Lo dividi en dos partes porque quedaba mejor para leerlo. Espero que os guste :P
- Viniste-. El joven asintió, precipitándose escaleras abajo hasta la muchacha. No podía dejar de admirarla: su cuello, sus pechos apretando el corsé de cuero, las largas piernas que se extendían hasta una muy corta minifalda. Ella sólo sonrió ante él, con un pequeño rubor decorando su mejilla blanca como la nieve.
Se paró a un metro de ella, incapaz de saber muy bien qué hacer ante esa situación. Pocas veces había quedado con chicas (su empleo no es que le proporcionara un catálogo muy extenso de góticas más o menos apetecibles, por lo que no tenía mucho por donde empezar a escoger) y menos en aquel callejón, tan oscuro, tan inhóspito. No podía llegar a imaginar que ella hubiera aceptado el lugar de queda tan sonriente. De nuevo, aquella sonrisa le hizo obnubilarse por unos largos segundos. Realmente no podía entender su suerte.
Cuando la había visto acercarse, habría jurado que iba a preguntarle dónde estaba el servicio, encargarle otra copa o pedirle una canción en especial para bailar con aquel maromo que tenía como acompañante. Habría hecho cualquiera de esas tres opciones más que gustoso. Pero cuando se mordió el labio y se acercó a él hasta casi poder oler su perfume, dios, creyó tocar el techo con la cabeza. Recordaba su voz, sexy, endemoniadamente sexy, diciéndole las cosas que él quería escuchar, que el había soñado escuchar toda su adolescencia y que ahora, sin proponérselo, se le había tendido en bandeja.
Y ahora estaba allí, con los hombros descubiertos permitiéndole babear por aquel corsé tan ceñido y con aquella minifalda que debía ser arrancada costara lo que costara. Le temblaban las manos con sólo pensar en todo lo que le había dicho con aquella voz tan suave.
Su mirada encontró la de ella. Había hambre, un hambre voraz, por él. La descarga de adrenalina le nubló la mente mientras cerraba la distancia entre ellos, apretándola contra él mientras sus manos toqueteaban cada porción de piel de su espalda, cada curva desde su pecho hasta llegar a su cintura. Las manos de ella le acariciaban el pelo, el cuello. Parecían tan suaves y a la vez estaban heladas. El frío contacto sólo avivó aún más el calor en él, empujándola, acorralándola en la pared de enfrente. Cuando se acercó a ella de nuevo, puedo oírla gemir, apoyada su cabeza entre su clavícula. No podía pensar. Empujó su erección contra ella, intentando que ella volviese a gemir, pero su respuesta eclipsó cualquiera de sus deseos. Su lengua, dios, su lengua, recorría su cuello, produciéndole una repetida secuencia de descargas eléctricas. Más, necesitaba más. Empujó de nuevo su cuerpo contra ella, pidiéndolo, demostrando cuanto deseaba más de ella.
El pinchazo fue largo, como si ella hubiese salido y hubiera tenido que volver a perforar hasta ampliar la salida de sangre. El dolor le hizo temblar los brazos, mas su cuerpo parecía aún bajo los efectos del calentón anterior. La sensación de realidad le golpeó como una losa mientras su cuerpo desobedecía cualquiera de sus frenéticas órdenes: "huye, joder, Nicholas, ¡HUYE!". Y entonces, ella comenzó a succionar. Al principio, sus labios besaron la superficie con desconfianza, algo que le provocó una ligera sensación de éxtasis. ¿Cómo podía gustarle aquello, por el amor del cielo? Y al instante, ella volvió a besarle, apretando los labios, presionando la piel y chupando, relamiendo con su lengua cada gota que salía. La sensación de mareo desapareció ante otra mucho más apremiante: el deseo. Sus manos volvieron a responderle: una bajó por la espalda de la muchacha, agarrando su trasero con ansia, deleitándose mientras ella proseguía con su succión. La otra mano se apoyó en la cabeza, enterrándose en sus cabellos. Sin apartarla, más bien invitándola. Su erección seguía ahí, contorsionándose a pesar de la pérdida de sangre, empujando contra la tela de sus pantalones buscando, reclamando.
Basta. Déjala ir.
Una voz fría nubló su mente, tomando posesión de sus manos y apartándolas de ella. Su perfume envolvía ahora todo, como una fina capa de irrealidad que le obligaba a cerrar los ojos, a dejarse llevar.
- Ya has bebido suficiente, Val-. Un hombre se acercó a ellos. Pudo sentir su presencia y el ruido de sus pisadas le confirmó que estaba delante de él, pero sus párpados no querían responder. Todo él se hallaba demasiado cansado como para sobresaltarse ante aquella intromisión.
- Basta- continuó- Si continuas, lo matarás-
La succión cesó, tan bruscamente que la separación le dejó un leve picor. Ahora la distancia entre ellos le hacía daño: quería volver a acogerla entre sus brazos, quería que fuese suya de nuevo, sólo suya.
- Lo lamento-. Su voz. Algo en él consiguió reunir las fuerzas para sonreír. Dios, realmente tenía una voz de ángel. Nicholas se desplomó en el suelo como una pelota sin aire, encorvado en una postura incómoda y con la agradable sensación de no sentir nada. Su perfume lo invadía todo…todo.
- No lo recordará. Ahora, vámonos-
Pobre Val, se quedo con hambre xDD
Sao
