Hay que decirlo -- Me encanta este cap!! ña ña ñaaaaa

(8)


Nicholas volvió su vista a los vasos, rezando porque su jefe no le hubiera mirado a él en vez de a la extraña marabunta que se apelotonaba en la entrada. Había llamado la atención de toda la clientela, incluso el borracho de Quentin había separado los labios de su whisky para observar detenidamente a la pareja. Por las pintas, cualquiera diría que encajaban en aquel lugar: cuero negro, cadenas y la piel tan blancuzca que daba contraste ante la penumbra de aquel cuchitril. Examinó al hombre que encabezaba la marcha. Lo había visto antes: sus ojos eran difíciles de olvidar. Aquellos pozos negros parecían brillar como brasas ardiendo cuando alguno de los fiesteros le sorprendía con un empujón. Tenía buen carácter, nunca armaba escándalo y se pasaba las horas muertas mirando de aquí para allá, evaluando a cada uno de los góticos que entraban.

Cuando el último vaso de la hilera estaba ya seco, llenó un vaso largo con aquel licor y lo extendió en el mismo momento en que el hombre se acercaba a la barra. Sólo un amago de sonrisa le advirtió que se lo agradecía, tampoco había esperado mayor expresividad en un tipo como aquel. Lo curioso es que abriera la boca para hablarle, no recordaba la última vez que se había dirigido a alguien del local por última vez. Algo en él le hizo sentirse nervioso, como si aquello estuviese mal.

- también un Bacardi limón, por favor-. Antes de emprender la orden, sus ojos interceptaron la silueta de alguien más detrás de aquel tipo. Fue como si el tiempo se hubiera parado y al cronómetro de sus movimientos le faltarán pilas para continuar. Se quedó de pie, observándola, delineando en su mente cada curva de su cuerpo hasta volver a su cara, donde una mirada risueña le devolvió el saludo. Tenía los ojos de un gris brillante y su melena parecía moverse por propia voluntad, con cada bucle de su cabello jugueteando con cada porción de piel de su cuello y clavícula.

Mia

Fue como un ronroneo y su mente despertó de aquel trance con una sacudida, sintiendo la mirada del hombre fijarse en él hasta convertir sus pupilas en aros de fuego candente. Antes de que pudiera hacer alguna estupidez más, volvió su vista de la pareja y buscó la botella de Bacardi entre los estantes.

- ¿te has divertido?-. La voz de Dimitri hizo que mi sonrisa menguara unos centímetros. No era fácil sentirse contenta cuando su cuerpo irradiaba aquella peste territorial. Moví la cabeza de izquierda a derecha, negando cualquiera de sus disparatados comentarios, antes de encontrar su mirada. No me sorprendió aquella furia en sus ojos. Sólo me atemorizaba que cualquiera de los góticos de allí no echara la culpa al exceso de alcohol antes de pensar en otras posibles conclusiones. Los ojos de Dimitri realmente parecían llamas crepitando y él no parecía querer disimular ese detalle enredador.

- Me ha gustado comprobar que no soy tan fea de esta manera- cambié de tema y señalé los pantalones de cuero ajustados y la camiseta de tirantes de escote como hechos palpables de que en mi anterior vida jamás habría llevado aquello y menos me habría sentido orgullosa luciéndolo. Al menos, algo tenía de especial ser un vampiro: el sentido de la vergüenza se había extinguido en mi interior. De repente todo mi ser clamaba por sacar el mayor número de sonrisillas tontas desde el comienzo de nuestro paseo. Y mi triunfo había sido desproporcionado: pronto un olor que reconocí como "territorial" en mi Ghardian era interpretado por mis fosas nasales cada cinco minutos, entorpeciendo las posibles actuaciones de cortejo de más de una decena de jóvenes.

- No lo eras antes ni ahora-. Su mirada fue como un cuchillo que aguanté sin pestañear. Definitivamente yo debía de ser o muy crítica conmigo misma o él había perdido el sentido de la vista después de tantos años de existencia milenaria. Pobre de mí, confiaba en la segunda opción por aquel entonces.

- como tú digas-. Suspiré. Estaba demasiado nerviosa como para ponerme a discutir por cosas tan estúpidas.- Tan sólo déjame subirme algo la moral antes de perderla por completo luego-. Morder, morder. No podía parar de imaginarme el "uso" que le daría a aquellos nuevos colmillos esa noche. Dios, había deseado que el día fuese más lento, nunca llegar a esto. Sentía mis rodillas temblar ante las terribles imágenes que bullían en mi mente, pero la hambruna de mi cuerpo superaba cualquier cosa. Necesitaba alimento, era instintivo, y más fuerte que cualquier pensamiento. El hambre me había mantenido despierta toda la mañana, sabiendo, adivinando lo que esta noche me tocaría hacer. Lo d-e-s-e-a-b-a.

- No es inmoral alimentarte- adivinó Dimitri echando una ojeada a los jóvenes que nos rodeaban. Yo también me giré. No debían de superar los veinte años de edad. La mayoría eran chicas ligeras de ropa y con exceso de maquillaje, intentando parecer más pálidas de lo que yo ya era.- Cuando tu cuerpo se acostumbre a esta medida, te resultará tan monótono como cepillarte los dientes o peinarte el pelo. Tras varias veces comprendes que no es más que otra cosa que hacer. Pierde cualquier sentido moral y dramático que quieras darle-

- sigo sin entender porque no puedo seguir con frascos. No tuve ningún problema con ellos- hice un puchero- Y no parecían muy caros dado la chabola donde los compró Leonard…-

Dimitri sacudió la cabeza, apoyando su amplia espalda en la barra. Realmente olvidaba el tamaño que podía ocupar si abandonaba aquella pose militar: era grande, musculoso y, a pesar de no ser bajita, el me superaba un palmo de altura como si nada. Algunas jovencitas se le quedaron mirando con expresiones caníbales: si Dimitri hubiera sido una revista, se habrían leído hasta los anuncios de publicidad.

- esos frascos no sirven- decididamente no era la única que no valoraba su cuerpo. Mi acompañante seguía sin darse cuenta de que casi todo el sector femenino (con o sin pareja) le estaba analizando con lujuria. Hasta yo me sentía fuera de la conversación con tanta atención, pero Dimitri obviaba el resto del planeta cuando se metía en su papel de Ghardian.- Esos colmillos no permanecen ahí, son de leche. Si no los usas, si no te acostumbras a desgarrar la carne con ellos y encontrar la arteria con rapidez; los siguientes colmillos no podrán agujerear ni la mantequilla-

- ¿y qué tiene de malo no poder hacer daño?-. Dimitri obvió la ironía, ofreciéndome una mirada iracunda.

- Este no es el mundo humano, Valeria- dijo, y su cabeza señaló a un grupo mixto de chicos y chicas brindando sus copas con total alegría- Los problemas no se solucionan por la vía política en la mayoría de casos. Cualquier discusión, si se prologa, puede llevarte a una lucha por la supervivencia. No creas que por ser hembra te salvarás: si tu pareja es cortejada por otra deberás defender tu honor, Val, y no precisamente atizándola con un guante-

- ¿Me estas diciendo que debo prepararme para la ley de la selva?- ironicé, bebiendo un largo trago de Bacardi. Él no rió.

- Algo parecido-. Tragué.


Continuacion en la siguiente pagina....mua ha ha

Sao