Testimonio IV: Kouga Gennosuke
Me cuesta discernir los sonidos de mi alrededor, estoy malherido, cegado, y aunque no quiera admitirlo…tengo miedo, miedo del mañana, miedo del instante inmediatamente después de este, ¿serás capaz de matarme Oboro-dono? Y si lo hicieras…¿qué sería de ti después de todo este horror? Tú qué tanto has dependido siempre de todos, tú que tan dulce e inocente, te has visto involucrada en una terrible lucha. ¿Estarás pensando lo mismo que yo?.
¿Y si yo te matara? ¿Qué me quedaría más que la infinita y fría soledad? Todo cuanto amé no existe, todas las personas con las que compartí mi vida no son ya más que un nombre tachado con sangre en un pergamino, ¿cómo hemos llegado a todo esto? En qué demente cabeza se concibió semejante locura, y en qué momento nosotros aceptamos ser partícipes de ella.
Maldita sea Oboro…éramos tan felices, sólo tú y yo y el transcurrir del río, todo era sencillo. He visto morir y matar a mi gente, también a la tuya, y aún no sé el sentido que tanta sangre tiene, había amor dentro de nosotros, de alguna manera o de otra, cada uno de los miembros de nuestros clanes amaba, pero había gente que alimentó demasiado el odio y nos dejamos llevar por un sentimiento terriblemente sencillo, porque es así Oboro, ¿te das cuenta lo que sencillo que es odiar y matar y lo difícil que es amar? ¿por qué escogimos un camino tan fácil? Nunca pensamos en las consecuencias, una vida destruida sin posibilidad de sentir algo que no sea culpabilidad, rechazo…
¿Qué ocurre? No puede ser posible que haya oído lo que he oído…, tú no Oboro.
Matadle, oigo una voz de fondo que clama venganza, ¿venganza por qué, maldita bruja? Tú sólo quieres un puesto en un palacio y sirvientes, no esperas más de la vida que los placeres que ese puesto te pueda ofrecer, ojalá las serpientes devoraran tus entrañas y sufrieras el dolor de todos los ninjas caídos en esta absurda batalla.
-OBORO- que atroz imagen para llevarse a la tumba, lo más preciado que tengo en esta vida yaciendo en el suelo, inerte, hermosamente fría.
Minutos después de esta imagen sólo hay ira, rabia, y una sensación enfermiza pegada a la piel, ahora me pregunto cómo podemos los humanos carecer de sentimientos, qué fácil ha sido delegar una decisión a la certera muerte.
Mi alma se anega, el dolor traspasa los límites físicos, es una sensación agobiante, asfixiante, demasiado incluso para llorar, gritar o hacer otra cosa que no sea recogerte entre mis brazos y ver como hemos desperdiciado una vida, que podía haber estado llena de momentos felices.
Siento el agua fría sobre la piel, es agradable no tener que sentir el calor de algo que no sea sangre recorriendo la piel, pero aún así, sólo hay muerte y quiero compartirla contigo Oboro, no importa dónde, ni cómo, sí el por qué, que es sencillo, te amo Oboro y estoy absolutamente convencido de que estés donde estés allí estaré yo, porque donde hay amor habrá muerte, pero donde hay muerte hay la esperanza de otra vida mejor y lo mejor que conozco de todo lo posible por descubrir eres tú.
Dejémonos llevar juntos por la corriente a un futuro en paz.
