Aviso: se supone que han pasado unos meses, ok?

De ahi para adelante, feliz lectura!! :P


Clavaba las uñas en su cadera, aplacándola con unos gemidos muy agudos para sus oídos. La entrada de sangre era lo único que valía la pena, lo único que merecía algo de aquella chica. Era pelirroja, seguramente teñida, olía a menta y a un sinfín de productos químicos que le hacían cosquillear la nariz. La sangre era lo único que la había hecho destacar de sus otras cuatro compañeras y aún así Valeria lamentaba haberla escogido. Los jadeos de aquella humana estaban desconcentrándola: tanto escándalo al final alertaría a alguien.

Succionó por última vez y jugueteó con las últimas gotas de líquido en su boca, alertando a su cerebro que el juego debía acabarse ya. Al instante su cerebro empujó de ella hacia atrás, importando poco el detalle de que la pelirroja resbalara por el piso hasta doblarse en un cubo de basura. Dudó unos segundos y al fin la recolocó sentada sobre el asfalto, en la típica postura de borrachera pesada. Mientras terminaba de extender la espalda de la muchacha contra la pared de ladrillo, sólo pudo pensar en las veces que le había sucedido, las infinitas ocasiones que había sentido lástima por sus víctimas después de diez meses de alimentación programada. Y desde aquella primera vez, sus víctimas habían pasado a ser féminas. Dimitri no consentía que otra experiencia como aquella se repitiera, que el humano acabase regalándole algo más que sangre.

Ni siquiera podía recordar claramente aquel día. El estallido de la sed, el sabor metálico y afrodisíaco de la sangre, era todo lo que había cubierto sus pensamientos durante aquel primer encuentro. Sólo Dimitri parecía haberle encontrado pegas a su alimentación: no hombres, no atractivos, no jóvenes, no, no, no…Valeria hizo un gesto con la mano, apartando los pensamientos contradictorios: por un lado odiaba la estricta tutela de Dimitri y por otra un Nefhur debía una adoración casi rayando en la locura por su Ghardian. En el caso de Val, se desentendía del veredicto buscando temas más entretenidos. Esta vez, música.

Cuando entró en el bar, la gente la dejó pasar hasta el centro de la misma pista de baile. Antes había sido vergonzosa, tímida; ahora jugaba a bailes bastantes "exóticos" de dos en dos. Algunos la miraban como si fuera agua en un desierto, otros intentaban propasarse con unas manitas que fácilmente esquivaba dados sus reflejos y los más avispados intentaban trabar conversación con ella. Hoy tocaba de este último tipo: Jeremie, James, cómo fuera, le preguntaba si le gustaba esa canción.

- Por supuesto-. Se las sabía todas. Aquel era su bar de caza. Sería poco profesional no saberse las mismas repetitivas canciones que ponían cada noche hasta que despertaba su sed.

- ¿eres de por aquí?-. Lo malo de ese joven es que despertaba la curiosidad de los demás, algo que de veras la aburría. No tenía imaginación ni ganas de mentir durante horas…cada día…cada semana.

- Vivo a dos manzanas-. Sonaba como un disco rayado. ¿Qué nombre elegiría hoy? ¿Chelsey? ¿Lauren? ¿Alex?

- ¿te trae tu novio o vienes con amigas?- Jeremy parecía brillar de tanta emoción acumulada, ella sólo hacía esfuerzos por no bostezar en su cara. Realmente la canción se estaba terminando y aquel tipo no era tan gran bailarín, ¿por qué seguía perdiendo el tiempo?

- Vengo sola. Sino te importa, creo que voy a ir al servicio-

- Vale- la despidió. Val contó mentalmente cuantos chicos habían traducido erróneamente que quería asearse en vez de perderlos de vista. Mierda, seguía mirándola. Casi obligada tuvo que dirigirse hacia la otra punta del bar rumbo a los servicios…

Un olor familiar. Genial, lo que faltaba.

- ¿has terminado ya?-. Abrió la puerta y permitió que ella pasara. Ni siquiera le miró: bordeó con cuidado el estrecho espacio del baño y enfrentó su mirada al espejo. De nuevo, otra de sus "chicas" le había destrozado el rimel. Mientras, Dimitri echaba una ojeada hacia el local.- ¿o te queda el postre?

- Estoy llena. Todo para ti-. Hurgó en su bolso y sacó un lápiz de ojos y una toallita húmeda. Lo único que parecía entorpecer su labor eran los profundos suspiros de él a su espalda, acuclillado tanto como podía dado el diminuto espacio. Cuando Valeria terminó, pestañeó varias veces antes de encararse contra Dimitri, el cual parecía muy interesado en los mensajes escritos con rotulador de las puertas.

- ¿qué significa "liebe"?-

- querer, amar- respondió Val sin levantar la vista de su bolso. ¿Lo tenía todo? A ver, repasemos. Esto sí. También. Ajá.- No sé para que me trajiste a Berlín si ni siquiera sabes lo básico-

- Me apeteció hacer turismo, ¿tienes algún problema, Nefhur?- sus miradas se enfrentaron, dando paso a un largo silencio únicamente interrumpido por el goteo constante de un grifo mal cerrado.

- No, mi Ghardian- contestó secamente Val, volteándose para cerrar la llave del grifo con una rapidez difícilmente apreciable a sentidos estrictamente humanos. Para Dimitri en cambio, la maniobra había sido tan lenta y letal como esperaba: una demostración del crecimiento individualista del Nefhur, uno de los últimos procesos que sufriría Valeria antes de terminar su año de instrucción.

- Volvamos al hotel- apremió- Ya hemos bebido suficiente-

La joven arqueó una ceja. Realmente la capacidad de disimulo de Dimitri iba empeorando. ¿De verdad pensaba que no notaría aquel aura de nerviosismo que le rodeaba? Hacía dos días que habían partido de caza, tan sólo dos horas y él había interrumpido su ritual de cortejo con una camarera obligándola a volver al hotel. No tenía reloj esta vez, pero Val se apostaba el cuello a que no habrían pasado más de tres horas. De nuevo. Y Dimitri quería parecer normal, ocultándole algo nuevamente.

- No preguntes, ¿ok?-. Realmente leía en ella como en un libro abierto. Su mano acarició la mejilla de la muchacha, intentando desencajar aquella cara llena de confusión- Tan sólo haz lo que te pido una vez más. No me siento tranquilo en esta ciudad-

Val suspiro una, dos, hasta tres veces, antes de tirar de la cremallera de su bolso.

- Como desees- dijo encogiéndose de hombros- Espérame fuera. Tengo que dar calabazas a un tal Jeremie-

- Se llama Jean-. Los ojos de Dimitri brillaron con ironía.

- Como sea-


Continuamos!!!

Sao