!Que onda! jaja ya llego la actualizacion, claro que lo estoy haciendo en la escuela verda jaja, pero bueno, como vengo rapido solo decir que dejen reviews ymuchas gracias a aquellas tres personitas que me enviaron sus comentarios y como lo prometido es deuda!! les dejo...

Capítulo 3: "Sola… ¿para siempre?"

Despertó pesadamente notando como su cuerpo se sentía más pesado de lo normal, estando consiente del porqué de ese efecto secundario.

Silencio, los espesos árboles que antes se encontraban a su alrededor, estaban totalmente destruidos, y miró con horror, como, junto con el pozo de huesos, y todo lo que se encontraba a su alrededor a excepción del gran Goshimboku, todo había sido totalmente destruido, como su hubiese pasado todo un gran sin número de tornados a su alrededor.

Y agarrando fuerza de las que increíblemente se sorprendió de tener después de lo ocurrido comenzó a correr a toda la velocidad que podía esquivando grandes pedazos de madera quemada, podrida, y rebanada, mientras se cuidaba la espalda de no ser destruida o asesinada por uno de los tantos monstruos que había dejado escapar en el momento de ser trasladadas todas esas almas a su cuerpo.

Se detuvo en seco, todo estaba destruido, las hermosas y rudimentarias casitas de madera destrozadas, y todo un gran río de sangre entre los escombros.

-Sangre… de seguro…de seguro todos…- comenzó a decirse tristemente mientras comenzaba a llorar- Kirara, Kohaku, Sango, Miroku, Shippo, Kirara… ¡¡Inu Yasha!!- gritó amargamente mientras se tiraba en el suelo ensangrentando sus finas ropas que con tanto cariño había tejido la anciana Kaede.

-¡Inuyasha!, ¡por favor!, ¡no me dejes!, ¡te lo ruego!, ¡chicos!, ¡perdónenme!, ¡no fue mi intención!

Siguió llorando amargamente en el suelo, sin importarle el ya estar manchada completamente de sangre, a tal grado de quedar totalmente teñida de ese triste color, el rojo.

Solo había sangre, sangre y destrozos, y sabía que ya no había un nosotros, solo quedaba ella, no podía ir con Kouga, después de lo que le había dicho, y ya no había pozo por el cual cruzar a su casa. Se sentía sola y perdida, ya no tenía a nadie, todos estaban muertos, aunque le doliese en el alma admitirlo, y lo peor es que había sido todo por su descuido y su falta de consideración al aceptar la condición de Midoriko sin tener la opinión de los demás.

-…Y ahora, todos… están… ¡muertos!- terminó de lamentarse. Al sentir una fuerte ventisca de aire mezclada con sangre, empapándola más de lo que ya estaba.

-Humana- dijo una voz sumamente fría que se posó detrás de ella- eres una estúpida- le insultó tajantemente- ¿Cómo puedes bajar la guardia sabiendo que hay muchos monstruos por aquí?

El youkai se acercó con movimientos elegante a la miko aún sorprendida de quien estaba caminando hacia ella, y más aún, cuando le lanzó a los brazos una cabeza degollada de otro demonio que aún estaba tibia.

Kagome, ante tal acto, soltó asqueada y asustada por la horrible cabeza del ogro, pero momentos después comenzó a pensar si en realidad ese monstruo estaba punto de atacarle y el youkai le había salvado.

-Me… ¿me has salvado?- preguntó extrañamente al youkai que no paraba de escrutarla de arriba hasta abajo con todo el descaro del mundo.

-No, yo, el gran Sesshoumaru no se molestaría en una escoria como tú, yo solo devolví el favor, que tú me diste, así que no te hagas ilusiones, escoria inmunda- respondió meramente asqueado por el simple hecho de estar hablando de nuevo con esa caprichuda pero ahora muy valiosa humana.

-¿Qué favor?, y ¿puedes por favor dejar de mirarme como si yo no estuviese consiente de lo que haces?

-No, y para ti, yo soy el señor Sesshoumaru, que no se te olvide, y a lo del favor…- continuó ahora mostrándole el ahora renovado brazo izquierdo de Sesshoumaru.

Kagome quien no lo había notado antes, se alegró de sobremanera, pues ahora, si podía comprobar que efectivamente se habían cumplido sus deseos, aunque solo a él, ya que los demás ahora ya no existían.

-¿Qué tanto piensas?- preguntó el youkai curioso sin cambiar su habitual mirada de indiferencia.

-Nada que te…- se detuvo al ver la creciente mirada de enojo del demonio- que le interese.

-Después de todo no me interesan tus estúpidos pensamientos escoria, ahora, vámonos- le ordenó mientras caminaba en dirección oeste.

-Ni loca piense que me voy a ir con usted, señor Sesshoumaru- respondió irónicamente.

-Muy bien escoria, quieras o no irás conmigo, desde ahora me servirás y harás todo lo que yo te diga, ¿entendido?

Kagome no contestó, estaba repasando todo los argumentos por su mente, ¿ella, sirviente de Sesshoumaru?, ¿Por qué?, ¿si no obedecía la mataría?, ¿podría escapar?, no lo sabía, pero al ver la mirada amenazante de Sesshoumaru, solo atino a mover afirmativamente la cabeza, no sin antes comprobar algo que se le acaba de ocurrir, por lo menos, para saber donde se encontraba el cuerpo de su pobre y demacrado hanyou.

No sabía en donde podría estar su cuerpo, por lo que solo atinó a detener el paso, poder concentrar todo su aire en los pulmones y a gritar con gran energía aquella confiable palabra que nunca le había fallado al tratar de darle su merecido al hanyou, y de saber en donde estaba.

-¡ABAJO!

Para su sorpresa, se escuchó un muy lejano estruendo a muchos kilómetros de ese lugar, cosa que le extraño un poco a Kagome, ya que en aquella dirección no se encontraban los estragos de los ahora sueltos demonios.

-Debió de haber sido transportado por otro demonio para ser comido- dijo cruel y felizmente el medio hermano del hanyou quien demostraba una pequeña sonrisa cruel en el rostro mientras miraba a Kagome horrorizada del solo pensar en lo que la había dicho.

-No me mires con ese rostro escoria, me miras como si yo le hubiese matado, y ambos sabemos que YO no lo hice, por desgracia- le dijo sardónicamente sonriendo muy apenas visiblemente, pero que no fue desapercibido por la mirada de Kagome.

-Por lo menos deberías de tener un poco de respeto, ya que es como si mi familia hubiese muerto, no deberías de….no debería comportarse de esa manera, alguien con clase y elegancia sería el primero en saber eso- contestó Kagome colérica, quien se despedía silenciosamente de la aldea destruida y al mismo tiempo trataba de que sus palabras fueran lo más ofensivas posible, cosa que no logró lo suficiente como para que el youkai se enfadara.

-Escoria inmunda, más cuidado con lo que dices, no querrás quedarte sin cena y sin almuerzo por una semana.

Kagome, quien aún no creía que fuese posible que ella fuera a servir a Sesshoumaru, se sorprendió ante el comentario.

Ella tenía entendido que el gran señor de las tierras del oeste era cruel y despiadado; era sádico y muy poco piadoso. Y entonces ¿era cierto lo que acababa de escuchar?, ¿le amenazaba diciéndole que no tendría ni almuerzo ni cena, en vez de amenazarle con el quitarle la vida?, eso si que era algo que no entendía, estaba descubriendo una nueva faceta en el comportamiento de Sesshoumaru, "No siempre es un maldito sádico sin piedad".

-Súbete escoria, y más te vale que no te vayas a caer, porque no regresaré por ti- le ordenó Sesshoumaru a la miko, mientras se acercaba a un demonio de dos cabezas.

Obedeció sin chistar, no tenía tiempo de resistirse, después de todo, quien le ayudaría, ¿Inuyasha?, por favor, eso si que era gracioso, durante más de un año cuando se encontraba en apuros siempre pensaba en Inuyasha, y como por arte de magia el aparecía ante ella, salvándola, ayudándola, pero ahora…ahora ya no, incluso le ocasionaba risa.

El demonio de dos cabezas parecía torpe, incluso, anteriormente lo había visto cargar al sirviente de Sesshoumaru, y… ¿a un apequeña niña?, si, lo recordaba muy bien, era una niña simpática aunque un poco torpe, pero nunca le vio en acción, no como ahora por lo menos, ya que, para su sorpresa, cuando apenas lo montó, emprendió la marcha tan rápido, que efectivamente estuvo a punto de caerse, pero ¿Quién lo diría?, fue detenida por Sesshoumaru quien le veía fríamente con una mirada de "te lo dije", cosa que no quiso aceptar, y tan rápido como se resbaló, volvió a su montura, orgullosa de ser ella y sin nada de vergüenza.

Las horas pasaron, no supo cuanto estuvo en esa montura hiendo a gran velocidad, tanta, que tenía que cogerse el cabello hacia atrás y cerrar los ojos para que el viento no la lacerara.

Estuvo tentada durante mucho tiempo a preguntarle a su nuevo "Señor" cuando llegarían, pero las palabras nunca le salieron de la boca. Eso le enfurecía tanto, se suponía que ella era libre de decir todo lo que quisiere y cuanto quisiere, pero entonces, ¿Por qué no decía nada?, -Eres una tonta, pensaba la miko sin darse cuenta que el refinado youkai no dejaba de observarla desde hacia mucho tiempo intrigado por los diferentes gestos que hacía a cada momento, cómplices de los pensamientos que tenía en esos instante. Y en cambio de Kagome, el sí le preguntó fríamente.

-¿En que piensas escoria?

Kagome se sorprendido mucho, ya que no esperaba que le hablara en todo el camino hacia su nuevo "hogar", y mucho menos que fuera a preguntarle lo mismo que en otra ocasión le preguntó.

-Pienso en muchas cosas cuando estoy así, así que no se las puedo decir todas- respondió todo lo cortés que pudo Kagome, pero para un youkai experto si en hipocresía se trataba pudo percibir ese tono de enojo en su voz, cosa que le divirtió y le intrigo más, ya que estaba descubriendo todo tipo de reacciones distintas en Kagome, desde tristeza, angustia, y llanto, hasta alegría, enojo e indignación.

-Entonces dime el último pensamiento que tuviste…ES-CO-RIA- recalcó Sesshoumaru tratando de hacer encolerizar a la joven.

Ciertamente no lo entendía, le gustaba verla enfurecida, sobre todo si él era la razón de su enojo, ya que le distraía, y le entretenía por un buen rato.

Los gestos que hacía, la paciencia que tenía, la tolerancia que demostraba, y él control que manifestaba en no explotar ante indignante insulto eran demasiado visibles, aunque Kagome luchase por disimularlos.

-Pensaba en que deberías de llamarme por mí nombre, que es Kagome, y no que me llames escoria, ya que no soy ningún objeto y…-Kagome se detuvo, por un muy buen rato llevaba cerrados los ojos, y no veía por donde demonios iban, pero ahora que por fin pudo abrirlos un poco y miro hacia abajo por donde volaba el demonio de dos cabezas reconoció el lugar, al mismo tiempo que veía unas hermosas cascadas con un lago, y unos puntitos cafés que se movían velozmente tratando de cazar algo, y entre ellos, se encontraba alguien conocido-Kouga…-susurró mientras que Sesshoumaru perturbado veía como la joven se tiraba hacia el vacío con los brazos abiertos.

-¡Kouga!- exclamó, mientras caía en picada con una enorme sonrisa en sus labios y caía en los brazos de Kouga quien le recibió alegre y muy sorprendido.

-¿Pero preciosa, que haces aquí?, yo ya te hacía en tu casa y…

Kagome, quien no le miraba a los ojos lo envolvió en un fuerte abrazó al mismo tiempo que lloraba y le decía pequeños fragmentos de lo que había acontecido hace unas cuantas horas.

-¿Estas herida?- fue lo primero que le preguntó a la desconsolada miko al notar sus ropajes ensangrentados.

-No, pero, por favor, júrame que iras a la aldea de la anciana Kaede y verás si hay sobrevivientes, por favor, y si los ahí, ayúdalos, no quiero que mueran más personas por mi culpa, y también…

Kagome fue apartada rudamente de los brazos de Kouga por su kimono, quien desesperado, trataba de devolverla a sus brazos atrayéndola por sus manos, sin aún no darle importancia de quien la alejaba de él. Mientras que Kagome ya resignada del no poder escapar de las garras de Sesshoumaru solo atinó a decirle con una sonrisa que se cuidara y que cumpliera lo que juró, al instante en que se soltaba del agarre con el apuesto youkai lobo quien solo logró gritar el nombre de "su mujer" al ver que se le escapaba de las manos sin saber que no la volvería a ver en mucho, mucho tiempo.

-No, suéltame, ¡suéltame!- vociferaba la joven miko.

Se retorcía amargamente tratando inútilmente de liberarse de los ahora dos brazos del frío youkai, quien solo le ignoraba un poco más calmado por el susto que le había dado esa insolente humana a él, el youkai ahora más poderoso de todo el sengoku.

-Ya cállate escoria, de nada sirve que hagas eso- advertía comenzando a hacer una fuerte presión en Kagome haciendo que gimiera de dolor y le faltara el aire- de verdad que eres una escoria demasiado osada y estúpida, ¿sabes que si yo hubiera querido habría podido matar a esa insignificante equivocación del mundo?

Kagome se asustó, ¿Cómo pudo ignorar tal fuerza del youkai y poner en peligro a lo único que ahora le quedaba en ese mundo?, era cierto lo que decía, era una estúpida por ser tan descuidada en sus actos desesperados por libertad y la ahora imposible felicidad.

-Entonces ¿Qué te detuvo?, lo hubieras matado, así, me hubiera ido de buena forma contigo, ya nada… ya nada me ataría a ser libre de ti.

-Se cortés escoria y no seas igualada- le espetó mientras le veía un poco disgustado.

-Entonces usted llámeme por mi nombre, ya se lo dije, soy Kagome

-No

-¿Por qué no?- preguntó molesta.

-Porque no me pega la gana y porque decirte por un nombre es demasiado para una escoria insignificante como tú.- respondió sencillamente.

-Pero…

-Pero nada, y más vale que pongas mucha atención. Tú, como ya sabes, me servirás, así que vete acostumbrando a las disculpas y al sí señor Sesshoumaru, o no Señor Sesshoumaru- él al ver la cara de reproche de Kagome, se puso a la defensiva, por lo cual prosiguió- ¿o prefieres amo Sesshoumaru?

Estaba colérica, simplemente ¿Cómo osaba tratarla de esa manera?, y estaba a punto de contestarle y no tragarse ni un insignificante insulto, cuando noto en la forma que iban, simplemente era… vergonzoso.

Sesshoumaru, quien momentos atrás le había jalado por la parte trasera de su kimono, rodeaba su esbelta cintura por un fuerte brazo, quien no había disminuido su presión, como si temiese que volviera a saltar, y eso simplemente le hacía avergonzar, ya que estaba de frente a ese youkai, quien la veía a los ojos tratando de adivinar por tercera vez sus pensamientos, y como anteriormente, la pregunta no se hizo esperar.

-¿En que piensas escoria?

-¡Deje de llamarme escoria!, ¿y podría por favor soltarme?, ¡me lastima su armadura!- se quejó Kagome, con un poco de rubor en sus mejillas.

-No, ¿Por qué habría de hacerle caso a una humana?, además, no pienso arriesgarme a que huyas, a y… tus tareas serán las siguientes. Número uno, estarás a cargo del mantenimiento de mis cosas, como por ejemplo, mi habitación, mis baños, todo, y con decir todo es TODO, a y con cuidado de que le pase algo a mi armadura, no quiero que al momento de que la estés puliendo la dañes con tus torpes manos; Dos, aras mis cenas, y siguiendo el protocolo de la tarea uno, lavaras mis utensilios, etc.; Tres, pulirás y lavarás los pisos del castillo con el menor ruido que puedas hacer, y todo esto, solo lo harás en la noche, ¿entendido ESCORIA?.

Kagome no se lo creía, ¿todo eso tendría que hacer, y en la noche?, era excesivo, incluso para ella que nunca se había quejado en las labores domésticas, trató de hacerle ver al demonio que era demasiado para ella, pero aún a su pesar, se desquitó agregándole más tareas dificultando su trabajo.

-Entonces, ya que te niegas a obedecer a TÚ amo, no tendrás contacto con nadie más que no sea yo, y si te sorprendo acatando la orden no te mataré, mataré con el que hayas estado, ¿entendido?

Kagome estaba aún más enfurecida, ¿tendría que lidiar solo con una persona en todo lo que le restaba de vida? , sería él, ¿Sesshoumaru?, eso si que sería un verdadero infierno, no podía aceptar su destino, no ese, y mucho menos, sabiendo que pasaría toda su vida sin ver a su familia, su preciada familia.

Se preguntaba ¿estarán preocupados en estos momentos?, o creerían que regresaría en unas cuantas semanas como siempre lo hacía, los extrañaría tanto, de eso si que no habría duda.

-Sí, he entendido muy bien, Señor Sesshoumaru- respondió casi escupiendo las palabras.

-¿Tan rápido te haz rendido ante mi?, que poca fuerza de voluntad, débil- se mofó, mientras que volvía a hacer enojar a Kagome.

-Ni piense eso, podrá controlar mi cuerpo, y mis acciones, pero tenga por seguro, que mis pensamientos, anhelos, y esperanzas jamás serán manipuladas ni cambiadas por usted…señor Sesshoumaru- respondió dejando un poco aturdido al youkai.

-Vaya, quien te viera, la escoria humana tiene inteligencia para defenderse.

Le sorprendió, no lo podía negar, era atrevida, nadie habría osado en esas condiciones a insultarle o incluso responderle después de semejantes tareas castigos y amenazas, y ella, en cambio, arriesgándose a perder su propia vida había encontrado palabras autosuficientes como para hacer el trabajo de fastidiarle. Y ante esto, divertido, agregó con una sonrisa tétrica en el rostro.

-Muy bien humana, aparte de todo eso, no podrás usar los pasillos principales a menos que bayas a limpiarlos, solo podrás usar los que usaba la servidumbre, podrás encontrarlo abriendo una pequeña puerta a un lado del futón y otra que conecte a mi habitación, no quiero que nadie sepa que existes, ¿entendido?, en pocas palabras, al momento de pisar mis tierras, te esconderás, no te mostrarás y mucho menos hablarás con los demás, serás un fantasma, un espectro, alguien que nunca estuvo ni existió ahí.

-Pero como voy a poder hacer mis tareas si…si ni siquiera voy a poder cruzar los pasillo principales, ¿Cómo voy a hacer la cena?, ¿Cómo lavaré la ropa?, ¿Cómo me enteraré de lo que pase fuera de ese castillo?- se preguntó para sí consternada.

-De eso no hay problema, los antes usados pasillos de la servidumbre conectan a todos lados, de lo único que tienes que preocupara es de no perderte, ya que ahí dentro es como un laberinto.

Las horas pasaron de nuevo, Kagome ya no estuvo segura de cuanto tiempo pasó en esa posición, pero estaba segura de que mucho, ya que comenzaba a darle sueño, y a consecuencia de eso cabeceaba frente los ojos de cierto youkai que le veía fría e indiferentemente.

Tampoco estaba segura de cuando le comenzó a gustar la posición en que estaban, y eso le extrañaba, porque no era muy cómoda para su gusto, y por más que luchaba disimuladamente para por lo menos suavizar el agarre que este aún le tenía, terminaba por sostenerla cada vez más fuerte.

No pudo soportarlo más, a pesar de que la armadura estaba un poco fría, se sentía placentero, ya que podía percibir un poco el calor que emanaba el cuerpo de este recompensando cualquier indicio de frío, y su estola, tan suave como un mullido almohadón, le arrullaba su rostro con pequeños roces aterciopelados propiciando cada vez más un sueño difícil de evadir.

Y no supo cuando ni como sucedió, que terminó recargando su rostro contra el pecho del youkai, desprendiendo lágrimas aguantadas desde hacía unas cuantas horas, sin antes mencionar un nombre que hizo tensionar excesivamente el cuerpo del youkai…Inu Yasha.

Duro otras cuantas horas llorando amargamente junto al youkai, quien simplemente veía indiferente la escena, hasta que notó que las lágrimas cesaron y otro nuevo peso se adhería a su pecho: los brazos de Kagome, quien cansados de quedar colgados al viento, se acurrucaban con ella entre la dura armadura hasta quedar en una posición confortable y poder dormir.