Testimonio II: Kouga Danjo.

Contemplo el río, cristalino, libre fluye entre los peñascos del cauce saltando entre ellos y salpicándolo todo con la pureza de su agua, los peces nada libremente por entre las corrientes que se forman, sin ninguna preocupación que altere su metódico modo de vida, y los envidio…porque su vida está libre de ataduras, porque no existe ese sufrimiento interno el cual es mucho más doloroso que cual herida mortal, es una llaga sangrante que no tiene cura y que supura a cada instante limitando el tiempo de vida del que gozamos, o sino lo acorta lo convierte en un infierno continuo en el que uno puede llegar a perder incluso la razón, y estallar en un insufrible llanto de lastimeras confesiones.

Así ha sido mi vida durante todos estos largos años, siempre pendiente del cielo puestas las esperanzas en la vana ilusión de que alguien decidiera romper el clan, mas no destruirlo, sólo dejar que ese estúpido nombre que me ata a la soledad se desvanezca, y no ser nunca más un Kouga para ser tu amante…, vieja Ogen no sabes cuanto te extraño aún ahora, incluso anciana eres hermosa, el tiempo no podrá arrebatarte tu frescura, la valentía puesta en cada uno de tus pasos, la tibieza de cada una de tus caricias, el ardor de tus palabras.

¿Entendió alguien alguna vez lo que sucedió aquella noche¿Fue alguien capaz de sentir el dolor impreso en nuestros corazones? como terribles huellas de un pasado sumido en la desgracia, y un futuro lleno de desesperanza, un continuo fuego molesto en el pecho que no cesa de quemar por dentro hasta llevar a la desesperación del no poder decir te quiero, la fatalidad del destino que envidioso nos separó a costa del precio de nuestras almas¿crees tú eso Ogen¿Me sigues queriendo?...no, quizás tú ya me hayas olvidado y no quede en ti más que el odio que fue plantado a presión en tu corazón aquel día, la semilla de la ira contra mí por algo que, aún hoy, no entiendo.

Si hubiera que rescatar algo de esta atroz vida, tan sólo te rescataría a ti y a tus múltiples recuerdos, la verdadera felicidad marcada a besos en mi piel, el verdadero amor floreciendo en mi estómago hasta alcanzar ese lugar inexpugnable para todos, y tan accesible para ti, como es mi alma. Y en cada pensamiento del día tú, y cae la noche y tú, y tú eres todo lo que tengo en esta vida, y todo lo que deseo tener…no hay más, porque tenerte a ti es más de lo que jamás podría pedir, y es entonces cuando me pregunto…¿Cuánto dolor pudo encerrar nuestra separación? Y sólo puedo responder que aún no alcanzo a contemplar los límites.