Quiero reviews ;O; Snif snif


- ¡Val-chan!-

Antes de que pudiésemos reaccionar, Donna dejó su maleta a un lado y se tiró en plancha sobre mí. La agarré como pude, mientras la carita risueña y coronada por dos trenzas increíblemente largas me sonreía con sus colmillos de recién nacida. Hoy llevaba un abrigo blanco, zapatos blancos con medias grises, bufanda, gorro…parecía una muñeca vestida para navidad, aunque en Berlín sólo fuese Febrero.

- ¿Por qué habéis tardado? Leo-san dijo algo de "pétalos en el culo" pero no le entendí-. Interrogué a Leonard con la mirada, con su abrigo color chocolate cubriendo por completo su alta figura. A sus pies, dos maletas coronaban el cúmulo de ropa y complementos que habíamos recolectado ante la llegada de su nueva compañera.

- Dije que iba a poneros "petardos en el culo", ¿algún problema?- respondió él, mientras compartía con Dimitri un cruce de miradas como saludo. Se le veía contento, casi febril al contemplar a la pequeña princesita que albergaba entre mis brazos. - ¿Qué tal os fue la noche? Llegasteis muy justos a la salida del alba-

- Me apetecía bailar- indiqué, arrastrando mi maleta de ruedas al cúmulo de maletas que formarían nuestro equipaje. Leonard me echó un vistazo evaluador antes de encararse contra Dimitri.

- Entiendo sus rarezas, ¿pero y tú la acompañas?-. Dimitri se cruzó de hombros y se atusó la bufanda: su maniobra de decir "sin comentarios" sin necesidad de pronunciar palabras.- Una Nefhur no debería contornearse por todos los pubs de Berlín…-

- Ella es libre de hacer lo que quiera- repuso Dimitri, observando el reloj. Faltaban aún diez minutos para la salida de nuestro tren y su nerviosismo era insoportable. Había estado incómoda desde que habíamos salido, no me había atrevido ni a perder tiempo eligiendo ropa. La mirada de Dimitri hoy estaba llena de una sensación incómoda de alerta, como si algo no estuviese bien, como si algo fuese a pasarnos tras aquellas felices vacaciones fuera del hogar.

Leonard y yo compartimos sendas miradas de confusión antes de que el enorme vampiro se encogiese de hombros, rendido ante la imposibilidad de meter en cizaña a mi Ghardian. Esos días, discutir y pelearse se había convertido en el hobby favorito de Leonard después de abrazar y acariciar cada mechón de pelo de Donna.

- Val-chan, ¿quieres venir a tomar chocolate?-. Giré mi rostro y encontré a la pequeña renacuaja aún subida en mis hombros, mirándome con aquella expresión de alegría constante.

- ¿puede ser un café?-. Donna cerró los ojos pensativa antes de señalar a su compañero:

- Leo, ¿puede tomarse un café?-

- ¿Por qué me miráis a mí?- Dimitri sonrío ante la escena, antes de entregar a Donna la billetera que había robado del bolsillo de su compañero. La pequeña parecía feliz mientras comprobaba el número de marcos contando con los dedos ante la expresión fiera de Leonard.- Recuérdame que empiece a darte una paga-

- Debes cuidar bien a tu compañera, Leo- le reñí, mientras Donna me guiñaba un ojo en señal de que el dinero de la cartera nos serviría para mi café y el cúmulo de pasteles y chocolates que mi acompañante quisiese comer antes del viaje.- Volveremos dentro de nada-

- No estoy yo muy seguro- murmuró Leonard sacando los dientes mientras él y Dimitri cargaban las maletas hasta el andén con sendas miradas de rendición. El reinado de las chicas había sido el mejor colofón de todas esas vacaciones y los dos vampiros no podrían soportar por mucho tiempo aquella tortura.

Cuando nuestros acompañantes se perdieron entre el tumulto, bajé a Donna de mis hombros y la obligué a dar unas cuantas vueltas hasta sentirme extasiada de lo bella que estaba. Cada conjunto que había comprado quedaba en ella como un guante, haciendo la competencia a muchas de las modelos más sexys con aquella carita de ángel tan tierna.

- Estás preciosa- suspiré, abrazándola fuertemente. Su mejilla estaba caliente a pesar del frío acostumbrado en Berlín y eso me alentó a entretenerme y restregar mi nariz por su mejilla, consiguiendo que Donna echase a reír y me apartara sonriente.

- Val-chan también es preciosa. Es como una princesa de cuento-

Al ver mi mueca, Donna respondió estirando de mis dedos congelados hasta conseguir que me levantara y me acercara con ella a uno de los paneles acristalados que decoraban la estación de tren.- ¿Ves? Eres tan guapa como yo-

Las yemas de sus dedos rozaron el cristal, atreviéndome a levantar la vista del suelo y enfrentarme a mi reflejo. Era yo, la nueva yo que había modelado durante los meses de instrucción. Mi cuerpo se había modificado, haciendo una imagen más similar a la de Leonard- al haber sido él mi "donante"-. Mi pelo lacio y oscuro había dado paso a mi actual melena, de un rubio anaranjado brillante y rizado que bailaba hasta mis hombros en diminutas cascadas. Mis ojos seguían siendo azules, de una intensidad menor debido al gris que delineaba todo mi iris. Había tanto cambio en mí, que por un momento soñé que estaba delante de otra persona y no existía espejo; yo no podía ser aquella figura, aquel reflejo, y mi reacción pareció entristecer a Donna.

- ¿No te gusta?- preguntó, con su voz inocente mezclada con la culpa de haberme llevado a aquel lugar. Mi pequeña amiga seguía creyendo, pese a todo lo que dijese Leonard, que yo era una especie de "hermana mayor" en su vida. Verme sufrir significaba hacerla sufrir a ella, algo que en toda mi eternidad jamás permitiría.

- Sólo ha sido la impresión, princesa- negué con la cabeza, echando un vistazo a la pequeña figura reflejada a mi izquierda. Al igual que yo, Donna también era rubia. Su pelo no era rizado, sino liso como si siempre estuviera planchado. Pese a las protestas, Donna había convencido a Leonard para que se lo cortara tan corto como pudiera, dejando a mi pequeña acompañante con un corte a lo chico que lucía con una larga colección de diademas y lazos. Aunque Leonard había sufrido viendo "toda esa melena rubia desperdiciada", había que reconocer que Donna estaba más linda que nunca.

- Algún día, tú y yo iremos a un enorme baile con un montón de gente y seremos auténticas princesas-. Los ojos de Donna brillaron repletos de fantasía, mientras yo seguía inspeccionando mi reflejo con gesto evaluador. Si lo pensaba con calma, ahora podía entender el gran efecto de seducción que obtenía de mis presas. No pude contener un pensamiento: "bien, estoy hecha un putón".- Y Leonard y yo bailaremos un montón de piezas y todo será brillante, perfecto…-

- Despierta, pequeña- reí, resguardando sus manitas enguantadas entre las mías. Realmente debí haber previsto llevar guantes en una ciudad tan asquerosamente fría, pero mi orgullo me había impedido pedirle a Dimitri ir de compras después de haberle obligado a comprar kilos de ropa para Donna.- Es hora del chocolate. ¿Querrás un pastel?-

- ¡Chocolate!- gritó Donna soltándose de mi agarre y saliendo despedida en dirección a la cafetería. Sus movimientos eran como los de un perro tras un rastro, saltando entre el bullicio mientras yo intentaba seguirla en una carrera frenética por alcanzarla. Sólo recé para que no llamara demasiado la atención al reclamar su pastel.

Cuando al fin la alcancé, supe que algo andaba mal. La pequeña estaba de pie, tensa en la entrada con una postura de total concentración. Parecía como si de un momento a otro fuera a atacar y sólo pude reaccionar acercándome a ella, olvidándome de la posible situación de peligro que mi acompañante había captado.

Acaricié su cabeza con una mano mientras aspiraba el olor a dulces que despedía la entrada de la tienda, con los ojos llenos de confusión. No había nada extraño en todo aquello, pero Donna seguía igual de alerta que antes, olisqueando el aire con la espalda encorvada hacia delante.

- Buenos días, Nefhurs-. Un hombre de increíble estatura nos dio paso a la cafetería con una anticuada reverencia. Lucía ropas corrientes- jeans, jersey y cazadora- y parecía ser el último de una cola por recoger pan. En su aspecto, nada le haría destacar del resto, pero en sus ojos llameaba esclarecedor aquel iris rubí de cazadores de humanos. Fue todo un shock intercambiar nuestras miradas con aquel tipo mientras el resto de humanos seguían con su bullicio continuo, importándoles poco que tres seres milenarios entrasen por la puerta.- Debo decir que es un placer poder hablar algo que no sea alemán-

- ¿Quién es usted?- le interrogué, situándome entre aquel tipo y Donna con una expresión desafiante en los ojos. Sin nuestros Ghardian cerca, yo era la única responsable de cuidar de la pequeña y mi instinto de protección broto de mí al instante, inyectando veneno en mi mirada ante aquel desconocido. Él, en cambio, se tomó aquel gesto como una broma muy graciosa.

- No tengo ninguna obligación de identificarme ante dos Nefhur, queridas- respondió, contando las monedas de su monedero con parsimonia mientras la cola de clientes iba avanzando hasta el mostrador.- A todo esto, ¿dónde están vuestros Ghardian?-

- Cerca- murmuré, echando un vistazo a Donna para impedirla decir nada. Si algo había subrayado Dimitri en sus lecciones es que nunca se ha de confiar en vampiros: al igual que entre los humanos existen delincuentes, entre vampiros es la clase que más abunda. El "no dar nada por nada" es una ley consumada en este mundo y los inocentes, aunque no quiera decirlo, acaban muertos a manos de estos pillos. Unas Nefhur separadas de nuestros Ghardian eran una presa mas en aquella estación, si lo que el vampiro adulto buscaba era únicamente cazar y matar.

- Esperemos que sea así. No me gustaría tachar a vuestros Ghardian de irresponsables- suspiró, y yo respiré algo más tranquila al saber que nos habíamos topado con un vampiro "decente".- ¿Puedo preguntar que hacéis aquí?-

- Chocolate- musitó Donna con sus ojos ambarinos bailando entre aquel vampiro y yo con miedo de decir nada más. Sonreí ante ella algo más tranquila, invadiéndome de aquel aspecto maternal que había ahondado en mí desde su transformación.

Acune sus manitas entre las mías y aspire el olor a niña que aun poseía. Era tan hermosa y calida, como una muñeca. Antes de que pudiese darme cuenta, varios de los clientes de la cafetería nos observaban con expresiones anonadadas: había olvidado nuevamente el shock que despedíamos si nos lo proponíamos, por lo que intente mantenerme impasible mientras el rastro de rostros babeantes se apartaban de nosotras y volvían a sus asuntos.

- Realmente vosotras si que sabéis llamar la atención- rió el vampiro y por alguna razón hasta yo lo encontré gracioso. Unos minutos más tarde, tocaba nuestro turno. Donna se las agenció para que aquel hombre la invitara a su trozo de tarta y el vampiro pareció encantado al verla comer tan alegremente mientras salíamos de la tienda.

Al cabo de unos minutos, la conversación se había tornado mucho mas calida que al principio.

- Así que estáis de vacaciones en Berlín, ¿eh? Es una bonita ciudad, fría hasta para congelar el infierno, pero muy divertida. ¿De quién fue la idea de venir?- inquirió, caminando a un lado de Donna con una sonrisa pegada a los labios. La pequeña dio un salto antes de señalar a la derecha, donde yo optaba por seguir su paso sin decir palabra. – Ya veo, debe ser un hombre muy divertido, ¿me equivoco?-

Torne mi rostro en un gesto de contrariedad absoluta, intentando asociar la palabra divertido a mi Ghardian, a ese vampiro llamado Dimitri que adoraba escuchar música clásica, le encantaba pasar las tardes leyendo libros de piratas y cazaba en las cercanías de una sala de exposiciones. Si, realmente estaba hecho un juerguista de alta categoría.

- No hagas caso a Val-chan, en realidad lo quiere un montón- comentó mi esquiva compañera, dando brincos aupada en nuestras manos. El vampiro me contempló unos instantes con un gesto que no supe identificar antes de volver su mirada a Donna, embelesado ante su hermosa niñez.

- ¿Dónde te habías metido, Donna?- resopló una voz unos metros delante nuestra. De pie, con la mano alzada entre la multitud, la larga figura de Leonard brillaba entre un mar de rostros blancuzcos. Se había despojado de la gabardina y lucia unos pantalones beige con un jersey de lana blanco en contraste con su piel. En la cabeza, como de costumbre, se hallaba una gorra de caddy color beige, dándole una apariencia de jugador de golf.

Ante su llamada, la pequeña se liberó de nosotros y corrió desaforada al encuentro con su creador, fundiéndose en un abrazo que haría enrojecer al más impasible de los mortales. Cuando llegamos a su encuentro, Leonard paseó su vista de mí al vampiro con un gesto de desconfianza.

- ¿Y usted es?- inquirió el Ghardian irguiéndose en toda su estatura antes de entrecruzar su mirada con el desconocido. Pese a ello, aquel tipo no se intimidó y siguió sonriendo con la misma aura de tranquilidad y calma, hurgando en su monedero lleno de papeles. Cuando encontró el adecuado, lo extendió y hablo.

- Estoy buscando a Dimitri Shein. Tengo un mensaje que entregar-. Leonard alzo la vista del papel hacia el, con claros síntomas de preocupación mezclados entre la curiosidad que nos envolvía a todos los presentes.- Agradecería que no tratara de engañarme. Se muy bien cual de estas chicas es su Nefhur-

- Si hace daño a Val le juro que no saldrá de esta estación con vida- murmuró, mientras sus dientes asomaban de su ceño fruncido, rodeando el espacio que lo rodeaba con aquella aura de ataque que solía caracterizar a Dimitri. Imaginé que ahora Leonard también poseería esa aura y verlo por mis propios ojos me hizo estremecer.

- Ya estoy muerto de todas formas. ¿Querrá acaso ignorar una orden expresa, señor?-. Los músculos del mensajero se tensaron mientras extraía una placa bañada en plata de un bolsillo. Escrudiñe el diseño con los ojos entrecerrados, donde la serigrafía relataba el combate entre lobos, osos y ciervos bajo la vista de un ángel de alas rotas. El diseño era imponente mas solo apareció a la vista lo suficiente como para calmar los humos de Leonard, que volvió a replegar sus colmillos.

- No sé qué tiene que ver ella en todo esto- aspiró y expiró fuertemente antes de fijar en mí su mirada, intentando leer en mi mirada algo que le diese explicación a todas sus dudas.

- Esa información no está de mi mano. Yo sólo soy el mensajero, señor- y sin ningún tipo de vacilación apreso mi mano, ignorando la mueca iracunda de Leonard en frente mía. Antes de que pudiera resistirme a su agarre, una voz de ultratumba sonó cerca de nosotros, llenándome de una inesperada sensación de protección. Dimitri se presentó de un instante a otro entre aquel vampiro y yo, apartando su mano de mi brazo con facilidad.

- Tócala otra vez y estás muerto- y sus colmillos sobresalieron completamente, obviando la multitud de humanos que nos rodeaban. El labio del vampiro tembló unos segundos antes de volver a usar aquella placa contra Dimitri. Mi Ghardian rió ante el escudo de armas y lo tiro hacia un lado antes de inmovilizar a aquel vampiro por el cuello.- ¿Me has entendido bien?-

El mensajero ahogó unas palabras antes de entrechocar una mirada de intenso odio contra Dimitri, el cual parecía disfrutar del terror que repercutía en su presa al verse desprovisto de su placa.

- Valeria- llamó, y supe que debía acercarme hasta ellos sin dudar. Cuando me coloqué a la izquierda de mi Ghardian, él me apresó con un brazo más cerca suyo.- Te presento a Quentin, un perro rastrero que se cree con autoridad suficiente para tocarte. ¿Últimas palabras?-

- Oh, vamos, Dimka- intentó decir el vampiro con un tono burlón antes de que el recién nombrado lo elevara unos metros del suelo. Las palabras siguientes murieron en sus labios, mientras yo meditaba qué decir para calmar aquella situación.

- Elegirte a ti para entregar un mensaje es como elegir un perro para repartir carne- y apretó más si cabe el cuello del vampiro.

- No iba a hacerla daño- rió Quentin, posando sus ojos en mi con una lascivia que me dio nauseas- sólo quería comprobar cuan unido estabas a ella-

- Soy su Ghardian- espetó Dimitri enseñando sus colmillos en una aterradora sonrisa- Vuelve a mirarla o tocarla y sentirás tu cuerpo hecho pedazos, perro-

- Oh, vamos, a mí puedes decírmelo- sonrió el vampiro importándole cada vez menos estar elevado varios centímetros del suelo.- Entendería que hubiese algo más. A mí siempre me han puesto las rubias-

Dimitri rugió y lo lanzó hacia un lado, mientras el cuerpo de Quentin giraba sobre si mismo hasta frenar sin haber hecho tan siquiera un leve ruido al caer. Miré sorprendida sus movimientos gatunos antes de que su mirada lasciva volviese a atacarme: ese tipo era realmente asqueroso. A mi lado, el cuerpo de mi Ghardian temblaba a exabruptos, dándole a entender al vampiro que si volvía, no se contendría lo suficiente y le atacaría delante de todos aquellos humanos. Quentin alcanzó a comprender a la perfección, irguiéndose en su posición a unos metros antes de tornar su rostro burlón en uno más profesional.

- Ya sabes porque estoy aquí- espetó, ladeando la cabeza de derecha abajo comprobando el buen estado de su cuello- Te ha llamado y pide verla a ella, en definitiva-

Dimitri tembló ante esa última frase, esquivando la atenta mirada de Quentin para depositarla en mí, que seguía sin entender nada de lo que ocurría.

- Sé buen chico y no te hagas de rogar. La próxima vez no seré tan delicado-. Y ante mis ojos, el vampiro Quentin desapareció entre un tumulto de gente, dejándonos solos en la estación mientras Leonard y Donna se acercaban para comprobar el estado de mi Ghardian.


Lo dicho, quiero reviews ;O;

Sao