Cambio de Vida

Capítulo 4: "Que haceres y más que haceres"

Despertó lentamente en una acogedora y espaciosa habitación con estilos occidentales, algo un poco raro para ella, ya que estaban en el Sengoku, no podría ser posible ese estilo porque estaban en Japón, casi con ningún contacto con Occidente y menos en esos tiempos.

Se levantó pesadamente de una muy cómoda cama, para su sorpresa, también estilo occidental con un confortable almohadón, y una gruesa manta con bordados en seda, todo esto, de color carmín.

Le pareció bonito, ya que ese era su color favorito, y aunque pudiera ser a veces un poco brillante, en la noche se tornaba oscuro y acogedor debido a su mayoría por los detalles y el material aterciopelado.

Comenzó a recorrer toda la habitación. Era demasiado grande, mucho más grande a decir verdad que su pequeña habitación, ni que decir ¡de su casa! Mientras que los acabados que embellecían el lugar eran totalmente elegantes.

-Vaya, si estaré en esta habitación como sirvienta, no puedo ni imaginarme la habitación que me va ha de tocar como huésped- se mencionó, entrando por una enorme puerta notando que estas si eran orientales.

Se encontró con una vaporosa habitación al aire libre, causado por unas humeantes y caliente aguas termales, divididas en dos partes en donde supuso, otra sería aposento de Sesshoumaru.

Regresó por donde mismo, y entró de nuevo a la habitación, fijándose en dos pequeñas y cuadradas puertitas corredizas a ambos extremos de la mullida y acogedora cama en la que momentos antes estuvo acostada.

Entró primero por la que estaba a su lado izquierdo, teniéndose que hincar para poder pasar por ella.

Se llevó una enorme sorpresa al entrar y cerrar la puertilla.

Se encontraba en un enorme y largísimo pasillo completamente cerrado, sin ventanas, en donde consecutivamente estaban otras pequeñas entraditas como la que había pasado Kagome. Estaban acomodadas unas tras otras, de tal manera que se podía entrar a cualquier habitación que desease, y para poder saber cual era cual, tenía grabado en oro el número de habitación, y el pasillo en el que se encontraba.

Caminó unas cuantas entradas hacia delante, y pudo divisar, como el pasillo se dividía ahora en otros dos largos pasillos, y estos a su vez, después de tener una gran cantidad de puertitas, se volvía a dividir en otros dos pasillos.

-Sesshoumaru no mintió al decir que aquí adentro era todo un laberinto- se dijo para si, mientras observaba los infinitos pasillos que se alcanzaban a ver frente a ella, hasta que noto algo que le dejo helada.

-Un momento, este, este no es mi kimono- se dijo mirándose perturbada al notar que ya no traía el hermoso kimono arruinado por la sangre, si no que ahora llevaba puesto uno un poco más sencillo, atrevido, pero muy hermoso kimono de las misma temática, forma, y decoración que la de su señor, viendo las simpáticas florecillas en sus hombros, y maldiciendo por lo bajo por el tener una falda tan corta y no un pantalón cómodo como el de Sesshoumaru.

-¿Cómo piensa que voy a hacer todo si esto me queda arriba de la rodilla?, y estas mangas, por Dios, al momento de hacer los trabajos pesados me van a estorbar… un momento, ¿Quién me cambió?- se preguntó negándose a la respuesta de que haya sido Sesshoumaru, pues, ¿Cómo pudo hacerlo él?, por favor, si muy a penas podía hablar con ella, mucho menos le iba a cambiar sus sucias ropas.

Decidió regresar a la habitación por miedo a perderse, además, le ponía un poco nerviosa estar allí adentro, porque aunque lo negara, era un poco claustrofóbica, y estar en un lugar encerrado sin ventanas le daba un poco de pánico.

Entró de nuevo a su habitación, y se dispuso a entrar a la otra puertilla, ignorando que pudiese encontrarse allá adentro.

Se hincó de nuevo, corrió lenta y silenciosamente la puerta, y entró sin siquiera avisar, dándose una muy vergonzosa sorpresa.

El youkai que momentos anteriores le había obligado a asistir a su castillo, yacía dormido en la elegante cama de dosel con cobertores también en tonalidades carmín, o al menos eso aparentaba, y al parecer lo hacía muy bien.

La miko, al ver al apuesto youkai en esas condiciones se ruborizó notoriamente mientras que observaba para todos lados evitando mirarle, hasta que se le ocurrió algo.

-Kagome, vamos, no puedes quedarte aquí,- se dijo avergonzadamente- bueno, por lo menos no sin explorar- terminó diciendo maliciosamente revolviendo, tocando, y observando todo en cuanto pudiese, sin tomar atención a la cara de molestia que tenía Sesshoumaru ante la osadía de la chica al comenzar a mover y tocar con sus humanas manos sus aposentos, por lo menos aún sin su autorización.

Kagome después de estar explorando un momento todo en cuanto veía, se detuvo en un pequeño rincón, donde, al parecer en la basura, estaba su kimono teñido de sangre.

-¡No!, ¿Cómo se atreve a tirar mi kimono?, ¿Qué no es conciente que es lo único que me recuerda a mis amigos?, es demasiado desconsiderado- se dijo Kagome unos momentos soltando una sonrisa irónica- valla, como si le fuese a importar, en seguida el en estos momentos debe de estar feliz por la muerte de Inuyasha… después de todo lo que me sacrifique por ese tonto, y ahora él… ¡HA! Cuanto lo odio, Inu Yasha te odio ¡escuchaste!, ¡te odio!, ¿Cómo pudiste morir por mi culpa?, ¡eres un tonto!, ¿pero sabes que es lo que más odio de ti?, ¡el no poder odiarte estúpido tonto!, ¡ABAJO!, y de pilón me dejas con tu medio hermano, a sabiendas que el odia a los humanos, y sobre todo a la humana acompañada de su ahora difunto hermano muerto, ¡y no puedo regresar a mi época!, mi madre Inuyasha, mi madre pensará que estoy muerta y, ¿sabes algo?, ¡no lo estoy!, ¿te digo una cosa?, ya no vas a necesitar el estúpido collar que te hizo Kikyou lo va a necesitar más Sesshoumaru, al menos así si intenta matarme no podrá mugre insensible- Kagome, quien no moderaba la voz comenzó a molestar al youkai que fingía sueños en su cama, pero estaba demasiado ocupada poniéndose de rodillas recitando unas palabras que según le dijo Kaede, romperían el hechizo del collar, y las piedrecillas regresarían a ella, y efectivamente, inmediatamente comenzaron a verse muchos puntitos negros en el cielo a toda velocidad hacia sus manos deteniéndose violentamente antes de chocar con ella y atravesarla.

-Gracias Inuyasha, ya puedes descansar en paz en el infierno con Kikyou, después de todo ¡ni quien te necesite!-dijo cruelmente sorprendiendo al youkai.

Se acercó lentamente a paso decidido ante el taiyoukai, quien se decidía a matarla si se le ocurría hacerle algo estúpido sin su consentimiento, pero se puso nervioso, al sentir las manos de Kagome en su cuello, y la respiración de esta muy cerca de su rostro.

En realidad no sabía como reaccionar, pero orgulloso, negándose ante la cobardía que sentía abrió los ojos topándose con los de la chica, quien un poco sonrojada se separó bruscamente de él.

-Hay, pudiste ser más sutil ¿no lo crees?- le espetó Kagome ignorando completamente la regla sobre "señor" a su nuevo amo.

-Eres una insolente…- se detuvo al notar un collar parecido al que llevaba su medio hermano en el cuello- ¿pero que demonios es esto?, mujer imbécil te mataré- le amenazó, mientras se acercaba amenazadoramente a Kagome, quien se encontraba tranquilamente en un rincón de la habitación.

-Ah no, no harás eso, ¡Abajo!- le ordenó esperando una reacción como la que sucedía con Inuyasha, pero este, al no caer al piso, solo se atinó a reír de ella, quien aún no se rendía, por lo que volvió a repetir la singular palabra, y efectivamente tuvo efecto, pero uno un poco calmado, ya que el youkai no callo de bruces al suelo como lo hacia Inuyasha, simplemente, ante los ojos un poco sorprendidos de Kagome, veía como el demonio con todas las fuerzas que tenía trataba de no dejarse vencer, pero este, ante tal poder espiritual del collar, terminó hincado contra el piso simulando una reverencia a Kagome, quien inmediatamente se puso a su altura para que viera que no se burlaría de él por tal acto de su parte y la reacción del collar.

-Maldita sabandija humana, ¿pero que te has creído?, quítame inmediatamente esta cosa de mi cuello- le ordeno enfadado el youkai que aún seguía en el piso inmóvil ante la todavía fuerza de los dos abajo que había recitado la miko.

-No te quitaré nada- respondió la joven al youkai- y seguiré usando esa palabra si tú no te dignas a tratarme mejor de lo que has hecho.

Ciertamente, hasta tal punto, Sesshoumaru se reprochaba por haber subestimado a la "escoria" de su muerto medio hermano, pero por otro lado, estaba orgulloso de ella, ya que esperaba que fuera un poco más astuta a los demás humanos de todo el montón.

-Ahora, por favor señor Sesshoumaru, ¿estaría dispuesto en hacerme ese pequeño favor?- le dijo de buena manera sonriéndole dulcemente por primera vez desde que se conocían.

Mientras que Sesshoumaru, sorprendido pensaba en la posible respuesta que podía tenerle a su propiedad, se preguntaba: ¿Por qué habría sonreído de esa manera?, nadie le había sonreído en toda su vida, la única que lo hacía era la chiquilla que le dejaba acompañarlo, pero simplemente no le interesaba, entonces ¿Por qué su sonrisa si le llamaba la atención?, -de seguro a de ser porque se que en ella se encuentra todo el poder de la Perla de Shikon y también porque en cualquier momento puede liberar un sin fin de monstruos- pensaba el youkai, inmediatamente levantándose del suelo al dejar de sentir la presión del collar hacia abajo.

-Y ¿bien?, ¿acepta mi petición?- preguntó animosamente.

-Haz lo que te pegue en gana, ahora, quiero que prepares mis cosas que tomaré un baño, alista mis ropas, mucho cuidado con perder mi estola, y quédate cerca, porque como castigo por tu insolencia, cantarás para mi, a y también lavarás mi cabello, y al terminar lo secarás y cepillaras- terminó de ordenarle viendo la cara de reproche que ponía Kagome al no tomar en cuenta su petición anterior- por…por fav…por favo… ¡ahora mismo escoria!.

Kagome se sorprendió mucho al ver a Sesshoumaru tratando de ser amable con ella como se lo había pedido, bueno, casi, ya que a final de cuentas se arrepintió –pero no descansaré hasta ver que seas amable conmigo, aunque bueno, siendo tu primera vez intentando ser amable no te fue nada mal- pensaba feliz la miko quien corría de un lado a otro arreglando y haciendo lo que le había pedido el youkai.

-¡Sabandija que demonios estas haciendo!, comienza a lavarme el pelo- le gritaba Sesshoumaru dentro de las aguas termales descansando con los ojos cerrados mientras Kagome se le acercaba tímidamente con cosas que parecían jabones para el cuerpo.

Se acercó muy lentamente sintiendo como se le subían miles de colores a la cabeza, pues a decir verdad nadie, que ella recordara, en toda su vida había visto a un hombre semidesnudo, reposando en aguas termales humeantes, y sobre todo, esperando a que ella le comenzara a lavar el cabello como si eso fuese la cosa más normal del mundo (N/A: yo quiero ser ella!!).

-Señor Sesshoumaru… ¿Por qué me grita si le pueden escuchar las personas que están en los alrededores?- preguntó astutamente esperando una respuesta del demonio quien ponía una cara de satisfacción al sentir los masajes que la chica le hacía en la cabellera tratando de no jalarle demasiado el pelo.

-Aunque gritase con lo más fuerte que diera mi voz, nadie lograría oírme, pues esta parte del castillo tiene un campo de energía, nadie, aunque quisiese podría escuchar lo que sucediese aquí adentro, a menos que yo lo quiera- terminó cortante el youkai que volvía a cerrar los ojos- canta, ¿ya olvidaste mi orden?- le espetó.

Kagome, quien lavaba muy concentradamente el cabello del demonio, se sorprendido mucho, pues no creyó que eso lo estuviera diciendo enserio, además ella no sabía nada del tipo de canciones de esa época, ¿Cómo demonios iba a complacerle en eso?

-¿qué?, ¿Por qué no comienzas escoria?...oh ya se… ja, lo que pasa es que debes de tener una voz horrenda, sabes que, mejor olvídalo, no quiero que lastimes mis delicados oídos.

Kagome se molestó, ¿Cómo podía ser tan grosero sin siquiera escuchar lo que tenía que decir?, ah, era cierto, después de todo era medio hermano de Inuyasha, ahora entendía el porqué de su tonta respuesta, pero aún así, no se dejaría humillar tan fácilmente, por eso, se aclaró la garganta, y comenzó a cantar con una delicada voz el siguiente fragmento de una canción.

He caminado mucho,

Y no puedo recordar ¿Dónde estaba mi casa?

La distancia es lejana.

Solo me tengo a mi mismo.

También puedo demostrar una sonrisa,

Eso no es difícil de hacer.

tengo la suficiente fuerza para seguir adelante,

Pero a veces quisiera dejar ir todo.

Yo estaré aquí siempre que tú me necesites,

No tienes que esconderte de mí,

¿Qué estás sintiendo ahora?

Yo lleno tu alma,

Nosotros buscaremos juntos un destino

Los problemas vienen y terminan

Pues estaremos tomados mano con mano

Y no nos olvidaremos el uno del otro

¡Nunca!

El amor esta en cada corazón de todo hombre

Tú no estás solo.

Kagome, después de detenerse de lavar el cabello para cantar melancólicamente esa canción, reanudó su que hacer dejando totalmente anonado a Sesshoumaru reposando pensativo nuevamente en la posición en la que estaba.

-Y bien ¿Qué le pareció señor Sesshoumaru?

Él no respondió estaba un poco enojado por no lograr el cometido de hacer enojar a Kagome, y ante su fallo, ella ahora estaba más que feliz, por lo que solo atinó a responderle con un gruñido muy parecido a los que le daba Inu Yasha, haciendo que esta cambiara su rostro feliz a uno triste, y obviamente no pasó desapercibido por su señor, quien creyendo que era por su culpa, trato de remediar el problema, aunque sabía muy bien lo que hacía – me estoy ablandando- pensaba al momento que hablaba seriamente.

-Es de tu época, ¿no es así?

-¿Eh?, si, ¿Cómo lo supiste?- le preguntó quitando el semblante triste.

-Simplemente porque es raro, no es nada parecido a los que aquí se cantan, la verdad es que solo hacen canciones sobre leyendas y mitos, y bueno, eso es algo que realmente no se escucharía aquí.

-Ya entiendo, entonces creo que debo de dejar de cantar, no valla ser que me pillen y sospechen de mí, o si no, que piensen que usted tiene esclavas locas y raras, arruinaría su reputación- se dijo irónicamente mientras enjuagaba el largo cabello de su señor que desde hacía quince minutos comenzó a tallar.

-No- se apresuró a decir el youkai maldiciéndose internamente por haber hablado sin pensar- es decir, no dejes de cantar a menos que yo te lo ordene, además ¿Quién te puede escuchar si tienes prohibido hablar con los demás y no se escucha nada al exterior?

-Bueno, entonces… no dejaré de cantar…bueno, ¡ya está!- se felicitó felizmente por el buen trabajo que había hecho al lavar tan arduamente el sucio cabello de Sesshoumaru felicitándose por haberlo dejado tan sedoso y suavecito.

-Muy bien, ahora tráeme algo con que secarme escoria- le ordeno mientras comenzaba a salir de las aguas termales totalmente desnudo sin siquiera inmutarse de la compañía de Kagome, quien enseguida de ver lo que este pensaba hacer se marchó rápidamente sin mirarle a por unos cobertores completamente roja.

-"¿Pero que demonios se cree Sesshoumaru?, salir en esas condiciones sabiendo que yo estoy ahí."- pensaba la muy avergonzada miko regresando a donde se encontraba el youkai parado esperando la llegada de sus cosas, desviando la mirada muy notoriamente.

-Disfruta todo lo que quieras escoria, ya que jamás podrás ver a alguien más así que no sea yo- le dijo arrogantemente comenzando a vestirse con otro kimono idéntico al que llevaba antes, colocándose su estola y montándose su armadura.

-Ja, ¿Cómo puede estar tan seguro?- preguntó retándole.

-Pues porque verás, si no me obedeces no te dejaré salir por las noches de este castillo a pasear por mis tierras, y créeme, después de estar aquí por un tiempo considerable tiendes a desesperarte.

-Va, ya veremos- le dijo Kagome tomando un especie de peine comenzando a desenredar el cabello del youkai.

Pasaban las horas, y Kagome seguía puliendo los grandes pisos del palacio aún sin siquiera probar bocado alguno.

Ciertamente se sentía demasiado cansada como para continuar, y aceptaba que aunque llevaba mucho tiempo haciendo eso, no era del todo aburrido, pues llevaba contada más de veinte habitaciones, quince baños de lujo, diez balcones y una cocina sumamente impresionante en la cual se sentía completamente identificada, donde pudo encontrar incluso hasta el ingrediente más extraño pero sabroso.

Estaba a punto de terminar, y se moría de sueño, no estaba acostumbrada a mañas vampíricas como las que ahora tendría que seguir, pero aunque lo negase, era un poco emocionante, pues nunca había vivido con tanto lujo, bueno, no era dedicado para ella, pero aún así, ¡viviría en un verdadero castillo!, ¡Cuánto no había soñado con eso desde pequeña!, cuando su madre le contaba esos lindos cuentos de romance en la edad antigua, y su abuelo le relataba sus leyendas y mitos que a veces resultaban ser exageradamente falsos.

Terminó de pulir todo el amplio pasillo de entre las habitaciones principales, y solo le faltaban otras cinco, pero aún así, no se rindió, tomo sus trapos, y se dirigió a paso apresurado a la habitación del fondo, donde su puerta corrediza, estaba hermosa y sutilmente decorada con pinceladas verdaderamente delgadas y muy difíciles de trazar.

Kagome se quedó asombrada ante tal detalle, pues en las puertas que había pasado con anterioridad algunos trazos eran un poco torpes, pero esto, esto no se comparaba con lo demás.

Pensaba, que tal vez, esa sería una de las habitaciones con más lujos en todo el castillo a parte de las de Sesshoumaru, y, se deshizo de la duda una vez dentro de la habitación, pues verdaderamente era impresionante, tan impresionante como la de su mismo jefe, solo que la cama era un poco más pequeña, y estaba cubierta por colchas de seda púrpura, dando un toque rudimentario a la habitación.

Estaba impresionada, y pudo haber seguido así todo lo que le restaba de la noche, si no fuese por una presencia que le desconcertó, no era maligna, ni muy fuerte, y tampoco le hacía sentirse amenazada, pero aún así le incomodaba un poco pues se sentía observada, hasta que se armó de valor, y preguntó en voz alta a la presencia que se fuera de ese lugar, pues estaba en terrenos del gran Youkai Sesshoumaru hijo del legendario guerrero demonio Inu Taisho, y no podía permanecer en sus terrenos sin permiso suyo si no quería que le matase, pero aún así, nadie, respondió, y la presencia desapareció, dejándole de pie como una total tonta, ¡como se odió!, ¡había estado hablando sola, y lo peor es que todavía se sentía observada!, que tontería, fue lo último que dijo en voz alta, al momento que reanudaba su tarea doméstica.

Pasaron los días, o mejor dicho, noches, y se sentía satisfecha por todos sus logros, pues, en realidad había tenido buena impresión ante el youkai.

Primero, por su primera cena, ella no sabía nada acerca de la comida de la época antigua, pues lo único que había aprendido era como asar cosas al aire libre, con una fogata, como le había indicado Sango, y no podía hacer eso fuera del castillo porque podría pensar Sesshoumaru que estaba incendiado todo, y después no le dejaría salir a pasear en las noches, pues aunque lo negara, el tenía razón, después de estar varios días dentro de esa enorme mansión, por mas mona y linda que fuese, era realmente exasperante estar toda la noche encerrada en esas traumáticas paredes de servicio y su habitación, por lo que no desobedecía sin chistar a regañadientes sus ordenes.

Después de varios intentos de poder cocinar algo sumamente rico, extravagante y pasable ante el frío youkai, se dio como resultado unas cuantas onigiri de distintos rellenos, acompañado de arroz frito y pescado crudo, algo que para su gusto era más que delicioso, pues era su comida favorita.

Pero aún así, cuando le sirvió el arroz y las onigiri, estaba más que perturbada, tal vez, no le gustaba, después de todo era medio hermano de Inuyasha, y el se la pasaba quejando de lo incomibles que eran sus alimentos, aunque se reprochó por pensar en ello, obviamente ellos eran completamente diferentes, y reafirmando su desición, escuchó anonadada y enternecida las felicitaciones sinceras del demonio que comía discretamente elegante tratando de encubrir su sorpresa con su típica pose de superioridad.

Las siguientes noches cocinó diversos tipos de comida de su época, que ya le eran familiares al youkai, se sabía sus nombres, ¡incluso logró hacerle una noche una enorme pizza!, recordaba su rostro perfectamente, primero era uno de desconfianza, después uno de asco, pero a final de cuentas terminó por comerse las 9 piezas que había hecho, más aparte unas galletas de jengibre que había logrado hornear como postre, y después del pasar del tiempo, había conseguido adecuarse perfectamente a la forma de ser de Sesshoumaru, por ejemplo, sabía que con un simple "mhp", significaba un rotundo sí, o un "as lo que quieras" significaba que tenía toda su autorización de hacer lo que más le viniera en gana con tal de que no se metiera en muchos problemas, además de que había aprendido a leer sus sentimientos con el simple hecho de poder observar sus ojos ámbar, y era muy útil, pues desde que le conocía siempre mostraba su faceta fría y cruel, pero a ella ya no la engañaba, sabía que muy que en el fondo del alma del frío demonio le había tomado cariño, y se lo había demostrado cuando comenzaron un entrenamiento para ella –solo es para que puedas defender mejor mis terrenos escoria- es lo que le había dicho, pero no se tragaba esas palabras, sencillamente no le creería, sabía muy bien que era porque no quería que le pasase nada, ¡hasta le había regalado una espada!, y lo increíble era que se adecuaba perfectamente a sus poderes sobrenaturales de sacerdotisa con el gran aumento espiritual de los demonios en su interior, le llamaba Shi, y aunque su nombre significara muerte, la espada hacía todo lo contrario, servía como catalizador de sus poderes, con ella, si la blandía una sola vez podría purificar a cien monstruos, era tan poderosa como colmillo de acero, y lo mejor era, que como llevaba un entrenamiento especial para su agilidad y el aumento de poder espiritual, podría aumentar el número de monstruos purificados.

El horario de trabajo era muy pesado para ella, se pasaba la mayor parte de la noche limpiando los pasillos y cocinando, mientras que en sus horas libres, las utilizaba para luchar con Sesshoumaru, y eso le dejaba sumamente exhausta, quitando de antemano las pesas que le había obligado a usar, -es por tu bien Kagome, Sesshoumaru sabe lo que hace- siempre se repetía al llegar a la cama al alba, procurando no hacer ruido y cubrirse un poco los ojos, pues ya no estaba muy acostumbrada a ver la luz del sol.

El tiempo se fue pasando demasiado rápido, los días con Sesshoumaru pronto se convirtieron en semanas, y las semanas en meses, y los meses en años, tanto así, que perdió la cuenta del tiempo que llevaba con él, podía sentir como las cosas a su alrededor envejecían y se malgastaban, pero ella, al igual que Sesshoumaru, se mantenían completamente igual que antes, no culpaba al demonio, después de todo ellos envejecen muy lento, pero ella, en ella todo era diferente, a pesar de ser una sacerdotisa, seguía siendo humana, y los humanos, como todo ser vivo envejecen, y a un paso muy acelerado, entonces, ¿por qué se sentía completamente igual?, ¿esque acaso era inmortal?, -no, eso no podía ser- se respondía mentalmente, porque después de todo seguía sufriendo daños graves en sus peleas con el jefe, así que esa idea quedaba descartada, pero en fin, -que sabes tú de todo eso- se decía.

Eso dejó de darle importancia conforme vivía al lado del demonio, ya se había acostumbrado tanto a su compañía, que incluso había noches en las que no podía dormir por estar al pendiente de que regresara a la mansión después de arreglar "unos asuntos de demonios", como el solía decirle a las feroces peleas que enfrentaba con enemigos que querían apoderarse de sus tierras.

Pero no solo eso le quitaba el sueño, había momentos, -y unos muy largos- en los que aparecía a su alrededor esa misteriosa presencia a la que había sido testigo las primeras veces en el palacio, lo extraño es que, en ocasiones se presentaba de una forma pura, mientras que había otras en las que se contaminaba y aparecía totalmente demoníaca, tenía que admitirlo, estaba asustada de lo que podría ser, pues miles de veces había tratado de purificarla, pero cuando lo hacía, su aura maligna se transformaba en una tan pura que su poder espiritual no le surtía efecto. Lo más aterrador es que casi siempre se presentaba al momento en que ella se iba a dormir, y no se iba hasta que se quedaba dormida, como vigilándola, o eso era lo que quería pensar, pues cuando el sueño le vencía, y se despertaba a la noche siguiente el ente ya no estaba, era como si se lo hubiera tragado la tierra.

De cualquier manera, no se lo decía a Sesshoumaru, no quería que se preocupara por una tontería suya, no había estado luchando con él por nada, se suponía que ella ya sabía defenderse.

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¿Qué paso? Jaja creyeron que ya no iba a actualizar jaja a susto…

Na ps aquí ya esta la continuación y si quieren saber ¿Qué onda esta chava con esa letra tan cutre? Si ya se que chance y la traduje mal (la canción obvio), pero como soy la autora de este fic quiero que así sea, así que no comentéis nada ok? Ne no se crean, la canción pues no se, es una de mis preferidas y quería ponerla, si todavía no saben cual es y quieren saber cual es pues es nada más y nada menos que la letra de yubiwa o también llamada you're not alone de la genial Maaya Sakamoto y bueno sigo esperando reviews y porfa no me maten si tardo mucho en actualizar, la neta tuve la estúpida idea de meterme a la normal básica y con tanta lectura de educación ni tengo tiempo de leer fics T-T pero pues ya ni modo.

Y para terminar, agradecimientos especiales a: SySblood, sakura-verpau, hinatafan, sesshoumarushayaGF, azul, azulceleste, Refirma y SENIA por sus reviews y sus comentarios muchísimas gracias.