaje que tuvo que hacer de la India hasta la estación de trenes para Inglaterra. Salió del lugar y un fuerte viento helado lo paralizo, a pesar de que estaban en septiembre el frió era constante en esa ciudad. Comenzó a caminar para dirigirse a su destino, siendo como siempre consiente de las miradas inquisitorias que las personas le otorgaban. Ya era para el algo normal, después de todo era obvio llamar la atención, era solo un niño de casi trece años viajando solo, con una cicatriz en su mejilla izquierda, y con los cabellos blancos, a pesar de que ocultaba la mayoría en una pañoleta atada a su cabeza, unos mechones escapan de ella.
Escucho a unas señoras decir que no era normal ver a una niña de su edad sin sus padres o con algún adulto. Su cuerpo comenzó a temblar debido a la rabia que sentía, ¡no era su maldita culpa tener un rostro tan afeminado! Siempre era lo mismo cuando lo veían de lejos. Incluso su maestro idiota se burlaba diciendo que algún dia seria violado debido a eso. El tan solo recuerdo de su maestro hizo que su furia aumentarla, al igual que el dolor que sentía en su cabeza ¡¿Qué clase de mentor golpeaba a su alumno con un martillo para luego salir huyendo?! Pero claro, no se trataba de cualquiera, si no de Marian Cross, un General Exorcista y, por desgracia, su maestro.
Definitivamente fue todo menos un buen tutor y ejemplo a seguir. El tipo se la pasaba ligando con cuanta mujer viera. Pero esta debía ser rica y cumplir con ciertos "requisitos". Tomaba como barril sin fondo, pedía prestado dinero para luego descaradamente salir huyendo, dejándole la duda a el. Y aun ahora sus deudas eran tantas que tal vez nunca llegaría a pagarlas todas en esta vida. Comenzó a llorar internamente, su maestro Cross era realmente un demonio. Un movimiento en la bolsa de su abrigo lo saco de su lamentación.
-Lo siento Timcampy, olvide por completo que no te gusta estar encerrado- de su bolsa saco una pequeña esfera halada dorada, con unos simpáticos cuernos y manitas. Tenia una gran cruz en lo que se suponía era su rostro.
-Pero de verdad…- de su maleta tomo un mapa y lo extendió – ¿como diablos voy a encontrar la Orden con estos garabatos que dejo mi maestro?
Mas que un mapa se podía decir que era un dibujo de un niño de cuatro años, indescifrable, con una raya que marcaba algunas ciudades y que llegaba a una x, como si fuera un tesoro. Suspiro resignado, de verdad que su maestro solo le daba horribles experiencias.
Ahora lo importante era reunir información. Había escuchado que la Orden se localizaba en algún lugar de Europa, Inglaterra, y una que otra vez su maestro le contó algunas historias referentes al lugar. Pero la verdad esta perdido y no tenia ni la mas remota idea de cómo le haría para llegar. Por suerte traía consigo el Golem del General, el podría guiarle ya que después de todo el debía conocer el camino. Comenzaba a oscurecer, axial que debía buscar un lugar donde pasar la noche, ya mañana temprano seguiría su camino. Sin embargo su ojos izquierdo reacciono rápidamente, tomando un iris negro con aros rojos y fue justo cuando una gran explosión ocurrió cerca de ahí. Era un Akuma.
Decidido a pelear se apresuro a llegar donde se encontraba la maquina. Cuando finalmente la tuvo delante suyo, su brazo izquierdo se transformo en una enorme garra blanco con una cruz en el dorso de la mano. El Akuma había detectado su presencia y dirigió sus cañones hacia el pequeño. Allen estaba listo para recibir el ataque y esquivarlo, pero nada de eso sucedió, ya que de pronto el Akuma fue partido a la mitad con un corte tan fino propio de una espada.
La destrucción del Akuma fue confirmada cuando este exploto. Se sintió aliviado al ver como el alma atrapada en el Akuma era liberada y llevada al cielo. Ahora debía buscar al responsable de eso, esperando que fuera quien creía. Fue en ese momento que lo vio por primera vez.
Su cabello largo azulado sujeto a una coleta alta, el enorme saco negro con adornos plateados y una larga y fina espada la cual envainaba detrás de su espalda. Al principio pensó que se trataba de una mujer, pero cuando la persona fijo sus iris de azul negrete sobre el, pudo confirmar que se trataba de un hombre, un joven de no mas de quince años talvez. Su mirada era tan intensa como fría, y de alguna manera intimidante y soberbia.
-Tu debes ser un Exorcista ¿verdad?- pregunto al tiempo que se acercaba a el –disculpa, pero es que yo…- no puedo terminar de hablar ya que el joven se abalanzo contra el con la intención de atacarlo.
Allen reacciono rápidamente, y uso su arma anti-akuma para protegerse del impacto, sin embargo, el ataque provoco una herida profunda aunque no dolorosa en su mano izquierda. Cuando el Exorcista se dio cuenta de ello se detuvo unos momentos para observarlo de forma inquisidora. ¿Cómo se había podido proteger del ataque de su Mugen? Esa pregunta rondaba en la cabeza del mayor.
-¿Qué diablos tienes en el brazo, mocoso?- una voz profunda y masculina, con un tono arrogante y prepotente. Esa fue la impresión que tuvo Allen de el.
-Es un arma anti-akuma. Soy un Exorcista- sentencio
-¿Qué?- soltó una risa de burla –no me voy a creer algo tan entupido, desde mi punto de vista tu eres un Akuma, así que ahora mismo te eliminare desgraciado- se volvió a lanzar contra el, esta vez lo eliminaría
-Espera, es la verdad- agito sus manos en forma de tregua –me dirijo a la Orden Oscura por orden de mi maestro el General Cross- la deseperacion estaba muy marcada en su tono de voz.
Al escuchar estas palabras el joven se detuvo de golpe, dejando su espada a unos milímetros del cuello del albino.
-¿Tu maestro? ¿El General?
-S-si así es…- sentir el filo de la muerte en su cuello no era una sensación muy agradable.
-ESPERA, KANDA!!- una voz femenina llamo la atención de los dos.
Una joven de cabello negro verdoso se apareció de repente, prácticamente caída del cielo. Su cabello estaba sujeto en dos coletas altas, usaba una mini falda y portaba un saco similar al de la persona que lo amenazaba. Allen noto que las piernas de esta brillaban, tenía una especie de botas negras con líneas verdes en las laterales, ella debía ser una exorcista.
-¿Y ahora que carajo pasa?- le respondió el aludido
-Eso quisiera saber yo ¿Cómo es posible que amenaces a unas niña pequeña?- aunque la intención era ayudarlo, Allen sintió un tic nervioso en su rostro. ¡Realmente odiaba que lo confundieran con una niña!
-¿Una niña?- la voz de su agresor lo calmo –si este jodido Moyashi es un niño
-¿Moyashi?- se pregunto internamente. Estaba agradecido que al menos alguien pudo diferenciar su genero. Pero una cosa era eso y otra que lo insultara y que lo llamara de una manera tan ridícula.
-¡Me llamo Allen!- le contesto furioso mientras le veía con desprecio. Kanda regreso su atención hacia el
-Cierra tu entupida boca, Akuma- le acerco mas la espada a su cuello, clavando ligeramente la punta con la piel del niño
-¡YA TE DIJE QUE NO LO SOY, RETARDADO ESTUPIDO!- de un manotazo retiro el arma que le amenazaba.
La joven podía sentir como dos auras acecinas se formaban y que unas llamas de pelea rodeaban a los dos.
-Este…disculpa por decirte niña, es que la verdad tienes un rostro muy lindo y pues pensé…- se disculpo al tiempo que trataba de separar a esos dos.
-Eh?- dejo de ver a su enemigo para observar a la mujer – no, disculpa por comportarme tan grosero- se rasco avergonzado la nuca
-No hay razón para disculparse Léanlee- volvió apuntar su arma contra el niño – este desgraciado es un Akuma
-¡Ya te dije que no lo soy, tarado!
-Bueno, como sea- se preparo para atacarlo otra vez – si veo dentro de ti estaremos seguros- expreso su grandiosa lógica. Pero antes de que hiciera algo, recibió un fuete golpe en su rostro.
Timcampy rescataba a su pequeño amo de ese salvaje, y no conforme con azotarse contra el, le mordió fuertemente la oreja, haciéndola sangrar.
-¿Qué jodidos…?- Kanda trataba de quitárselo, pero la pequeña bola dorada no desitia.
-Espera Timcampy, eso no se hace- el albino tomo al golem, quien soltó al espadachín en cuanto sintió el toque del menor. Sin embargo le mostró los dientes en señal de advertencia mientras el japonés lo veía con intenciones de matarlo.
-Lo siento mucho- se disculpo educadamente, pero el solo lo ignoro.
-Oye, espera un momento- la voz de Léanle se hizo presente al tiempo que se acercaba a los dos –¿de casualidad ese no es el golem dorado del General Cross?.
-SI, así es. El es mi maestro- le contesto con una suave sonrisa totalmente fingida mientras recordaba a su desagradable mentor
-¿Tu maestro? ¿El General Marian Cross?- por alguna razón, Allen senita que la mención de maestro con el nombre del General eran imposibles de creer
-El me dejo a Timcampy, y me ordeno que llegara a la Orden Oscura para ser oficialmente un Exorcista
-¿Un niñito como tu Exorcista? Debes estar bromeando- se mofo Kanda de el.
-¿Y el General donde se encuentra?- al escuchar la mención de su maestro se tenso.
-Ahh…pues veras…el…esta perdido en algún lugar de la India- se rasco la cabeza mientras un aura fúnebre se apoderaba del ambiente.
-¿Cómo? ¿Entonces no te acompaño?- la mirada incrédula de la joven era demasiado evidente.
-El dijo que odiaba la Orden- respondió sombriamente al recordar su "despedida" con su maestro.
-Ya veo- suspiro la Exorcista, no conocía muy bien al General, pero había escuchado a varios científicos y buscadores hablar sobre su aterradora personalidad. –lo siento todavía no me he presentado, soy Lenalee Lee, mucho gusto- le sonrió al pequeño mientas le extendía la mano
-Ah, cierto, yo soy Allen Walker, mucho gusto- le estrecho la mano avergonzado
- Y este huraño de aquí es Kanda- señalo al japonés.
-Mucho gusto- y por educación le extendió la mano, esperando reconciliarse con el. Pero Kanda solo lo vio por un momento.
-Nadie querría agarrar a alguien que tiene una maldición- dicho esto se voltio para alejarse del lugar. Dejando a una desconcertada Lenalee.y aun enfurecido Allen por la discriminación..
o_o_o_o_o_o_o_o_o_o_o
Definitivamente esa no fue la mejor manera de conocer a alguien. Cuando sucedió eso no pudo evitar sentir cierto desagrado por su compañero. Pero lo que mas le sorprendió es que Kanda se hubiera dado cuenta rápidamente que poseía una maldición. Realmente el era alguien extraño, odioso, grosero, petulante, arrogante, frió, con mal genio…pero así como tenia tan numerosas características, era igualmente atrayente. Después de todo, Allen termino enfrascándose en una relación que según el mayor era prohibida y mal vista, pero el realmente entendía muy poco sobre eso.
Kanda decía que era por que era aun muy pequeño para entender, y que además no era del todo necesario.
Quería dejar de pensar, solamente deseaba dormir y se encontraba muy cómodo apoyado en el regazo de su protector. Cerró pesadamente sus platinos iris y se entrego por completo al mundo de los sueños. Donde por desgracia no podías decidir que soñar.
Chimiko: debido a que la autora se encuentra ausente, seré yo quien los despida. Ejem, bueno para empezar se agradecen mucho los reviews que mandaron, la autora se encontraba muy feliz y además…
¡Para que ya eh regresado!
Chimiko: que haces aquí? No que estabas hospitalizada?
Jah! Unas cuantas contusiones, tres costillas rotas, una fractura en mi brazo derecho y un tobillo lastimado no me detendrían.
Chimiko:……
Bueno, este capitulo fue algo lánguido, y tedioso, pero les prometeo que para el próximo ya habrá lemon. Agradezco principalmente a Gravity-San, ya que ella me ayudo a poder publicar mis fic a una novata como yo T T.
También les digo que tengo pensado incluir un poco de Laven, pero no teman, que el concepto principal es el Yullen. Solo que quiero hacer a un Lavi un poco malo al no tener el amor del tierno Moyashi al que por cierto seguiré haciéndolo sufrir con su linda cara de niña.
Chimiko: y luego yo soy la cruel ¬ ¬
Ja ja, vamos, no estoy enojada por que casi me matas, teniendo en cuenta el daño psicológico, no estoy absolutamente enojada (se le sale una vena)
Chimiko: si, claro…
Cualquier sugerencia y critica es bienvenida, no se preocupen, que mi grandiosa alma podrá soportarlo JO JO JO (saca su abanico)
Chimiko: tú de verdad estas loca
Sip, y muy feliz por ello. Ah lo olvidaba…tengan cuidado con Chimiko, ella de verdad es un monstruo
Chimiko:¡¿QUEEEEEE?!
Bueno nos veremos en algún futuro. (Se va cojeado lo más rápido que puede)
