Hula hula. Ya toy aquí de werta.
Notificamos al servicio "Adunafael, garantizamos su muerte si no publica" que el escrito con destino Pure Blood ha sufrido un retraso debido a la poca inspiración de la autora, dado que tiene que sacar a Hugo y su imaginación (dolorosamente) no llega a plasmar todo su lado sexy que ella quisiera, así que ha tenido que hacer no una ni dos sino tres pruebas sin llegar a ningún puerto de cómo dejarle bien. Prometemos al servicio Adunafael que publicaremos en breve a pesar de las posibles incidencias. Miiiiiic
Besitos :P
- ¿puedes tú sola? Espera, tengo las llaves aquí. Será un minuto-. El crujir de la cerradura dio paso a dos figuras en el apartamento. El tintineo de las llaves confirmaba a uno como dueño, pero la otra figura…sólo su torpeza podía presentarla en aquellos momentos. – Oh, mierda, ¿estás bien?-
- sí, sí. Por poco-. Ahora que las luces del recibidor iluminan a los dos jóvenes, podemos ver claramente lo que ha sucedido: una joven morena permanece asida a escasos milímetros del suelo por su acompañante, el cual agarra la puerta como único medio de sostenerse.- Puedes soltarme-
- Si te suelto permanecerás ahí todo el día. Agárrate- y tras aquellas palabras, el dueño del apartamento tira hacia si de ella con tal fuerza que el diminuto cuerpo caiga delicadamente en sus brazos, como una maniobra cien mil veces ensayada. Tras aquello, y con total parsimonia a pesar del sobrepeso en su espalda, el joven inicia la habitual tradición de cerrar la puerta, dejar las llaves en la mesita del recibidor y con andares sueltos y despreocupados, anuncia su entrada al salón, donde las luces se encienden ligeramente al notar sus pasos. Por último, deposita con sumo cuidado a su invitada.
- odio que seas tan fuerte- refunfuña ella, apoyándose contra un cojín como señal de absoluto confort. Él sólo sonríe, como si verla en aquella situación le llenara de felicidad, algo que ella fácilmente percibe.- Echaba de menos esta casa, vine pocas veces-
- me obligaste a hacer limpieza- contesta el aludido quitándose la chaqueta y dejando ver una camiseta de los Angeles Laykers.
- ¡qué honor!-. Una risa de escapa de sus labios, en el breve instante en que sus ojos se clavan en una escoba y una mopa mal apiladas en una esquina. Él la observa durante su escrutinio, sin perder de vista cada gesto. Es casi imposible imaginar cada uno de los sutiles cambios que va cerciorándose a medida que pasan las horas. Toda aquella preocupación, todo aquel miedo parecen haberse evaporado al contraste con aquella linda sonrisa. Hacía tanto que no la veía. Toda ella es como un vivo recuerdo de tiempos mejores y a la vez, es un nuevo ser, un ser mucho más hermoso si ya cabe del anterior. Sin darse cuenta, siente sus ojos de nuevo en él, interrogadores y decide poner fin a sus pensamientos.
- Hacía mucho que no venías. Cuanto hará, ¿dos, tres, cuatro años ya?- sabe que ha hecho mal en preguntar, y la sonrisa de Lyan vuelve a desvanecerse con la misma rapidez con la que apareció. Mira para otro lado, y eso hace que una parte de él mismo se corrompa al dejar escapar esa sonrisa entre sus malditas tonterías.
- tres años solo- responde ella como aturdida. De nuevo su espalda está rígida, sentada expectante ante él. No sabe cómo, pero intenta sonreír para ella. Hoy es un día feliz, el comienzo de una nueva vida. Sabe que será mejor, no es momento de pensar en otros tiempos.
- No te creas que te eché tanto de menos- contesta burlón, incitándola a contestar. Su parpadeó confirma que ha dado en el objetivo, pues las mejillas de Lyan pronto se acaloran ante el primer acto de guerra.
- más quisieras a tener a semejante hermosura sentada en tu sofá, engendro- sonríe resabida, y Dorian vuelve a la carga, tan contento como el niño la madrugada antes de Reyes, ansioso por continuar.
- ni siquiera como vampiresa llegas al canon de belleza humano, listilla-. Le saca la lengua y ella le imita. No sabe cómo pero eso le recuerda a otra época, un deja vú más allá de la muerte. ¿Realmente se estaría volviendo tan poético?
- ni tu llegas al canon de humano, engendro-. Ríen y por un momento, poco importan si de esas mandíbulas unos colmillos sobresalen. Es como si nada hubiese cambiado aunque…siempre queda el atisbo a la curiosidad. Dorian incluso se asusta al descubrirse alargando su mano a la boca de ella, en una petición muda entre ellos. Lyan asiente, abre la boca y le deja hacer, consciente de cada uno de sus movimientos.
Bajo su tacto, puede sentir la debilidad de los colmillos de un neófito. Había olvidado cuan finos e indurables suelen ser hasta pasados los primeros años de adecuación. Pero parecen bien asidos a la carne y suficientes para pronosticar una larga serie de mordeduras antes de que unos mejores sustituyan éstos. Lyan, callada, inclina la cabeza hacia atrás, permitiendo a Dorian contemplarlos a la luz de las lámparas. Un escalofrío le recorre ante esa imagen. Jamás habría podido imaginar que aquella maldita maldición fuese tan condenadamente hermosa en ella. Exhala un suspiro e intenta que el escalofrío que recorre su espina dorsal amaine ante la mirada desconcertada de Lyan.
- no es nada. Se me hace raro verte así, eso es todo-. La joven sonríe, orgullosa de sus nuevas adquisiciones, antes de buscar el arrullo de los cojines. Dorian aparta la mirada, recogiendo sus cosas en dirección a su cuarto. Puede oír aún los ronroneos de ella ante el contacto de la fina tela contra su piel, ahora que sus sentidos se hayan desprovistos de barreras humanas y las sensaciones son claras en su cerebro.
Tira sobre el catre su chaqueta y sus ojos deparan en el espejo decorativo de una esquina, de marco antiguo y trabajado, signo de su antigüedad y valor a pesar de la casa modernista en la que se haya. El reflejo nítido de un joven de pelo moreno y rasgos angulosos no le sorprende, más sí su expresión de completo embelesamiento. No es propia en él. Pronto su expresión varía en una mirada de ira, con dos ojos del mismo color ceniza calcinados por el odio.
¿qué demonios ocurre, Dorian? Es una neófita, no sabe nada, es sólo una niña perdida en un mundo que no entiende. Tú eres su mentor, su guía…. ¿qué demonios haces?
La respiración es agitada y los músculos se agarrotan ante el peligro que desprende cada uno de sus gestos. Aparta el espejo de su recorrido visual y aspira el aire, deleitándose con el crujir de las esencias que capta su potenciado olfato.
Y a pesar de todo, sigue permaneciendo su esencia, su aroma…Ni siquiera la transformación ha conseguido variar eso
Crea una imagen en su mente. Una Lyan antigua, con una sonrisa resplandeciente naciendo en sus labios. Sus ojos azules reflejan el sol del mediodía y su mirada permanece fija en él, arrugando la nariz de vergüenza al verse tan observada. Sus labios, de un color carmesí en contraste con su piel pálida, pronuncian en una voz acuosa: "¿qué ocurre? ¿no te gusta este lugar?". Sus recuerdos le permiten ver el cielo, coronado en lo alto por un sol brillante. Recuerda la sensación de sopor que el calor del sol produce y, a la vez, siente la brisa recorrer el prado hasta ellos. Pero sobretodo, recuerda su risa, perdiéndose entre la suya, en un coro lleno de recuerdos cada vez más acuosos.
- ¿Dorian?-
- ¿sí?-. Abrió su armario y rebuscó entre sus camisas algo más cómodo que ponerse, intentando que sus músculos se destensaran ante el martilleo que producían aquellas vueltas al pasado que su mente profería a veces sólo para atormentarle. Un estruendo y giró su cabeza hacia el pasillo, sus sentidos puestos en algún punto del salón.
- no te asustes, pero creo que me he caído y no me puedo levantar- susurró una voz doliente, según reconoció, a escasos centímetros del suelo. Sus movimientos fueron casi imperceptibles para su cerebro: con sólo desearlo, sus piernas se flexionaron y obedecieron a aquella orden. Antes de que el murmullo de Lyan se hubiese desvanecido, Dorian se tendía ante ella, recorriendo con la mirada su cuerpo en busca de posibles daños. Ella rió ante la expresión macabra de él. Parecía contemplarla como una figura de porcelana a punto de romperse y eso no la hacía sentirse muy segura. Intentó extenderle la mano en busca de apoyo, pero su brazo volvió a caer, lánguido y sin vida en su regazo.
- ¿y ésto?-
- no lo sé. Pareces muy desnutrida pero te alimentaste bien, Leonard me juró que así sería-. Lyan asintió mientras en la cara de Dorian asomaba un amago de sonrisa.- Te prepararé unos creppes-
- ¿creppes?- aulló la joven mirándole de hito en hito. Él volteó la cara sin comprender.- ¿No se supone que nos alimentamos a base de sangre?-
- ¿me estás diciendo que no has probado bocado en tres días?- inquirió, con los ojos resplandecientes de furia homicida- ¿sabes lo malo que es para tu salud?-
- contesta. ¿Sangre o nada de sangre?-. El aura de furia de Dorian se disolvió ante sus carcajadas, mientras las mejillas de Lyan se teñían de un color rubí poco esperanzador.
- ¿quieres creppes de crema o no?-
- sí, engendro- admitió, resoplando ante su sabida derrota.
Ahhhh, me echan yaaaa. (Novio explotador yihuuuu, no me deja nah su poratil ola lei lei hi huuu na na na naaaa naaavafjdyfjeghrf)
vale vale, ya salgu. Dwwwws adu ^^
Sao
