Para mis ficcy adictas: una gran ensalada de fic XDDD
Por cierto: AVISO URGENTE. Cambie nombres -- Dorian = Dimitri y Lyan = Valeria. Son mas bonitos, cucos, como querais llamarlos wiii
Molto grace por las reviews!!
Valeria se tumbó en la otra punta del sofá, sintiéndose fuera de allí. Había memorizado cada palabra de Dimitri con minuciosa atención, como si su existencia dependiera de sus consejos y su cerebro así lo supiese, o como si sólo fuese el encantamiento del Ghardian sobre ella. Habían hablado sobre muchas cosas, muchas palabras en lengua desconocida entremezcladas en los suaves tonos que ahora identificaba como su voz y la del mismo Dimitr. Ghardian era "guardian", como un vampiro que hacía de maestro a otro recién creado, como se denominaba Nefhur o "neófito". La relación entre estas dos entidades finalizaba al año de haberse encontrado, cuando el neófito no es ya un ser dependiente y puede valerse por si mismo. El Ghardian debe procurar que el neófito aprenda no sólo las artes de la supervivencia, sino también el cuidado del secreto de la raza, su comportamiento frente a otros vampiros dependiendo de su nivel social y, sobretodo, el conocimiento del cuerpo. En este caso, su cuerpo. Val aún no se encontraba acostumbrada a todo ello: sus músculos eran firmes, preparados para cualquier esfuerzo físico; su pecho había crecido, sin entender aún el significado ni la mejora en ese aspecto; sus dedos le parecían más largos y sus labios aún no se acostumbraban al espacio rivalizado con sus colmillos, por lo que de vez en cuando se daba pequeños pinchazos en el labio inferior. Sus orejas, su oído en cierto modo, habían evolucionado favorablemente: si se concentraba podía oír conversaciones de todo el bloque de edificios e incluso del edificio de enfrente. Era una ventaja un tanto inútil, según palabras de Dimitri, pero Valeria parecía emocionada con el abanico de historias que se abrían para su curiosidad y regocijo. Y su vista…bueno, no era fácil explicarse a ella misma el abanico de colores que se abría ante ella aunque hubiese noche cerrada y oscuridad absoluta. Su cerebro no lograba entenderlo y eso provocaba aquel molesto dolor de cabeza.
Giró la cabeza y no se sorprendió al verse observada por Dimitri tan fijamente. Ah, sí, el tema de la comida. Dimitri se había transformado en un lunático hacia escasamente una hora. Según él, ella era su responsabilidad como Nefhur de días de edad y verla en aquel estado de desnutrición le había tocado su fibra protectora hasta tal extremo de obligarla a comer prácticamente hasta vomitar. Aún ahora, en frente de su sitio en el sofá, un plato de spaghettis bolognesa la esperaba pacientemente instalado en una mesita con ruedas.
Había sido una tonta creyendo aquellas novelas de ciencia ficción repletas de vampiros chupa-sangres cuyo único alimento era aquel, sangre. ¡Oh, Dios! Si lo hubiera sabido… Le había parecido tan obvio el alimentarse de aquel fluido rojizo que ni por asomo habría pensado en la dieta tan básica, en las proteínas, en las vitaminas…Diablos, si de verdad iba a permanecer con su cuerpo durante centenares de años, ¿cómo podía pensar en descuidarlo? Como Dimitri la había enseñado, los vampiros necesitaban las tres comidas diarias habituales entre los humanos, más su compleja estructura les hacía necesitar un complemento adicional de sangre ya que sus moléculas no eran capaces de estabilizar todos aquellos esfuerzos físicos. Pero no había problema en morder cuellos, había constatado: todo aquel que recibiera un mordisco era atendido por los servicios médicos propios de la comunidad y borrada su memoria a partir de productos químicos por los que no sentía ni la más remota curiosidad. Según había dejado caer su tutor, la sociedad vampírica estaba más evolucionada en conocimientos médicos que la propia especie humana. De todas formas, la extracción de sangre por esos métodos sólo se era permitida en grupos sociales exclusivos, sin pareja por llamarlo de algún modo. Los vampiros emparejados tenían la habilidad de segregar tal cantidad de sangre que podían perfectamente alimentar a su compañera y así en viceversa. Parecía ser que el intercambio de sangre daba mayor pie al cuerpo a reaccionar ante ese fluido, precisando únicamente las características especiales del compañero.
Un Nefhur o neófito como ella, tras su año de aprendizaje, debía cumplimentar una serie de años en supervivencia en los que no le estaba permitido la convivencia íntima con otros vampiros "solteros", por llamarlos de alguna forma. Debían trascurrir tres años, de adaptación y especialización, hasta poder ser meritorios de buscar un compañero legítimo; dicho sea de paso, algo bastante difícil. Podían llegar a pasar cien años sin encontrar al compañero apto para el vampiro en cuestión o simplemente días, todo dependía de la suerte.
Sus pensamientos rodaron en torno a la especialización. Tal como su nombre indica, habla sobre qué sentido tomará el neófito tras su primer año de supervivencia lejos de su Ghardian. Existen tres opciones: dedicarse a los estudios, mejorando la prosperidad de la raza; escalar en la Corte, centro del poder político de la sociedad vampírica; o inscribirse en la Guardia, una especie de ejército vampírico entrenado para la protección y el orden entre los vampiros y el resto del Mundo. Val se vio desbordada ante las imágenes de ella en aquellos distintos aspectos: ¿una médica? ¿una noble? ¿una poli? Todo aquello le sonaba igual de mal y el significado noble que acompañaba a la voz de Dimitri cuando decía "raza" le erizaba los cabellos. ¿De verdad eran una? Ella había sido una humana, una simple y complicada humana con sus problemas y virtudes. Ahora era una neófita. ¿Cómo podía haber sido dos razas en su corta existencia?
Suspiró y Dimitri volvió a inquirirla con la mirada, señalando su plato de spaghettis con expresión severa. No tenía hambre, demasiadas dudas, demasiada información. No sabía que era mejor para ella en esos momentos, si las preguntas o las respuestas. Todo le parecía fuera de lugar y el curso de los acontecimientos la traía loca. Y además, estaba el hecho de que habían pasado ya casi tres días, y al cuarto debería alimentarse de nuevo. Como si tuviese vida propia, su estómago rugió justo en ese instante, apremiando comida, sangre, no estaba segura de lo que su cuerpo quería ahora que era tan igual y tan distinto al que era antes.
Un nuevo retortijón. ¡Demonios, estaba tan hambrienta! Aunque se odiara a si misma, mañana debería comer, beber del humano que fuera y probar sus nuevos incisivos. Sino iba a morir de hambre nada más empezar su nueva vida, y eso su orgullo y su renacido instinto de supervivencia no se lo consentirían de modo alguno. Valeria sólo podía rezar para que la pobre víctima no sufriera mucho. Sólo faltaba eso.
Son caps cortos pero tengo muuuuuuuuchos. ¿Comprobacion? Voy a publicar hoy...¿4? Trato hecho xD
Nos leemos!!
Sao
